Capítulo 17: Blood Orange Galette
Despertarse a las ocho de la mañana nunca fue el punto fuerte de Eren, así que despertarse a las cinco y media para llegar al aeropuerto a las ocho estaba fuera de cuestión. Y, sin embargo, Levi aún estaba sacudiendo el hombro de Eren y diciéndole que se levantara y se vistiera a esa hora del demonio.
—Oi, vamos. Despierta, tenemos que estar allí una hora antes para el check-in. Puedes dormir en el avión.
Eren gruñó y rodó hacia un lado, ocultando su rostro en la almohada.
—¿Qué te parece si solo te doy una mamada y…? —bostezó—. ¿Vamos a La Madeleine cuando nos levantemos…?
Levi le dio un golpecito en la nariz y Eren chilló.
Con un poco más de persuasión, que incluía una promesa de bagels con queso, estaban vestidos (lo suficiente), en el coche y en su camino al aeropuerto. No había tráfico, solo carreteras oscuras y vacías, neblina en el suelo y las farolas reflejándose en la superficie. Eren bostezó y apoyó su cabeza en el hombro de Levi, recibiendo un dulce beso en la frente.
Eren sonrió y se acurrucó más cerca.
Después de aparcar, tomaron un pequeño servicio de enlace hacia la terminal. Se registraron y llegaron a su puerta de embarque con bastante tiempo libre para que Levi complaciera a Eren en su necesidad de un bagel mañanero. Sentado con comida en mano (eso sí, era un sándwich de jamón y queso) y vaso de zumo de naranja, Eren se sentía mucho más alerta y despierto. Levi, por otro lado, mordisqueaba lentamente su comida y tomaba sorbos de su café.
Eren observó a la gente pasar. Hombres de negocio, familias, mochileros, pilotos. Maletas de diferentes colores, morrales y equipajes de mano. Nativos y turistas. Había pasado años desde que había viajado en un avión, aunque había recogido a gente del aeropuerto muchas veces desde entonces.
Y luego volvió a mirar a Levi. Su novio todavía tenía la misma expresión atontada en su rostro, ojos más pesados de lo usual. Su cabello estaba hecho un desastre y llevaba una camiseta; una camiseta de verdad, raída en las mangas y con el logotipo ligeramente desteñido (era una vieja playera de Master of Puppets), y cada vez que flexionaba un poco, la definición de sus músculos se hacía visible. Bostezó otra vez, lágrimas acumulándose en las esquinas de sus ojos, y Eren sonrió.
—¿Hm?
—Nada —dijo el chico, todavía sonriendo. Podía observar a Levi durante horas y no cansarse. Puede haber sido porque rara vez veía a Levi a tan soñoliento. O quizá él era el que estaba con sueño y no estaba pensando bien.
Levi se rio entre dientes, sacudiendo la cabeza y buscando su maleta más pequeña.
—Bueno, mientras estás en tu charla de "no es nada", tengo algo para ti.
Eren frunció las cejas y se inclinó hacia delante con curiosidad mientras Levi abría su bolsa y rebuscaba dentro.
—Piensa en ello como tu regalo de Navidad.
—¿Pensé que el viaje era por Navidad?
—El viaje es un regalo de Navidad para mí y fuiste arrastrado a él —resopló el mayor con diversión. Sacó una caja de su bolso y se la entregó—. No tuve la oportunidad de envolverlo, pero quería que lo tuvieras para el viaje.
Eren tomó cuidadosamente la caja de Levi y la giró en sus manos.
—¡¿Una cámara?!
Varias personas voltearon a verlos cuando gritó. Posó su mirada en el mayor, con los ojos abiertos de incredulidad.
—¡L-Levi!
—Supuse que podrías tomar fotos, para referencia. Y te estás preparando para un curso de fotografía, así que sería una buena idea si te acostumbras a tu cámara.
—¡Esto es perfecto! ¡Levi, muchas gracias! —exclamó Eren, abrazando la caja contra su pecho—. ¿Puedo abrirla?
—Hazlo. Mírala para que puedas ver cómo funciona.
Eren no perdió el tiempo en desgarrar la caja. Rápidamente ensambló la cámara, insertó la tarjeta de memoria y la batería. La cámara se encendió con una tonada musical y Eren se puso a jugar con ella, revisando las aplicaciones que tenía. Levi sacó la correa, lente de acercamiento y el libro de instrucciones del desorden de la caja y poliestireno esparcido por la mesa. Eren levantó la cámara, apuntándola a Levi.
—¿Sonríe?
Levi frunció los labios y Eren tomó una foto.
—Mocoso.
Subieron al avión y se instalaron en sus asientos. Deslizaron sus carry-ons debajo de las sillas frente a ellos y su equipaje regular fue llevado para ser almacenado. Levi lo besó en la mejilla mientras Eren le enviaba un mensaje a Mikasa, Armin y su madre una última vez antes de poner su teléfono en modo avión. Miró a Levi con una pequeña sonrisa y deslizó su mano en el regazo del azabache, entrelazando sus dedos.
—Gracias por venir conmigo.
Eren solo sonrió y apretó su mano, observando a las azafatas repasar las precauciones de seguridad para el vuelo. Era real. Estaba en un avión con Levi, yendo a Francia con el hombre más perfecto del mundo.
Y a una hora del vuelo, ese perfecto hombre estaba dormido, roncando suavemente con su cabeza contra el respaldo del asiento. Eren no lo despertó; metió la mano en su mochila y sacó su libro para colorear y lápices. Escuchar la colección de Harry Potter iba a ser un deporte de equipo, ambos habían decidido, así que Eren abrió su enorme libro y volteó las páginas. Bajó la bandeja frente a él después de encontrar una imagen de Esmeralda (su belleza favorita de Disney, de cabello oscuro y ojos verdes) y abrió su caja de lápices.
Coloreó algunas de sus imágenes, antes de pasar a Bella cuando sintió un par de ojos en él. La pequeña niña sentada a su lado se había despertado y lo observaba en silencio; mirándolo colorear cada imagen. Él la saludó con una mano y ella lo miró.
—Pintas muy bonito.
Eren miró el dibujo. Ella tenía un muy buen punto.
—¿Quieres colorear conmigo?
—¿No estás muy viejo para eso?
Eren jadeó.
—¡Bien, voy a pintar solo!
La niña soltó unas risitas y Eren bajó la bandeja para ella, poniendo su libro al centro y colocando la caja de lápices en el reposabrazos entre ellos. El castaño miró la remera rosada y azul que llevaba la pequeña y arrugó la nariz.
—¿Anna es tu princesa favorita? —pasó a la sección de Frozen del libro.
—Ella estaba bien. Hans me gustaba más.
Eren sintió temor de la niña y le dejó tomar todas las imágenes de Hans (él se quedó con Elsa) del libro.
Unas pocas horas pasaron y el coloreo se detuvo cuando la pequeña se durmió. Eren terminó su dibujo y guardó el libro; para ese entonces, Levi estaba despierto y espabilado. Comenzaron a escuchar el audiolibro, Levi arrastrando sus dedos por el brazo de Eren. Era suficiente para cosquillear su piel de una manera más excitante de lo que debería ser.
En especial considerando dónde estaban y la falta de espacio para aliviarlo.
Eren suspiró, cálido y húmedo contra la oreja de Levi, y cerró los ojos. Los dedos del mayor se sentían fríos contra su piel caliente, bailando sobre sus muñecas. El auricular fue sacado repentinamente de su oreja y se enderezó.
—Ve al baño en cinco minutos —susurró Levi, desabrochando el cinturón de seguridad y saliendo de su asiento.
Eren jadeó, observándolo desaparecer por el pasillo y hacia los pequeños baños en la parte trasera del avión. El castaño regresó a su posición, lanzándole miradas al reloj del iPod y observando los minutos pasar. La idea era excitante, pero sabía que tenía que mantener la calma para que esto funcionara sin problemas.
Esperó hasta esa marca de cinco minutos antes de bostezar, estirarse y pararse de su asiento, caminando hacia los baños en la parte de atrás. Golpeó suavemente las puertas y esperó por una respuesta. Una se abrió y Eren sintió un tirón en su cinturón. Echando un vistazo a su alrededor por última vez, se metió en el pequeño cuarto de baño y exhaló mientras Levi lo atrapaba por la cintura. La puerta se cerró y el mayor le puso el seguro, empujando a Eren contra la pared mientras sus labios se encontraban.
El chico suspiró y se separó, necesitando aire, antes de lanzarse de nuevo para otro beso más largo. Levi metió sus manos bajo la playera de Eren, jugando con sus pezones y haciéndolo retorcerse.
Soltó un gemido mientras Levi mordisqueaba su labio inferior.
—Lamento no poder hacer que esto dure un poco más —dijo Levi, tirando de los pantalones de Eren. El castaño se echó a reír.
—A la mierda, no lo necesito.
—Oh, ¿pasamos a la acción? —preguntó el azabache con una sonrisa pícara, poniéndose de rodillas.
Eren jadeó, dejando caer sus manos sobre la cabeza del mayor mientras este bajaba la ropa interior, solo lo suficiente para que su miembro ya duro saliera. Levi lo metió en su boca con rapidez, apoyando sus manos en los muslos temblorosos. Eren tiró la cabeza contra la pared del pequeño cuarto, disfrutando de la prisa y lo húmedo y apretado de toda la situación.
Levi chupó fuertemente, apartándose con un rastro de líquido preseminal en sus labios. Acarició las bolas de Eren con dedos rápidos y el chico tuvo que colocar una mano sobre su boca, agarrando el hombro del mayor mientras su cuerpo se estremecía. Levi lamió una línea, desde la base hasta la punta de su polla, y luego dio otras chupadas; rápidas y poco profundas antes de meter la erección hasta su garganta de una vez.
Le llevó poco tiempo a Eren venirse en la boca de Levi.
El azabache se apartó, limpiándose lo blanco de su barbilla con una sonrisa todavía en su rostro. Besó el estómago de Eren, mientras el menor se recomponía, y se puso de pie, enjuagándose la boca en el pequeño lavabo. Eren se sonrojó cuando Levi cogió una toalla, la humedeció y empezó a limpiarlo.
—Gracias —dijo el chico débilmente, haciendo una mueca por lo sensible que estaba su piel. Levi tiró la toalla, pasando un dedo por el miembro aún sensible de Eren, recibiendo otro pequeño gemido.
Levi besó su cuello.
—Lindo. Podría provocarte todo el día.
—¡Sé que puedes! —Eren rio, lanzando sus brazos sobre los hombros de Levi. Enterró su cara en el cuello del mayor.
—Otro día. Tenemos que salir antes de que alguien se dé cuenta.
Su primera parada, después de bajar del avión e ir en su coche rentado, fue el hotel. O al menos lo que Eren pensaba que sería su hotel. Solo un viaje muy rápido, para dejar su equipaje, pero Eren sin duda estaba impresionado con el edifico por lo que podía ver. Y el hecho de que Levi tenía una llave.
—Esto no es un hotel —dijo el menor, mirando a su alrededor.
—Originalmente iba a conseguirnos una habitación de hotel —dijo el azabache—. Siempre que vengo me quedo con una amiga y no quería abusar de su amabilidad. Pero ella insistió en que nos quedáramos en su casa.
Eren tragó y apretó su equipaje con más fuerza. Levi lo miró.
—Está fuera del país visitando a otro amigo nuestro. Pero estará de vuelta la próxima semana.
Un pequeño gesto de afirmación por parte del castaño hizo sonreír a Levi.
—Amarás a Isabel, confía en mí.
La casa era pintoresca, nada extravagante pero aun así elegantemente decorada. Delicadas cortinas colgadas en las ventanas y cuadros colgados en las paredes. Hermosas fotografías en colores vívidos y monocromáticos. Cargaron su equipaje por las escaleras y hacia el dormitorio de invitados.
La habitación tenía una pequeña sala de estar, una mesa corta y un sofá largo, y luego la zona de dormitorio. La cama con dosel estaba contra la pared y junto a ella había una ventana que daba a la ciudad. Más fotografías decoraban las paredes, pero Eren decidió que podría mirarlas más tarde. Corrió hacia la ventana y quitó el pestillo, abriéndola por completo. Tomó una rápida foto de la ciudad, escuchando los autos en la calle y la gente de abajo.
—Es hermoso —suspiró.
Levi caminó detrás de él, arrastrando los dedos por su columna mientras Eren tomaba otra foto. El castaño se recostó en su toque y su estómago gruñó.
—Vamos a comer algo —dijo Levi—. Y luego demos una vuelta para ver esta parte de la ciudad.
—Eso suena muy bien.
Eren se desparramó sobre la cama, limpio, lleno y cansado. Revisó las fotos en su cámara de su primer día; solo rápidas imágenes de ellos o un edifico o una fuente. Almorzaron en un pequeño restaurante, sentados afuera, y luego exploraron unos parques antes de tener una ligera cena temprana y café. Solo caminar fue suficiente para Eren, después de estar encerrado en un avión estaba contento de tener la oportunidad para usar sus piernas. Pero su agotamiento finalmente lo estaba alcanzando.
La ducha se detuvo y luego de unos minutos, Levi salió, pasando una toalla por su cabello. Eren bajó su cámara, colocándola en la mesita de noche y se puso atento mientras Levi se acercaba a la cama. Todo músculos, aún un poco húmedo, y el tatuaje de alas exhibiéndose contra la piel clara. Sus bóxers apretaban sus caderas y su bien esculpida "V" entre ellas era ciertamente tentadora. Pero el sueño tirando de los ojos de Eren estaba dando pelea.
Levi dibujó un pequeño círculo en la pierna del castaño, un toque íntimo, y Eren se mordió el labio.
Por más bueno que estuviera Levi, el menor se sentía cansado y definitivamente no estaba de humor para pasar la noche jugando. Aun así, Eren se dejó caer contra el pecho del azabache, besándolo suavemente. Aunque no tenía ganas, Eren sabía que al menos podía fingir. Levi había gastado el dinero suficiente para llevarlo a través del mundo para esto. Solo un rapidito antes de que se fueran a dormir no sería totalmente horrible (y habían empacado suficientes condones para que les duren unos meses, mejor si se ponían a usarlos).
Eren se recostó de espaldas, jalando a Levi sobre él. Era caliente y apasionado y sus cuerpos se tocaban de todas las maneras que se sentía bien. Pero Eren se apartó y exhaló de una forma que se asemejaba más a un pesado suspiro.
—¿Estás bien? —Levi peinó hacia atrás el cabello del menor y este se encogió de hombros.
—Estoy bien.
—Eren.
Un quejido se le escapó, odiando ese tono de reproche que Levi le daba a veces.
—Lo siento, pero es que… solo… no me siento con ganas… esta noche —era vergonzoso. ¿Quién no quería follar en París con un hombre atractivo como Levi?—. Lo siento… Lo siento mucho…
Levi lo besó en la cabeza.
—¿Cuántas veces te he dicho que no te disculpes así, Eren? No voy a forzarte. Y no deberías sentirte como si tuvieras que hacerlo. Hemos tenido un vuelo jodidamente largo. Solo disfrutemos nuestra noche juntos.
Eren jadeó.
—¿En serio?
Levi lo besó otra vez y rodó lejos, caminando hacia la ventana para correr las cortinas, revelando las luces de la ciudad. Apagó las luces de la habitación y regresó a la cama, deslizándose cerca de Eren.
—El sexo no es obligatorio, mocoso —Levi se rio, envolviendo un brazo en la cintura del castaño—. Si no quieres, está bien. No necesitas una explicación para eso.
Eren sonrió y se acurrucó contra Levi, deleitándose con su limpio olor y piel suave y todo lo que era. Su corazón se aceleró y sintió su lengua seca, pero igual besó el cuello de Levi. El azabache pasó su mano por el brazo de Eren y de vuelta a su muñeca, luego volvió a su hombro otra vez. Su respiración era ligera, apenas audible sobre el coche ocasional afuera y el corazón palpitante de Eren.
Era esa sensación de nuevo. Esa sensación abrumadora y sofocante, que se sentía casi insoportable. La odiaba porque quemaba cada centímetro de su cuerpo. Todo porque Levi era la razón detrás de ello. Se hinchó en su garganta y se derramó sobre su lengua:
—Te amo.
Las palabras salieron de la boca de Eren antes de que pudiera detenerlas. Se arrepintió al instante, no quería que Levi supiera. No podía mostrar tanto de sí mismo a alguien de nuevo. Porque Levi era perfecto; era malditamente perfecto y Eren sabía que no era digno de nada de él. No del afecto o la amabilidad o los regalos o la atención. Levi merecía a alguien mejor, alguien que no estuviera roto o asustado o fuera un desastre.
Levi tomó la mano de Eren y la alzó hacia sus labios.
—También te amo.
Y entonces hizo lo que Eren no esperaba que hiciera. Tomó la mano del menor y la colocó en su pecho, sobre su corazón y la sostuvo allí. Eren se estremeció ante lo rápido que el corazón de Levi estaba latiendo porque era casi la misma velocidad que el suyo.
No tenía sentido que Levi estuviera tan nervioso. Él era perfecto. Era Levi.
Pero tal vez, pensó Eren, él hacía que Levi se pusiera igual de nervioso. Tal vez veía a Eren como algo perfecto y valioso; al menos, en el fondo de su mente, a Eren le gustaba pensar que Levi lo hacía.
—Siempre te he amado —dijo el mayor—. En esta vida, en las anteriores y cualquiera que esté por delante de nosotros, te amaré.
Eren sonrió.
—¿De verdad?
—Por supuesto.
El chico sonrió y cerró los ojos. Nunca creyó en vidas pasadas, pero escuchar a Levi decirlo le hizo preguntarse. Pero estaba muy cansado y demasiado enamorado de Levi para realmente reflexionar sobre la realidad de la misma. En vez, se quedó dormido con la mano presionada contra el pecho del mayor.
Gritos.
Eren se sentó de golpe, completamente despierto, gritando con toda la fuerza de sus pulmones y lágrimas rodando por sus mejillas. Estaba temblando, aterrorizado, y Levi se despertó pronto, sentándose a su lado y agarrando sus hombros. Tratando de hacerle entrar en razón.
—¡Eren! ¡EREN!
A través de sus lágrimas, Eren pudo ver el rostro serio y cansado de Levi y empezó a llorar más. Sus labios temblaron.
—Lo siento… Lo siento mucho…
—Eren, ¿qué carajos?
—¡Lo siento mucho!
—¡Detente, Eren!
Pasaron los minutos. Levi encendió la luz y frotó círculos en la espalda de Eren hasta que se calmó. E incluso cuando estaba tranquilo, Eren apenas podía pensar o respirar.
—Eren… ¿qué pasó?
El chico sacudió la cabeza.
—Yo… yo… tenía…
—Respira, Eren. Toma aire.
—Tu-tuve esta… esta pesadilla…
Levi tragó.
—¿Qué pasó?
—Nosotros… yo… yo corría… y… tú estabas… ¿volando detrás de mí? No estoy seguro… p-pero no era yo, Levi. No era y yo… yo…
—¿Eren…?
El castaño sacudió la cabeza, lágrimas rodando por sus mejillas.
—Era un monstruo. Y tú me estabas persiguiendo. Y… y… creo que… t-te maté…
Estaba en shock por sus propias palabras. Por su propio sueño. Un sueño tan vívido que fácilmente podría haber sido un recuerdo. Lo recordaba con demasiados detalles. Su respiración. Los árboles meciéndose. Levi junto a él, pequeño y con un uniforme, mientras que él era un monstruo. Un monstruo real más alto que un edificio y lo suficientemente fuerte para derribar un árbol.
Para lanzar un puño furioso y azotar a Levi contra uno de ellos. Para romper su espalda o destruir sus entrañas con el impacto. Eren no lo sabía. Solo recordaba haber visto sangre. Mucha sangre y a Levi cayendo al suelo.
El azabache tomó su cara y limpió las lágrimas.
—Eren, no eres un monstruo. Fue solo un sueño.
Solo un sueño. Solo eso. Eren trató de creerlo. Pero sabía la realidad de ello: Levi era un hombre perfecto tratando de proteger a un monstruo. Y Eren era un monstruo que necesitaba ser derribado. Porque sabía que al final él iba a arruinar esta relación también. Iba a herir a Levi. Rompería a Levi.
—Eren.
—Había tanta sangre, Levi… Había… tú estabas…
Eren miró a los cansados ojos grises, ligeramente cubiertos de lágrimas.
—Por favor, no llores —dijo Levi—. Odio cuando lloras.
Pasaron una hora de la misma manera. Eren llorando en silencio mientras Levi besaba sus ojos y acariciaba su cabello y nuca, tranquilizándolo hasta que se relajó de nuevo. Hasta que Eren pudo echarse en la cama sin temblar. Levi lo sostuvo toda la noche, repitiendo la misma cosa una y otra vez contra la oreja del menor.
—No eres un monstruo.
—Fue solo un sueño.
—No voy a dejarte.
—No eres un monstruo.
—No eres un monstruo.
Puede que solo haya sido un sueño, pero Eren estaba seguro de ello: era un monstruo. Un pequeño monstruo roto que acabaría hiriendo al hombre que amaba.
N/T: … :')
No se olviden de dejar un review, en serio me animan.
El próximo será una celebración romántica de Año Nuevo. ¡Nos leemos!
