Capítulo 19: French Vanilla Latte

Eren sacó su cuaderno de dibujos y miró al mayor.

—¿L-Levi…?

—¿Hm?

—¿Yo… puedo… dibujarte?

Levi alzó la vista de su periódico.

—¿Qué?

—Sé que es raro, pero digamos que es la compulsión de un artista y he hecho bocetos tuyos, pero quiero dibujarte —explicó Eren, su voz más insegura de lo que tenía planeado—. En serio dibujarte…

Una expresión de curiosidad se extendió por la cara de Levi; por el rostro de Eren, un sonrojo tímido. Dejó su taza y le dio a Eren a toda su atención.

—¿Hablas en serio?

—Muy —dijo Eren, todavía sosteniendo su cuaderno. Se mordió el labio inferior—. Creo que serías un modelo maravilloso.

Levi se sentó derecho, doblando el periódico y colocándolo sobre la mesa, el sonido del papel arrugándose llenando la habitación momentáneamente. Eren observó cada movimiento, sintiéndose nervioso y emocionado todo a la vez.

—Entonces sí, está bien. Dibújame.

—¡Okay!

Durante los siguientes minutos, Eren caminó por la casa buscando el lugar perfecto. Se decidió por el sofá que había en su habitación. Tenía una forma curva que complementaba la cortina puesta en la ventana. Había un jarrón contra la pared, con altas varas de bambú en él, y un intrincado reloj sobre este. Levi estuvo de acuerdo con el lugar y fue a sentarse cuando Eren hizo un pequeño ruido de protesta.

—¿Qué pasa? No me digas que odias este puto sofá tanto como yo.

—No es eso, es solo que… bueno…

—¿Bueno?

Decirle a Levi que quería dibujarlo fue difícil. Pero decirle a Levi que quería dibujarlo desnudo era casi vergonzoso. Pero después de tartamudear y con el rostro rojo, Eren lo logró. Le dijo a Levi que fuera al baño a cambiarse y que usara una bata (como era el protocolo y por respeto al modelo), y que luego se le uniera en la sala de estar.

—No veo por qué tuve que cambiarme en el baño —dijo Levi, caminando hacia el sofá—. Me has visto desnudarme antes.

Eren suspiró.

—Así no es como funciona. Estoy tratando de ser profesional. Así que calla y mueve tu caliente trasero.

—Qué profesional —bromeó Levi. Lanzó la bata en la dirección de Eren, disfrutando de la manera en que el castaño frunció la nariz por el sarcasmo y se desplomó en el sofá—. Muy bien, Jack, dibújame como a una de tus chicas francesas.

Eren rodó los ojos y se acercó al mayor. Reposicionó a Levi en el sofá de una forma que fuera halagadora (no como si a Levi se le dificultara estar en una posición que luzca bien) y se retiró. Levi estaba apoyado en el sofá, un brazo tirado sobre el respaldo y el otro en el reposabrazos. Una pierna estaba en el mueble y la otra simplemente colgaba por el borde. Eren acomodó su miembro para que estuviera descansando sobre su estómago, haciendo visibles los piercings en la parte inferior.

—¿Cómo es que esto no termina en se-? —Eren agarró la mandíbula de Levi antes de que pudiera terminar su pregunta y la volteó a un lado.

—Perfecto —dijo el chico. Corrió de vuelta a su silla, cogiendo el lápiz y papel y comenzó a trabajar—. No te muevas. Y esto no lleva a sexo porque tengo respeto por mi modelo.

El comentario hizo que Levi luchara contra una sonrisa cariñosa.

Se quedó quieto como el menor dijo y lo observó desde el rabillo del ojo. Eren estaba completamente absorto en su trabajo. No había ninguna coloración roja en sus mejillas. Sus ojos no estaban dilatados, sino enfocados. Veía a Levi como una obra de arte, no alguna figura erótica con la cual juguetear.

Y Levi vio a Eren como un artista. Siempre veía a Eren como un artista, pero ahora estaba viendo a Eren involucrado en su trabajo. Levi observaba cómo fruncía la frente, levantaba la vista y luego borraba, solo para dibujar de nuevo. Cómo se quedaba mirando y bosquejaba y miraba. Se mordía la lengua, mordisqueaba el borrador, pasaba la mano sobre el papel para deshacerse del exceso de lápiz y borrador. Su mano se volvía gris con el grafito y Levi finalmente entendía cómo eso ocurría, porque nunca pudo comprender cómo las manos de Eren se mantenían tan sucias.

Verde brillante quemaba en su piel.

—De acuerdo —susurró Eren, casi una hora después—. Creo que… está bien. Necesito limpiarlo un poco, pero… —se apagó y Levi se dio cuenta de que Eren no estaba hablando con él, sino consigo mismo. El azabache se enderezó.

—¿Terminaste?

—¿Huh? Oh, sí —dijo el chico. Parpadeó y de repente volvió en sí.

—¿Puedo…? —Levi hizo un gesto al cuaderno y Eren se sonrojó, asintiendo tímidamente mientras se acercaba. Se sentó junto al mayor y le tendió el bloc y la bata. Levi primero puso la bata sobre su regazo antes de tomar el cuaderno de Eren. Y justo frente a él, en un pedazo de papel, había una imagen de sí mismo.

Cada curva y bulto, cada arruga, cada línea de músculo, su tatuaje y los piercings, la punta respingada de su nariz y la pesadez de sus ojos, el vello en su cuerpo: la parte afeitada de su nuca, sus brazos, el ligero camino hacia su entrepierna. Todo ello estaba dibujado. Todo fue capturado por la mano de ese muchacho joven y talentoso.

—Esto es jodidamente increíble, Eren —tomó aire, asombrado—. Eres extraordinario.

—Gracias —dijo el menor, un indicio de tímido orgullo en su voz—. Y gracias por sentarte para mí.

—Me siento honrado.

—¿Por qué te sentirías así? —Eren se echó a reír—. Dejaste que te dibujara. Y eres…

—Pude sentarme para un artista —respondió Levi—. No mucha gente puede decir que lo ha hecho. Creo que es bastante impresionante.

Eren lo besó en la mejilla, un dulce y casto beso y se puso de pie, agitando sus dedos manchados.

—Voy a limpiar.

—De acuerdo —dijo Levi, mirando otra vez la imagen—. ¿Quieres ir a almorzar después de que termines?

—Eso suena muy bien. ¡Vamos al mercado después! Podemos conseguir cosas para cenar más tarde.


Los dos caminaron hacia el mercado más cercano, ya que no estaba demasiado lejos de la casa. Eligieron vino y queso (Eren quería queso para picotear) y luego ingredientes para una sopa de langosta. Y mientras compraban, Eren se dio cuenta de que era la primera vez que lo hacían juntos.

Era simple. No había nada especial en comprar comida. Era una cosa mundana y aburrida que hacían las viejas parejas casadas. Pero eso le agregaba al encanto aburrido de ello. Estaba haciendo algo común con Levi. No era ir de compras a un centro comercial o comer en algún restaurante lujoso. No follar. Nada extravagante. Pero incluso algo tan aburrido se sentía bien. Le recordaba a Eren que Levi era humano y, como tal, hacía estas cosas igualmente.

Y le recordó a Eren que él también era humano, no un desastre incapaz de cosas cotidianas. No un monstruo que solo pelea y discute. Sino una persona, que hace cosas aburridas con su novio.

Sin embargo, lo que verdaderamente hizo que Eren se sintiera a gusto, más que nada, fue cómo Levi sostuvo su mano mientras caminaban por los pasillos. No compartieron besos ni abrazos. Eren no se colgó de él y ni siquiera se tocaron los hombros. El único contacto fueron sus manos entrelazadas y fue todo lo que Eren necesitó.

Cuanto más pequeñas eran las demostraciones de afecto, más significativas se volvían. Hacía que Eren se diera cuenta de que estaba en una relación estable. Una verdadera relación. Amaba cada acto de cariño que Levi le daba y se aseguraba de devolverlo.

Con brazos llenos, regresaron a la casa, listos para guardar los comestibles. Levi abrió la puerta e ingresó, deteniéndose rápidamente. Eren echó un vistazo sobre su hombro.

—¿Qué sucede?

—¡Levi! ¡¿Eres tú?!

Hubo un golpeteo de pies contra la madera cuando una chica de cabello llameante corrió hacia el vestíbulo. Estaba vestida casualmente, solo pantalones cortos y un top, y su sonrisa rivalizaba con la salvaje de Hanji.

—Bueno, ya era hora de que volvieras —dijo ella, cogiendo una bolsa de las manos del azabache—. Me estaba preguntando si…

La joven miró fijamente a Eren con los ojos muy abiertos, y él le devolvió la mirada, sonriéndole. Ella jadeó y tiró la bolsa de nuevo en los brazos de Levi, agarrando la bolsa que Eren sostenía para pasársela a Levi también. Cogió las manos del castaño y lo jaló hacia dentro de la casa.

—¡Tú debes ser él! Eren, ¿cierto? —preguntó—. Soy Isabel, la amiga de Levi desde hace mucho tiempo. ¡Me alegra finalmente conocerte en persona en vez de solo ver una foto o dos!

—¿Fotos? —preguntó Eren, mirando a Levi. El mayor solo siseó en respuesta y los pasó de largo, caminando hacia la cocina para guardar la comida.

—Levi es un cursi, pero estoy segura de que ya lo sabes —dijo Isabel, cerrando la puerta—. ¿Cómo ha ido el viaje hasta ahora? ¿Algo bueno?

—¡Oh, sí! —Eren asintió con la cabeza—. Todo ha sido increíble y muchas gracias por abrirnos tu casa y-

—¡No tienes que ser tan formal! —Isabel se echó a reír, uniendo brazos con él y llevándolo a la sala—. Pero vamos, ¿algo bueno? Ya sabes… —dijo con una sonrisa pícara y las mejillas de Eren se pusieron rojas.

—Bueno… quiero decir…

—¿Una cama rota? ¿Sofá? ¿Una propuesta?

—¡Isabel! —llamó Levi—. No te entrometas en su vida personal. Hazlo conmigo, no con él.

Isabel resopló.

—Es tan mojigato a veces. Pero cuéntame más sobre ti, Eren. Todo lo que he oído son tonterías de Levi.

—Realmente espero que haya sido algo bueno y nada malo —dijo Eren, emocionado solo por el hecho de que Levi le contó a su amiga (al otro lado del mundo) sobre él. Isabel hizo un gesto de más o menos y empujó el hombro de Eren juguetonamente cuando el chico soltó un fuerte jadeo.

Tal como sucede, Isabel había conocido a Levi desde que eran pequeños, junto con otro muchacho llamado Farlan. Fueron a la secundaria juntos, en su mayor parte, antes de que todos se separaran por la universidad.

—¿No extrañas tu hogar? —Eren le preguntó, tomando sorbos del latte preparado por Levi.

Isabel se encogió de hombros.

—Hogar es lo que tú haces —dijo—. Mi hogar estaba en Estados Unidos hasta que me mudé aquí. Ahora este es mi hogar. Y quién sabe, tal vez en esta época del próximo año, tendré uno nuevo.

Eren se permitió asimilar eso por un momento. Su hogar, con su madre y su padre, era un hogar que no sería siempre suyo. En algún punto, tendría que hacer uno propio para sí mismo. Algún lugar donde se sintiera cómodo y seguro.

No pudo evitar mirar a Levi y sentirse un poco infantil. Era cliché y estúpido y sabía muy bien que pensar en "hogar" cada vez que miraba en la dirección de Levi no era como debería pensar. Estaba seguro de que Levi no pensaba en eso cuando lo veía. Entonces, ¿por qué Eren debería pensar así?

Porque, para él, cada vez que pensaba en su hogar, veía altercados y gritos y tensión. Y nada de eso pasaba con Levi. No había peleas innecesarias. Ninguna competencia de gritos. Ninguna tensión sobre las decisiones de Eren. Incluso cuando estaba en su departamento con Mikasa y Armin, nunca era exactamente su hogar. Solo un refugio para alejarse de su padre y atragantarse con litros de café.

Eren reflexionó sobre las palabras de la pelirroja hasta que Levi se levantó de su lugar en el sofá. Besó a Eren en la cabeza y volvió a la cocina para revisar la sopa. Isabel sonrió.

—¿Te gusta el arte, Eren?

Los ojos del chico se agrandaron.

—Definitivamente.

Isabel se puso de pie de un salto y le agarró las manos.

—¡Ven a ver mi estudio!

Como si Eren pudiera negarse. Subió con ella las escaleras hacia una de las puertas cerradas en la parte trasera. Levi había dejado muy claro que no era necesario abrir todas las puertas y Eren comprendió completamente por qué ahora.

El estudio de Isabel era un espacio pequeño, pero aun así lo suficientemente grande para albergar las cámaras y lentes y marcos que había coleccionado. Había una computadora en la esquina, una que, Eren suponía, ella usaba para editar las fotos, y luego un puesto cubierto de arcilla.

—Esto es perfecto —jadeó—. ¿Esculpes?

—Solía hacerlo mucho más en la preparatoria —dijo ella—. Estoy tratando de darle otra oportunidad ahora. Lo principal para mí es la fotografía.

—Estoy tratando de meterme más en la fotografía —dijo Eren, admirando algunas de las imágenes en los marcos—. Lo principal para mí es el dibujo y la pintura.

—Siempre me pareció que pintar es taaan difícil —ella soltó un quejido—. Así que mucho respeto a ti por tener esa paciencia.

—Gracias —dijo Eren, prácticamente iluminándose—. ¿Haces esto… para ganarte la vida?

—¡Oh, sí! Normalmente hago fotos de bodas y de cumpleaños elegantes. Pero en realidad me encanta tomar fotos del exterior —suspiró—. Todo lo que sea… naturaleza y al aire libre, ¿supongo? Pero funciona bien, ya que muchas de las novias aman las sesiones de fotos en jardines.

Eren miró las fotos enmarcadas apoyadas contra la pared. La mayoría tenía fondos escénicos de la ciudad; otras eran del campo. En definitiva, no todas en Francia, asumió, ya que algunas parecían más viñedos en Italia o el océano alrededor de Turquía. Cogió una y suspiró con nostalgia, reconociendo el paisaje y construcciones a lo largo de los acantilados.

—¿A tus padres… no les importa que… hagas esto? —preguntó, casi inseguro de si debió hacerlo.

Isabel volvió a encogerse de hombros.

—Incluso si lo odiaran, tendrían que lidiar con ello. Esto es lo que hago. Y lo estoy haciendo bastante bien por mi cuenta. Sí, podría haber sido una abogada como Levi supongo, pero no es realmente mi estilo. No puedo estar encerrada en cuatro paredes —ella se estremeció ante la idea y sacó la lengua—. Ugh. Anhelo más libertad que eso.

Eren bajó el marco suavemente, sus ojos abiertos.

—Sé… sé exactamente a qué te refieres. Creo que eso es lo que mi papá no entiende.

—No todos pueden, creo —respondió—. Pero aquellos que no pueden se pierden de toda la belleza que el mundo tiene para ofrecer.

Isabel terminó pidiéndole a Eren que le mostrara su cámara. Y con ella, le enseñó algunas características que tenía. Distintos ajustes para utilizar con diferentes iluminaciones. Distintos obturadores para usar a diferentes distancias. Más cosas para que él experimentara. Se sentaron en medio del piso de su estudio, solo hablando y riendo hasta que Levi los llamó para cenar.

Una pesada sopa de langosta y estofado de vieiras los esperaba en la cocina.

Después de la cena, y luego del té, se fueron por caminos separados; Isabel a desempacar, y Levi y Eren a ducharse.

Los dos se metieron a la cama para ponerse en sus habituales posiciones de dormir ahora: el azabache de espaldas, un brazo sobre los hombros de Eren, mientras el menor se acurrucaba a su lado con un brazo encima del estómago de Levi. Compartieron unos cuantos besos y palabras íntimas que solo estaban destinadas para el otro.

—Te amo.

—También te amo.

Hacía que Eren se sintiera a gusto, siempre lo hacía, escuchar esas palabras de Levi. Y sentir los brazos de Levi a su alrededor. Y oír el corazón latente de Levi bajo suyo. Era cómodo y cálido y seguro. Y se durmió feliz de que estuviera allí, porque en cualquier otro lugar no sería así de perfecto.

Por los siguientes días, Isabel se quedó en la casa. Y en algunos días, ella los llevó por la cuidad e incluso al campo. Pero llegó el momento en que Eren y Levi tuvieron que salir de su breve cuento de hadas y subirse a un avión para regresar a casa.

Se sentía demasiado pronto para irse. Eren definitivamente no estaba deseando escuchar todas las preguntas que recibiría de su madre y Mikasa acerca de su viaje "educativo" al extranjero. Pero tenía un viaje largo; se le ocurriría algo.

Eventualmente.


N/T: Oh zy, Jack. (?) Se acabó el viaje. :c

Pero recuerdo que a algunos les gustó el Erwin x Armin de hace unos capítulos, así que… ¡WinMin en el próximo!

Unas palabras me animan mucho, apreciaría si dejan un comentario. ¡Nos leemos!