Capítulo 20: Cherry Rose Sake

Armin estaba confundido acerca de cómo sucedió. Ciertamente no estaba esperando un mensaje de nadie. Mikasa había salido con Annie; Eren estaba en el extranjero con su novio misterioso. Las únicas otras personas que hubieran podido enviarle un mensaje eran Christa e Ymir, ya que ambas estaban en su clase de anatomía, o Reiner, porque se olvidó su llave de repuesto otra vez.

Así que cuando le llegó el mensaje de texto, todo lo que Armin pudo hacer fue quedárselo viendo fijamente.

Señor Smith: Cuando tomes un descanso de estudiar, llámame.

Miró el mensaje una y otra vez, confundido sobre cómo Erwin Smith siquiera tenía su número para empezar y cómo su nombre ya estaba programado en el teléfono. Armin supuso que era a través de Eren. Eren era distraído; Erwin era inteligente. Habría sido fácil para Erwin convencer a Eren para que le diera su número. Incluso Jean podría hacerlo, así que para Erwin sería tan sencillo como atar su corbata. Pero cuanto más pensaba Armin en ello, más recordaba lo astuto que era Erwin. Y encantador. Y tuvo sentido solo entonces que Erwin haya logrado conseguir su número directamente de la fuente.

Armin quería culpar a Eren, pero sabía que él voluntariamente le dio su número al mayor.

Armin se dio una palmada en la cara y se hundió en el sofá, mirando la televisión. Finalmente estaba poniéndose al día con American Horror Story después de tener la nariz metida en sus libros. Las clases aún no habían comenzado; todavía tenía un mes y ya estaba a la mitad de ese estúpido libro de anatomía.

Y ahora todo lo que podía pensar era en ese tonto mensaje.

Se quedó sentado mirándolo por un tiempo, sin saber si debía responder. Dividido entre ver un episodio más y hablar realmente con alguien. Haciendo cosas sociales de verdad que no eran su punto fuerte.

—Armin, ¿estás bien?

El rubio alzó la mirada hacia su abuelo que entraba a la habitación. Armin sonrió y se tapó con la manta hasta los brazos. No quería que su abuelo supiera que estaba teniendo una crisis por un mensaje.

—Estoy bien, abue.

—¿Aún tienes la nariz en ese libro? —el anciano hizo un gesto al libro en la mesa de centro. Era un nuevo libro que ya se estaba viendo viejo y usado, con las páginas dobladas y marcado con resaltadores.

Armin sacudió la cabeza.

—No ahora. Estoy tomando un descanso por un rato antes de empezar con el próximo capítulo.

—¿Por qué no sales con tus amigos?

—Pues… —uno estaba en Francia, probablemente con la cara enterrada entre las piernas de alguien más. Y la otra probablemente estaba haciendo lo mismo. Solo que no en Francia—. Están fuera por las vacaciones.

—Deberías salir entonces. Tanto trabajo y estudio… Te mereces algo de diversión también, ¿sabes?

Él negó rápidamente.

—No… tengo que estudiar. Y estos episodios no se verán solos.

Su abuelo se rio entre dientes y le entregó a Armin una lata de té.

—Un día vas a encontrar a alguien que le encante ver esos programas tanto como a ti.

—Solo puedo soñar —dijo Armin melancólicamente, observando cómo su abuelo se alejaba. Suspiró y tomó el control remoto, antes de dejarlo a cambio de su teléfono.


Sabía que se iba a arrepentir. Se dijo a sí mismo eso, pero lamentaría sus decisiones más tarde. Es por ello que Armin hizo que Erwin Smith lo recogiera en su departamento (el que compartía con Mikasa y Eren), porque no quería que su abuelo lo interrogara.

Eso y que toda su ropa de vestir estaba en el departamento, porque a menudo la necesitaba para trabajar. Estaba agradecido de que Mikasa y Annie no estuvieran, porque sorprendiéndolo en una cita habría sido terriblemente incómodo.

Y explicar que iba a una cita (después de cuatro años) sería igual de malo.

Aunque, ser recogido en un llamativo coche de lujo no fue mejor. Sobre todo porque era ruidoso. Y especialmente porque Bertholdt estaba en medio de cargar su auto y vio a Armin caminar hasta la cosa increíblemente cara.

—Hola… Bert… —el chico hizo una mueca, sabiendo que era demasiado tarde para volver atrás.

Bertholdt observó el Aston Martin por un momento y luego volvió a mirar a Armin antes de lanzarle al coche otro vistazo.

—Vas a salir de verdad. Es un milagro.

El rubio se sintió casi avergonzado de abrir la puerta del auto y sentarse. Dejó que su mano se deslizara lejos de la manija y se encogió de hombros.

—Yo… solo…

—Te divertirás —le dijo Bertholdt con una suave y genuina sonrisa mientras cerraba la puerta de su coche—. Te lo mereces.

Armin estaba agradecido por el apoyo. Se despidió de Bert con la mano mientras su vecino subía por las escaleras para traer el resto de su equipo de música. Luego se volvió hacia el coche e inhaló para calmarse, acomodándose el cabello detrás de las orejas a la vez que abría la puerta del auto.

—Te ves bien —dijo Erwin, con la misma sonrisa encantadora que debió de haber utilizado para obtener el número del menor en primer lugar. Armin inhaló bruscamente, esta respiración para nada tan reconfortante como la anterior.

—Igual tú —respondió—. Umm… ¿a dónde vamos?

—¿Te gusta el sushi?

—Lo suficiente.

—Estoy percibiendo algo de sarcasmo.

Armin jadeó, como ofendido por el comentario, porque honestamente amaba el sushi. Y a juzgar por la sonrisita en la cara de Erwin, el hombre estaba muy consciente de ello.


El pequeño rubio se sintió demasiado arreglado para el restaurante en el que terminaron. Normalmente sushi significaba reservaciones en el centro con aparcamientos infernales. Sin embargo, este lugar al que Erwin lo llevó era pequeño; un restaurante apretujado en una plaza comercial. Había un mercado de pescado al otro lado de la calle y un lugar de kebab a pocas puertas.

—Lo siento si esperabas algo extravagante —dijo Erwin—, pero este lugar vende de la mejor comida japonesa en la ciudad.

—Oh, ¿entonces eres un experto en sushi? —bromeó Armin mientras se sentaban en el bar—. ¿Además de ser abogado?

—Pasé un tiempo en Japón.

El chico rodó los ojos, impresionado, y cogió la carta.

—Por supuesto que sí.

Erwin sonrió e hizo lo mismo, echándole un vistazo a los tragos.

—¿Bebes? ¿O eres de los que se embriagan fácilmente? —preguntó el mayor, con los ojos azules pegados en el menú.

—¡Puedo aguantar el alcohol más que bien! —espetó Armin. Erwin apartó la vista de la carta y el menor sonrió cuando esos ojos azules cayeron sobre él—. No puedo tragarme un pack de doce como un monstruo de sesenta metros, pero puedo con una botella de sake.

Erwin alzó una ceja.

—No tienes nada que-

—¡Una botella de sake rosa de cereza! —Armin le gritó al chef, golpeando con una mano el bar. El hombro lo miró confundido mientras la camarera se acercaba a ellos. El rubio se encogió en su silla mientras dejaba que mejor Erwin ordenara.

Armin estaba nervioso y se mostraba en su falta de cuidado.

Las bebidas llegaron antes que el sushi, pero el chico disfrutó observando al chef preparar la comida sobre el mostrador. Con la pequeña cantidad de alcohol en él, no se encontraba tan tenso y nervioso. De hecho, se rio un poco más de las patéticas bromas de Erwin e hizo comentarios más sarcásticos aún después de cada una, para gran diversión del alto.

—Sus bromas son sinceramente de las peores que he oído, señor Smith —dijo Armin, llenando un pequeño tazón con salsa de soja—. Y debería avergonzarse de estar tan orgulloso de ellas.

—Debes ser un experto en bromas.

—No, solo tengo buen gusto y un mejor sentido del humor —bromeó el menor de vuelta. Tomó un trozo de sushi y lo sostuvo frente al otro—. Tienes que probar esto. El tempura de langostino está delicioso.

Erwin vaciló antes de inclinarse, abriendo la boca y dejando que Armin lo alimentara. El chico incluso se atrevió a limpiar su barbilla donde habían caído unos granos de arroz. Mientras Erwin masticaba, Armin rápidamente tomó una pieza de sushi del plato del mayor para probar.

—¡Oh, esto está muy bueno! —exclamó el rubio, realmente sorprendido por el pulpo que había probado—. Incluso si tus bromas apestan, tu gusto en comida no es tan horrible.

—Entonces quizá la próxima vez podamos ir por venezolana. Sé de un lugar muy bueno en el centro.

Armin tragó y tomó un largo sorbo de sake.

—Debes salir mucho. O solo tienes una adicción a la comida.

—Un poco de ambos, supongo —dijo Erwin—. Salgo a comer con mis colegas —hizo énfasis en la "s" al final de colegas—, al menos una vez a la semana. Solo para repasar lo que ha estado pasando en la firma.

—Haces que ser adulto suene… no tan aterrador —el menor rio amargamente, picando un trozo de langostino—. Un trabajo, que realmente solo son reuniones de almuerzo, un buen coche y gran cabello.

—Tiene sus altibajos —dijo Erwin suavemente—. Los problemas son relevantes. El problema de un niño es no tener tiempo para jugar. El problema de un estudiante es lidiar con el hecho inevitable de que tienes que estudiar y crecer. Y mis problemas involucran trabajadores que se olvidan de guardar documentos importantes porque son incompetentes, o clientes que se niegan a cooperar porque son unos santurrones; poner mi coche en la tienda y ver que salga peor de lo que estaba porque algún chico no escuchó a su jefe.

Armin alzó los ojos, apenas capaz de soportar el hecho de que el mayor podía ser tan increíblemente sabio y atractivo. Erwin necesitaba elegir solo una de esas cualidades y quedarse con ella.

—Esta conversación es demasiado profunda para ser solo una charla —Armin suspiró, bebiendo el resto de su sake. Se sirvió más y Erwin le quitó la botella.

—No deberías beber tanto —le regañó—. Vas a acabar ebrio.

—¡Oh, estoy bien!

No estuvo bien por mucho tiempo. Armin ordenó otra botella de sake y terminó con la cabeza en el ancho hombro del mayor, murmurando sin descanso sobre la escuela y sus clases y cómo nunca iba a superar el hecho de que un solo libro de texto costaba tanto como el alquiler de su departamento.


Armin se despertó con un fuerte dolor de cabeza, el ligero olor a panqueques en el aire y una almohada extraña bajo su cabeza. Un gran labrador de color chocolate estaba sentado junto a la cama, su hocico presionado contra el borde del colchón con los ojos clavados en Armin.

Y luego vino el abrumador sentimiento de culpa, pánico y disgusto.

Se sentó y tiró el edredón a un lado. Todavía estaba completamente vestido, salvo por sus zapatos. Su camisa y pantalones seguían en él; incluso su cinturón fue dejado intacto.

Se recostó de vuelta en la cama, mirando al perro. Sus orejas se habían levantado y Armin estiró una mano para acariciar su cabeza. El perro le lamió los dedos, su cola meneando sin control, y el rubio sonrió porque por un breve instante fue capaz de ignorar esa sensación enfermiza en la boca de su estómago.

Pero luego se arrastró fuera de la cama y siguió el pasillo que lo llevó a una hermosa sala de estar y una cocina no muy lejos. Había café y tocino e incluso crepés; y Erwin Smith estaba cocinado como un chef doméstico.

—Umm… —fue todo lo que Armin pudo manejar hasta que su cabeza dejara de latir, pero fue suficiente para que Erwin se volteara. El mayor sonrió y Armin rodeó su propio cuerpo con sus brazos.

—Buenos días. ¿Dormiste bien?

El chico asintió.

—Dormí bien. Solo bien.

El rostro de Erwin se tensó.

—Suenas increíblemente enojado para alguien que durmió tan bien.

—No… cambiaste mi ropa ni nada —dijo Armin—. Digo… nosotros… no creo que lo hayamos hecho. Estaba borracho y tú no…

—Estabas ebrio. Habría sido irrespetuoso si cambiara tu ropa sin que estés consciente de ello. Y no creí que-

—Pero porque no te aprovechaste cuando pudiste hacerlo, ahora te debo, ¿verdad? Bueno, déjame decirte algo, Erwin Smith —el chico alzó la voz, atravesando la habitación hasta que estuvo a pocos pasos de donde Erwin se encontraba de pie—. No me importa cuánto dinero tengas y no me importa lo noble que hayas sido-

—Armin, detente —espetó el mayor, levantando las manos en defensa—. No entiendo. ¿De dónde estás sacando esta suposición?

—¡Porque así es la gente! —gritó el menor, moviendo las manos con desesperación—. ¡Las personas no son simplemente buenas! No puedes serlo. No puedes… ser un abogado y tener una casa limpia y ser inteligente y guapo y cocinar y tener un perro con tres patas y ser un hombre bueno y decente. No puedes tenerlo todo.

Erwin cruzó los brazos, apoyándose en el mostrador. Armin estaba temblando, furioso. Lo sabía, estaba seguro de que Erwin quería algo a cambio de su amabilidad. Y Armin no estaba dispuesto a ceder. Iba a mantenerse firme esta vez, porque nadie iba a hacerle sentirse culpable de nuevo para conseguir algo de él.

—Siento haberte molestado y lamento decepcionarte. Pero no espero que te acuestes conmigo por haberte tratado como a una persona. Con quienquiera que hayas estado antes, quien te enseñó eso, fue una completa mierda.

El labio inferior de Armin tembló porque Erwin no tenía permitido saber eso. Nadie. No Eren o Mikasa o su abuelo y ciertamente no Erwin Smith. Su pecho se apretó y su corazón latió más rápido. Era la realidad; Erwin lo había expuesto. Y simplemente porque Erwin había dado en el clavo, hizo que Armin se diera cuenta de lo real que era esa parte de su vida. Que no era solo una parte del pasado que podía meter debajo e ignorar, porque era su realidad y su problema y ya estaba grabado en piedra. Estaba enfurecido hasta el punto de que apenas podía pensar y ya no quería discutir.

Armin se dio la vuelta y se apresuró a la puerta principal sin decir otra palabra, azotándola detrás de él. Caminaría a casa si fuera necesario, porque no permitiría que Erwin lo llevara a su departamento, y no quería esperar por un taxi.

Se agarró el pecho mientras las lágrimas lo inundaban, rodando por sus mejillas. Esta nueva realidad se estaba asentando. Estaba alejándose de una persona genuinamente agradable. La primera persona que lo llevó a una cita desde su penúltimo año en el instituto. La primera persona que le había dado incluso una oportunidad desde ese entonces. Porque todo su estudio había sido una manera de lidiar con un corazón roto y traicionado. Porque todo con el que se encontrase le traicionaría como lo hizo esa persona. Le haría daño, lo usaría y lo manipularía.

Me debes.

Debes hacer esto porque me amas.

Pude haberlo hecho, pero no lo hice, así que deberías ahora.

El chico tropezó y cayó de rodillas con las manos en el suelo, golpeando un pedazo irregular de la acera. No era justo. No estaba bien.

—Armin…

Levantó la vista y vio a Erwin de pie junto a él, sosteniendo sus zapatos.

—Te fuiste sin tus zapatos —dijo el mayor suavemente—. Si quieres ir a casa, no voy a detenerte. Pero creo que deberías quedarte y comer al menos. Tomar un poco de café, ¿aplacarte por un rato?

Armin quería gritar y alejarse.

—Considéralo, ¿por favor?

Asintió y se limpió los ojos.

—Bien…

Siguió a Erwin de vuelta a la casa. El mayor le dio un cambio de ropa y el chico se duchó, tratando de aclarar su mente. Cuando terminó, la comida ya estaba lista. Caliente y puesta en la mesa. Armin se quedó parado en la sala, observando la casa ordenada y bien decorada.

Bueno, algo ordenada. Había algunas cosas fuera de lugar, unas pequeñas motas de polvo y juguetes de perro que habían sido mordisqueados; pero era normal y simplemente el hogar de un hombre soltero.

—¿Tú… ves American Horror Story? —murmuró el menor, mirando los sets de DVDs junto a la televisión.

Erwin se rio.

—Me encanta. Creo que tengo una pequeña adicción.

Armin tragó saliva.

—Me estoy poniendo al día con la última temporada. Me perdí mucho por la universidad…

—¿No has visto todo lo de Coven aún?

—No.

Erwin inhaló y recogió sus platos, llevándolos a la sala. Los puso en la mesa de centro y encendió la televisión.

—¿Qué estás…?

—Mientras estás aquí, podríamos ser productivos también —dijo el hombre con firmeza, yendo a sus búsquedas guardadas.

Fue el comienzo de algo para lo que Armin no estaba preparado. No pensó que algo saldría de esa cita, muchos menos una mañana siguiente y desayuno. No quería que nada saliera de ello. Pero cuanto más hablaba con Erwin y cuanto más tiempo pasaba sentado en ese sofá, menos quería correr.

Era cómodo. No confiable, aún, pero cómodo.

Ciertamente no fue un cambio de la noche a la mañana. Le tomó a Armin unas cuantas citas más antes de que pudiera sentarse cómodamente junto a Erwin y dejar que el mayor apoyara su brazo en el respaldo del sofá, para que el chico pudiera sentarse más cerca. Y pasó un poco más de tiempo antes de que Armin tirara del brazo de Erwin para que descansara sobre sus hombros y pudieran abrazarse.

Pero cuando llegó el momento, fue Erwin quien acercó a Armin para ese primer beso. Y Armin sonrió y lo jaló de vuelta para un segundo.


Puede que hayan compartido un beso, o varios, pero Armin sabía que no estaba listo para nada más que eso. Erwin le hizo saber que no necesitaba apresurarse. Aunque eso no detuvo al menor de quedarse a dormir una o dos veces durante las vacaciones. La cama era suave y Erwin resultó ser un excelente compañero para acurrucarse; además del perro, Bucky, que era tranquilo y bien educado.

No sanaría el dolor. Nada podría sanar eso. Sin embargo, Armin estaba dispuesto a darle a Erwin una oportunidad. Para darse a sí mismo un nuevo comienzo.

El teléfono sonó temprano el domingo por la mañana y Erwin bostezó, estirándose hacia la mesita de noche para contestar. El menor se removió y cogió su propio teléfono por costumbre, revisando sus mensajes. Había solamente uno de Eren, avisándole que finalmente había vuelto a casa de su viaje.

Armin sonrió y se acurrucó en la almohada después de escribir un "¡Me alegra saber que llegaste a salvo!". Estaba feliz de que Eren haya regresado con bien, pero todavía se encontraba cansado y aún no había terminado con su perezosa sesión matutina de abrazos. Vería a Eren pronto y entonces escucharía todo sobre sus escapadas en el extranjero.

—De acuerdo. Te veo mañana entonces, Levi —Erwin bostezó, colgando la llamada. Dejó su teléfono en la mesita, acurrucándose de nuevo con Armin y besando su hombro. Unas manos grandes acercaron al menor, pasando sobre la suave piel dónde estaba descubierta—. Perdón por eso. Mi socio de negocios ha estado en Francia por las últimas semanas.

—Mhhh… está bien —respondió el chico soñoliento, presionando su espalda contra el pecho de Erwin, sintiendo el calor correr por su cuerpo.

Curvó los dedos de los pies y los rozó juguetonamente contra las piernas de Erwin. Ya estaba cabeceando de nuevo y podía oír al mayor haciendo lo mismo, a juzgar por su respiración.

Y entonces se dio cuenta. Los ojos de Armin se abrieron de golpe y jadeó, sentándose derecho sin previo aviso. Todo tenía sentido ahora. Demasiado sentido. Eren estaba fuera de la cuidad, en París, con un amigo de Erwin. El socio de negocios de Erwin, Levi, había estado en Francia. Levi y Eren se conocían vagamente, por lo que sabía el rubio.

—¿Qué sucede? —preguntó el mayor. Ante el silencio de Armin, Erwin se percató de que había soltado demasiada información en su estado de sueño—. Dios, no digas nada.

—Puta mierda, Mikasa va a matarlos a ambos.


N/T: Ya valiste madres, Eren. :v Okno.

Demoré un poco porque me pareció que ya no esperaban tanto el fic, pero igual no me iré.

¿A alguien más le gusta esta pareja? Me parecen muy lindos juntos.

Sus comentarios ayudan mucho, así que no se olviden de dejarme uno. ¡Nos leemos!