Capítulo 21: Peach Cobbler

Todo era pura felicidad para Eren. El viaje había sido más que perfecto. Pasó tiempo con Levi, tiempo de calidad sin hacer nada en particular, simplemente visitando el extranjero y explorando su propia relación. Llegó a ver a Levi naturalmente, lejos del estrés del trabajo. Y Eren olvidó sus propias preocupaciones y temores de encontrarse con alguien que conociera. Vio un poco de la vida de Levi, a través de Isabel; una parte de Levi que nunca supo que existía y una parte que tuvo la suerte de ver. Todo esto en una hermosa ciudad rodeada de deliciosa comida.

No había nada que Eren cambiaría al respecto; excepto quizás por más de esa comida.

Se encontraba en un punto en que el hecho de verse con ojos soñadores nunca cruzó por su mente. Aunque, las constantes miradas que su madre le daba decían lo contrario.

—Eren, no has hecho otra cosa que sonreír todo el día —ella rio.

—Lo siento...

—¡No te disculpes! Me hace feliz verte tan emocionado —dijo Carla—. Tu viaje debe haber sido bueno para que sigas sonriendo tanto.

Eren asintió y bajó los ojos hacia su maleta, porque sabía que sus mejillas estaban rosadas de nuevo.

—Fue... una de las mejores experiencias que he tenido. Estoy tan contento de haber podido ir.

—No puedo esperar a escuchar más historias sobre dónde fuiste y todo lo que viste. En especial la comida. Oh, debe haber sido increíble.

Eren se echó a reír mientras desempacaba, tirando su ropa en pilas para ser lavada. Dejó que su madre se encargara de su otra bolsa, con sus artículos de aseo personal dentro, ya que quería asegurarse de que ninguna de su ropa tuviera alguna mancha (de amor) del viaje. Encontró una de las camisetas de Levi (una vieja de Master of Puppets) enterrada en medio de su ropa y una tira de condones sin usar. Volvió a meter esos en la maleta rápidamente, manteniéndolos fuera de la vista de su madre. Tendría que empacar su ropa para la universidad pronto, así que sería capaz de sacarlos fácilmente de la casa sin ser notado.

Sacó su cuaderno de dibujo del equipaje y la puerta se abrió, su padre asomando su cabeza en la habitación, probablemente buscando a Carla. Eren tragó, ya sintiéndose tenso, pero Grisha sonrió a medias.

—Estás de vuelta —dijo, diciéndolo como si fuera un saludo. Eren asintió.

—Sí... —eso fue una confirmación de lo que Eren supuso era un saludo bastante pobre.

—Me alegra que estés en casa a salvo.

—Gracias.

Era la conversación más larga que habían tenido en mucho tiempo sin levantar la voz o tirar algo. Eren devolvió la media sonrisa, sosteniendo el cuaderno contra su pecho.

—¿Dibujaste mucho allá?

—No —dijo Eren rápidamente, porque lo último que necesitaba era que sus padres vieran el dibujo de Levi desnudo—. Tomé imágenes de referenci-

La cámara. No estaba en su maleta. Y luego recordó dejar el estuche de la cámara en la...

Eren miró a su madre, quien estaba sosteniendo la cámara en sus temblorosas manos. Inhaló con dificultad y apartó la mirada, como si pudiera ignorarlo, pero Grisha vio el cambio en su expresión y la manera en que Carla miraba horrorizada.

—Carla —dijo Grisha—. ¿Qué sucede? ¿Carla? —espetó el nombre la segunda vez que lo dijo y sus ojos se entrecerraron, la tormenta ya formándose.

Era como una película de terror y Eren había perdido la voz. Balbuceó sonidos, ninguno de ellos coherente, y miró fijamente su maleta abierta. Sabía que iba a venir. Y no podía hacer nada, absolutamente nada, para detener lo inevitable.

—Eren. Jaeger. ¡¿Me mentiste?!

Él se encogió con una mueca.

—¿Qué? ¡¿Qué hizo, Carla?! —exigió Grisha, irrumpiendo hasta ella. Trató de arrebatarle la cámara, pero Carla fue rápida. Ella alzó la cámara en su mano y la sacudió firmemente mientras se acercaba a Eren en dos veloces zancadas.

El chico se puso de pie de un salto, tratando de agarrar la cámara de su madre.

—Mamá, no, no es así, lo juro-

—¡Me mentiste, carajo! ¡¿Quién es él?! Eren, juro que si estás en una clase ilegal de tráfico sexual-

—¡No es así, detente! ¡Dame mi puta cámara!

Grisha logró agarrar la cámara de Carla antes de que ella pudiera entregarla. Eren supo entonces que la verdadera tormenta estaba llegando y hasta lo vio en los ojos de su madre; ella también lo sabía.

—¿Fuiste al extranjero con este viejo? —preguntó Grisha, lanzando la cámara sobre la cama. Eren hizo una mueca cuando rebotó, agradecido de que no cayó al suelo—. Usaste mi dinero para un maldito marica-

—¡No fue tu puto dinero así que ya bájate de tu jodido pedestal! —gritó Eren—. Y juro que si les dices marica a Levi otra puta vez-

—Tuve que soportar esta mierda en la preparatoria y aún lo sigues haciendo-

—¡No es como un puto hábito que solo puedo dejar!

—Siempre te portas mal. ¡Es solo que no quieres cambiar! ¡Todo te importa un carajo!

—Exacto, prefiero que se burlen de mí y que mi propio padre me llame un puto marica —dijo Eren con un tono cortante que hizo que el rostro de Grisha palideciera y que su mano se alzara. Eren apretó los dientes, preparándose para el fuerte golpe que sabía que vendría.

—¡Deténganse, deténganse los dos! —gritó Carla, agarrando la muñeca de Grisha con la fuerza suficiente para captar la atención del mayor—. Grisha, ve a sentarte en tu maldita oficina y, Eren, solo tranquilízate aquí.

Eren estaba lívido. Se estaba conteniendo mucho; tenía miedo de que si perdía el control, con su madre tan cerca de él, un accidente ocurriría. Un mal accidente que podría ponerlo en la cárcel por agresión porque su padre era un imbécil cuando estaba lo suficientemente cabreado. A Grisha no le importaría mandar a Eren a la cárcel por rencor. O al menos trataría.

Su padre se dio la vuelta bruscamente, tirando su brazo del agarre de Carla, y abrió la puerta. Deliberadamente se aseguró de azotarla contra la pared. Carla se encogió y Eren contuvo la respiración hasta que hubo un estruendo de vidrio contra el suelo. Carla corrió hacia la puerta primero y estaba a la mitad de las escaleras cuando Eren le escuchó gritar.

—¡GRISHA!

—¡Ningún hijo mío va a ser un conchudo chupapollas!

Eren envolvió sus brazos alrededor de sí mismo y caminó hasta el rellano de la escalera. Su foto de graduación había sido sacada de su lugar en la pared, un desastre de vidrio por todos los escalones.

Se contuvo. Mantuvo la cara impasible hasta que encontró un paquete oculto de cigarrillos y un encendedor en el fondo de su cómoda. Ignoró los violentos insultos y amenazas de su padre, yendo de frente al silencio del patio trasero.

Colosal se levantó al instante y caminó hacia él, su cola meneándose con emoción. Era inconsciente —completamente inconsciente de la distorsión que él había causado—, y solo estaba feliz de que alguien estaba finalmente en el patio trasero con él.

Eren necesitaba un momento para sí mismo, solo para aclarar su cabeza. Encendió un cigarrillo, metiendo sus pies en la piscina, y se inclinó hacia adelante, frotándose las sienes con los dedos. Cerró los ojos y sopló el humo en la noche, disfrutando de la fresca sensación del aire contra su piel.

Era inútil. Un caso perdido. No importara lo que hiciera, su padre encontraba algo malo con él. Algo que criticar. Algo para hacerle sentir mierda a propósito. Una razón para pelear y gritar y lanzar lo que estuviera más cerca.

Y ahora su madre se había quedado tratando de calmar al viejo bastardo. Eren se sentía aún más mierda. Su padre lo había rebajado, y ahora él se encontraba sentado afuera dejando que su madre lidiara con ello. Era una mala excusa, y lo sabía. Sin embargo, tenía miedo de enfrentar a su padre porque sentía temor de la monstruosa furia que ambos tenían.

No era como su primer año en la preparatoria. No era como cuando su padre lo pilló haciendo trampa en un examen o fumando hierba con Jean. Porque cuando discutían en ese entonces, Eren solo terminaba castigado. Si rompía algo, era regañado. Lo peor que podía pasar era el reformatorio y luego tendría un historial limpio.

Pero ahora tenía que ser cuidadoso. Si lanzaba un puñetazo, era asalto. Si golpeaba una pared, era destrucción de propiedad. Podría ser juzgado como un adulto y enviado a prisión. De verdad. Y eso sería solo otra marca más por la que su padre podría putearlo.

La puerta se abrió y cerró. Él se encogió.

Si Grisha estaba parado ahí, gritarían y pelearían. Si fuera su madre, ella gritaría y él se sentiría culpable por lastimarla. Honestamente, prefería tener a su padre porque estarían a la par.

—Eren...

Ese suave suspiro y luego su nombre. Era su madre.

Eren dio una larga calada a su cigarrillo y se rehusó a mirarla cuando ella se sentó a su lado. Su voz temblaba, y aunque ella estaba tranquila ahora, Eren sabía que seguía molesta.

—Lo siento —dijo—. Yo solo...

—Eren, espera —dijo Carla—. Antes de que te expliques, déjame decirte ahora, no estoy molesta de que hayas ido con un hombre. No podría importarme menos con quién salgas, siempre y cuando sea bueno contigo. Y siempre y cuando te haga feliz. Tu padre es un idiota por decir lo que dijo respecto a eso.

Eren miró fijamente las ondulaciones en el agua, dando otra calada. Colosal se sentó junto a él, la boca abierta con el aliento caliente sobre su hombro.

—Aun así, estoy molesta de que hayas mentido sobre con quién ibas a ir. Eren, nunca quiero que sientas que tienes que esconderte o mentir. Nunca deberías sentirte avergonzado de eso. Pero también, es tan peligroso, no decirme con quién ibas. ¿Qué pasaría si hubiera sido un asesino en serie y tú hubieras desaparecido? No tendríamos idea de lo que pasó ni sobre quién empezar una búsqueda siquiera —dijo con suavidad.

—Lo sé y lo siento, está bien... —dijo Eren—. Y créeme, me sentí como una mierda después. No quería... mentir sobre eso. Pero sentí que... tampoco querrías que yo cruzara el mundo con él.

—¡Por supuesto que no querría! —Carla jadeó—. Nadie quiere que su hijo vaya por el mundo con alguien que aún no conocen. Aunque, te dejaría hacerlo, tendría. Eres prácticamente un adulto y puedes tomar tus propias decisiones. ¿Son las decisiones correctas? No lo sé, pero es mi trabajo guiarte. Y estar aquí para ti. Tú te habrías ido y yo hubiera metido un paquete de condones en tu maleta, por el amor de Dios.

—Ma... tú... —Eren se rio un poco ante el comentario y ella pasó un brazo por sus hombros.

—Llevaste condones, ¿no?

—¡Sí!

—Una mejor pregunta: ¿los usaste?

—Mamá.

—Solo me aseguro de que estés siendo precavido, cariño —dijo. Luego vaciló—. ¿Y él es... mayor?

El tono en su voz hizo evidente que no estaba entusiasmada con la idea.

—Un poco...

—Eren, y sé honesto. ¿Esto es algo así como un... intercambio de sexo con dinero? ¿Como un Sugar Daddy?

Eren tragó saliva.

—Comenzó de esa manera, pero juro que ya no es así. Ma, él es tan... perfecto. Es verdaderamente perfecto y eso me molesta tanto porque yo soy un disfuncional pedazo de mierda.

Carla lo observó cuidadosamente, desde las orejas hasta los ojos y suspiró.

—No digas eso, no eres una mierda. Ni disfuncional.

—Aún no soy lo suficientemente bueno para él —dijo Eren—. Pero igual estoy tan enamorado y lo amo tanto. Hace que mi corazón se acelere y haga estupideces y... estás sonriendo. ¿E-estás sonriendo?

—Eren —dijo ella—. Hace mucho tiempo, cuando estabas saliendo con Jean, ¿recuerdas cuando te pregunté si lo amabas?

—¿Ajá...?

—Y tú dijiste: "creo que sí" —Eren se encogió de hombros, solo para que ella continuara—. Ahora mismo no dudaste ni tuviste que pensar en ello. Dijiste que lo amas y, Eren, eso es todo lo que podría desear para ti —terminó.

Toda la preocupación y cada sentimiento negativo desapareció por un breve momento. Él sonrió, dejando que su cigarrillo se consumiera.

—Su nombre es Levi —dijo Eren en voz baja, una sonrisa formándose en su rostro.

—Levi, ¿huh? Me suena... familiar —ella murmuró.

—Lo conociste en esa exhibición de arte...

—¿Ustedes dos ya...?

—¿En ese entonces? No. No realmente.

—Hm. Sabes que esto significa que tengo que conocerlo oficialmente ahora.

—Pero-

—Lo hice con Jean y Levi no es diferente. Nos reuniremos, tomaremos café y me aseguraré de que te esté tratando bien.

—¡Tiene trabajo!

—Si tiene tiempo para llevarte a París, puede darse una hora para tomar café, Eren.


El nuevo horario de Eren:

Fotografía I, Francés II, Dibujo Avanzado, Pintura Avanzada y Escultura II. Clases de lunes a viernes.

Lo único que lo salvaba era compartir una clase con Armin e Ymir (Francés II). No es que realmente quisiera compartir clase con Ymir, pero estar con Armin haría la clase soportable.

Había pasado un tiempo desde que vio por última vez a Armin. Después del viaje, Eren había estado ocupado consiguiendo los libros (a último minuto) y empacando. Armin estaba ocupado con sus propios asuntos, por lo que Eren apenas tuvo la oportunidad de hablar con él. Sin embargo, había notado un ligero cambio en su amigo. Y la mirada constante de Armin en su dirección era inquietante.

—¿Estás bien? —preguntó Eren mientras todos se acomodaban en sus asientos para esperar al profesor. El profesor Dawk era conocido por llegar tarde y Eren definitivamente recordaba lo despistado que era de su anterior clase de francés.

—¿Huh? Sí, totalmente, ¿por qué? —preguntó Armin. Tiró de la bufanda alrededor de su cuello, abriendo su cuaderno y sacando un lapicero de su mochila.

—Bueno, has estado jodidamente raro últimamente —respondió Eren, tendido sobre su propio cuaderno—. Hey, ¿tienes un-?

Armin sacó un lapicero extra y se lo pasó a Eren antes de que pudiera terminar de hablar.

—Wow, gracias. Me salvaste.

—De nada —Armin sonrió.

—¿Dónde estabas anoche, por cierto? —preguntó el castaño—. Mikasa y yo te extrañamos en la cena.

—Ciertamente estás muy hablador para alguien que aún no ha tomado su café —se burló Armin—. ¿Estamos jugando a las veinte preguntas esta mañana?

—Estuviste fuera la mitad de la noche —respondió el chico—. Tú nunca- Oh, mierda, ¡¿eso es un chupetón?!

Eren azotó las manos contra el escritorio y algunos de sus compañeros los miraron, susurrando en voz baja. Armin arregló su bufanda y pellizcó la suave piel del brazo de Eren. El castaño hizo una mueca silenciosa, tratando de captar un mejor vistazo del cuello morado de su amigo.

—Cá-llate.

—Le voy a decir a Mikasa. ¿Quién es? Puedes decirme.

—¡Eren!

—¡Prometo que no le diré a nadie!

—¡Dijiste que le ibas a contar a Mikasa!

—¡Eso es porque me pellizcaste!

La puerta se abrió y el profesor Dawk entró a tropezones, dejando caer unos papeles detrás suyo. La gente comenzó a regresar a sus sitios, dándose cuenta de que la clase estaba a punto de empezar. Eren lo ignoró, aún concentrado en Armin.

Bajó la voz.

—¿Es Erwin?

Las mejillas del rubio se pusieron rojas y el agarre en su pluma se apretó.

—Eren. No lo es.

—¡Oh, joder, sí lo es!

Armin lo miró enojado.

—Como si tú pudieras hablar.

—Nunca supe que te gustaban los tíos mayores. Tendré que tener la charla con él para averiguar todos los detalles jugosos.

Armin se volvió hacia el frente del aula mientras Eren continuaba molestándolo.

—¿Y aún se le para? Está bastante viejo. Pero tú eres un nerd de la ciencia, así que estoy seguro de que encontraste alguna manera de-

—Estás saliendo con Levi Ackerman.

La voz de Eren se atoró en su garganta, sus ojos abiertos con horror. Armin tomó un sorbo de su café, se quitó un mechón de pelo de la cara y cliqueó su lapicero; todo con una expresión de triunfo en su rostro presumido. Eren se hundió en la silla, queriendo desaparecer.

Esto no era bueno. Armin lo sabía. Le dio en el blanco.

Eren tuvo que esperar hasta el final de la clase para interrogar a Armin e incluso entonces no sabía qué decir.

—Perdón por soltarlo así —dijo Armin en voz baja. Eren gimió.

—¿Cómo lo-?

—A Erwin se le salió sin querer. Algo. Solo mencionó a Levi y pude deducirlo desde ahí —explicó Armin, guardando sus libros—. No le he dicho a nadie.

—Okay, bien.

—Pero te dije que lo descubriría —bromeó Armin, empujando el hombro de Eren. El castaño le devolvió el empujón.

—Oh, ja, ja. Qué gracioso.

—Está bien —dijo el rubio—. Parece que él te hace feliz. Fueron de viaje juntos, así que supongo que él te hace feliz.

—Bueno... oh Dios, es cierto —dijo Eren—. Es solo que-

—¿Pueden ustedes dos moverse y dejar de hablar de sus malditos sugar daddies? —dijo Ymir arrastrando las palabras, tamborileando sus dedos contra la mesa—. Tengo clase.

—¿Quieres ir a almorzar a la cafetería? —interrumpió Armin—. Podemos hablar ahí.

—Eso suena perfecto —respondió Eren—. En serio quiero escuchar más sobre Erwin. Y necesito café para nuestras veinte preguntas. Oh, espero que tengan tarta de durazno-

—¡MUÉVANSE! —gritó Ymir.

—¡Lo siento! —exclamaron los chicos al unísono, apresurándose a salir del pasillo.


N/T: Espero que alguien siga leyendo este fic, no quise demorar tanto.

Un review me haría muy feliz, es lindo ver que esperan los capítulos.

P.D. Es gracioso, porque en el fic original todos dijeron que la cámara iba a traer problemas, pero aquí nadie lo mencionó. xD