Capítulo 22: Coconut Rum and Piña Coladas

Fue idea de Reiner, como usualmente lo era, ir al Garrison para unos tragos, porque la mejor manera de celebrar el regreso a clases era emborrachándose. Nadie tenía clases el sábado por la mañana, así que todos estaban libres de beber tanto como quisieran. Aunque no todos lo hicieron; Armin tenía un vaso con agua y le pasó a Eren su shot de ron de coco que Reiner le compró. Y dicho shot fue tomado por Mikasa.

—¡Hey! —gritó Eren mientras ella se lo tomaba de un trago. Mikasa frunció el ceño.

—No puedo dejar que conduzcas ebrio a casa —dijo ella bruscamente, haciendo una mueca cuando sintió el alcohol bajando.

—¡No lo estoy! —espetó Eren—. No voy a emborracharme. Puedo manejar mi alcohol.

Mikasa gruñó, sacudiendo la cabeza y dejando de golpe los vasos de shot en la mesa frente a ellos. Reiner, sin embargo, alzó su botella de cerveza en la dirección de Eren como una señal de aprobación.

—¡Estoy de acuerdo! Pidamos otra ronda.

—R-Reiner, por favor, no tanto...

—¡No pasa nada, Bert!

Bertholdt suspiró y se apoyó en el costado de Reiner.

—Por cierto —dijo Connie con una amplia sonrisa—. Veo algo brillante en los dedos de ambos.

Los ojos de Reiner se agrandaron y la cara de Bertholdt se puso toda roja.

—¡¿Esperen, qué?! —gritó Eren, empujando a Mikasa para mirar más de cerca. Todos de repente eran solo ojos y oídos, botellas y vasos cayendo sobre la mesa.

—Bueno... —dijo Reiner—. Puede que nos hayamos comprometido durante las vacaciones.

Siguió un jadeo colectivo y todos abrieron los ojos. En menos de un segundo, las preguntas ruidosas empezaron.

—¡Reiner! ¡¿Finalmente le pediste?!

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?!

—¡¿Cómo pasó?!

—¡En realidad fue Bert quien me lo pidió! —el rubio rio. Bertholdt tenía su cara en ambas manos para ese entonces, sus mejillas más rojas que las cerezas en su bebida. Reiner lo ayudó a sentarse en una silla mientras más preguntas volaban hacia ellos.

Eren sonrió, incapaz de creer que esto fuera algo real. Ellos iban a ser los primeros dos que iban a casarse. Aunque tenía sentido. Habían estado juntos por años; desde la secundaria. Aunque Eren siempre pensó que Jean y Marco serían los primeros.

Echó un vistazo en la dirección de ellos, esperando que Marco estuviera hablando animadamente con Jean sobre la propuesta, y para su sorpresa tuvo que mirar en dos lugares diferentes. Jean estaba al otro extremo de la mesa, bebiendo su cerveza en silencio y sonriendo ante las noticias; pero Eren lo conocía lo suficientemente bien como para saber que sus pensamientos estaban en otra parte. Marco, por otro lado, estaba entre la multitud alrededor de Reiner, saltando y haciendo preguntas con una gran sonrisa en su rostro.

—¡Eren, voy a llorar! —dijo Armin, abanicándose.

—¡Armin, no! —el castaño rio, abrazando a su amigo.

—¡¿Ya tienen fecha?! —exclamó Sasha emocionada. Incluso había dejado su bebida para preguntar.

—Aún no —dijo Reiner—. Pero tal vez después de este semestre. ¿Mayo o junio?

—¡Eso sería asombroso! —dijo Christa, juntando las manos.

—Nah, Bert estaría sudando todo el tiempo —Ymir resopló—. Será mejor hacerla a mediados de diciembre.

—¡Eso es casi un año entero! —gritó Connie.

Armin palmeó la espalda de Bertholdt.

—Creo que una boda en junio estaría bien. Estará muy bonita.

—No puedo creer que Bert fue quien finalmente hizo la propuesta —comentó Marco riendo, apoyándose en la silla de Armin—. Eso en verdad no me lo esperaba.

—Es como si Jean te pidiera matrimonio al fin, ¿eh? —bromeó Connie, dandole un suave codazo a Marco. El pecoso rio para sí mismo y dio un sorbo tranquilamente de su bebida.

—Sí, Jean, será mejor que te pongas las pilas antes de que alguien te quite a Marco —añadió Sasha. Todos rieron y Jean inhaló bruscamente, dejando el resto de su bebida sobre la mesa.

—Me tengo que ir —dijo suavemente, poniéndose de pie.

—¡Ahh, Jean! —gritó Connie—. ¡Solo estábamos bromeando!

—¡No seas tan aguafiestas! —exclamó Ymir.

—Tengo que estudiar en realidad —espetó Jean. Para una explicación tan simple, esta salió de manera seca.

Eren lo observó irse, sus manos en puños. Esperó que Marco lo siguiera, pero no lo hizo; se volvió hacia Bertholdt, hablando con él en vez. Eren hizo una mueca. Ellos siempre tomaban el mismo coche...

—Ya vuelvo —dijo el castaño, poniendo las manos sobre la mesa. Desapareció entre la multitud, antes de que alguien pudiera preguntarle por qué.

Le estaba pisando los talones a Jean a través de la multitud de personas que bailaban y bebían. Pero el cabello de Jean era inconfundible. Algo estaba mal.

—¡Hey! ¡HEY! Detent-

Jean se dio la vuelta, su ceño fruncido con fuerza.

—Diablos, ¿qué?

Los dos se quedaron parados afuera en el clima ventoso. Cerraron rápidamente sus respectivas chaquetas cuando el viento les golpeó en las mejillas y labios. Los ojos de Jean se veían pesados y cansados; el aspecto que tenía cuando le hacía falta dormir adecuadamente.

—Tío, ¿qué rayos? ¿Te volviste loco? ¿Qué está pasando?

—No es asunto tuyo. Solo regresa allá y diviértete o lo que sea —dijo Jean—. No quiero lidiar contigo ahora.

—Pues, mierda, perdón por ver cómo estaba tu triste y malhumorado trasero —dijo Eren—. Al menos estamos hablando de ti. Te gusta eso, ¿verdad?

Jean rodó los ojos y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, saliendo molesto hacia el clima helado. Eren sacudió la cabeza y volvió a entrar, frotándose las manos para recuperar un poco de calor. Encontró su mesa y a su grupo, todos exactamente igual cómo los había dejado en su mayor parte.

Mikasa se giró hacia él y le tendió su teléfono que olvidó.

—Sonó mientras estabas fuera.

Había una mirada en sus ojos. Una mirada que Eren conocía muy bien y que no le gustaba. Tragó saliva y le quitó el teléfono.

—Gracias... —dijo, revisándolo. Tenía una llamada perdida y un mensaje; ambos de Levi. Y entonces su estómago se hundió. Miró a Armin porque no podía mirar a Mikasa directamente a la cara. Su error fue uno grave.

Solo había un Levi. Y Mikasa lo conocía. Él era su familia. Y ahora ella sabía que Levi tenía el número de Eren. Y probablemente echó un vistazo al mensaje que el mayor envió (que no fue nada vulgar, afortunadamente, pero aun así era incriminatorio).

Supo en ese entonces que la puta tormenta se acercaba. Ella no lo haría ahí, pero de repente la idea de volver a casa no sonaba tan acogedora.


El viaje en coche no fue en silencio. Eren y Armin charlaban mientras Mikasa permanecía callada. Sin embargo, había tensión y Eren no estaba seguro de si Armin se percató mientras el rubio conducía. Y si lo hizo, en definitiva actuó como si no estuviera al tanto.

Aparcaron y subieron las escaleras hacia el departamento. Eren caminó detrás de Mikasa, observándola frente a él. Ella seguía mirando su teléfono, probablemente esperando a que llegaran los mensajes. Eren supuso que era Annie y Mikasa tal vez estaba explicándole por qué se puso tan malhumorada en el bar. No preguntó; no quería.

Porque había una posibilidad de que no fuera Annie. Había una posibilidad de que fuera Levi...

Armin abrió la puerta y Mikasa se detuvo, bloqueando a Eren de entrar.

—Eren y yo vamos a hablar aquí afuera.

Armin se volvió, sus ojos bien abiertos, y miró a su condenado amigo. Eren fue incapaz de responder cuando Mikasa agarró la puerta. Armin hizo una cara cuando ella la cerró fuertemente.

—Mikasa, ¿de qué se trata est-?

—Eren —dijo ella con firmeza—. Sabes exactamente de qué se trata esto.

Y lo sabía. Su estómago se cayó mientras consideraba las opciones.

Podía decirle la verdad, ahora mismo. Decirle exactamente lo que ha estado sucediendo con Levi, sin ocultarle nada. O podría mentir. Podía mentir y negar cualquier acusación. Asegurarse de nunca dejar su teléfono desatendido o alguna cosa incriminatoria a la vista. Pero tendría que tener una muy buena mentira para que eso funcione...

O simplemente podría huir, justo por las escaleras. Podría hacer que Levi lo recogiera y se escaparían juntos a México, empezar de nuevo, beber piñas coladas todo el día y-

—Yo... estoy confundido —dijo Eren.

—Una palabra —dijo Mikasa, levantando un dedo—. Levi.

El chico entró en pánico.

—Oh Dios, Mikasa... Mira, no es lo que crees, lo juro —dijo—. Comenzó mal, pero...

—¿Pero qué? Eren, él es-

—No estamos solo cogiendo por ahí —soltó el castaño. Tanto hablar de excusas—. Y no estábamos haciendo esto a tus espaldas. Queríamos decírtelo, pero no es tan fácil. Él es mayor y creciste a su alrededor, lo sé. Entiendo eso. No soy un idiota. Pero nos conocimos antes de que me lo contaras. Y luego las cosas solo... Nos veíamos y fingíamos que no pasaba nada. ¡Y estaba preocupado de que te cabrearas por él! Sé cómo eres. Te pusiste loca sobre Jean, por lo que sabía que esto no sería diferente. Así que lo mantuve en secreto y me siento mal, en serio, pero Mikasa, no me vengas con esa mierda. Porque él es un muy buen tipo y tú lo sabes también.

Ella permaneció en silencio. No trató de interrumpirlo o decirle que se detuviera. Escuchó y observó. Eren se lo contó todo a ella. Todo lo que tenía que decir. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido para detenerse. Su mente estaba girando en un torbellino que era difícil seguirle el ritmo a sus palabras. No podía parar, incluso si quisiera. Aunque, ¿por qué lo haría? ¿Cómo podría? Ella necesitaba saber. Ella necesitaba escuchar esto. No podía esconderlo para siempre.

Ella tenía que saberlo.

—Simplemente no quería otro sermón sobre lo mierda que son mis decisiones —Eren suspiró, apoyándose contra la pared. Sus manos inquietas mientras sus ojos se clavaban en el suelo de concreto—. Porque sé que he tomado malas decisiones, pero así es la puta vida. Y Levi... Levi es diferente. Realmente diferente.

Mikasa inhaló y Eren contuvo la respiración.

—Lo único que quería era tu honestidad —dijo—. Tenía un presentimiento desde hace un tiempo...

—¡¿Alguien te lo dijo?! —gritó Eren—. ¡Le dije a Levi que no lo hiciera! ¡Le dije que no estaba listo!

—Él no dijo nada —respondió Mikasa—. Solo fue una corazonada. Como... algo que estaba destinado a suceder.

—¿Cómo? —Eren se rio. La pelinegra se encogió de hombros y se recostó contra la puerta, arrastrando los pies.

—La forma en que te miró esa noche en tu exhibición de arte —ella reflexionó—. Creo que si hubiera podido, se habría quedado a tu lado toda la noche.

Eren se sonrojó, incapaz de esconder la pequeña sonrisa en sus labios. Se frotó la nuca, revolviendo su cabello.

—Entonces... ¿no estás enfadada? ¿No vas a regañarme?

—Tienes la edad suficiente para tomar tus propias decisiones. Puedo reconocer eso. Y sé que tomas a veces malas decisiones, ¿pero quién no? —se encogió de hombros para sí—. Y él es... Sé que Levi es una buena persona con un buen corazón. Incluso cuando hace esas bromas de mierda.

—Nunca has aceptado tanto... algo que yo haya hecho.

—Has crecido un poco desde la secundaria —ella rio—. Sigues siendo un mocoso a veces, aunque ahora eres uno más sabio, supongo. Pero creo que él encaja bien contigo. Incluso si es un poco mayor.

—¿De verdad lo crees?

Estaba esperanzado; era increíble.

—Sip.

—Gracias, Mikasa. Solo... muchas gracias.


N/T: No salió mal como muchos pensaron. xD

No demoré meses esta vez, eh. (?)

Sus reviews siempre ayudan, gracias a todos los que siguen este fic. ¡Nos estamos leyendo!