AVENTURAS EN TOKIO
VI.
Armar un mueble, cualquiera, era toda una aventura con o sin instructivo. La mayoría de personas carecía de la paciencia suficiente para armarlo sin sentir frustración en cada paso del proceso, Nagisa pertenecía a ese grupo. Se supone que solo era un mueble para ropa que se podía fijar en el muro y plegar o desplegar según lo necesitaran. Eso les ayudaría a acomodar mejor su ropa y darle un mejor uso al guardarropa y al armario compactos con los que ya contaban. ¡Pero esa cosa tenía como mil piezas! O eso contó Nagisa en su estado frustrado anticipado. Honoka, por otro lado, pertenecía al privilegiado grupo que disfrutaba ese tipo de actividades.
El viernes lo dedicaron a estar toda la tarde en la lavandería lavando su ropa. En su espera platicaban, veían videos en sus teléfonos e incluso leyeron sus libros de estudio un rato. Ese viernes se dieron el gusto de cenar ramen en uno de los puestos callejeros de la zona. Podían consentirse de vez en cuando.
Los sábados y domingos se daban el gusto de despertar hasta pasadas las ocho de la mañana. Honoka, al ser más madrugadora, no podía estar acostada hasta la hora pactada y solía sentarse contra el muro a leer, pero ese sábado no pudo levantarse. Estaba pegada a Nagisa. Se permitieron dormir en esa posición desde entonces, Nagisa la tenía bien sujeta por la cintura con ambos brazos, sus propias manos sujetaban las de Nagisa. La comodidad no se negaba, podía sentir la respiración de Nagisa en su cabeza y escuchar los sonidos matutinos de la ciudad. Automóviles, personas, aves y que alguien usaba su lavadora posiblemente en el edificio al otro lado de la calle.
No podía volver a dormir, no tenía la voluntad de deshacer la posición, no deseaba despertar a Nagisa aun. Quería estar un rato más así, el calor de Nagisa era agradable y por alguna razón el contacto la hacía sentirse cada vez más llena de energía, ¿quizá un efecto remanente de sus días como guerreras? Eso era posible, muy posible. Tomarse las manos bastaba para recuperar las fuerzas y desatar su poder, ¿un abrazo tendría un efecto revitalizante? Hasta el momento las pruebas apuntaban a un resultado afirmativo. No le molestaba la idea de despertar así con ella, le gustaba, le era cómodo despertar pegada a ella. Si el día siguiente iban a amanecer igual, entonces se dejaría un libro cerca para leerlo mientras llegaba la hora de que sonara el despertador. Aprovecharía cada minuto hasta entonces, la sensación de estar así con Nagisa le gustaba mucho.
Qué iba a saber Honoka que Nagisa también estaba despierta. La deportista no tenía la voluntad ni el deseo de levantarse y mucho menos romper la posición. Aunque usaban el mismo champú, el cabello de Honoka olía mejor, toda ella olía mejor. Suspiró y confiaba en que Honoka no sospecharía del suspiro. Sabía que su compañera estaba despierta, pero en ese momento era como si se encontraran en medio de un hechizo, de una ensoñación de la que no quería salir, no aun. No entendía bien porqué, pero sentir el cuerpo de su compañera así se sentía tan bien y a la vez tan natural que era incapaz de pelear contra ese instinto.
Solo un poco más, solo quería estar así hasta que sonara el despertador. Cerró los ojos para entregarse por completo al hechizo, pero no ayudó (¿o sí?) que las manos de Honoka comenzaran a moverse sobre el nudo en la cintura que hacían sus propias manos. Podía sentir cómo las yemas de los dedos de Honoka recorrían sus nudillos, el largo de sus dedos hasta donde el nudo se lo permitía y luego ir directo a sus muñecas. Quiso tragar saliva pero no pudo, tenía miedo de hacer demasiado ruido y descubrirse ante Honoka. No quería que ella se detuviera. Las suaves caricias duraron unos minutos, no supo cuántos pero sí suficientes para hacerla suspirar de nuevo sin que pudiera contenerlo. Notó que Honoka detuvo lo que hizo, posiblemente pensaría que la despertó, pero Nagisa no se movió. Aprovechó para respirar normalmente y le volvió la sonrisa al rostro sin percatarlo cuando Honoka siguió donde se quedó, pero lo que intentaba ahora era un poco más atrevido. Nagisa sintió que los dedos de Honoka trataban de abrirse camino entre los propios, no era complicado saber lo que quería así que Nagisa prestó sus manos procurando un movimiento natural.
Honoka no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, solo seguía los impulsos de su cuerpo. Se quedó viendo las manos de Nagisa y de pronto eran las suyas las que buscaban algo de contacto. Temió despertarla en algún momento, pero no, no parecía ser el caso. Quería saber si había alguna manera de poder enredar mejor sus manos sin que la posición provocara un entumecimiento, lo que quería era sentir la mano de Nagisa con la suya, solo eso. No podía pelear contra ese caprichoso deseo.
Sonrió de suave manera al sentir que las manos de Nagisa se habían aflojado un poco. Al estar recostada sobre su costado izquierdo, fue su mano izquierda la que buscó la mano derecha de Nagisa. Sus dedos poco a poco, milímetro a milímetro, se colaron entre los dedos de Nagisa. Soltó un discreto suspiro cuando logró que sus dedos se entrelazaran con los ajenos. El siguiente movimiento lo hizo natural, dejó que su mano descansara en el futón, eso hizo que Nagisa estirara un poco el brazo y fueran sus manos unidas las que reposaran cómodamente sobre el futón.
No supo si fue ella misma o si fue Nagisa, pero el contacto de sus manos se cerró. Tragó saliva cuando, además, el brazo izquierdo de Nagisa se aferró por completo a su cintura, rodeando hasta donde le fue posible.
Se quedó quieta, la respiración ajena estaba calmada. Seguro fue un movimiento inconsciente, podía suponerlo porque su compañera seguía dormida. Su corazón estaba ligeramente acelerado, por suerte, en esa posición sería difícil que Nagisa lo percibiera.
Nagisa agradecía lo mismo.
El despertador sonó a las ocho con quince y ahora sí ambas se movieron de su sitio. No hicieron mayor mención de lo sucedido. No había incomodidad en realidad, no se habían sentido mal en ningún momento, así que cualquier escándalo era innecesario, ¿verdad? Se sonrieron a la una a la otra y se dieron los buenos días al mismo tiempo antes de levantarse y comenzar con su rutina sabatina. Sus fines de semana pasados los ocuparon en acomodar todas sus cosas, y ese día terminarían de arreglar todo al fin, pero para eso necesitaban armar el mueble.
Para las nueve de la mañana los cuatro desayunaban en su diminuta mesa plegable entre risas, planes y algunos comentarios al azar. Nagisa tomó la palabra.
─Honoka, estaba pensando... Podríamos buscar un parque cercano y hacer una rutina de ejercicio, yo estoy en entrenamiento y ya sé qué hacer para no abusar de mi cuerpo, pero tú solo vas y vienes de la escuela ─estando en Wakabadai su compañera sacaba a pasear a su mascota por lo menos una vez al día, y en preparatoria estuvieron en los cursos de artes marciales, pero─... Desde los exámenes ya no has hecho mucho ejercicio.
─Estaba pensando lo mismo, en casa caminaba más hacia la estación de tren y de ahí a la escuela, pero ya no he hecho mucho, con razón a veces siento algo de ansiedad en el cuerpo, necesito más actividad ─gracias a su dieta balanceada se mantenía en su peso adecuado, pero tenía menos actividad física que antes─. Hacer ejercicio los fines de semana suena bien, incluso entre semana.
─¡Genial! Si acabamos temprano lo del mueble y de acomodar nuestras cosas, podemos salir a buscar en los alrededores, si no, salgamos mañana, tenemos tiempo ─dijo Nagisa con una sonrisa─. Además éste par ha estado encerrado mucho tiempo, al menos en tu casa podían andar por el patio.
─No necesitan preocuparse por nosotros-mipo ─dijo Mipple con una sonrisa, agradecía que las chicas pensaran en ellos también─. Nos gusta éste lugar y nos gusta estar con ustedes-mipo ─su novio y ella desayunaban comida de Ompu.
─Pero salir a un parque suena bien-mepo ─el héroe pensaba lo mismo que Mipple, pero estar encerrados contemplando cómo ese par no podía ver al elefante en el cuarto llegaba a ser cansino, ¡llevaban años así!─. Somos jóvenes, necesitamos aire y sol-mepo.
─En eso tienes razón, Mepple ─rió Nagisa, luego miró con una sonrisa a Honoka─. Entonces terminemos lo que tenemos pendiente, quizá aquí en Tokio ya puedas tener un poco más de color, Honoka ─estiró su brazo para pegarlo al de ella. Los entrenamientos en exterior de Nagisa le estaban dando un lindo tono tostado a su piel, mientras que Honoka seguía con su piel clara─. ¿Ves?
─De acuerdo, de acuerdo, buscaremos un parque o alguna ruta para al menos correr, no tengo a Chuutaro para pasearlo, pero trotar un rato no es malo ─comentó Honoka con una sonrisa, le era entretenido ver la diferencia entre sus tonos de piel.
─Siempre puedes sacar a pasear a Nagisa-mepo...
─¡Oye, bola de pelos...! ¡A ti es a quien debería atar en una caseta para perro!
Entre risas y amistosas discusiones terminaron su desayuno y la limpieza general de su pequeño apartamento. Y finalmente llegó la hora de la verdad: armar su mueble recién adquirido. Pero para suerte de Nagisa, Honoka llevaba entusiasmada con el nuevo mueble desde que arribó, así que fue más el escándalo de la espera que el armado en sí. Era de esperarse, Honoka amaba hacer ese tipo de cosas, Nagisa ayudó, desde luego, sujetaba las piezas a como Honoka se lo indicaba y entre ambas lograron armar su nuevo mueble en menos de veinte minutos. Graciosamente, Nagisa se veía decepcionada porque lo hicieron muy rápido y no les sobró ninguna pieza como pasaba en su casa o en los programas de televisión.
El siguiente par de horas luego de armado el mueble, se dedicaron a abrir las cajas y sacar el resto de sus pertenencias para guardar todo de manera más organizada. Para encanto de Nagisa y resignación de Honoka, había un regalo de parte de los Yukishiro en una de las cajas: una consola de videojuegos con varios juegos, los más vendidos del momento. Los padres de Honoka se habían salido con la suya de nuevo, pero las chicas ahora tenían un entretenimiento más en casa del que ninguna de las dos se quejó.
Dejaron que la consola se actualizara mientras comían y quedaron en jugar solamente cuando acabasen sus tareas y la casa estuviera limpia. Podían jugar en la noche entre semana pero no después de las once de la noche, y debido a su plan de mantenerse activas, debían tener al menos treinta minutos de ejercicio por día. Tener un orden era importante para no perder el control, ambas lo sabían y pensaban respetarlo.
Pero sin duda se iban a divertir mucho cuando comenzaran a jugar juntas.
─Juguemos éste primero, anda, apostemos algo ─propuso Nagisa mientras le mostraba una de las cajas de los juegos, se trataba del último Smash Bros. Blandía la caja de manera provocadora.
─¿Apostar? ─la científica pasó su bocado mientras pensaba un poco en esa idea.
─A menos, claro, que la poderosa Cure White tenga ─su sonrisa malvada se amplió cuando la vio enfadarse─... Miedo.
─Tú, yo, acabando de comer ─Honoka tenía el ceño fruncido ante el altanero gesto de su compañera─. Tres de cinco, quien gane puede pedirle algo a la perdedora ─y extendió su mano hacia su compañera─. ¿Es un trato, Cure Black?
─Tenemos un trato, Cure White ─estrechó la mano de su compañera y ambas sonrieron.
