AVENTURAS EN TOKIO
IX.
El dicho dice que cuando uno se divierte es cuando más rápido pasa el tiempo, y más cierto no puede ser. Nagisa y Honoka veían los días pasar entre aquella rutina que cada vez era más y más agradable. Honoka hacía ejercicio por su cuenta de lunes a viernes, no quería que Nagisa tuviera alguna lesión por exceso de ejercicio, ya hacía más que suficiente en la escuela. Pero los sábados y domingos se dieron un rato para ir al parque por la tarde-noche en bicicleta y estar con los chicos en la zona de juegos mientras ellas bebían algo y hacían cualquier cosa que se les antojara, como platicar y hacer algunos ejercicios de estiramiento.
Ser una novata en una universidad deportiva era razón suficiente para no estar en competencias regionales solo por que sí. La plantilla femenil que componía el equipo de Lacrosse era suficiente para armar dos equipos con sus respectivas bancas llenas. El equipo representativo por lo general eran alumnas de los últimos grados, y no era por simple preferencia, esas chicas eran altas, fuertes y Nagisa ya había saboreado de primera mano su fuerza durante los entrenamientos.
Una de ellas la lanzó a varios metros del suelo con un solo movimiento de su brazo. Nagisa se recuperó pronto de aquella vez, y muchas otras que siguieron y seguirían luego de esa. Tenía su ventaja haber peleado contra la oscuridad más de una vez, recordaba bien cómo fue atacada incluso en su forma civil y tuvo que defenderse como pudo mientras Honoka acudía a escena. No por ser presuntuosa, pero incluso la mejor del equipo de lacrosse no tenía comparación con los enviados de la Oscuridad. Su cuerpo instintivamente había aprendido a caer, a evadir, a cambiar de dirección sin aviso, retomar carrera a toda velocidad y sacar fuerzas de flaqueza para un último ataque.
Todas las chicas en el equipo podían notar eso en Nagisa, que pese a los golpes ella solo rodaba para amortiguar la caída y se recuperaba pronto, sin quejarse, sin dolerse, sin hacer más que responder un firme "sí" a las superiores cuando éstas le ordenaban ponerse en pie. Y seguía con el entrenamiento como si nada hubiese pasado. Las alumnas mayores notaban el espíritu en la chica y metían un poco más de presión en ella, tanto como la entrenadora lo permitiera, querían ver todo el brillo de la novata y, aunque llevaban solo semanas desde que comenzaron el año escolar, Nagisa Misumi estaba dando todo lo que tenía.
Pronto elegirían a las nuevas integrantes del equipo de reserva de Lacrosse y Nagisa debía estar en ese primero antes de aspirar llegar al equipo representativo de la universidad. La reserva era la que normalmente ayudaba a sus prácticas al equipo principal, además acudían a torneos y competencias de tercera división. Dar lo mejor de sí en las reservas era importante para sumar méritos. Nagisa debía ser titular en el equipo de reserva para llegar a donde tenía planeado.
Daba tanto de sí misma en cada entrenamiento, que ese miércoles terminó con un buen golpe en la nariz que sí la hizo quejarse... Un poco. Fue meramente accidental, se le movió la careta protectora por un error de ajuste y en un forcejeo por la pelota recibió un codazo en la cara. La jugada siguió, su tiro fue detenido por la portera contraria, y hasta ese momento se dio cuenta que sangraba. No se le rompió la nariz pero ahora tenía una graciosa venda adhesiva en la nariz, a ella no se le hizo cursi que fuera una bandita de Hello Kitty, le gustaban las cosas lindas.
─Espero que no se me ponga morado ─comentó mientras se tocaba la nariz a sí misma. No estaba tan inflamada porque de inmediato le dieron cuidado médico y medicamento, pero sí dolía un poco cuando hacía presión. Estaba comiendo su almuerzo alrededor de mediodía─. Y justo hoy que vamos al karaoke debo llegar así ─y lo pensó un poco─. ¿Me veo ruda así? ─Nagisa no tenía manía por parecer excesivamente ruda como sus compañeras de equipo.
─No con esa bandita para niños-mepo ─respondió Mepple, también comía su almuerzo preparado por Ompu─. Te hubieran puesto una normal-mepo.
─La broma no les funcionó, a mi me gustan las cosas lindas ─dijo Nagisa con una risa pequeña, las bromas de sus superiores normalmente no la afectaban─. Lástima que no puedo coleccionar peluches, no hay espacio en casa ─y hablando de peluches─. Espero que a Honoka le guste su regalo ─estaba entusiasmada por lo de esa noche. Irían al karaoke con Fujimura y Kimata a celebrar el cumpleaños número 18 de Honoka. El plan era ir a cenar ahí, cantar, pasarla bien y regalarle a Honoka un pequeño pastel de cumpleaños que pagaron entre los tres. Sería su primer cumpleaños lejos de casa y querían que la pasara bien.
─Yo creo que le va a gustar mucho, después de todo estamos Mipple y yo-mepo ─dijo el pequeño héroe con emoción. Nagisa había bordado un pañuelo con los rostros de sus compañeros mágicos en una esquina, y a contra esquina el nombre de Honoka... Sin errores en los kanjis ésta vez─. Te quedó muy bien para ser tú quien hiciera todo por cuenta propia-mepo ─provocarse mutuamente era lo de costumbre. Terminaron de comer y Nagisa se alistó para ir a su siguiente clase.
Llevaba semanas enteras trabajando en el obsequio, primero el diseño de las caras y luego practicando para que el bordado quedase bien. Sabía que Fujimura le iba a regalar un juego de tres protectores de libros con diseños de sus flores favoritas, y Kimata le regalaría un nuevo espejo de mano también con diseño floral. Y podía apostar a que el fin de semana en casa le harían otro pastel en el Tako Café y que sus padres ésta vez se medirían con los obsequios. No le podían dar cosas que ella no podía cargar de regreso al apartamento. Moría por saber qué le iban a regalar sus padres, sería divertido verlos contenerse.
Luego de su última clase, la entrenadora del equipo de lacrosse mandó a las novatas a dar unas vueltas por el campus por un rato, el gimnasio en ese momento estaba repleto, debían repartir el uso entre varios equipos y ese día no les tocaba a ellas. El jersey deportivo de la escuela le gustaba, era negro con el escudo al pecho y el apellido de cada quien en la espalda, además del distintivo de cada equipo, que en su caso era un par de redes de lacrosse en forma de X. Conectó sus audífonos a Mepple para escuchar algo de música mientras corría.
Había dado un par de vueltas completas cuando percibió que alguien se emparejaba con ella y corría a su lado. Se quitó uno de los audífonos y sonrió al ver que se trataba de Fujimura. Correr y platicar también era una buena manera de entrenar. ─Senpai, ¿te mandaron a correr también?
─Nos mandaron a hacer ejercicio, el que quisiéramos, yo elegí correr, Kimata está haciendo flexiones en otro lado ─explicó el futbolista, pronto puso un gesto de contento muy visible─. ¿Listas para ésta noche?
─¡Por supuesto! Hace meses que no vamos al karaoke, con el asunto de los exámenes de ingreso y la mudanza, no hemos explorado mucho y tampoco hemos visto los lugares más populares de Tokio ─para Nagisa lo más normal era hablar por ambas cuando se trataba de temas así. Hacía tantas cosas con Honoka que lo normal era visualizarse juntas.
─Se divertirán, y la comida es buena, la prepara uno de los primos de Kimata. Y ya tenemos el pastel listo, está guardado en nuestra nevera ─dijo Fujimura con una sonrisa y la misma emoción, rápidamente se acopló al paso de Nagisa. El futbolista no tenía pena en admitir y admirar la velocidad con la que corría Nagisa─. No puedo creer que Honoka ya va a ser mayor de edad también.
─Wow, en serio pareces su hermano cuando dices cosas así, senpai ─rió Nagisa, y por un momento se sintió un poco tonta por sentir celos cuando escuchaba lo bien que lucían juntos Honoka y Fujimura, la secundaria fue una época bastante alocada─. ¿No quieres que tu hermanita bebé crezca tan pronto? ─preguntó con gracioso tono.
─La conozco desde niños, Misumi ─dijo con una sonrisa nostálgica─. Ella estaba triste porque sus padres la dejaron en casa con su abuela para salir de viaje, diario iba a su casa para invitarla a jugar junto con Chuutaro a la rivera cerca del puente ─la recordaba perfectamente bien, a su pequeña Honoka con un Chuutaro cachorro sujeto de la correa y él pateando el balón y animándoles a jugar─. Con el tiempo dejamos de salir juntos, pero siempre he sido como su hermano mayor, no me puedes pedir que olvide a mi pequeña Honoka.
─Senpai ─murmuró Nagisa con asombro y luego sonrió─. Ella siempre será tu hermana pequeña así tenga noventa años, por eso no te preocupes ─dijo con una risa que le contagió al mayor.
Ese chico era el mejor, siempre lo ha sabido. Había algo de lo que no había percatado si no hasta ese momento y no sabía exactamente porqué. Estuvo loca por él, tanto que eso le causó algunas fricciones con Honoka por culpa de su propia inseguridad, y esa noche de navidad, cuando gritó al aire que le gustaba el chico, fue como quitarse un peso de los hombros. Desde ese día se sentía mejor y fue capaz de hablar con él como una persona normal. No entendía porqué pero los nervios se fueron cuando lo veía, dejaba de sentir la tensión, las ansias y ese miedo del que aun no sabía la causa. Sus tres años de preparatoria se fueron con normalidad, fue capaz de salir en grupo con él, en compartir momentos a solas con él y en confiarle sus preocupaciones respecto a su camino a seguir cuando saliera de preparatoria.
Pudo hacer cada una de esas cosas sin morir en el proceso y a momentos se sorprendía por ello, Honoka también se lo comentó en su momento. Nunca le dijo a su amiga que había gritado su confesión al aire, pero ella siempre ha sido muy comprensiva, Honoka a veces hablaba de más pero era porque se preocupaba por ella; estaba ahí, con ella, para ella y siempre dispuesta a apoyarla. Tan agradecida estaba con ese apoyo que desde preparatoria comenzaron a regalarse chocolates mutuamente en San Valentin. Y salían juntas para el Día Blanco desde entonces, hacía como un mes de ello precisamente, antes de mudarse y para celebrar que habían sido aceptadas en la universidad que querían, salieron a un café y al cine.
─Muchas gracias por estar a su lado, Misumi ─agradeció el chico con un gesto respetuoso, suave, se le veía incluso aliviado─. No es la primera vez que te lo digo, lo sé... Es que... Honoka siempre ha sido una persona muy especial, única. De niña nunca tuvo muchos amigos porque no todos se sentían cómodos con su modo de ser, hizo algunas amistades entrando a secundaria, pero tú debes saber más de ello, siempre anduvo sola. Aun no sé cómo hiciste para entrar tanto en ella, pero gracias ─le dio un cariño en el cabello─. Gracias por amarla tanto.
─¿Eh? ─más las palabras que el cariño la hicieron sonrojar, casi tropieza por la sorpresa, pero pudo componerse a tiempo y seguir corriendo, calmó con un gesto a su superior─. Claro que la... La... La quiero, es mi mejor amiga, hemos compartido mucho y ─y cómo no aceptarse si estaban destinadas a pelear juntas contra la oscuridad. El tiempo les ayudó a entenderse la una a la otra y a quererse sinceramente, a aceptarse y a tener una relación estrecha─... Y no digas palabras tan grandes como eso de "amar", suena algo raro, senpai. O tal vez sí es la palabra, digo, vivimos juntas y me encanta vivir con ella... Digo, amarla como amiga está bien si a eso te referías.
─¿Eh? ─fue el turno de Fujimura de poner un gesto confundido, sorprendido─. Ah ─quizá había malinterpretado todo lo que vio en ellas, tenía sus dudas pero de verdad juraría que veía amor en esas miradas cuando se cruzaban. Debía ser eso... O que ellas aun no lo percataran. Antes de arruinar algo, se aclaró la garganta─. ¿Acaso no se puede amar a tus amistades? ─preguntó en afán de componerse a sí mismo también. Casi podía apostar que era más su segunda suposición que la primera─. También amo a Kimata casi como a un tonto hermano, solo no se lo digas, no se cansa de decir lo cursi que puedo llegar a ser.
─No sabrá nada de mi, senpai, no te preocupes ─dijo Nagisa con una sonrisa. La idea de amar a Honoka le sonaba muy linda, no lo había considerado hasta ese momento. Pensar en ello la puso contenta─. Pero sí, tienes razón, amo a Honoka de esa manera, así como dices ─casi lo grita por culpa de su propia alegría. Mepple, que era testigo de esa plática, tenía muchas ganas de golpear a alguien, a Nagisa de preferencia.
Fujimura no sabía exactamente qué pensar, hablar con Honoka no sería mala idea, quizá podría hacerlo esa noche en el karaoke. Si no, podía hablarle por teléfono alguna de esas tardes y quedar para tomar algo, muy casual como el par de hermanos que eran. Además sabía en qué horarios estaba sola, y lo sabía porque en mensajes y llamadas anteriores Honoka no hacía más que hablar de Nagisa a la primera oportunidad, comentaba cuando estaba y no estaba con ella. Por el tono de voz de Honoka y su gesto...
No, mejor no pensar de más, si había entre ellas algo o no, no quería ser él quien lo arruinara antes de tiempo. Eso sí, pensaba platicarlo con Kimata, ambos jurarían que ese par estaba saliendo en el sentido más romántico de la palabra.
Nagisa y Fujimura corrieron algunas vueltas más hasta que dio el tiempo de terminar con el entrenamiento del día. Se despidieron y Nagisa se apresuró a ir reunirse con su grupo y cambiarse a los vestidores. Se verían a las siete en el karaoke donde trabajaba Fujimura y todos deberían poder estar en casa antes de la medianoche, era el plan.
Camino a casa, Nagisa repasó mentalmente las palabras de Fujimura. ¿Amar a Honoka? La sola idea la sonrojó un poco, pero tampoco la molestaba. Decidió no pensar mucho en ello, tenía ganas de llegar a casa y alistarse para su salida. Mepple no comentó nada al respecto, pero sí agradeció lo que el chico comentó, con suerte eso le daría un empujón a ese lento par. El héroe sí amaba a Nagisa y a Honoka pero, en nombre de todo lo bueno y lo juraba por la mismísima Reina de la Luz... A veces podían ser bastante tontas, ni Honoka se salvaba en ésta ocasión.
Solo quedaba esperar, después de todo ya estaban comenzando a moverse por sí mismas.
