AVENTURAS EN TOKIO

XIII.

Solo Nagisa fue testigo de la resaca de campeonato con la que amaneció Honoka. Tenía dolor de cabeza, dolor de estómago, la boca amarga y un dolor de cuerpo que no se lo deseaba ni al Dark King. Nagisa se debatía entre reír o sentir lástima por ella, pero al final optó por la risa cuando vio que ni una fuerte resaca era motivo para detener a la responsable estudiante de ciencias. Nagisa recibió un mensaje de parte de Fujimura desde temprano, él ya sabía cómo iba a amanecer Honoka y le indicó a Nagisa que le diera de desayunar ramen instantáneo, debía beber todo el caldo y mantenerse hidratada durante el día.

Honoka sobrevivió su primer resaca con éxito. Nagisa no estaba muy segura de querer experimentar lo mismo cuando llegase su turno, pero ya lo vería en su momento, lo que más le preocupaba en esos momentos era que su cuerpo cada vez sentía una ansiedad que no era capaz de explicar, ansiedad que lograba controlar por las noches cuando dormía abrazada de Honoka. Ya no durmieron en ropa interior de nuevo, volvieron a usar sus camisetas de costumbre, pero sí se abrazaban de frente. Sentir el aliento de Honoka contra su piel era agradable y por alguna razón quería sentirla un poco más, pero no sería apropiado pedir algo así a Honoka, ¿verdad? Le besó el cuello porque estaba ebria, era todo... ¿Cierto? Mepple no le ayudaba a sentirse mejor, ese bobo héroe solo le decía tonta y que escuchara a su corazón, pero su corazón estaba tan alborotado que no encontraba la manera de enfocar todas esas sensaciones. Por suerte, el hacer ejercicio físico le ayudaba a sacar parte de toda esa energía.

Honoka pasaba por lo mismo que Nagisa, siempre que dormía se quedaba viendo su cuello un rato, y solo lograba sonrojarse y ponerse nerviosa ante el recuerdo de esos besos que le dio estando ebria. No sabía qué pensar o hacer ante todo eso, y cuando le contaba a Mipple lo que sentía, la princesa parecía pensar bastante la respuesta. Mipple sabía que Honoka aun no caía en que ese querer que sentía por Nagisa era un sentimiento romántico. Le daba a Honoka el mismo consejo que Mepple le daba a Nagisa: has lo que diga tu corazón. Honoka no sabía bien qué pensar a todo eso, su corazón era un hervidero en ese momento. Concentrarse en las clases le ayudaba mucho, hacer ejercicio por las tardes también y, además, pronto iría a ver a su familia, podría preguntarles sobre eso, solo esperaba que no sonara demasiado descabellada su consulta, pero en verdad no sabía qué hacer.

El fin de semana llegó más pronto que tarde, ese sábado despertaron temprano para dejar todo limpio, terminar las tareas que les quedaron pendientes el día anterior y desayunar algo ligero. Comprarían algunos bocadillos para el camino, era hora de ir de visita a Wakabadai.

Viajar en tren bala siempre era una aventura. Cada una llevaba una mochila con ropa para dormir y para cambiarse. Por la hora había gente pero no tanta como uno esperaría, fueron al fondo del vagón que les tocó y dejaron que sus pequeños amigos tomaran su forma normal para poder ver por la ventana aquel paisaje que pasaba rápido ante sus ojos. Compraron bebidas y algunas golosinas del carrito. Nagisa aprovechó para tomar una siesta recostada en el regazo de Honoka mientras ésta leía uno de los libros que llevó consigo para amenizarse el viaje. Y en algún momento Mepple y Mipple durmieron sobre Honoka también.

Su viaje a su ciudad natal pasó sin mayores complicaciones.

Faltaba un rato para el mediodía cuando llegaron a Wakabadai, ver de nuevo esos paisajes que conocían de memoria les dio una sensación de nostalgia que las hizo sonreír. Volvieron a caminar por el sendero aledaño al río hacia la zona residencial, iban de la mano, Mepple y Mipple sobre sus hombros.

─Les mando mensaje cuando vayamos hacia el Tako Café para comer ─dijo Honoka con emoción que crecía cada vez más, se le notaba en su sonrisa y en cómo brillaba su gesto─. Seguro que ninguno de los dos querrá perderse el pastel especial de cumpleaños del Tako Café.

─No me lo perdería para nada ─respondió Nagisa con una sonrisa enorme. Las calles a su alrededor eran las mismas, las casas también, todo se veía igual... O quizá solo exageraba, tampoco llevaba tanto tiempo fuera de casa, pero se sentía mucho por alguna razón. ¿Nostalgia? Era posible.

─Cada año sabe mejor-mepo ─agregó Mepple con alegre gesto. Miró a su novia con un gesto enamorado─. Y nada mejor y más romántico que saborearlo al lado tuyo, Mipple.

─Oh, Mepple ─la sonrojada princesa tomó su forma normal, Mepple también y ambos se abrazaron y dieron vueltas como era su costumbre.

─No sé qué tan romántico pueda llegar a ser si van a tener a Porun y a Lulun encima ─comentó la deportista y luego se echó a reír al ver el gesto frustrado de Mepple y la cara apenada de Mipple.

─Seguro que también los han extrañado mucho, aprovechen la visita y jueguen con ellos también ─dijo Honoka con propiedad. Tomó a Mipple en sus brazos y le sonrió a Nagisa y a Mepple─. Nos vemos en la tarde.

─¡Nos vemos! ─respondió el otro par y separaron caminos donde solían hacerlo.

Mipple volvió a su forma de móvil al percibir que había gente caminando en su dirección. Era sábado después de todo, había mucha actividad desde temprano, aunque esa actividad no era como la que estaban viviendo en Tokio. Comparada con la gran capital, Wakabadai era un sitio de paz y reposo. Estar en su forma de móvil no era impedimento para que Mipple siguiera platicando con Honoka. ─Ya quiero ver a la abuela y a Chuutaro ─dijo la pequeña princesa con emoción.

─Yo también. Y tengo mucho que contarles a mis padres y a mi abuela, quiero saber a dónde tienen pensado nuestro paseo ─la científica hablaba con la misma emoción de una niña pequeña que estaba a punto de salir al parque. Pensaba agradecerles la consola de juegos que le enviaron, tanto Nagisa como ella estaban encantadas con éste y les ayudaba a relajarse entre sus estudios y demás actividades.

Gracias a sus ejercicios, Honoka pudo llegar mucho más rápido a casa. El primero en darles la bienvenida fue Chuutaro, que prácticamente le saltó encima a la universitaria. Honoka recibió con cariño a su mascota. Al escuchar el escándalo de Chuutaro, los padres de Honoka fueron los siguientes en salir corriendo también. Y cómo era su buena costumbre, casi la asfixian por culpa de sus amorosos abrazos y besos. Honoka se dejó hacer y para suerte suya su abuela les recordó que la chica necesitaba respirar. Saludó a su abuela al último pero no por ello con menos emoción. Honoka estaba contenta de volver a casa. Sus padres tenían todo listo ya, irían de paseo al acuario y de ahí al parque de diversiones. Le consiguieron un pase de cumpleaños a Honoka y con ese pase ella tenía entrada preferente a todos los juegos tanto mecánicos como de destreza.

Solo comerían un almuerzo ligero durante el paseo para poder comer bien en el Tako Café, tenían la reserva para las cinco con quince de la tarde... Sí, lo reservaron. Conociéndolos, no le sorprendería que negociaran debidamente con Akane, quien a su vez era una negociante casi tan fiera como ellos dos. Ya quería escuchar esa historia. Y le hizo llegar un mensaje a Nagisa informando la hora en la que estarían en el Tako Café para la fiesta.

Mientras Honoka se divertía en su paseo familiar, Nagisa también fue directo a casa. Todos estaban ahí, su padre también, tuvo el día libre justamente y pensaba aprovecharlo en casa. Nagisa decidió presumir a toda su familia sus mejoradas habilidades culinarias e hizo la comida para todos. ¿Cómo no mejorar en la cocina si casi hizo que ambas estuvieran a dos bocados de enfermarse del estómago? Incluso su hermano fue incapaz de decir algo en broma al probar lo bien que le salió el miso en ésta ocasión.

La deportista les platicó cómo era su vida en la escuela, de las nuevas amistades que estaba construyendo y de lo duro que era el entrenamiento del equipo de lacrosse... Y no perdió la oportunidad de presumir sus biceps y abdomen, su padre y hermano se unieron a presumir también ante las risas de su madre. Nagisa siempre ha adorado a su familia y estar lejos de casa le dio una nueva luz de ellos. Estar por su cuenta era aleccionador de muchas formas, y sentía mucho orgullo de contar sus logros a su familia, demostrarles que había aprendido de ellos y dar a saber a todo el mundo que fue bien criada y educada por una familia unida y cariñosa.

Les avisó que iría al Tako Café por la tarde para la comida de cumpleaños de Honoka y les preguntó si querían ir y... Todos dijeron que sí. Los padres de Nagisa tenían mucha estima por Honoka y Nagisa lo sabía. ¡Era como otra hija más para ellos! Le causó gracia que Ryouta tuviera un regalo para Honoka. Su hermano era más alto y ya estaba por salir de secundaria. Sentía orgullo por él y la mejor manera que tenían los Misumi para demostrar cariño y orgullo era molestándose mutuamente... Se pasó diez minutos despeinándolo, jugando y finalizó con un "cobra twist" del que su hermano se pudo defender al principio. Estaba creciendo muy bien, Nagisa se sentía muy, muy orgullosa de él.

Ambas pasaron el día y parte de la tarde con sus familias. Antes de la cinco ya estaban camino a donde sería la fiesta, pero el par notó que no era por la ruta que conocían. ¿Acaso se movió a otro sitio, o a algún otro parque? Grande fue la sorpresa de las dos al ver que el Tako Café ya no era una van si no un local sobre una de las calles más concurridas de la zona comercial, por donde muchas personas y muchos estudiantes pasaban. De hecho, Ryouta estuvo en la inauguración con sus amigos. Akane les pidió que no les contaran a las chicas sobre eso, quería sorprenderlas, ¡y vaya que se sorprendieron!

Las dos familias se reunieron una calle antes de llegar y Nagisa y Honoka pudieron ver la inconfundible figura de Hikari al frente del local.

Hikari seguía siendo una chica menuda y de tierna apariencia. En esos tres años había crecido pero aun tenía ese porte espigado, delicado y dulce. Porun y Lulun le avisaron que podían sentir a sus amigos cerca y salió a recibirlos. Se lanzó a los brazos de sus amigas apenas las vio, ellas también se adelantaron a recibirla. Tampoco llevaban tanto tiempo sin verse, pero para Hikari fue un cambio brusco el ya no verlas casi a diario como antes.

─Me alegra mucho que estén aquí ─dijo Hikari con alegría, luego tomó las manos de Honoka con cariño─. Feliz cumpleaños, Honoka... Ah, vengan, vengan, ya tenemos todo preparado ─tomó a cada una de la mano para apresurarlas al local. Salió también para poner el letrero de que estaban cerrados por un evento privado.

─¿Cuánto tiempo llevan aquí, Hikari? ─preguntó Nagisa aun con sorpresa.

─Cuatro semanas exactamente, hoy se cumplen ─respondió Hikari con una sonrisa y les permitió el paso primero─. Pero Akane es la que muere por contarles todos los detalles, adelante ─saludó con igual alegría a los padres de sus amigas y finalmente cerró la puerta tras de sí. Por dentro estaba todo iluminado, los muros tenían diseños geométricos de colores suaves y las sillas y mesas tenían un agradable color naranja. Al fondo se veía la barra y luego de ello la cocina con todo lo que ocupaban. Akane estaba al otro lado de la barra.

Al ver a las chicas, Akane salió mientras se limpiaba las manos con el mandil. Hikaru andaba tras ella y se sentía mucho más útil ahora que estaba recién entrado a secundaria y podía cargar cajas y bolsas más pesadas, era un chico muy trabajador. Akane estaba orgullosa de sus niños.

─¡Justo a tiempo! ─Akane les dio un apretado abrazo a ambas, luego soltó a Nagisa y se dedicó a darle un poco más de su brusco cariño a Honoka─. ¡Feliz cumpleaños, Honoka! ─estaban las tres familias ahí y con eso bastaba para comenzar la fiesta, les hizo una seña a los chicos y el par de hermanos fue por el pastel que estaba en la nevera.

─Muchas gracias ─la chica del cumpleaños se notaba muy feliz, todos los invitados de la fiesta aplaudieron y casi de inmediato comenzaron a traer las bebidas y la comida, Honoka y Nagisa se prestaron a ayudar para darse la oportunidad de dejar salir a sus amigos y saludarse. Porun y Lulun se abrazaron de inmediato de Nagisa y Honoka, y Mepple y Mipple se lanzaron a abrazar a Hikari. Tenían que volver pronto con los demás, pero quedaron en verse el domingo y pasear antes de que ellas volvieran a casa.

A casa, sí, ya consideraban su caja de zapatos como una casa.

Entre pláticas, comida y bebida, las chicas se enteraron que Akane se hizo socia de los padres de Honoka y eso le ayudó a conseguir el local. No era en renta, era una compra directa. Tan solo la ubicación lo volvía un sitio costoso.

─¿No era ésta una tienda de ropa? ─preguntó Nagisa haciendo memoria, recordaba haber visitado el sitio más de una vez.

─Sí, lo era, pero los dueños tuvieron que mudarse por asuntos familiares y pusieron el local en venta ─respondió Akane con una sonrisa─. Tenía ahorros pero no era suficiente para cubrir lo que los dueños querían, así que hablé con los Yukishiro ─miró al par con una sonrisa enorme─. Y ahora somos socios ─en cada cumpleaños de Honoka aprovechó para platicar con ellos y les contó que trabajó en una compañía grande, misma que dejó para ir por su cuenta. Lograron hacer buenas migas y ahora eran socios, no podía quejarse. Estaba expandiendo su castillo, su sueño, como le había dicho alguna vez a su compañero de la compañía.

─Me alegra mucho saber eso, y justo aquí deben tener mucha clientela ─comentó Honoka, contenta.

─Tan solo en la inauguración no nos dábamos abasto para atender a los clientes, Akane ya contrató un par de trabajadores más ─contó Hikari, estaba feliz de participar en ese proyecto con su familia.

─Muchas felicidades, Akane, seguro que seguirán creciendo más y más ─miró a sus padres con cariño, los conocía y eran fantásticos.

─¿Y cómo les va en su vida en Tokio, eh? ─preguntó Akane, aprovechaba para comer un poco de lo que ella misma cocinaba, era gracioso que a veces no le diera tiempo de comer y fueran Hikari y Hikaru quienes le persiguieran con la comida─. Tus padres no han dejado de quejarse del apartamento donde viven ─agregó con una risa.

─Yo estoy muy agradecida de que vivan juntas ─dijo la madre de Nagisa con una risa pequeña.

─Me gusta mucho donde vivimos. Tokio es una ciudad muy agitada, pero muy divertida también, ¿verdad, Nagisa?

─¡Es genial! Y eso que aun no vemos los mejores sitios de la ciudad, apenas terminamos de desempacar todo ─agregó la deportista con emoción─. Cuando visitemos Akihabara les mandaremos fotos.

─Mañana salen a pasear las tres, ¿verdad? ─preguntó Akane, sabía que Hikari moría por pasar más tiempo con ellas─. Vengan a almorzar algo antes de irse, quiero que vean el nuevo ambiente ─y del bolsillo de su mandil sacó el Handy y se lo mostró a Honoka. Sonrió más al verla sonreír a ella─. Me es más útil que nunca, Honoka, muchas gracias. Las chicas del club de ciencias de Verone me hicieron un par de controles más, aun tienen tus planos y diseños.

─Me alegra mucho escuchar eso ─la científica estaba realmente conmovida por todo, se le notaba. Miró hacia Nagisa y ésta levantó su pulgar en señal de contento también.

El resto de la fiesta pasó entre más pláticas, regalos y mucha deliciosa comida.