AVENTURAS EN TOKIO
XIV.
La reunión duró hasta cerca de las ocho de la noche, luego de ello todos se despidieron y las chicas quedaron en pasar a las once de la mañana por Hikari para salir un rato, también estarían con su familia al menos un par de horas más. Tomarían el tren de las seis a Tokio y las chicas deberían estar en casa a más tardar a las nueve treinta de la noche. Era el plan.
En casa de los Misumi, Nagisa se tumbó en su cama mientras esperaba su turno para ducharse. Su cuarto estaba limpio, sonrió. Se sentía un poco rara en ese momento y no sabía porqué. Era su cuarto, eran sus cosas, las cosas que no se pudo llevar y que en su momento extrañó no poder cargar consigo... Pero ahora estaban ahí, y aunque había objetos personales que bien podría llevarse a su nueva casa en esos momentos, no los necesitaba. Era una sensación rara pero reveladora. Sonrió. Su cuarto ahora se sentía enorme a comparación de su apartamento.
Mepple estaba dormido en el escritorio en su forma de teléfono. El pobre quedó agotado luego de estar con los pequeños. Sabía que los echó de menos aunque el héroe se quejara de que seguían siendo un par de mocosos malcriados. Ya se tomarían un rato de jugar todos juntos en el parque, a Nagisa siempre le gustó el juego del semáforo. Se estiró toda y en ese momento tocaron la puerta de su cuarto.
─¡Hermana, el baño está libre, ya puedes ducharte! ─avisó su hermano.
─¡Ya voy, gracias! ─fue al guardarropa y sacó una de las pijamas que aun tenía ahí, era de dos piezas, el pantalón a la rodilla y un camisón de manga larga, sacó ropa interior limpia de su mochila y fue directo al baño. Hasta el baño de su casa era enorme en comparación al de su apartamento. Como era la última en bañarse podía tomarse un poco más de tiempo para relajarse en la tina, eso sí iba a aprovecharlo.
Había sido un día muy, muy divertido. Y la pasarían aun mejor con Hikari, querían escuchar todo lo que quería contarles, y a su vez querían contarle tantas cosas. A ella sí iban a ponerla al tanto del incidente de Honoka ebria.
Luego de su ducha y ya en pijama, fue a la sala de estar a disfrutar un rato más con su familia. Alguien sacó un Jenga, tenían el televisor encendido y pasaban una película cómica. A momentos veían la película y al siguiente alguien derribaba la torre porque la persona a su lado lo movía a propósito, entre juegos platicaban y Nagisa siguió platicándoles todo lo que hacía en su día a día junto a Honoka, y su padre aprovechaba lo que Nagisa contaba para rematar con algún mal chiste. Así eran los Misumi.
Todos se fueron a dormir cerca de las once de la noche.
Nagisa estaba cansada de tanto reír, y aun entre pequeñas risas cerró la puerta de su cuarto y se acomodó con bastante gusto en su cama. La sentía mucho más suave a comparación del futón, pronto la familiar sensación terminó de abrazarla y ponerla cómoda. Suspiró. Cerró los ojos pero no podía dormir, era como si aun tuviera energías. Se revolvió un poco en su cama, dio un par de vueltas y se sintió demasiado acalorada. Al parecer ya se había acostumbrado a dormir en menos ropa, así que se sacó el pijama completo y lo dejó caer al suelo a un lado de la cama.
Listo, ya estaba más cómoda en sus prendas interiores, pero aun así se sentía falta de algo más, y pronto supo qué era al darse cuenta que estaba abrazando su almohada. Ya sabía lo que le faltaba.
─Honoka...
Sí, necesitaba sentir a Honoka en sus brazos, por lo menos a su lado. Se sintió un poco tonta por eso, pero era normal que sus brazos buscaran sentirla, ¿verdad?
¿Verdad?
Se abrazó más fuerte a su almohada y quedó completamente debajo de la cobija. Tenía apretados los ojos, quería dormir pero no podía, de nuevo tenía esa sensación de ansiedad en el cuerpo, al parecer era su cuerpo el que necesitaba sentir el de Honoka...
─No puedo creerlo... ¡Pero qué diablos estoy pensando! ─se regañó a sí misma en voz baja, solo podía pensar en el suave cuerpo de Honoka pegado al propio, en su aroma a lavanda, en su cabello esparcido en el futón y su cálido aliento rozando su cuello. Su cuello... Apretó los dientes al recordar que tan solo hace un par de noches Honoka le estuvo dando besos en el cuello en su estado de ebriedad. Pero Honoka estaba con el alcohol hasta las narices, así que eso no contaba, ¿cierto?
Pues contara o no, se quedó con esa imagen en la cabeza, los frescos labios de Honoka contra su piel, su cara caliente en graciosa comparación y sus brazos aferrados a su cuerpo. Se tocó el cuello donde ella la estuvo besando y el roce de sus propios dedos le hizo revivir la sensación completa, el escalofrío, el temblor completo. Tragó saliva, eso no estaba bien, pero... No podía detenerse. Se tocó los labios y por un momento se imaginó a Honoka besando sus labios, pero la fantasía no se quedó ahí, la Honoka de su imaginación besó sus labios, luego a su cuello y eran sus propios dedos los que recorrían dichas zonas buscando replicar las sensaciones.
─Honoka...
Su mano bajó un poco más. La cara ya le ardía para ese momento, olvidó por un momento que con quien fantaseaba era con su mejor amiga y simplemente se dejó llevar. Era como si lo necesitara en ese momento, como si su cuerpo le gritara que siguiera sin cuestionarse demasiado. Y eso hizo.
Ahora eran ambas manos las que bajaban por su cuello y hasta el pecho, pero el bra se interpuso. Tragó saliva, un escalofrío le recorrió el cuerpo completo cuando se dio cuenta que sus pezones estaban duros, el roce del bra comenzó a ser molesto y se lo retiró también. La prenda quedó casi debajo de su almohada. Suspiró. La sensación de sus pechos libres en esa posición y en esa situación le dijeron qué era lo que debía hacer a continuación. Se mordió un poco el labio y murmuró el nombre de Honoka una vez más. Con nervios pero con creciente emoción, sus dedos siguieron el camino por sus pechos y hasta sus pezones.
Se encogió en sí misma de golpe, estaba sensible, muy sensible al parecer. Apretó los labios para no hacer ningún ruido, Mepple estaba en el cuarto y no quería despertarlo. En medio de sus nervios y con esa pasión creciente se olvidó que Mepple tenía el sueño muy pesado, le podría pasar un tractor por encima y no se daría cuenta. Pero incluso el tener que callar las reacciones de su cuerpo subía su propia excitación.
Tocó sus propios pechos no supo por cuánto tiempo, su mente estaba un poco perdida imaginando que era Honoka quien la tocaba. Mordió su almohada y apretó las piernas al sentir un cosquilleó entre sus muslos. Había algo de humedad también. Sabía perfectamente de dónde salía esa humedad y porqué. Su fantasía se volvía más salvaje, podía ver y casi sentir los labios ajenos bajar por su abdomen, su vientre. Apretó los ojos y se tocó por encima de su ropa interior, al menos de principio. Apretó los dientes al sentir esa oleada de placer, esa humedad que ya había empapado su prenda. ─Honoka...
Presionaba suave, rozaba y apretaba hasta donde se sentía respingar por las fuertes sensaciones. Su propio aliento ardía en ese momento y no quería salir de debajo de la cobija pese a sentir todo ese calor, era como si alguien le fuese a ver si se destapaba. Dejó salir el aire por su boca tan lento y tan silencioso como pudo, porque también sentía como si le fuesen a escuchar en toda la casa. No se atrevió a mover su prenda restante, pero no era necesario, ya la había empapado de todos modos. Con la zurda volvió a atender sus propios pechos mientras su diestra seguía atrapada entre sus muslos.
Las sensaciones comenzaron a crecer, su temperatura se elevó cada vez más y tuvo que apretar la quijada. Solo un poco más, la Honoka de su fantasía hacía todo eso con sus manos y boca y, antes de darse cuenta, todas las sensaciones estallaron en su cuerpo. Soltó un gemido que logró callar apenas a tiempo, usó ambas manos para taparse la boca, le costaba respirar por la nariz y su cuerpo aun tembloroso no le ayudaba. Se sentía más húmeda aun. Tenía que cambiarse y pronto, por suerte aun tenía ropa interior en su guardarropa.
Pudo dormir como tronco luego de eso.
Por su lado, Honoka y su familia pasearon otro rato por la zona comercial, solo platicaban, veían cosas en los aparadores que sus padres de inmediato le querían comprar, pero que Honoka rápidamente negaba. Los conocía, debía controlarlos un poco. Lo que sí agradecía era su regalo, se trataba una preciosa agenda con una pluma fuente a juego. Su abuela le regaló un recetario que ella misma escribió, ahí estaba todo lo que ella sabía cocinar, desde los postres hasta las más sencillas comidas, pasando por los platillos tradicionales y algunos inventos propios.
Agradeció mucho ambos regalos, y también los otros que recibió durante la comida. Hikari le regaló un lindo delantal que ella misma bordó con motivos florales, sabía que las flores favoritas de Honoka eran las cosmos, así que bordó varias en el delantal. Honoka pensaba usar ese delantal cada que le tocara cocinar. Hikaru le dio un amuleto de la buena fortuna que él mismo talló y pintó. De parte de los padres de Nagisa recibió un lindo bolso de mano y Ryouta le regaló un paraguas transparente compacto. Le causó gracia que el paraguas viniera con una tarjeta de cumpleaños que decía: Para que mi hermana y tú se cubran, me dijeron que en Tokio llueve mucho.
Todos los regalos le gustaron, y todos los podía llevar a casa y usarlos. Ese había sido un gran día.
Llegaron a su casa con la luna y las estrellas encima. Su abuela fue la primera en ir a dormir. Platicó con sus padres un rato más sobre todo lo que estaba aprendiendo en la escuela y tal era su entusiasmo, que a momentos no se daba cuenta que había cosas que sus padres no le estaban entendiendo, pero igual la escuchaban con mucho cariño. Ésta vez no insistieron en el asunto del apartamento, su hija parecía realmente feliz donde estaba y con quien estaba y eso era lo más importante para ellos.
Notaron con cierta gracia que su hija mencionaba a Nagisa a la mínima oportunidad, y lo hacía con tanta alegría que era imposible ignorar todo el sentimiento que ella cargaba en su voz. Solo sonrieron.
Un rato de plática después llegó la hora dormir también, Honoka decidió tomar una ducha antes de acostarse, les avisó a sus padres y solo se dieron las buenas noches antes de ir, unos a su dormitorio, ella a su cuarto para sacar ropa de su mochila. Mipple ya estaba dormida para ese momento, estaba en su escritorio, en el sitio de costumbre. Le era gracioso tener tanto espacio para moverse, su dormitorio era mucho más grande que su apartamento, ahora comprendía un poco más el porqué sus padres se opusieron tanto al sitio que eligió. No por ello le gustaba menos su apartamento, al contrario.
Hacía tantas cosas ahí con lo poco que tenían que se sentía bien, plena, completa, sobretodo por poder compartirlas con Nagisa en su día a día. Eso último lo mencionó a sus padres, claro, así ellos estarían seguros de que no estaba sola en esa enorme ciudad. También les contó que los chicos estaban atentos a ellas, pero procuró no contarles lo del incidente del tren donde tuvieron que ir por ella a la estación de policía, y tampoco que se puso ebria en su cumpleaños...
Si lo repasaba y lo decía de esa manera, cualquiera pensaría que Honoka Yukishiro era una chica rebelde y toda una delincuente... Estaba realmente contenta de ser mayor de edad al fin, si terminaba de nuevo con la policía ya podía usar todos sus ases como ciudadana de ese país. Y con mucha suerte y si sabía mover bien sus cartas, se sentía totalmente capaz de evadir los reportes de mala conducta de su universidad.
... Tal vez sí tenía cierta vena de delincuente.
Fue al baño a darse una ducha y se sintió un poco rara al quedar envuelta en ese ambiente tan silencioso. Ya se había acostumbrado a tener por lo menos a Mipple a su lado tratando de ayudarla a asearse sin que lograra mucho con sus pequeños brazos. Recordar eso la hacía reír entre labios. Por alguna razón se imaginó a Nagisa en la tina y casi podía escucharla decir lo grande que era a comparación de la que tenían en el apartamento. Bueno, ya se habían duchado en las casas ajenas más de una vez, pero luego de estar por su cuenta es imposible no hacer la comparación.
Se preguntó qué podría estar haciendo Nagisa, quizá con su familia aun, o puede que ya estuviera dormida luego del largo día. No lo podía imaginar del todo, pero pensar en su compañera siempre le hacía sonreír sin falta. Seguía sintiéndose rara estando sola en la ducha, suspiró hondo y su suspiro hizo eco en el baño. Eso también fue extraño.
Terminó de lavarse y entró en la tina de agua caliente. Su sonrisa se hizo amplia y se hundió hasta el mentón con los ojos cerrados. El silencio era total. En su callada contemplación no pudo evitar pensar de nuevo en su compañera, le iba a ser igualmente raro dormir sola. Sus manos se abrieron y cerraron dentro del agua, como si buscara sentir ya fuera la piel o la ropa de Nagisa. Entre esos pensamientos, el calor, el vapor y las imágenes de su cabeza, sus memorias fueron asaltadas por sucedido esa noche en el karaoke.
Tragó saliva, pudo recordar perfectamente bien cómo besó el cuello de Nagisa en más de una ocasión. No quería admitirlo, pero desde esa noche se quedaba viendo el cuello de su compañera antes de dormir, y en más de una ocasión le llegó el deseo de volver a hacerlo. Se apenó mucho con sus propios pensamientos y se hundió por completo en el agua buscando calmarse, pero solo logró calentarse más... En todos los sentidos.
Sacó su cabeza para tomar aire, apretó los ojos y de nuevo podía ver y sentir la piel de Nagisa en sus labios, pero eso no fue correcto y además estaba ebria. Nunca hablaron de eso ahora que hacía memoria, si se encontraba en estado de ebriedad entonces no debía tomarlo tan a pecho, ¿verdad?
No había nadie que le diera respuesta a esa pregunta, solo sintió su propio cuerpo estremecerse ante esos recuerdos. Se abrazó a sí misma por instinto y soltó un lindo respingo cuando el roce de sus brazos en su pecho pareció darle una descarga eléctrica... ¿Porqué sus pezones estaban duros? Eso no tenía sentido, pero el roce provocó esa reacción y no pudo contener sus siguientes movimientos. Con ambas manos comenzó a tocarse los pechos, a dar pequeñas caricias con sus dedos en sus rígidas puntas. Apretó los labios, los dientes, cada pequeño sonido que salía de su boca debía callarlo porque hacía eco en el baño.
─Nagisa...
Se percató de su propio murmuro, de pronto ya no eran sus manos las que tocaban su propio cuerpo, en su cabeza era Nagisa la que estaba en la tina con ella, cerca como cuando dormían, pero sin nada más encima que sus propias sonrisas. Tragó saliva, soltó el aire por su nariz y siguió perdida en su ensoñación. En su fantasía volvía a besar el cuello de Nagisa, sus hombros, todo mientras ella la tocaba. Su imaginación cada vez se desataba más, quizá por culpa de ese intenso cosquilleo entre sus piernas. Con la mano derecha se presionó entre sus muslos buscando aplacar esas sensaciones, pero solo lo empeoró. Casi se le sale un gemido, se mordió los labios a tiempo, pero no tuvo la voluntad para detener su mano.
Usando sus dedos con mucho más cuidado que cuando se aseaba, presionó y rozó donde normalmente nunca había puesto atención. ─Nagisa... Nagisa ─murmuró entre labios, solo podía ver a Nagisa cada que cerraba los ojos, eso no estaba bien, eso le decía una pequeña voz en su cabeza, pero el resto de ella le decía que eso era lo que quería, a Nagisa ahí con ella, haciendo eso que sus propias manos hacían.
¿Fue por eso que la besó esa vez?
Podía ser el caso, sí, porque ahora se estaba tocando a sí misma pensando en ella y nada tenía sentido, no cuando las sensaciones eran demasiado fuertes, demasiado buenas. Tuvo que hundirse toda cuando sintió, un rato después, que su cuerpo se sentía como si fuera a estallar. Contuvo el aire bajo el agua mientras su cuerpo cedía al clímax, no tardó en salir de golpe para recuperar el el aliento.
─Esto... Yo ─no sabía porqué trataba de explicar lo que acababa de suceder. Tragó saliva.
Ahora tendría que cambiar el agua de la tina, porque claramente sintió humedad que salía de ella en todo momento mientras se tocaba. Ésta vez dejó que su suspiro hiciera eco en el cuarto de baño y salió para cambiar el agua. Luego de eso pudo ir a dormir, y durmió más relajada de lo que esperaba.
Hablaría con Nagisa de eso cuando volvieran a Tokio.
