AVENTURAS EN TOKIO
XVI.
En cuanto cruzaron la puerta del apartamento el par mandó mensajes a sus familias y conocidos de que ya estaban en casa. Tal como calcularon llegaron pasando las nueve treinta de la noche. De regreso les tocó el tren algo más lleno, su vagón tenía casi todos los asientos llenos, así que Mepple y Mipple ésta vez no pudieron estar afuera y pegados a la ventana como cuando salieron, pero sí podían platicar otro poco aunque fuera en baja voz mientras todos pensaran que eran muñecos de peluche. Compartieron la comida que Akane les mandó y al menos a Honoka le bastó con eso para no pensar en cenar llegando a casa, Nagisa, por su lado, aun tenía espacio para algo de ramen.
Mepple y Mipple estaban agotados, jugar con Porun y Lulun siempre les pedía mucha energía. Divertido, sí, pero también cansado y al menos ellos se fueron a dormir junto a los videojuegos apenas las chicas mandaron sus mensajes. A mencionar que las chicas podían usar perfectamente bien a Mepple y a Mipple en sus formas de móvil aunque estuvieran dormidos, pero preferían no hacerlo, no eran del todo fanáticas de estar pegadas al teléfono. Solo usaban el mensajero y los mensajes que recibían eran de amistades cercanas y sus familias.
Cerraron bien puerta y ventanas, primero desempacaron lo que traían en sus mochilas. Pudieron lavar su ropa en sus casas antes de salir, así que solo tuvieron que guardar todo en su sitio. Honoka acomodó sus regalos, se le veía contenta aun por su fiesta del sábado.
─Cenaré ramen, ¿quieres uno? ─preguntó Nagisa, pero su compañera negó. Puso a calentar agua solo para lo suyo y fue a encender el televisor para tener algo de ruido de fondo. Mientras hervía el agua, comenzó a quitarse la ropa para quedar más cómoda.
─Me daré una ducha mientras cenas ─avisó Honoka, quitándose la ropa también.
─Me ducharé también en cuanto acabe ─avisó Nagisa con una sonrisa, miró a su compañera y no pudo evitar ruborizarse un poco. Rápidamente volvió su atención al televisor, ni siquiera sabía qué estaba viendo. No sabía si era su imaginación o las piernas de Honoka lucían cada vez más lindas desde que retomó el ejercicio.
Honoka solo asintió a las palabras de su amiga y entró al baño. Suspiró hondo y ésta vez no hubo eco, no había silencio, podía escuchar el televisor, podía escuchar que Nagisa movía algunas cosas de entre los trastes. Sonrió, ese ambiente era el que comenzaba a gustarle más. Por supuesto, no podía dejar de pensar en lo que hizo y en lo que sentía. Se miró las manos, miró su propio cuerpo en el espejo y suspiró una vez más.
Ya no se sentía capaz de volver atrás, desde hace mucho que no podía hacerlo al parecer porque Nagisa era parte importante de su vida. ¿Pero qué hacer ahora? ¿Dejarse llevar? Encerrar el sentimiento, las sensaciones, era mala idea porque eso las haría crecer, tenía que demostrarle a Nagisa lo que estaba sintiendo y solo esperar su respuesta. Si Nagisa aceptaba ya podría tomar un nuevo plan de acción, y si no... También, algo se le tendría qué ocurrir, pero no podía estar con esos deseos despiertos y alborotados para siempre.
Tomó aire y recordó las palabras de Mipple: has lo que te diga tu corazón. Bien, eso iba a hacer.
En su cabeza también se repetían las palabras de Hikari, que ellas ya se tenían la una a la otra y por eso no aceptaban ninguna otra declaración, recordó las palabras del chico de su grupo preguntándole si ya tenía alguien a quien quería. Sacudió la cabeza y mejor se siguió lavando. Conocía la manera en la que sus pensamientos se tranquilizaban, sabía en qué momento podría pensar bien en todo ello y solo debía aguardar un poco más.
Nagisa pasaba más o menos por el mismo proceso mental, pero en su caso no solo reflexionaba en las palabras de Hikari, si no en lo que Fujimura le dijo aquella vez, "gracias por amarla tanto". Sí, eso dijo. Amarla... Amar a Honoka. ¿Desde cuándo? No estaba segura, pero sí podía confirmar lo importante que era Honoka en su vida, quererla era poco, "amarla" era una palabra muy grande pero no sonaba tan descabellada luego de todo por lo que han pasado... ¡Y por amor a todo lo que era bueno, se tocó pensando en ella! ¿Desde hace cuándo la amaba? No estaba segura, o quizá la palabra sí era demasiado grande, quizá estaba exagerando o...
El silbido de la tetera la hizo salir de su pequeño estado de pánico. Tomó aire y mejor se preparó su ramen. Debía tomar una ducha también, era la hora perfecta y podrían dormir temprano, o al menos ese era su plan. Debía calmarse un poco, debía tranquilizarse o podría poner incómoda a su compañera y eso era lo que menos quería, pero... Llevaban suficiente tiempo juntas como para decirse cualquier cosa, incluso lo que les molestaba de la otra.
Conocían sus malos hábitos entre sí, sabían de sus puntos buenos y de sus puntos débiles. Conocían todos esos aspectos de ellas y entre sí... ¿Estaría bien confiarle lo que sentía? Si Honoka estaba envuelta en esos sentimientos entonces la respuesta era un sí... ¿Verdad?
Pensaba aun en ello mientras comía su ramen y miraba el televisor de manera ausente.
Pero Honoka fue la que estuvo de cariñosa estando ebria, le dijo que la quería, no se le despegó y... Y... ¿Acaso no rezaba el dicho que los ebrios y los niños siempre dicen la verdad? Entonces Honoka sentía eso por ella también, así que no estaba para nada fuera de lugar decirle todo eso. ¡Debían decirlo o se iba a volver loca! Y cómo no volverse loca ante la visión de esas lindas piernas y esos ojos profundos y amables que parecen mirar hasta su misma médula.
No supo si ella se tardó mucho cenando o si Honoka terminó pronto de ducharse, pero antes de percatarlo ella ya estaba saliendo de la ducha. Se apresuró a acabar lo que faltaba de su ramen. ─Me voy a duchar ─avisó Nagisa con un gesto que luchaba por ser calmado. Lo logró de alguna manera y fue directo al baño.
Honoka solo asintió con un monosílabo mientras sonreía. Ella ya había llegado a la conclusión de tomar la mano de Nagisa y dejar que su corazón fuera el que hablara. Aprovechó para tender el futón y ver un poco más sus regalos mientras esperaba por Nagisa. Colgó en su bolso de la escuela el amuleto que Hikaru le dio y también hizo espacio dentro para su nueva agenda y el paraguas compacto. Puso el libro de recetas cerca de la alacena para poder consultarlo cuando quisiera, colgó el delantal que Hikari le regaló cerca de la estufa y su bolso de mano lo dejó colgado en un perchero que tenían cerca de la puerta.
Eran cerca de las diez y media cuando Nagisa salió de bañarse, solo para encontrar a Honoka leyendo uno de los libros que había pedido en la biblioteca, ésta vez se puso sus gafas, sintió alivio por ello porque a veces se olvidaba de ellas. Sonrió en automático y fue a apagar el televisor, Honoka no le estaba poniendo atención al programa. ─Ya voy a apagar las luces, Honoka, ¿está bien o quieres que las deje así otro rato?
─¿Uh? No, hay que acostarnos ya, fue un día largo y el viaje en tren siempre cansa aunque solo vayamos sentadas ─comentó con una sonrisa mientras dejaba el libro y sus gafas dentro del estuche cerca de su almohada. Se estiró por completo. Su ropa de dormir era un conjunto sencillo de ropa interior blanca y una blusa holgada de tirantes, Nagisa vestía casi lo mismo, solo que ella usaba una camiseta deportiva algo más ajustada.
Las luces se apagaron y Nagisa se acostó al lado de Honoka. Ésta vez ambas miraban el techo, era un techo bajo ahora que lo notaban.
Si fue Nagisa o Honoka quien hizo el primer movimiento, era imposible de saber porque estaban cubiertas del pecho hacia abajo, sus manos se buscaron por debajo de las mantas. Sus dedos primero se tocaron, se rozaron y finalmente buscaron contacto total entre sus manos. Ambas sonrieron, no necesitaban verse para saberlo.
Hubo un par de minutos de silencio, solo dejaban que el calor se transmitiera por sus manos, que la energía viajara entre ellas como tantas veces habían hecho antes. Nagisa cerró los ojos, Honoka suspiró.
─Se siente mucho, ¿sabes? Muy, muy adentro ─dijo Nagisa en baja voz, suave tono.
─Lo sé ─respondió Honoka con una sonrisa─. Justo ahora mi pecho quiere estallar y... Y no sé qué hacer con eso...
─Yo tampoco... Y de todo lo que pensé que podría hacer, siento que ahora mismo no puedo ni moverme...
─Ni yo... Estás temblando, como yo...
─Lo sé... Lo sé... Solo... Ah... Honoka, ¿qué hacemos?
─No tengo idea, pero... Siempre nos las hemos arreglado, ¿cierto?
─Cierto, solo... Solo... ¡Rayos...! Dame un minuto.
Y se dieron ese minuto, en silencio. Su conversación era rara para cualquiera que las escuchara, pero para ellas tenía todo el sentido del mundo, así eran, así se hablaban cuando las cosas eran confusas y tensas. Así de compenetrada estaba la pareja de universitarias, las poderosas Guerreras Legendarias Cure Black y Cure White.
─¿Qué haría Cure Black ante esto?
─Esa... Esa es una buena pregunta... ¿Y qué haría Cure White, eh?
Compartieron una pequeña risa que de a poco dejó de sonar nerviosa. ¿Qué harían las guerreras en ese caso? La respuesta era simple: atacar. Atacar y seguir avanzando. Ambas pensaron la misma respuesta al mismo tiempo y eso hicieron: atacaron.
Tomaron aire al mismo tiempo, había ciertos reflejos que hacían juntas sin que lo percataran. Tomaron aire muy, muy hondo y se giraron sobre sus costados para poder encararse... Silencio.
─No te veo bien la cara, está muy oscuro ─dijo Nagisa y se echó a reír sin poder contenerse. Honoka rió junto con ella y entre risas finalmente buscaron abrazarse. Lo hicieron y se estrecharon fuerte la una a la otra, con bastante cariño mientras seguían riendo hasta que tuvieron que volver a tomar aire─. Parecemos tontas, Honoka.
─Lo sé ─respondió con un tono jocoso, todo eso era un desastre y a esas alturas ya no parecía importar mucho─. Deberíamos conseguir una lámpara.
─Has una, eres la lista aquí ─y de golpe la estrechó más fuerte─. Pero piensa en el diseño mañana, apuesto a que estabas comenzando a imaginarla.
─Sí, y justo pensaba en...
Pero no pudo decir más, sintió que Nagisa se movía, que pegaba su frente a la de ella, su nariz también. En respuesta se sujetó fuerte de su blusa mientras apretaba los ojos. No podían verse de todos modos, estaba demasiado oscuro ahora que lo notaban. Qué iban a saber ellas que una de las farolas del edificio de al lado estaba descompuesta, se averió el día anterior, precisamente la que alumbraba hacia su dirección.
Sus rostros se tentaban entre sí, buscaban hacer algo que no terminaba de concretarse. Seguían, se sentían, se pegaban mutuamente al cuerpo ajeno y... Al sentir sus labios rozarse, acariciarse suavemente, sus rostros se sintieron arder, un temblor completo las invadió y se quedaron quietas, graciosamente paralizadas.
─Se siente mucho, Honoka...
─Lo sé...
─¿Y ahora qué hacemos?
─¡No lo sé!
─¡Diablos, Honoka, eras tú la que me estaba besando el cuello!
─¡Porque estaba ebria!
Sus bocas seguían pegadas, rozándose, incluso discutiendo de esa graciosa manera no se despegaban la una de la otra. No querían hacerlo, eran guerreras, ¡no iban a retroceder, Black y White no se rendían! Tomaron aire de nuevo, acomodaron bien sus rostros para que sus narices no estorbaran y ahora sí pegaron sus labios como era debido... Y no se movieron. Se quedaron quietas sintiendo la suavidad de los labios ajenos. De nuevo ese temblor completo, podían sentir al menos en sus piernas como la piel de su compañera se erizaba, como si tuviera frío, pero no era frío, era la sensación sobrepasándolas completamente. Honoka se aferró a la camiseta de Nagisa al grado de casi jalarla, Nagisa abrazó más fuerte a Honoka.
Se quedaron quietas un poco más, solo lo suficiente para que sus corazones dejaran de latir como locos.
El beso propiamente hecho empezó hasta ese momento, solo roces, caricias mutuas y sus respiraciones chocando. Sentían tanto calor en sus rostros que no sabían si ese ardor era propio, ajeno o mutuo. Daba igual, llegaron a su límite y soltaron sus bocas. Se abrazaron aun más fuerte, tanto como les fue humanamente posible.
No podían hablar, tenían los nervios a flor de piel, estaban contentas por el beso, emocionadas por saber que todo lo que sentían era mutuo, y se sentían inútiles porque claramente ese beso las dejó fuera de combate.
─Honoka... Yo... No puedo más...
─Yo tampoco... Siento que el corazón se me va a salir...
─¿Y ahora qué hacemos?
La científica pensó la respuesta. Estaban en un alto grado de excitación, sus hormonas estaban fuera de control, eso era notorio, sus niveles estaban disparados y eso claramente las paralizó, fue tanta emoción, tanta excitación que sus cuerpos no pudieron con todo eso, por eso estaban así. Tomó aire hondo por la nariz y volvió a pegar sus labios a los de Nagisa. De nuevo quedaron tensas, pero no se alejó.
─Solo... Solo dejemos que esto hable por nosotras, justo como estamos, vamos a colapsar si... Si intentamos algo más. Debemos calmarnos primero, pero sin retroceder.
─Lo que... Lo que tú digas, eres... Eres la lista aquí.
Sus labios se quedaron pegados, quietos a momentos, rozándose al siguiente y luego quietos una vez más. Conforme pasaban los minutos sus cuerpos se destensaron, sus manos se relajaron y dejaron de apretarse la una a la otra. Pasados diez minutos aquel era ya un beso decente, dulce y bien dado. Sus corazones seguían acelerados pero no al grado de sentir que podían salirse de sus pechos.
Disfrutaron su beso un largo rato más y finalmente se separaron y abrazaron con más dulzura, con la suavidad de costumbre. Suspiraron al mismo tiempo.
─¿Logramos salvarlo, verdad? ─preguntó Nagisa entre risas, ese beso estuvo bien, le gustó y la tenía demasiado feliz, contenta.
─No nos desmayamos, así que sí, pudimos salvarlo. Podemos... Podemos ir como queramos, digo... Yo ─se pegó a su cuello, era demasiado gracioso y tonto que casi colapsara por besar sus labios pero que estando ebria se la pasara dándole besos en el cuello─... Tú y yo... Somos libres de hacer lo que queramos, ¿verdad?
─Sí, somos libres en nuestros corazones, eso lo sabemos desde hace mucho ─respondió Nagisa con una sonrisa─. Vayamos como queramos, me... Me gustó besarte, quiero seguir haciéndolo, pero no ahora mismo... Solo quiero abrazarte así.
─Todo lo que queramos... Quiero eso también, Nagisa ─suspiró y se animó a besar su mentón, solo un roce gentil que le dio una fugaz sensación de nervios en la barriga─. Buenas noches.
─Buenas noches, Honoka ─correspondió el gesto besando la mejilla de Honoka.
