AVENTURAS EN TOKIO
XIX.
Según el reporte del clima, casi toda la siguiente semana estaría nublado y habría lluvia en al menos un par de esos días. Nagisa tuvo que viajar en tren y comprar un paraguas nuevo, pero no era para nada malo, podía compartir parte del camino con Honoka y platicar. Durante esos días les tocó ver a otro pervertido de tren y por suerte Nagisa estaba ahí para evitar que Honoka hiciera una locura ahora que legalmente podía hacerlas. Entre ambas pudieron sacar al tipo del vagón sin que éste supiera qué era lo que había pasado, y le dieron seguridad a la muchacha en turno.
Lloviera o no, estuviera soleado o nublado, sus días compartidos siempre eran divertidos para las dos.
En cuestión de los besos tuvo que pasar un poco más para que pudieran besarse sin que sintieran que sus cuerpos se volvían gelatinas a medio deshacer. Aun había sonrojos pero eran los normales. Ya lo estaban haciendo con más casualidad, con más naturalidad y en el momento que les nacía hacerlo. Eso sí, sus momentos de ducha compartidas ahora se sentían algo más... Complicadas, por decirlo de alguna manera.
Justo eso sucedía ese viernes por la noche, afuera llovía pero era más una llovizna que una tormenta a comparación de hace un par de días. Y graciosamente, el día siguiente estaría despejado, soleado y con una buena temperatura; pero eso sería al día siguiente, esa noche haría frío. El par se aseaba luego de hacer sus quehaceres del día. Mepple y Mipple optaron por no ducharse con ellas, en cambio estaban en el videojuego en uno de esos juegos gratuitos de deportes que se podían descargar en la consola, jugaban tenis... Y les daban privacidad a las chicas.
Nagisa estaba en la tina, Honoka se aplicaba un tratamiento en el cabello, estaba sentada en el banquillo frente al espejo, la humedad siempre hacía de las suyas en su linda cabellera. ─En momentos como éste es cuando pienso seriamente en cortarlo ─comentó Honoka mientras usaba la crema que sí tuvo que comprar en el supermercado. Aun estaba trabajando en una fórmula personalizada para su caso, mientras, el de la marca comercial serviría.
─A mi me gusta tu cabello largo, Honoka, pero lo importante es que tú estés cómoda ─comentó Nagisa con una sonrisa. Miró a su compañera y no pudo evitar sonrojarse. Verla desnuda no era nuevo... Verla desnuda estando enamorada era un poco distinto, no podía evitar mirar su espalda, sus curvas hasta su cadera, sus piernas y su lindo rostro. Su cabello en serio le gustaba y sería una pena si se lo cortaba demasiado, pero incluso con cabello más corto se vería linda, no era difícil imaginarla. Podía ver su pecho también, al menos lo que la posición le permitía. Últimamente tenía el deseo de verla un poco más, solo un poco más.
─Ya me decidí, solo cortaré unos centímetros ─dejó reposar la crema el tiempo que marcaba la botella, mientras se giró hacia Nagisa y se recargó en la orilla de la tina para poder platicar bien con ella─. Cierto, no te he dicho lo que hay en la caja que traje de la escuela ─llegó primero que Nagisa y con las manos ocupadas.
─No me asomé a ver qué era, conociéndote, puede ser algo que explote ─comentó Nagisa entre risas y también se acercó un poco más a ella. Y aprovechando la cercanía, recibió un dulce beso de Honoka. Sonrió─. ¿Explota?
─Solo si hago mal las conexiones de los cables ─rió al ver a Nagisa respingar de horror─. Pero no pasará, lo prometo, son las partes de un motor de lavadora compacta, como el que vimos en los comerciales.
─¡Oh! ¿Los que puedes poner en un balde, verdad? ─al menos no podía destruir todo el edificio con eso, ¿verdad? Quería pensar que no.
─Sí, estaba notando que cada vez te es más complicado que puedas lavar tu uniforme ─Nagisa tenía un par de mudas de uniformes ademas de sus jerseys de uso diario, y al no ser interna de la universidad no podía usar libremente todas las facilidades de las instalaciones, incluidas las lavadoras. Se ha salido con la suya al pedir a compañeras que echen su uniforme con el de ellas, pero lo mejor era no meterse en líos, eso le ha platicado Nagisa─. En la universidad hay muchas cosas de los ex-alumnos, un profesor nos pidió a los novatos limpiar todo, estaban esas piezas y me dejaron quedarme con ellas, solo hay que armarlas y hacer algunas reparaciones. Quiero que al menos tengas dónde lavar tus uniformes diario, y podemos usarla para meter la ropa interior también y prendas pequeñas.
─¡Eso suena genial! ¡Muchas gracias, Honoka! ─exclamó Nagisa con alegría. A veces ha tenido que pagarle a compañeras para que le hicieran el favor, tener una lavadora compacta era muy conveniente. Sin resistirlo, tomó el rostro de Honoka entre sus manos y comenzó a besarla en clara señal de alegría. Honoka correspondió el beso y lo alargó.
La científica sujetó a Nagisa por las mejillas, con dulzura y mucho cuidado. El sonido de sus besos era suave, solo caricias entre sus labios mojados que le daba un plus que hacía que sus pechos se encogieran de emoción. Honoka no pudo resistir más y abrió un poco la boca, su natural movimiento logró que Nagisa hiciera lo mismo y pudo profundizar el beso. Solo un suave toque de lenguas, ligeras caricias entre ellas que lograron sacar un sonido de la boca de Nagisa que Honoka nunca había escuchado antes. Fue un gemido pequeño, repentino por culpa del inesperado giro del beso. Ella misma sintió ese golpe de sensaciones también, pero pudo controlar mejor sus reacciones a comparación de Nagisa.
Le gustó lo que escuchó y siguió con ese beso un poco más, solo un poco más.
Nagisa sintió ese cosquilleo que se convirtió en una placentera sensación, no pudo hacer más que sujetarse fuerte de Honoka, pero ahora de sus hombros. Se dejó besar, se dejó guiar por el paso de Honoka, por su gentil y cálida lengua en ese lento beso. Podía escuchar los sonidos que salían de sus bocas, casi acuosos. Sintió un cosquilleo en el estómago que la hizo estremecer por culpa de esos sonidos, por la humedad, por el calor dentro del baño... Por Honoka que no la soltó si no hasta unos segundos después.
─¿Es-estuvo bien? ─preguntó Honoka mientras pegaba la punta de su nariz a la de Nagisa, recuperaba el aire. Se sintió demasiado bien, debía admitirlo─. Quiero... Necesito que me digas si... Si puedo volver a hacerlo, Nagisa, y también necesito saber si... Si te gustó o no, para poder volver a hacerlo... O no ─considerar los sentimientos de su compañera era muy importante, lo aprendió por la mala casi desde que comenzó su relación como perfectas desconocidas en contra de las fuerzas del mal.
A Nagisa le tomó unos segundos más recobrar sus sentidos, solo el roce de la nariz de Honoka con la propia le ayudó a regresar. Tragó saliva al verla tan cerca. ─Me... Me gustó, estuvo bien y... Y puedes volver a hacerlo ─respondió Nagisa con un profundo sonrojo en la cara.
─Gracias, Nagisa ─dijo Honoka con dulzura. Ver a Nagisa así era fascinante. Ya la había visto sonrojada, nerviosa y paralizada antes. Primero por Fujimura, ahora era por ella y se sentía muy bien saber que hacía sentir a Nagisa de esa manera. Ella misma estaba excitada (en el amplio sentido de la palabra) por todo lo que estaba viviendo con ella. Suspiró y besó la mejilla de Nagisa─. Ya debo enjuagarme el cabello.
─Yo salgo de una vez, comenzaré con la cena ─no sabía con exactitud si fue el beso o el calor del agua lo que la mareó un poco, pero necesitaba enfriarse.
─Gracias, Nagisa. Mientras cocinas yo armaré el motor, prometo que nada explotara... Al menos no con esto, no son los componentes adecuados o siquiera mínimos como para lograr una explosión lo suficientemente potente y...
─¡Ya entendí, ya entendí, Honoka! ¡Por favor, no vayas a derribar el edificio! ─exclamó Nagisa con gracioso pánico mientras se envolvía en una toalla y salía del baño. Solo pudo escuchar las risas de su compañera. Dio un enorme suspiro y mejor fue a secarse. Sus pequeños amigos jugaban al tenis sin ponerle demasiada atención. Tuvo que suspirar una vez más para calmarse. Aun tenía la sensación de ese beso en su boca─. Hey, Mepple, Mipple, ¿van a querer una ración de cena? Para prepararla.
─Hoy sí cenaremos con ustedes-mipo ─respondió la princesa y luego soltó un gracioso grito cuando Mepple anotó otro punto, y con ello ganó el juego.
─¡Gané-mepo! ─el héroe tomó las pequeñas manos de su novia─. Vamos uno a uno, juegas muy bien-mepo ─luego miró a Nagisa sin soltar la mano de la princesa─. Estás muy roja.
─Porque salí de la tina llena de agua caliente ─no pensaba decirles que Honoka le dio un beso de lengua. Mejor se dedicó a secarse y a vestirse. Por suerte su cabello corto se secaba rápido gracias a la secadora. Ya vestida al menos con su ropa interior y una camisa grande que su padre le había regalado, fue directo a la estufa a cocinar la cena. Escuchó cuando los chicos comenzaron una nueva partida para el desempate─. Muévanse más hacia atrás, no deben ver la televisión tan cerca ─les regañó y el par obedeció. La cena sería arroz y un curry no tan picante, receta que su madre le enseñó. Y mientras cocinaba constantemente se tocaba los labios. Aun tenía el sabor de la saliva de Honoka en la boca.
Mientras, en el baño, Honoka ya estaba en la tina relajándose. Podía escuchar la llovizna afuera, a los chicos jugar y a Nagisa cocinando. Suspiró con marcada alegría, todo eso era maravilloso. Se tocó los labios y sonrió, ver el sonrojo de Nagisa aun la hacía sonreír, no necesitaba verse para saberlo.
Quería sentir más de ella, todo su ser se lo decía, se lo pedía.
Debía tomar las cosas con calma, además necesitaba saber lo que pensaba Nagisa al respecto. Quería sentirla pero también deseaba con todo su corazón hacerla sentir bien a ella. Ese último pensamiento la ayudó a calmarse un poco más.
Un rato después salió del baño, los pequeños jugaban y Nagisa estaba en la estufa cocinando; eso la hizo sonreír con amplitud. Se secó y vistió tan rápido como pudo para poner manos a la obra. Solo tenía que armar las piezas y cambiar unos cables viejos, conocía el funcionamiento de ese tipo de motores, no solo los había estudiado, si no que en casa había arreglado los electrodomésticos más de una vez. Tenía un completo estuche de herramientas que su abuela le regaló cuando recién se mudó, y con esas herramientas y mucha concentración y entusiasmo, se puso a trabajar.
Ella había nacido para hacer esas cosas, era lo que le gustaba hacer. Nagisa ya se lo había dicho una vez y esas palabras siempre le llenaban de ánimos cada que las recordaba.
Pasado un rato la cena ya podía olerse hasta el pasillo del edificio, Nagisa estaba por servirla y Mepple y Mipple se prestaron a poner la mesa para que los cuatro cenaran. Les causaba gracia ver que Honoka seguía concentrada en el aparato que llevaba consigo. La científica aun no terminaba con el motor cuando escuchó que Nagisa les llamaba a cenar, hizo unas marcas para saber dónde se había quedado y fue a lavarse las manos para cenar.
Los tres felicitaron a Nagisa por la cena, ¡estuvo deliciosa! Luego de limpiar y guardar todo, Nagisa tendió el futón pero solo para sentarse en él mientras jugaba un rato en línea, Honoka seguía muy entretenida con el motor y no dejó lo que hacía si no hasta acabar y hacerlo funcionar. Ya pasaban de las once de la noche para ese momento y una orgullosa Honoka le mostró a Nagisa y a los pequeños que ya funcionaba la lavadora. Salvo lo maltratadas que podían lucir algunas de sus partes, estaba cien por cierto funcional.
Se fueron a acostar ya cerca de la medianoche.
─Gracias por eso, Honoka, ya no tendré que pagarles a mis compañeras para que laven mis uniformes ─dijo Nagisa con una sonrisa de visible felicidad. Podían verse las caras, ya habían arreglado las luces del edificio vecino.
─Solo tendremos que improvisar un sitio para colgar tu ropa ─una contenta Honoka se pegó un poco más a Nagisa y sus manos terminaron enredadas con las de su compañera. Sus frentes pegaron. Mepple y Mipple ya dormían─. Estaba pensando en poner una base o algo cerca de la ventana, así se podrán secar durante la tarde.
─Eso podemos verlo por la mañana, ¿sí? ─la deportista tragó saliva de repente. Debía decir que ver a Honoka trabajar y estudiar con tanta concentración le era condenadamente lindo. Y además estaba contenta por tener una lavadora al menos como esa, y más porque Honoka se tomara el tiempo de pensar en ella y trabajar para ayudarle con ese asunto. ¡En serio amaba a esa chica! Suspiró hondo y miró los ojos de su compañera. Siempre le han parecido lindos. Lo siguiente lo murmuró con tímido gesto. No podía dejar de pensar en el sabor que su compañera a su lado le dejó con ese beso─. Oye, Honoka... Lo que pasó en el baño... Yo...
─¿Lo hacemos de nuevo? ─sonrió al ver a Nagisa asentir con un inesperado gesto cargado de timidez, su pecho pareció hincharse por un súbito calor que le salió desde las entrañas y su corazón comenzó a pegar retumbos en su pecho─. Todo... Todo lo que quieras, Nagisa...
Aprovechando que sus manos seguían unidas, se las arregló para colocarse en una nueva posición con su compañera. La dejó de espaldas y ella quedó encima, parcialmente sobre el pecho de Nagisa, no quería cargarle todo su peso pese a saber que el cuerpo de su compañera era muchísimo más fuerte que el propio. Tragó saliva de pura emoción al saber que podía estar con Nagisa así. Llevó las manos de Nagisa por encima de su cabeza, sin soltarla, aunque ella no oponía ninguna resistencia. Verla así de tímida era maravilloso de muchas maneras que no podía explicar.
─Honoka...
─Te quiero ─y la besó justo como hicieron en el baño, se hizo de la boca de Nagisa abriendo la propia.
