AVENTURAS EN TOKIO
XXIII.
Para Fujimura y Kimata no era difícil ver que las chicas estaban algo nerviosas por ese asunto, pero no por ellas mismas, ni por ellos, si no por todo lo demás que les rodeaba. Donde vivían era un mundo complicado para ser totalmente libres y vivir como uno quisiera, y encima en un sitio tan conservador y estricto como Japón. Y era gracioso cómo entre la plática las chicas dieron a saber que quien más les preocupaba era su compañera. Honoka estaba apurada de que, de revelarse que Nagisa salía con una chica, podría ya no ser aceptada plenamente como profesional en el deporte, ser rechazada y no poder cumplir con los planes en los que seguía trabajando con tanto esfuerzo. Nagisa no quería que a futuro rechazaran los inventos y descubrimientos de Honoka por el simple hecho de salir con una chica, no quería que la alejaran de escuelas, laboratorios y todos esos sitios que a Honoka le gustaban. Nagisa decía que ella tenía la fuerza de vivir de lo que quisiera en cualquier sitio mientras estuviera con Honoka. Y Honoka decía que ella podría ser una investigadora por cuenta propia y no necesitaba de escuelas, que todo el conocimiento estaba ahí, solo debía tomarlo, le bastaba tener a Nagisa a su lado.
Saber lo mucho que se querían y se cuidaban la una a la otra fue suficiente para los futbolistas. Para el final de la plática las chicas quedaron en mantener una postura discreta... Y ellas tenían mucha práctica en eso, como que Hikari junto con ellas habían luchado por el bienestar de su mundo contra un mal ancestral y nadie nunca lo sabría. Si pudieron ocultar ante todos sus identidades y peleas como guerreras legendarias, ocultar que tenían una relación romántica era nada en comparación. Por lo menos hasta que fuese el momento más adecuado, tenían esa esperanza. Tenían derecho a esperar algo mejor.
Lo cierto, es que tener a un puñado de personas de confianza con quien poder compartir lo suyo era muy relajante. Pronto se lo dirían a Hikari, y planeaban decirlo a sus familias también, pero cuando pudieran estar frente a frente con ellos, así es como debían hacerlo. De momento lo mejor era mantener discreción como lo han estado haciendo hasta ahora, ya el tiempo les diría qué hacer, eso les aseguraron los chicos. Si seguían trabajando y esforzándose, si mantenían la esperanza, cada día sería un buen día.
La salida les vino muy bien a las chicas, estaban más relajadas y se les notaba.
La otra salida que también salió bien fue con las tres amigas de Nagisa. Las chicas quedaron encantadas con Honoka y se la pasaron encima de ella y monopolizando la conversación solo para enfadar un poco a Nagisa. Encontraron encantadora a Honoka, y más encantador todavía el cariño que su compañera demostraba por ella. La científica conocía los modos amistosos de Nagisa y no le sorprendió que sus nuevas amigas fueran tan amistosas y ruidosas como ella, le agradaron mucho, tanto que incluso intercambió números telefónicos con ellas. No estaba de más.
Esa noche de viernes y ya cenadas y duchadas, el par jugaba un rato. Honoka de nuevo estaba siendo apaleada en Smash y Nagisa al menos le reconocía a Honoka el estar mejorando en el juego, pero no era suficiente para superarla.
─Eres cien años muy joven para derrotarme, señorita Yukishiro ─dijo Nagisa con marcada arrogancia y acabó con la última vida del personaje de su compañera─. Pero diste una buena pelea, estás mejorando ─su Pikachu había quedado con dos vidas. Nada mal.
─Eres la ganadora de ésta noche ─admitió Honoka luego de un breve y silencioso berrinche. No le gustaba perder pero tampoco le costaba admitir lo buena que era Nagisa en ese juego─. Luego jugaré en línea, practicar con otras personas es más didáctico que hacerlo contra la máquina. Pero me enfada un poco que algunos se vayan a media pelea.
─Siempre hay de esos, me han tocado ─rió Nagisa. Ya sabía cuando Honoka no quería seguir jugando, así que fue ella la que entró al modo de batalla en línea─. Ahora debo pensar en mi recompensa. Estamos a mano, ¿verdad?
─Sí, ya me pagaste el masaje en la espalda ─dijo la científica con una risa pequeña. Cuando los papeles eran al revés y Nagisa era la que perdía, su berrinche era gracioso, lo disfrutaba de la misma manera en que Nagisa estaba disfrutando el de ella en ese momento. Se colocó las gafas y se acomodó junto a Nagisa para leer uno de los libros que pidió en la biblioteca. Éste era en ingles, una colección de cuentos cortos de autores ingleses─. Hiciste que me quedara dormida, desperté en la misma posición.
─No sé cómo es que te sientas en clases, no quiero imaginarlo, Honoka ─la deportista suspiró, tener a Honoka contra su hombro no le estorbaba en lo más mínimo─. Y Mipple ya está dormida como para preguntarle ─el pequeño par dormía a un lado de la consola como de costumbre.
─¿Me enseñarías ejercicios de estiramiento para hacerlos entre clases? Algo breve para no tener la espalda tan tensa ─no perdía la atención de su lectura.
─Sí, te los enseñaré, cuando trabajas puedes estar sin moverte por horas, me consta ─no dejaba de jugar ni de ver la pantalla. Así de cómodas estaban la una con la otra─. Le diré a Mipple que te recuerde hacer estiramientos. Por suerte ya estás haciendo ejer-... ¡Hey, escapó! ─su oponente en turno se desconectó y tuvo que buscar uno nuevo─. Jumn, cobarde... ¿En que estaba? ¡Ah, sí! Le diré que te recuerde hacer estiramientos.
─Y los haré, lo prometo ─dijo Honoka con propiedad─. La cafetería de la tarde me gustó, tienen buen café ─comentó, sonrió al recordar a las chicas─. Y ellas en serio me agradaron.
─Jumn, no me dejaron acercar a ti, te tuvieron rodeada todo el rato ─gruñó Nagisa de graciosa manera. No tardó en sonreír─. Sabía que podía confiarles lo nuestro, son grandiosas, ¿verdad?
─Lo son. Gracias por presentármelas.
─Ellas querían conocerte, no me pude negar ─sonrió de solo acordarse de lo divertida que fue la reunión... Quien quiera que fuera KittyCat645 le estaba dando una buena batalla. Sonrió con fiereza y siguió el combate por un largo rato más, su oponente era impresionante─. Salgamos de nuevo, vayamos otra vez a la cafetería un día de estos, ¿qué dices?
─Me encantaría ─la verdad se divirtió bastante, no podía negarlo─. Ustedes dicen cuándo, yo solo las alcanzaría en el sitio saliendo de clases.
─Lo platicaré con ellas ─siguió la pelea y finalmente pudo mandar a volar a su rival, soltó un grito de triunfo─. ¡Le gané! Espero que no se vaya, jugó bastante bien ─casi la derrotaban, pero eso no lo mencionó─. Oye... Creo que ya sé qué quiero de premio ─se sonrojó. La verdad ya tenía pensado un premio desde antes. Suspiró hondo─. Puedo... ¿Puedo tocar tu cuello ésta vez? ─tenía que preguntarlo, normalmente Honoka era la que quedaba encima suyo y se hacía del control.
─¿Eh? ─la científica también se sonrojó, y de graciosa manera, ninguna de las dos dejaba de hacer lo suyo─. D-de acuerdo, hazlo, la idea me... Me agrada ─pasó la siguiente hoja y tomó aire. Se sintió arder─. Oye, Nagisa... ¿Te gustaría hacerlo conmigo?
─¿Uh? Pues sí, es lo que voy a hacer ─pero por el tono de voz de Honoka, ella no se refería a besar su cuello. Se puso más roja. Claro que no era tonta, se dio cuenta de inmediato a qué se refería su compañera─... Oh... Eso ─tomó aire, la verdad venía pensándolo desde hace un tiempo, pero siempre se quedaba atascada al igual que su compañera. Tantos besos las dejaban fuera de combate, estaba segura de que los alargaban más de lo debido porque no sabían qué hacer luego de ellos─. Sí, me... Me gustaría hacerlo, solo que no sé qué hacer. Si te vieras como yo te veo, sabrías porqué me quedo congelada sin poder moverme.
─Si supieras qué es lo que yo veo cuando te veo ─rió, la redundancia lo valía─, sabrías que también me dejas con la cabeza en blanco, no sé qué hacer y solo te beso, y te beso más porque... Porque no sé de qué otra forma demostrarte todo lo que te amo.
─¡Honoka, no digas esto! ─una sonrojada Nagisa no pudo hacer más que cubrirse el rostro, lo que provocó que su oponente le ganara el duelo. Suspiró hondo, dejó el control a un lado y abrazó a Honoka para poder tumbarse en el futón encima de ella. Le quitó las gafas y el libro. Tragó saliva─... Ya me lo demuestras bastante, eso... Eso tenlo por seguro ─y todo a su alrededor se lo decía, no solo los besos... El vivir juntas, el que le armara una lavadora de balde con chatarra, que acondicionara un tendedero plegable cerca de la ventana para poder secar la ropa, disfrutar momentos como esos juntas, el simple hecho de saber que alguien la esperaba en casa, el esperar a alguien... Todo eso era amor─. Quiero hacerlo, quiero hacer muchas más cosas contigo, eso quiero...
─Yo también, Nagisa ─la científica tomó por las mejillas a su compañera y la besó. Y el beso inició de manera frenética, húmeda, bastante torpe. Se le despegó mientras reunía todo el control que le era posible─... A-apaguemos todo, ¿sí?
─D-de acuerdo ─una apresurada Nagisa fue a apagar la televisión y el videojuego. Su compañera quitó y dobló la ropa que habían dejado en la ventana. Cerraron y aseguraron todo y solo tenían encendida la lámpara que Honoka recién había armado, incluso puso un control para ajustar la intensidad de luz según la necesitaran. Sonrió al notar una romántica media luz─. Por eso estás usando gafas, te gustan las luces más suaves y el cuarto a oscuras.
─Ahora mismo no estoy leyendo ─dijo Honoka con una risa pequeña. Era temprano para dormir, solían hacerlo pasadas las once. Y la verdad prefería ese ambiente si iba a besarla. Si pensaban llegar a más, quería que fuera en solo la visión y los sonidos de Nagisa─. ¿Estás bien con ésta luz?
─Sí, podré ver lo que hago. Quiero... Quiero verte ─se sonrojó y se sentó en el futón frente a ella─. Ah... Creo que... Primero ─su cara se calentó más, pero no dejaba de sonreír─. Debo cobrar mi recompensa primero, señorita Yukishiro. ¿Me permites?
─Adelante ─con una sonrisa y sus mejillas ruborizadas, Honoka se tumbó en el futón─. Es lo justo luego de que ─frunció el ceño de graciosa manera─... De que te dejé ganar...
─¡Oye, no seas mala perdedora! ─se le lanzó encima y la llenó de besos mientras la abrazaba de torpe manera, buscaba despeinarla, hacerle cosquillas, lo que fuera─. Soy yo quien te deja ganar en el juego de carreras.
─¡Tú eres la mala perdedora! ─rió junto con ella entre besos, entre un abrazo que no terminaba de organizarse bien pero que eventualmente logró cerrarse. Sintió que Nagisa intentaba quitarle la blusa, se dejó. Debajo no llevaba bra, lo que dejó sus pechos libres─. ¿Te lo quitarías también? ─preguntó Honoka con lindo gesto, jaló la camiseta que llevaba Nagisa.
─De acuerdo, de todos modos estaremos acostadas, así que ─retiró la prenda, ambas quedaron en ropa interior solamente como se les estaba haciendo costumbre─. Ahora sí, primero mi premio ─sonrió y se colocó encima de Honoka para besarla. La sujetó por la cintura mientras sentía las manos de Honoka en sus hombros. A comparación del otro beso, éste era más calmado, más dulce y que se permitía el tiempo de saborear los labios ajenos, la lengua ajena. Todo lo que pudiera tomar de Honoka.
─Nagisa ─la voz de Honoka salió con un suspiro. Los labios de Nagisa bajaron a su mentón y comenzaron a atender su cuello. Tuvo que liberar una de sus manos para cubrirse un poco la boca con el dorso. Normalmente era ella quien hacía eso, ser la receptora era distinto, los labios de Nagisa eran cálidos, demasiado cálidos. Lo siguiente que sintió fue la lengua lamiendo su oreja, el choque fue intenso─. ¡Ah...!
─¿Te gusta? ¿Puedo seguir? ─preguntó Nagisa con dulzura, sin detener sus besos en las mejillas y la comisura de los labios de su compañera. Honoka siempre preguntaba, siempre lo hacía con ese dulce susurro que le hacía temblar hasta las entrañas. Ella siempre cuidaba que se sintiera bien, incluso sabía donde sentía demasiadas cosquillas y evadía esas zonas para no incomodarla.
─Sigue, por favor ─la científica se sintió derretir al escuchar la voz de Nagisa cerca de su oreja. Se sintió tan bien escucharla así. Se mordió la mano un poco buscando controlar sus propios jadeos, sus suaves gemidos, pero la deportista le quitó la mano de la boca.
─Déjame escucharte...
Y Honoka se dejó escuchar. Los labios de Nagisa le estaban regalando sensaciones que no podía poner en palabras. Toda su piel estaba erizada, de nuevo todo parecía brotar desde el fondo de su estómago, una cálida oleada de un suave placer que no podía explicar. Nagisa era muy gentil, su Nagisa era maravillosa. La abrazó más fuerte por la cabeza, no quería que se detuviera, quería más de ella.
─Nagisa...
La deportista estaba muy contenta haciendo gemir a Honoka, ella misma lo hacía entre los besos, sus propios movimientos provocaban que sus pechos se rozaran contra la suave piel de Honoka. Esa caricia seguía siendo nueva, se sentía fuerte, intensa cada vez que sus pieles se rozaban aunque fuera de manera casual. Se encargó de cada palmo del cuello de Honoka y no lo percató pero dejó una pequeña pero visible marca roja cerca de su hombro. Finalizó su turno y se tomó su tiempo para ello, cada sonido de Honoka era hermoso, era dulce, era como una caricia en el oído. Lamió desde la base de su cuello y hacia arriba, por su mentón y hasta sus labios donde se dieron un intenso beso, uno de esos que quitaban el aliento y calentaban sus cuerpos al grado de ser casi insoportable.
─¡Ah! ─jadeó Honoka mientras Nagisa le soltaba los labios de golpe─. Na-Nagisa... Esto...
─Espero que... Que... Te sintieras tan bien como... Como me haces sentir ─dijo Nagisa mientras se limpiaba los labios de su propia saliva. Era como si la hubiera saboreando. Se sintió bien. Se sentó mientras terminaba de calmar su propia respiración─. Creo que... Que esto es suficiente calentamiento, ¿verdad? Ya... Ya podemos hacerlo.
Honoka rápidamente entendió a qué se refería. Sonrió y se sentó frente a Nagisa. Tomó aire. ─Yo... He estado estudiando sobre esto y... Me doy una idea de cómo hacerlo, y sé que aprenderás rápido, tienes la capacidad de adaptarte si te dan el ejemplo ─se aclaró la garganta─. La parte principal de todo esto es que nos tengamos confianza y consentimiento mutuo ─asintió con propiedad.
─Eso lo tenemos desde hace mucho ─asintió Nagisa con graciosa seriedad y los brazos cruzados─. ¿Qué más?
─Mucha comunicación, si algo no te gusta o no me gusta, debemos decirlo y poner límites que debemos respetar, recordando el punto de la confianza mutua.
─Eso también ya lo tenemos cubierto, ¿qué otra cosa?
─La higiene es importante antes del acto en sí, pero como ya nos bañamos, podemos tachar eso de la lista también ─asintió y levantó su índice como si señalara algo al aire─. Solo queda una cosa.
─¿Qué es? ─Nagisa incluso se hizo un poco hacia adelante, poniendo toda su atención. La única respuesta de Honoka fue un beso mientras se le iba encima. En automático le rodeó la cintura con ambos brazos. Su espalda quedó contra el futón, sintió las manos de Honoka en sus mejillas. Le sonrió cuando finalizaron su beso.
─Disfrutar con tu pareja.
─Y somos pareja. Te lo dije, tenemos todo cubierto ─con una enorme sonrisa volvieron a besarse. Dulces, usando sus lenguas sin pena, dejando que sus brazos y piernas se enredaran con el cuerpo de su compañera─. Te amo.
─Y yo a ti.
