AVENTURAS EN TOKIO
XXV.
Honoka gimió fuerte contra la boca de Nagisa al sentir su mano invadirla de tan dulce manera, fue demasiado para sus sentidos. Su mente, normalmente bien plantada en su sitio y siempre trabajando al cien por ciento sin importar el caso, de pronto se vio apagada al sentir que Nagisa tocaba uno de sus puntos sensibles. Se le abrazó fuerte mientras levantaba su pelvis de golpe, pero solo logró ser detenida por el cuerpo ajeno y esa mano que le daba un masaje increíblemente gentil. Sentía agitarse, Nagisa no soltaba el beso del todo y apenas si le daba oportunidad de recuperar suficiente aire para poder gemir más. Sintió dos de los dedos de Nagisa acariciar su punto sensible, no pudo resistir más sin aire y alejó su boca de la de Nagisa entre jadeos y pequeños gemidos.
─¿Así está bien? ─preguntó Nagisa con un tono que nunca había salido de su boca. Era un tono condenadamente sensual, indulgente, profundo a oídos ajenos. Honoka podría confirmar eso último─... ¿Más suave? ¿Más fuerte? ─lamió la oreja de su compañera─. ¿Más rápido? ¿Más lento? Dime... Dime cómo lo quieres ─necesitaba escucharla, necesitaba saber cómo le gustaba para hacerla gemir más, para hacerla gritar más, para sacarle los más hermosos sonidos de su cuerpo.
─Un... Un poco más fuerte y... Lento ─respondió Honoka como pudo. Una de sus manos estaba en la espalda de Nagisa, la otra en la nuca y la pegaba más a sí misma, tanto como le era posible─. Nagisa...
─De acuerdo, yo me encargo ─la deportista se lamió los labios y sus dedos cumplieron la petición de Honoka, presionaron un poco más y los movimientos circulares fueron más lentos. Los gestos de Honoka le dijeron todos los ajustes que debía hacer en su ritmo. Leerla era simple, y no era de sorprenderse, desde hace mucho podían leer el cuerpo de la otra. Oír sus gemidos de placer era también placer para sus oídos, su corazón retumbaba en su pecho y el saber que podía hacer sentir todo eso a Honoka era fantástico. Se sentía tan plena─. Déjame escucharte, quiero escucharte...
Y la científica se hizo escuchar. Todos sus sonidos de placer eran femeninos, pero no como los de Nagisa, eran suaves, un poco más largos y era como si en todo momento quisiera contenerlos, sin lograrlo. Era una mezcla que Nagisa encontraba encantadora. Mientras dejaba que su mano hiciera su trabajo, no perdía de vista los gestos de Honoka, eran hermosos. El calor ya había perlado su piel de sudor, estaba roja, sus mejillas aun más rojas que el resto de su cuerpo, su aliento podía sentirlo ardiente, sus ojos parecían perdidos, pero no... Bastaba con que pudieran compartir miradas para saber que lo único en lo que pensaba Honoka era en ella.
─Nagisa... ¡Aaah! ─se sentía mucho, demasiado, no podía mantener los ojos abiertos por demasiado tiempo, todo la sobrepasaba. Cuando estaba estudiando sobre todo eso, y considerando que ya había tenido oportunidad de tocarse a sí misma, creyó haberse dado una idea de todo lo que sentiría, pero no... Sus propios dedos no se comparaban a los de Nagisa. Su boca quería sentir a la de Nagisa, su piel ardía por sentir la de Nagisa y por eso la pegaba tanto a su cuerpo. Todo ese placer que su compañera la provocaba era mucho más de lo esperado, y le gustaba. Podía ver su gesto y se veía salvaje, amoroso, poderoso y no podía hacer más que sentir ese agradable cosquilleo en sus entrañas que terminaba por erizar su piel. Soltó un largo gemido, uno que salió desde su garganta, se sentía a punto de terminar y todo dentro de ella era un hervidero. Abrió la boca de nuevo pero no pudo decir más. Estaba perdida en todo lo que Nagisa le provocaba, estaba perdida en Nagisa.
─Podemos... Podemos hacer esa posición que me dijiste cuando... Cuando te haga sentir lo que... Me hiciste sentir ─dijo Nagisa entre besos al rostro de Honoka, entre besos a su boca que claramente le estaban robando el aliento. Verle ese gesto y escuchar todo lo que se escapaba de entre sus labios era maravilloso, no podía dejar de escucharla. Y, por supuesto, quería ser justa con Honoka y no dejarla hacer todo. No pensaba ser la Nagisa holgazana de hace años, ¡no, señor! Le correspondería a Honoka todo lo que le daba porque era lo justo, era lo que le nacía hacer. Lo que fuera por la chica que amaba─... Déjame escucharte ─y con confianza aceleró un poco los movimientos de su mano. Sin contenerse, llevó su boca a los pechos de Honoka para usar su lengua en los pezones de su compañera.
Eso fue demasiado para la científica, fue como ser golpeada por un rayo. La lengua de Nagisa en un punto tan sensible, en combinación con los dedos de Nagisa en un punto aun más sensible, simplemente la llevaron al orgasmo de golpe. Soltó un largo alarido de placer que no pudo callar, su cuerpo se tensó, tembló y se erizó mientras sufría deliciosos espasmos de placer. Y no, lo que se hizo a sí misma no se comparaba ni un poco. Pero Nagisa no le dio descanso, sintió que la boca de ésta siguió trabajando en su pecho y de ahí se fue moviendo hacia abajo. ─Ah, Nagisa ─quería decirle que quería recuperar el aliento, pero eso sería mentir, porque de verdad deseaba que continuara.
─Aun no acabo ─le sonrió mientras lamía entre sus pechos y viajaba hacia el sur por su estómago, incluso mordió su piel y su ombligo. Lo hacía con la seguridad de que Honoka lo estaba disfrutando, todos los gestos de ella se lo decían. Con algo más de prisa pasó por su vientre y finalmente se acomodó entre sus piernas. Se aferró a éstas con ambos brazos y sin esperar hundió su boca y lengua en el centro de su compañera. Honoka tenía razón, bastaba con darle una idea de qué hacer y siempre se adaptaba. Sí, así era Nagisa Misumi. El lindo gemido de Honoka le dijo que lo estaba haciendo bien. No se detuvo.
─¡Nagisa...! ¡Nagisa, más! ─pidió torpemente la científica, ahora sí se mordía una mano tratando de callar sus propios gemidos mientras la otra mano tenía a Nagisa por el cabello. Trataba de no jalarla pero no estaba segura de lograrlo, se sentía demasiado. Apretó los dientes y presionó a Nagisa contra su centro, podía sentir su lengua entrar en ella, sentía su calidez y cómo acariciaba hasta donde le era posible─. Nagisa... ¡Hmm!
Nagisa no podía hablar pero sí darle más, movía su lengua más rápido. Tuvo que liberar un brazo para poder usar su mano, introdujo lento su dedo medio, podía sentir cómo la presionaba y eso le hizo sonreír. ─¿Sigo? ─ella dijo que la comunicación era importante y en esa posición no podía verle la cara, debía preguntar y fue una buena idea, escuchar su "sí" en forma de gemido le dio más ánimos para seguir─. Genial ─sonrió y siguió con la caricia dentro y fuera de Honoka, boca y manos trabajaban en equipo y debía admitir que se sentía muy bien hacer eso, hacer a Honoka gemir era fantástico. Se sentía tan fuerte, saber que le estaba regalando sensaciones que nadie más podía incluso le llenaba el pecho de orgullo. Ahora entendía el porqué Honoka tenía ese gesto de autosuficiencia cuando estuvo en control.
La científica de nuevo sentía sus entrañas hervir, su corazón llegar a tope y su cuerpo temblar del más puro y ardiente placer. Las sensaciones crecían, trepaban desde lo más profundo de su ser hacia la piel. Que Nagisa acariciara uno de sus pechos con toda la mano no ayudó, sintió esos fuertes espasmos una vez más, su piel temblar y su cuerpo tensarse. ─¡Nagisa...! ─pero no vocalizar nada coherente, solo fuertes gemidos torpemente callados con su mano fueron los que salieron, ahora sí jaló su cabello con la otra mano mientras su cuerpo cedía a ese nuevo orgasmo. Tomó aire de golpe segundos después mientras se calmaba.
Nagisa se incorporó de nuevo para poder verla... Y se veía preciosa. Trago saliva, aun podía sentir su sabor. ¿Porqué Honoka tenía que ser tan condenadamente hermosa? Estaba roja de nuevo de solo contemplarla, tuvo que cubrirse el rostro. ─¡Demonios, Honoka, te ves preciosa!
─Solo... Solo bésame ─dijo Honoka entre jadeos y abrió sus brazos. Sintió a Nagisa encima suyo y solo atinó a acomodarse de costado y pegársele tanto como era posible.
Ésta vez el beso fue dulce, aun no terminaba de recuperar el control de su cuerpo y sus sentidos como para poder darle un beso más profundo. A Nagisa no le molestaban los besos dulces, le gustaban mucho y se lo dio a saber correspondiendo con suavidad cada uno de ellos, uno tras otro mientras mantenía ocupada su boca. Si Honoka respiraba por la nariz pronto recuperaría el aliento.
─¿Se sintió bien? ─preguntó Nagisa.
─Muy... Muy bien ─respondió Honoka con una sonrisa, ya se notaba más recuperada.
─¡Genial! Tú también me hiciste sentir bien ─depositó besos en todo su rostro y luego en su cuello─. Te amo tanto.
─Yo también ─la científica se aferró al cuello de Nagisa y correspondía los besos cuando los sentía cerca de sus labios. Rió un poco─. Necesito agua.
─Yo también, deja voy ─y unos besos después, se le soltó y fue por agua para ambas y algunas galletas de arroz. Sin dejar de sonreír, le dio su agua a Honoka y bebió la propia─. Sudé como si hubiera estado entrenando ─comentó mientras se miraba el cuerpo, seguía empapada de sudor, tanto propio como ajeno.
─Tener relaciones sexuales cuenta como ejercicio ─explicó Honoka con propiedad─. Quema calorías y ejercita tus músculos como cualquier otra actividad física. Además ayuda a quitar el estrés del cuerpo, la tensión, dolores de cabeza, cólicos y mejora el sistema inmune y la resistencia.
─Oye, eso suena genial ─comentó entre risas, sacó una de las galletas y primero le ofreció a Honoka. Para alegría suya, ella le dio una mordida a la galleta, pero fue todo lo que aceptó. Se comió el resto─. Me encanta la idea de hacerlo más seguido ─agregó con una sonrisa divertida, comió otra galleta. Le dio hambre de repente y ahora entendía porqué gracias a lo que Honoka explicó.
─Pero no antes de nuestras tareas ─dijo Honoka toda propia─. Te lo recordaré y me lo recordaré también ─porque no confiaba del todo en su autocontrol luego de experimentar todo eso.
─De acuerdo, no antes de nuestras tareas, hasta después de terminarlas. Podría ser antes de comer para hacer más apetito ─rió, no tenía problema con las condiciones─. Podemos hacerlo por las noches antes de dormir para descansar bien... Pero despertaríamos sudadas. Digo, me encanta tener tu aroma conmigo, pero... No sabía que así olía el sexo ─era un aroma intenso, podía sentirlo, era una mezcla rara pero no desagradable.
─Lo comprendo. ¿Te parece antes de ducharnos?
─Durante la ducha suena bien. A menos que nos lavemos rápido antes de ir a clases ─por suerte el siguiente amanecer era sábado.
Mientras hablaban de esos detalles terminaron su agua, Nagisa comió tres galletas más y fue a dejar la caja a la alacena y los vasos al lavabo. La deportista regresó al futón y Honoka la abrazó contra su cuerpo, volvió a tumbarse con ella y besó sus labios con dulzura. Nagisa recibió el beso con gusto mientras sentía cómo sus cuerpos volvían a enredarse con brazos y piernas. El calor subió una vez más sin que alguna pudiera controlarse, simplemente sucedió.
Honoka, confiada en que no le pesaba mucho a Nagisa, empujó con su cuerpo para dejar a su compañera abajo. Le miró de manera coqueta dulce. ─Ahora sí podemos hacer esa posición.
─Me encanta esa idea ─respondió Nagisa con una sonrisa enorme y un gesto sonrojado. Su corazón una vez más estaba acelerado y más caliente, imposible no dejarse llevar por ese deseo recién despierto. Siguió besando a Honoka con dulzura mientras sentía que ella acomodaba sus centros. Seguían empapadas y eso permitió que la caricia fuera más sencilla y tuviera más intensidad. Ambas gimieron suavemente. No había alguna que tuviera el control del todo, su compañera movía su pelvis a momentos y luego ella misma la levantaba mientras sujetaba a Honoka por la cadera para guiar el movimiento. Sus pechos se frotaban entre sí y podían sentir ese delicioso temblor cuando eran sus pezones los que se conectaban─. Honoka...
─Nagisa ─gimió Honoka con suavidad. La científica podía explicar en términos científicos todo por lo que estaba pasando su cuerpo, enumerar todos los procesos químicos provocados por la estímulo de sus más sensibles zonas, de las hormonas que en ese momento se revolvían en su cabeza y de uno y más órganos involucrados en cada reacción de su ser... Pero Honoka veía lo romántico en todo eso, Honoka sabía porqué le embriagaba el aroma y el sabor de Nagisa, amaba que solo ella le provocara toda una revolución en sus entrañas, solo ella y nadie más.
Para Nagisa no era tan nueva la sensación de enamoramiento, como que en su momento estuvo enamorada de Fujimura por un par de años. Los nervios, su cara ardiendo, su cuerpo congelado y la emoción de ver aunque sea por un momento a la persona amada, incluso si no le había hablado. No era ajena a nada de eso, pero con Honoka no era lo mismo. Todo fue poco a poco, y seguía sintiendo nervios pero no eran paralizantes, podía sentir en ese preciso momento su cara arder, todo su cuerpo arder, pero no le nublaba las ideas. Con Honoka todo era más natural, más cómodo.
Se quedaron pegadas en esa posición, pegando sus centros en suave roce, sin prisa. Nadie las estaba persiguiendo, vaya, podían tomarse su tiempo que quisieran y lo hicieron. Sintieron un nuevo orgasmo, el mutuo clímax que se provocaron entre sí. No fue tan explosivo con los anteriores, pero sí bienvenido. No gritaron, solo se dieron mutuamente sus gemidos al punto de casi ahogarse, sus manos aferradas a la espalda y cintura de su compañera mientras su cuerpo entero temblaba contra el otro.
Siguieron otro poco más sin saber con exactitud hasta qué hora se durmieron, no pusieron atención al reloj en ningún momento.
Durmieron abrazadas y despertaron abrazadas hasta cerca de las diez de la mañana.
