AVENTURAS EN TOKIO

XXVI.

El pleno despertar de su sexualidad y deseo les hizo sentir como si hubieran subido un escalón más hacia la madurez. Y aunque trataron de poner reglas y algo de orden para esa nueva actividad dentro de su agenda, lo cierto era que el deseo a momentos era más fuerte y en más de una ocasión Nagisa colaba sus brazos y manos por el cuerpo de Honoka para poder atenderla con sus dedos mientras leía, e interrumpiendo su lectura. Honoka tampoco se quedaba atrás, cuando Nagisa jugaba en línea adoraba meterse entre sus brazos, entre sus piernas y usar su boca donde podía si tenía la oportunidad. Eran sus compañeros mágicos quienes tenían que desaparecer porque ese par a veces no se controlaba, pero era normal, estaban descubriendo más cosas entre sí y la emoción a momentos podía ser sobrecogedora.

Más de una vez llegaron a clases con pruebas de sus perversos crímenes y las amigas de Nagisa y los futbolistas también encontraban encantador molestarla al respecto, la suerte suya al ser tan amistosa. Para todos los demás, Nagisa tenía un novio que claramente no podía quitarle las manos de encima y le dejaba marcas en el cuello, el resto de su clase y equipo lo decía y Nagisa podía seguir la corriente sin sentir tanta presión por ocultar que la culpable de esas marcas era una científica que adoraba explotar cosas.

Honoka no tenía esos problemas, incluso si alguien en su clase llegaba a notar los ocasionales chupones en su cuello, nadie tenía la suficiente confianza con ella como para acercarse a preguntar algo tan personal. Y vaya que más de uno estaba curioso, Honoka no solía dar espacio a conversación más allá de lo meramente académico. Y la señorita Yukishiro menos caso hacía cuando estaba más entretenida en el laboratorio y en el taller mejorando los mecanismos que les dejaban como actividad.

Por su lado, Nagisa pronto tendría las pruebas de selección para el equipo secundario de la universidad y ya le tocaba entrenar los sábados junto con las demás novatas, tenía casi todo ese último mes entrenando los fines de semana. Honoka le dio muchos ánimos y se comprometió seriamente a tener comida saludable para ella cuando llegase de sus entrenamientos sabatinos. Afortunadamente, aunque todos los sábados de ese mayo pronosticaban lluvias, todas sucedían hasta la tarde-noche, así que podían tener los entrenamientos con mañanas despejadas, justo como le gustaba a Nagisa. A Nagisa le gustaban los días soleados, a Honoka los días lluviosos. Siempre sonreía al pensar en esas diferencias que aun marcaban la personalidad de cada una.

Honoka aprovechó esos sábados por su cuenta para sus propias actividades. Los vecinos y gente de los alrededores sabían que si necesitaban una reparación o revisión a sus equipos, los sábados era el día que podían llamar a la estudiante del tecnológico. Honoka comenzó a ahorrar el dinero que le pagaban y básicamente ese se convirtió en su empleo de medio tiempo. Ya no tendría que buscar trabajo como lo había planeado, el trabajo le llamaba a la puerta y siempre encontraba fascinante el funcionamiento incluso de los aparatos más básicos. Así era ella.

Nagisa veía su tiempo cada vez más lleno con sus estudios y prácticas y no estaba segura de si conseguiría un trabajo tan cómodo como el que tenían los futbolistas, así que estaba empeñada en conseguir la beca completa, y para ello no solo necesitaba mejorar sus notas, estaba obligada a entrar al equipo de reserva como titular sí o sí. Debía esperar por lo menos al fin de curso y tener unas notas excelsas para entonces. Por suerte, estaba muy emocionada por todas sus materias y aprendía a consciencia todo lo que le enseñaban, pronto serían sus exámenes de medio curso y debía sacarlos con buenas notas. De verdad quería esa beca completa. Cuando llegara al equipo principal de la escuela podría cobrar un poco más de dinero gracias a los patrocinios.

Tener por compañera (en todos los sentidos) a la famosa Reina del Conocimiento, era muy ventajoso para Nagisa. Cuando se ponía a estudiar en serio, Honoka siempre le ayudaba sin dejar que nada las distrajera. De hecho, quedaron en que no habría nada de sexo durante la época de exámenes. Y pensaban respetar eso y luego tener una gran cita como recompensa por su propio esfuerzo.

Justamente ese miércoles por la tarde estudiaban, afuera estaba nublado pero no iba a llover, o al menos eso decían los reportes del clima. Mepple y Mipple jugaban la consola pero usaban unos graciosos audífonos a su medida para no distraer a las chicas con el sonido. Nagisa tenía que aprender a consciencia sobre el sistema motriz completo del cuerpo, además de los músculos, y siempre que leía sobre tal o cuál parte, miraba sus propios brazos, sus propias piernas y era increíble todo lo que trabajaba el cuerpo. Honoka notaba eso y se sentía contenta de que Nagisa disfrutara de aprender, sabía que le iría bien. Ella misma debía prepararse para exámenes prácticos en el simulador de reacciones químicas de uso libre que encontró en internet, lo descargó, se metió en sus códigos y lo había mejorado lo suficiente para sentirse satisfecha con él. Estaba bastante ocupada en ese momento y metía todos los elementos que le venían a la cabeza, incluso elementos de recetas de cocina y estaba francamente fascinada. Lo parte principal del examen era ya estar familiarizados con la herramienta para cuando pudieran hacer sus proyectos personales a futuro.

Honoka respingó de manera graciosa al ver el resultado del experimento en turno. El resultado del simulador: explosión química.

─¿Volvió a explotar? ─preguntó Nagisa mientras hacia anotaciones y flexionaba su brazo izquierdo para ver y sentir cómo se movían todas esas partes de las que hablaba su libro.

─Con la potencia de un cuarto de megatón ─respondió como si nada.

─En serio, no vayas a explotar nada cuando ya puedas hacer de las tuyas en el laboratorio ─la deportista suspiró, aun recordaba ese incidente en tercero de preparatoria.

─No te preocupes, todo está asegurado. De suceder, ya no pagaría los gastos de reparación como esa vez en preparatoria ─dijo la muy desvergonzada, escuchó a su compañera suspirar y ella misma rió─. Tendré cuidado, lo prometo.

─Gracias.

Compartieron una risa pequeña y siguieron estudiando una hora más de corrido, al menos hasta que Mepple se quitó sus audífonos y miró a las chicas. ─¡A hacer algo de ejercicio-mepo! ─ellos eran los encargados de recordarles a las chicas moverse.

─¡Hagámoslo todos-mipo! ─ella también dejó el control y sus audífonos a un lado para ir con las chicas.

─De acuerdo, a movernos ─dijo Nagisa con una sonrisa y se puso de pie, con ayuda de Honoka movió la mesa hasta el muro para hacer suficiente espacio. Fue ella la que guió los ejercicios con estiramientos que permitían la mejor circulación de la sangre, todos lo hacían y le causaba gracia que Mepple y Mipple apenas pudieran hacerlo considerando la forma de sus cuerpos. Los ejercicios duraban diez minutos antes de volver todos a lo suyo, pusieron la mesa en su sitio apenas acabaron─. Éste sábado son las pruebas para el equipo de refuerzo ─comentó Nagisa, estaba emocionada y nerviosa en igual medida.

─Me encantaría ir a verte ─respondió Honoka, ambas de nuevo tenían su atención en sus materiales de estudio.

─Puedes, se permiten observadores ─comentó la deportista con una sonrisa─. Suelen ir familiares o también hay posibles patrocinadores. O hay otros alumnos de la escuela. No pasa nada si vas ─estaban sentadas frente a frente, cada una en un lado de la mesa para tener todo su material de estudio bien espaciado, sus propias piernas estaban cruzadas y solo las estiró para poder tocar las de Honoka. Sonrió al notar la sonrisa de Honoka─. Pensaba invitarte a la prueba, quiero que me veas. ¿Te gustaría ir?

─Por supuesto ─respondió con entusiasmo, extrañaba en serio ver a Nagisa haciendo lo que mejor se le daba. Verla entrenar siempre era inspirador, no tenía pena en admitirlo─. Quiero ir, los sábados solo repaso los temas de la semana y por el momento no tengo trabajos de reparación pendiente, pero si se diera el caso, podría posponerlo hasta la tarde.

─¡Genial! ¿Nos vamos juntas? ─la idea emocionaba mucho a Nagisa. Tener a Honoka ahí sería por demás motivador─. Puedo mostrarte parte de la escuela y dónde tomo mis clases, ¿qué dices?

─Sí, vamos, me encantaría verte, Nagisa ─la científica se hallaba más emocionada cada vez y claro que quería apoyar a Nagisa de la mejor manera que pudiera. Hacer una manta era buena idea. Los deportistas en especial necesitaban del apoyo del público para jugar mejor, Nagisa ya se lo había contado, que los ánimos, los cantos, las porras, todo siempre le daba más energía para seguir. Y a como Nagisa lo explicaba, no habría demasiado ruido en la prueba, no al que estaba acostumbrada, así que daría lo mejor de sí para apoyarla.

Ya acordado su plan para el sábado, el resto de esa semana la pasaron estudiando incluso hasta tarde, Honoka sugirió solo besos para antes de dormir y Nagisa apoyó la moción. Lograban controlarse sosteniendo sus manos mutuamente y dándose un apretado abrazo mientras decían cualquier tontería que les llegase a la cabeza, lo que fuera. Eso solía ser suficiente para que ambas durmieran y amanecieran bien.

El tan esperado sábado era el penúltimo de ese mes. Los exámenes serían toda la semana siguiente y ambas estaban listas. Honoka se encargó de hacer una manta en el pasillo frente a su puerta, el espacio dentro de su piso era insuficiente, un claro y remarcado mensaje de "Fight, Nagisa!" serviría para animar a Nagisa. Consiguió una vara de bambú para sujetar su bandera y, ¡listo! Ya tenía todo cubierto para el partido.

Sería un partido completo con sus reglas y el tiempo completo, los dos equipos estarían integrados por las novatas, todas en las posiciones que mejor se les daba. Las alumnas estrella del equipo oficial junto con la entrenadora evaluarían a las jugadoras independientemente del resultado del partido. Toda la siguiente semana no habría demasiadas prácticas si no hasta pasar el periodo de exámenes. Nagisa le contó todo eso a Honoka. El partido era a las once de la mañana y tendrían que esperar hasta después de los exámenes para conocer los resultados del partido.

El sábado llegó finalmente y la joven pareja se puso en camino. Ese día estaba particularmente soleado. Nagisa iba en su uniforme deportivo de la universidad y todo su equipo en su mochila. A leguas se le notaba que asistía a la Universidad Deportiva Takushoku, la Gran T, que era como se le conocía a su escuela. Honoka llevaba un pantalón ajustado, botas por si el día enfriaba y el jersey de su propia universidad; su bolso y su bandera desde luego. Nagisa le pidió que vistiera su jersey universitario para poder presumir mejor. Honoka no solía ser presumida, pero si Nagisa encontraba más ánimo en verla con el jersey del Tecnológico puesto, entonces le daría el gusto. Mepple y Mipple iban en los respectivos bolsillos de sus compañeras, pero Honoka cuidaría de Mepple durante el partido. Se fueron en la bicicleta de Nagisa y llegaron a las nueve a la Gran T.

Nagisa tenía su reunión de equipo y una sesión de calentamiento a las diez, así que se daría un rato antes de eso para mostrarle a Honoka todo lo que pudiera.

─¿Los chicos estarán en el partido? ─preguntó Honoka mientras Nagisa acomodaba la bicicleta en el estacionamiento.

─Sí, tienen entrenamiento justo ahora pero alcanzan a llegar a la mitad del primer tiempo ─dijo Nagisa con una sonrisa amplia. Sujetó bien su mochila y animó a Honoka a seguirla para darle un tour completo por donde ella solía moverse. Había otras zonas pero no había tiempo para llegar tan lejos. En su camino pudieron ver cómo los otros equipos y clubes tenían sus entrenamientos en los alrededores de los edificios, básicamente todo era una pista para correr.

─Veo que algunos están en clase ─comentó Honoka en baja voz mientras entraban a uno de los edificios. No era el mismo donde aquella vez fue a rescatarla de la lluvia.

─Unos tienen cursos sabatinos de especialidades, yo los tendré en un par de años ─comentó Nagisa con entusiasmo. Salvo contados salones, casi todos los demás estaban vacíos pero no por ello cerrados─. Mira, éste es uno de los salones a los que asisto, tienen ese genial esqueleto y muchos muñecos pequeños para estudiar el movimiento.

─Vaya, es un buen modelo ─comentó Honoka mientras estudiaba de cerca el esqueleto─. Tiene el color exacto y la textura y ─y de pronto sonrió al reconocer mejor el material─. Es un esqueleto real.

─¿Eh? ─ahora la deportista estaba aterrada.

─Sí, es normal que mucha gente done su cuerpo a las escuelas. Ésta no es una réplica simple como las de preparatoria o secundaria. Tenemos esqueletos en mi escuela también y todos son reales ─miró más de cerca los huesos, pasó sus dedos por la superficie, sonrió─. Sí, es real, se siente poroso. Seguro que alguien pidió que su esqueleto sirviera para...

─¡No te escucho! ─exclamó Nagisa, se tapó las orejas con las dos manos y salió corriendo del salón. Pese a eso pudo escuchar las risas de Honoka. La esperó en el pasillo para continuar el tour.

Honoka notó que durante el tour muchos saludaban a Nagisa en el camino, sin duda seguía siendo una chica muy popular, pero lo que más gracia le causó fue que algunos le preguntaran si su novio estaría en el partido. Honoka estaba al tanto de todo y también le causaba gracia que creyeran y dijeran que el novio de Nagisa era un mano larga. ─Trataré de no dejarte marcas la siguiente, al menos a mi nadie me molesta en la escuela ─comentó Honoka mientras andaban por los alrededores y hacía la cafetería donde Nagisa a veces se compraba un bocado extra cuando le hacía falta.

─Luego pienso decirles que rompí con el novio imaginario ─dijo Nagisa con una risa pequeña─. Y si alguien quiere declararse luego, le diré que sigo dolida del corazón ─era el plan perfecto, al menos en su cabeza─. Seguro que las chicas apoyan mi historia.

─No lo dudo. Oh, ¿y las chicas?

─Seguro que no tardan en llegar, ya casi es la hora ─revisó la hora en Mepple─. Vas a estar con Honoka mientras es el partido, lo verás mejor.

─Y yo te daré toda mi buena suerte y mi fuerza para que ganes-mepo ─dijo el héroe con propiedad.

─¡Yo también-mipo! ─y ambos adoptaron su forma normal para abrazar a Nagisa por la cabeza aunque le estorbaran al caminar. Nagisa tuvo que detenerse pero no se los quitó de encima.

─Puedo sentir su fuerza, gracias, ahora quítense, anden ─dijo entre risas, les dio un abrazo brusco a ambos y ambos volvieron a su forma de móvil, pero ahora a las manos de Honoka─. No me has dejado ver tu bandera.

─La verás cuando la extienda y comience a apoyarte ─asintió la científica mientras abrazaba su bandera enrollada.

Ya casi era hora de que Nagisa se reuniera con el resto de su club para la junta previa y el calentamiento. Tendría que dejar a Honoka una hora en espera pero a la científica no le molestaba la espera, tenía un libro y a sus compañeros mágicos como compañía. Los tres estarían bien mientras comenzaba el partido. Camino a la cancha de lacrosse, Honoka podía notar nerviosa a Nagisa. Era normal, no era como en el club de lacrosse de secundaria y de preparatoria, iba directo a las pruebas de verdad con gente adulta y seria de verdad. Podía notar cómo apretaba la correa de su mochila. Miró en ambas direcciones y no vio a nadie, así que la tomó por el brazo y se escondió con ella entre unos árboles. Volvió a revisar los alrededores. No estaban a plena vista. Le sonrió.

─¿Honoka?

─Todo saldrá bien si juegas como siempre lo has hecho, solo diviértete, Nagisa, yo te estaré apoyando ─dijo Honoka con dulzura y sin esperar más la besó.

Nagisa sintió como los nervios en su estómago eran sustituidos por un temblor de emoción pura. Los besos de Honoka en automático subieron su temperatura y le aceleraron el corazón. Todos sus temores se fueron conforme el beso seguía y la calma de Honoka se le contagió, las agradables sensaciones se quedaron en su interior incluso luego de que Honoka terminara el beso.

─¿Mejor? ─preguntó la científica con una sonrisa.

─Mucho mejor, gracias ─besó su mejilla y salieron del escondite. Era como cuando se transformaban a escondidas, se las arreglaban para ser discretas. Caminaron de la mano el último tramo hasta la entrada de la cancha, debían dividir caminos─. Nos vemos en un rato, Honoka.

─Nos vemos ─estrechó brevemente su mano y la soltó casi enseguida─. ¡Ánimo, Nagisa, diviértete! ─le animó mientras Nagisa iba camino a los vestidores y ella a las gradas. Era momento de que todos vieran de qué estaba hecha Nagisa Misumi, Honoka no podía estar más orgullosa de su pareja.