AVENTURAS EN TOKIO

XXXIV.

Quienes tuvieron una hermosa noche también fue la joven pareja universitaria. Una calurosa pero hermosa noche que compartieron solo abrazadas y platicando de lo sucedido en el día y de las nuevas amigas que hicieron. Mepple y Mipple estaban acostados con ellas también, miraban el poco trozo de cielo que la ventana les permitía, pero al menos podían ver la luna.

Honoka le contó sobre las tres chicas y el asunto de las flores en la Luna, y cómo su profesor le riñó por no hacer una pregunta a los expositores, y también que no le dijo al hombre que había cedido su boleto. Nagisa le felicitó por su buena acción, las chicas le parecieron muy agradables en foto. Por su parte, Nagisa le contó sobre los caminos, la chica futbolista y, que si todo salía bien, seguramente esa chica alta estaría el año que viene en la Gran T. Ambas esperaban que sí.

Pasaron algunos días y a Nagisa ya le tocaba el campamento de entrenamiento intensivo con el resto de su equipo. Irían a Hinohara, una zona montañosa pequeña pero perfecta para campamentos y viajes. Estaría fuera desde el jueves en la noche y volvería el domingo por la noche. Por supuesto, Honoka tendría que quedarse en casa, pero no era como si debieran armar un drama por ello, no lo hicieron. Nagisa solo le hizo prometer a Honoka que no explotaría la casa con algún invento nuevo, y le rogó a Mipple cuidar de su querida científica loca. Honoka solo le lanzó un lindo puchero, pero fue todo. No podía defenderse, además, tendía a llevar al límite los pequeños aparatos con los que trabajaba.

Por su lado, Honoka le pidió a Nagisa no darse cambios bruscos de temperatura. Podía ser pleno verano, pero las montañas solían ser muy frescas por las noches precisamente por todos los árboles. Le pidió comer bien y dar todo de sí. Y aunque todas podían llevar sus móviles, solo eran para casos de emergencia, les reñirían si las encontraban distraídas con los teléfonos. No que quisieran romper las reglas, pero si tenían oportunidad de comunicarse, lo harían. Había impulsos contra los que no podían pelear, así de simple.

Ese jueves Honoka fue a acompañar a Nagisa a su universidad, pudo despedirla cuando partió el autobús y luego de ello se fue a cenar a un pequeño local de ramen con Kimata y Fujimura. Kimata la llevó a casa en su moto, prometieron a Nagisa que cuidarían de ella dentro de lo posible, pero conociendo a la chica y que tenía muchos libros nuevos en ese nuevo e improvisado librero que construyó en el muro, se la pasaría leyendo todo el fin de semana. Tenía que trabajar en su proyecto también, ya tenía uno.

Inspirada por las chicas que conoció. En sus pláticas durante su paseo por la exposición, escuchó que todas tenían un algo con las flores, y supo, con sorpresa, asombro y encanto, que Tsubomi era nieta de la increíble botánica Kaoruko Hanasaki. De niña leyó sus libros y estudios y se lo hizo saber puntualmente a Tsubomi. Luego comenzaron a compararse con flores y mencionaron que Itsuki era como un brillante girasol. Y en su cadena de pensamientos se quedó solo se con el girasol y ahora estaba enfocada en el aceite de girasol. Mención aparte del uso casero del aceite en la cocina, también era un biocombustible muy poco recomendado por sus efectos contaminantes... Pero quizá era porque no estaban aprovechando plenamente la semilla de tan hermosa flor.

De alguna manera pensó en un motor autoimpulsado por aceite de girasol. ¡Ya tenía su proyecto! Haría un pequeño vehículo y usaría aceite de girasol al que trataría de distintas maneras buscando la mejor combinación para disminuir, o bien aprovechar, todo el gas contaminante que soltaba.

Se le olvidó por completo el asunto de no explotar cosas en la casa. Mipple procuraría que al menos lo hiciera en la escuela recordándole que ahí había más espacio y tendría más herramientas y materiales a su disposición. Le propuso hacer todas las anotaciones en casa y trabajar en el aparato en la escuela. Para fortuna de todos, Honoka aceptó.

Y mientras Honoka planeaba tener un intenso fin de semana trabajando en la parte inicial de su proyecto de verano, Nagisa y todo el equipo de lacrosse femenil iban directo a las hermosas montañas de Hinohara. Se quedarían en un onsen en el que ya era tradición hospedarse. Entrenarían en las montañas y aprovecharían algunos espacios planos que la misma naturaleza cedió para poder tener algunos partidos relámpago. Nagisa de entrada sabía que sería difícil pero daría lo mejor de sí. Quizá la parte difícil sería no poder mandarle al menos un mensaje a Honoka, desde el autobús la entrenadora les dejó claro que nada de estar con los teléfonos, de hecho ella los tendría en vigilia constante y serían usados en caso de emergencia. Solo podrían cargarlos cuando fueran a correr por la montaña. Les ha pasado que alguien se les perdía y no tenían manera de localizarle, solo para eso podían llevarse los teléfonos.

A Nagisa no le gustaba romper tanto las reglas, pero era una verdadera ventaja que su teléfono en realidad fuera su compañero mágico y éste pudiera moverse libremente cuando le quitaran los ojos de encima. Además debía cuidar de él, Mepple no podía activar la aplicación de Ompu por sí mismo, tampoco podía tener a un "peluche" con ella a la hora de la comida, seguramente se lo quitarían para que no se distrajera. Se aseguró de darle de cenar a Mepple antes de que saliera el autobús, esa noche solo llegaron a instalarse en sus cuartos y a dormir.

La primera noche no hubo novedad, salvo que todas se acomodaron a capricho en los cuartos, seis personas por cuarto máximo, Nagisa pudo quedarse en el mismo cuarto con Chika, Fumiko y Kaede. Las otras dos chicas ahí se llevaban bien con ellas, con todas en realidad, así que solo tuvieron una pequeña guerra de almohadas antes de que la entrenadora las atrapara. Durmieron temprano esa noche.

Su día comenzó desde las seis de la mañana para ejercicios físicos como flexiones, saltos de cuerda, estiramientos, sentadillas y demás rutinas de resistencia. No había aparatos de gimnasia, trabajarían con lo que el bosque les ofrecía. Y eso solo era el calentamiento de la mañana. Luego del ejercicio matutino tenían una hora para desayunar y Nagisa aprovechó una escapada al baño para encontrarse con Mepple y poder darle su desayuno. El héroe comió tan rápido como pudo antes de que ambos tomarán su camino de regreso a donde debían estar: Nagisa en el comedor alimentándose bien, y Mepple sobre la mesa de estar del cuarto de la entrenadora Matsudaira junto con los otros teléfonos.

Ese sería un fin de semana emocionante, pero si algo extrañó Nagisa de inmediato fue tener a Honoka en sus brazos en sus horas nocturnas. De hecho durmió y amaneció abrazando la almohada y era tonto extrañarla tanto a esas alturas del asunto, ¡solo llevaban doce horas separadas, por todos los dioses! Debía aguantar, tenía qué hacerlo. Rápidamente supuso que su ansiedad era porque no podrían ni mandarse mensajes. Esos campamentos eran para concentrarse en lo que debían hacer.

Tuvo que reñirse a sí misma para mentalizarse y no distraerse de su trabajo, ¡tenía que ser la mejor atacante del equipo y lo haría! Quería sentir orgullo de sí misma por su esfuerzo, y hacer sentir orgullo a sus más cercanos. Con eso en la cabeza pudo seguir con su entrenamiento.

Luego del desayuno tuvieron una hora de clase teórica en lo que hacían digestión. El siguiente ejercicio era correr en los alrededores del pueblo por una ruta ya marcada que al menos las superiores conocían. Y eran las superiores quienes guiaban en pequeños grupos a las demás por los alrededores del pueblo. No eran las únicas, por cierto, otros equipos de la Gran T estaban ahí entrenando por igual, sobretodo los equipos de artes marciales, que eran el orgullo de toda la universidad.

Para pasada el mediodía, Nagisa estaba mejor concentrada y el resto del viernes pudo hacer todos los ejercicios que les tocaban hacer. Muchas de sus compañeras estaban severamente agotadas para la tarde, pero no ella, podía resistir un poco más.

─Nagisa, de verdad espero que tu piso esté en pie para cuando regreses ─bromeó Fumiko mientras trataba de bloquear a Nagisa y evitar que se acercara a la portería resguardada por Chika─. Por lo que nos has contado, Yukishiro es todo un caso ─rió con lo último y le dio un fuerte empellón a Nagisa para tratar de alejarla, pero de nuevo ella hacía esa molesta técnica de rodar, plantarse firme y levantarse de un salto como impulsada por un resorte. Intentó detenerla pero Nagisa dio ese gran salto tan característico de ella y soltó un potente tiro que Chika detuvo con una pierna. Y se notó que le dolió pese a tener los protectores.

─Demonios, Nagisa, parece que disparas la pelota con un rifle ─se quejó la porteraentre dientes y lanzó rápidamente la pelota a Kaede─. ¡Platicando y jugando, vamos!

Nagisa y Kaede corrieron por lo largo de su espacio mandando pases y tiros la una a la otra para tratar de pasar a la defensa. ─Prometió no explotar el apartamento, con suerte no rompe la puerta o una ventana ─dijo Nagisa entre risas y dio una zancada para atrapar el pase que Kaede dio demasiado largo a propósito, así era el ejercicio─. Si me quedo sin casa, les aviso ─rió y regresó el pase.

─¿Qué te parece si salimos de nuevo antes de que vayan a su ciudad a ver a sus familias? ─propuso Kaede y lanzó ahora un tiro torpe y corto como marcaban los ejercicios, Nagisa tenía que tratar de atraparla antes de que la defensa contraria lo hiciera─. Vayamos a la misma cafetería.

─Le encantará la idea, lo sé, se lo diré llegando y les mando mensaje esa misma noche ─respondió Nagisa con una sonrisa enorme, recuperó la pelota antes que Fumiko y corrió cual flecha hacia la portería, ésta vez ni la defensa ni la portera pudieron detener su siguiente tiro y subsecuente gol. Solo celebró con un grito antes de volver al ejercicio. Sabía que eran observadas por las superiores, pero no pensaba demasiado en ello, solo se concentraba y se divertía.

─Por cierto, Nagisa, debes tratar de no hablar en sueños ─dijo Kaede con un gesto divertido─. Decías cosas raras en la mañana, por suerte Ayaka y Jun ya no estaban en el cuarto, pero nombrabas mucho a Honoka ─se lo dijo en voz baja, claro─. Y lo demás no se entendió pero se notaba que estabas contenta ─y rió con diversión al igual que las demás, Nagisa se había puesto muy roja por culpa de la revelación. No dejaban de jugar.

Nagisa ni siquiera sabía qué decir, no había manera de defenderse a eso. ─De acuerdo, lo intentaré, ¡rayos! ─y su gracioso nerviosismo la hizo correr más rápido.

Era obvio para las demás que extrañaba a su compañera, su novia, vaya. No la culpaban pero no querían que se hiciera un escándalo con las demás. Cuidarían de Nagisa lo más que pudieran, pero era complicado si la susodicha hablaba dormida. Por su lado, así tuviera que morder la almohada, Nagisa trataría de no ser tan descuidada. Quizá sería más fácil si pudiera leer al menos un mensaje de ella, o si antes de dormir pudiera ver esas lindas fotos que tenía de Honoka, pero no podía.

La hora de comer y cenar vio de nuevo a Nagisa y a Mepple colándose entre pasillos para reunirse y alimentar al héroe. Antes de la ducha harían una pequeña excursión a las montañas y ahora sí podría llevar a su compañero consigo. Había solo un mensaje de Honoka avisando que el apartamento estaba entero y que la echaba de menos. Era todo, Mepple se lo dio a saber mostrando el mensaje discretamente mientras Nagisa se alistaba para el paseo en la montaña. La actividad era simple, llegar al templo en la cima, orar al dios de esa montaña para tener siempre las fuerzas de seguir adelante y volver a bajar apenas todas estuvieran reunidas.

Nagisa encontró particularmente lindo el paisaje, además había luciérnagas, eran hermosas. Se alumbraba con ayuda de una lámpara de mano. Iba con sus amigas y pronto sintió como si algo le llamara, como si algo le tocara el pecho con cálido tacto. Tragó saliva, no pudo resistir el impulso de bajar el ritmo de su paso hasta quedarse más atrás, sus amigas notaron eso, pero solo asintieron y se adelantaron. Sabía que ellas le estaban dando la oportunidad de romper un poco las reglas. Sentía que si podía hablarle al menos se quitaría de encima ese deseo de nombrarla en sueños. Tomó a Mepple en manos y éste se prendió de inmediato. Era una videollamada, era Honoka quien justamente le llamaba.

Se escondió en un hueco entre varios árboles fuera de vista para responder, y cuando lo hizo notó que estaba oscuro del otro lado. ─¿Honoka?

─Aquí estoy, ¿no es mal momento? ¿No hay nadie cerca, verdad? ─preguntó Honoka pero sin encender una sola luz, incluso hablaba bajo─. Solo... Lo siento, tenía deseos de hablar contigo y no pude contenerme.

─Entonces... Entonces fuiste tú quien me llamó de esa manera, lo sé, porque se me aceleró el corazón ─dijo Nagisa entre pequeñas risas nerviosas, la oscuridad no dejaba que se viera su sonrojo─. Estoy en una caminata en la montaña, estoy sola de momento y bien escondida, podemos hablar. ¿Porqué está oscuro allá? ─y por respuesta, Honoka encendió la luz de la lámpara a su lado. Nagisa casi se atraganta con su propia saliva.

Honoka estaba desnuda. Nagisa sintió su cuerpo encenderse, más al ver que comenzó a tocarse a sí misma.

─Solo... Solo te echo de menos, pensé que... Con un poco que te viera sería... Sería suficiente, y cuando me di cuenta ya estaba desnuda ─se dejo llevar, solo lo hizo.

─No puedo... No puedo quitarme la ropa como tú, pero... Pero... Déjame verte.

Y la imagen de Honoka masturbándose en cámara para ella hizo que su cuerpo se sintiera derretir y no por el calor de verano, no pudo resistirlo y metió su propia mano entre su uniforme para aplacar ese deseo propio. Podía escuchar los suaves gemidos de Honoka mientras sus dedos recorrían todo su cuerpo, entre sus piernas y sus pechos. Ella misma se atendía entre las piernas con sus propios dedos imaginando que era su linda Honoka quien la tocaba, su preciosa Honoka que gemía su nombre. Tal vez no era lo mismo, pero verse mutuamente estaba resultado ser muy, muy enervante.

Fueron minutos solamente, solo un poco para quitarse las ansias mutuas, suficiente para sentir un orgasmo que Nagisa calló entre dientes y Honoka dejó escuchar. Nagisa vio a Honoka caer en la cama con la respiración agitada. Ella misma sintió las piernas débiles mientras sacaba la mano de su uniforme. Suspiraron al mismo tiempo y pudieron verse las caras, ya era momento de colgar.

─Demuéstrales quién manda, mi poderosa Black ─dijo Honoka con un lindo gesto, uno sonrojado y sin moverse de esa posición tumbada de costado en el futón, sonrojada y con su cabello como la noche más oscura esparcido a capricho sobre el futón─. Te amo.

─Y yo a ti... Nos vemos el domingo para terminar éste asunto ─y eso era una promesa, no una amenaza─. Gracias por llamarme.

─Gracias por responder... Ve, Nagisa ─se sonrieron una vez más y finalmente colgaron.

Nagisa tuvo que buscar alguna fuente de agua para lavarse las manos al menos y poder alcanzar a sus compañeras en la cima. Y como si de un mágico remedio se tratase, el resto de su tiempo en el campamento lo pasó sin esa ansiedad en el cuerpo y sin hablar entre sueños. Honoka también pudo dormir, la primera noche sin Nagisa no pudo conciliar el sueño y se dedicó a leer hasta entrada la madrugada.

Ese fin de semana pasó de mejor manera para ambas gracias a ese pequeño escape.