AVENTURAS EN TOKIO

XLV.

Sus días se iban unos tras otros con la suavidad de una brisa y la calidez del Sol entre Verano y Otoño. Era como un hermoso sueño pero mil veces mejor, porque al despertar estaban en brazos de la persona que más amaban y podían besarse en el amanecer y en el anochecer. Las cosas prometían ser mejores el siguiente año, Nagisa estaría en el equipo estrella con su beca completa y tendría algo más de dinero disponible, quedaron en conseguir un sitio más grande pero sin que se enteraran los padres de Honoka. La joven científica quería demostrarles que podía conseguir las cosas con sus propias manos así como ellos lo hicieron en sus años mozos. Y Nagisa quería demostrarles a ellos, a sus propios padres también y a ella misma, que podía ser capaz de apoyar a su pareja, de ser independiente y autosuficiente. Ambas sabían lo que la otra buscaba con ese nuevo proyecto. Y les emocionaba cada vez más la idea de lograrlo.

Los cumpleaños de Nagisa y de Shougo pasaron sin complicaciones qué lamentar, o de las cuáles burlarse en todo caso, fue comida y canto hasta entrada la noche. En el cumpleaños de Shougo al fin tuvieron la oportunidad de conocer el sitio donde los chicos vivían y era un desastre. Era más amplio que su propio apartamento, lo esperado cuando vivían en una casa normal, pero se sentía tan de ellos e incluso pasaron la noche ahí. Por las fechas los taxis estaban cobrando demasiado y las chicas ya no alcanzaron el tren. Ellos no querían que se fueran tan tarde a casa y las invitaron a quedarse, solo para jugar juegos de video hasta entrada la madrugada y dormir solo un par de horas antes del amanecer.

La Navidad la pasaron en Tokio con sus amistades, el Año Nuevo decidieron estar con sus familias en una agradable reunión en la casa de los Yukishiro, que era más grande y podía albergar no solo a la familia de Nagisa, si no a la de Hikari. Y sí, solo por hacerlas desatinar, presentaron a sus hijas de la manera tradicional en que hacen los padres de los futuros esposos, resaltando la torpeza de sus hijas y asegurando que mejorarían.

─¿Qué pediste de deseo, Hikari? ─preguntó Honoka a su rubia amiga. Iban de regreso a casa luego de pedir sus deseos de Año Nuevo en el Templo de Wakabadai. Era bastante temprano aun pero ya había mucha gente como era la costumbre en esa celebración.

─Deseé que toda la gente que amo tenga otro año de salud y abundancia ─respondió la aludida con una sonrisa, en sus manos sostenía el amuleto de la buena suerte que le salió para ese año, estaba muy feliz. Caminaba entre sus dos amigas. Decidió ir con sus amigas mayores, Akane y Hikaru irían por su cuenta en la hora de menos frío.

─Tan dulce como siempre, Hikari ─una feliz Nagisa rodeó el cuello de la más joven con un brazo─. Yo pedí por buena fortuna éste año ─dijo la deportista con una sonrisa amplia. Notó el gesto curioso de Hikari ante sus palabras─. ¿Qué pasa?

─Imaginé que pedirías por algo como seguir siempre con Honoka o algo respecto al amor ─en los programas y mangas que consumía, los enamorados solían pedir por cosas así. Notó una sonrisa en sus amigas mayores.

─Eso es algo que conseguiré con mi propio trabajo, no por la gracia de los Dioses. Los Dioses no ayudan a los que no trabajan ─anunció una orgullosa Nagisa. Una orgullosa y sonrojada Nagisa, cabría agregar. Honoka estaba igual de ruborizada.

─Yo pedí lo mismo, lo que pueda hacer por mi propio esfuerzo, ya sea en el amor o en los estudios, lo haré también con mis propias manos ─Honoka confirmó las palabras de Nagisa y se miraron la una a la otra con visible alegría.

─Ah... Ustedes... ¡Ustedes dos son geniales! ─exclamó Hikari con emoción y se colgó dl brazo de cada una en señal de gran alegría. Nagisa y Honoka rieron junto con ella y finalmente llegaron a una zona más despejada. Acompañarían a Hikari de regreso al Tako Café, pero antes de eso querían ir por algún bocadillo, salieron sin desayunar y querían pasar juntas ese rato.

─Por cierto, Hikari, ahora que las dos somos mayores de edad, estamos en nuestro derecho y obligación de darte esto ─Honoka dijo aquellas palabras con mucha propiedad y asintió a Nagisa, que estaba graciosamente seria por igual. Cada una sacó un sobre adornado con motivos de Año Nuevo y un lazo rojo y se lo dieron.

─Es tu dinero de Año Nuevo, no es mucho, pero teníamos muchas ganas de hacer esto como adultas, juntas ─Nagisa estaba contenta, y más feliz se puso al ver el gesto de sorpresa de su rubia y joven amiga.

─Ah... Esto ─Hikari miró ambos sobres, luego a sus amigas y volvió a abrazarlas─. ¡Muchas gracias!

─Tenemos uno para Hikaru y otro para Ryouta, ¿verdad? ─Honoka miró a su compañera y ésta asintió con toda la propiedad de adulta que pudo reunir─. Pero te lo queríamos dar a ti primero.

─Me siento feliz por esto, pero cuando sé que están justas en gastos ─murmuró Hikari, pero no tuvo tiempo de apenarse más, las vio sonreír.

─Ya estoy en el equipo principal de lacrosse con una beca completa, Hikari ─explicó Nagisa con orgullo─. Y conseguí trabajo en horario vespertino en el local de ramen, ya sabes cuál.

─Oh, donde estuvimos comiendo y pidiendo cuando las visité en Verano, ¿verdad?

─Justo ahí ─continuó Honoka con alegría. Su linda Nagisa estaba avergonzada por no tener un trabajo como los demás y se presentó la oportunidad de la nada─. El chico que trabajaba en ese turno se fue, estábamos cenando ahí cuando la pareja de ancianos que atiende comentó eso ─rió un poco antes de contar lo demás─. Y Nagisa de inmediato les pidió trabajo y hasta dijo que tenía una bicicleta para ayudarse en los repartos.

─No podía desaprovechar la oportunidad, fue como si algo me llamara ─dijo Nagisa entre risas─. Y me alegra haberlo hecho, siempre guardan y me dan dos tazones de ramen al final del turno. Desde ese día cenamos ramen todas las noches, ¿verdad, Honoka?

─Me alegra hacer ejercicio o subiría de peso.

Hikari ya no sabía qué más hacer para demostrar lo orgullosa y admirada que estaba, volvió a colgarse de los brazos de sus amigas para caminar juntas aunque fuera de manera torpe, pero no se les despegaría hasta que realmente fuera necesario. ─¿Entonces pronto se mudarán a un nuevo apartamento? ─sonrió de feliz manera al notar un sonrojo en ambas.

─Ya encontramos un sitio ─Honoka fue la primera en responder─. Es muy cerca de donde vivimos actualmente. La renta es poco más del doble del que se paga en donde vivimos, pero ya hicimos cuentas y podemos cubrirlo.

─Con las becas y los trabajos que tenemos nos alcanza, será complicado pero lo vale ─la deportista estaba contenta con ese plan. Se iban a mudar a principios de marzo cuando se acabara el año de renta que ya estaba pagada. Y como habían sido muy buenas inquilinas les iban a devolver su depósito completo─. Ya no tendremos que quitar la mesa para poner el futón. ¡Es genial! Tiene un dormitorio, un balcón, la sala comedor y el baño tiene lavadora. Y la tina no es tan estrecha ─ya podrían estirar las piernas un poco más dentro de la tina. Y meterse juntas cuando quisieran.

─Cuando vayas de visita tendremos un mejor sitio para recibirte, Hikari ─agregó Honoka con una sonrisa.

─Puedo visitarlas de nuevo en Verano cuando ya estén bien acomodadas en su nuevo apartamento ─y antes de que alguna lo mencionara, la rubia asintió con propiedad─. Ni una sola palabra de esto a Akane ni a sus padres, lo sé. Será una gran sorpresa cuando lo sepan.

─Queremos que vean que somos independientes y responsables ─Nagisa quería demostrar que podía estar con Honoka sin ser una carga financiera, que su trabajo en equipo era real y ella estaba muy comprometida con esa relación.

Honoka pensaba lo mismo que Nagisa, ambas estaban metidas en eso, estar enamoradas y en pareja no se trataba de darse besos y arrumacos todo el día y contemplar el horizonte. ¡No, señor! Era trabajar y vivir juntas, en equipo, y eso estaban haciendo. ─Grabaré el primer partido de Nagisa en el equipo oficial y te lo mandaré, Hikari. ¡Oh, cierto! Éste año comenzarás a prepararte para tu examen de ingreso a la universidad, ¿verdad?

─Sí, la misma a la que asistió Akane. Estudiaré mucho éste año ─con semejantes modelos a seguir, Hikari quería trabajar mucho y que se sintieran orgullosas de ella también.

─Puedes ir a casa con mi familia a pedir mis anotaciones de tercer año, las materias siguen siendo las mismas, ¿verdad? Todas mis libretas están guardadas, puedes usarlas como guías de estudio si quieres ─guardadas no eran de mucha ayuda, estaba segura que le serían de mucha utilidad a su joven amiga y a las amigas de ésta.

─Muchas gracias, Honoka. Pasaré por ellas. ¿Está bien si hacemos una videollamada cuando no entienda algo? Te mandaré mensaje antes para no interrumpir nada.

─Por supuesto, sabes a qué horas estoy libre, te ayudaré en lo que pueda.

─Yo ayudaría también, pero ya olvidé todas las lecciones de tercero ─Nagisa se echó a reír. Sus clases más frescas eran las de la universidad y esas sí le gustaban. Había números y fórmulas pero de una manera práctica que sí entendía y que sí le interesaba aprender.

Entre pláticas y más, el trío volvió a casa a seguir con las festividades propias de Año Nuevo. Le dieron su dinero de Año Nuevo a los chicos y prometieron juntar también para las amigas de Hikari. Era cierto que estaban apretadas en gastos, pero ese año de renta pagada les ayudó a guardar dinero en los últimos meses. Dinero que guardaban, dinero que no tocaban. Sacarían una cuenta bancaria compartida, era el plan, pero ese dinero que estaban guardando era para el depósito y las primeras rentas de su nuevo apartamento. Una vez estuvieran acomodadas, organizarían mejor sus gastos y abrirían su cuenta de banco. Era el plan.

Y aunque lento, su plan se fue cumpliendo paso a paso.

A finales de Febrero e inicios de Marzo terminaron el contrato de su primer apartamento en Tokio y comenzaron la mudanza para el nuevo... Que estaba a un par de calles solamente. Fujimura y Kimata se prestaron para ayudarles a mover todo. No tenían mucho y sus muebles y electrodomésticos eran más bien pocos, ventajas de vivir en una caja de zapatos. Y ahora lo que tenían se veía tan poco en su nuevo piso.

Se trataba de un edificio más antiguo pero más amplio a comparación del anterior. El techo era una zona compartida llena de flores para uso de todos los inquilinos. Les tocó en el último piso y aprovecharon los días que les quedaban de vacaciones de Invierno para acomodar todas sus cosas y construir libreros nuevos a medida de sus muros y algunos muebles. Quedaron casi en ceros (salvo lo guardado) luego de hacer sus primeros pagos de todos los servicios en el nuevo apartamento, pero oficialmente se habían mudado a un sitio nuevo.

Lo hicieron.

Los chicos fueron a visitarlas para celebrar y ayudaron a su modo llevando comida y bocadillos, sabían que de nuevo estaban cortas de dinero. Los dueños del local de ramen también les regalaron comida a las chicas como felicitación por su nuevo apartamento. De hecho ahora vivían enfrente del trabajo de Nagisa. Un par de calles más se agregaron a su rutina diaria de trote.

Nagisa ya conocía todo el barrio, así que podía hacer las entregas de manera rápida y efectiva en su bicicleta. Le ayudaba a mantenerse en forma. Honoka ya tenía una fama muy decente en los alrededores y trabajos de reparación no le faltaban un par de veces por semana, además, ayudaba con trabajos de programación en su mejor modalidad de "freelance". Le era más cómodo a decir verdad, no tenía necesidad de cumplir con un horario, solo entregar los encargos a tiempo. La paga no era para presumir pero sí la suficiente para un trabajo que le era relativamente sencillo y que le llevaba poco tiempo.

El frío propio de finales de Invierno las obligaba a tener todo cerrado, debían ahorrar en calefacción pero no era complicado cuando tenían el calor mutuo para ayudarse. Y tal como Hikari lo visualizó en el anterior apartamento, y lo vería apenas las visitara en el nuevo, su actual hogar pronto se llenó de la energía y calor que ambas producían, no se sentía tan frío con el paso de los días. Incluso Mepple y Mipple tenían su propio pequeño futón cerca del closet. El mismo paso del tiempo y esa energía de amor de sus protegidas les ayudaba mucho a ellos a tener fortaleza para resistir más tiempo en su forma física original.

Cuando inició el nuevo año escolar ya estaban perfectamente instaladas en su nuevo piso, no tenían una sola caja pendiente por desempacar. Honoka estaba feliz porque ya tenía más espacio para libros, y Nagisa estaba feliz por que tenían un pequeño sofá-cama en el espacio que dispusieron para la televisión, juegos y películas. Los chicos se los regalaron, era usado, pero Honoka le dio unos ajustes, entre ambas lo lavaron y tapizaron con materiales nuevos. Era perfecto para cuando tuvieran visitas. Y también cuando tuvieran deseos de trasnochar en la sala de su nuevo piso.

Aun no era suficiente espacio para tener una mascota, Honoka sabía eso así que no insistió en el tema, ya habría un tiempo y un lugar para eso. Además, con ambas ocupadas en trabajos y estudios y en tiempo de calidad juntas, no tendrían tiempo para una mascota. Estaban bien justo como estaban. Nagisa tampoco insistió en el asunto de la mascota, eso sería para más a futuro.

Las clases del nuevo año escolar trajeron consigo cursos sabatinos para Nagisa y el laboratorio libre para Honoka. Ésta última planeaba dar rienda suelta a todo lo que tenía dentro de su brillante cabeza. Nagisa temía que Honoka rompiera sin querer el récord de desastres en el laboratorio.

─¿Nerviosa? ─preguntó la científica con una sonrisa, justo terminaban de cenar y notó a su compañera extrañamente callada. No la culpaba.

El día siguiente era Domingo, su debut en el equipo estelar de lacrosse femenil de la Universidad Deportiva Takushoku: las feroces Archers. Su uniforme plateado con bordados y estampados en punta de flecha daban a saber su estilo de juego: veloz, certero y letal. Nagisa estaría en la alineación principal, ni siquiera calentaría la banca. Por cierto, solo ella fue llamada por la entrenadora para el equipo principal, sus amigas no, pero a ellas no les molestó seguir en el equipo de reserva. Eventualmente la alcanzarían, lo sabían. Ninguna de las tres negaba el talento latente que tenía Nagisa.

─Un poco ─la jugadora terminó su ramen y de inmediato fue a lavar su tazón. Su tono de voz la delataba. Se sintió feliz cuando fue llamada para la prueba y también cuando la pasó, pero era momento de demostrar de qué estaba hecha, y ésta vez era de verdad, estar en una liga universitaria era importante─. ¿No crees que me eligieron muy pronto?

─La entrenadora tiene buen ojo para esto y seguro que no solo ella decidió hacerte la prueba, también las chicas del equipo principal. No lo hubieran hecho de no saber que tienes lo que se necesita para mejorar el equipo ─Honoka terminó su cena también y ayudó a limpiar lo que faltaba. Nagisa debía presentarse temprano en la universidad para salir junto con el equipo al campo de sus oponentes. Jugarían como visitantes. El partido se transmitiría por una televisora local y varios medios de internet y revistas.

Dormirían temprano para que Nagisa descansara como era debido. Honoka ya sabía cómo animarla y cuál era la mejor manera de quitarle los nervios, no sería la primera ni la última vez que lo hacía, pero ésta ocasión sería extra dulce con su Nagisa.

─Muchas gracias por ir a verme al partido, Honoka, escucharte me ayudará mucho ─sintió un beso en la mejilla que la hizo sonreír.

─No me perdería tu debut en la liga universitaria de lacrosse, Nagisa ─Honoka le dio otro beso y le habló al oído─. ¿Me dejas consentirte ésta noche? Deja que yo me encargue de todo. Algo suave para no desvelarnos, quiero darte mi energía no solo con mis manos ─dijo con un tono bajo, ronco y enamorado, rozando la oreja de su novia con sus labios. Sonrió por dentro al notar el escalofrío de cuerpo completo de su novia.

Nagisa sintió la cara arder y rió de torpe manera. Sus nervios mágicamente desaparecieron. ─Me... Me encantaría.