No puedo creer que no entro por aquí desde Abril del 2017; perdón enserio, estaba super ocupada pero ya estoy libre. Les cuento que ya acabé mi carrera ¡Me gradué en Negocios! Ahora tengo más tiempo libre para poder escribir y poder terminar mi historia. Siempre leo sus mensajes, sé que en mis capítulos anteriores había faltas de ortografías y la verdad fue sin querer ya que escribía rapidísimo desde cabinas de internet y subía los capítulos rápido porque después tenía que trabajar o realizar tareas. Ahora todo será diferente.
¡Los amo y comencemos!
Capítulo 14: Realeza
Sesshomaru estaba ansioso, no lo quería admitir. Desde que recibió la respuesta de Kagome, no podía dejar de pensar en ella. Ya pasaron los tres días que prometió en venir, esperaba que no tenga dificultad en su regreso. También quería ver a su hijo, según su general el príncipe se encontraba sano y fuerte.
Pensando en su hijo, se acordó de Aiko, últimamente estaban activos sexualmente. Ella quería quedar preñada, se daba cuenta porque siempre olía a hierbas los cuales sirven para concebir. Lo que no sabía ella es que el único heredero a la corona occidental será su hijo Kameromaru, hijo de Kagome y el.
Los otros Señores ya estaban hospedados en su palacio, a la espera de la Miko. Ella estaría en sus tierras hoy.
Aiko por su parte estaba arreglándose para el recibimiento de la humana. Tenía que ponerse un vestuario digno de una reina y demostrar su poder frente a ella.
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En los últimos días, Kagome estaba muy ocupada, el pueblo por el momento estaba a salvo con su campo de energía, sin embargo, no dejaba de preocuparse en que algo más vendría. No sabía cómo estaban las otras aldeas del país. Sabía que era necesario la reunión con Sesshomaru. Eso sin embargo no dejaba de hacerla sentir mal; tendría que volver al lugar donde sufrió tanto, pero era necesario. Además, Sesshomaru ya no maneja su corazón, ahora puede pensar con claridad y puede vencer sus temores.
Inuyasha la acompañaría al Oeste, no quería llevar y exponer a su hijo, pero sabía que era necesario, ya que Sesshomaru lamentablemente era su padre y suponía que él quería verlo.
No sabía si debía estar vestida para su encuentro con un kimono elegante o con un traje de sacerdotisa, lo que, sí sabía era que tenía que demostrar su rango y poder, nunca más nadie podrá tratarla mal, nadie más podría humillarla.
Al final decidió ponerse un traje de sacerdotisa, uno de seda donde se muestre su estatus, además su armadura, espada y arco.
El traje que llevaba era como ella, prístino, elegante, decorado con pequeñas mariposas plateadas en las mangas, definitivamente hermoso.
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Qiang se preparaba para el recibimiento de la Antigua Señora del Oeste, se preguntaba porque Sesshomaru tomó otra esposa. Había escuchado que la antigua esposa de Sesshomaru era hermosa, fuerte y madre de su único hijo.
La actual Reina de Occidente, Aiko era bella, amable, será que simplemente Sesshomaru se enamoró de ella?
Él ciertamente aún no podía olvidar a la belleza de ojos azules que conoció en el bosque.
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El viento calmaba su temor, sus nervios, su corazón.
Ahora no era momento de pensar en sus propios temores, era momento de pensar en el bienestar de su pueblo, de su país. Algo malo acechaba Japón y tal vez el resto del mundo.
-Estás hermosa Kagome-chan, durante todos estos años he admirado en la mujer que te convertiste.- expresó Sango.
-A pesar de todo… me siento agradecida con el destino por traerme a este mundo, si no me hubiera caído en el viejo pozo del santuario en el que vivía, no hubiera podido conocer a personas maravillosas como tu, Miroku, Shippo, Kaede, Inuyasha. Son mi familia y pasaría mil veces todo el sufrimiento que viví por tan solo conocerlos nuevamente.
-Anda y demuestra a esos demonios quien eres- abrazo Sango a Kagome.- Siempre, siempre contaras con esta familia.
-Ya es hora Kagome, el carruaje está listo- dijo Inuyasha acercándose con Kameromaru.
Soldados del Oeste se formaban para proteger el carruaje donde estaría la Sacerdotisa madre del hijo del Señor Occidental y el heredero al trono. Tendrían que volar porque ir por tierra sería demasiado peligroso, todo estaba podrido.
Al viaje empezaba, Inuyasha protegiendo a Kagome y su sobrino.
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En el despacho de Sesshomaru, los señores y generales reunidos a la espera de la sacerdotisa de Shikon.
-Crees que nos ayude Sesshomaru?- preguntó el Lord del Sur- mirando como este se tensaba al solo mencionar algo referente a la miko.
-Lo hará- expreso seguro.
-Estás tan seguro de ella Sesshomaru- aseguró el Señor del Norte - tienes tanta Fe en su corazón- se burló.
-Tan fuerte fue tu amor por la Señora Aiko que decidiste dejar una mujer tan fuerte como la madre de tu hijo Sesshomaru?-preguntó el Señor del Sur.
En el momento en que iba a responder Sesshomaru abre la puerta Yaken - Amo, ya llegaron. Entrarán por la sala del trono y serán anunciados-.
No quería admitirlo pero se sentía nervioso, tan nervioso como en la noche en que Kagome trajo al mundo a su hijo. Sin embargo, tenía que guardar la apariencia.
Mientras caminaba hacia la sala del trono, se preguntaba ¿cómo estaría ella?, ¿como estaba su hijo? ¿han podido perdonarlo?. Veía como todos los señores y sus compañeras estaban entrando a la sala principal. Aiko ya estaba sentada a su espera. Los ancianos del consejo también se encontraban reunidos. Está reunion seria muy importante para poder salvar a su especie de esta enfermedad que ataca la tierra.
Podía oler el maravilloso aroma de Kagome al otro extremo del pabellón donde se encontraban todos, podía sentir su inmenso poder. También podía sentir a su hijo, tan fuerte como su madre y el.
Es el momento pensó Kagome, miro a Inuyasha y él entendió el mensaje. Era el momento de entrar - Anuncien nuestra entrada de una buena vez- dijo Inuyasha al General de Sesshomaru.
Las puertas de la gran sala se abrieron, ingresando Yaken.
-Mis señores, con ustedes la Sacerdotisa de Shikon con su hijo el príncipe y heredero al trono de Occidente e Inuyasha descendiente del Clan de Setsuna y segundo príncipe de Occidente.
Los generales del Oeste se formaron en dos filas para acompañar a Kameromaru y su madre, en medio de estas ingresaba Kagome con su hijo agarrado de la mano con su hijo. Mientras que Inuyasha estaba detrás de Kagome y su sobrino con la espada en mano, caminando erguido, sin miedo, con seguridad porque todos estos cabrones son un par de imbeciles para el. Kagome le daba fuerza para todo, ella era la luz que faltaba en su vida.
Sesshomaru y todos en esa sala se impresionaron al ver entrar a aquella mujer que llegó a palacio tan insegura de sí misma, que con el pasar del tiempo estaba envejeciendo y su vida se iba apagando.
Lo que veían ahora era una guerrera, una mujer feroz, que dejaba su poder fluir como signo de advertencia. Veían una madre que protegía a su hijo. Ella iba vestida bellamente reflejando su estatus en la sociedad demoníaca, una sacerdotisa, un asesino peligroso. El príncipe de Occidente, un cachorro pero tan fuerte como sus padres, iba caminando al lado de su madre con sus finas vestimentas que reflejaba su rango. Y como no dejar de pensar en el mitad raza, hijo del General Inu no Taisho, tan descarado él entrando desafiante al palacio de su hermano.
Pero de todos en esa sala el más sorprendido fue Qiang. La hermosa mujer que vio hace tiempo no era nada menos que la antigua compañera de Sesshomaru. A pesar de la confusión que sentía no podía dejar de sentir algo en su alma, algo inexplicable que sentía él y su bestia hacia esa mujer.
Después de tanto tiempo, volver a caminar en el castillo de Sesshomaru, pensó Kagome. No miraba a nadie, su mirada estaba fijo en el estandarte de este reino.
-Sesshomaru- hablo Kagome. Sin ninguna formalidad, sin reverencia, sin ningún respeto por el, de igual a igual.
Mujer descarada - pensó el -Miko- respondió.
-Dejémonos de perder el tiempo y hablemos en tu despacho de los acontecimientos graves que están surgiendo- dijo Kagome dando media vuelta con su hijo, rumbo al despacho de Sesshomaru. La sala estaba atónita, cómo podría hablarle ella así al señor de los demonios. Aiko estaba sorprendida y disgustada porque su compañero no hacía nada por poner en su lugar a esa humana asquerosa.
Kagome mientras caminaba hacia el despacho, sentía todas las miradas sobre ella, la mayoría con miedo, otras con malicia, pero sentía que una de ellas que le transmitía curiosidad, algo que no podía identificar. Hasta que azul y jade se encontraron. No podían dejar de mirarse el uno al otro.
Es el demonio que encontré en el bosque- pensó ella.
No se dieron cuenta que unos ojos dorados miraban su interacción con furia.
