Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Imagen: Anciano vendiendo caramelos. Propuesta por HikariCaelum

(Imagen en mi perfil)

Coloreando bocetos

Capítulo VII. Mentiras dulces.

La ciudad es inmensa, a veces me pregunto cómo es que las personas caminan con tanta seguridad entre las miles de calles que existen. Yo solo veo un laberinto.

Todos están ensimismados, concentrados en el lugar al que tienen que llegar, todos, menos ella. Ella de nuevo esta ahí, frente al señor de los dulces, con esa cándida sonrisa y sus enormes ojos rojizos. A veces la veo en la escuela, acompañada siempre por un chico rubio y de ojos azules, como el dulce que sostiene en sus manos el día de hoy.

Su cabello corto y castaño siempre logra cautivarme, y si fuera por aquella sonrisa, juraría que tiene la misma edad que yo, incluso diría que es menor.

No importa cuántas veces vea esta escena, siempre me sorprende por la afabilidad y dulzura que transmite. Ella llega, con su mochila en la espalda, se inclina ante el mantel que despliega toda variedad de dulces y los observa. Sonríe al ver uno que haya conquistado su mirada, saca un par de monedas y se las entrega al anciano…, y acto seguido extiende la mano para darle también el dulce que recién compro. Después de eso simplemente susurra algo y corre al lado de aquel chico rubio que la espera pacientemente.

Hoy sucedió lo mismo.

Lentamente, me acerco al pequeño puesto de dulces donde todo parece detenerse cuando ella llega.

—¿Qué le dijo esta vez? —pregunto, paralizándome frente a él. Su rostro no refleja más que gratitud.

—Algo distinto —presiona con fuerza el dulce sobre su palma—. Escogió un dulce, lo pago y luego me lo regalo. Le pregunte porque los compra pero nunca los come, y respondió, con voz suave, tan suave que la confundí con el viento: «Es que, una vez que lo tengo en mis manos el antojo se va. Supongo que el dulce de esos ojos azules es suficiente para mí».

—Es una persona curiosa.

—Se parece a ti, Iori. No sabe hacer otra cosa más que inventar mentiras dulces para encubrir su bondad. Una bondad traslucida para ustedes, que parecen no darse cuenta de su existencia.

—Es una persona curiosa —repetí con ahínco, y sonreí—. Me voy a casa, no tardes mucho, abuelo.

Empecé a caminar, detrás de mí escuchaba las sonrisas silenciosas de mi abuelo, aquel que siempre se ilumina con la llegada de esa niña, y las mentiras dulces que crea solo para él.


¡Hello! Esta es la última viñeta que escribiré…

No, era broma, jeje, solo lo quería decir XD Am, pues, espero hayan disfrutado este capítulo y… Nada, no tengo mucho que decir.

Bueno, nos vemos en el próximo capítulo, por la misma página, no a la misma hora, ni en el mismo día :D

¡Mata ne! ¡Gracias por leer! :3