Disclaimer: Digimon no me pertenece.

Imagen: Beso robado. Propuesta por Carrie Summertime

(Imagen en mi perfil)

Coloreando bocetos

Capítulo XXIII. Cuando el cielo se sonroje.

Los días a su lado ya no eran suficientes, él quería más, cada vez más y más. Su cabeza sobre su pecho, sus manos rodeándola por la cintura, a punto de acallar el aliento ajeno… Pero de último momento, se arrepentía de todo y la dejaba ir. Ella le sonreía y en un ademán de despedida se alejaba. Él se resignaba y asentía con la cabeza.

Entonces, Yamato maldecía internamente el tener ensayo con la banda, y las prácticas de tenis de Sora.

Lo que a él le atormentaba, en realidad, era que, por mucho que la mirara con solemnidad, el rubor en sus mejillas no había vuelto a aparecer. Y él lo deseaba con tanto fervor que miedos incontenibles se apoderaban de su mente.

¿Qué tal si, por alguna palabra equivocada desgarraba el viento y derrumbaba el cielo? ¿Qué pasaría si daba un paso en falso y ella se alejaba?

—Yamato.

Y en cuanto escucho esa voz sus pensamientos se ofuscaron.

—¿Vas a tu practica? —dijo en tono serio, dedicándole una rápida mirada.

Sora se percató de la actitud de su novio, se acercó lentamente para darle un dulce beso en la mejilla y luego le tomo de las manos.

—Yamato. ¿Estás bien? —el tono afligido que empleó hizo que Yamato, de un momento a otro, sonriera solo para esos ojos que tanto adoraba.

—Estoy cansado, es todo. Me tengo que ir, y tú también.

Soltó las manos de Sora.

Él sabía bien que no le podía pedir más de lo que había hecho, una confesión no es algo fácil. El siguiente paso le correspondía a él, sólo a él.

Tal vez con lo que estaba a punto de hacer todo se arruinaría, pero no deseaba nada, tanto como ser el único dueño de esos suspiros que erizaban su piel hasta descomponerlo por completo.

Corrió hacía la chica que llevaba varios pasos de ventaja, y en un arrebato desesperado la tomo por el brazo y la hizo girar.

No era la primera a la que besaba, y aun así, fue como si lo fuera.

A Sora le sorprendió lo repentino de la acción. El corazón le latía con fuerza, y tal signo de vida desentonaba con la sangre que corría por sus venas, y que por un momento pareció dejar de circular.

Algo en el interior de Yamato le decía que estaba robando algo prohibido, el último aliento de una noche, o los primeros rayos del sol; no se decidía.

Mil piezas de rompecabezas que esperaban ocupar su lugar se estancaron aquella tarde.

Cuando la imagen de Yamato se tiño, nítida e imborrable, en su pecho, y su nombre se impregno en sus labios, acompañado de mil colores y sabores que siempre se quedarían con ella, y cuando él supo por primera vez lo que era poseer los labios de una persona cuando probó el mismo otoño eterno; el cielo se sonrojo, al compás de unas mejillas, sinuoso y altivo detrás de ellos.


¡La tecnología me odia! (¿), mi computadora está muy lenta, no puedo actualizar como quisiera :'( y mi celular está fallando… Después de contar mis desgracias, les cuento que cuando se me ocurrió el título pensé en Sora, me pareció una linda descripción para ella, y ya que había prometido un Sorato pues, he aquí el resultado no-bueno :D

¡Le dedico este capítulo a las fans del Sorato! En especial a Crystalina M y SkuAg (Gracias por tus consejos, Sku).

Espero la lluvia de tomates y calabazas podridas. ¡Gracias por leer!