Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a Juri . DP y esta historia fue beteada por la linda Karen Hikari del Team Beta Readers.

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Hinata se sentía horrible.

El día anterior por la noche había sido una experiencia caótica que dejó su cabeza palpitante y su cuerpo dolorido. Cuando se había despertado, Naruto y Neji la estaban mirando, llamándola por su nombre y abanicándola. Quería decirles que tenían que correr, pero le resultaba extraño que no estuvieran alertas. Si estuvieran en peligro, estaba segura de que los chicos lo habrían notado también.

Le habían hecho múltiples preguntas, pero ella no se sentirá segura e insistió en que Neji la llevara a casa. Su primo quería ahondar en el tema, pero lo había mirado suplicante. La tomó en sus brazos y se fueron inmediatamente, dejando a un confundido Naruto y a sus compañeros atrás. Neji le preguntó muchas veces qué había sucedido, pero no sabía cómo responder. Una parte de ella aún no sabía cómo explicar sus miedos irracionales, y decir que un desconocido de ojos rojos la puso en un genjutsu la confundían aún más, además era algo ridículo.

Pero tal vez tenía demasiado miedo de que él o cualquier otra persona estuvieran involucrados. Durante años, este mal sólo era una sensación que la envolvía, nunca lo había visto o encontrado de dónde provenía antes. Ahora no podía quitar la imagen de ojos rojos de su cabeza, y recordar la voz que escuchó le helaba hasta la medula cada vez que la recordaba. Era profunda y ronca, llena de anticipación y rabia. Estaba segura de que nunca la había oído antes, pero la forma en que la persona le habló, la hacía sentir como si esa persona la conociera.

Pero todavía no tenía sentido.

¿Quién hubiera sabido que la odiaba tanto? Nunca habían hablado con quien la atormentaba, entonces, ¿cómo fue que se convirtió en el objeto de su atención? Tal vez tenía algo que ver con los exámenes de Chunin. Tal vez alguien en aquel entonces se había sentido atraído por ella porque era una Hyuuga o porque era tan obviamente la protegida de todo el mundo. ¿Se había hecho a sí misma un objetivo? Si lo hizo, tenía que arreglarlo. Quien fuese la persona, había hecho su movimiento, por lo que tenía que mantener sus defensas. Tenía que estar lista para defenderse en cualquier momento... Pero todavía se sentía sacudida.

Cuando se hizo evidente que Hinata no iba a decirle nada útil, Neji llevó a un ninja médico para que la examinaran. Le hicieron más o menos las mismas preguntas que Neji le había hecho y curaron los rasguños que se había hecho. La ninja médico determino que Hinata estaba extremadamente fatigada y eso la puso en estado de reposo médico durante unos días. La mayor parte de su tiempo lo pasó recostada y no se le permitió hacer nada. La alimentaban, la bañaban, la vestían, y Neji mantenía una estrecha vigilancia sobre ella.

Hanabi y Ko la visitaban cada día.

Su padre envió a un sirviente para hablar por él.

Sentía que la atención constante era una táctica para conseguir que hablara acerca de ese día, que les dijera la verdad, pero se mantuvo callada dos días y dos noches.

Hinata se sentó en el borde de la cama, mirando a las estrellas y la luna. Un golpe vino de la puerta y se dio la vuelta.

—Adelante.

La puerta se abrió y Amu, uno de los ninja médico más confiables de los Hyuuga y también guardaespaldas, estaba en la puerta. A menudo mantenía los ojos cerrados porque prefería sentir y oír las cosas. Los ojos, se dijo, no eran fiables.

—Hinata-sama —se inclinó, su largo y oscuro cabello descansaba sobre uno de sus hombros— su padre ha solicitado que vea a algún ninja médico en el hospital para su posterior análisis.

—Ah —se inclinó hacia él, agarrando el borde de la cama con sus manos— pero... quiero decir, ¿es necesario? No hay nada malo en mí.

—Son sus órdenes, mi señora. Tenemos que salir de inmediato.

Se mordió el labio inferior, en conflicto.

—Bien —se bajó de la cama y se puso la chaqueta y los zapatos.

Ella no quería ir, pero si su padre estaba preocupado, debería hacerlo. Ella estaba en realidad un poco feliz que su padre mostrara cierta preocupación, incluso si él no podía mostrárselo directamente.

Amu se puso de pie, dando un paso fuera de la habitación para que pudiera salir, y deslizó la puerta detrás de ella. Hinata le siguió fuera del recinto en silencio, mientras se abrían camino al hospital. Ella sabía que causaba más problemas de lo que querían decirle, pero nunca espero obtener tanta atención. Era una heredera, pero se sentía más como una carga.

—¿Cómo te sientes?

Hinata alzó la vista, sorprendida de que Amu hubiera hablado con ella. Las únicas personas con las que conversaba activamente en su hogar eran Neji, Hanabi y Ko. Ella nunca hablaba con nadie más. Sin embargo, nunca había estado demasiado tiempo con Amu como para iniciar una charla.

—Estoy... bien. Gracias por preguntar. Siento que tenga que hacer todo esto.

—No es ningún problema. Su salud y seguridad son importantes para el clan Hyuuga.

—Um... s-sí —dijo en voz baja. El clan. Por supuesto.

—Por favor, respóndame Hinata-sama —Amu dijo después de un tiempo—. ¿Qué la llevó a esta desafortunada enfermedad?

Movió los hombros, incómoda, jugando con sus dedos índices.

—En realidad yo... n-no estoy enferma. Yo sólo... me desmayé. Eso es todo.

—Usted hace eso... mucho, ¿verdad? —él sonaba divertido.

Hinata se sonrojó; no era consciente de que él sabía sobre ella. Se río torpemente.

—U-un poco. Esta vez fue... diferente, sin embargo.

—¿Qué quiere decir?

Se debatió consigo misma. Se negaba a decirle a Neji lo que pasó, por lo que sería erróneo decirle a Amu. Sin embargo, Neji no era él mismo. Estaba demasiado dedicado a ella sin pensar en lo que era mejor para él. Tal vez ella quería decirle a alguien, pero no a Neji. Él reaccionaria de forma exagerada.

—Pensé... —tragó— me pareció ver a alguien... justo antes de desmayarme.

—¿Alguien que no reconoció?

—Estoy... no estoy segura. Esta persona tenía los ojos rojos y... y era malvado. Muy malvado.

Amu se quedó en silencio, pensando.

—¿Quién cree que haya sido?

Ella no había esperado que preguntara.

—No tengo idea.

—¿Nadie? ¿No pensó nada cuando viste esos ojos? ¿Nadie vino a su mente cuando contempló ese árbol?

—No, yo... —su voz se desvaneció, lentamente entrando en modo alerta. ¿Mencionó que vio a alguien en un árbol? Era la verdad, pero no había dicho eso, ¿lo había hecho?

Su ritmo se hizo más lento, y ella se quedó mirando la espalda de Amu.

Él sintió que ella se detuvo y se volvió, con los ojos cerrados, pero no obstante con toda su atención sobre ella.

—¿Hay algo mal?

Sus ojos recorrieron la zona, sus oídos atentos ante cualquier ruido posible. No había nadie, y se sentía atrapada.

—N-no... Estaba pensando... t-tal vez deberíamos volver.

—Tengo mis órdenes. —Su voz era alegre, pero también firme.

—Sí, pero... puedo explicarle a mi padre mi condición cuando volvamos —hizo una pausa, mirando atrás de ese hombre. Su respiración se volvió superficial cuando él no dijo nada—. Voy a... Voy a tomar toda la responsabilidad.

Él intencionalmente permaneció en silencio. Inclinó la cabeza hacia abajo, con una mano sobre su cadera y la otra sobre su rostro.

—Sabes —dijo, bajando la voz un par de octavas, un tono diferente al de él—. Si yo no supiera lo que hago, yo diría que me tienes miedo —levantó la mirada, con una sonrisa difusa, y con los ojos rojos—. Me gusta.

La voz de Hinata quedó atrapada en su garganta, sus piernas impulsivamente querían colapsar. Ella dio un paso atrás, no podía controlar su cuerpo. Se sentía como si estuviera en una pesadilla; ella quería correr, pero esos ojos...

La maldad.

—Si corres —dijo la voz extraña—. No irás muy lejos.

Hinata giró sobre sus talones y corrió hacia su casa. Se preguntó por qué no había nadie en el camino, quería gritar, todo esto la volvía loca. Toda la sangre se agolpo en su cerebro, y se estaba mareando.

—Por favor, no —se quedó sin aliento. Ella no podía desmayarse ahora.

Algo se lanzó hacia ella desde la derecha, acorralándola entre dos edificios. Una mano le cubrió la boca y la nariz. Estaba oscuro, unos rayos de luz llegaban solo a unos pies de distancia, pero no podía ver a la persona que tenía delante.

—No hagas eso de nuevo —advirtió, un cálido aliento rozando su oído.

Ella gimió. No podía respirar, y su cuerpo no estaba ayudando a aliviar la demanda de aire. Alcanzó su pierna, pero sólo captó el tejido de sus pantalones.

—¿Qué? —se burló, agarrando su mano llevándola contra el edificio, raspando su piel—. ¿Se te olvidó algo? ¿Has olvidado quién eres? —él más o menos presionó su pulgar contra su muñeca, provocando en ella un grito agónico que fue ahogado con la mano de su atacante—. Deberías haberlos utilizado cuando tuviste una oportunidad —dijo, infligiendo la misma tortura en su otra muñeca.

Hinata negó, con las manos entumecidas y frías, con los brazos adoloridos.

—¿Sabes por qué está sucediendo esto? —le preguntó, casi con dulzura.

Luchó, no era capaz de procesar totalmente sus palabras. ¿Qué le estaba preguntando? ¿Por qué estaba preguntándole algo? Ella trató de mover la mano de él fuera de su rostro, o al menos fuera de su nariz, pero no lo logro. Sus intentos por respirar no estaban dando resultado.

—Voy a tomar eso como un no —susurró. Sintió que apoyaba su rostro contra el de ella. Quería retroceder, pero estaba demasiado sorprendida, demasiado confundida—. Vamos a salir de aquí.

Ella sintió contra su mejilla una sonrisa. La presión de su mano aumentó, disminuyendo su forcejeo, sus pulmones le pedían aire dolorosamente. Los bordes de su conciencia eran borrosos, la sensación de un desmayo forzado era considerablemente peor que cualquiera de sus otros desmayos. Sus ojos se estrecharon, viendo la oscuridad antes de perder la conciencia.

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Sintió un dolor palpitante en su costado; se sentía como las secuelas de un calambre muscular muy intenso, pero también como una quemadura de cuerda.

Se quedó en la oscuridad con la mente aturdida, intentando dar sentido a esto. El fondo de su conciencia le decía que el aire olía demasiado natural, algo muy terrenal, pero debía ser porque su ventana estaba abierta. Estaba cansada, estaba dolorida, pero se sentía... muy cómoda. En el interior, estaba agotada, pero en el exterior, sentía felicidad completa. Dejó que su proceso se detuviera y decidió disfrutar de la suavidad de donde se encontraba.

Y eso fue lo siguiente, estaba acostada.

¿Cómo no iba a estar cómoda? Ella había estado acostada durante casi todo el día, así que esto no debería ser una sorpresa. Ella habría jurado que su cama nunca había sido tan suave, sin embargo. Su almohada siempre había sido suave, esponjosa y gruesa, así que ¿por qué se sentía como la seda, satén quizá? No era importante, pero era inquietante que su cama de repente se sintiera diferente.

Pero... algo era extraño.

Su cama parecía estar colocada de manera diferente, como si hubiera una pared detrás de ella. También parecía haber demasiado... espacio abierto delante de ella. Abrió los ojos, una decisión incómoda, y vio paredes de piedra. Justo al otro lado de ella había una puerta y en algún lugar a la izquierda, oculto por un saliente en la pared, una fuente de luz parpadeante, tenue. Más a la derecha, en su línea de visión había un espacio oscuro, posiblemente un agujero en la pared. Ella parpadeó un par de veces, consciente, empujando hacia abajo cualquier miedo y confusión, y miró todo lo que podía ver desde su posición. El corazón le latía con fuerza, su cuerpo comenzó a recalentarse, pero respiraba de manera uniforme a pesar de que sus pulmones exigían más aire.

No puedo respirar.

Ella respiró profundamente, exhalando en voz baja. Sus ojos cayeron sobre la cama, la oscuridad le dio la bienvenida.

Ésta no era su habitación.

Esto no era parte de su casa.

Algo le llamó la atención por encima de su campo de visión que la atrajo. Ella inclinó la cabeza, mirando la negra figura.

No...

Piernas.

Una cruzada sobre la otra. Sus ojos se dispararon, viendo el púrpura, azul y blanco y luego se percató de las esferas negras que estaban mirándola. Ella gritó, moviéndose hacia arriba y más hacia atrás, su cabeza chocó con la pared irregular. Su compañía se echó a reír, fue más como un resoplido, mientras se sostenía la cabeza con una la mano, las lágrimas picaban en sus ojos.

—¿S-Sasuke? —no respiraba, sentía la garganta apretada.

Y luego se quedó en silencio, mirándola como si no supiera quién era ella, y tal vez en realidad no lo sabía. Más importante aún, pensó, ¿por qué estaba, o porque solo estaba allí de pie solo... mirándola? Casualmente observándola.

—Por lo tanto, me conoces —parecía contento, pero su tono sugería lo contrario.

Sus emociones retrocedieron de nuevo. ¿Cómo podría ella no conocerlo? Su nombre sonaba en todas partes, seguía sonando en todas partes, pero no tanto como solía hacerlo algunos años antes. Él era un ninja renegado, una persona peligrosa, le ex-compañero de Naruto y... ¿su secuestrador? ¿Él la había secuestrado?

—Um... —ella se acercó más a la pared, tratando de dar sentido a la situación, pero nada tenía sentido. ¿Era siquiera esto real?—. U-um... ¿D-donde...? —No tenía idea de qué preguntar. ¿Dónde estaba ella, tal vez? Eso no parecía tan importante como averiguar si esto era real. ¿Cómo iba a preguntarlo, sin embargo? Su mente no estaba procesando nada bien, pero la cuestión era, ella no estaba en su casa. Probablemente no estaba siquiera en el pueblo. ¿Sasuke Uchiha... estaba de pie frente a ella...?

Esa parte la confundía.

Cualquier cosa sobre él y esta situación no iba bien porque... porque..., ¿por qué? ¿Por qué iba a secuestrarla? ¿Por qué?, si sus deducciones eran correctas, ¿era él quien estaba en el árbol la noche anterior? ¿Por qué, iba él a estar vinculado a las malas intenciones que había sentido todos estos años? Ella no había hecho nada para él. Vamos, que ni siquiera se conocían. Vagamente lo recordaba haciendo algo espectacular en uno de sus pruebas durante los Exámenes Chunin, pero ella no lo conocía. Ella había oído hablar de él... pero... pero ¿qué?

—¿En qué piensas? —preguntó.

Ella parpadeó, completamente desconcertada. Sonaba tan tranquilo, ¿cómo podía estar tranquilo? Él actuó como si ella no estuviera temblando, como si su respiración no se hubiera vuelto errática desde que lo vio, como si ella no estuviera al borde de un ataque.

—Yo... yo n-no sé qué pensar... —susurró, le costó pronunciar algunas palabras.

Él resopló, otra risa. —Tienes que estar pensando algo.

—B-bien... Y-yo estoy pensando... yo quiero ir a casa.

Él tarareó para sí mismo, estirándose perezosamente, rozando la pared de piedra con sus manos. Se oyó un ruido sordo de disgusto, y él salió de la oscuridad, arrastrando una silla de madera. La puso frente a la cama y se sentó. —¿Quieres ir a casa?

Ella asintió lentamente, sin saber por qué estaba... siendo así. A menos que él siempre hubiese sido así, entonces ella se preguntó qué estaba mal con él. Él... ¿Era...? ¿Qué era todo esto?

—No —negó con la cabeza—. No, no me gusta la idea.

Ella tragó con dificultad. —¿Qué es..? ¿Qué está pasando?

Él sonrió, sus dientes brillaban a la luz de la luna. —Sinceramente, no sabría decírtelo.

El corazón latía fuertemente.

—¿Eres... realmente eres Sasuke? —su sonrisa se amplió—. ¿S-Sasuke Uchiha...?

Se hecho a reír. Corto, pero real.

—Levántate, yo quiero que veas algo —se puso de pie, girando, pero se volvió al ver que no se movía—. No quiero repetirme, princesa.

Se levantó de la cama, sorprendente sus antebrazos y la mayoría de sus músculos le dolían hasta el punto en que ella quería salir de su cuerpo. Ella lo siguió mientras caminaba hacia el centro de la habitación. Podía ahora ver la luz de cuatro velas en una mesa colgante.

Era... muy acogedor.

Miró de nuevo a la cama, las sábanas estaban un poco desordenadas, pero... le gustaba cómo estaba todo distribuido en ese lugar. Incluso la alfombra parecía como algo en donde ella habría querido dormir, cosa que sólo hizo que toda esta situación fuese más confusa. Volvió a mirar a Sasuke, quien la estaba mirando. Su corazón liberó una explosión de adrenalina; una cálida explosión de miedo le recorrió el cuerpo. ¿Qué le pasaba? ¿Quería hacerle daño? ¿Era incluso la persona que la acosaba?

—Estoy confundida —dijo ella, acercándose a la mesa sólo para alejarse de él.

Sus ojos la siguieron. —¿Acerca de qué?

—Pensé que... quiero decir... —ella dio un golpecito en la madera con su dedo, viendo si podía aflojar los clavos, y luego se obligó a mirarlo—. ¿Tu... me trajiste aquí?

—Sí.

Ella apretó los dientes, no esperaba una respuesta tan contundente. —¿Has estado... si-siguiéndome?

El fantasma de una sonrisa asomo en sus labios. —He estado manteniendo una estrecha vigilancia sobre ti, sí.

Ella exhaló bruscamente y se quedó sin aliento. —¿Por qué?

Y entonces ella deseó no haber preguntado. Él sonrió de nuevo, mirando hacia arriba antes de avanzar lentamente hacia ella. Hinata retrocedió topándose con la mesa, agarrando fuertemente el borde de ésta.

—¿Por qué? —repitió—. ¿Qué quieres decir, por qué? ¿Por qué no? —Él estaba frente a ella, demasiado cerca, casi podía sentir el calor de él.

Ella trató de acumular chakra en sus palmas, pero sintió un reflejo nauseoso al hacerlo. —¿P-p-porque querías hacerlo?

Pasó sus dedos a través de su cabello, lenta y calculadoramente. —Nosotros tenemos mucho en común, ya sabes. Nosotros sentimos... las cosas al extremo.

—Y-y-yo n-no.

—Naruto. Él te gusta, ¿verdad?

La sangre se agolpó en sus mejillas, y el aire se volvió espeso. —¿Disculpa?

Él la miro.

—¿No?

—Yo... Es decir... lo hago, pero-

—No —hizo girar un mechón de cabello alrededor de sus dedos, mirando sus expresiones. —No, no lo haces. Porque somos gente de emociones extremas, tú afirmas que lo amas, ¿no?

Su cuerpo se sentía en llamas.

—No entiendo-

—¿Lo haces o no?

Ella comenzó a temblar. Esta línea de preguntas la perturbaba profundamente porque no podía entender qué uso podría darle a esa información. Era demasiado específico para ella y demasiado inútil para cualquier otra cosa. Sin embargo, ella sólo pudo asentir débilmente.

—Claro —sus ojos se entrecerraron ligeramente—. Mira, eso es un problema. Debido a cómo me siento yo, siendo extremo como somos nosotros —con un rápido giro de su muñeca, su cabello estaba en sus manos, tirando de ella hacia su rostro, lo que la hizo gritar de dolor y sorpresa—. No me agrada, princesa — susurró con dureza—. No eso no me agrada en absoluto.

Ella no podía hablar; estaba aterrorizada. Sintió frío, y su cuerpo comenzó a temblar, el miedo le calaba hasta los huesos. Él la estaba mirando, su cabello estaba retorcido alrededor de su mano. Lo apretaba con demasiada fuerza. Ella pensó que su cuero cabelludo se iba a desgarrar. Ese dolor era el peor que había sentido alguna vez, y su visión se volvió borrosa. Unas cuantas lágrimas se le escaparon simplemente porque no tenía idea de por qué estaba ocurriendo esto.

Y luego él la soltó.

Ella cayó de espaldas sobre la mesa, incapaz de mantener el equilibrio adecuadamente.

—No llores —dijo; su voz sonaba sincera, pero sus ojos estaban llenos de euforia. Él acunó su rostro entre sus manos, limpiándole las lágrimas con los pulgares. Ella quería apartarse, pero no sabía si podía hacerlo, no sabía si debería hacerlo—. ¿Ves? Extrema. ¿No lo entiendes?

Ella no lo hizo. Él estaba loco. Era peligroso. Y estaba... tratando de calmarla. No se dio cuenta cuando sucedió, pero una de sus manos masajeaba su cabeza palpitante, y la otra le acariciaba el dorso de la mano que estaba sobre la mesa. Ella no estaba segura... pero él se inclinó hacia ella y... ¿apretó los labios a la parte superior de la cabeza?

—¿Quieres ir a casa ahora? —murmuró.

No sabía qué responder. Ella solo miró a su pecho, esperando.

—Te llevaré a casa con una condición —se inclinó para estar a su nivel—. Bésame.

Su cabeza se echó hacia atrás, golpeándose contra la pared por segunda vez en la noche. Estaba loco. Estaba segura de ello ahora.

—¿Qué? —ella se quedó boquiabierta.

—Bésame. Entonces podrás ir a casa.

—Y-yo... N-no, yo.

—Ahórratelo. Naruto. Lo tengo. Yo no pedí una excusa —se detuvo a pensar, mirándola a los ojos por un momento.

Dio un paso hacia atrás, juntando las manos para hacer un sello. Sus cejas se juntaron. Hubo un puf de humo.

—No... —se quedó sin aliento. No era Sasuke. Era... era… esta forma era de Naruto.

—¿Qué pasa? —dijo la voz de Naruto—. ¿Estás bien?

—Por favor, deja de... —se encogió sobre sí misma, empujando su cuerpo aún más cerca de la mesa—. Por favor.

—¿Detener qué? —la acorraló contra la mesa. Estaba conmocionada, no podía ni mirarlo—. ¿No te gusto?

Hinata jadeó, sintiendo su garganta apretada y sollozando en silencio. —No me hagas esto —rogó—. Esto es... c-cruel —su corazón estaba herido. ¿Por qué había tomado esa forma? ¿Por qué estaba hablándole con esa voz, mirándola con esos ojos? ¿Qué era exactamente lo que quería de ella?

—¿No quieres besarme?

Ella lo miró, con los ojos llenos de lágrimas. Ella sabía que no era el verdadero Naruto; vio a Sasuke transformarse hace un momento... pero se parecía a él, no había nada fuera de lugar. Si no lo hubiera visto transformarse, hubiera jurado que este era Naruto, incluso su aura se sentía como la suya. Ella adoraba a Naruto. Su cabello, sus ojos, su voz, sus labios...

—Hinata, —susurro, acercado sus labios hacia ella. Hinata entreabrió los labios una vez que estuvieron cerca, deseando desesperadamente algo que no debería. Ése no era Naruto. Ella sabía que no era él, pero... pero...

Volvió el rostro, esto era una tortura. Ella anhelaba al ninja de ojos azules, ella siempre lo había querido, y se sentía miserable al ser tentada por esto.

—Hey — la llamó suavemente, deslizando una mano por su mejilla, girando suavemente su rostro hacia él—. Está bien —y entonces él sonrió suavemente, Naruto sonrió. Sus ojos se abrieron como platos. Presionó sus labios con los de ella, solo un roce, y se apartó, ella gimió ante la sensación. Sus ojos se cerraron en un estado de euforia, y se mordió los labios, saboreando el momento—. Te amo, Hinata —murmuro.

Y ella se rompió.

Ella envolvió sus brazos alrededor del cuello del impostor, tirando de él en un beso lleno de nada más que tristeza y añoranza. El falso Naruto la besó de vuelta, mordiéndole ligeramente el labio inferior, aceptando sus jadeos y tomando nota de cada lágrima que resbalaba por sus mejillas. Ella no estaba satisfecha, pero ella nunca podría estarlo.

Se había acabado demasiado rápido. Ellos se separaron, Hinata inmediatamente se encogió en la esquina de una de las anchas paredes. Sintió el "puf" de humo nuevamente; la ilusión había terminado.

—Eso fue bueno —murmuró, pensando algo que ella no quería saber—. Ahora vamos a hacerlo de verdad.

Su corazón dejó de latir. Sintió asco. —Eso... eso debería haber sido suficiente.

—No lo fue. Una vez más no debería hacer una diferencia.

—Eso no debería haber ocurrido —las lágrimas corrían por su rostro—. Eso no debería haber ocurrido.

—Lo sé. Yo no debería tener que recurrir a eso. Los errores suceden.

Ella negó con la cabeza. —¡Eso fue un error! Nosotros... Yo sabía lo que estaba haciendo... Por eso... no debería haber ocurrido —ella estaba enferma. Sus emociones por Naruto la hicieron sentir enferma. Si alguna vez Naruto se enteraba de que ella había besado su mejor amigo... mientras estaba disfrazado como él...

Se estremeció.

—¿Quieres irte o no?

Volvió la cabeza, no particularmente sorprendida por lo cerca que él estaba de ella. Por supuesto que quería irse. Él estaba loco. Él... estaba mal. Había utilizado a Naruto en su contra.

Malvado.

Rápidamente, ella le dio un beso en los labios.

Él sonrió, irritado, y sacudió la cabeza. —Uno de verdad, princesa —se inclinó— quiero un beso igual al que me diste cuando pensabas que yo era él.

Ella no estaba segura... pero pensó que podía odiar a Sasuke.

Ella se estiró, mirando a sus pies mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuello. No quería hacerlo. Realmente no quería hacerlo, él era real y este momento era real. Cerró los ojos, acercó sus rostros y conectó sus labios a los suyos. Movió los labios, y Sasuke hizo lo mismo, estaba de acuerdo con lo que estaba tratando de hacer. Era un beso lento.

Pero sólo por un segundo.

Él aceleró las cosas, forzando con avidez sus labios, moviéndose de una forma a la que ella no estaba acostumbrada. Ella se quedó sin aliento cuando su lengua rozó sus labios, y ella se lamentó. Ella trató de apartarse, necesitaba un descanso, pero él la agarró por las caderas y la atrajo hacia sí. Su mitad inferior se contrajo al sentir el contacto de su estómago, duro y tonificado. Él agarró la parte posterior de su cabeza, su otro brazo se posó alrededor de su cintura y la mantuvo allí mientras continuaba robándole ese beso.

Su primer beso...

Sería Sasuke.

Siempre sería Sasuke.

—No más —rogó contra sus labios, empujándolo por los hombros—. Por Favor.

Pero él quería más.

—P-por favor-

Más agresivo.

—¡No más!

—Cállate —murmuró.

—Pero yo no-

Y él no la dejó escapar de nuevo. Él abusó de sus labios otra vez, la mano en su cabeza la sujetaba firmemente y el brazo en su cintura la apretaba con fuerza contra él.

A ella no le gustaba nada de eso.

No le gustaba la forma en que se movía contra esa parte sensible de ella. No le gustaba nada de eso.

Finalmente se apartó, apoyando la frente contra la de ella. Ambos jadeaban. No había suficiente aire. No había suficiente aire esa noche.

—¿Por qué? —se quedó sin aliento, sin fuerzas para empujarlo lejos—. ¿Por qué yo? Hay... hay un montón de chicas-

—Porque yo no las quiero.

—Pero yo no... no te hi-hice nada.

—Ése es el punto —susurró—. Ése es el maldito punto.

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Fin Capitulo Cuatro.

Notas: I demand a trial by combat.

Naoko Ichigo