Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a Juri . DP y esta historia fue beteada por la linda Karen Hikari del Team Beta Readers.
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La nueva amenaza era un niño de cabello oscuro y peligrosos ojos.
Su sensei era un despreciable maestro del disfraz.
Nadie le advirtió que había más como ellos.
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Su nombre era Jibo Shibuda, y estaba aterrorizado.
Caminaba por los pasillos de piedra, con tenue iluminación, había celdas llenas de gente a cada lado del pasillo. Accesorios colgantes de cúpulas de cristal opaco caían sobre las celdas, y las luces parpadeantes que había en el lugar eran simples velas.
En este lugar, la mayoría de la iluminación era producida por las velas.
Era simplemente… sofocante.
Su respiración era poco profunda. Necesitaba respirar más profundamente, pero no quería llamar la atención. Temblaba con cada paso. Incluso mientras avanzaba, su mirada iba de lado a lado para echar un vistazo a los rostros boquiabiertos de los reclusos, el asombro era bastante notable.
Todos lo miraban, todos ellos susurraban.
Algunos estaban ocultos en la oscuridad de sus celdas de piedra, y otros con valentía se aventuraban hacia la luz para ver cómo era escoltado.
—Otro —una voz sin cuerpo jadeó.
—Es sólo un bebé —sollozo una mujer—. Sólo un bebé...
—Sabes que él no se preocupa por la edad —un hombre temeroso silbó. Y eso hizo que las voces se apagaran, pero los ojos seguían mirándolo.
Jibo se obligó a mirar todo el lugar, podía ver miradas asustadas. Había un montón de gente allí, y, a primera vista, parecía como si el rango de edad fuese enorme. En una inspección posterior, no era el caso. Todos eran de diferentes alturas y contexturas, pero en edad iban desde los doce hasta los diecisiete años, quizá. Sus apariencias con respecto a sus edades eran resultados de la inanición, falta de sueño, y... del miedo.
Jibo tenía trece años.
Él no quería compartir sus experiencias.
Y entonces se dio cuenta de algo extraño. A pesar de sus apariencias andrajosas y abusadas, todos eran rubios o morenos. Se preguntó si esos eran sus colores naturales de cabello. Se toco su propio cabello, él solía tener el cabello castaño claro, pero ellos lo habían teñido de rubio. Algunos de ellos, niños y niñas por igual, también tenían marcas extrañas en sus rostros. Se tocó las mejillas y se estremeció ante la todavía carne tierna.
También a él lo habían marcado.
Colocaron una varilla metálica delgada, en un fuego y tallaron tres líneas en cada una de sus mejillas. El dolor había sido muy difícil de controlar, pero su cuerpo no perdió la conciencia.
Por lo tanto, tuvo que soportar todo.
La herramienta para marcarlo no solo lo había quemado, sino que también dividió su piel. Esterilizaron sus cortes con alcohol, más que nada para seguir lastimándolo, estaba seguro de eso, pero ellos no le habían vendado. Tal vez eso ni siquiera ayudaría. Todo lo que sabía era que el aire hacía que le dolieran las mejillas y una infección se manifestaría con el tiempo. Con lo enfermo que estaba, le habría gustado que sus heridas se hubieran infectado después de que tiñeran su cabello, porque la tintura se había introducido en sus heridas.
No sabía cuánto tiempo había estado aquí, no había ventanas, pero solo debían ser unos pocos días. Sólo hacía unas horas que habían alterado su apariencia.
Jibo jadeó, deteniendo sus movimientos mientras se apretaba el estómago. Las náuseas estaban de vuelta y sus mejillas quemaban.
—Hey, hey, sigue caminando.
Jibo se volvió ligeramente hacia el hombre de cabello blanco con gafas. Esto no habría sucedido si se hubiera quedado en casa.
—¿Quieres volver con Lord Orochimaru, muchacho?
Jibo de inmediato se levanto y comenzó a caminar.
No, no quería volver a ver a ese hombre. La primera vez que había visto su pálido y horrible rostro fue cuando el chico con gafas lo trajo aquí. Les sonrió... tan alegre y ampliamente. Los saludó a los dos cuando entraron en fuese lo que fuese ese lugar, y Jibo sintió como si la muerte no fuese lo peor que sucediera aquí. Ni siquiera las marcas y la tintura parecían ser tan malos como tal vez otra cosa que ese hombre pudiera hacer, y él no quería descubrirlo.
—¿Estoy... Voy a morir? —preguntó Jibo, fue la primera cosa coherente que había dicho desde que estaba aquí. Todo su rostro se sentía pesado, como si fuera insensible, pero no estaba vacío de dolor. Cuando hablaba, sus ojos palpitaban, sus heridas se estiraban y sangraban, y sus encías se sentían asquerosamente hinchadas.
—¿Sabes? —dijo el hombre detrás de él, pensativo—. Honestamente, no estoy seguro.
Los dos se acercaron a un callejón sin salida. Jibo se sintió extremadamente temeroso. Había hecho todas las cosas que el hombre había dicho, así que, ¿qué había hecho mal?, ¿por qué había un muro?
El hombre se acercó a su lado y levantó dos dedos frente de su rostro. —Por un tiempo esta va a ser tu nueva habitación.
Con una inclinación de cabeza, una porción de la pared se movió hacia adentro y se separó. Al otro lado había una habitación iluminada con velas. En el lado izquierdo de la habitación, había una cama sencilla con una manta delgada y sin almohada. Diez pasos a la derecha de la sala, se encontraba una mesa de madera con una sola vela encendida, y había otra cama. Alguien estaba en ella.
—Correcto. Tienes un compañero de cuarto.
Jibo fue empujado dentro de la habitación, y el muro se cerró detrás de él. Se apretó contra la pared, con los ojos muy abiertos y fijos en la vela. Todo lo que podía oír era su corazón latiendo en sus oídos.
¿Por qué estaba sucediendo esto?
Cuando salió de su casa, lo único que quería era un poco de espacio, porque se había metido en una pelea con sus padres acerca de su "don". Él estaba enojado, y contemplaba la posibilidad de huir, pero no... esto.
—¿Eres nuevo?
Jibo casi gritó, sus ojos estaban llorosos. La voz suave, pero rasposa había venido de la cama ocupada. La manta delgada fue empujada fuera de la figura y la persona se sentó. En la penumbra, Jibo no podía decir cómo lucía esa persona.
—¿Q-quién eres?
—Shana —la persona tosió. Era un sonido ahogado, pero violento—. Sh-Shana Kiriu.
—Dónde... ¿D-dónde está estamos?
—Esta es la casa del Señor... Orochimaru, supongo. Deberías acomodarte. No vamos a dejar este lugar por un tiempo.
Las lágrimas se derramaron. Jibo se deslizó por la pared, enterrando su rostro entre sus brazos. Sus lágrimas lastimaban sus mejillas, y los sollozos enviaban olas de dolor a lo largo de su cráneo, pero no podía evitarlo. ¿Por qué estaba ahí? Él quería ir a casa. No quería estar ahí.
Saltó cuando sintió un brazo alrededor de sus hombros. Cuando levantó la vista, la persona de la cama, estaba bastante seguro de que esta persona era un niño, estaba a su lado. Apenas podía distinguir sus rasgos. El cabello le cubría rostro, pero parecía más bien frágil. El brazo que estaba a su alrededor apenas ejercía presión, y la mano contra su brazo no aplicaba ninguna fuerza.
—Tus mejillas están inflamadas —comentó Shana en voz baja—. ¿Ellos te marcaron?
Jibo solamente le devolvió la mirada, los labios le temblaban.
—Tu cabello huele. Ellos tiñeron tu cabello. Hicieron lo mismo conmigo.
—¿Que quieren? —Jibo susurró, su cuerpo temblaba contra el frágil cuerpo del otro chico—. ¿Por qué hacen esto?
Shana sólo sacudió la cabeza. —No estoy seguro, pero tenemos suerte en comparación a los de las celdas.
—¿Q-qué quieres decir?
—Van a ser asesinados pronto. No sé lo que va a pasar con nosotros, pero somos necesarios.
—¿Por quién?
—La misma persona que los mata a todos —Shana ayudó a Jibo a ponerse de pie y lo acercó a la otra cama—. Has oído hablar de Sasuke Uchiha, ¿no es así?
Jibo cayó a su cama. Shana estaba allí para sostenerlo, pero sabía que no podía reconfortarlo.
—¿E-e-él está aquí? —Jibo miró a Shana. A pesar de la oscuridad, pudo notar que su cabello había sido teñido de un color oscuro.
—Todavía no, pero sospecho que estará disponible muy pronto —se arrodilló delante de Jibo, exponiendo sus ojos—. Supongo que por eso me trasladaron aquí.
Jibo le devolvió la mirada. Shana estaba ciego. Sus ojos, sus pupilas, eran de un blanco pálido. Pero… ¿era él realmente ciego? Él sabía sobre sus mejillas... y dónde encontrarlo...
Shana respondió a sus preguntas internas. —Lord Orochimaru ha estado experimentando con algunos de nosotros. Él ha inyectado algún tipo de extracto en los ojos de otros catorce para tratar de hacer esa cosa llamada Byakugan. Yo fui el único que sobrevivió.
—¿Ellos... fueron a-asesinados?
Shana se encogió de hombros vagamente. —Supongo. El extracto se abrió camino y se comió sus cerebros. En cuanto a mí, sólo perdí la vista.
—Así que... ¿Así que eres...?
—Sí, estoy ciego. Supongo que se podría decir que su experimento fue un fracaso.
—¿Qué quiere decir con supongo?
—No creó el Byakugan, pero soy capaz de ver firmas de calor. Por supuesto, sólo las que están en frente de mí, y solo de cosas vivientes, pero he aprendido a adaptarme.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Shana vaciló. —Casi... un año, creo.
—¡¿Qué?! ¿Por qué tienes-?
—Espera —Shana levantó la mano, mirando a la pared—. Él está aquí.
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Sasuke no estaba de humor en este momento.
De alguna forma, se las había arreglado para ponerse de un estado particularmente amargado de camino hacia aquí. Puede haber sido porque no esperaba estar de vuelta tan pronto. Tal vez había planeado pasar al menos tres noches más con su heredera antes de tener que enfrentarse a los dos dolores de cabeza con quienes ha estado viviendo esos tortuosamente largos tres años.
Tal vez él no simplemente quería verlos.
El sol comenzaba a elevarse, y se preguntó qué estaba haciendo ella en este momento. ¿Había conseguido dormir? Si su familia no la había atormentado con preguntas y exámenes médicos, entonces esperaba que pensara en él toda la noche. Con suerte, ella sería capaz de tener noches de insomnio. Su espíritu de lucha era peligrosamente sexy, cuando ella lo había usado contra él, pero no era necesario que eso sucediera en Konoha. Las cosas serían demasiado complicadas.
Entró en el escondite en un mal momento. Tanto Orochimaru como Kabuto pasaban por el pasillo principal cuando él hizo su aparición. Uno lo saludó con una amplia sonrisa, el otro con una mueca grotesca.
—Ah —su maestro suspiró, feliz de verlo—. ¿Volviste tan pronto?
—Viniste demasiado pronto, ¿eh, Sasuke? —Kabuto sonrió.
Sasuke apretó los puños, mirando al ninja de gafas. —Necesito respuestas.
—Claro —Orochimaru dijo—. Tu aparición es excelente. Tengo dos sorpresas más para ti.
Sasuke refunfuñó.
—Kabuto, ve a por Shana y Jibo. Sasuke, sígueme.
Sasuke siguió a Orochimaru por un pasillo a la izquierda, mientras que Kabuto se fue por el pasillo que habían venido.
—¿Te divertiste? —preguntó el hombre mayor.
—¿Es ese lugar tan fácil de espiar?
—¿Hm? —su maestro casi cantaba—. ¿Por qué lo preguntas?
—Te conozco lo suficiente como para preguntarlo.
—Bueno, eso es muy perceptivo de tu parte, pero yo no tengo miedo. Tienes tu… —hizo una pausa, probablemente sonriendo más—. ¿Ganaste un poco de intimidad?
Sasuke no dijo nada.
—¿Cualquier otra preocupación?
—Los condones.
—¿Los condones?
—En el cajón.
—¿No te gusta esa marca?
—No me gustan tus razones.
—Sólo quiero que estés a salvo, Sasuke. Todavía eres joven, así que no hay necesidad de precipitarse en la paternidad.
—Lo tendré en cuenta.
Giraron por otro pasillo y entraron por tres puertas más abajo a la izquierda. Orochimaru abrió la última y encendió una blanca luz luminiscente. Había grandes contenedores de color azul oscuro de plástico en los estantes que casi tocaban el techo.
—¿Supongo que inspeccionaste a fondo esa habitación, entonces? —Orochimaru preguntó mientras miraba los contenedores.
—Lo suficiente.
—¿Empaqué suficiente ropa para ti?
Era más que suficiente.
—Pensé que te gustaría elegir qué ropa sería para la señorita Hyuuga —Orochimaru sacó un recipiente del estante inferior y lo abrió—. ¿Éstos se adaptaran a ella?
Sasuke miró dentro y frunció el ceño. —No.
—Pensé que ibas a decir eso —puso la tapa de nuevo y lo deslizó en el estante—. Ya sabes, esas chicas murieron en esa ropa. Bueno, las mataste, después de todo, pero debes saber que no están infectadas. Han sido lavadas y desinfectadas.
—Ese no es el problema.
—¿Qué hay de esto? —caminó hacia el otro lado y tiró de un contenedor desde el estante inferior izquierdo. Cuando la tapa fue retirada, Sasuke reconoció esa ropa.
—¿Guardaste esas? —se trataba de sus camisas viejas de hacía un año. En Hinata, el azul oscuro y el negro se verían... bastante bien. Su ropa se vería bien en ella.
—Desde que empezaste a usar ese traje, intentaste tirar todo lo demás —Orochimaru negó con la cabeza—. Nada se fue verdaderamente a la basura, ya sabes.
—Esas estarán bien.
—Excelente —volvió a colocar la tapa y le dio unas palmaditas al contenedor—. Voy a decirle a Kabuto que lleve esto para ti. Ven. Deben estar listos por ahora.
Los dos caminaron a la sala de entrenamiento. La cascada se escuchaba como de costumbre, pero los sentidos de Sasuke se agudizaron cuando sintió la presencia de dos nuevos... ¿cómo podía llamarlos?, ¿compañeros de entrenamiento?, ¿víctimas? Ellos nunca duraban mucho cuando estaban en la misma habitación que él, así que los títulos no eran necesarios.
Si ellos morían con tanta facilidad, no eran necesarios.
En el centro de la habitación, en el área de combate, estaba Kabuto y dos chicos más jóvenes. Uno tenía el cabello corto y rubio y unos bigotes recién adquiridos. Llevaba una camisa blanca y pantalones marrones que le llegaban hasta las rodillas. A Sasuke no le agradaba. Temblaba demasiado, e iba a mojarse a sí mismo en cualquier momento.
El otro le gustaba aún menos. Era un muchacho de cabello oscuro que descaradamente cubría sus ojos blancos. Llevaba un kimono blanco delgado y tenía una banda negra alrededor de su muñeca derecha. Éste parecía demasiado relajado.
Sasuke nunca había entendido por qué era tan difícil para ellos encontrar a alguien parecido a Naruto, pero cuando se trataba de Hinata... Algunas características eran demasiado precisas. Pero lo que él odiaba más que nada, era que los que más se parecían a ella eran chicos; estaba seguro de que eran meticulosamente seleccionados sólo para irritarlo. Nunca encontró a ninguno de sus impostores tan atractivos como ella.
—Sasuke —Orochimaru sonrió cuando estuvieron frente a los chicos—. Estos son Jibo y Shana.
Sasuke agarró lentamente su katana. El rubio no dejaba de temblar. —No me gusta este.
Kabuto gimió. —Contén tu rabia, Sasuke. No puedes matar a estos dos de inmediato.
Él miró al rubio. —¿Por qué no?
—Ellos también se unirán a ti cuando tengas que salir —respondió Orochimaru.
Sasuke dirigió su mirada a Orochimaru. Odiaba su rostro sonriente, por sobre todo, y pronto sería la siguiente persona que conociera su katana, pero, por ahora, era útil. —¿Para qué se supone los voy a necesitar?
—Ya sabes. Estos dos poseen un interesante Kekkei Genkai, y me gustaría que Kabuto grabara sus habilidades para mí. Lo que pasa es que también serán capaces de ayudarte.
—Así que hagan el trabajo fácil para mí por una vez —dijo Kabuto.
Sin embargo, él tenía fuertes dudas sobre la esperanza de vida de estos dos. Probablemente estarían muertos en el mismo momento en que Orochimaru le diera la espalda, y Sasuke diría culparía a algún arrebato. Sólo la idea del derramamiento de sangre hacía sentirse cansado al ninja de gafas. Un día sin limpiar la suciedad de Sasuke sería una bendición, y su morgue estaba repleta.
—Seis meses —Kabuto suspiró—. Oi, ustedes dos —le dio un codazo a los chicos frente a él—. ¿Por qué no aceptan esto?, Y sean útiles, ¿de acuerdo? Sus vidas dependen en gran medida de él.
—Ahora, ahora, —Orochimaru interrumpió—. Los chicos han tenido un largo día. Que descansen. Todos ustedes van a salir pronto.
Kabuto suspiró. —Vuelvan a su habitación, niños.
Todos volvieron a salir, excepto Sasuke. Orochimaru era demasiado proactivo, y Kabuto... Sólo no le gustaba el hecho de que Kabuto viera la necesidad de mantenerlos vivos.
—Ne, Sasuke.
Sasuke caminó hacia el pasillo que conducía a su habitación. Al parecer, Kabuto no entendía lo que era la soledad.
—Sasuke, podrías haber estado allí todo el día —Kabuto se puso a caminar con él—. Por lo tanto, ¿mi conjetura anterior fue correcta? ¿Es el famoso menor de los Uchiha alguien que termina pronto?
—¿No tienes algo que hacer?
—Aw, vamos. Somos adultos —dio un paso más cerca—. Entonces, ¿qué es? ¿Ella no estaba satisfecha?
Silencio.
—No pudiste llegar hasta allí, ¿eh?
Silencio.
—Tú sabes, tal vez la Hyuuga tendría una mejor experiencia si yo estuviese con ella.
Las armas se empuñaron en un segundo. La katana de Sasuke estaba en el cuello de Kabuto. Kabuto tenía una aguja médica lista para atacar la yugular de Sasuke.
Kabuto sonrió, una sonrisa de serpiente que estaba tratando de adoptar. —Di en el clavo, ¿verdad?
—No hables de ella —advirtió el Uchiha —. Nunca hables de ella.
—Sólo estoy tratando de ser lógico. Ahórranos el viaje y admite que todo este plan es estúpido. Ella no va a fijarse en ti.
—Cuando tu opinión comience a importarme, voy a estar seguro de ponerme en contacto contigo.
—¿Qué sabes de chicas de todos modos? ¿Sabes cómo complacer a una? —él repensó su declaración—. No, no es como las demás porque ella está completamente desinteresada en ti. Ella no se interesó antes, y ella no parece estarlo ahora, sin embargo, ¿piensas que puede conseguir algo con ella? Lo único que puedes hacer es recurrir a tácticas de miedo, pero, ¿sabes qué, pequeño? —sólo podía fingir durante un tiempo agrado por el muchacho. Sus ojos se estrecharon—. No vas a matarla, pero ella no va a tener ningún problema en matarte a ti. Entiendes eso, ¿no? Tu vida no gira alrededor de ella. Si tú mueres, ella no va a llorar. Ella estaría demasiado ocupada reconfortando a Naru-
Sasuke sacó su brazo hacia atrás. Kabuto cayó al suelo, mientras aplicaba presión para detener la sangre que escurría por su cuello.
Sasuke lo miró, cada nervio dentro de su cuerpo se moría por eliminar al ninja médico. Kabuto nunca sabía cuándo callarse— He mantenido las ganas de matarte por tres años. Lo menos que puedes hacer es saber cuándo no cabrearme —cerró los ojos un momento—. Me voy a la cama —Sasuke se volvió y siguió por el pasillo.
—Bastardo —Kabuto escupió. No estaba del todo furioso, porque también estaba contento. No estaba seguro de que Sasuke fuese consciente, pero su rostro había demostrado vulnerabilidad, sin importar cuán sutil fuese, las señales estaban allí.
Parece que podría conseguir herir sus sentimientos, después de todo.
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Fin Capitulo Seis.
Notas: I just ride, just ride.
Naoko Ichigo
