Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a Juri . DP y esta historia fue beteada por la linda Karen Hikari del Team Beta Readers.

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Orochimaru se acercó a la entrada de la guarida. El cielo estaba de un tenue azul, y el sol aún tenía que salir, dejando el aire fresco y húmedo. Disfrutaba de este lugar. Los árboles que los rodeaban emitían los aromas más agradables.

Se apoyó en la entrada, cruzando los brazos, y se permitió relajarse. En momentos como éste, no tenía una siniestra sonrisa en su rostro, y sus ojos no brillaban con malicia. Rara vez tenía tiempo para relajarse en compañía de otros experimentos o de otras personas, y necesitaba momentos para no sentir.

Para no pensar.

Para simplemente vivir.

Cerró los ojos, respiro profundamente y exhaló lentamente, escuchó la tranquilidad de la mañana.

Pasos se acercaban desde el interior de la guarida, lo que llevó al hombre a darse la vuelta.

—Bien, bien, bien —Orochimaru sonrió—. ¿Estamos todos listos?

Miró a los cuatro chicos delante de él. Su amado aprendiz parecía molesto como el primer día que había llegado. Tenía los brazos cruzados, y su mirada estaba dirigida al exterior. O a alguien. Probablemente la mente de Sasuke era un caos.

Tenía grandes planes para los otros dos más jóvenes. Shana obedientemente estaba de pie al lado de Kabuto. Jibo temblaba junto a Shana, con la mirada puesta en el suelo. Orochimaru no podía esperar para escuchar los informes del experimento de ese día. Y Kabuto...

—¿Qué te pasó en el cuello?

El ninja de cabello blanco puso una mano sobre la venda que cubría su lesión.

—Sólo es un rasguño.

Orochimaru se dio cuenta que la esquina del labio de Sasuke se retorció.

—Ya veo. Bueno, voy a reunirme con ustedes pronto, entonces —se volvió para mirar hacia atrás por la puerta, y sonrió—. Con los tres, de todas formas.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Cinco días, doce horas, y diecinueve minutos.

Cuándo puede un día ser considerado como terminado, se preguntó.

Hinata se metió en su cama, mirando al techo, mientras trataba de encontrar la respuesta a esa pregunta. Había podido volver a casa, pero desde esa noche se sentía abstraída. Entumecida. Trastornada. Pero debído a quién, era difícil decir eso.

Neji fue la primera persona en buscarla, y él se puso en estado de pánico cuando la vio. Le preguntó muchas veces lo que había sucedido. Ella no le respondió. Cuando llegó a casa, le preguntaron muchas veces más, pero ella no sabía qué decir. Se sentía abrumada por todo el mundo, haciéndole tantas preguntas. Todo lo que quería era descansar. La noche llego, Neji, Hanabi, y Ko pasaron unas horas con ella.

—Hinata —Ko habló en voz baja, con la mano sobre la suya mientras ella se acostaba para descansar—. Siempre he... me he preocupado por usted desde que dejó de estar bajo mi cuidado. —Él le apretó la mano, tratando de sonreír—. Pero... yo... yo siempre estoy aquí para usted... mi señora.

Ella se volvió, agarrando sus mantas.

Sus palabras habían sido suaves, pero estuvieron llenas de tristeza y preocupación.

Cuando pensaron que se había quedado dormida, Hanabi y Ko se fueron. Neji se quedó, sentado junto a su cama. Él le preguntó una vez más lo que había sucedido. En todo caso, lo que quería saber era cómo había llegado ese moretón a su rostro. Ella no dijo nada durante unos minutos y luego en voz baja respondió. —Me desmaye.

No creía en ella, y no esperaba que lo hiciera, pero él dejó de preguntar.

Al día siguiente, un ninja médico atendió su rostro y cualquier otro lugar que pudiera ser la fuente de sus problemas. A ella no se le permitió salir del recinto, y Neji siempre estaba a su lado. Se le había permitido salir después de ese día, pero sólo durante el día, y, por supuesto, Neji debía estar con ella, o alguien de la familia, no importaba quién, pero era Neji quien de inmediato tomaba la posición de protector, pero no tenía ningún deseo de salir. Por lo tanto, se quedó en la cama todo el día.

Ahora, como cualquier otro día, estaba en su habitación, Hinata estaba más o menos contenta con hacer lo mismo.

Miró el reloj en su mesita de noche. Pronto sería mediodía. No había dormido bien desde que volvió a casa, así que no se sentía mal por quedarse en la cama. Además, quedarse en su cama todo el día era la menor de sus preocupaciones.

Se sentía patética, y se sentía… confundida

No sólo se había dejado capturar por un criminal peligroso, sino que ella estaba obedeciendo sus órdenes al no decirle a nadie lo que había pasado. ¿Por qué? ¿Creía en sus amenazas? ¿Consideraba a su clan tan inferior como para que un ninja renegado acabara con ellos? A ella le gustaría decir que estaba haciendo esto para que nadie saliera herido, pero ¿qué pasaría si él atacaba la aldea? ¿Qué pasaría si mataba a todas las personas, pero probablemente nadie podría enfrentarse cara a cara a todo su pueblo? Era absurdo seguir con esto porque Sasuke Uchiha era una persona impredecible. De todas las personas a las que podría tener como objetivo, la eligió a ella.

¿Para qué?

¿Por el Byakugan?

¿Qué podía hacer con ella? ¿Era por Orochimaru? ¿Ese hombre aún se preocupaba por el Byakugan cuando tenía al Sharingan en su arsenal?

Pero si eso era lo que Sasuke quería... entonces no tenía sentido que la quisiera para sí. Tal vez se había separado de Orochimaru y estaba tratando de crear su propio ejército ninja, no era lógico que la quisiera a ella. Debía comenzar reuniendo a personas que conociera y que realmente pudieran trabajar con él sin protestar, tal vez ella solo era el cebo. Es posible que quisiera que Neji se uniera a él, pero Neji no lo haría, a menos que la tuviera cautiva. Tal vez incluso Kiba, Shino, Naruto o alguien más era el verdadero objetivo, pero todavía no podía saber por qué ella, o por qué estaba de vuelta en su casa. Sasuke podría haberla inmovilizado y dejarla en cautiverio, pero… él la había llevado de vuelta. Fue algo arriesgado, él sabía que era arriesgado, por lo que, ¿cuál era la lógica aquí? ¿Por qué estaba tan seguro que no hablaría?

Pero... tal vez ella estaba pensando acerca de esto porque Sasuke... Él... Él...

Hinata cerró los ojos, se encogió en sí misma y presiono las mantas sobre sus labios. Sus mejillas se calentaron, pero no sabía por qué.

Vergüenza.

Asco.

Enfado.

Sasuke... la había besado... a ella.

Él intencionalmente la había besado; él quería besarla.

Su primer beso había sido forzado. Se había adentró en su casa, la había alejado de la seguridad de su hogar, la había secuestrado mientras clamaba-

Abrió los ojos, ya que comenzaron a picarle y a llenarse de lágrimas.

Manipuló su deseo de ir a casa y su afecto por Naruto… Se suponía que sería Naruto. Su primer beso debía ser con Naruto, no con Sasuke o cualquier otra persona. Se suponía que sería suave, pero con firmeza, no dolorosamente rudo. Naruto era...

Naruto nunca iba a hacerlo de todos modos. Él no la veía de esa manera. A diferencia de Sakura, ella no era vista como alguien hermosa y fuerte. No era valiente; no podía llamar su atención; no tenía confianza en sí misma... pero ella lo amaba. Amaba a Naruto.

Tú crees amarlo, ¿no?

¡Ella lo amaba! No se engañaba a sí misma pensando que no sentía esas cosas. Su afecto había comenzado como admiración cuando eran niños, y con el tiempo fue transformándose en un sentimiento genuino. Estaba segura de lo que sentía, y no permitiría que un ninja renegado y emocionalmente distante le hiciera ese tipo de preguntas.

Tenemos mucho en común, ya sabes.

¡Cómo se atrevía a decir esas cosas!

Él podía ser impulsivo, pero no podía amar a alguien sin una buena razón, y Naruto le había dado razones más que suficientes en los últimos años. ¿Qué sabía Sasuke, una persona que tuvo a un montón de niñas enamoradas de él, incluso ahora, qué sabía sobre el amor? No sabía lo que era a desarrollar sentimientos por alguien en la infancia y que esos sentimientos crecieran día a día. Él podría tener a cualquier chica que quisiera, así-

...Yo no las quiero.

Podía… No tenía que ser ella, por lo que-

...Llámalo una atracción fatal.

Se sentó, mirando hacia abajo a sus puños apretando su manta. ¿Qué significaba eso? ¿Qué significaba eso viniendo de él? Sasuke era una persona enferma y retorcida, que usaría la debilidad más preciada de una persona en contra de él o ella. Había traicionado a Konoha, herido sus compañeros de equipo, y... la había besado.

¡Él la secuestró, golpeo, abuso de ella!

Pero... ella estaba viva. Podía haberla matado en el bosque, pero él la había perseguido sólo para decirle que la llevaría de regreso.

Llevarla de regreso... y la había besado...

Hinata negó violentamente, y casi dejo escapar un grito. ¡Un beso no significaba nada! Para alguien como Sasuke Uchiha, un beso no era más que otra forma de tener el control. Obviamente sabía cuánto significaba para ella un primer beso, y, sí, se sintió devastada cuando lo hizo. Ella sentía muchas cosas, dolor, enfado, degradado, utilizada, confusión, ¡todo!

No, no podía juzgarlo con sólo aquel encuentro, pero él podía haber hecho muchas cosas diferentes, si quería ser dominante en esta situación.

Pero luego hubo ciertas... miradas que él le dio...

No podía pensar en ello. No lo entendía. Sasuke era un chico, y a los chicos les gustaba... mirar. Ella se había fijado en la forma en que Kiba miraba a las niñas que encontraba atractivas. En realidad, ella sólo tenía a Kiba para comparar miradas de ese calibre, pero en Sasuke esas miradas podían significar cualquier cosa. Ella no sabía lo que un tipo como él podía encontrar atractivo. Muchas chicas estaban seguras de querer seguirlo donde quiera que fuese, por lo que probablemente había aprendido a mantener un rostro estoico.

Así que... esa mirada que vio la primera vez que se despertó en ese lugar fue sólo... Sólo era cualquier cosa menos... adoración.

Sasuke no sentía nada hacia ella, sólo estaba... No se sentía bien con ella.

Alguien golpeó a su puerta. Hinata obligó a todos sus pensamientos a desaparecer y le dio a la persona el permiso para entrar. Neji entró con cautela junto a una tímida Hanabi aferrada a su espalda.

—B-buenos días —Hinata saludó con voz aparentemente ronca por la falta de uso.

—Hinata-sama —Neji inclinó la cabeza. Hanabi saludó brevemente—. ¿Cómo se siente hoy?

—Yo estoy... mejor. Lo siento por tod-

Él levantó la mano—. No más disculpas. Perdóneme por ser tan audaz, pero creo que le sentaría bien salir de la casa.

—Ah... Bueno, quiero decir...

—Lo digo sobre todo porque Kiba y Shino han estado solicitándola para las misiones en los últimos días. Ellos sienten que algo está mal, y, al parecer, estaban pensando lo mismo que yo.

—¡Oh! ¡Muy bien! Yo puedo ir con ellos de inmediato.

Neji se volvió hacia Hanabi. Se quedó viéndola por unos segundos, divertido.

—Ve y diles que estará en breve.

Hanabi asintió y se aventuró por la puerta.

Hinata se quedó sin aliento. —¿Ellos están aquí?

—Sí. Como ya he dicho, han estado solicitando su presencia. Por eso, me refiero a que han estado pidiendo nuestro permiso para dejar que vaya.

—¡L-lo siento! —Hinata saltó de la cama y corrió hacia su armario para sacar su atuendo habitual.

—Hinata-sama —Neji la llamo—. Usted está... lista para esto, ¿verdad?

Ella vaciló. No se atrevía a mirar a Neji, pues temía a las miradas que le había estado dando últimamente. Estaba demasiado preocupado. Ella lo entendía, pero Neji... —Yo lo estoy.

—¿Y el incidente de la otra noche?

—Yo solo... me alejé y me desmayé.

—¿Entonces es usted capaz de ir en una misión tan pronto? Sus exámenes médicos no muestran signos de alguna enfermedad, pero eso no significa que no hay nada malo.

—Sí... eso es cierto... —respondió—. Pero no va a suceder de nuevo.

Él la estudió por unos minutos más. Hinata era sorprendentemente terca cuando quería, así que presionándola no conseguiría llegar a ninguna parte. —Muy bien.

Hinata rápidamente se vistió y se unió a sus compañeros de equipo fuera del recinto. Kiba la saludaron con entusiasmo, mientras que Shino se mantuvo distante como siempre.

—¡Hombre, Hinata! —Kiba exclamó, cuando comenzaron a caminar para ir con la Hokage—. Sin ánimo de ofender, pero yo no podría estar encerrado con tu familia durante días y días. Me estaba empezando a preocupar de que nunca fueses a vernos.

—Yo no quería que pensaran que me había ido para siempre. Muchas cosas... estaban sucediendo.

—Si pudieras —dijo Shino— avisarme la próxima vez que tomes una licencia prolongada. Kiba estaba frenético cuando no estas.

—¡Yo no estaba frenético! Hinata tiene dos años más hasta volverse adulta, y su familia va a hostigarla hasta la tumba tratando de prepararla para ser jefe de su clan.

—Ah —Hinata se detuvo—. Bueno... en realidad estaba pensando en... r-renunciar a ese título.

Kiba se quedó sin aliento, corriendo delante de ella para detenerla. —No puedes estar hablando en serio. Hinata, ¿sabes lo que significa una oportunidad como ésa? ¡Finalmente reconocieron todo tu trabajo duro! ¡No puedes renunciar a todo!

—Pero yo no soy... buena en el liderazgo.

—Sólo necesitas más práctica, eso es todo. Dos años es tiempo suficiente para demostrar que tienes las habilidades, y tu padre más o menos todavía puede hacer las cosas hasta que... Bueno, ya sabes.

—Eh... Bueno, quiero decir...

—Escucha —Kiba caminó entre ella y Shino, enganchando sus brazos alrededor de los dos, continuando su paseo—. Yo, Shino y Akamaru siempre estaremos aquí para cuando nos necesites —él sonrió—. Te guste o no, estarás pegada a nosotros hasta el final, así que no vayas pensando que no nos verás sólo porque te has convertido en un pez gordo.

Shino se ajustó las gafas. —No me he expresado exactamente así, pero estamos siempre aquí para ti, Hinata. Recuerda eso.

Hinata les sonrió, sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa ante la felicidad que sentía. Ella realmente amaba a su equipo. Kiba era muy hiperactivo, descarado y grosero a veces, pero siempre sabía cuándo aumentar su espíritu. Shino era retirado, cínico, y tenía una baja tolerancia a las cosas que mantenían poca lógica, pero ésa era la esencia de este grupo, eso mantenía las cosas juntas, a su manera. Los otros equipos podían sobresalir más que ellos, y tal vez se les podía considera superiores, pero, en lo que se refería a Hinata, los otros equipos no tenían a Kiba, a Shino, o a Akamaru.

—¡Hey, Kiba!

Los cuatro se detuvieron y miraron hacia la derecha. Estaban frente a Ichiraku Ramen; desde donde Shikamaru les saludaba con la mano.

—Hola. —Kiba respondió— ¿Qué sucede?

—¿Qué quiere decir con "qué sucede"? La semana pasada perdiste en un juego de Go y te comprometiste a pagar la próxima vez que Choji y yo comiéramos. Ahora estamos comiendo. Ven y paga.

—¿Qué? —Kiba se alejó de sus compañeros de equipo—. ¿No ves que estoy ocupado?! ¡Voy a pagar la próxima vez! —señaló con el dedo—. ¡Eres un profesional en ese juego de todos modos, así que no me jodas!

—Cálmate —Shikamaru suspiró, rascándose la parte interior de su oído—. Mira, eso no sería un problema, pero verás —señaló con el dedo pulgar al interior de la tienda—. Choji ha estado esperando todo el día. Si no quieres pagar, tendrás que darle la noticia.

Kiba titubeó, sopesando sus opciones. Había logrado sacar a Hinata de la casa, estaba seguro de que era lo que necesitaba. Y un Choji hambriento no era una persona fácil para razonar. Él suspiró, derrotado. —Lo siento chicos —forzó una sonrisa por la comprensión de sus compañeros de equipo—. ¿Les importaría esperar un rato?

—Eso está bien —Hinata aseguró—. Me quedaré aquí con Akamaru.

—Lo mismo —dijo Shino.

—¡NOOOO! —Lee salió de la tienda de ramen, saltando por los aires mientras hacía una serie de giros, y aterrizaba en cuclillas delante del equipo 8. Miró hacia arriba, tenía un brillo en su mirada, y se disparó a una posición de pie—. Shino. Si recordaras la semana pasada, a cambio de no participar en un concurso de trepar árboles ¡dijiste que aceptarías un concurso de comer veinte tazones de ramen! ¡Choji también va a participar, por lo que no nos puedes dejar ahora!

—¿Tú puedes comer tanto? —Hinata le preguntó a Shino.

Él suspiró. —Lo averiguaremos. Kiba va a pagar de todos modos.

—¿Esperar qué? —Kiba replicó cuando Shino comenzó a caminar dentro de la tienda—. ¡Shino, ya tengo que pagar cuarenta tazones!

—En realidad —dijo Lee, levantando la mano, mirándose tan decidido como siempre—. Yo no tengo mi billetera tampoco, Kiba. Shikamaru me aseguró que todo estaba cubierto —él le dio una palmada en la espalda—. No puedo agradecerte lo suficiente, mi amigo.

—¿Él qué? ¡Shikamaru! —Kiba irrumpió en la tienda también.

—¿Vas a unirte a nosotros, Hinata? —Preguntó Lee.

Ella sonrió con cautela. —Gracias, pero voy a pasar.

—¡Haz lo que quieras! ¡Voy a comer al menos cuarenta tazones! —aseguró Lee mientras corría dentro de la tienda.

—¡Al infierno que podrás! —Kiba rugió.

Hinata se rió en voz baja para sí misma. Se despidió de sus amigos. La vivacidad de todos ellos nunca la dejaba de sorprender, y el hecho de que todos estaban tan cerca sólo la hizo sentir eufórica sólo por ser parte de ese pueblo.

Y pensar que estaba lista para cerrar su vida y no participar de todo eso...

Ella y Akamaru caminaron hacia el otro lado de la calle y esperaron allí. A pesar de estar en público, Hinata se sentó contra Akamaru, ya que él parecía sugerir que hiciera precisamente eso. Hacía un buen día, y Akamaru parecía tan cómodo como su propia cama. Era casi tan cómodo como la cama de Sas-

Sacudió la cabeza. Ahora no. En lo que a ella se refería, él no iba a volver, y ella no iba a dejarse arruinar el día de hoy. Cerró los ojos, apoyándose en Akamaru.

—¿Hinata?

Sus ojos se abrieron y se encontraron con unos de color azul profundo. Naruto estaba inclinado sobre Akamaru, y su rostro estaba en frente de ella. Una inundación masiva de deja vú la golpeó.

—¡N-N-N-Naruto! —chilló, sentándose de golpe, y girando el rostro para mirarlo. Miró hacia arriba, todavía apoyada en el gran perro. Akamaru le dio a Naruto un narizazo en el codo.

—¿Estabas durmiendo? —preguntó mientras se acercaba a ella, acariciando al perro.

—N-n-n-no, yo-yo-yo, eh, yo...

Él frunció el ceño ligeramente, y levanto una ceja. —Bueno, lo siento por despertarte —él se agachó, mirando en la tienda—. ¿Estabas esperando para poder entrar? Hay un asiento a la izquierda.

—U-um... —ella sacudió la cabeza—. U-u-u-un co-concurso de c-c-comer... Uh...

Naruto trató de no mostrar su confusión, pero no tenía ni idea de lo que estaba tratando de decir. —¿Tú... quieres tener un concurso de comer conmigo?

—¡No! Quise decir... quise decir...

Se rascó un lado de su cabeza. No le entendía absolutamente nada. —¿Quieres hacer algo conmigo?

El rostro de Hinata estaba de un rojo brillante.

Akamaru se puso en pie, mostró los dientes hacia unos edificios, y ladró ferozmente. Naruto se volvió; Hinata impulsivamente dio un paso hacia atrás. El movimiento le permitió esquivar dos kunai que salieron de la nada.

—¿Estás bien, Hinata? —preguntó Naruto, lanzo un kunai mientras miraba hacia los árboles. No sentía a nadie.

—Sí —dijo ella mientras buscaba al agresor.

—¡Hinata! —Kiba salió corriendo de la tienda de ramen, todos los otros ocupantes hicieron lo mismo—. ¿Qué pasó? —corrió hacia Akamaru.

—Alguien nos atacó — respondió Naruto—. Fueron rápidos, también.

Hinata miró fijamente los kunai atascadas en el suelo; donde habían aterrizado.

—¡Naruto, tu rostro! —Lee exclamó. Todos lo miraron.

—¿Qué pasa con mi rostro? —se llevó una mano a la mejilla. Tirando de su mano, se dio cuenta de la sangre.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Hinata se sentó en su habitación, acurrucada sobre sí misma. La luna brillaba a través de su ventana, una ventana que se aseguraba de cerrar. Vigilaba con su mirada; su Byakugan se había activado. Esos kunai eran de ella, no había duda de ello, y la última vez que los vio fue cuando estaban siendo lanzados a Sasuke. Tenía que ser él quien los había lanzado por la tarde. Había tratado de matar a Naruto.

Con sus propias armas.

Ella miro a la ventana, y la escaneó con más atención. Si él estaba en el pueblo, entonces estaría aquí pronto, posiblemente esa misma noche. No vio a nadie sospechoso merodeando. Había algunos miembros del clan caminando y otros ya estaban en sus habitaciones. Miró hacia el centro del compuesto y vio a su padre.

Con esto, perdió parte de su enfoque.

Él no había venido a verla desde que la habían enviado de vuelta a su casa. ¿Sabía siquiera que ella se había ido? ¿Sabía que estaba bien, por lo que había decidido no visitarla? Tal vez iría a visitarla ese día, pero... ¿acaso siquiera le importaba?

Y entonces vio algo extraño. Había alguien paseando por la calle, arrastrando los pies y balanceándose. Quienquiera que fuese, él o ella iba a pasar por su ventana. Se puso de pie, lista en su posición de combate.

La persona se acercó, tropezando en la pared. Ahora empujando hacia adelante, incapaz de alejarse de la superficie sólida. Ésta persona...

Algo no estaba bien.

Se acercó más, deteniéndose justo frente a su ventana, y levantó una mano; escucho una terrible tos. La persona se estaba obligando a sí misma a estar en pie con la espalda recta, con las piernas tambaleantes, y luego cayó, frente de su ventana. Hinata se quedó sin aliento.

Era un niño.

Ella vaciló, revisando si alguien estaba cerca, pero no había nadie. Ella corrió a la ventana y miró hacia abajo. La persona no se movía. Inconscientemente desactivó su Byakugan, abrió la ventana y con cuidado bajó, se puso de rodillas junto al cuerpo que parecía tener problemas para respirar.

—¿Estás bien? —preguntó, girando a la persona. Él era un muchacho joven, tal vez de once o doce años, con el cabello del mismo color que el de ella. Llevaba un kimono blanco, y tenía los ojos cerrados mientras se obligaba a tomar respiraciones profundas.

—A-ayuda —susurró. Su voz era baja, débil y ronca. Él estaba muy enfermo. Hinata acunó la parte superior del cuerpo del niño en sus brazos. Él era increíblemente delgado; era casi como si no pesara nada—. No... N-no puedo m-moverme... Duele.

—¡L-lo siento! Dónde... ¿Dónde te duele?

—Duele... Siempre... —tosió de nuevo, su cuerpo temblaba violentamente. Hinata entró en pánico. Algo estaba terriblemente mal con él. A pesar de sus protestas, lo llevó a su habitación y lo acostó en su cama. Ella le abanicó ligeramente, mientras estaba de rodillas en el suelo.

—Por favor, dime lo que está mal —ella llevó una mano a su frente. Estaba frío, pero él también estaba sudando—. ¿De dónde vienes?

Él jadeó. Abriendo sus ojos para mirarla. Sus ojos eran blanco brumoso. ¿Estaba ciego?

—Tú... firma de calor...

—¿Mi qué?

Volvió a toser. —¿Hyuuga... Hinata...?

Ella toco suavemente su pecho. —¿Me conoces?

—Oh, hombre —él jadeó. Miró al techo, y soltó un suspiro tembloroso—. No quería... realmente no quería encontrarte.

—¿Qué?

Se llevó una mano temblorosa hasta su oreja. —Objetivo... adquirido.

—¡Jutsu niebla venenosa!

Una espesa niebla blanca descendiente venía de algún lugar fuera. Rápidamente se introdujo en su habitación, haciéndole lagrimear los ojos y dificultándole la respiración. Ella tosió y se ahogó, mientras su visión se oscurecía.

—Perdóname...

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Caminando por el compuesto lleno de niebla, Sasuke miró a todos los cuerpos caídos. Miró a cada uno cuidadosamente, viendo si podía reconocer a su familia inmediata de los demás miembros del clan.

Demasiado fácil.

Este podría ser el final del clan Hyuuga, si así lo quisiera. En medio de la noche, en un momento en que nadie sospecharía, el clan Hyuuga podría caer, y, según todas las apariencias, sería culpa de la Villa de la niebla. Contempló la muy tentadora posibilidad... pero ¿podría hacer eso? ¿A ella? Él sabía lo que era perder todo, así que ¿podía hacerle eso a Hinata? ¿Podría él matar a su familia, no importaba la gran y desagradable cantidad que ellos eran? ¿Podría lidiar con el trauma después de los hechos? ¿Podría realmente hacerlo?

Él sonrió, siguió caminando.

Sí, se dio cuenta de que sí. Podía hacerlo, y no iba a sentir lástima. Sin embargo, él no lo haría porque, y sólo porque, se preocupaba demasiado por lo que ella podría pensar, o lo que podría hacer. Lo último que necesitaba era que ella se sintiera triste.

Tal vez en otro momento.

Tal vez lo haría si ella tenía que regresar, no habría nada para ella al regresar, de todos modos.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—De… despierte… despierte… por favor... vamos... despierte... ¿señorita?

Hinata sintió que la agitaban ligeramente. Estaba aturdida; nunca se había sentido así de desorientada antes.

—Aléjate de ella —otra voz declaró. Ésta sonaba más fuerte y frenética—. Ya tenemos suficientes problemas, así que déjala en paz.

—Ellos no saben lo hicimos. Además, necesitamos saber que está bien.

—¡Shana, aléjate! —la otra voz susurró—. ¡Vendrá pronto!

—Acabas de ver a Sasuke desaparece en ese prado. E incluso si Kabuto nos viera, él no nos mataría.

—¿Qué te hace estar tan seguro?

—Yo no lo estoy.

—¿Quieres que nos mate?

—¿Señorita? —la voz rasposa vaciló—. ¿Hi… Hinata?

—¡No digas su nombre!

Abrió los ojos, poco a poco; un regazo apareció en frente a su vista. Había hierba a ambos lados de ella, y alguien estaba a su lado. Su cabeza se balanceaba mientras se obligaba a levantarla, se sentía como si todo se estuviera moviendo. Estaba de espaldas contra algo sólido, tal vez un árbol, y estaba oscuro... era el exterior.

Correcto.

Ella estaba afuera.

Sus ojos miraron a su izquierda. El chico de antes estaba allí.

—Está despierta —dijo el otro, como si fuera imposible—. Esto es malo.

—¿Estás bien? —el chico de al lado le pregunto.

—Los jadeos... —susurró—. Tu... Algo... mal...

—Deja de hablar con ella, ¿de acuerdo? —dijo el otro. No podía ver donde estaba.

—Escucha —dijo el chico de cabello oscuro—. Inhalaste una gran cantidad de gas. Jibo te dio un poco del gas que contiene el antidot-

—Tiene un nombre, ya sabes.

—Pero él utilizó la mayor parte de su chakra en darle el antídoto a tu clan.

—¡Shh! ¡No lo digas en voz alta! ¡Estaremos en problemas si te escuchan!

—¿Mi... Clan..? —ella lo miró a los ojos. ¿Cómo era capaz él de verla?—. ¿Están... ¿bien?

—Sí, deberían estarlo —hubo una pausa—. Lo siento... por hacerte esto. Sólo estoy siguiendo órdenes de Lord Orochimaru, pero quiero ayudarte también.

—¿Ayudarla? —el otro exclamó, pero todavía susurraba—. ¡Hemos hecho suficiente!

—Podemos luchar contra ellos, si lo intentamos. Puedes seguir utilizando taijutsu, yo no tengo más chakra en mí, pero lo intentaré.

Hubo un grito de asombro. —Estás loco. ¿Quieres que nos maten? ¡No podemos hacer nada! ¡Especialmente no con Sasuke!

La cabeza de Hinata se sacudió.

—Bueno, tenemos que probar. ¿En cuánto tiempo ella recuperara su fuerza?

—No sé... treinta... cuarenta minutos. No sé cuánto gas en realidad inhaló y… ¡no importa! ¡Esto es una locura!

—Si ganamos, la podremos salvar, y podremos ir a casa.

—Eso es un juego de azar y lo sabes.

—¿No quieres inten-

—No... —Hinata dejó caer una mano cerca de sus rodillas—. Es muy peligroso...

—Pero-

—¿Estás bien...?

—¿Qué?

—Los jadeos... tu cuerpo... es...

—Oh —susurró—. ¿Estás preocupada por mí? Después de... —él negó con la cabeza, sintiéndose culpable—. No debes preocuparte por mí. Estoy bien. Esto no es nada nuevo.

Los ojos de Hinata se cerraron. Acumuló chakra y activó su Byakugan.

—¡Hinata! ¡Te encuentras demasiado débil para esto!

—¡Te dije que esto era malo!

Llevó la mano hacia arriba, centrando tanto chakra como pudo y la llevó al pecho del chico, liberando así todo el chakra en un punto focalizado. Se quedó sin aliento.

—¡Shana!

—Hinata... Qué... ¿Qué hiciste...?

—¿Estás bien? ¿Qué fue lo que te hizo?

Él no respondió durante unos minutos, se movió lentamente.

—Me siento mucho mejor.

—Chakra... —Hinata murmuró— Órganos... Chakra bloqueado... —suspiró, incapaz de mantener su Byakugan por más tiempo—. Liberado.

—¿Me ayudaste?

—Ella... Por qué ella… ¿haría eso...?

La cabeza de Shana se disparó, buscando algún lugar sobre ella. —Sasuke viene.

—¿Qué? ¿D-dónde? Yo no lo veo.

—Puedo ver débilmente su firma de calor si me concentro lo suficiente.

—¡No es bueno! Tenemos que escapar y dejarla.

—Hinata, escucha —se acercó a ella—. Sasuke no va a matarte. No sé por qué está detrás de ti, pero, hasta donde yo sé, no tiene nada que ver con Orochimaru.

—Shana, ¿qué estás haciendo?

—Pero eso no significa que no sea peligroso, ¿de acuerdo? Él no puede matarte, pero va a hacerte daño sin pensarlo dos veces. Es difícil de leer... pero creo que... Creo que tal vez…

—¿Qué estás haciendo?

Los chicos se quedaron sin aliento. Alguien salió por la derecha, alguien que sonaba muy parecido a Sasuke.

—Sólo me aseguraba de que estuviera viva —el de su izquierda dijo.

—Utilizaste el antídoto en ella, ¿verdad? —Este fue dirigido al rubio.

—¡S-sí, señor!

Habló al muchacho moreno.

—Muévete.

—Lo siento —el espacio junto a ella se convirtió en vacío.

Hinata sintió un brazo alrededor de su torso y otro debajo de sus rodillas, levantándola. Su cabeza cayó hacia atrás, pero ella la levantó para ponerla sobre el pecho de su captor.

—¿Eso es todo? —el chico de antes preguntó.

—Claro. Sólo tienes que irte —y entonces empezó a alejarse. Los ojos de Hinata se cerraron, demasiado pesado para mantenerlos abiertos.

—Sasuke —dijo ella, más bien susurro.

—Mantuve mi promesa, ¿no?

—Qué son... —suspiró, sus ojos seguían cerrados—. No... Hagas... Nada.

—Si te hago algo, no lo recordarás.

Hizo caso omiso de eso. —Prométeme...

—¿Qué quieres que te prometa?

—No... Los mates...

—¿Esos muchachos? —él preguntó—. ¿Por qué quieres que te prometa eso?

—Porque tú...

Se hizo el silencio.

Ella tembló.

Y luego la oscuridad la reclamó.

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Fin Capitulo Siete.

Notas: she said…

Naoko Ichigo