Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a Juri . DP y esta historia fue beteada por la linda Karen Hikari del Team Beta Readers.
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Hanabi Hyuuga era conocida por ser amable y respetuosa, pero seria, se preguntaba cómo es que se suponía que debía ser vista como otra cosa. Su madre y su hermana eran la encarnación misma de la bondad y el respeto, no había otra forma en que supiera cómo actuar en público.
Sin embargo, los acontecimientos que tuvieron lugar en su hogar causaron que la heredera más joven chillara la misma cosa en su mente una y otra vez.
Supéralo.
Eso es lo que Hanabi Hyuuga desearía poder decirles a su hermana y a su primo, pero no era su lugar.
Ese no era su problema.
Pero al mismo tiempo, se sentía fuertemente unida al tema.
Ella podía no ser expresiva con sus emociones, pero esos dos en cuestión formaban parte de su familia. No había muchos en su familia que fuesen queribles, pero, para no sentirse sola, trataba de encontrar rasgos adorables en todo el mundo. Hinata podía hacerlo, así que tenía que haber algo en todo el mundo.
Pero Hinata y Neji no se estaban llevando bien, y eso era molesto.
Ella no sabía cuándo había empezado todo, pero los había oído discutiendo, tan sutil como los Hyuuga abordaban las discusiones, hacía algunas noches. Más tarde se enteró que su hermana había adquirido de alguna manera un horrible moretón y un raro desequilibrio de chakra, pero ese no era el problema. La cuestión era, por alguna razón, desde aquella noche, Neji y Hinata no se estaban llevando bien.
Era desconcertante, de verdad. Se habían vuelto cercanos en estos últimos tres años, y parecía que su hermana nunca hubiera estado aterrorizada de él. Pero ahora... Sólo era extraño.
Había algo con Hinata, pero nadie le decía los detalles. Ni siquiera se le permitió visitarla cuando estuvo en el hospital, tampoco podía solicitar información sobre la noche en que desapareció. Estas fueron órdenes de su padre, y Hanabi no las entendía en absoluto.
Ko estaba muy angustiado debido a estas órdenes; con cada incidente se culpaba a sí mismo, pero ella dudaba que fuera a enfrentar a su padre al respecto.
Aun así... Neji y Hinata necesitaban superar lo que les estaba molestando, y tenía a ambos tan turbados. Los ninja tenían derecho a tener emociones, sin duda, pero no podían permitirse el lujo de enfrascarse en ellas como los aldeanos podían.
Neji tenía que entender que Hinata había cambiado con los años. Ella era más fuerte, tenaz, y él no podía protegerla del mundo como si todavía fuese la vieja Hinata de doce años. Tenía que aprender a superar lo que pasaba. Y Hinata tenía que superar la abundancia de libertad que pensaba que tenía. Era una Hyuuga, la primogénita de la familia principal, y en la sangre de Neji corría el deseo de servir a los de la familia principal. A Hinata no le gustaba, no lo aprobaba, pero a menos que se convirtiera en una heredera adecuada y cambiara las cosas, tenía que aceptar ese destino.
También tenía que entender que Neji y ella compartían un vínculo que era bastante raro en la familia.
¿Era su hermana tan despistada que no se daba cuenta que Neji no la protegía por deber? Le importaba, la veía como una verdadera amiga, ¿por qué estaba siendo tan dura?, ¿y por qué Neji no hacía nada sobre el tema?
Durante los últimos dos días, Neji salía sin decir una palabra a su hermana y Hinata lo había estado evitando. Si iban a ignorarse, entonces podían ahorrarse las miradas fugaces que se lanzaban cuando creían que nadie los veía.
Si Hanabi fuese un poco más intrusiva, le hubiera dicho que se fuera hace dos días, pero era inútil ahora.
Hinata se estaba marchando en una misión.
Hanabi estaba con Ko y su padre en la parte delantera del compuesto mientras Hinata se despedía.
—¿Vas a necesitar un escolta? —le pregunto su padre, para sorpresa de todos. ¿Desde cuándo le importaba? Él había estado actuando extraño desde la noche en que Hinata salió de alguna manera de la casa.
Hinata parpadeó por un momento antes de sacudir la cabeza ligeramente.
—Voy a estar bien, padre. Gracias…
—Muy bien —y él le honró con una sonrisa como rara vez hacía—. Puedes irte.
Hinata lo miró, con las mejillas rojas, aunque su confusión era evidente para todos. Ella se inclinó, en un movimiento espasmódico y apresurado, y se marchó rápidamente. Hanabi notó que su hermana parecía todavía sentir una gran cantidad de dolor.
—Señor Hiashi —dijo Ko, con la voz cargada de inquietud—. Yo no estoy tan seguro de que la Señora Hinata esté en condiciones estables para estar lejos de la aldea.
Hizo un gesto de desprecio.
—Ella está bien, es un ninja por encima de todo, y un ninja no llora sobre las situaciones desafortunadas que vienen con el trabajo.
—Sí, pero-
—Ko. Puedes haber cuidado de ella cuando era más joven, pero soy su padre. Yo sé de lo que es capaz.
El joven no respondió a pesar de querer hacerlo. En cambio, él asintió antes de volver a caminar al interior de la casa. Hanabi miró a su padre.
Estaba segura de que había algo que amar en él, pero no siempre era fácil de ver.
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Neji observó desde la puerta cómo Hinata se alejaba por las puertas.
Ella no debería estar de misión.
Ella no se había recuperado aún, y él seguía sin entender su forma de pensar.
¿Ella quería morir?
Neji suspiró, notando a Kō caminando hacia él. Se veía acongojado, al borde de las lágrimas, y le ofreció una disculpa inestable cuando pasó a su lado. Dejó que su mirada cayera en su tío, que también venía caminando pausadamente.
Ese hombre...
Parecía complacido por el sufrimiento de su hija. Nunca había preguntado por ella cuando regresó de estar desaparecida, no se inmutó cuando se enteró de la contusión en su rostro, y simplemente asintió cuando se enteró de lo ocurrido en el patio. Era alucinante. Su tío podía verla como una ninja, pero seguía siendo su hija. Alguien estaba maltratando a su propia hija. ¿Cómo no iba a importarle?
—Tío —Neji inclinó la cabeza mientras se acercaba.
—Neji —respondió, haciendo una pausa—. ¿Hay algo que quieras decir?
El moreno vaciló.
—¿Por qué le permitió a Hinata-sama irse si sus heridas aún no han cicatrizado?
—Ella no parece preocupada por ello, por lo que no es de mi interés.
—Tío... Hinata-sama está muy sobrecargada.
—Sí —asintió, con una pequeña sonrisa en sus labios—. Y en contra de su naturaleza débil, ella no ha sobrecargado con sus problemas a ninguna otra persona —siguió caminando—. Ella puede ser material Hyuuga, después de todo.
Neji se quedó mirando el suelo, con el ceño fruncido en lugar de su característica estoicidad. ¿Era todo? ¿Eso era lo que pensaba? ¿Que era material Hyuuga en vez de su hija?
—Ejem.
Los ojos de Neji se movieron para encontrar la mirada impasible de Hanabi.
—Hanabi-sama —saludó.
Ella asintió, haciendo una pausa.
—No fuiste a despedirte de mi hermana.
Su hermana.
Ella era claramente consciente de la situación entre ellos.
—Parece que no lo hice —él estuvo de acuerdo.
—¿Y no la acompañaste?
—Ella quería ir sola.
—Ya veo —ella pasó junto a él, deteniéndose a unos pasos de distancia—. La vida de un ninja es incierta, no tenemos las libertades de la gente normal.
Neji miró hacia atrás; Hanabi siguió hablando.
—Esta pudo muy bien ser la última vez que la verás —se dio la vuelta, alejándose—. Espero que las últimas palabras que le dijiste valieran la pena.
Neji la siguió con la mirada, sentía el pecho y la garganta apretados.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Hinata corrió a lo largo del bosque, sus piernas se quejaban por su trote ligero. A este ritmo, llegaría al punto de encuentro mucho antes de lo que había pensado, pero estaba nerviosa.
¿Su padre en realidad había mostrado preocupación por ella? Ya era lo suficientemente extraño que estuviera allí para despedirla, pero ¿fue todo para demostrar que importaba? Él incluso le sonrió.
Él la aceptaba.
Tropezó, pero rápidamente recuperó el equilibrio y corrió más rápido. Tuvo que sacudir la cabeza un par de veces para aliviar el aturdimiento que sentía, las cosas estaban cambiando. No tenía idea de lo que había hecho para finalmente ser considerada digna de algo, pero esperaba seguir haciéndolo. Le gustaba saber que causaba cierta pizca de alegría en su padre.
Ella sonrió, su corazón se hinchazón, al recordar la expresión de su padre.
Aprobación.
Felicidad.
Aceptación.
Hinata se cubrió la boca con las manos mientras reía, con lágrimas en sus ojos. Había pasado mucho tiempo desde que había hecho algo para complacerlo. Más tarde se podría emocionar y celebrar su felicidad actual.
—¿Hinata?
Se detuvo, examinando a su alrededor. Naruto se detuvo a medio camino. Él la miró con sus brillantes ojos azules repletos de reconocimiento y curiosidad.
Exceso de curiosidad.
Él la miraba con demasiada intensidad.
Se volvió hacia él y dio unos pasos hacia atrás.
—B-buenos días, Naruto.
Se volvió también.
—Estás apresurada —él la examinó, para gran molestia de la niña—. ¿Vas a alguna parte?
Agarró las correas de su mochila. Últimamente Naruto siempre aparecía en los momentos más inconvenientes.
—Yo, uh, m-mi equipo tiene una misión —tragó saliva, esperando que no se diera cuenta de que estaba esquivando su mirada—. Y-yo estoy yendo a e-e-encontrarme con ellos.
—Hm —miró al cielo; el sol apenas estaba a mitad de camino para aparecer completamente—. Bastante temprano para salir.
—U-um, bueno, a-aún fa-falta otra... hora o algo... hasta que mi equipo llegue, pero... —ella no sabía qué más decir.
—¿Otra hora? Hombre, seguro que eres puntual —él sonrió, encogiéndose de hombros—. O algo así.
Soltó las correas de su mochila, sonriéndole.
—Así que… —frunció el ceño ante el movimiento más pequeño—. Eh, ¿te sientes bien?
Sus entrañas se apretaron.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir?
—Tu, uh... —hizo una pausa, rascándose la mejilla—. No hablamos mucho, ¿sabes? Me he dado cuenta de eso después del otro día, por lo que debe sonar extraño que esté preocupado. —Él sonrió de nuevo—. Quiero decir, me gusta pensar que estamos en buenos términos, y también que somos amigos —hizo una pausa—, porque lo somos, ¿verdad?
—¿Amigos?
—Si. Realmente me agradas.
Hinata abrió la boca para responder, pero no estaba segura de cómo hacerlo. Si él le estaba preguntando es porque probablemente no lo eran, no le dolía reconocerlo. Sus interacciones siempre fueron escasas, en el mejor de los casos.
Naruto se rió nerviosamente.
—Una pregunta tonta. No era lo que quería decir, pero supongo que nunca me di cuenta de lo mal que la estaba pasando alguien a quien conozco, y eso es un poco difícil de asimilar. Uh, especialmente cuando le sucede a alguien de quien no estoy seguro de si nos llevamos bien o no —función el ceño—. Pero no me importa, además tú me ayudaste en el pasado, así que no sé porque sigo diciendo esto, ¿sabes?
—Yo... N-no creo que entienda lo que estás tratando de decir... —¿a qué se refería?
Él suspiró, jalándose el cabello. Tal vez no era tan bueno con las palabras como pensaba.
—¿Cómo está tu espalda?
—¡Oh! ¡B-bien! Está mucho mejor que, um, que antes.
—Neji piensa que alguien te hizo eso. Es difícil creer que alguien querría hacerte eso, pero ¿cómo sucedió?
Su corazón latía sordamente. No se oponía a que Naruto le hablara o mostrara preocupación, pero no esta vez. Se dirigían a un territorio desagradable. Esta no era la forma en que quería que Naruto la notara. Todavía no, al menos. No hasta que pudiera decirle que su mejor amigo iba a volver.
—Soy... un poco torpe —dijo sin convicción—. Pero, um, realmente debo irme ahora.
Naruto no podía decir que sabía lo que estaba pasando, ni podía decir que conocía a Hinata lo suficiente para saber cuando estaba mintiendo o no. Pero ella era Hinata, y Hinata no mentía. Eso era un hecho bien conocido. De todos modos, estaba seguro de que no era así. Era su propia culpa por no llegar a conocerla mejor, pero nunca parecía estar cerca. Si pensaba en ello, nunca la veía por el pueblo como a los demás.
—Bueno —dijo, empujando el pensamiento a un lado—. No voy a retenerte. Yo solo salí para despejar mi cabeza.
—¿Todo está bien? —preguntó ella, sin siquiera pensarlo de antemano.
Naruto sonrió tímidamente, frotando la parte posterior de su cabeza mientras la miraba. Se preguntó si era demasiado personal hablar de ello.
Él se rió, alzando la mirada.
—No es algo que a la gente le gusta oír estos días, pero... —su sonrisa vaciló; él la miró, esperando que no le juzgara con dureza—. Estaba pensando acerca de Sasuke.
Hinata se puso rígida, su corazón bombeó tanta adrenalina que su mundo estaba empezando a girar.
—Tú debes conocer todas las historias por ahora —Naruto continuó—. Ellos lo convirtieron en este... este monstruo, pero no es así. Él sólo... Sólo tenía mucho en su contra —sacudió la cabeza— las personas solían compararme con él, en todo, pero ahora lo comparan a él conmigo. Ellos piensan… que es la misma cosa, ¿sabes? —la miró por un momento—, ¿sabes lo que le ocurrió a su familia?
—¿La… masacre y lo de su hermano?
—Todo eso, él tenía una familia, un clan, yo crecí solo y con un maldito demonio sellado dentro de mí. Las personas lo sabían y nunca me lo dijeron, pero lo superé —se hecho a reír con dureza—, pero las personas me miran y piensan que tuve la vida más difícil, ellos piensan que Sasuke debería haber manejado sus problemas como lo hice yo, pero… una cosa es la soledad y superarla, pero Sasuke no siempre estuvo solo… él tenía una buena vida, y no creo que él se diese cuenta… que podía tener algo mejor, tanto para él, como para los que lo rodean.
Hinata escuchó, sorprendiéndose por estado inusualmente abatido de Naruto, pero cuanto más hablaba, su cuerpo se volvía más frío. Su espalda le latía.
—A veces pienso que yo fui demasiado duro con él, ¿sabes? Siempre desafiándolo y esas cosas —sonrió, cuando la nostalgia lo alcanzó—. Fue divertido, pero tal vez él estaba buscando a alguien que le ayudara más que nada. Él no es un mal tipo, Hinata, no dejes que nadie te diga lo contrario… Estábamos... quiero decir... —él suspiró, mirando al suelo—. Es difícil no saber si está bien.
—Él está bien.
Las palabras se deslizaron, muy tranquilas y seguras, y Hinata sólo se dio cuenta de que fue quien las dijo cuándo Naruto inmediatamente le dirigió una mirada confundida y sorprendida. Ella parpadeó, recuperándose con facilidad.
—P-por lo que he oído... o por la clase de persona que era, estoy segura de que un... un tipo como él sabe lo que está haciendo. Él… él es… —cerró los ojos pensando—. Lo intentaría.
Naruto la miró, su rostro transmitía claramente su incredulidad.
—Tú... ¿Tú no piensas que Sasuke es malo?
Malo...
¿Qué es malo?
Su punto de vista sobre quién y qué era malo habían cambiado de lo que solían creer. No sabía cuándo sus pensamientos habían cambiado, pero también se había negado a pensar mucho en ello.
Pensar era malo.
Sasuke... había hecho cosas malas, pero...
—Creo —dijo Hinata, sintiendo la garganta seca— que sólo necesita un amigo.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Sasuke decidió que no le gustaba la aldea de la Niebla.
Era aburrido y sombrío, y le recordaba demasiado a sí mismo. También resentía el hecho de que era demasiado fácil mezclarse aquí. Kabuto, el chico de hielo y él sólo se cambiaron de ropa, pero era distinguible aun con su disfraz. Habían llegado ahí de anoche y ahora...
Bueno, ellos no estaban haciendo nada.
El Uchiha esperaba algo más... interesante, pero tal vez le estaba dando demasiado crédito a este lugar.
Los tres se sentaron a la mesa en el centro de un restaurante al aire libre. A pesar de que el único escudo contra los elementos era el techo, el lugar era demasiado caluroso. Había demasiada gente.
Al lado de Sasuke, de Kabuto y del chico de hielo, las personas estaban comiendo... una especie de pescado. O tal vez una especie de calamar. El Uchiha se pidió una bola de arroz, que estaba mal hecho, por cierto, y un vaso de agua. Kabuto parecía desinteresado, apoyado en su mano buena mientras comía, y solo se dedicaba a mirar a través del restaurante. Cuando la actitud de Sasuke le llamó la atención, Kabuto levantó su tenedor con un pedazo de lo que estaba comiendo.
—¿Quieres un poco? —preguntó casualmente, aunque con un toque de picardía en su voz—. Apuesto a que estar encerrado en tu habitación pensando en ya sabes quien realmente te puede abrir el apetito.
Sasuke lo miró, tentado de incrustar el tenedor en alguno de los ojos del hombre de cabello blanco, pero se conformó con apretar más o menos la mano sobre los dedos vendados del otro ninja. Kabuto maldijo, tirando de su mano, y abandonó la mesa para hacer quién sabe qué. Sasuke sonrió, aunque no exactamente complacido con la forma en que eran las cosas desde que habían llegado.
Esta aldea era una broma.
¿Pensaban que porque estaban lejos de todos los demás pueblos estaban a salvo de él? Nadie estaba a salvo. No había tal cosa como estar a salvo porque siempre había algo que podía hacer daño. Siempre había alguien que quería hacerte daño.
Sasuke escaneó el lugar de nuevo cuando se dio cuenta de un grupo de hombres que estaban a tres mesas más allá mirándolo. Eran grandes y fornidos ninjas de la aldea, y hablaban entre sí pausadamente de vez en cuando y miraban hacia él.
Cogió su vaso, con la intención de tomar un sorbo, cuando su mirada cayó sobre el chico de hielo. No creía que tuviera un nombre, por lo que, si lo tenía, no debe haber sido impresionante. No tenía mucha interacción con este chico, o con cualquiera realmente, pero... le molestaba.
Mucho.
No le gustaba el tono de su cabello. No le gustaba la palidez de sus ojos. No le gustaba lo delicado que se veía su rostro.
No le gustaba lo mucho que se parecía a Hinata.
Todo en ese chico lucía equivocado.
El muchacho, inquieto, le sonrió a Sasuke. El chico sabía que el Uchiha lo miraba, pero mantuvo los ojos fijos en su plato, recogiendo pequeños trozos de carne con el tenedor.
Hinata no le hubiera ignorado. Hinata probablemente le habría buscado y preguntado un montón de cosas ¿Por qué? de alguna forma u otra.
Pero el chico de hielo no era Hinata.
Hinata estaba de vuelta en Konoha.
Sasuke se quedó viendo al aire, con expresión aburrida.
¿Pensaba en él?
Ella era mejor. Después de que casi le había permitido tener su primer orgasmo, ella pensaría en él. No se sentía mal por lo que le había hecho en el momento. Tal vez más tarde, porque la culpa iba y venía. A veces recordaba el miedo que había reflejado su rostro. Recordaba lo aterrada que estaba de él y como se había desmoronado bajo su mirada. A veces recordaba la suavidad de su piel y sonreía. Luego apretaba los puños, con la esperanza de que pudiera cambiar, y el arrepentimiento se apoderaba de él hasta que se quedaba dormido.
Pero, por ahora, estaba bastante orgulloso de sí mismo y quería que ella pensara de él. Tarde en la noche, ella debe pensar en lo que le había hecho, o en lo que casi había hecho. Ella debía pensar en él haciéndole eso de nuevo, y debía sentirse frustrada consigo misma por querer que él la tocara otra vez. Tal vez ella pensaba en hacérselo a sí misma, tocarse a sí misma por primera vez pensando en él. Ella debería probarlo sólo para darse cuenta que no era lo mismo, y tal vez iba a llorar en voz baja y pedirle que volviera y terminara de hacerlo por ella.
Sasuke giró el vaso en pequeños círculos, mirando a la nada. Hacía demasiado calor aquí.
El chico frente a él levantó la vista, al parecer en contra de su mejor juicio. Sasuke se centró en él. El Uchiha tomó un sorbo de su bebida, asegurándose de mantener el contacto visual, y exhaló.
—Muéstrame.
El chico parpadeó, temblando por alguna razón, aunque mantuvo su rostro compuesto. Impresionante.
—¿P-perdón?
—Tu Kekkei Genkai. Quiero verlo.
El muchacho miró a su alrededor, claramente angustiado.
—No puedo... usarlo aquí. Hay demasiada gente.
Sasuke miró a su alrededor. Eso era sin duda cierto. Miró de nuevo a la mesa de los hombres que ahora estaban vigilándolo mucho más tiempo que antes. ¿Finalmente se dieron cuenta de quién era? Ha estado bastante inactivo desde que estaba aquí, así que tal vez necesitaban alguna prueba. Miró a una camarera que estaba caminando cerca de su mesa.
—Demasiados, ¿eh? —tamborileó los dedos sobre la empuñadura de su katana, mirando a la chica. Ella era joven, tal vez tenía su edad. Tenía el cabello castaño oscuro recogido en una cola de caballo, y probablemente no era nadie que sobresaliera drásticamente. Ella probablemente sólo le importaba a un pequeño grupo de personas en su vida.
Aburrido.
Ella levantó la mirada hacia él, dándole una sonrisa que él no regresó. Esperó a que diera unos pasos más, antes de clavarle su espada en el abdomen.
Los ojos del niño de hielo se abrieron como platos, el restaurante quedó en silencio.
Sasuke tiró su espada del abdomen de la muchacha. La chica cayó al suelo jadeando durante unos segundos antes de que la katana cayera perforando su corazón. Sasuke tomó otro sorbo de agua, mirando al chico a los ojos, y le dijo:
—Esa es una menos.
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Kabuto miró su reflejo en el espejo del baño sucio; el agua corría por su rostro desgastado.
Se veía viejo.
Estos últimos días solo habían hecho que se viera mucho más viejo de lo que era.
Se miró la mano herida, el dedo índice envuelto en tablillas, junto con su dedo medio. No tenía miedo de Sasuke, estaba un poco sorprendido por la forma en que reaccionaba. Podría haber sido diferente si Kabuto no estuviera bien informado sobre el campo de la medicina, pero hacerse daño no le hacía gracia aun cuando sabía que podía arreglarse a sí mismo. Aun así... un descanso estaría bien.
—O el mocoso solo puede matarse y ya —suspiró, acercándose a las toallas de papel.
Se secó la cara y las manos, preguntándose cómo la carne de cangrejo que ordenó tenía un sabor mucho mejor de lo que parecía, cuando oyó gritos y mesas cayendo más allá de la puerta. Hizo una pausa, escuchando el caos, antes de quejarse. Lanzó sus toallas de papel, se dirigió hacia el fregadero para recuperar sus gafas, y salió del cuarto de baño.
Ninjas pululaban por su mesa, sólo para ser derribados por la hoja de la katana de Sasuke. Algunos daños eran infringidos al Uchiha, pero este se limitaba a encogerse de hombros antes de darle un golpe fatal al atacante.
Kabuto quería preguntarle qué había sucedido, tal vez se enteraron de quienes eran o tal vez la persona equivocada escogió luchar con Sasuke, pero, al final, nada tenía demasiado sentido. Esperaba que Sasuke recordara la razón que había tenido para unirse a ellos, la cual era vengarse de Itachi y simplemente dejar de hacer tonterías, pero él estaba demasiado distraído. Era como si se hubiera olvidado de su objetivo.
Kabuto suspiró.
—Yo no pude terminar mi comida.
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Ella estaba bien.
Se dijo una y otra vez que estaba bien. Incluso cuando su equipo finalmente llegó y todos partieron para su misión, ella seguía diciéndose a sí misma que estaba bien.
Pero no estaba bien.
Había muchas cosas a las que podía culpar, como las emociones encontradas que había tenido esta mañana, o el hecho de que se olvidó de tomar desayuno, pero ninguna de estas eran el tema principal. El problema era que su espalda le dolía.
Muy, muy mal.
Fue informada que agujas salieron a través de ella, aunque recordaba el dolor, que se sintió más como fuego líquido, y le dijeron que tendría una serie de pequeños agujeros en su espalda hasta que sanaran por completo. Ella no quiso ver las heridas por sí misma ya que la imagen le hacía doler el estómago. Los ninja médicos eran reticentes a curarla con chakra, ya que podían causar un desequilibrio de nuevo, pero le dieron parches especiales con frío, que deberían tener el mismo efecto con el transcurso de unos pocos días. Ayudaban, sí, pero saltar a través de los árboles y el roce de su mochila le causaba calor lo que volvió su parche actual inútil. Tenía que reemplazarlo cada ocho horas, y todavía tenía tres para el resto de la misión.
Hasta entonces, no se quejaría.
Ella contaría las horas.
Afortunadamente, usar su Byakugan para explorar los alrededores parecía disminuir una fracción del dolor.
—¿Cuánto tiempo más falta para que lleguemos a la frontera? —Kiba le preguntó por la retaguardia.
—Tal vez otro día —Kurenai respondió desde el frente.
—¿La Mizukage realmente nos necesitan husmeando en su propio pueblo? —Kiba resopló—. Suena como una buena manera de "accidentalmente" iniciar una guerra.
—Los tiempos son difíciles, Kiba, pero no son tan difíciles.
—¡Tck! Simplemente parece que nos estamos entrometiendo, eso es todo.
Y tal vez Kiba tenía razón. Quizás se estaban entrometiendo, pero si la Hokage les había asignado vigilar alrededor de la aldea de la niebla para detectar cualquier signo de traición a la patria a petición de la Mizukage, no podían rechazarla. ¿Por qué la Mizukage no confiaba en sus propios shinobi? Era una incógnita, pero tal vez era porque los aldeanos sabían cómo sus ninjas lucían. Si de repente empezaban a interesarse en los asuntos de la gente normal, o a interesarse entre sí, inmediatamente sonarían campanas de alerta.
Bueno, si hubiese efectivamente campanas de advertencia sonando.
Sin duda, esta paranoia era todo debido a la salida inesperada de Sasuke de Konoha.
—Hey, Hinata —Kiba llamó, poniéndose al día con ella—. ¿Quieres que yo lleve tu bolso? Te ves un poco cansada.
—Estoy bien —ella sonrió como disculpa—. Gracias de cualquier forma.
—¿Estás segura? No tienes que sobre exigirte.
—Ah... N-no, estoy bien, de verdad.
¿Por qué había tanta preocupación?
—¿Por qué estás corriendo con los brazos cruzados? —Kiba le preguntó después de un tiempo.
Hinata se sonrojó. Era vagamente consciente de que estaba haciendo eso, pero tener a Kiba señalándolo, solamente le hizo apretar más sus brazos.
—P-porque… p-pp-por mi lesión —dijo, centrándose en la nada, ignorando la mirada confundida de su compañero de equipo.
—¿Te duele allí, también?
—Eso es... n-no es lo mismo. Um... Yo-yo no se supone que lleve... —ella lo miró, sólo para enrojecer más cuando él esperó a que terminara—. U-uh, b-bueno...
—Kiba —Shino lo miro por encima del hombro—. Déjala sola por ahora.
Kiba se tomó un momento para evaluar la situación. Quería protestar, pero entonces comprendió.
Su lesión no le permitía usar un sujetador.
Se sonrojó, sintiéndose tonto por no haber llegado la conclusión antes. Se disculpó en voz baja antes de regresar a su posición original.
Hinata siguió explorando la zona, pero ahora estaba más consciente que antes. Ahora todo el mundo sabía de su estado actual. Ella se tomó un momento para mirar hacia el cielo.
Iba a ser una larga misión.
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—Hn —Sasuke lo admiró un momento más—. No está mal.
Lo que solía ser la Aldea Oculta de la Niebla ahora era una gran formación de cristales de hielo. El chico de hielo jadeaba en el suelo, sudando profusamente.
—Todo un pueblo, ¿eh? —Kabuto dio un paso atrás para contemplar el hielo—. Un Kekkei Genkai impresionante, chico —bajó la vista hacia él—. Así que, ¿están todos muertos?
La cabeza del niño se disparó, mirando lo que hizo.
—Si yo... Si tuviera suficiente chakra, yo podría-
—Pero no lo tienes —Sasuke se volvió y se alejó.
Kabuto vio cómo Sasuke los dejaba atrás. En realidad, las acciones de Sasuke no le sorprendieron; sabía que el niño era mentalmente inestable o algo así. Supuso que tenía sentido teniendo en cuenta todo lo que ha pasado, no es que le preocupara ni nada, pero tenía que haber un límite. Comenzó todo este lío haciendo una escena en lo que solía ser un sórdido restaurante.
Kabuto volvió a mirar a la formación de hielo y gimió.
¿Cuánto tiempo pasaría antes de que alguien llegara y encontrara al pueblo como estaba? Seguramente, no todos los shinobi estaban en aquí, rara vez estaban todos ninjas en una aldea, siempre algunos estaban desplegados en algún tipo de misión fuera de sus respectivos pueblos —, así que ¿cuánto tiempo pasaría antes de que se enteraran? Estaba seguro de que culparían a la aldea de la Escarcha, lo que sería ideal, ya que los dos pueblos podrían simplemente matarse unos a otros por lo que le importaba. Sin embargo, la capacidad de Shana era una rareza incluso en su lugar de origen. Una vez que se corriera la voz de que esto fue causado por un niño que había sido secuestrado...
Kabuto suspiró, limpiándose la frente. Orochimaru y cualquier persona relacionada con él siempre estaban siendo cazados, pero nadie los buscada cuando no daban razones para hacerlo.
Ahora sí que tenían una razón.
Kabuto miró al jadeante y sudando chico. Vagamente se preguntó lo que había sucedido para que use toda su energía así.
No importaba. No había nada que hacer al respecto de la situación en la que estaban en este momento. Kabuto se acercó al muchacho, se dio la vuelta y se arrodilló frente a él.
—Vámonos —ordenó.
Hubo un momento de vacilación antes de que el niño frágil se subiera a su espalda; estaba muy delgado, más que de costumbre. Se preguntó si tenía algo que ver con su Kekkei Genkai.
Kabuto resopló.
Una vez más, se suponía que no importaba.
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Cayó la noche y el Equipo 8 estaba en buen camino.
Iban mejor de lo que esperaban, teniendo en cuenta que querían tomarlo con calma por amor a Hinata, pero la chica estaba en silencio y se esforzaba por ir más rápido. Nadie dijo nada al respecto, por su lesión o sus acciones, pero Hinata sabía lo que estaban pasando. Estaba agradecida de que se sintieran de esta manera, pero estaban en una misión. Cuanto más pronto terminaran, más pronto todos podrían ir a casa.
Ella no lo admitiría en voz alta, pero se estaba empujando a sí misma más duro de lo que su espalda podía soportar. Se estaba volviendo casi imposible ignorar el ardor.
—Muy bien —dijo Kurenai después de que terminaron de empaquetar lo que había quedo de su comida—. Vamos a descansar por la noche. Estén preparados para salir muy temprano.
—Sí, sensei —todos ellos respondieron, y se trasladaron a sus respectivas tiendas.
—Hinata —Kurenai la llamó—. ¿Puedo hablar contigo un momento?
—Ah, b-bien —la joven se dio cuenta de que sus amigos le lanzaban miradas cautelosas. Kurenai llevó a Hinata hacia un lado, más cerca de la tienda de campaña que estarían compartiendo.
—¿Cómo te sientes?
—Um... b-bien, sensei. Si usted se está preguntando acerca de mi... lesión, entonces está bien, de verdad.
Kurenai no le creyó. Su estudiante tenía los brazos cruzados delante de ella, era comprensible, por supuesto, y ella estaba encorvada ligeramente. Hinata casi nunca se encorvaba, algo que le había sido enseñado por su familia, sin duda, pero también estaba inquieta, aunque era muy sutil. Cualquiera que fuese el dolor que sentía, lo escondía bien.
¿Por qué, sin embargo?
Ella sabía que Hinata tenía un complejo irracional de inferioridad, pero ¿desde cuándo había llegado al punto donde quería reprimir sus preocupaciones? Ella nunca las expresaba, pero siempre aceptaba ayuda. Ahora no parecía querer eso. Se preocupaba de que solía llevar su sufrimiento en silencio para aparentar fortaleza.
—Hinata —dijo con cautela, sin saber cuan intrusiva debería ser—. Lo que sea que esté sucediendo contigo, podemos ayudarte, si nos dejas.
Miró hacia otro lado por un momento—. Lo sé, sensei.
Kurenai esperó, espero que le hablara.
—¿No hay nada que me quieras decir?
Hinata la miró, y nada podría haberle roto más el corazón a Kurenai. En aquellos pálidos ojos, vio esperanza, una especie de alivio que podría destrozar a cualquiera. Por un momento, Hinata la había mirado tan aliviada, tan cansada, como aceptando que por fin podría expresar lo que estaba pasando, pero fue sólo por un momento.
Por un instante, esa esperanza fue reemplazada con duda, Kurenai habría jurado que su pregunta fue de alguna manera mal redactada. También había miedo, pero era imposible saber por qué. ¿Esto tenía que ver con su familia? ¿Su padre la estaba entrenando con fuerza para ser nuevamente su sucesora? Kurenai estaba segura de que él sería capaz de hacer todo eso, pero Hinata había mejorado con los años. Aun así, Kurenai nunca se había sentido tan cerca de lograr algo sólo para que se lo arrebataran después.
En vez de ir por su primer instinto, Hinata simplemente sonrió nerviosamente y contestó con un:
—Gracias, pero todo está bien.
Pero eso era una mentira.
Kurenai sabía esto, pero ¿qué más podía hacer?
—Muy bien —Kurenai asintió y cerró los ojos un instante para lavar cualquier otra emoción—. Hay una cosa más. La ninja médico sintió la necesidad de informarme de algunas precauciones por tu lesión.
Hinata esperó, sin ver a dónde iba con esto.
—¿Te sentirías más cómoda si yo durmiera afuera?
—¿Afuera? —Hinata parpadeó—. ¿Por qué harías eso?
—Me dijeron que deberías exponer tu espalda al aire tanto como sea posible.
—O-oh —se sonrojó—. C-claro, yo iba a... preguntarle si podía d-dar un paseo para encontrar un lugar para hacer eso —se mordió el labio inferior, su rostro se tornó incómodamente caliente—. Y-yo nunca le pediría que abandonara a tienda... p-por lo que tener un poco de tiempo para mí estaría bien.
—¿Estás segura?
—Sí —asintió—. Esta situación es nueva para mí... y-y yo no estoy acostumbrada a estar... desnuda alrededor de otros.
—Bueno... está bien, Hinata. Yo podría dormir antes de que volvieras. Si tienes que ventilar tu espalda durante la noche, no dudes en hacerlo en la tienda. No me gustaría que algo te sucediera.
Hinata sonrió.
—Gracias, sensei.
Kurenai entró en su tienda de campaña mientras Hinata reunía algunas de sus cosas para llevar con ella. Había llevado una pomada de su familia que era famosa. No sabía si podía usarla en su espalda, pero nadie había dicho que no podía hacerlo tampoco. Además, era muy útil para todo lo demás. También tomaría otro parche de enfriamiento y otra camisa para cambiarse.
—Hey, Hinata.
Ella levantó la vista para ver a Kiba salir de su tienda; Akamaru se levantó de su lugar y lo siguió.
—Hola.
—Uh... Siento lo de antes —se arrodilló frente a ella—. No era mi intención hacerte sentir incómoda ni nada.
—No, no es tu culpa. Esas cosas... suceden.
—¿De qué cosas están hablando exactamente? No es común que todos los días tú... Que alguien... —él resopló, pasando una mano por su cabello—. Nadie quiere tocar el tema, pero estamos preocupados, ¿vale? Si alguien te está haciendo daño, sea familia o no, puedes decirnos.
—Yo... yo sé, Kiba. Las cosas no son tan malas como parecen —miró a los artículos en sus manos—. Realmente aprecio tu preocupación.
Él se miró las manos.
—¿Vas a alguna parte?
—Uh, yo... tengo que exponer mi espalda al aire tanto como pueda... así que voy a ir a buscar un lugar para hacer eso.
—¿Irás tú sola? ¿Quieres que uno de nosotros te acompañe?
—No, estoy bien.
Kiba frunció el ceño, estaba esperando que pudiera ayudarla en algo.
—Hinata.
Se volvieron hacia el sonido de la abertura de la tienda. Esta vez Shino salió, caminando hacia ellos.
—Pensé que ibas a dormir —dijo Kiba.
—Tengo asuntos que cuidar —él contestó, caminando hacia el bosque—. Hinata. Camina conmigo.
Ella miró a Kiba, dándole una sonrisa fugaz antes de excusarse para seguir a su otro compañero de equipo. Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos del campamento, Shino aminoró el paso para caminar cómodamente con ella.
—Estoy seguro que has oído todo por ahora —dijo.
Ella apretó sus artículos contra su pecho.
—Realmente puedo cuidar de mí misma.
—Entiendo. Y, sin duda, comprendes cómo no podemos simplemente hacer esto a un lado.
Ella frunció el ceño ligeramente.
—Lo hago.
—Debes tener tus razones, Hinata. Voy a respetar tu privacidad, pero por favor no te ofendas con nuestra persistencia en el asunto.
Ella lo miró.
—No estoy ofendida —declaró—. Estoy muy feliz de tener toda esta atención, pero yo... sólo quiero saber que... porque todos ustedes tienen fe en mí... que p-puedo c-cuidar de mí misma. Siempre he sido protegida...pero no hay manera de probar que soy capaz... si sigo así.
Shino no dijo nada.
Esta era probablemente la vez que más habían hablado, y eso hizo que Hinata se preocupara. Siempre parecía saber exactamente lo que el otro quería decir o lo que el otro estaba pensando, por lo que, quizás, la abundancia de palabras de Shino significaba que él no la entendía más. ¿Estaba perdiendo la capacidad de comprender lo que estaba sintiendo? Incluso ahora, el entendimiento al que llegaron no se sentía tan concreto como de costumbre.
Ella discretamente se secó los ojos. Esto no era como ella quería que las cosas resultasen.
Sintió la mano de Shino en la parte superior de su cabeza. Ella lo miró, él todavía estaba esperando.
—Vamos a superar esto —dijo.
—Estamos... ¿Estoy empujándonos a separarnos?
—No. A mi entendimiento, todas las facetas de las relaciones interpersonales pasan por puntos de inflexión. Este es un tiempo para que te descubras a ti misma, pero también es una época para que el resto de nosotros reconozcamos esto y actuemos en consecuencia.
—Y... ¿qué significa esto para nosotros?
Él le acarició la cabeza, pensando.
—Significa... que tendremos mucho de qué hablar cuando volvamos a casa.
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—Oi, Sasuke —Kabuto llamó, volviéndose hacia el Uchiha unos pasos hacia atrás—. Coge el ritmo, quieres. No tenemos el lujo de poder tomar las cosas con calma.
Sasuke miraba en silencio a lo lejos. Era imposible saber lo que le había llamado la atención, pero había algo en esa dirección que lo distraía. Kabuto lo ignoró porque el niño estaba mal de la cabeza, pero desde que habían salido de la aldea, había perdió gradualmente su velocidad.
Kabuto ajustó su velocidad.
Hacía tiempo que el chico en su espalda se había quedado dormido, y si no fuera por el hecho de que podía escuchar su respiración, Kabuto habría olvidado por completo que estaba llevando a alguien.
Sin previo aviso, Sasuke salió corriendo en dirección a la que tan obviamente le intrigaba. Se le cruzó por la mente de Kabuto que tal vez había sentido algo, cualquier cosa, tomando en cuenta las acciones del Uchiha, pero no tenía sentido. No habría nadie a quien sentir a kilómetros a la redonda, pero no era el momento de cuestionarse.
Kabuto simplemente regresó a la ruta por la que habían estado viajando.
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Hinata se sentó debajo de un árbol en un campo abierto.
Shino y ella habían pasado tiempo conversando mientras caminaban sin rumbo por el bosque, aunque iban en línea recta al campamento. Le levantó el ánimo, sólo un poco, y ella se contentó con dejar que su mente tomara un descanso. Shino dijo que si no regresaba en una hora, vendría a buscarla. Esperaba no se quedarse dormida mientras estaba haciendo todo esto.
Se quitó la camisa, y mantuvo la nueva sobre su cintura. Puso los brazos sobre su pecho, era la fuerza de la costumbre, y escaneo el campo una vez más. Ya había quitado el parche, y el aire se sentía refrescante, pero no sabía cuánto tiempo sus nervios le permitirían estar aquí. No había nadie alrededor, pero no era imposible que alguien la viera.
Su paranoia le decía que estaba siendo observada.
Se estremeció, encontrando que estaba en una situación vulnerable. Si se quedaba en el campamento, no iba a conseguir dormir si debía hacer esto. Aunque no había nadie alrededor, igual no podía disfrutar del alivio que sentía. Ella suspiró.
Mirando a su alrededor una vez más, la mente de Hinata corría desenfrenada. Trató de racionalizar el caso de alguien viéndola. Si se trataba de Kurenai, Shino o Kiba, todos ellos eran mejor que un extraño, por lo menos. Si se trataba de un extraño, entonces nunca tendría que verlos de nuevo.
Miró a todos los árboles que rodean los bordes del campo. Desde cualquier distancia dada, nadie sería capaz de ver mucho. De hecho, ella sería capaz de cubrirse a sí misma incluso si alguien notara que estaba desnuda. No serían capaces de ver cualquier detalle de su cuerpo.
Miró hacia arriba en el árbol, explorando sólo para saciar sus nervios, y no vio nada. Continuó observando las ramas sólo para asegurarse. Estaba a punto de mirar hacia otro lado cuando sus ojos vieron algo. Había un contraste de colores en las sombras oscuras. Cuanto más miraba, más características aparecían a la vista, hasta que ella fue capaz de ver claramente.
Allí mismo, inclinado sobre el borde de una rama mientras descansaba su cabeza sobre la palma de su mano, estaba Sasuke Uchiha.
Los ojos de Hinata se abrieron, dejando caer la mandíbula, apretando los puños.
Sasuke parpadeó con indiferencia, mirándola abiertamente.
—Princesa —saludó.
Ella comenzó a hiperventilar, volteándose a toda prisa para tirar de su camiseta, y se puso de pie al tiempo que Sasuke se dejó caer al suelo. Sus hombros irguieron, mirando a otro lugar, y su rostro quemaba.
—¿Q-q-qué estas ha-ha-ha-haciendo... haciendo aquí?
—Pasando el rato.
Ella se negó a mirarlo. ¿Cuánto tiempo había estado allí? ¿Qué había visto? Ni siquiera le había detectado ¿había estado allí desde antes que ella llegara? Debía haber visto... Él... tenía que haber visto...
Sus ojos ardían con los pensamientos inquietantes.
—P-pero... por qué estabas... Tú sólo estabas... —ella se secó los ojos. Se sentía tan expuesta, tan exhibida. Sasuke no entendía la gravedad de esto en absoluto. No podía verla así—. ¿Por qué estabas-?
—¿Estás llorando?
Se dio la vuelta, en reacción a la voz que venía de detrás de ella. Él estaba más cerca ahora, y a ella no le gustó eso.
Él la miró sin emoción en su rostro, y eso tampoco le gustó a ella.
No le gustaba.
Se cruzó de brazos, recordando en qué estado se encontraba, y se volvió hacia un lado. No le gustaba la forma en que podía hacerle esto a ella tan fácilmente. A veces él la hacía sentir como si fuera alguien especial, pero la mayoría de las veces sólo la hacía sentirse inútil.
—No es mi culpa que estuvieras desnuda —dijo.
Eso lo hizo.
Ella quería estar enojada, gritarle o algo, pero su labio inferior temblaba. Sus ojos se desbordaron de lágrimas porque Sasuke simplemente no lo entendía. No estaba en este estado porque quería estarlo. Él lo había hecho. Era su culpa que sintiera dolor y estuviera lastimada.
Pero era su culpa por continuar a través de su abuso, y no podía soportar la idea de mostrar este lado a él. No quería hacerle daño a causa de lo que había dicho, era porque quería ayudarle a entender que las cosas que decía la herían.
—Sasuke... —se dio la vuelta, tomo un kunai de la bolsa en la pierna.
Sasuke alzó una ceja al verla delante de él. Hinata se agachó un poco, agarrando un kunai, y fulminándolo con la mirada débilmente.
Esto era interesante.
No iba a tratar de entender su estado de ánimo, porque ella también tenía lágrimas corriendo por su rostro, pero una cosa era cierta, la intención de la princesa era hacerle daño.
Su mirada se intensificó cuando ella se abalanzó, con el kunai directamente apuntándole. Sasuke dio un paso atrás, retorciendo su cuerpo, apenas evitó que el arma le penetrara el brazo. Hinata movió su pie derecho hacia un lado. Se dio la vuelta, empuñando su arma hacia él de nuevo. Sasuke la agarró de la muñeca, desviando el ataque.
La mirada cautelosa de Hinata se hizo más definido. Ella hizo un pequeño sonido de frustración antes de dejar caer el arma, y activar el Byakugan. Dio un paso atrás con el pie izquierdo y tiró su brazo hacia atrás antes de enviar un Jyuuken a su pecho. El Uchiha gruñó, el agarre en su muñeca se debilitó, al caer en el suelo. Sus ojos se cerraron por un momento durante el impacto, pero se abrieron cuando sintió un peso sobre él. Hinata estaba a horcajadas, con el kunai de vuelta en su mano y apuntando a su rostro. Por un momento, Sasuke simplemente miró a la heredera que aún lloraba.
Ella era... muy interesante.
Podía salir de esto si él quería, pero ¿quería realmente matarlo? ¿Es eso lo que quería hacer?
... Ella no tendrá ningún problema para matarte.
Sasuke parpadeó una vez, su rostro se volvió neutral. ¿Hinata Hyuuga quería matar a Sasuke Uchiha? Eso sí que sería la comidilla de la ciudad.
… Su vida no gira alrededor de ti.
—Hn —Sasuke sonrió, cerrando los ojos. No, tal vez su vida no, al menos no de una manera beneficiosa. Tal vez eso nunca cambiaría, pero no era tan malo.
La idea de Hinata tratando de matarlo no era tan mala.
Para él, sólo quería decir que había hecho algo que había calado hondo y fuerte en ella, por un momento, su mente solo podía pensar en él, incluso si eso significaba que su mente se llenara con la visión de su muerte. Eso probablemente era lo mejor que tendría, y eso...
… eso no era para nada malo.
Suspiró, sintiéndose contento.
—Adelante, princesa.
Sintió el temblor de Hinata, algunos sollozos se le escapaban. Levantó el kunai sobre su cabeza y lo dejó caer con todas sus fuerzas.
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Fin Capitulo Once.
Notas: One, two, three, one, two, three, drinks
Naoko Ichigo
