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Capitulo II
Pereza
Un ángel perdido
Las luces del estudio de Valentino la deslumbraron, y el ruido resultaba molesto, pero considerando las circunstancias, no tenía más remedio que entrar para solicitar una audiencia con él.
La mujer en la entrada la miró de arriba abajo, levantando una ceja antes de conectar la línea con su jefe. Al escuchar la respuesta, volvió a hacer una mueca, y oscamente le indicó que la siguiera, conduciéndola por entre los pasillos y escaleras hasta una amplia habitación.
Todo el lugar tenía un desagradable olor a alcohol, cigarro y algo más agrio que no supo identificar.
Finalmente llegó ante él: Valentino yacía tendido cuan largo era en la cama, con un cigarro en los labios, apenas cubierto por su abrigo, sin embargo, no era difícil adivinar que no llevaba nada debajo.
Charlie sintió que su garganta se cerraba dolorosamente, y que sus ojos estaban por desbordar lágrimas. Sin embargo, había algo más de fondo, algo que realmente ardía tanto o más que las planicies yermas abrazadas por el fuego del infierno.
—¿Qué puedo hacer por ti? —preguntó él con naturalidad.
—Vine por Angel —consiguió decir, avanzando tan calmadamente como podía, hacía la gran cama en el centro de la habitación.
Valentino, por respuesta, profirió una sonora carcajada mientras apagaba el cigarrillo directamente en uno de los brazos inferiores del Angel.
Charlie gimió al ver que no reaccionaba siquiera al dolor, y se preguntó si estaría muerto.
"No, no puede morir tan fácilmente", pensó con firmeza. Sin embargo, sentía que cada parte de su ser se estremecía con solo mirar el cuerpo blanco, con los brazos atados con correas de cuero tan ajustadas que ya habían lacerado su piel, manchando de rojo oscuro el pelaje del que estaba tan orgulloso.
Desde donde estaba, Charlie podía ver perfectamente el ano desgarrado, y una mezcla viscosa bajando lentamente hasta las sábanas sucias.
—Mírame a mí, estás hablando conmigo —dijo Valentino, interrumpiendo sus pensamientos —¿O es que el gran jefe no le enseñó modales a su progenie? Escucha. Está es mi casa, y esta es mi puta, y tú vas a largarte de aquí o le daré tu virginal culo de princesa a los pordioseros de afuera, si tan deseosa estás de ayudar a los demás, ese es un buen lugar para comenzar.
Pudo ver el perfil de Angel, apenas empezaba a inflamarse, aunque por la comisura de los labios pudo ver el vómito seco y más sangre ya casi negra.
Giró la vista hacia Valentino; ufano, soberbio, convencido de que la había insultado.
Quizás en otro tiempo, algo como otra vida, se habría sentido incluso avergonzada. Pero no en ese momento, no con todo lo que había pasado.
—Vete a la mierda, Valentino.
Conforme las palabras salían de su boca, sus cuernos aparecieron por entre su pelo, apartando el flequillo.
Él volvió a reír, incorporándose de una forma casi anti natural. El abrigo se abrió revelando su cuerpo desnudo, con restos de lo que parecía ser sangre, claramente de Angel, adherida a su piel. Su pene se balanceó entre sus piernas, y por la diferencia de alturas, quedó casi frente al rostro de Charlie.
El miembro negro y flácido, grotesco por su longitud y grosor, fue el último intento de intimidación, y no tuvo efecto alguno, ella simplemente levantó el rostro, buscando sus ojos.
—Hazte a un lado, voy a llevarme a Angel.
En ese momento, Valentino comprendió que no había realmente opción, debía apelar a la más primitiva ley del Infierno, la del más fuerte, así que entreabrió los labios mostrando sus colmillos, emitiendo un chillido de advertencia.
—No empieces algo que no vas a poder terminar.
—Pruébame, desgraciado.
Decidido, extendió la mano para tomarla por el cuello, pero ella lo apartó con un movimiento brusco.
—Fui todo lo amable que pude, porque no quiero a tu padre metiéndose en mis asuntos. ¡Pero nadie me falta al respeto, y menos en mi casa!
Razzle y Dazzle saltaron al mismo tiempo, empujando a Valentino en cuanto este intentó de nuevo tocar a Charlie, lo que no hizo otra cosa más que enfurecerlo, atrapando por la cabeza a Dazzle, estrujándolo brutalmente hasta que un espantoso crujido avivó la llama en el pecho de Charlie.
El cuerpo cayó inerte al suelo mientras que Razzle resoplaba una bocanada de fuego, retorciéndose en la llamarada, de modo que, aunque pareció que su ropa y pelaje se quemaron, emergió de entre las llamas, más grande, con garras y fauces de colmillos carmesí, de sus fosas nasales empezó a salir un humo amarillento con olor a azufre y su rugido, con toda seguridad se escuchó hasta la calle.
Volvió a saltar sobre Valentino que ya tenía las manos tratando de detener a Charlie, a quien los colmillos habían crecido exageradamente, al igual que las uñas de las manos, formándose como garras gruesas y afiladas.
Razzle se aferró con fuerza al hombro de su presa y ella aprovechó para alcanzar su rostro. Los lentes cayeron al suelo y el demonio aulló cuando consiguió arañar uno de sus ojos.
—¡Déjate de estupideces!
Los dos salieron despedidos hasta el otro lado de la habitación cuando, completamente cegado por la ira, se los quitó de encima, saltando enseguida con sus propias garras convertidas en afiladas dagas, dispuesto a rematarlos.
Razzle lo interceptó, la llamarada que escupió lo distrajo lo suficiente como para que Charlie se incorporara, tomara una ridícula escultura y la usara como arma, clavándola en el costado del demonio, luego usó todo su peso para derribarlo, montándose en su pecho para ir sobre su cara de nuevo.
Valentino seguía profiriendo ese chillido enloquecedor, como mil cigarras al unísono, que no hacía más que ponerla tensa.
Charlie sintió un dolor agudo en su vientre y se dio cuenta de que usando unos apéndices extras la había atravesado. Los ojos se le llenaron de lágrimas mientras sentía que perdía la fuerza del cuerpo, Razzle la empujó para liberarla, volviendo a arremeter contra el demonio con más furia que antes.
Los dos rodaron por la alfombra mientras el fuego que habían iniciado se extendía por la habitación.
Charlie nunca en su vida había sentido tanto dolor, pero tenía que levantarse y sacar a Ángel antes de que el fuego lo alcanzara.
Lo tomó por los hombros, no quería lastimarlo más de lo que ya estaba, girándolo como podía para acomodarlo en su espalda, solo que era tan alto que la tarea de moverlo se estaba volviendo complicada.
—Por favor, Razzle, aguanta un poco —le dijo, yendo hacia la puerta.
—Muñeco de mierda —gruñó Valentino mientras usaba todas sus extremidades para quitárselo de encima, aunque en el proceso se había desgarrado el hombro derecho, inutilizando ese brazo.
Razzle se irguió enseguida, bloqueando el camino por el que Charlie había salido.
—Así que este es el poder de Lucifer —susurró Valentino —. Admirable, propio de un rey, ¡pero no eres nada más que un puto muñeco!
La explosión que ocurrió a continuación hizo que Charlie rodara por las escaleras, cubriendo a Angel con su cuerpo, tanto como le era posible.
Los demonios que estaban en la planta baja, alarmados por el barullo que tenía toda la pinta de una batalla territorial, se dispersaron enseguida.
La conmoción no despertó a Angel, y dejó aturdida a Charlie que por entre el polvo, el humo y el fuego, vio a Valentino emerger en su forma demoniaca completa.
—Debí matar a esa puta cobarde desde la primera vez que se escondió en ese agujero que llamas hotel —gruñó.
Charlie sintió sus latidos con fuerza, la ausencia de Razzle no hizo más que estrujar su corazón, pero comprendió al momento que no podía seguir escondiéndose, que no había más opciones si quería salvar a Angel. Se incorporó con algo de dificultad, realmente le dolía la herida, respiró profundo, dejando que el fuego se extendiera a su alrededor.
Entonces lo sintió, la pavorosa sacudida de su cuerpo, la tensión de sus músculos y el calor escalando desde la planta de sus pies hasta los cuernos.
Hubo una segunda explosión.
El estudio porno desapareció por completo de ciudad Pentagrama. En su lugar no quedaban más que escombros calcinados.
Lo que pasó, fue tergiversado en rumores extraños y absurdos, ¿cómo la princesa Charlotte pudo haber hecho eso sola?
¿Cómo un gran señor infernal se había reducido a un cuerpo casi consumido, retorciéndose con dificultad?
Nadie pudo dar una explicación razonable a la caída de Valentino, pero a nadie le importaba realmente, simplemente había más territorio para reclamar.
El fuego se había extinguido. pero las brasas seguían ardiendo cuando alguien se animó a entrar a la zona de desastre.
Pasó al lado de la criatura amorfa que había resultado de aquél encuentro, desigual desde el principio. Le dedicó solo una mirada despectiva, y siguió su camino hasta que encontró las dos osamentas de carnero. Una estaba rota, pero aun servía, así que la llevó consigo también.
—Buen trabajo, muchachos —susurró —. Pero ahora, esto nos rebasa.
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Tendida al lado de la cama, Charlie por fin se sintió aliviada cuando Angel emitió algo como un gruñido de molestia cuando acabó de tratar sus heridas.
Se sentía tan cansada, no solo físicamente, sino todo lo demás. Estaba totalmente convencida de que en el año que Vaggie le había regalado, en lugar de mejorar el proyecto, solo había ido hacia atrás.
Angel había roto la sobriedad casi enseguida, y no era capaz de recuperar su récord de seis meses, ni siquiera completaba una semana.
La mayoría de los huéspedes se habían ido definitivamente, y aunque otros más llegaron, ella misma se sentía incapaz de manejar el programa. Si es que había tal cosa.
—¿Qué pasó? ¿Llegué solo?
Charlie saltó al escuchar la voz de Angel, pidiéndole que se quedara quieto.
—Tranquilo, Valentino te va a dejar en paz.
—¡¿Por qué?! —preguntó.
Su tono y expresión, pese a su propio dolor y cansancio, fue palpable. Charlie no entendía cómo podía volver una y otra vez, cuando era claro que, para Valentino, no era nada más que un juguete. Ni siquiera podía excusarse con que lo hacía para trabajar, porque desde que se registró como huésped del hotel, le había negado los contratos.
—¡Angel basta! —exclamó, más frustrada que antes, rompiendo a llorar —¡Ya basta!
—El trato era que no te meterías en mis asuntos —reclamó Angel apenas respirando, tratando de levantarse, aunque sin lograrlo por su debilidad —. Yo me quedaría aquí, trataría de estar sobrio y haría que el hotel…
—¡A la mierda el hotel! —chilló Charlie lanzándose sobre su pecho—. A la mierda la redención… solo quiero que pares… por favor, no tienes que completar el programa… solo aléjate de Valentino, no te mereces esto…
Angel miró el techo mientras Charlie lloraba en su pecho.
—No tienes puta idea de lo que hablas.
Ella se incorporó levemente, revolviéndose el cabello, limpiándose las lágrimas como podía con el dorso de las manos.
—Ya sé que no —respondió entre sollozos —. No tengo puta idea de nada, solo ando por aquí actuando como tonta, buscando un estúpido arcoíris que ya ni siquiera yo puedo ver.
Angel empezó a respirar pesadamente, y no pudo mirarla, así que desvió la vista hacia la ventana, al cielo purpúreo y nebuloso de la ciudad. Se preguntó entonces, cuándo fue la última vez que él vio un arcoíris.
Tendría quizás unos ocho años, y fue el arcoíris estampado en el pijama que llevaba esa noche, el que su padre quemó para que su madre no preguntara por las manchas de sangre y semen.
—Déjame solo —susurró, entrecerrando los ojos. El dolor de su cuerpo empezaba a sobreponerse.
No quería hablar de arcoíris, y menos decirle que tampoco quería completar el programa que podría llevarlo al reino de un dios que permitía que los niños se ahogaran en sus lágrimas mientras sentían que los partían en dos.
Charlie no replicó, abatida, solo cerró la puerta por fuera. Caminó arrastrando los pies, tenía que permanecer en el recibidor en caso de que algún demonio apareciera para reclamar el territorio del hotel ahora que había dado a entender que su postura de no agresión estaba rota, sin embargo, su cuerpo parecía no responder, y acabó por dejarse caer en uno de los sofás del vestíbulo, recargando la cabeza en los mullidos cojines que Niffty remendaba con cierta frecuencia.
Las lágrimas no dejaban de salir, y no le importaba demasiado que alguien la viera. Solo confirmaría lo que ya sabían, que no era nada más que una fracasada incapaz de cumplir su promesa de ayudarlos.
—¿Dudando?
Miró la figura a contraluz, tenía los ojos hinchados y llorosos, pero al ver de quién se trataba, y sin poder resistirse se lanzó sobre él, abrazándolo con fuerza.
—¡Soy una estúpida, papá!
Sintió cómo acariciaba su cabeza, y ese simple gesto la conmovió a niveles que ya no creía ser capaz de soportar.
—No sé cómo ayudarlos, no sé qué hacer, les hice una promesa ¡y no puedo cumplirla! Ni siquiera puedo cuidar de mis amigos.
—Escuché algo diferente de los que vieron el incidente en el estudio de Valentino.
Charlie quiso reírse por la broma, pero solo pudo gemir con desdicha. Razzle y Dazzle habían pagado cara su indecisión para pelear con Valentino, aun cuando ella fue quien lo provocó.
—Otro fracaso. Prometí que nunca liberaría mi forma demoniaca, y menos para lastimar a alguien, al final rompí la promesa y ni siquiera pude salvarlos.
—¿Crees que hubieses llegado a un acuerdo sensato con él?
No supo qué responder, aunque movió la cabeza de un lado a otro, mordiéndose los labios.
—No se trata solo de una pelea, ahora todo mundo va a creer que quiero participar en las guerras territoriales.
—¿Te preocupa no poder proteger el hotel?
Negó con la cabeza.
—No quiero vivir peleando… no lo soportaría. Estoy tan cansada y no sé si cuando menos la dirección es la correcta, y solo es mi incompetencia la que no los deja avanzar. Sé cuáles son sus pecados, pero no sé qué más hacer, ¿cómo los preparo para el siguiente juicio? No sé qué estoy haciendo, no llego a ningún lado con nadie ¡y Angel! Es tan doloroso verlo así… es como si creyera que merece todo lo que Valentino hace con él.
Ambos volvieron a sentarse en el sillón, y Charlie, sin atreverse a levantar la vista, solo se aferraba a ese abrazo con desesperación, hasta que, poco a poco, el sentimiento en su pecho fue apaciguándose.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre atrición y contrición? —preguntó al cabo de un rato en que quedaron en silencio.
Charlie volvió a mover la cabeza.
—La atrición es una confesión imperfecta —explicó —, sin un real examen de conciencia. Nacida del cinismo y el miedo, en algunas ocasiones del fastidio también. Como primer paso está bien, hay pecadores que nunca entienden cuando menos qué fue lo que hicieron mal. Pero la contrición, es un acto de amor puro.
—¿Como Vaggie?
Él no pudo evitar reír, y fue solo hasta ese momento que Charlie se dio cuenta de algo: no era su padre.
—Como Vaggie —repitió él.
Completamente colorada, se separó, limpiándose la cara y arreglándose el pelo tanto como podía.
—Ven aquí —dijo Gabriel, manteniendo su hermosa sonrisa. Charlie, avergonzada por haberse comportado de esa manera con un desconocido, al que había confundido por tener los ojos llorosos y la cobardía de no levantar la cara, temblorosa, hizo lo que le pidió.
El arcángel sacó una pequeña botella de cristal, vertiendo en la palma de su mano lo que parecía ser agua.
—Inclínate un poco.
Así lo hizo y vertió el agua en su cabeza, acariciando su cabello. Charlie sintió cómo bajaba por su rostro, primero fría, lo que ayudó de alguna extraña manera a que sus pensamientos dejaran de formar un torbellino, y a medida que llegaba a su cuello, cálida, llevándose la sensación agobiante del nudo en su garganta.
—¿Qué haces? —preguntó tímidamente.
—Una preparación.
—Por favor, tú eres un ángel, tú debes saber ¿qué puedo hacer para ayudar a mis amigos?
—Lo que ya estás haciendo —respondió poniéndose de pie—. Cree en ellos, aun cuando ellos mismos no lo hagan. El amor fluye entre la fe y la confianza. Sé fuerte, aun cuando creas que no puedes más. Sé valiente, aunque tengas miedo y, sobre todo, sé paciente.
Gabriel siguió su camino a la puerta, dirigiéndole una última mirada.
—Pero si decides renunciar, puedes hacerlo, nadie va a juzgarte. Realmente no tienes por qué cargar con los pecados de otros.
La puerta se cerró, sumiendo el hotel en el más absoluto de los silencios.
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—¿Angel? —llamó Charlie, asomando la cabeza levente antes de animarse a entrar con la bandeja de la cena —. Te traje algo para comer.
No hubo respuesta, aunque ella supo que no dormía porque se quejó cuando encendió la luz, así que la volvió a apagar. Entró despacio, cerrando la puerta tras de sí y dejó la bandeja en la mesa de noche, tratando de acomodar las cosas de la mejor manera posible.
—Creo que lo mejor es que comas un poco, para que tu cuerpo se recupere más rápido.
—¿Cómo estás tú?
—¿Yo?
—Niffty dijo que Valentino te hirió, le agobiaba no poder salvar la blusa.
—La herida cerró.
"Cuando liberé mi forma completa", pensó con cierta vergüenza.
—Bueno, te dejo, pero por favor, come algo.
—No. Quédate.
Charlie se sentó en la orilla de la cama, mirando el cuerpo delgado de Angel bajo las sábanas, las laceraciones aun eran visibles en los brazos, pero le preocupaba la línea que rodeaba su cuello. Aún era visible, y no estaba segura de que el pelo volviera a crecer rápido, así que seguramente se pondría una gargantilla más ancha para disimular.
—¿Sabes qué te puede poner de mejor humor? —preguntó sonriendo, aunque Angel no la pudiera ver ya que tenía los ojos cerrados.
—¿Trajiste polvo de ángel en esa charola?
Charlie presionó ligeramente su hombro, arrancándole un quejido claramente fingido.
—Una canción.
—No me jodas.
—Un sueño yo les contaré, acerca de un nuevo y fantástico hotel…
Angel empezó a reírse, aunque eso pareció dolerle de verdad.
—Vivo con el miedo constante de que nos obligues a cantar eso en el desayuno o algo así.
—¡Pero qué idea tan maravillosa!
Abrió los ojos con espanto, solo para darse cuenta de que le estaba tomando el pelo. Charlie se rio de su reacción, aunque se quedaron en silencio enseguida.
—Charlie.
—Dime.
—No quiero ir al paraíso.
Ella sonrió de medio lado, extendiendo la mano para acariciar su mejilla.
—No quiero verlos —continuó con la voz quebrada —. No sería justo.
—¿Verlos?
—A los chicos —respondió con dificultad —. A todos a los que les jodí la vida antes de que siquiera llegaran al sexto grado. ¿Qué clase de paraíso sería aquél en el que está el mismo cabrón que te destrozó el culo para que un enfermo tomara fotos, que vendía a otros enfermos?
Charlie no apartó su mano, luchando para contener las lágrimas. Angel no soportaba la lástima, aunque se sumía en su miseria al entregarse voluntariamente a Valentino.
Completamente decidida, se inclinó hacia él, casi chocando sus frentes.
—Volver con Valentino una y otra vez, no es una penitencia —le dijo —. No mereces eso.
—¿Y qué sí lo sería? ¿Servicio comunitario limpiando áreas públicas? Nunca he entendido el sentido de las penitencias, ni cuando estaba vivo. Al tiene razón, tuvimos nuestra oportunidad arriba, lo jodimos todo, estar aquí es lo que merecemos.
—Oye —interrumpió con rudeza —. No le hagas caso a Alastor. Él no tiene ninguna intención de cambiar. Pero tú eres diferente. Puedes decir lo que quieras, pero no cambia el hecho de que te has esforzado como nadie más, porque sé que en el fondo…
—¿Tengo un arcoíris? He estado pensando sobre eso, tú naciste aquí, en el Infierno. Realmente nunca has visto un arcoíris, no uno de verdad. Lo imaginas como algo mágico y maravilloso, y no es nada más que un efecto de la luz con el agua. No se puede tocar, no se puede hacer nada con él.
Charlie no supo qué responder a esa observación, en parte porque era cierto, y otro tanto porque resultaba en demasía deprimente escuchar a Angel hablar así.
—No tienes que ir si no quieres —concluyó —. Pero al menos trata de no volver con Valentino, especialmente ahora que seguro está muy enojado.
—¿Qué fue lo que hiciste? ¿Le quitaste los lentes? Eso le molesta bastante.
Charlie se removió incómoda en su lugar, haciendo un mohín mientras Angel la miraba con una ceja levantada.
—Sí, algo así. De cualquier forma, justo ahora tampoco es que… bueno… tardará un rato en buscarte.
Volvieron a quedarse en silencio.
—Charlie.
—¿Sí?
—¿Entendiste lo que dije? —preguntó sin mirarla.
—¿Qué no quieres ir al paraíso?
—¡No! Me refiero a… lo que hice.
Charlie enredó los dedos en la maraña de pelo blanco, desordenada y sin volumen de su pecho.
—No soy tan tonta —le respondió —. Un poco quizás, pero no tanto.
—Pues me parece que sí lo eres, debería darte asco. Eso es lo que le provoca a la gente decente.
—Ahora el tonto eres tú. Voy a estar contigo siempre, resígnate a eso.
Angel sonrió levemente, cerrando los ojos. Esa conversación lo había dejado completamente agotado.
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—Charlie, querida. Tenemos una situación.
Alastor asomó la cabeza al comedor, donde Charlie daba las indicaciones finales a los huéspedes que se quedarían en el hotel mientras durara el exterminio, dejándoles claro que quizás no tendrían la misma suerte que el año pasado, por lo que tendrían que atender el plan de emergencia.
Todos miraron al demonio.
—¿Se adelantaron los ángeles? —preguntó ella.
—No exactamente.
Charlie dejó escapar un suspiro, tendría que verlo personalmente porque Alastor era bastante dado a las ambigüedades. Se acomodó el saco y la pajarita, pero antes de llegar al vestíbulo, una explosión se escuchó afuera.
Perpleja, se acercó cautelosamente a la puerta, como si realmente pudiera protegerla. Entreabrió y con horror vio en su jardín a media docena de overlords con sus más cercamos demonios colaboradores.
—¿Papá?
Angel se había asomado por encima de su cabeza y Charlie dirigió la mirada al mismo sitio. Guiándose por lo obvio, solo pudo suponer que se refería a la espeluznante araña que cubría casi todo el flanco derecho con sus demonios.
El demonio escupió al suelo.
—Es una provocación, claramente —dijo Charlie —. Nadie salga de aquí.
Entonces se aventuró a salir con toda la dignidad que le fue posible.
—Buenos días —saludó —¿Puedo ayudarles en algo?
—Esta tontería acaba hoy mismo —rugió la araña.
—Su Majestad —intervino Vox con un claro tono sarcástico, adelantándose al grupo —, solo somos un grupo de ciudadanos con una inquietud al respecto de su proyecto.
—¿Inquietud? —preguntó.
—El año pasado, el exterminio no se efectuó, y eso ha… ¿cómo decirlo? Afectado los negocios de algunos de nosotros. Sin contar por supuesto el incremento en la población, que como consecuencia ha traído un desabasto en la demanda de bienes y servicios.
Charlie retrocedió un poco. Pese a la elegante elocuencia de sus palabras, no podía evitar el sentirse intimidada. Tragó saliva y recogió las manos a la altura del pecho.
—Lo entiendo —dijo quedamente —. Pero el proyecto no se va a cancelar. No mientras haya huéspedes en el hotel.
—¡Faltaba menos! —exclamó Vox —. Si algo tan simple es la solución, entonces…
La mirada en los ojos del demonio cambió abruptamente, así como su tono de voz.
—ASÍ SERÁ.
Charlie apretó los puños. Esta vez no dudaría.
Sin embargo, antes de que cualquiera cambiara sus posiciones, las trompetas que anunciaban la llegada de los ángeles estremecieron la ciudad. Los demonios se desbandaron, muchos de ellos corrieron a esconderse: los ángeles exterminadores se habían adelantado.
Pero no así los de más de alto rango.
Vox guardó las manos en los bolsillos de su pantalón, mientras las arañas tomaban posición con sus formas demoniacas completas, rodeando el pequeño cerco que habían formado los Ángeles, dejando al centro solo a Charlie.
—No hemos venido como exterminadores—dijo Gabriel quitándose el casco.
—Hola —saludó tímidamente Charlie —. Lo siento, pero creo que este año tampoco lo logré.
Gabriel sonrió, acercándose a ella.
—Así que has decidido seguir.
Charlie ensanchó una sonrisa de oreja a oreja con mayor soltura.
—Mientras haya un solo huésped en mi hotel, yo no me voy a rendir. Aunque es claro que estoy aprendiendo todo sobre la marcha, y que no puedo limitarme a lo que pasa aquí.
Extendió la mano hacia los overlords reunidos, encabezados por Vox.
—El infierno tiene un sistema frágil, porque poseemos escasos recursos en relación a la población —continuó —. Estos caballeros se reunieron aquí para expresar sus preocupaciones sobre cómo los afecta mi proyecto.
Gabriel miró de soslayo a los ahí reunidos, y de vuelta a Charlie, luego entrecerró los ojos, casi riéndose.
—Ven aquí.
Ella obedeció.
Volvió a sacar una botella, pero cuando vertió su contenido como la vez anterior, se dio cuenta de que, en lugar de agua, era un aceite oloroso, verde amarillento.
—Si lo aceptas —le dijo —. Será hasta las últimas consecuencias.
Charlie asintió y extendió a él las palmas de sus manos cuando se las pidió. Él tomó la derecha, y untó el aceite formando un símbolo, haciendo luego lo mismo en la otra mano. Sin decir palabra, desabrochó la pajarita y los dos primeros botones de la blusa.
Pese a lo que bajo otras circunstancias podría llamarse atrevimiento, ella no se sintió molesta, solo miró el símbolo que trazaba en su pecho, y finalmente en su frente, apartando con gentileza su flequillo.
Lo absolutamente extraño de la situación obligó a los presentes a quedarse en su sitio. Despacio y en silencio, incluso los huéspedes salieron del hotel para ver mejor lo que ocurría.
—¿Qué está haciendo? —preguntó uno.
—Está… ungiéndola—susurró Alastor
—¿Unqué? —preguntó Angel.
—Le está entregando el poder de absolver a los pecadores —continuó, incapaz de despegar la mirada de la escena o de controlar la mueca de su rostro, que era la sonrisa más auténtica que había mostrado en mucho tiempo —. El exterminio parece estar anulado. Charlie ganó.
—Eso significa que…
—Ellos no volverán. No en un buen tiempo.
Angel se adelantó rápidamente en cuanto el arcángel tomó su distancia con ademán de marcharse y el resto de los ángeles rompieron la formación.
Gabriel, contrariado, se quedó quieto cuando se arrojó sobre él, rodeando su cuello con el par principal de brazos, el segundo lo recargó en su pecho y el tercero lo sujetó por la cintura, atrayéndolo indecorosamente a la vez que se encorvaba para quedar cerca de su rostro.
—Escucha guapo, puedo darte un servicio especial —le dijo con su voz más seductora—, si haces algo por mí.
Charlie y cada uno de los presentes se escandalizaron en diferentes medidas, esperando lo peor en la reacción del arcángel.
Por respuesta, Gabriel solo arqueó una ceja mientras Angel le susurraba al oído, y a medida que los segundos pasaban, aquella sonrisa angelical se ensanchó. Con cierto cuidado, deshizo los tres abrazos, recargando la mano en su hombro, algo que Angel aprovechó, haciendo un movimiento provocativo para obligarlo a tocarle el pecho.
—Te lo agradezco, pero no tomaré tu oferta —respondió —. Aun así, haré lo que me pides, porque es lo más apropiado, un signo de reconciliación.
Angel se apartó haciendo un mohín, pero súbitamente enrojeció cuando le dedicó una sonrisa, cambiando de lugar la mano para acariciar su rostro.
—No te entregues a tu pecado —le susurró —. La tristeza de tu corazón, solo puede aliviarse cuando te aceptes, y te hagas cargo de tu existencia.
Enseguida se giró hacia sus acompañantes, dándoles la indicación de marcharse, y los ángeles levantaron el vuelo.
—¿Qué le pediste? —preguntó Charlie, notándolo con cierto aire ausente.
—Pon atención —repuso, sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos.
El cielo se abrió dejando pasar un rayo de luz clara, tan brillante que la mayoría tuvo que cubrirse, pero no Charlie; sus ojos se abrieron de forma exagerada cuando por entre esa luz, se desplegó, como una cinta de siete colores, lo que innegablemente era un arcoíris.
—¡Angel! —exclamó mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Que pongas atención, maldita sea!
Duró tan poco, tan solo unos instantes en el que los ángeles cruzaron esa infranqueable barrera que aislaba el Infierno, pero estaba segura de que esa imagen iba a permanecer en su memoria para siempre.
—Pero, ¿qué es lo que pasa aquí?
Todos giraron la vista al escuchar la voz del rey del infierno. Lucifer caminaba hacia el tumulto, balanceando su bastón de un lado a otro. Su mera presencia hizo desertar a otra parte de los demonios, hasta que solo quedó Vox, apretando los puños dentro de los bolsillos de su pantalón.
—¿Me perdí de algo? —preguntó Lucifer.
—Solo una curiosidad —respondió Vox —. Nada realmente entretenido, si me disculpa.
Inclinó levemente la cabeza, giró sobre sus talones y se retiró sin prisa.
El rey llegó al lado de su hija, mirando con desinterés a los demonios que eran huéspedes del hotel, sonriéndoles con ese gesto tan característico suyo que exasperaba a cualquiera. Luego volvió la vista a Charlie, incapaz de ignorar los restos de la unción en su pecho y frente.
Hacía tanto tiempo que no olía eso. Creía haberlo olvidado.
—Será cabrón —susurró.
—¡Como sea! —exclamó después —, yo solo vine a dejar esto.
Levantando la mano contraria a la que sostenía su bastón, puso en las manos a Charlie dos pequeñas cabras dragón de enormes ojos, que al verla se lanzaron sobre ella.
—¡Razzle! ¡Dazzle! —exclamó.
—¿Qué es lo que tu madre siempre te ha dicho sobre dejar tus juguetes por ahí?
—¡Lo siento tanto! ¡Lo siento de verdad! ¡Gracias por arreglarlos!
Lucifer agitó una mano con desinterés, girándose sobre sus talones, volviendo a mecer el bastón hasta subirse en la limusina que le había traído.
—Entonces, ¿quién es el hermano malvado de Gaby-bombón? —preguntó Angel, consiguiendo que absolutamente todos lo miraran.
Comentarios y aclaraciones:
Más tarda en caer un hablador que un cojo, siempre no fue one shot. Mientras escribía o, mejor dicho, ordenaba las ideas para este capítulo, algo creció y tomó forma.
Se extendió más de lo que esperaba, y me he esforzado mucho para que quede lo más claro posible, por eso, prefiero hacer una pequeña aclaración en lugar de extenderme innecesariamente, y es, el pecado de Angel Dust, y las palabras que Gabriel le dijo.
El pecado de Angel, a mi parecer, es la pereza.
La pereza, suele estar mal entendida como el hecho de quedarse sin hacer nada en un plan ocioso o de flojera extrema, pero en realidad es un poco más complejo que eso.
La pereza es guardar en el corazón apatía, aversión y desgano por cumplir con las obligaciones, y estas a su vez, no se limitan a las laborales, u obvias, como podría pensarse, pereza es el médico que elige no hacer un diagnóstico y recetar lo que le indica la farmacéutica que lo patrocina, pereza es el ingeniero que no verifica el mantenimiento de su maquinaria, pereza es la persona que ve un crimen y solo pasa de largo.
0 como suele ser tomado en un sentido propio del pecado, "tristeza de ánimo". Por ello, a mi modo de ver, la pereza de Angel se manifiesta a través de su rechazo voluntario a cuidar se sí mismo, ya sea por su adicción a las drogas, o su relación con Valentino.
Gabriel le advierte solo sobre esto, pero no por desconocimiento de lo que Angel confesó a Charlie, de eso, Angel es consciente y se encuentra profunda y auténticamente arrepentido, y si bien esto es en sí, la causa de su tristeza (como Gabriel la llama), lo cierto es que se encuentra en el punto en que prefiere no hacer nada, y vagar entre Valentino y las drogas.
Lo que piensa al respecto de que los otros chicos sufran por su presencia, si llegaran a verlo en el Paraíso, no es realmente un gran misterio, para estar en el Paraíso, liberarse de la ira es necesario, así que no, esos muchachos no se sentirían ofendidos, por el contrario, si de verdad son dignos de esta en el Paraíso, se alegrarían de que pudo librarse de sus pecados.
En fin, demasiada palabrería, le corto ahí.
¿Esperaban que fuera la lujuria?
¿Quisieran que completara la tabla de pecados capitales?
¡Gracias por leer!
