Pasaron dos días desde los sucesos extraños: aparición de superhéroes, de supervillanos y la transformación de civiles en seres de piedra. Sí Severus pensaba que su vida no podía tener otro giro inesperado, y que lo marcaría, estaba equivocado.
Regresaba a su casa entrada la noche, había ido al parque a pensar si realmente hacía lo correcto al renunciar a ser Chat Noir cuando apenas comenzaba.
Entró a su calle y vio que había un alboroto; gente en las calles, luces rojas y azules seguidas por sonidos de radio comunicadores, y lo peor de todo, parecía que todo esto pasaba cerca de su casa. Caminó entre la multitud lo más rápido que pudo, deseando que no fuera donde creía que era, pero si hay algo que igualmente lo caracterizaba es que no tenía muy buena suerte.
Logró llegar hasta donde la policía impedía el paso, sintió que su corazón se detenía ante lo que vio: había policías enfrente de su casa, la puerta principal estaba abierta y tenía la cinta amarilla que decía "No pasar". Unos policías llevaban a Tobías, esposado, hacia una de las patrullas y lo metían. Cruzó la barda que bloqueaba el paso para ir a su casa, pero un oficial lo detuvo.
—Esta es un área acordonada —dijo el oficial—. Regresa a tu casa
—¡Es lo que intento hacer, pero usted me lo impide! —exclamó Severus
El policía miró sorprendido al adolescente. Aflojó el agarre y lo miro serio.
—¿Está es tu residencia? —preguntó el policía
—Sí —respondió Severus secamente
—El hombre encerrado en esa patrulla ¿es tu padre?
—Por desgracia, sí
El policía lo miró con sospecha ante esa declaración
—¿En dónde estuviste toda la tarde?
—En el parque. Me gusta ir ahí cuando quiero estar solo
—¿Entonces no sabes nada de lo ocurrido?
—¿Qué pasó? —preguntó Severus preocupado
El policía dudó un momento antes de responder.
—No se sabe con exactitud qué pasó, y tampoco sabemos cómo catalogar esto, pero... hubo una desaparición o secuestro. La señora Eileen Snape
Severus abrió mucho los ojos al escuchar eso. Su madre... ya no estaba. Bajo la mirada a causa de la conmoción.
—Los vecinos la vieron entrar, pero enseguida se escucharon ruidos extraños, fuera de lo acostumbrado, según los vecinos. Llamaron al departamento de policías y cuando llegamos la casa estaba hecha un desastre y tu padre era el único ahí con signos de ebriedad, por eso nos lo llevamos como principal sospechoso. —el oficial espero a que el chico dijera algo, pero al no recibir respuesta continuó—. Todavía eres menor de edad, hijo. Así que tendremos que ponernos en contacto con algún familiar para que se haga cargo de ti o enviarte directamente a un orfanato
Con eso último. Severus levantó la mirada y observó al policía. ¿Orfanato? ¿Parientes que se hicieran cargo de él? Tanto de la familia de su madre como de su padre no conocía a nadie por lo que no sabía a quién acudir, podría escribirle a Dumbledore para explicarle la situación, pero al ser en el mundo muggle las cosas serían complicadas.
Otra opción sería que convenciera a las autoridades de que lo dejaran quedarse con los Evans, pero eso sería revelar su situación y a él le daba mucha vergüenza. Lo más lógico hasta ahora era notificarle al viejo director y esperar a que él lo ayudará.
En cuanto se llevaron a Tobías, los policías comenzaron a echar a los mirones y con eso Severus aprovechó a entrar a su casa. Escuchar que su casa estaba hecha un desastre era una cosa, pero entrar y descubrirlo por uno mismo era completamente diferente.
Casi todo estaba destruido, lo que más le sorprendió fue ver que los destrozos no parecían como si alguien hubiera entrado a robar, sino que más bien parecía que hubo una pelea o algo por el estilo. Entró con cautela a la casa y revisó el lugar; todos los muebles estaban hechos pedazos, las cortinas rotas y los aparatos electrónicos destruidos. Entró a la cocina y vio que estaba en el mismo estado. Subió a ver las habitaciones y se encontró con lo mismo.
—¿Qué demonios pasó aquí? —se preguntó Severus caminando por el pasillo hasta su habitación.
Cuando entró vio que también se lo dejaron patas arriba, pero se veía diferente al piso de abajo: pareciera que estuvieron buscando algo. Todas sus cosas estaban fuera de su lugar y maltratadas; los libros tenían varias hojas desprendidas a causa de que las agitaron con fuerza, los cajones estaban fuera de su sitio y el contenido de cada uno estaba esparcido por todo el suelo. Las sábanas, estaban rasgadas, el colchón volteado y rasgado para buscar en su interior y la almohada toda desplumada. La ropa estaba fuera del armario y también estaba hecha pedazos.
Abrió más el armario para revisar su baúl y vio con horror que todos sus útiles escolares, túnicas e ingredientes de pociones estaban arruinados. Se hincó junto al baúl y removió su contenido para ver si algo de ahí se podría rescatar, pero por desgracia descubrió con pesar que no era así.
Se puso de pie, apretando los puños a causa del enojo.
—¿Quién demonios pudo haber hecho esto? ¡Si nosotros no tenemos nada valioso...! —al gritar eso, una opción apareció en su cabeza
Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó la caja donde se encontraba el Miraculous que le fue confiado. De pronto otra idea, un poco más loca, se le ocurrió: ¿y si la persona que transformó a Iván en Corazón de Piedra descubrió que él tenía un Miraculous y quería quitárselo? Pero inmediatamente desechó esa idea; Plaga le había explicado que, la persona que liberó el akuma, al tener un Miraculous, su kwami podría saber si los otros Miraculous se activaron, pero no sabía quiénes eran los portadores ya que estas joyas se entregan de manera misteriosa, como su caso.
Apretó un poco la caja de su mano y volvió a guardarla en el bolsillo. Miró su cuarto destruido una vez más hasta que encontró un pedazo de pergamino que le pareció el menos arrugado, su pluma algo rota y tintero (tenía lo suficiente para escribir la carta). Puso las cosas sobre el escritorio y comenzó a escribir la carta de pie, la silla tenía las patas rotas y no podía sentarse. La carta se la enviaría a Dumbledore y le explicaba su situación, seguía sin agradarle la idea, pero igualmente seguía sin tener una mejor opción para comunicarse.
Terminó de escribirla, la revisó para asegurarse que no se escuchara desesperado ni preocupado y la enrolló. Fue al patio a buscar la lechuza de su madre y se alegró de ver que seguía en la casita que él y su madre le construyeron en lo más alto de un árbol para mantenerlo lejos de las agresiones de Tobías.
—Ater —llamó Severus a la lechuza
El ave asomó su cabecita, negra como la noche, y al ver al joven bajó y se posó en su hombro. Le dio un picotazo amistoso en su cabello a modo de saludo.
—Me alegra ver que estas bien y sigues aquí —dijo Severus a la lechuza a la vez que le acariciaba la cabeza con un dedo—. Necesito que le lleves esta carta al profesor Dumbledore lo más pronto posible. ¿Podrás hacerlo? —la lechuza extendió las alas y dio un picotazo al aire con energía—. Eso creí —afirmó Severus con una sonrisa
Le tendió la carta a la lechuza, la cual la tomó con su pico y emprendió el vuelo, internándose en la noche y perdiéndose fácilmente por el color de su plumaje.
Severus se quedó de pie viendo al cielo por un momento hasta que escuchó pasos dentro de la casa, regresó y vio a tres policías en la sala, entre ellos el oficial que habló con él.
—¿Tienes alguna idea de quién pudo provocar esto? —preguntó el policía secamente y de brazos cruzados
—Rogers, se un poco más delicado con el chico —dijo una policía al lado izquierdo del oficial Rogers—. Oficial Hart —se presentó la mujer— venimos a buscarte para llevarte a la estación y esperar a que un familiar venga a recogerte, de no venir nadie en veinticuatro horas serás enviado al orfanato ¿de acuerdo?
Severus ya sabía eso porque el oficial Rogers le explicó, pero no dijo nada. Asintió y se acercó a la oficial Hart (ella le daba un poco más de confianza) y ella lo rodeó con un brazo por los hombros a punto de irse. Pero vio que el azabache no llevaba nada consigo.
—¿No quieres llevarte alguna muda de ropa y un libro para distraerte?
—No puedo. Todas mis posesiones fueron destrozadas —respondió Severus sin mirarla
La oficial ya no dijo nada más y sacó a Severus de la casa.
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Honestamente, Dumbledore se sorprendió de recibir una carta de Severus solicitándole ayuda, ya que él siempre la rechazaba, pero al darse cuenta de cómo redactó la carta vio que el chico se tragó su orgullo y pudo distinguir la preocupación ante lo que podría pasarle.
Se recargó en el respaldo de su silla a la vez que se acariciaba la barba. Encontrar algún pariente —tanto del lado materno como del paterno— sería muy difícil; desde que Eileen Prince se casó con el muggle Tobías Snape, la familia Prince renegó a la chica y cortaron toda comunicación. En cuanto a la familia Snape pues, sería más complicado; Dumbledore no tenía idea si Tobías tuviera algún pariente que al menos supiera que éste se casó y tuvo un hijo, el cual ya era un adolescente.
Siguió pensando y se dio cuenta que no tenía otra opción más que contactarse con alguien de la familia Prince que fuera lo suficientemente bondadoso para recibir en su custodia al joven Slytherin.
Y resuelto esto, le preocupada a la vez que le llamaba la atención el hecho de que Eileen Snape desapareciera de esa manera, lo primero que pensó fue que la secuestraron los mortífagos; pero algo en su mente le decía que no era posible. Otra opción fue que tuviera la desaparición algo que ver con los sucesos extraños ocurridos en Londres hace un par de días.
—Este será un año escolar muy peculiar —dijo Dumbledore para sí mismo
Llegó a la estación de policía, donde Severus le indicó en su carta que sería el lugar donde podría encontrarlo, acompañado del familiar que aceptó cuidar al chico. Estaba mirando el lugar, el cual a pesar de ser temprano ya había mucho movimiento.
—De verdad te agradezco por aceptar cuidar a Severus
—No hay de qué —respondió la persona mirando al director—. En partes iguales estoy y no estoy sorprendido por la actitud de la familia: No me sorprende que los Prince negaran a Eileen simplemente por casarse con un muggle, pero me sorprende que nadie quisiera hacerse cargo del chico.
—Ya ves como son las familias obsesionadas con esos ideales de la pureza de sangre —dijo Dumbledore negando con la cabeza—. Bueno, será mejor entrar y buscar a Severus
—Por el simple nombre me estoy empezando a dar una idea de cómo es su carácter
—Y no te equivocas, Gabriel
El aludido asintió con una sonrisa y ambos hombres entraron al edificio.
Preguntaron en la recepción por el adolescente justamente cuando pasaba por ahí la oficial Hart. Al escucharlos se ofreció a llevarlos con él; el chico estaba descansando en su oficina.
—¿Ustedes son sus parientes? —preguntó la oficial
—Yo no —respondió Dumbledore—, pero el joven Snape me conoce
—¿De dónde lo conoce?
—Soy su docente y soy quien más confianza le da
—Ya veo ¿y usted?
—Soy su tío. Debo admitir que está será la primera vez que nos vemos a causa de una ruptura con la familia. Pero al ser una emergencia, fui el único que decidió hacer algo
La oficial Hart ya no dijo nada. Llegaron a la oficina y al entrar, vieron a Severus dormido en una silla frente al escritorio con la cabeza gacha y de brazos cruzados.
—Para ser un adolescente, es muy maduro —comentó la policía—. Casi no hablo y tampoco se veía muy preocupado por la situación —se acercó a Severus, lo tomó del hombro y lo movió un poco—. Joven Snape, despierte. Dos personas vinieron a verlo.
Severus abrió los ojos todavía al somnoliento.
—¿Qué sucede? ¿Qué hora es?
—Buenos días, Severus —el chico volteó en cuanto escuchó el saludo
—Profesor Dumbledore. Sí vino
—Sabes muy bien que cuando un alumno necesita mi ayuda, yo siempre respondo —contestó el viejo director con una sonrisa
Severus le devolvió el gesto. Entonces se dio cuenta de la persona que acompañaba al director. Se puso de pie y repasó con la mirada al desconocido; era de tez clara, cabello rubio con algunas canas y ojos azules. Usaba unos lentes redondos de color café. Vestía una chaqueta color beige, debajo de esta un chaleco de color gris y una camisa blanca. También usaba un corbatón blanco con líneas rojas y pantalones de color rojo.
No sabía cómo, pero le parecía que ya había visto a ese hombre en algún lugar. Tanto para el desconocido como para Dumbledore la reacción de Severus no les sorprendió.
—Buenos días. Tú debes ser Severus Snape ¿correcto?
—Sí —respondió el chico al desconocido con desconfianza—. Mucho gusto
—Muchacho, es comprensible que estés algo confundido —dijo Dumbledore acercándose al azabache—. El caballero que viene conmigo es familiar de tu madre
—¿Qué?
—Lo que el profesor quiere decir, es que soy su cuñado. Soy tu tío, Gabriel Agreste y estuve casado con tu tía, Charlotte
«¡Claro! Es el diseñador de modas favorito de Petunia y Lily» recordó Severus en cuanto escuchó el nombre. Pero hubo un detalle que le llamó la atención.
—¿Estuvo?
—Hace casi un año que enviudé
—Lo siento
—No te preocupes
—Entonces —Severus se volvió hacia Dumbledore— fue el único de la familia de mi madre que accedió a cuidarme ¿cierto?
—Así es —respondió Dumbledore
—¿Por qué no me sorprende? —miró al director y luego a su tío. Pero en cuanto miró a Agreste, una duda surgió en su cabeza—. Disculpe
—¿Dime, Severus?
—Sí pudo casarse con mi tía es porque también es un Sangre Limpia ¿no?
—Exacto
—Entonces ¿cómo es posible que se le conozca en el mundo muggle como un famoso diseñador de modas?
—Eso es gracias a mi familia. Les encantaron mis diseños y se lo mostraron a algunos amigos squib. Si prestas atención a los escaparates de las tiendas del mundo mágico también lo verás.
Severus escuchó todo, pero aún no estaba muy convencido ¿Cómo era posible que tuviera un tío diseñador de modas? Aunque tampoco podía opinar mucho ya que no conocía a nadie de su familia.
Entró la oficial Hart y pidió hablar con los dos adultos. Severus tuvo que esperar afuera; estaba totalmente seguro de que estaban arreglando lo necesario para que se fuera con su tío Gabriel Agreste. De paso una mano por la cara en un gesto de cansancio ¿Cómo era posible que todo esto le estuviera pasando a él? ¿Cómo era posible que de repente su madre desapareciera, arrestaran a Tobías (lo cual no le importaba nada) y ahora tuviera que estar bajo la custodia de un pariente que acababa de conocer?
Repitió el gesto con la mano y la otra la metió en el bolsillo del pantalón. Volvió a sentir la caja del Miraculous de Plaga y bajó la cabeza con desánimo, si es que era posible que se sintiera peor.
«Y con todo esto que me está pasando ¿querías que fuera un superhéroe?» pensó Severus
Espero una hora y media hasta que los adultos salieron. Le explicaron que su padre, al ser encontrado en estado de ebriedad y por el testimonio de los vecinos de violencia intrafamiliar sería enjuiciado y llevado a prisión. Eso no le molestó en absoluto al chico, de hecho, le alegraba, aunque tuvo que disimular; la policía comenzaría a investigar sobre su madre y Dumbledore le dijo igual que llevaría el caso al Departamento de Aurores para mejores resultados.
En cuanto salieron, fueron al Ministerio de Magia. Severus no pudo contener su asombro al entrar al lugar ya que era la primera vez que iba. Al principio no sabía que iban a hacer ahí, pero al llegar a unas oficinas encargados de Documentos Mágica sus dudas quedaron resueltas: le darían la custodia legal a su tío. Tres horas después, el proceso legal terminado, salieron del Ministerio de Magia; caminaron dos cuadras lejos de la entrada del Ministerio (usaron una cabina de teléfono para entrar), Severus iba absorto en sus pensamientos hasta que la voz de su tío Gabriel lo hizo reaccionar.
—Lo siento ¿decía?
Dumbledore y Gabriel lo miraron, los dos creían que el chico se encontraba incómodo por los cambios en su vida por lo que no lo presionaron.
—Te preguntaba si querías ir a tu casa por tus útiles escolares. Porque ya los tienes ¿no?
Severus se tensó ante eso, bajó su mirada al suelo a causa de la vergüenza.
—No
Dumbledore y Gabriel lo miraron sorprendidos ante su respuesta.
—¿Por qué no, Severus?
—Porque... destruyeron todas mis cosas, incluyendo mis útiles escolares
Dumbledore miró con pena a Severus; la vida del Slytherin, desde que lo conocía, siempre era dolor y sufrimiento. Gabriel solamente miró a su sobrino y el azabache no pudo saber que pensaba ya que su expresión parecía de indiferencia.
—Menos mal que tengo ir al Callejón Diagon a revisar unos pendientes. Te llevaré a Gringotts para que saques dinero y luego le pediré a Nathalie que te acompañe a hacer las compras.
—¿Nathalie?
—Es mi Asistente Ejecutiva. Aunque no lo creas, esto es más que simple diseño y confección de ropa.
Tanto Severus como Dumbledore no supieron qué decir. El viejo director se despidió de ellos alegando que tenía unos pendientes que hacer antes del inicio de curso, se metió en un callejón oscuro y se escuchó enseguida el sonido de la Desaparición.
Tío y sobrino se miraron por un momento, después Gabriel dio media vuelta y con un gesto de la mano le pidió a Severus que lo siguiera. el azabache todavía tenía mucho que procesar; la desaparición de su madre, el arresto de su padre, las nuevas compras de sus útiles escolares. Y pensar que hace poco fue al callejón con los Evans... ¡Lily y Alex! ¡Había olvidado por completo a sus amigas! En cualquier momento —tanto en los periódicos muggles como en El Profeta— saldría a la luz lo que le sucedió y no quería que las chicas se enteran de ese modo. En cuanto volvieran del Callejón Diagon, le preguntaría a su tío si podría llevarlo a casa de los Evans para verlas y explicarles su nueva vida. Le avergonzaba tener que decirles, pero ellas eran sus mejores amigas y tenía que confiar en ellas.
—¿En qué tanto piensas? —preguntó Gabriel
Esta vez Severus no tardó en reaccionar. Sin mirar a su tío, respondió.
—Estaba pensando en Lily y Alexandra
—¿Son tus amigas de Hogwarts?
—Sí, ellas todavía no conocen mi situación y quisiera verlas después de ir al Callejón Diagon
Gabriel se quedó en silencio un momento antes de contestar.
—Estaré muy ocupado el resto del día revisando el trabajo realizado en el negocio, pero puedo pedirle a Nathalie y al chofer que te lleven a verlas ¿te parece bien?
—Sí, gracias
—Bien. Buenos días, Nathalie
Severus miró al frente y se detuvo de golpe. Por mirar al piso no se había dado cuenta de por dónde iba hasta que habló su tío, llegaron a la esquina de la calle y se encontraron de frente con una mujer; tenía el cabello negro con un mechón de color rojo de su lado izquierdo y recogido en un moño. Tenía ojos azules, sombras lilas y lentes rectangulares con rayas negras y rojas. Vestía un suéter de cuello de tortuga rojo, terno, pantalones y zapatillas negras.
—Buenos días, Sr. Agreste —saludo la mujer y entonces se percató de Severus—. Mucho gusto, tú debes ser Severus Snape ¿cierto?
—Sí, mucho gusto —respondió el chico
—Severus, ella es Nathalie Sancoeur. Mi asistente ejecutiva —dijo Gabriel a su sobrino. Después se volvió hacia su asistente—. Iremos a Gringotts y de ahí lo llevarás a comprar sus útiles escolares, después lo llevarás al negocio para darle ropa muggle y de mago. Cuando ya estén esos pendientes, tú y el chofer lo llevarán a ver a unas amigas de la escuela ¿entendido?
—Entendido, Sr. Agreste
—Bien —otra vez se volvió a su sobrino— Entra al auto, Severus
Por estar poniendo atención a la conversación de los adultos no se dio cuenta del auto que estaba detrás de Nathalie. No sabía si asombrarse o qué decir al menos; había una limusina negra con la puerta abierta y se podía ver que la sencillez no era una palabra para describirlo.
Nathalie se hizo a un lado y Severus entró, seguido por su tío y por la asistente. La mujer cerró la puerta y le indicó al chofer que fueran al Caldero Chorreante.
El trayecto estuvo en total silencio, pero fue roto por un rugido de estómago. Los adultos miraron y vieron a Severus sujetándose el estómago y un rubor en sus mejillas.
—Al parecer tienes hambre —afirmó Gabriel—. Ahora que recuerdo, con todo lo que hicimos no hemos parado. ¿No te dieron algo de comer los oficiales?
—No —dudó un momento antes de seguir—, de hecho... no he comido nada desde ayer
Gabriel y Nathalie no dijeron nada. Volvieron a quedar en silencio hasta que el chofer les aviso que llegaron al Caldero Chorreante. Bajaron de la limusina y entraron al bar, el lugar estaba algo lleno, se escuchaba el murmullo de la gente y Severus pudo distinguir que algunas de esas personas tenían una copia de El Profeta en sus manos.
—Buenos días, Sr. Agreste —saludo Tom, el tabernero—. ¿Quisiera algo de tomar?
—Buenos días. No, gracias. Pero podría pedirle un desayuno balanceado para mi sobrino
Tom finalmente se dio cuenta del azabache y se sorprendió de verlo. El chico se dio cuenta de que la mirada de sorpresa pasó a otra que reconoció enseguida y que más detestaba: lástima. De pronto en todo el bar reinó el silencio y Severus no tuvo que voltear para saber que todas las miradas estaban sobre él.
Nathalie se dio cuenta de la incomodidad del chico y lo llevó a una mesa apartada del lugar. Severus se sentó recargando sus antebrazos en la mesa y la vista clavada en sus manos; no sabía —pero tampoco le interesaba— cómo fue que la noticia llegó al periódico tan rápido.
«Supongo que los medios muggles tardarán más»
—Severus —el aludido levantó la mirada, Nathalie le hablaba—, sé que ahora en adelante las cosas serán algo complicadas para ti, pero te aseguro que tu tío hará lo posible porque estés bien hasta que regresen tus padres...
—Con solo tener a mi madre de regreso es más que suficiente —interrumpió el Slytherin
—Sí, claro
Tom llegó a la mesa con una charola llena de comida, la puso enfrente de Severus y se alejó de ahí. El chico vio que parecía una alimentación estricta casi como para un modelo, pero tenía tanta hambre que no objeto. Ni Severus ni la mujer hablaban, pero el silencio tampoco era incomodo; cuando ya estaba terminando de comer apareció su tío y le dejó sobre la mesa un saco de terciopelo verde botella el cual al hacer contacto con la madera se escuchó un ruido metálico.
—Me tomé la libertad de sacar un poco de dinero de tu cuenta —dijo Gabriel, mientras tomaba asiento
—No fue mucho lo que había ¿verdad? —dijo Severus con sarcasmo
—Si hablas de los ahorros de tu madre, entonces sí. Pero, ahora que estás bajo mi tutela hice que ahora tengas acceso a la fortuna de los Prince y se abriera una cuenta a tú nombre. Ya no tendrás que lidiar con problemas económicos
Al escuchar eso, Severus tomó el saco de dinero que dejó Gabriel y lo abrió. De verdad se sorprendió de ver que no solamente eran Knuts y un par de Sickles como siempre, sino que esta vez eran más e incluso había varios Galeones. Miró a su tío sin saber que decirle.
—Otra razón por la cual molestarme con mis suegros. Me sorprende de verdad que le dieran la espalda a su hija y nieto —vio que los platos estaban vacíos y el vaso también, se puso de pie y Nathalie lo imitó—. Antes de las compras de los útiles y alguna que otra cosa que quieras comprar, iremos a conseguirte ropa
Severus solamente se puso de pie y guardó el dinero en el bolsillo de su pantalón, junto con el Miraculous. Pasaron el arco de entrada al Callejón Diagon y caminaron por la calle. Mirara por donde mirara había muchos alumnos de Hogwarts que —y estaba realmente seguro— realizaban las compras de última hora. Llegaron a la parte donde vendían ropa y por primera vez prestó más atención a los locales; el local "Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones" estaba abarrotado por alumnos de Hogwarts, pero al mirar al frente por primera vez se daba cuenta del local de enfrente.
También estaba lleno de gente, pero en su mayoría de chicas. Observó el letrero y vio la silueta de una mariposa negra y en el centro una gran letra G blanca y semi encerrada en un círculo.
—¿Qué es eso? —se preguntó Severus sin dirigirse a nadie en particular
—Ese es el logotipo de la marca de ropa del Sr. Agreste —respondió Nathalie, llegándole por detrás—. Gabriel
—¿En serio? «Tiene que ser una broma» Bueno, supongo que iremos a comprar la ropa con Madame Malkin...
—No, tu tío me dijo que la ropa que usarás será la suya. Solamente para el uniforme si iremos a la otra tienda
«Genial. Si alguien de la escuela me ve aquí voy a tener otra razón por la cual convertirme en el hazme reír de Hogwarts»
La prueba y el arreglo de la ropa fue una tortura para Severus. Después de dos horas (que para Severus fue una eternidad) por fin terminaron y se fueron al local de Madame Malkin. Sin embargo, al momento de entrar se encontró con la persona que menos esperaba ver.
—¿Severus?
El aludido miró a la persona y se puso tenso al ver quien era.
—Hola... Lucius
Sobre un taburete al frente de un espejo se encontraba Lucius Malfoy. Le estaban tomando medidas para arreglar a su medida la ropa que traía puesta y que a simple vista se notaba que era muy fina y costosa, digna de un Malfoy.
—Vaya, no esperaba verte por aquí. Conociéndote, en cuanto recibes tu carta vienes al Callejón al día siguiente. A menos claro que vengas a dar un último paseo antes de regresar a Hogwarts ¿no?
—Bueno, la verdad es que yo...
—Severus
«Ahora no»
Acababa de llegar Nathalie en compañía de una empleada, la cual traía algunas prendas para que el azabache se las probara.
—Aquí estás —dijo Nathalie, llegando a su lado—. Ya tengo algunas prendas para ver cuál te queda mejor y le pongan el escudo de tu casa
Lucius miraba de manera alterna a Severus y a Nathalie. El joven Slytherin sabía lo que estaba pensando por lo que le pareció inútil tratar de mentirle.
—Gracias Nathalie, enseguida voy
—Muy bien, no tardes. Recuerda que tenemos mucho que hacer —entonces la mujer se percató de Lucius—. Buenas tardes, Sr. Malfoy
—¿Eh?
—Buenas tardes, Srta. Sancoeur
—¿Eh?
Con un asentimiento de cabeza, Nathalie se fue para dejarlos hablar.
—¿Se conocen? —preguntó Severus incrédulo, acercándose a Lucius
—Claro que sí —respondió el rubio. Le retiraron la túnica y se bajó del taburete—. En un viaje de negocios que tuve que hacer el año pasado en París y ahí conocí al diseñador Gabriel Agreste. Lo único que no me agrada es que sus diseños también tengan que usarlas los muggles.
—Vaya
—Sí, no es gran cosa. Por cierto ¿tú qué hacías con su asistente? —Severus bajó la mirada y ese gesto no pasó desapercibido para el rubio—. ¿Qué sucede?
—¿No leíste la noticia en El Profeta?
Lucius negó con la cabeza. Severus suspiró un par de veces y le contó todo; Lucius se mostraba asombrado, pero en el fondo veía esta una oportunidad para convencer a Snape para que se uniera a las filas de Lord Voldemort. Desde que lo conocía, el chico mostraba un gran interés y un alto conocimiento en las Artes Oscuras y Pociones y siempre se mostraba fastidiado con su estilo de vida y no ocultaba el odio que le tenía a su padre muggle; ahora que estaba la situación de la desaparición de su madre en el mundo muggle, podría convencerlo sin problemas.
El rubio tocó el hombro de Severus en señal de apoyo cuando se percató que ya no hablaba.
—Lo siento mucho, Severus
—Lo sé, gracias. Y lo que molesta más es no poder hacer nada para poder encontrarla
Malfoy sonrió con disimulo al ver la frustración de Severus reflejada en sus puños cerrados.
«Esto se ve realmente prometedor»
—¿Lucius?
El aludido reaccionó de golpe.
—Lo siento ¿decías?
—No, nada. Pero es que te quedaste muy callado
—¡Ah! Estaba... pensando en cómo ayudarte. Y creo que se me ocurrió algo
—¿Y cuál es?
—Deberías pedirle ayuda al Señor Tenebroso
—¿Qué? No... no creo que sea buena idea
—¿Por qué lo dices? Sabes que él es un gran mago, tú madre desapareció por culpa de los muggles así que puede ayudarte a encontrarla y castigar a los responsables
Severus meditó un poco las palabras de Lucius. Desde el año pasado algunos compañeros de su Casa le habían sugerido la idea de unirse a él, pero todavía no estaba muy seguro.
Estaba por darle una respuesta cuando de repente llegó Nathalie y se lo llevó a probarse la ropa. Severus solamente atinó a decirle que hablarían después y se fue. A Lucius no le agradó la interrupción, pero seguía decidido a unir a Severus a los mortífagos.
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En la casa de los Evans la preocupación estaba a flor de piel. Después del desayuno, Petunia había ido a la sala a ver la televisión, la encendió y enseguida apareció el noticiero el cual reportaba la desaparición de una mujer de nombre Eileen Snape. Lily y Alex estaban por subir las escaleras cuando escucharon el nombre, regresaron sobre sus pasos y le gritaron a Petunia que no le cambiara. La rubia les reclamó por el escándalo, pero ninguna de las dos le respondió, Alex le arrebató el control y subió al volumen.
Escucharon toda la nota y las dos se mostraban asustadas. Se levantaron rápidamente y sin decir nada salieron de la casa y corrieron hacia la calle de la Hiladera. Llegaron a la calle y vieron varias patrullas por la zona; con dificultad de que no las vieran, lograron pasar y llegaron a la casa de Severus. Con solo ver la entrada principal fue suficiente para que las dos se asustarán más.
—No puede ser —di Lily con las manos en la boca a causa de la impresión. Se las bajó y miró con preocupación a Alex—. ¿Quién pudo hacerle esto? Severus... ¿Por qué siempre tiene que pasarle es tipo de cosas?
La castaña no contestó. Sin que la pelirroja pudiera evitarlo, Alex corrió y entró a la casa. Busco en todo el lugar, tratando de no mover nada ya que el lugar mostraba indicios de que un equipo de investigadores revisaba la casa para tener algunas pistas. Subió las escaleras y se asomó por una puerta, al ver las cosas destruidas y esparcidas por el lugar supo enseguida que era la habitación de Severus. Abrió por completo la puerta y entró.
—Severus...
Tikki asomó la cabeza por el bolso de Alex. Miró el lugar y luego a su portadora, se entristeció al ver su expresión.
—¿Alex? —llamó Tikki. Salió del bolso y voló hasta su mejilla, la cual acarició con una de sus patitas—. ¿Estás bien?
—No —respondió la castaña
La kwami siguió acariciando su mejilla hasta que sintió algo húmedo caer sobre su patita. La retiró alejándose un poco de Alex y vio que eran lágrimas. Tikki realmente quería ayudar a su portadora, pero no sabía cómo.
—¿Tenía problemas con alguien? —preguntó Tikki—. ¿O alguno de sus padres?
—No sé. Él no cuenta mucho sobre sí mismo ni su familia —respondió Alex. Se limpió las lágrimas y miró a la kwami—. Tikki ¿puedo usar los poderes de Ladybug para ayudarlo?
Tikki la miró con tristeza y Alex enseguida supo la respuesta, pero la kwami aun así lo dijo.
—Algunas cosas no se pueden resolver con magia o con superpoderes. Es como suelen decir "las cosas pasan por alguna razón"
—Sí, lo sé
—Regresemos a casa y esperemos a que Severus se contacte con ustedes. Estoy segura que estará bien, a lo mejor está con alguien de confianza
—De confianza... —y una idea cruzó su cabeza—. ¡Dumbledore!
—¿Qué cosa?
—¡El profesor Dumbledore, el director de Hogwarts! —exclamó Alex un poco más animada—. ¡A lo mejor se puso en contacto con él para ayudarlo y tal vez en este mismo instante estén juntos!
—¿Lo ves? No siempre hay que pensar de modo negativo
—Tienes razón. Regresemos a casa a esperarlo, si en la noche no recibimos noticias le escribiré
—¡Bien dicho!
—¿Alex? ¿Dónde estás? —se escuchó la voz de Lily en el piso de abajo
—¡Rápido, Tikki, escóndete! —susurro Alex con prisa
Y la kwami regresó al bolso. Alex miró la habitación de Severus por última vez antes de salir. Dio un par de pasos por el pasillo y de pronto una música llegó a sus oídos. La música era tranquila y triste a la vez, sonaba como si se tratase de una caja de música. Miró por el pasillo buscando el origen de la melodía.
—Es por allá —señaló Tikki volviendo a sacar la cabeza del bolso y señalando con su patita hacia el pasillo
Alex miró por donde Tikki señalaba y caminó por el lugar. A cada paso que daba la melodía era más fuerte y confirmó que se trataba de una caja de música. Llegó a otra habitación y vio que estaba igual o en peores condiciones que el de Severus, pero se mostraba la misma intención: buscar algo.
La latina observó el lugar, las cosas que había ahí tampoco se salvaron de un trato brusco en la búsqueda, de pronto la música se detuvo y vio en el suelo (y que parecía ser el único objeto que no estaba roto) un alhajero que estaba junto a la cama boca abajo con la tapa abierta. Se acercó al objeto y lo recogió con cuidado; al levantarlo vio que no había nada, al parecer el alhajero lo usaron como simple caja de música.
—¿De ahí salía la música? —preguntó Tikki saliendo una vez más del bolso
—Sí —respondió Alex. Dio vueltas al alhajero y encontró la llave donde se le da cuerda, le dio un par de vueltas y la música empezó a sonar de nuevo—. Triste pero linda
—¿Qué melodía es?
—Ni idea —busco junto a la llave, pero no había nada escrito. Busco a los costados y nada, abrió el alhajero y en la tapa vio una pequeña placa dorada—. "Lilium". Creo que ese es el nombre
—Eso es "Lirio" en latín
—Debe de ser de su mamá. Esta algo viejo, debe ser una reliquia familiar —cerró el alhajero y camino hacia la puerta
—¿Te lo vas a llevar?
—Sí, se lo devolveré a Severus... Si es que parece
Antes de salir Tikki regresó otra vez al bolso y bajó las escaleras hacia la sala. Salieron por la puerta de atrás para que nadie las viera y no levantarán sospechas; siguieron ocultas por la calle hasta que salieron de la Hiladera.
—Espero que Severus no se moleste que tomaste eso de su casa —dijo Lily a Alex de camino a casa después de que la castaña le contó todo
—No se enojará. Apuesto a que le agradará verlo
Estaban a dos casas de distancia cuando vieron una limusina estacionada afuera de la casa.
—Órale ¿Y eso que? —preguntó Alex impresionada
—Ni idea. Vamos a ver —propuso Lily
Las dos llegaron junto a la limusina y vieron al chofer, el cual era de complexión grande y de no ser por la ropa hubieran creído que era un gorila detrás del volante. El hombre las miró con semblante serio, las dos voltearon enseguida pretendiendo no haberlo visto. Se alejaron del auto y caminaron a la casa.
—Me cae que también es guardaespaldas por semejante tamaño. ¡Semejante gorilon!
Lily se tapó la boca con la mano para amortiguar un poco la risa. Entraron a la casa y escucharon voces venir de la sala, fueron hacia allá y vieron a los señores Evans y Petunia sentados los tres juntos en un sofá.
—Mamá, papá ¿saben de quién es la limusina estacionada afuera de la casa? —preguntó Lily señalando hacia la puerta
Su padre iba a contestar, pero una voz de mujer habló antes.
—Buenas tardes, ustedes deben ser Lilian y Alexandra
Las dos voltearon y vieron a una mujer de porte y atuendo ejecutivo sentada en el sofá y junto a ella a un chico de su edad, pero de ojos y cabello negro, su cabello le llegaba a los hombros, pero estaba acomodado de manera atractiva, su piel era cetrina y su nariz algo ganchuda. Traía una camiseta verde botella con tres franjas horizontales blancas en el pecho, una camisa negra con rayas igual verde botella y remangada a los codos, un pantalón de mezclilla azul marino y tenis grises con blanco y el logotipo de la silueta de una mariposa negra y en el centro una gran letra G blanca y semi encerrada en un círculo a los costados.
Alex y Lily lo miraron, les parecía conocido; pero solamente tardaron como veinte segundos en reconocerlo.
—¿¡Severus!?
El aludido se llevó una mano al cuello y sonrió un poco apenado.
—Hola, chicas
Como las dos seguían en shock por el cambio de imagen de su amigo, la mujer que estaba junto a él hablo.
—El joven Severus pidió venir a verlas para ponerlas al corriente de su actual situación. Ahora estará bajo la tutela de su tío, Gabriel Agreste
Alex miró a Severus y a la mujer con confusión; admitía que no conocía la vida y familia de su futuro profesor de Pociones, pero por el apellido suponía que era francés. Lo que más la desconcertó es que las hermanas Evans y tía Deborah gritaron de asombro y se emocionaron.
—¿De verdad es tu tío? —preguntó Lily emocionada
—¿¡Eres sobrino de el gran diseñador Gabriel Agreste!? —preguntó Petunia sin podérselo creer
—¿Crees que un día pueda venir a cenar con nosotros? —preguntó tía Deborah igualmente emocionada
Alex se acercó a tío Jake y le habló al oído.
—¿Tú sabes que está pasando? Porque la verdad yo no entendí nada
—¿De verdad no conoces el nombre de Gabriel Agreste?
—Nop
—Es un famoso diseñador de modas. Es de origen francés pero sus diseños tienen una gran fama a nivel mundial, pero no sólo en el no mágico sino también en el otro; tú no lo notaste, pero enfrente al local de túnicas donde compraron los uniformes ahí estaba la tienda dedicada a la marca Gabriel
—No inventes
Su tío no necesitaba saber español para entender que su sobrina estaba realmente impresionada con la novedad.
La latina no salía de su asombro; el "futuro" temido profesor de Pociones ¿viviendo con un famoso diseñador de modas? Locura total.
«Sí Harry y Ron llegaran a enterarse de esto, se burlarían de él de por vida»
Severus observaba a Lily, Petunia y la Sra. Evans hablando con Nathalie, el Sr. Evans se mantenía al margen de la conversación y al final observó a Alex; pero al posar su mirada en la castaña se dio cuenta de lo que sujetaba en su mano derecha con firmeza. Abrió los ojos con sorpresa y sintió un vuelco al corazón.
—Ya es hora de irnos a casa, Severus. —indicó Nathalie, pero no recibió respuesta—. ¿Severus?
Todos los presentes miraron al azabache. Alex se asustó al ver la expresión de su rostro, no supo cómo interpretarla; no obstante, lo que más le llamó su atención (o le preocupó) fue descubrir que el chico miraba hacia su dirección. Siguió su mirada y se dio cuenta que descubrió el alhajero que tenía en la mano.
Lo sujetó con las dos manos y carraspeó un poco.
—Severus... yo...
—¿De dónde lo sacaste? —preguntó el chico sin rodeos
Alex se puso nerviosa al escuchar su tono de voz, por un segundo pensó que el profesor Snape y no el joven Severus era quien le hablaba. Se encogió un poco y habló con nerviosismo.
—Yo... después de ver las noticias de lo que pasó en tu casa, Lily y yo fuimos a buscarte. Al llegar y ver cómo estaba tu casa, me preocupé y entré a buscarte. Cuando no te encontré iba a salir de ahí, pero de pronto escuche una melodía y busque el origen; entonces encontré esto —levantó un poco el alhajero para que todos lo vieran—, así que lo tome y pensé devolvértelo en cuanto te viera
La sala permaneció en silencio. Severus miraba intercaladamente el alhajero de su madre y a su amiga. Alex no soportaba el silencio y sobre todo el del azabache; de repente se escucharon pasos y la latina se encogió un poco más del miedo y cerró los ojos con fuerza suponiendo que era Severus quien se le acercaba y de seguro le recriminaría por haber tomado algo que no debía, pero no fue así: sintió unas manos sobre las suyas, abrió los ojos con sorpresa, pero no levantó la mirada.
—Muchas gracias por recuperarlo, Alex —agradeció Severus
Alex levantó la mirada y se encontró con los ojos negros del chico que la volvía loca. Severus le sonreía con calidez y en sus ojos se reflejaba la gratitud. La castaña sintió que se sonrojaba con brusquedad y su corazón latía con fuerza, pero a la vez se sentía tranquila al verlo feliz.
Severus tomó el alhajero de las manos de Alex y se alejó un poco de ella. Alex bajó un poco las manos sin quitarle la mirada de encima. Se escuchó un carraspeo y la latina regresó a la realidad.
—Bueno, ya es hora de irnos, Severus —dijo Nathalie, caminando hacia la puerta principal—. Tu tío ya debe de haber vuelto a la mansión y ya pronto será la hora de cenar
—¿Mansión? —preguntaron las tres adolescentes. Una con sorpresa, otra con emoción y la última con irritación
Severus miró hacia otro lado tratando de ocultar el sonrojo que apareció en sus mejillas a causa de la vergüenza, pero Alex alcanzó a verlo. Optó por no decir nada.
Los dos visitantes se fueron no sin antes prometer que el uno de septiembre pasarían a recogerlos para ir todos juntos a King's Cross. Nathalie entró a la limusina sin decir nada más, Severus se despidió con la mano de los Evans y siguió a la mujer. En cuanto la puerta se cerró el auto arrancó y se alejó de la casa hasta perderse de vista.
Durante la cena y antes de irse a dormir, la familia Evans seguían comentando sobre la nueva vida de Severus. Alex no prestaba atención a la conversación; al terminar de cenar subió a su habitación y se tumbó bocarriba en la cama con las manos detrás de la cabeza.
—¿Estas bien, Alex?
La aludida volteó y vio a Metstli y Tikki junto a su cama, mirándola con preocupación. La latina le sonrió, se incorporó y se sentó en la orilla de la cama para verlas de frente.
—Estoy bien, solamente algo impresionada por la nueva vida de Severus —miró al suelo y suspiro—. Esto sí que es un gran cambio —La brije y la kwami se miraron sin entender mucho—. Aunque —las criaturas mágicas la volvieron a mirar— me preocupa el silencio de la persona responsable de esto. Fue su primer ataque, todavía están petrificados los Corazones de Piedra y él o ella no ha vuelto a transformar a Iván.
—Lo que pasa, es que Iván no ha vuelto a sentir emociones negativas. Mientras él esté positivo el enemigo no puede hacerle nada. —respondió Tikki
—Menos mal
Alex no estaba del todo tranquila, pero tampoco quería seguir preocupando a Metstli y a Tikki, por lo que se arregló para irse a dormir y se acostó en su cama dándole la espalda a las dos criaturas mágicas.
—Que descansen —dijo Alex
Metstli y Tikki se miraron.
—Buenas noches —dijeron a la vez y se fueron a acostar a sus respectivas camas.
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Severus estaba acostado bocarriba con la mirada fija en el techo, pero sin mirar nada en realidad. Su vida había dado otro giro inesperado, pero esta vez más impactante que el anterior; su madre desapareció y ahora vivía con un tío, quien nunca lo había visto hasta ahora, pero era el único familiar que quiso ayudarlo.
Se sentó en la cama y observó su nueva habitación. Era muy grande, casi del tamaño de una sala de estar normal, su cama era grande con sabanas verde botella y almohadas blancas, un escritorio con sus nuevos útiles escolares perfectamente ordenados, grandes ventanales sin cortinas, estantes grandes que abarcaban del techo al suelo repletos de libros tanto mágicos como muggles. Una televisión con reproductor de vídeo BETA, una consola de videojuegos, una radio y un tocadiscos.
En la mesa de noche, junto a su cama, había una lámpara de noche plateada y junto a esta el alhajero de su madre y dentro de este la caja con el Miraculous. Estiró una mano y tomó el alhajero, lo puso en su regazo y lo abrió, su melodía se escuchó enseguida. Observó la caja oriental y la tomó en su mano, levantó la otra para abrirla, pero estando a unos centímetros se detuvo.
Suspiró, dejo todo como estaba y dejó el alhajero en su lugar. Se recostó en su cama de costado y miró el alhajero, pero pensando más en su contenido.
—Espero poder encontrarte un mejor portador, Plaga —susurró Severus, como si el pequeño kwami gato pudiera escucharlo—. De verdad lo siento —se dio la vuelta, dándole la espalda a la mesa de noche y cerró los ojos tratando de dormir.
En el observatorio, con la gran ventana circular y la silueta de una mariposa en medio, Le Papillon miraba a la ciudad, sintiendo las emociones de las personas.
—Detecto otra alma con fuertes sentimientos negativos, se ve que este es prometedor. Pero todavía tengo el akuma de Corazón de Piedra y a las otras víctimas —dijo Le Papillon, mirando su bastón donde resguardaba a la mariposa negra—. Esperare a que Iván recupere sus emociones negativas y lo volveré a transformar en Corazón de Piedra
Rio malignamente y la gran ventana se cerró.
