A la mañana siguiente...

— Kagome te ves terrible...—Comentó Sango al ver llegar a su amiga.

—No pude dormir bien anoche. Tuve una pesadilla y ya no volví a conciliar el sueño. —Giró la cabeza y su cuello sonó con fuerza

—Ayy ¡No hagas eso!

—Lo siento Sango, no puedo evitarlo. ¿Te dije como odio tener que venir a la madrugada a tener clase de gimnasia?

— ¿Tú quejándote? Woow Ya puedo morir en paz... ¿Qué pasó con la chica que jamás protesta por nada? —Interrogó graciosa.

—Solo está cansada, es todo... —Bromeó y Rió sutilmente.

Durante la clase, una pelota golpeó a la azabache en la nuca, haciendo que cayera hacia adelante directo al suelo.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS?! —Gritó molesta mientras intentaba ponerse de pie.

— ¿De dónde salió esa pelota?

—Definitivamente esta no es mi mañana...debí quedarme durmiendo.

Inuyasha llegó corriendo. — ¿Estás bien? ¡Lo siento! — Se dispuso a intentar ayudar a la persona que había golpeado pero al ver que se trataba de Kagome solo la dejó caer nuevamente al suelo —Ahh eras tú. —Dijo con mala gana al reconocerla.

—¡Debí suponer que se trataba de ti, idiota!

—Baja tus humos, tampoco fue para tanto, preciosa.

— ¡DEJA DE LLAMARME ASÍ!

La Profesora de gimnasia vio la escena y decidió intervenir. — Ustedes dos, ya basta. Salgan del salón.

—Pero...

—Lo lamento, señorita Higurashi.

—Genial... —Dijo molesto. Sabía que ahora debería lidiar con la reprimenda de su hermano. Salió hacia el pasillo.

Kagome salió detrás de él. —Espero que estés feliz. Es la primea vez que me echan de clases.

—Tampoco es para tanto.

—Para ti tal vez. Yo tengo una reputación que cuidar.

— ¿Qué ocurre contigo? ¿Qué es todo eso de "tu reputación"? Se oyen como tonterías. ¿A quién le importa, de todos modos?

—A mí me importa... Si mi comportamiento o mis notas decaen, no me darán la beca al final del 6to año. —Se sentó en el suelo abrazando sus piernas.

— ¿Y es eso tan importante para ti? —Se sentó junto a ella. Por primera vez sus palabras parecían sinceras.

—Claro. Es mi única vía de escape de aquí... Con esa beca podré continuar mis estudios en el extranjero.

— ¿Qué tiene de malo este lugar?

—Mi casa no es un paraíso precisamente. Al igual que todo el mundo tengo mis problemas. — ¿Por qué estaba hablando de esto con él? Era hora de callarse.

—Ya veo. Nunca le dije esto a nadie pero... —Su relato quedó a medio camino ya que fue interrumpido por su hermano que acababa de aparecer desde un salón que conectaba el pasillo.

—¿Inuyasha?

— ¡Sessh! — Dijo Kagome al verlo. Incorporándose de inmediato.

— ¿Kagome? ¿Por qué estás tu aquí también? ¿Inuyasha te causó problemas?

—Solo fue un pequeño malentendido durante la clase.— Respondió ella sonriendo.

—Oh, ya veo... sin embargo, Inuyasha creo haber sido claro con lo que hablamos ayer.

—Dijiste muchas cosas, ¿a cuál de todas te refieres exactamente? —Dijo indiferente.

— Sabes perfectamente a lo que me refiero. —Ya estaba lo suficientemente molesto como para que le tomasen el pelo.

—Creo que regresaré a clase ahora. —Kagome no era tonta, obviamente este era un asunto entre hermanos y ella estaba de más.

— ¡No! Descuida. —Dijo con sarcasmo el menor de los Taisho. —Soy yo el que está de más, te dejo para que puedas hablar con "Sessh" —Y se alejó maldiciendo por lo bajo.

Sesshomaru suspiró. — Ya no sé qué hacer con él.

—Dale tiempo, no debe ser fácil adaptarse.

—Es verdad, sin embargo eso no justifica su actitud, mocoso malagradecido.

Kagome llevó su mano hasta la mejilla del platinado. — No dejes que esto te estrese... ¿de acuerdo?

—No deberías...

—Lo sé. —Dijo alejando su mano lentamente. —Es solo que aún no me acostumbro a no tenerte cerca. Lo siento. Ya me voy.

Mientras la veía alejarse sintió el impulso de detenerla, pero sabía que de esta forma ambos estarían mejor. —Lo siento Kagome... —Susurró para sí mismo.

La azabache caminaba por el pasillo de camino al salón nuevamente cuando sintió como era jalada del brazo y arrinconada contra la pared. —¡Oye! —Se quejó ante semejante brusquedad.

—Tú y yo tenemos una charla pendiente. —Dijo Inuyasha con una mirada severa que no apartaba de sus ojos chocolate.

— ¿Quién te crees? —Su mirada era fría y sombría. No tenía derecho a verla así, era como una sentencia silenciosa.

—No me digas que estás enamorada de ese estúpido.

— ¿A qué te refieres? —Dijo esquivando la mirada.

—No juegues conmigo. Sabes bien a qué me refiero... Sesshomaru.

—¿Qué? ¿No sabes decir más que idioteces?

—Ustedes se comportan demasiado sospechosos.

Kagome lo vio fijo y esbozó una sonrisa algo, ¿malvada? Quizás. — ¿Por qué alguien joven, bella e inteligente como yo saldría con alguien como él teniendo a cualquier hombre a sus pies? —Dijo con fingida arrogancia, no era propio de ella pero necesitaba convencer a Inuyasha de que sus sospechas eran infundadas.

—No lo sé, simple capricho. Tal vez porque el "angelito" se cansó de ser correcta y buscó otro tipo de diversión. —Sonrió, estaba seguro de que había dado en el clavo, de que la dejaría muda. Aunque bastante lejos del verdadero motivo estaba.

Kagome rió exageradamente sorprendiéndolo. — No me hagas reír. Si actúo como niña perfecta frente a tu hermano es porque una carta de recomendación suya o de cualquier otro profesor servirá para salir más fácilmente de aquí. ¿Realmente creíste que podría fijarme en él? No seas tan ridículo. —Ni ella podía creer lo que acabada de decir ¿Desde cuándo se había vuelto tan experta en mentir? Solo mantenía la esperanza de que Inuyasha le creyera.

La expresión en el rostro de Kagome era totalmente desinteresada, realmente lo hacía dudar. ¿Es que acaso se había equivocado? — ¡Vaya, vaya! qué gran sorpresa resultaste ser, Angelito. —Dijo mientras jugueteaba con un largo y sedoso mechón de cabello de la azabache. — En ese caso... ¿Por qué no sales conmigo?

—Aún no lo entiendes, ¿no? —Se alejó de él con paso elegante.

—Hablo en serio.

—Y yo igual... —Acercó su rostro al de él. —Escucha Taisho, no me interesas en lo más mínimo, date por vencido y deja de molestarme. —Con esa última palabra de su delicada boca se alejó.

—Jamás me doy por vencido. —Declaró.

—Ajá... —Le dio la espalda y continuó caminando hasta perderse de la vista del ambarino.

El teléfono de Inuyasha comenzó a sonar haciéndolo bajar de la nube en donde Kagome lo había dejado a su suerte. — ¿Hola?

—¡Inu, no me has llamado! —Chilló la mujer al otro lado del teléfono.

—Lo siento. Estoy algo ocupado por la mudanza. —Mintió.

— ¿Y no tuviste tiempo ni para enviarme un mensaje? —Preguntó con ironía. Sabía que él mentía.

—Ya me conoces, soy bastante distraído. —Que excusa más idiota pensó.

—Como sea. —No le daría importancia a un asunto tan trivial. — ¿Vendrás a casa esta noche?

—No lo sé. No creo tener tiempo hoy.

—Voy a decirlo de nuevo. —La respuesta del platinado no le había agradado. Lo anterior no había sido una sugerencia, sino más bien una orden. —Te estaré esperando esta noche, así que más te vale venir.

Suspiró, no quería verla realmente. —Haré lo que pueda, ¿Si? —Dijo para dejarla contenta.

—Bien. Te amo, Adiós.

—Yo igual. —Colgó. —Qué mujer insistente. — Dijo para sí mismo.

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Más tarde ese día en clase...

— ¿Kagome, me darás tu número? —Preguntó Inuyasha mientras le dedicaba una simpática sonrisa de lado con su propio toque personal de Casanova.

Odiaba eso. Era la misma sonrisa que Sesshomaru aunque un poco menos sincera. —Es como la décima vez que me preguntas lo mismo.

— ¿Y entonces? ¿Me lo darás?

—Por décima vez... No. No te voy a dar mi número de celular, lo último que necesito es a un acosador molestándome.

—No eres nada linda. ¿Lo sabías? —Dijo haciendo puchero.

—Yo puedo dártelo si queres. — Se entrometió Sango mientras sonreía como quien acababa de hacer una travesura.

—¡Oye!

—Vamos Kagome, es nuevo, hay que ser amables él.

— ¿También me darás el tuyo, morena? —Le guiñó el ojo.

—Claro. —Dijo sonriendo.

—Te odio. —Se cruzó de brazos la azabache.

—Sé que me amas, amiga.

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Al final de la clase...

— ¿Quieres venir a casa más tarde? — Invitó Sango a Kagome mientras terminaban de guardar sus cosas para irse.

—Lo siento, hoy no puedo, tengo algo que hacer.

— ¿Qué?

—Estoy buscando trabajo, ya sabes algo que no demande mucho tiempo.

— Ya tienes muchas responsabilidades, no hace falta que agregues una más.

—Es que lo necesito, amiga.

— ¿Tu padrastro otra vez te ha estado causando problemas?

—Sí, es un imbécil.

— ¿Por qué no hablas con tu madre al respecto?

—Casi nunca está, se la pasa trabajando en el hospital mientras el otro hace de las suyas en casa. Me tiene harta. No sé por qué se tuvo que casar con un tipo así, es un asco de persona.

—Eres fuerte, además esto no es para siempre. Recuerda que las puertas de mi casa están abiertas para ti, si algo ocurre no dudes en llamarme.

— ¡Gracias Sango! No sé qué haría sin ti.

—Tengo clases de piano en una hora. Nos vemos mañana. —Se despidió de su amiga y se fue.

Inuyasha se acercó a ella abrazándola por la cintura. — ¿Quieres que te acompañe a casa, Ángel?

— ¿¡Qué crees que haces!? —Interrogó completamente sonrojada – ¡Aléjate! —Le dio un codazo en el estómago haciéndolo caer hacia atrás.

— ¡Eso dolió! —Comentó desde el suelo.

Sesshomaru había visto desde cerca la penosa escena y no tardó en poner en línea a su hermano. —¡Inuyasha! ¿Qué diablos crees qué haces?

Kagome se sentía sumamente apenada. —Lo siento ya debo irme. —Se fue lo más rápido que pudo, dejando a los hermanos solos en el salón.

Apenas ella desapareció de la vista de ambos, Sesshomaru empujó a su hermano con fuerza arrinconándolo contra la pared. — ¡Aléjate de ella, no lo diré otra vez!

— ¿Te molesta? Los profesores no deberían entrometerse en los asuntos de sus alumnos. Y no vuelvas a hacer eso. —Amenazó — Iré a casa caminando, no me interesa regresar contigo. —Dijo indiferente y se fue.

— ¡Maldito mocoso! — Golpeó con el puño la pared y luego se apresuró a salir del salón. Sabía que lo que haría estaba mal, pero no podía dejar las cosas así nada más. Buscó su auto y fue tras Kagome, estaba dispuesto a disculparse por el incómodo momento lo su hermano menor la había hecho pasar. —Te llevaré a casa, sube... —Le dijo deteniendo el auto junto a ella una vez que pudo alcanzarla.

—No voy a casa hoy. —Explicó.

—Donde quieras entonces.

Finalmente ella excedió. — Gracias.

— ¿Y a dónde vamos?

—Al centro.

—Bien. —Redireccionó el auto hacia el nuevo destino. Habían pasado unos minutos en silencio cuando se decidió a hablar. —Quería disculparme por...

—Basta. —Lo interrumpió. —Me molesta que hagas eso.

— ¿Qué? —Ni siquiera lo había dejado pronunciar más de tres palabras.

—Disculparte por lo que Inuyasha hace. Deja de hacerlo.

—Pero...

—Por favor. —Suplicó triste.

—Si eso quieres, ya no lo haré. —Ella esquivó su mirada. Ya no volvió a hablarle. Ninguno tenía muy claro qué decir en un momento como este. — ¿En qué parte del centro debería dejarte?

— "Maid Café" —Escapó de su boca como un susurro.

— ¿Es ese nuevo café de la ciudad, verde?

—Sí. Vi que estaban buscando empleadas y me pareció una buena oportunidad.

—Ya veo. Suerte entonces. —Acarició su cabeza mientras detenía el auto frente al local.

—Gracias. — Dijo acomodando su cabello.

—Nos vemos mañana.—Se despidió.

—Sí. —Le regaló una sonrisa algo triste y se fue. ¿Por qué tenía que ser tan confuso? Lo odiaba y lo amaba a la vez. Siendo así de amable con ella, jamás podría olvidarlo. ¿Era idiota? Más ganas de estar a su lado sentía a cada instante. Nunca podría dejarlo ir.
Entró al café, había mucha gente en el lugar, algunos pasando el rato, otros con el mismo fin que ella. Sonrió, tratando de investirse de confianza a sí misma.

Horas después...

Al teléfono. — ¡Sango, tengo el trabajo! —Le informó feliz a su amiga.

— ¡Te felicito, Kagome!

—Gracias. — Dijo emocionada mientras emprendía camino. La oscura noche había cubierto el cielo. Para cuando logró llegar a su casa el único consuelo que le quedaba era el de descansar, pero más problemas de los que creía la esperaban.

—Estoy en casa. —Anunció su llegaba como era costumbre.

— ¿Dónde estabas mocosa? ¿Ves la hora a la que llegas? —La detuvo su padrastro.

—Lo siento, Naraku. —Se disculpó entre dientes. —Fui a una entrevista de trabajo.

—Por tu bien espero que sea cierto.

—¡Lo es!

—Claaaaro, como digas. Necesito que vayas a la tienda y compres algunas cosas.

—Pero acabo de llevar.

— ¡No quiero escuchar quejas! Toma. —Le dio algo de dinero. —Y quiero el cambio cuando vuelvas.

Kagome suspiró cansada. —Bien. —Buscó un abrigo y volvió a salir.

Estaba tan harta de ser tratada como sirvienta por un imbécil. No tenía por qué soportar eso.
Llegó a la tienda pero vio que estaba cerrada. Genial, había hecho todo ese viaje para nada. De regreso a casa, se quedó en un pequeño parque. Se sentó en el columpio, moviéndose apenas unos centímetros. Antes de darse cuenta las lágrimas había empezado a caer de sus ojos.
Lo que más quería desde que ese hombre había llegado a sus vidas era escapar. Una beca para estudiar en el extranjero era su pasaporte a una vida libre. No tendría que volver. Lamentaba dejar su madre, pero ella no había pensado en su hija cuando se casó con un idiota.

La noche era cada vez más fría. El vapor escapada de su boca con cada bocanada de aire. Necesitaba escuchar su voz, Sessh era su salvavidas cuando se encontraba a la deriva.
Buscó su celular entre su ropa hasta encontrarlo. Marcó el número del platinado y esperó paciente a que éste atendiera. Para su mala suerte él nunca contestó la llamada. Sonrió desilusionada, lo sabía, hasta Sesshomaru la había abandonado. Su último rastro de felicidad acababa de desaparecer, camuflándose en la oscuridad. Apretó el celular fuerte contra su pecho, lamentándose de tantas cosas. Se sentía a morir, hasta que un delicado abrazo por detrás la revivió, devolviéndola a la Tierra. —No llores — Le susurró cerca al oído.

No podía ver su rostro pero sabía que se trataba de él y eso le dolía inmensamente. ¿Por qué era este chico quien llegaba a rescatarla de su triste agonía? ¿Por qué tú Inuyasha?

Continuará...