No podía ver su rostro pero sabía que se trataba de él y eso le dolía inmensamente. ¿Por qué era este chico quien llegaba a rescatarla de su triste agonía? ¿Por qué tú Inuyasha?
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó entre lágrimas. — Suéltame por favor.
—No. Claro que no.
— ¡Inuyasha!
— ¡No!
—Idiota. —Se giró devolviéndole el abrazo. Hundió su rostro en el cuello del platinado para que no la viera llorar.
Fue indefinido el tiempo que se estuvieron abrazados mutuamente. Al final la azabache se convenció de que había sido lo suficiente consentida. Ella no era así.
— ¿Te sientes mejor? —Sus palabra eran completamente sinceras.
—Sí, gracias. ¿Cómo llegaste aquí? — Ambos se sentaron en distintos columpios del parque.
—Supongo que fue una fortuita coincidencia o quizás el destino. ¿Quién sabe? —Dijo sonriendo.
— ¿Destino?
—Iba de camino a la casa de... —Hizo una pausa. —...de un amigo. —Retomó luego de unos segundos que no pasaron desapercibidos por Kagome.
—Un amigo. Ya veo. Sea destino o coincidencia, me alegra que llegaras. Gracias.
—Ni lo menciones, Ángel.
—Creo que te debo una disculpa. — Se puso de pie frente a él. —De verdad lo siento. Fui bastante injusta al principio, generalmente no suelo ser así, es solo que últimamente las cosas no han salido muy "bien" y todo cambió tan de repente, y aunque esto no es una excusa suficiente...espero que podamos volver a empezar.
—Relájate, me agrada la chica testaruda y obstinada. Es tu mejor lado. — Le regaló una sonrisa llena de dulzura.
Se cubrió el rostro para que no la viera toda sonrojada. —Ya me voy. Lo siento... —Gritó mientras se alejaba corriendo.
—¡Eyy espera! —Se disponía a seguirla pero su teléfono lo entretuvo. Contestó.
*Del otra lado del teléfono.*
— ¡INUYASHA! ¡Espero que no se cruce ni por un segundo por la mente dejarme plantada!
—Claro que no Kikyo. Ya estoy yendo para allá.
—Apresúrate.
—En 15' estoy.
—Hasta entonces. —Colgó.
—Diablos. —Maldijo para sí mismo y continuó con su antiguo camino.
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Kagome abrió la puerta de la casa lo más rápido que pudo y dejó el dinero de su padrastro sobre la mesa de la cocina. —Lo siento estaba cerrado, dejé lo que me diste sobre la mesa. No me siento muy bien, me iré a dormir. —Dijo todo tan rápido que ni ella podría haberlo repetirlo. Corrió hasta su habitación y cerró con llave.
—¡Oye! —No le había dado tiempo ni a responder.
La azabache buscó sus auriculares y se acostó con la música lo más alto que su teléfono le permitió, así aunque sea por un instante podría olvidarse del mundo que la rodeaba. Antes de darse cuenta ya había caído presa de Morfeo.
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Una semana había transcurrido desde la llegada de Inuyasha, que ahora parecía destacar más que cualquier otro alumno. Sango, Kagome y él se habían vuelto muy buenos amigos. Se divertían compartiendo el tiempo.
En clase.
— ¿Qué vamos a hacer después de la escuela? —Interrogó a ambas chicas.
—Lo siento Inu, hoy tengo clases de Tango. —Se excusó la morocha.
—Y yo trabajo, ya lo sabes. Es la tercera vez qué preguntas
—Bueno entonces iré a visitarte al café...
—Ohh eso se pondrá interesante. —Dijo Sango mientras veía a su amiga sacar chispas.
—Ni lo sueñes. No podría concentrarme contigo ahí.
— ¡No seas así! Quiero verte con tu lindo uniforme de sirviente.
—Se dice Maid, ya te lo dije.
— ¿Entonces puedo?
— ¡QUE NO!
—No griten en mi clase, por favor. —Los regañó Sesshomaru desde el pizarrón en donde escribía.
—Lo siento. —Se disculpó por educación Kagome.
Inuyasha dirigió una mirada asesina a su hermano, iba a protestar pero la azabache lo detuvo con la mirada.
—Puedes venir al café si quieres. —El timbre sonó dando por finalizado el día. Las palabras de Kagome habían dejado inmóvil a Inuyasha.
—Yo me despido aquí, chicos. — Sango se marchó.
—Esperaré abajo mientras guardas tus cosas. —Dijo Inuyasha al tiempo que se encaminaba a la salida.
—Estás bien. —Se apresuró a terminar no quería dejarlo esperando.
—Kagome, necesito hablar contigo. —Alcanzó a decir Sesshomaru antes de que ella se escapara del salón.
—Claro. —Esperaron a que todos salieran para comenzar a hablar. —¿Qué ocurre, profesor?
— ¿"Profesor"? Que fría.
—Es lo que tú querías, ¿no?
—Últimamente has estado actuando extraña, quería saber qué pasa.
—Y lo preguntas. —Aún le dolía que no haya contestado el teléfono cuando lo necesitó. —Es que decidí hacer exactamente lo que dijiste. Dejarte en paz, alejarme y buscar a alguien de mi edad. ¿No era eso lo que querías al fin y al cabo?
Sesshomaru no sabía que decir. Tampoco entendía su radical cambio de actitud.
— Ahora si no me necesitas...tengo que irme. —Tomó sus cosas y comenzó a caminar hacia la puerta.
—Lo lamento... —Dijo arrepentido. — No sé qué fue lo que hice pero...
—Basta de ese teatro barato, deja de fingir que te importo. Solo necesitaba escuchar tu voz pero decidiste ignorarme. Fue lo peor que has hecho, peor que destrozar mi corazón o dejarme. No seguiré insistiendo si me compañía te estorba tanto.
— ¡Me gustaría entender, pero no sé de qué hablas!
—Mejor así, mejor olvídalo. Con permiso, Inuyasha me espera.
— ¿Inuyasha?
—Sí. ¿Recuerdas? El chico parecido a ti, pero "sin tu encanto" —Dijo con sarcasmo, citando sus palabras. —Tal vez tengas razón, él tiene su propio encanto y eso lo hace un chico maravilloso. — ¿Acaso intentaba ponerlo provocarlo? Sabía que Sesshomaru no era para nada un hombre celoso. Si ese era su plan, definitivamente no funcionaría.
—No te equivoques Kagome. No te involucres con él. Si juegas con fuego podrías salir quemada.
—No le temo al fuego. Ardí en el infierno una vez y aun así sigo viva, tú eres testigo de eso. —Sentenció. —Me voy.
Sesshomaru la detuvo. —Escucha lo que digo, solo quiero lo mejor para ti. Siempre ha sido así.
—¡No sabes que es lo mejor para mí! No quieres estar conmigo y tampoco quieres que esté con otro. ¿Entonces qué debo hacer?
—Yo solo intento decirte que Inuyasha no es un príncipe azul como parece.
—Eso ya lo sé, dejé de creer en príncipes hace mucho. —Se zafó de él y salió del aula.
Se odiaba a sí mismo por haberla hecho decir esas palabras. Sin embargo conocía demasiado bien a su hermano y nada bueno podría salir de esto.
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—Estoy lista. —Dijo apareciendo junto a Inuyasha.
—Lo siento, al final no podré acompañarte.
— ¿Estás bromeando? Fuiste tú el que no paraba de insistir.
—Olvidé que ya había hecho planes con mi amigo.
—Siempre hablas de ese amigo tuyo. Al menos podrías decirme su nombre, ¿no crees?
—A él le gusta permanecer en el anonimato. —Dijo en chiste.
—Como quieras. Ya me voy. —Sin darle más importancia al tema.
—Espera. —La detuvo. —Iré a buscarte cuando salgas.
—No hace falta.
—Insisto.
—Bien, esperaré por ti. —Sonrió y se fue.
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En el Maid Café.
Kagome ya tenía puesta la ropa que usaría en el café para trabajar de mesera. Un corto vestido de color negro con encajes blancos. Incluso, a veces, era necesario que llevara peluca como parte del uniforme.
A pesar de ello, era divertido entrar en personaje y la paga era buena.
— ¿Señorita podría tomar nuestro pedido?
—Sí, lamento la demora, hay mucha gente hoy. —Se disculpó sonriendo.
— ¿Kagome eres tú? —Dijo sorprendido el joven con una pequeña coleta que recogía su cabello.
— ¿Miroku? ¿Koga? —Quedó atónita. —Que sorpresa verlos, chicos.
—No sabía que nuestra bella delegada trabajara en un Maid Café.
—No hace mucho que empecé. —Sonrió, era necesario ser amable con los clientes.
—Te queda muy lindo. —Se atrevió a decir Koga algo sonrojado.
—Gracias. —Luego de una corta charla logró tomar su pedido y volver al trabajo.
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Al final de la jornada.
—Nos vemos mañana, Rin. —Se despidió de su compañera de trabajo un par de años mayor que ella.
—Ve con cuidado, pequeña. —Le sonrió.
Kagome salió del negocio y buscó con la mirada a Inuyasha pero no lo encontró. Decidió llamarlo para decirle que ya había terminado de trabajar, pero tampoco contestó. Debatía entre esperarlo o irse.
Era tarde y hacía frío. Esperó más de 30 minutos, pero él no apareció. Caminó hasta casa sin prisa. Una vez más, su madre estaba ausente, mientras su padrastro Naraku, era custodio de la libertad y tranquilidad de su hogar.
Al día siguiente en el salón de clase.
— ¿Kagome podemos hablar?
— ¿Hablar de qué? —Dijo intentando olvidar lo de la noche anterior.
—Creo que ya lo sabes. —Se sentía apenado.
—Ahh ¿te refieres a como me dejaste sola ayer, a pesar de haber dicho que irías por mí? —Interrogó con sarcasmo.
—Auch que directa, amiga. —Acotó la morena, que hasta entonces solo se había limitado a escuchar.
—Intenté ir pero se me hizo tarde, no estabas cuando llegué al café.
Suspiró. —Como digas. —No le creía ni una palabra.
— ¡Es cierto!
—Suponiendo que te creyera, eso no cambia nada. Y ahora haz silencio, la clase va a empezar y no quiero que vuelvan a regañarme.
—Fehh. — Las cosas no iban a terminar así. No lo permitiría.
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Al final de la clase.
Kagome no había cruzado palabra con nadie en todo el día. Se había prometido a ella misma que la desconsideración de Inuyasha no la afectaría pero había sido más fácil decirlo que hacerlo.
Antes de que la clase terminara Miroku y Koga se acercaron a la azabache — ¿Irás al café hoy, Kagome? —Interrogó Miroku.
—Claro. —Le sonrió.
—Bien. Nos vemos allá. —Dijo Koga, que a estas alturas ya desfallecía de amor por la chica.
—Me parece bien. Nos vemos, chicos. —Les respondió antes de ponerse de pie y salir del salón.
—Es tan encantadora. — Suspiró el más mujeriego de los dos, según las malas lenguas. —Y tiene unas piernas tan largas y sexys.
—Oye regresa a la Tierra, tonto. —Lo golpeó Koga en la nuca.
A unos metros de ellos, Sango e Inuyasha observaban la escena con ojos curiosos. — ¿Quién es ese que hablaba con ella? —Le susurró a Sango.
— ¿Aun no conoces a tus compañeros de curso, Inuyasha? Sería bueno que hicieras otras amistades además de Kagome y de mí. —Señaló disimuladamente a uno de los chicos. —Su nombre es Miroku y el de su derecha, es su amigo Koga. Él está enamorado por Kagome desde hace algunos años, creo que la única que no se ha dado cuenta es nuestra amiga. —Suspiró con cierta pena por el muchacho y retomó la conversación. —Kagome me dijo que ayer se los encontró en el café donde trabaja.
— ¿Ese par de idiotas está molestando a mi Ángel?
— ¿"Tu Ángel"? —Rió ahogada. —No sabía que llamaras así a Kagome.
Que estupidez había dicho. Sango no era una chica tonta y era difícil retractarse. —Es algo entre nosotros. Solo un juego tonto de palabras sin significado.
—Pfff me imagino. Me gustaría saber que más hay entre ustedes. —Dijo en broma, mientras lo codeaba.
Ahora se sentía avergonzado. —Olvidemos que esto pasó.
—Como quieras. —Rió.
—Por cierto ¿A dónde vas hoy Sango? —Con una intención clara de desviar la conversación.
—Tengo clase de pintura.
—Oye, haces muchas cosas después de la escuela.
—Mi familia insiste y me gusta complacerlos.
—Pero es tu vida.
—Lo sé —Sonrió con tristeza. —Pero no todos somos tan libres como tú. Kagome entendería muy bien a lo que me refiero, tiene una vida difícil. —Se levantó de la silla y sujetó sus cosas. —Ya tengo que irme. Trata de hablar con "tu Ángel" si puedes, hoy se la veía un poco triste. Nos vemos amigo. —Hizo un gesto con su mano y salió del salón. Una vez afuera, se subió en un elegante auto negro que la esperaba en la entrada.
— ¿A caso esta chica es millonaria o algo? —Se preguntó a sí mismo, mientras la observaba irse desde la ventana del salón. Y entonces al recorrer con la vista la entrada del colegio la vio, sin la mínima advertencia. Junto a la entrada del colegio. Una muchacha de cabello largo y radiante tan oscuro como la misma noche. Era más que obvio porque estaba allí, lo estaba esperando. Se apresuró a bajar para ir en su encuentro.
—¡Inu! —Apenas lo vio se abalanzó a sus brazos.
— ¿Kikyo qué haces aquí? — Interrogó eufórico, esquivándola lo más que podía sin ser tan obvio.
—Quería conocer tu nueva escuela. Y ¡vaya! se ve muy refinada, no como nuestro instituto.
—No deberías venir aquí. Ya no vengas. —Le ordenó.
— ¿Por qué? —Si Inuyasha creía que podía decirle lo que tenía que hacer estaba muy equivocado.
Pudo notar la sutil amenaza en su voz. No la convencería fácilmente. Tendría que persuadirla de alguna manera. —Podría traernos problemas. Ya sabes lo que paso la última vez. Estoy tratando de empezar de cero. Ya no quiero estar involucrado en peleas, ni pandillas. —Esas palabras no eran más que puros versos bien decorados, pero pareció ser suficiente.
—Vaya sí que cambiaste en este corto tiempo, mi amor. Has madurado mucho. —Lo besó de improvisto. — No me vayas a dejar atrás. —Se aferró a su brazo. —Vayamos a dar una vuelta.
—Lo que quieras, cariño. —Dijo sin entusiasmo.
—Hay un lugar nuevo el que me gustaría ir.
— Ajá...
—Es un Maid Café, Mis amigas dicen que es fabuloso.
—¡No! —Se sobresaltó al saber del lugar del que hablaba.
— ¿Oye por qué esa reacción tan de repente?
—Es que no me gustan esos lugares. Ya sabes, es algo extraño. —Mintió para persuadirla de no ir.
—¡Por favor!
—No, Kikyo. No diré más y tampoco pienso ir.
—Siempre eres tan aburrido.
—Haré cualquier otra cosa que quieras.
— ¿Cualquier cosa? —Una de sus cejas acababa de arquearse. —Bien, vayamos a mi casa, mis padres salieron de viaje. —Le susurró al oído.
El platinado suspiró. —Bien. —Ambos partieron hacia el nuevo destino.
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En el Café.
—¡Bienvenido! —Dijo sonriendo al cliente que acababa de entrar.
—Vaya, que interesante... —No evitó sonrojarse al igual que ella.
—No me mires. —Gritó apenada, cubriéndose el rostro.
Sesshomaru sonrió y luego ella le indicó donde tomar asiento.
—Y Bien... ¿Qué quieres? —Preguntó un tanto agresiva.
— ¿Así tratas a los demás clientes? —Le reprochó. Provocándola con la mirada.
Ella suspiró, se sentía incómoda y algo nerviosa, pero las reglas eran las reglas, "tenía que ser cortés y educada". —Lo siento... —Se rectificó. — ¿Qué desea pedir? —Preguntó en un tono más gentil y sonriendo con falsa cortesía.
Sesshomaru no pudo evitar reírse, la conocía demasiado bien. Cada gesto, cada mirada. —Un café cargado y un porción de pastel de...
—... queso. —Terminó su oración mientras anotaba en su libreta.
—Sí. —Respondió sorprendido. — ¿Cómo sabías?
Era lo que siempre pedías cuando salíamos juntos a comer. Pensó. —Adiviné. —Dijo sonrió triste y fue a entregar el pedido.
Horas más tarde.
—Ya me voy, nos vemos mañana Rin. —Se despidió de su compañera y salió del local.
—Te llevo. —Dijo esperando desde la puerta.
— Sessh... ¿has estado aquí todo este tiempo? —Interrogó sorprendida. —Pensé que te habías ido hoy temprano.
—Quería hablar contigo. Necesito hablar contigo, mejor dicho. —Sonrió de lado.
¡Deja de hacer eso! Pensó, evitando su mirada, ¿es que siempre sería así? Su sonrisa hacía temblar su convicción y sus piernas. Finalmente subió al auto.
—Vas a tu casa, ¿no?
—Sí. No hay muchos lugares a los que pueda huir ahora.
— ¿Cómo van las cosas con Naraku?
—No he hablado con él en una semana. Simplemente lo ignoro lo más que puedo y hago de cuenta que no existe.
—Si eso funciona para ti.
— ¿Qué más podría hacer? En el caso de mi madre, ella es la que me ignora a mí.
—Solo es cuestión de tiempo para que abra los ojos.
—Lo sé, pero ese tiempo parece haberse vuelto infinito. Intento distraerme con actividades para no estar en mi casa pero últimamente me siento cada vez más acorralada y sola.
—El día que me llamaste... —Sacó el tema de repente.
Ella lo interrumpió. —No importa. Ya superé eso, pero admito que me decepcionaste un poco.
—Déjame explicarlo. —Suplicó. —Esa noche estaba dando una conferencia en la universidad. Tenía el teléfono apagado, cuando terminé y lo encendí, vi tu llamada. Ya era tarde y no quería despertaste así que solo lo dejé pasar. Debí imaginar que algo grave había ocurrido como para que me llamaras.
— ¿Conferencia? ¿Universidad?
—Sí, ¿no te acuerdas? Te había hablado de ello hace tiempo.
—Ya veo...—Se sentía un poco culpable por haberse enojado con él. — ¿Por qué no me lo dijiste? Hubiera ido a verte.
—Era injusto. Qué derecho tengo a alejarte y luego pedirte que vuelvas a mí. Mereces algo mejor.
—Pero dijiste que era una oportunidad única en tu carrera.
—Y lo fue. Fue una experiencia magnífica.
—Debiste decirme. Seguro estabas muy nervioso. —Sonrió imaginándolo.
—Es verdad.
—No puedes simplemente borrarme de tu vida como si jamás hubiese estado allí.
—No es lo que intento. Es que no sé cómo hacer, es difícil solo ser tu profesor. En ocasiones, dudo de mí mismo y no sé si debería hablarte o solo mantenerme callado olvidándome de todo.
—Idiota, claro que quiero que me hablas. Eres lo más importante para mí. —Hubo un gran silencio luego de eso.
—Llegamos —Dijo estacionando el auto frente a la casa de ella.
—No quiero irme, Sessh. No aún. —Confesó. Ya no estaba para nada molesta. Volteó a verlo.
—Ni yo quiero que te vayas. —Sujetó la mano de la azabache. Estaba fría como de costumbre.
—Supongo que debería volver... a casa... —Dijo decepcionada. Se acercó a él y se despidió con un dulce beso en su mejilla.
Sesshomaru se limitó a observarla. Sentía que ese beso jamás sería suficiente. Era codicioso lo sabía pero quería más. Con un suave tacto deslizó su mano desde el mentón hasta la mejilla de la azabache. Buscó decidido sus labios, atrapándolos presos de sus caprichos. Hacía tanto que no sentía su calidez así de cerca.
—Nos vemos mañana —Sentenció en un susurro aún cerca de sus labios.
Ella bajó del auto, todavía en shock. No podía negar que estaba feliz pero este juego era uno difícil de entender. Estaba segura de que Sesshomaru se encontraba igual de confundido que ella. Se apresuró a entrar en la casa, no quería problemas. Ya tendría tiempo para pensar qué hacer después.
Continuará...
