Los primeros minutos se la pasaron hablando de trivialidades, nada muy importante o serio hasta que el platinado se armó de valor para preguntar por lo que la umadre de Kagome había dicho un día atrás.
—Es difícil para mí hablar de mi vida personal. —Le confesó.
—¿Podrías intentarlo al menos? por favor.
—Está bien. —Suspiró, haciendo una larga pausa. — Luego de que mi madre se casara, la calmada vida que llevábamos cambió. Naraku comenzó a tratarme como basura y ella solo se quedaba callada ignorando todo lo que pasaba a su alrededor.
Me hizo sentir que estaba sola, que era invisible y que un día simplemente desaparecería y nadie se daría cuenta.
Digamos que fue entonces cuando nació mi otra yo, por llamarlo de algún modo. Durante las clases era la alumna perfecta, pero luego de salir del instituto me convertía en otra en una persona completamente diferente.
Estaba sola, aun no había conocido a Sango, y sé que sonará estúpido pero necesitaba que alguien notara que estaba allí. Así que comencé a... —Respiró profundo. — ...prométeme que no me tratarás diferente luego de oír esto. Ya no soy esa chica... —Dijo avergonzada.
—Para mi seguirás siendo la misma persona de siempre.
Kagome se sintió con más confianza para continuar. —Yo comencé a... comencé a... —Tragó saliva, solo una persona sabía la verdad además de su madre. —Comencé a acostarme con cualquier tipo. —Dijo finalmente. — Busqué cualquier caricia para sentirme querida, segura...aunque solo fuera por una noche. No intentaré sonar "family friendly", era lo que todo el mundo llamaría una puta, una zorra.
Ya no iba a casa después del colegio, siempre frecuentaba el mismo hotel cerca del centro, a la misma hora, con un hombre diferente.
Mi madre se enteró y discutimos, pero como no podía encerrarme, solo seguí haciendo lo que quería.
Supongo que por eso cuando te vio se alteró tanto. Cada vez que me ve con un chico piensa que volví a mi viejas costumbres. —Rió con ironía.
—Cómo fue que...
— ¿Qué cambié? —Él asintió. —Jamás hubiera podido sola. Hubo una persona que notó mi existencia entre tanta oscuridad. Alguien había comenzado a preocuparse por mí sin siquiera darme cuenta. —Una sonrisa se dibujó en sus labios.
Flashback...
Era de madrugada, salí del hotel sola como siempre, ya no volvería a ver a la persona con la que acababa de compartir una noche lujuriosa, esa era mi única regla. Jamás repetir a un hombre.
Fui hasta la parada del autobús para volver a casa. En ese momento noté como un sujeto a pocos metros me observaba. Permaneció con la mirada fija unos instantes hasta que finalmente se decidió a hablarme. Era realmente hermoso
—Está Frío, ¿no? —Dijo aquel perfecto extraño que me veía con amabilidad.
— ¿Ehh? Ah sí. —Le contesté, mientras frotaba mis manos para calentarlas. —Prefiero la primavera, la temperatura es mucho mejor, y además hay tantas flores perfumando el aire.
—Cada estación tiene su lado positivo, hay que saber apreciarlo.
—Puede que tengas razón.
—¿Vienes seguido por aquí?
—Sí... —Dije viendo la nada. —Es un mal hábito que tengo ¿qué se le puedo hacer? —Sonreí triste.
—Una niña como tú debería ir a casa pronto. —Dijo revolviendo mi cabello.
—No soy una niña. —Argumenté, acomodando mi flequillo.
El autobús llegó y subí primero. Creí que él subiría detrás de mí pero no lo hizo, se alejó a paso lento en dirección contraria. Miré por la ventanilla. Solo logré ver su espalda desde mi lugar. Me senté y seguí mi camino, no volví a verlo.
Una semana después me dirigía al mismo hotel otra vez. Iba tan pérdida viendo el suelo que no me fijé al frente y choqué con alguien. Cuando subí la mirada... era él otra vez. Hubiera reconocido sus ojos donde sea.
— ¡Hola! —Dije sonriendo sin darme cuenta. Él me ayudó a levantarme.
— ¿Quién es él? —Me preguntó con una mirada que daba miedo, refiriéndose al chico que me acompañaba.
—Ehh ¿él? —Dije señalando al muchacho junto a mí. El pobre entendía menos que yo.
—Dijiste que no tenías novio. —Exclamó temeroso de una paliza el chico que me acompaña esa noche.
—Él no es mi novio... —Expliqué señalando al ambarino pero su mirada fue suficiente para ahuyentar a mi inexperto pretendiente. —Mira lo que hiciste. —Me quejé, luego de ver al tonto correr muerto de miedo.
—Yo no hice nada. El quiso salir corriendo por su cuenta. —Comenzó a alejarse lentamente con sus manos en los bolsillos.
—Fue porque lo miraste feo. —Lo seguí.
—Deberías estar estudiando y no gastando tu tiempo por aquí.
Me detuve, él siguió hasta dejar una pequeña distancia entre ambos. — ¿Quién te crees para opinar de mi vida?
— ¿Realmente piensas que le importas a esos hombres? —Dijo sin voltear a verme.
—Tú que sabes. Además... ¿Me estás siguiendo? —Pregunté perturbada pero sin miedo.
—Eres tú la que me está siguiendo.
—No es a lo que me refiero.
—Vivo por aquí cerca. Solo te veo pasar y ya que vienes tan seguido...
—Pues, lo que hago con mi vida no es tu asunto. —El continuó su camino, lo vi alejarse lentamente. No volteó atrás.
Fin del Flashback...
—Sin darme cuenta sus frías palabras habían hecho que surgiera en mí un sentimiento de... ¿culpa? algo extraño. Hasta hoy no puedo explicarlo claramente.
— ¿Y qué pasó con ese sujeto?
—Creo que fue suficiente historia por una noche. —Sonrió triste.
—No puedes dejarme por la mitad. —Dijo impaciente. —¡Kagome! —La siguió.
—Ya llegamos. —Señaló con la mirada la casa del platinado intentando cambiar de tema.
Inuyasha se detuvo en seco. — ¿Cómo sabes dónde vivo? —Preguntó con suma seriedad.
La azabache quedó inmóvil. Que idiota había sido. — ¿Cómo que cómo sé? Tú me dijiste —Intentó sonar convincente y restarle importancia al asunto.
La acorraló entre sus brazos contra un árbol. —Yo nunca te dije donde vivía, Angelito. —Sentenció convencido.
Que idiota, había cometido un gran descuido de su parta. Conocía la casa de cuando comenzó a salir con Sesshomaru pero Inuyasha no tenía que saber eso. —No seas ridículo. Tú nos dijiste a Sango y a mí, aunque no lo recuerdes.
— ¡Mentira! Dime la verdad Kagome, ¿Qué relación mantienes con Sesshomaru? —Dijo con la voz entre cortada. —Siempre lo sospeché y confieso que lograste persuadirme, pero ya no más.
Ya estaba condenada, no podría ocultarlo más. Suspiró. — ¿Qué quieres que responda?
—La verdad. ¿Te acuestas con mi hermano?
Se alejó de él. — ¡No! Él solo es mi profesor...
—Ya no me creeré ese cuento. —Dijo indignado de que lo creyera tan tonto.
Ya no tenía excusas, ni tiempo para inventarlas. Decidió contar la verdad. —Él me salvó...—Confesó. —Fue Sesshomaru quien me salvó y me regaló una segunda oportunidad para reconstruirme. —Decidió continuar con su historia. —No volví a ver al extraño sujeto de la parada de autobuses sino hasta el nuevo trimestre del colegio. Nuestra antigua profesora pidió licencia por embarazo, y su reemplazo resultó ser nada más y nada menos que Sesshomaru. Imagina mi sorpresa y miedo. Ese hombre sabía mi más oscuro secreto.
Durante la clase fingió no conocerme pero al final del día, como era de esperarse, tuve que enfrentarme a él.
Flashback...
— ¿Quién lo diría...? Es una interesante coincidencia. —No podía verlo a la cara, estaba tan avergonzada. Él notó eso. Se sentó en una punta de su escritorio y comenzó a hablar con una voz calmada. —Kagome...no pienso juzgarte y lo que sé no afectará tu promedio escolar.
—Gracias. —Dije aun sin verlo a la cara. — ¿Pero? —Siempre hay un "pero", pensé.
—Pero...Olvidando por un segundo que somos profesor y alumna... —Intentó saber de mí. Tal vez ese fue el primer paso para algo más grande. — ¿Por qué haces eso? Según las anotaciones de tu profesora anterior eres una alumna ejemplar no hay manchas ni incidentes en tu registro escolar, incluso tienes las mejores notas de todo el colegio me arriesgaría a decir. Pareces dos personas diferentes.
—Alguien como tú jamás lo entendería. —Me abracé a mí misma. —Solo aléjate de mí. —Y salí del salón corriendo.
Claro que traté de persuadir a Sesshomaru para que no se involucrara, pero era persistente. Cada vez que pasaba por el hotel, ahuyentaba al nuevo chico que me acompañaba. Me enfurecía, pero casi nunca decía nada al respecto, era como si estuviera esperando que él llegará para impedirlo, de cierto modo eso me daba un poco de felicidad. Se hacía pensar que solo por una vez alguien se preocupaba en verdad por mi.
Una noche llegué sola. Le dije que quería hablar con él y accedió. Entramos al hotel.
— ¿Qué ocurre, Kagome? —Preguntó fingiendo inocencia. — ¿Hoy vienes sola? —Interrogó sonriendo.
—¡Estoy harta de ti! Has espantado a cada chico con el que vengo. No puedes meterte así en la vida de los demás. —Le grité.
Entonces su tono cambió a uno más serio. —Solo intento ayudarte, eres una buena chica pero estás entrando a un lugar del que no tendrás retorno. Tarde o temprano te arrepentirás de todo esto. —Dijo mientras se sentaba a los pies de la cama.
—Bien... si tanto te preocupas por mi... —Me acerqué a él apoyándome en sus hombros. —Entonces conviértete en mi amante. —Deslicé mi rodilla hasta su entrepierna y lo vi a los ojos sonriendo maliciosa. —Así no tendré que salir con un chico distinto cada noche. —Lo dije como un simple juego, estaba segura que él se negaría, pero el destino es caprichoso.
—Si eso es lo que quieres. —Comenzó a desabrochar su camisa sin dejar de verme, como si lo estuvieran obligando.
Me alejé al instante, no podía creerlo. — ¡¿Qué haces?! —Interrogué dándole la espalda.
— ¿No es esto lo que querías? —Dijo poniéndose de pie. —Quiero ayudarte, Kagome. Si esto es lo que debo hacer para hacerte cambiar de parecer... —Deslizó su mano por mi espalda hasta que me di vuelta. Luego sujetó tiernamente mis manos y las besó. —Quiero que abras los ojos y estoy dispuesto a hacer que lo logres. —Buscó mi mirada, luciendo una tierna sonrisa en su rostro, esa sería la primera de muchas.
Él aun no me soltaba. Antes de darme cuenta, mis ojos se cristalizaron. Al notarlo, me abrazó fuertemente entre sus brazos, hundí mi rostro en su cálido pecho y no necesité de nada ni nadie más.
Era la primera vez que alguien me hacía sentir especial. Solo me abrazó por un largo tiempo. Luego de eso decidí ser sincera con él, le conté de mi familia, de mis problemas y antes de notarlo Sessh ya que se había convertido en alguien muy importante para mí.
Cada vez que me sentía abrumada o algo sucedía en casa, iba corriendo a sus brazos. Con el tiempo fui yo la que exigió más y él como siempre hizo lo que le pedí sin quejarse ni por un minuto. Tal vez era mi simple capricho pero me gustaba mucho.
Al principio solo fue sexo pero me trató con tanto amor, tanta pasión, me mostró un lado de los hombres que jamás había conocido, por primera vez en mucho tiempo era feliz.
Luego, los problemas de una relación como la nuestra se hicieron evidentes. Casi fuimos descubierto debido a tontos descuidos de mi parte. Jamás había sido consciente del riesgo que ambos corríamos. Eso preocupó a Sessh, sabía que si esto se descubría, me expulsarían y perdería la única oportunidad para obtener la beca a la que tanto espiraba.
Trató de poner un poco de distancia entre ambos y me incitó a hacer nuevas amistades. Así conocí a Sango. Para ambos era otra pequeña victoria, pero al fin y al cabo, seguí sin poder alejarme de él. Me asustaba avanzar sin Sesshomaru a mi lado, me asustaba volver a ser la persons que era antes de conocerlo.
Fin del Flashback...
Kagome terminó de hablar, casi sin aliento. Recordar del pasado le inquietaba el alma.
Inuyasha estaba en shock, le tomó tiempo asimilar lo que oía. —Lo sabía...Tu y él imbécil de mi hermano. ¡Juntos! —Gritó indignado y dio un puñetazo al árbol.
—No es algo fácil de decir, antes no tenía la confianza suficiente en ti.
—¿Por qué él? —Preguntó indignado. — De todas las personas en el mundo ¿por qué Sesshomaru?
—No es algo que yo haya elegido, simplemente sucedió. Llámale destino o lo que sea. De todas formas ya no le des tanta importancia, lo mío con Sesshomaru ya se terminó.
—Me cuesta creerlo. Veo sus miradas durante la clase. Son tan obvios. ¿Por qué de todas las personas tenía que ser él Dios? —Dijo mirando al cielo, luego volteó a mirarla fijamente. —Yo te amo, Kagome. —Confesó dejándola helada. Su triste mirada penetraba el alma de la muchacha.
—Qué dices... —Dijo mientras luchaba con su cabello que a causa del viento le cubría el rostro.
Inuyasha se puso de pie. — ¿Por qué no me crees? Siempre te lo he dicho.
—No pensé que lo dijeras en serio, tú siempre juegas con estas cosas. ¡¿Cómo pretendes que distinga entre tu sinceridad y tus juegos?!
—Debiste verlo. —La abrazó. —Desde que te conocí no he podido sacarte de mi mente. — Incluso él mismo dudaba de su convicción. Era realmente cierto lo que decía o el hecho de saber que su hermano tenía "algo" que él quería lo cegaba hasta tal punto. No lo descubriría hasta saciarse de ella.
—Inuyasha... Yo no...
—Quiero ser todo lo que necesites, Kagome.
—Yo... no sé. —Intentó alejarse pero él se lo impidió. —La verdad, siempre te vi como un amigo. —Explicó. Era cierto... un amigo muy sexy, pero amigos en fin. No era realmente un sentimiento de amor.
—Quiero que empieces a verme de esta forma. Como un hombre que te ama.
—Amor es una palabra muy grande.
—Junto a ti, se queda pequeña... —Se separó de ella, se dio cuenta de que la incomodaba. —Sigamos, o se hará muy tarde.
—Pero Inu, respecto a lo que dijiste...
Él sujetó firmemente su mano y comenzó a avanzar. No quería escuchar su respuesta, no aún. No hasta estar seguro de que su respuesta sería lo que quería escuchar.
Continuará...
