Salió pálida del salón, no podía asimilar lo que acaba de oír. Estaba furiosa, dolida pero todavía no podía dar por hecho esas crueles palabras como una verdad, necesitaba escuchar la versión de Inuyasha, necesitaba saber más de Kikyo.
El susodicho la estaba esperando afuera del colegio, con la mirada cabizbaja jugando con una pequeña piedra entre sus pies.
—Tardaste mucho... —Le reprochó a la azabache que lo miraba con decepción. — ¿Qué te dijo? —Interrogó suponiendo que no iba a ser de su agrado.
Decidió no delatarse y sacar el tema más adelante. —Él habló sobre la beca al extranjero. Dijo que había una posibilidad de que pueda rendir los exámenes necesarios en unos meses.
Respiró aliviado. —Eso es genial... ¿verdad? —Preguntó con cierta duda por ser un desconocido en el tema.
—Sí, es algo bueno. —Sonrió. Ambos comenzaron a caminar.
—Te acompañaré a casa, ahora que te mudaste vivimos más cerca.
—Gracias. —Hubo un extenso momento de silencio. —Oye Inuyasha... — Se detuvo. ¿Era éste el momento para preguntar lo que quería saber?
— ¿Si?
—Nunca me contaste porque tuviste que cambiarte de colegio.
—No es algo de lo que me enorgullezca de hablar.
—Está bien, puedes decir lo que sea... —Ahora era al revés, ella sería la que escuchara.
—Mi antiguo colegio es conocido como unos de los peores de la zona. Está lleno de pandillas y chicos que van camino a ser criminales. Mis padres me mandaron allí luego de que fui expulsado por quinta vez de un alto Instituto privado por mal comportamiento y bajo rendimiento académico. Dijeron que me darían una "lección" que no olvidaría.
— ¡Eso es horrible...!
—Claro que cuando Sesshomaru se enteró, discutió con ellos. Decía que esa no era forma de educar a nadie y menos a un hijo, y que además podía ser peligroso que estuviera allí.
Aunque el tiempo que pasé en ese colegio de mala muerte no fue tan malo. La verdad es que encajé bastante bien.
La mayoría de los estudiantes eran unos tontos ignorantes, fáciles de controlar. Luego de un tiempo encontré a un grupo de personas más compatibles conmigo. Tenían algo así como una "pandilla" y me uní a ella. Al principio fue por mero aburrimiento, luego llegué a considerarlos mis amigos.
Para entonces, sin que yo supiera, Sesshomaru había aceptado hacerse cargo de mí y buscarme una nueva escuela. Me tomó por sorpresa, mis padres no me habían dicho nada al respecto y me desquité con el tonto de mi hermano, cuando él sólo intentaba ayudarme. —Finalizó esto último con una expresión de ¿arrepentimiento?
— ¿Acaso será que sientes culpa? —Preguntó sonriendo, sabiendo que provocaría cierto enfado en el chico.
—Já, claro que no.
—Yo lo dudo. —Rió con gana. —Por cierto, antes dijiste algo de un Instituto privando, ¿cómo es eso?
—Aunque no lo creas, mi familia pertenece a una posición social muy bien acomodada. Mi padre es dueño y fundador de una importante firma de abogados y mi madre es diseñadora, y administra su propia línea de ropa.
—Quién lo diría... —Realmente estaba sorprendida. La verdad es que desconocía absolutamente todo de la familia de Inuyasha y Sesshomaru, este último nunca había hablado de ese tema con ella.
—Digamos que soy la oveja negra de la familia.
—Típico de la gente rica. Siempre está el hijo que hace lo que quiere con la excusa de rebeldía antisistema.
—No es mi caso, Ángel. Simplemente es más divertido hacer lo que quiero, cuando quiero...con gusto te lo demuestro... —La sujetó por la cintura acercándola a él, para finalizar un trayecto hacia sus labios.
— ¿¡Qué crees que haces!? —Interrogó sorprendida luego de que la liberara por falta de aire. —No creas que puedes hacer lo que quieras conmigo. —Dijo molesta. — No soy tu juguete.
—Cuando te tengo cerca no puedo evitar querer besarte, tocarte... —Dijo pegando el cuerpo de la azabache al de él.
—Pero...Inuyasha... esto que hay entre nosotros...—Lo miró confundida.
— ¿Hace falta que lo explique? —Dejó descansar su frente contra la de ella.
Kagome se mantuvo en silencio y tomó distancia. La verdad, sí necesitaba una explicación pero no estaba preparada para escucharla ahora.
— ¿Debes ir al café luego, no? —Intentó cambiar de tema para aligerar el ambiente.
— Sí, ¿y tú qué harás?
—Iré a la casa de un amigo.
— ¿Tú amigo anónimo de siempre? —Interrogó arqueando una ceja. Su tono era más severo de lo normal.
—No lo digas así, Kagome.
—Sólo pienso que es algo extraño que lo mantengas tan en secreto.
—Es un amigo de mi antiguo Instituto, teme que algunas personas puedan juzgarlo injustamente por eso. —Mintió.
—Yo no juzgó a nadie sin conocerlo antes, lo sabes.
—Tal vez algún día...
Sabía que él sólo decía eso para complacerla. En ese caso buscaría otro lado por el cual interrogarlo. — ¿Salías con alguien en ese Instituto?
El platinado por poco y se ahoga al escucharla. Tardó en responder. Era como si lo estuviera pensando. ¿Ameritaba una pregunta tan simple, tanta preparación en la respuesta?—... Sí, pero no fue nada serio.
Una sola palabra atravesó su mente..."Kikyo" —Ya veo, y ¿cómo era ella?
— Emm... muy seria. —Respondió luego de unos minutos críticos.
— ¿Seria? ¿Es todo lo que puedes decir de tú ex novia?
—No quiero incomodarte.
—No lo harás, continúa. —Lo estaba desafiando, quería sacar de sus labios esa verdad que Sesshomaru le había revelado momentos antes.
Suspiró, no quería hablar de Kikyo con Kagome. —Era una chica decidida, superficialmente tranquila y nunca aceptaba un "No" como respuesta. ¿Feliz?
—Ya veo... ¿Y por qué terminaron?
— Kagome...yo no te interrogo sobre amores de tu pasado. Además ya no quiero hablar de ella.
—Entiendo. —Lo había hecho sentir incómodo. Podía sentirlo.
—Sólo olvídalo.
—Gracias por acompañarme hasta casa. Será mejor que te marches rápido, no quiero que llegues tarde a lo de tu amigo —Dijo indiferente.
—No te enojes.
—No lo hago. —Se acercó a él y se despidió con un cálido beso —Espero que tú tampoco. —Sonrió y entró a su apartamento sin siquiera dejarlo reaccionar.
Inuyasha se alejó sonriendo, había superado una prueba de fuego. Lamentablemente su sensación de triunfo y alegría no tardaron en desaparecer al recordar a donde tendría que ir a continuación. ¿Podría seguir jugando con fuego sin salir quemado? Poco remordimiento sintió su conciencia al respecto.
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•
Kagome cambió su uniforme por un vestido más casual y un par de sandalias. Había mentido, no tenía que ir al café esa tarde. Tenía otros planes.
Al celular.
—Sessh ¿por qué llamas desde un número desconocido?
—Mi antiguo celular se rompió, tuve que comprar otro.
—Ya veo, te agendaré de inmediato. Por cierto, ya voy de salida para tu casa. Rin me cubrirá el turno en el café, no te preocupes. —Colgó y salió a toda prisa en el primer taxi que detuvo a la pasada. Era tiempo de arreglar cuentas.
En casa en Sesshomaru...
—Llegué a dudar de que vinieras. —Dijo abriendo la puerta, con su habitual outfit hogareño, todo despeinado y desaliñado. —Pensé que no lograrías deshacerte de Inuyasha.
—No fue necesario "deshacerme" de nadie. Inuyasha ya tenía otros planes. —Dijo abriéndose paso en la casa con total naturalidad y costumbre.
—Interesante. —Cerró la puerta y ambos se acomodaron en el living. — Dijiste que querías escuchar la verdad de boca de Inuyasha.
—Digamos que él no estaba interesado en hablar del tema.
— ¿Y qué quieres saber entonces? —Preguntó sonriendo, mientras dejaba reposar sus brazos a lo largo del sofá.
—Todo.
—Está bien, pero antes debe responderme algo... ¿estás saliendo con él?
—No. —Sesshomaru arqueó una ceja dudando de aquella respuesta —... Sí. —Rectificó ella al ver su expresión. —Bueno, la verdad no lo sé.
—Ya veo... aún luego de todas las advertencias que te hice, decidiste hacer lo que se te vino en gana.
—¡¿Qué pretendías que hiciera?! ¿Confiar ciegamente como una ingenua?
—Luego de tanto tiempo algo de confianza en mi hubiera estado bien. —Manifestó decepcionado.
—Cualquiera pensaría que eran solo celos.
Él suspiró. —Preciosa, a diferencia de ti, yo no tengo 17 años. Los celos son actitudes de adolescentes inmaduros. Lo que te dije fue porque Inuyasha podría ponerte en peligro. —Se acercó a ella. —Kikyo es el infierno hecho mujer.
— ¿Siguen juntos? —Interrogó defraudada.
Él asintió.
—Debí darme cuenta.
—No dudo que Inuyasha haya intentado dejar a Kikyo pero ella sólo escucha lo que quiere. Al no poder sacar a Kikyo de su vida prefirió ocultarla de ti.
—Es un maldito imbécil. Vaya que fui estúpida. ¿No te cansas de tener siempre la razón? Maldito egoísta.
—Kagome... —Dijo serio. —Kikyo es una mujer un tanto desquiciada y además dirigía una pandilla muy peligrosa en el viejo instituto de Inuyasha. Por nada del mundo te acerques a esa chica. No sabemos de lo que es capaz.
—Me siento tan enojada que creo que necesito abofetear a alguien. —Dijo en broma tratando de encontrar algún consuelo.
—Mi hermano es una buena opción.
—Lo tendré en cuenta. —Sonrió falsamente.
—Cambiando de tema... ¿Ya decidiste si rendir los exámenes para beca? Porque si no te sientes lista puedes tomarlos durante el último año de secundaria.
—Ya me conoces.
Sonrió. — Bien, será mejor que te vayas preparando. Dame unos días y buscaré los modelos de prueba para que puedas estudiar.
—Gracias, Sessh.
—Si necesitas ayuda házmelo saber de inmediato.
—Claro. — ¿Era su impresión o ella estaba hablando poco y él más de lo normal? Intentó contener una inevitable risa.
La observó desconcertado. — Tómate esto en serio, tonta.
—Lo siento. —Terminó dejando escapar una suave carcajada.
Ambos terminaron rieron. —Te extrañaré si llegases a irte. —Confesó de repente. Todo vestigio de risa murió.
Quedó inmóvil. Una simple pregunta atravesó su mente... ¿Y si no se marchara? Si en lugar de eso decidiera quedarse. — ¿Tú me amas Sessh?
La pregunta de ella era más sorpresiva que su confesión anterior, pero ya conocía la respuesta a esa incógnita. Él mismo se lo había preguntado a sí mismo muchas veces antes. —Te amo, sería un tonto si no me diera cuenta. —Confesó con total serenidad.
Quedó muda. Su mirada estaba perdida en la de él. Las lágrimas comenzaron a caer. Había anhelado durante tanto tiempo oír eso. ¿Por qué no lo había dicho antes? Las cosas quizás hubiesen sido diferentes.
— ¿Por qué lloras?
—No puedo creer que me regales tan hermosas palabras. Tú has sido el único que me ha hecho realmente feliz en esta vida. —Sonrió y se abalanzó a los brazos del platinado. —Me quedaré. —Respondió llena de alegría.
— ¡¿Qué?! —Preguntó alejándola sólo unos centímetros.
—Ya no necesito huir. Ya no tengo que lidiar con mi madre y su esposo. Además dentro de poco cumpliré 18 y seré mayor se edad, podremos estar juntos al fin. —Dijo ilusionada.
— ¿Y qué hay de tus planes de viajar al extranjero? Pensé que querías conocer otros lugares además de huir de aquí.
—Sí, pero no lo necesito. Tú eres mi razón de ser, Sessh. Si te tengo a ti no necesito nada más.
—No Kagome... —Susurró con un tono calmado. —Piénsalo mejor. No debes abandonar tus sueños y metas por otra persona, y mucho menos si se trata de mí. No podría vivir en paz sabiendo que renuncias a todo por mi.
—Pero... —Se sentía decepcionada.
—Rinde ese examen, obtén la beca, vete lejos, diviértete, descubre lugares y gente nueva, vive como siempre has querido y si el destino te trae otra vez aquí... —Se detuvo, necesitaba buscar fuerzas para continuar. —... Si el destino te trae otra vez a mis brazos... te lo advierto, ya no seré capaz de dejarte ir. —Finalizó con una sonrisa triste.
— ¿Me pides que me vaya?
—Te pido que regreses. No necesitas depender de mí, ni de nadie para ser feliz. Quiero que lo entiendas. Es lo que siempre he intentado hacerte ver.
—Prométeme que me esperarás, que cuando regrese al fin estaremos juntos.
—Si para ese entonces no me has cambiado por un mocoso engreído... prometo esperarte cada día de mi vida.
—Te amo. Siempre lo haré. —Se sentó en su regazo, llevó ambas manos al cuello de Sessh y besó sus labios con nostalgia. —Creo que si te hubiera conocido mucho antes, todo hubiese sido tan diferente.
—Yo también lo creo. —Confesó—...respecto a Inuyasha... — ¿Cómo no sacar el tema? Era su hermano y ahora él estaba con su novia entre sus brazos.
—Le dejaré en claro que conmigo no se juega. —Se alejó de él y buscó su bolso. —Ya me voy. Puede llegar en cualquier momento y por el momento prefiero que no me vea aquí.
Sesshomaru la jaló del brazo acercándola nuevamente a él, devorando su boca con desenfreno, sin rastros de ternura. —Te ves preciosa hoy. —Agregó atrapándola entre sus brazos.
Su cara entera se acababa de pintar de rojo. —Gra...cias. — El poco labial que llevaba en los labios se había movido por completo y ni cuenta se había dado. —Nos vemos. —Dijo mientras recuperaba la compostura y salía a paso lento.
— ¿A dónde crees que vas? Yo te llevaré. —Dijo jugando con las llaves del auto entre sus manos.
Sonrió. Esto era tan típico de él. —Luego no dejaré que de vayas tan fácil . —Le susurró al oído haciendo que un escalofrío le recorriera el cuerpo al ambarino.
Al día siguiente en el salón de clase.
Kagome había llegado temprano y ya estaba en su asiento charlando con Sango como era de costumbre. Ambas esperaban a que el timbre sonara y por consiguiente la clase comenzara.
—¡Kagome! —Gritó furioso Inuyasha. Ignorando por completo al resto de la clase, que ahora volteaban a ver al recién llegado y a la aludida.
— ¿Qué quieres? —Preguntó molesta. ¿Quién se creía? ¿Pensaba que podía jugar con ella y salirse con la suya?
Notó la indiferencia en su tono. — ¿Qué sucede contigo? ¡No contestas mis mensajes ni llamadas! No estabas en tu casa y tampoco fuiste al café, me mentiste.
—Te recuerdo que yo puedo hacer lo que quiera con mi vida, no necesito tu permiso. No tenía ganas de responderte. —El aula quedó en silencio, todos estaban pendientes de la pelea de la "pareja".
—Se supone que estamos juntos. Eres mi novia, maldita sea y no me agrada esa actitud tan altanera. —Golpeó con fuerza el escritorio de la azabache. Estabas con él ¿no? No te atrevas a mentirme, porque sabré si lo haces.
Kagome se puso de pie, hecha una furia. A un loco, loco y medio pensó. —¿Quién rayos te crees para hablarme así? No soy de tu propiedad, no te debo explicaciones. Y además ... ¡tú eres el maldito que me mintió! Vete a hacerle escenas a Kikyo, no a mí. Ella es tu verdadera novia después de todo ¿no? —Preguntó con una sonrisa llena de odio en el rostro.
Inuyasha dio un paso atrás de la sorpresa.
— ¿De verdad pensaste que no me enteraría? —Suspiró. —Haré de cuenta que solo fuiste un número más para mí. No te necesito, ni te quiero cerca de mi. ¡Desaparece! —Le dijo esto último en un suave susurro, que nadie más a excepción de él escuchó.
Sango sujetó a su amiga por los hombros para calmarla. —Kagome, relájate ¿sí? —La guió hasta afuera del salón. — ¿Mejor?
—Creo... —Dijo triste, después de todo había quedado como una cornuda frente a toda la clase.
Un tercero las observaba desde la cercanía. —Eso fue muy interesante. —Dijo Sesshomaru serio. Se encontraba recostado contra la pared del pasillo con ambos brazos cruzados sobre el pecho.
— ¿Escuchaste todo? —Interrogó la azabache.
—Cada palabra. Estoy orgulloso de ti. —Se acercó a ella acomodando un mechón de su cabello detrás de su oreja.
Kagome sonrió triste. Sentía que se había sacado un gran peso de encima. Aunque a un precio alto.
Sango retrocedió unos centímetros, tratando de entender la escena. ¿Era su impresión o ellos dos tenían demasiada confianza? —Kagome... —Pronunció totalmente sorprendida. — ¿Ustedes...?
—Señorita Sango, ya puede volver al salón, yo me encargaré del resto. —Interrumpió Sesshomaru.
La morocha desvió la mirada a Kagome, quien no dijo nada, limitándose a ver al suelo. —Entiendo. —Dijo molesta y entró al salón nuevamente. Dejando a su amiga y a su profesor solos.
—Creo que se enojó.
—Ya tendrás tiempo para arreglar las cosas con ella.
—Eso espero.
— ¿Por qué no vas a la enfermería y te quedas ahí un tiempo? Hasta que se calmen las cosas al menos. Veré que puedo hacer allí adentro.
—Gracias, Sessh. —Susurró mientras lo veía entrar al salón.
¿Había hecho mal en explotar de esa manera? No estaba segura pero sin dudas las cosas no podían estar peor... ¿o si?
Continuará...
