Meses después...
Mi vida en este momento se resume en una palabra... arrepentimiento.
Luego de la pelea con Inuyasha, Sango ya no volvió a hablarme, dijo que no quería ser amiga de una persona que le mentía y le ocultaba cosas frente a su cara. Traté de disculparme más veces de las que recuerdo, pero ella ya no quiso hablarme. Perdí a mi única amiga, eso me llena de dolor.
En lo que respecta a Inuyasha... ya no volví a hablar con él. Intentó persuadirme de que lo suyo con Kikyo era puro invento de Sesshomaru, pero no le creí ni una palabra. Ya había decidido en quien confiar, en la única persona que se ha mantenido incondicional a mí, sin mentiras o engaños.
En casa de Sesshomaru.
— Aquí tienes tu café. —Dijo Sesshomaru ofreciéndole la taza caliente.
— Gracias.
— ¿Cómo vas?
— Aun tengo problemas con física. Nunca me gustó esa asignatura. —Se quejó.
— Bueno será mejor que te ayude. —Se puso sus anteojos. —Tu examen está cerca. —Dijo sujetando el libro de física entre sus manos.
Simplemente amaba cuando usaba esos anteojos puestos, se veía tan sexy. Se acercó robándole un fugaz beso.
— Concéntrate. —Dijo golpeándola en la cabeza con el libro.
— Ayyyy. —Se quejó. —No puedo cuando estás cerca de mí. —Se justificó.
— ¿Entonces prefieres que me vaya? —Preguntó con ironía. Viendo sobre sus lentes.
— Jamás querría eso. —Dijo con cara triste.
— Qué gran actriz señorita Higurashi. —Volvió a concentrarse en el libro.
Horas después...
— Esto es muy difícil. —Dijo frustrada.
— Vamos, tú puedes.
— El examen es en unos días, no tienen caso. —La resignación era abrumadora.
— Cuanto mayor sea tu puntaje, mejores posibilidades tendrás.
— Lo sé, lo sé, pero ¿qué quieres que haga? Simplemente no logro memorizar tantas fórmulas, y los conceptos son difíciles también.
— Es cuestión de razonamiento.
— Es sencillo para ti decirlo.
— Con esa actitud no lograrás nada.
— Dejémoslo aquí por hoy. —Suplicó, dejándose caer sobre el sofá.
— Te llevaré a casa, entonces.
— ¿No puedo quedarme? —Dijo haciendo puchero.
— Eh...mmmm. No, no puedes.
— Si sabes que me quedaré de todos modos ¿no? —Sonrió ampliamente.
— Kagome..
— ¡Por favor! Así no tendré que levantarme temprano para venir mañana. —Suplicó.
— No. —Repitió con voz serena.
— ¿Por qué no? Ahora que Inuyasha se fue no hay problema en que me quede ¿o sí?
— Ese no es el punto. —Se sentó en la silla junto a la mesa, frotándose la sien.
Estaba preocupado. Obviamente pensar en Inuyasha le quitaba el sueño.
— Lo siento, no debí ser tan persistente. Me iré de inmediato. —Dijo poniéndose de pie.
— No es eso. —Aclaró. —Me inquieta pensar en Inuyasha. Nuestros padres son un poco "complicados" de tratar. Durante el tiempo en el que mi hermano estuvo aquí sus notas mejoraron, no hay duda de eso. No quiero que decaiga otra vez. Al contrario de lo que él cree, me preocupo mucho por su bienestar, aunque me haga enojar a veces. Es mi familia y quiero lo mejor para él.
— Estoy segura de que lo sabe. —Se acercó a él abrazándolo por el cuello. —Pero también debes entender que él puede cuidarse sólo.
— Lo sé, pero no quiero que siga estando con nuestros padres. Tal vez lo mejor sería que lo ayudara a independizarse, conseguir un apartamento cerca del centro en el que pueda estar cómodo. Sí, sí, eso haré. —Se puse de pie escapando al abrazo de Kagome. — Lo llamaré para preguntarle sobre la idea. —Buscó su celular.
Ella se lo arrebató impidiéndole marcar. —Detente... siempre haces esto. Te preocupas demasiado por los demás. Estoy segura de que Inuyasha ni siquiera te lo agradeció por haberlo ayudado antes. ¿Por qué sigues intentándolo?
— Es mi hermano, Kagome. Es joven, inexperto y no pienso abandonarlo. Ahora... regrésame el teléfono por favor.
— No te decepciones si al final termina defraudándote. —Clavó su fría mirada en Sesshomaru.
— Tendré fe en él. — Kagome le devolvió el teléfono. — Puedes dormir en la habitación de huéspedes.
— Gracias. —Dijo mientras se encaminaba hacia allá. Dándole espacio para hablar.
Llegó a la habitación, todo estaba completamente oscuro. Encendió la luz y no tardó en darse cuenta de que algunas de las cosas de Inuyasha aún seguían allí. Éste había sido sin duda su cuarto durante su estadía en esa casa.
Hacía poco más de 3 meses que se había ido nuevamente a lo de sus padres, pero todavía no había vuelto por las cosas. ¿Tan seria había sido la pelea entre los él y Sesshomaru como para que se fuera tan enojado?
Caminó a pasos cortos. Sobre la cama se hallaba una camisa color salmón. Se acercó despacio como examinando el lugar. Logró sujetar aquella prenda entre sus delicadas y pálidas manos. Un aroma dulce emanaba de ella ¿era perfume? Era perfume, su perfume. Ese aroma le encantaba y sin darse cuenta, se forma casi inconsciente se hallaba aferrada a la prenda, aspirando su olor. ¿Estaba loca o era demasiado estúpida? Ambas, quizás. La dobló y guardó delicadamente en el armario ya casi vacío. Miles de memorias atravesaron su mente.
Estaba agotada, se dejó caer sobre la cama de espalda y con los brazos extendidos. Respiró profundo, tenía que concentrarse, dentro de poco daría el examen más importante de su vida, no podía darse el lujo de distraerse y dejar pasar tan valiosa oportunidad. Cerró los ojos y sin desearlo cayó presa del sueño.
Los primeros rayos de luz se filtraron por las rendijas de la ventana. Una manta cubría su cuerpo, sonrió. Se había quedado dormida.
Un delicioso olor la invitaba a la cocina. ¿Waffles? Eran sus favoritos, él lo sabía. Caminó entre los pasillos y buscó con la mirada hasta encontrarlo. Sartén y espátula en mano, todo un chef. No evitó imaginarse una vida así, en un bosque, a orillas del río, bajo los pies de la montaña. Ella despertaría y lo abrazaría por la espalda. Quería hacerlo ahora, ¿se atrevería? No, mejor no. Mejor le preguntaba cómo le había ido con Inuyasha, ¿o eso volvería el ambiente incómodo innecesariamente? Mejor guardaba silencio. Se dedicó a observar su amplia espalda ¿todavía no se había dado cuenta de que ella estaba detrás de él, viéndolo? ¿Lo asustaría si lo llamaba por su nombre de repente? Mejor lo miraba en silencio por otro rarito, ¿cuándo volvería a tener otra oportunidad así?
Él giró a buscar algo y la vio. Por supuesto no se asustó, se veía feliz de verla. "Siéntate" pidió y ambos desayunaron juntos, seguidos de otra sesión de estudio. Pondría más voluntad esta vez, no quería decepcionarlo.
Ya era de mediodía, la invitó a almorzar antes de ir al colegio, ella se negó. No quería convertirse en una molestia. Revolvió el cabello del platinado y se despidió. Él se ofreció a llevarla, ella nuevamente se negó. Caminaría esta vez, por suerte había ido con uniforme el día anterior, aún lo llevaba puesto. ¿Estaba sucio? Lo revisó. No, no lo estaba, algo arrugado tal vez. Apresuró el paso. Llegó temprano, saludó a algunos de sus compañeros y se acomodó en su lugar. Durante todos sus años de secundaria jamás había hecho más amigas que Sango. Estaba sola ahora. ¿Acaso le molestaba? No tanto como debería, ya estaba acostumbrada a la soledad. El aula comenzó a llenarse de gente poco a poco.
El menor de los hermanos entró al salón. Cruzaron miradas varias veces. Ella no hablaría, no quería revolver el pasado, pero él la miraba tan fijo... ¿Era su impresión o se acercaba a ella? Antes de darse cuenta lo tenía frente a su escritorio.
— Hola Inuyasha. —Sonrió tímidamente.
— ¿Te molesta si me siento?
— No. —Él puso una silla frente a ella. — ¿Sientes lástima de mí? Porque ahora estoy sola.
— Si dijera que sí, estoy seguro de que heriría tú orgullo.
— Tienes razón. La compasión no es mi fuerte.
— Te seré sincero. Kagome... Vine a disculparme. —La azabache se sorprendió. —No era mi intención mentirte. Sentía que estaba bien omitir algunas cosas, pero obviamente no era así.
Suspiró. — Yo estuve mal también. Mentí y te oculté cosas. Sería una hipócrita si no lo reconociera.
— Parece que ambos somos un par de mentirosos. —Rieron a dúo. Sujetó sus manos. —Pero quiero que sepas que realmente te amé, aún lo hago, no me darás otra oportunidad y lo entiendo, pero al menos quiero que volvamos a ser amigos como antes. —Liberó sus manos.
— ¿Crees que sea lo mejor? No quiero que las cosas se confundan.
— Sólo amigos. —Le aseguró.
Asintió algo tímida al principio hasta que sus labios escapó una única palabra. —Bien. —Sonrió. — Que así sea. —Se sentía bien volver a tener un amigo.
La puerta, el profesor, la camisa celeste, los jeans color negro oscuro, las clases, los recesos, el ocaso, el timbre de salida, las miradas chismosas, las malas lenguas.
— ¿Quieres que te acompañe? —Interrogó Inuyasha.
— Voy directo al café hoy.
— Mi pregunta sigue en pie.
Sonrió. —De acuerdo.
Había pasado mucho tiempo desde la última conversación con Inuyasha.
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A la salida del café...
— ¿Hoy te vas sola, Kagome? —Preguntó su compañera de trabajo.
— Sí, caminaré un rato.
— ¿Y con tus estudios cómo vas?
— Muy bien. Es unos días rendiré un examen en la Universidad de la ciudad.
— Te deseo mucho éxito entonces.
— Gracias, Rin. Ya me voy. —Se despidieron con un beso en la mejilla. Luego salió a paso lento.
La calle estaba desierta, la noche oscura y densa. Alguien la seguía, ¿o era su imaginación? Apuró el paso, volteaba a ver atrás a cada segundo.
Aquella persona a sus espaldas desapareció de su vista, ¿adónde estaba? La inquietaba más el no poder verlo. No dejaba de ver hacia atrás cuando chocó con alguien. Era de su misma altura, una chica, cabello oscuro largo, tez pálida, ojos fríos, pero con una sonreía aterradora.
— Lo siento. —Se disculpó aquella mujer.
— Al Contrario. Fue mi culpa. —Contradijo Kagome.
— ¿Estás bien? Se te ve nerviosa. —Interrogó sonriendo con tranquilidad.
— Pensarás que estoy loca, pero creo que alguien me sigue. —No dejaba de observar para todos lados.
— Ohhh querida, no te preocupes, tienes mayores problemas ahora.
— ¿Qué dijiste? —La miró perpleja.
Enseguida sintió un pañuelo sobre su boca y nariz que le impedía respirar. Tenía un olor fuerte, asqueroso, la ahogaba. Los ojos comenzaban a pesarle, sólo podía distinguir tenues sombras y voces que se confundían como ecos. Ya no podía mantenerse en pie e inevitablemente cayó al suelo de espalda.
— ¿Qué hacemos con ella, Kikyo?
— Habla bajo, Jakotsu. —Lo regañó. —Llévenla a la fábrica, allí nadie nos molestará.
— Yo la llevaré. —Dijo Bankotsu mientras la cargaba entre sus brazos de forma delicada.
— Aún no puedo creer que Inuyasha me haya cambiado por esta mocosa. —Su mirada estaba cargada de desprecio. — ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
— La verdad, yo las veo bastante parecidas. —Comentó Renkotsu.
— No digas tonterías, ya vámonos. —Ordenó. Todos obedecieron las palabras de la muchacha y desaparecieron tras la espesura de la noche.
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En una fábrica abandonada de la ciudad...
— ¿Dónde estoy? —Interrogó con un fuerte dolor de cabeza. Se sentía perdida y además de eso, se encontraba atada a una silla.
— Al fin despiertas, por un segundo pensamos que te habíamos matado. —Explicó aliviado el chico de ojos azules.
— Qué bueno por ambos entonces. —Respondió con sarcasmo.
— Toma esto. —Acercó una pastilla a la boca de la azabache.
Apartó el rostro para esquivarlo. No iba a tomar nada que ellos le dieran, tendría que estar loca para hacerlo. —No tomaré eso.
— Es para el dolor de cabeza. Te hará bien.
— Dije que no.
— Como quieras. —Se alejó.
— ¿Qué quieren de mí? ¿Quiénes son ustedes?
— No sé qué planes tiene Kikyo para ti, la verdad.
— ¿Dijiste Kikyo? ¿La novia de Inuyasha? No lo puedo creer. ¡Esa chica está loca!
— Habla bajo, están cerca.
— ¿Por qué simpatizas conmigo?
— Tú no me recuerdas, cierto... —La miró a los ojos buscando su reconocimiento.
— ¿Ban-Bankotsu? —Dijo con clara duda en la voz. — ¿Realmente eres tú?
— Al fin... ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿2 años?
— ¡Dios, sí! —Dijo sorprendida. — ¿Cómo terminaste aquí, con esta gente?
— Caminos de la vida.
— Tienes que dejarme ir. —Suplicó.
— Tranquila, ya estoy en eso. Tienes que confiar en mí, te sacaré. —Le aseguró. —Pero por ahora lo único que puedo hacer es aflojar las sogas que te atan.
— Gracias. —Dijo agraciada pero triste.
— Sabes, Kikyo está furiosa. —Resopló. —Hace mucho que no la veía así.
— Creo que todo es un gran malentendido.
— Sea lo que sea, estás metida hasta el cuello.
— ¿Son una banda de matones o algo por el estilo?
— Que feo concepto tienes de nosotros.
— Y bueno, como verás estoy atada a una silla desde quién sabe cuánto tiempo.
— Estás aquí desde hace un día y medio. —Le aclaró.
— ¿¡Un día y medio?! ¡Tengo que irme! Sessh debe estar preocupado por mí.
— ¿Quién es él? Pensé que no te atabas a nadie.
— Por favor...no pretendas conocerme.
— "Black Rose" —Susurró. —La rosa negra.
Se sobresaltó, hacía demasiado tiempo que no escuchaba ese apodo. —No lo repitas.
— Así te decían... Black Rose. —Repitió intencionalmente. —Una hermosa Rosa, con demasiadas espinas. —Acarició el cabello de Kagome con nostalgia.
— Tú fuiste la excepción y lo sabes. Nunca fui capaz de decirte que no.
— Pero siempre eras la que ponía las reglas, no se podía ganar contra ti.
— No podía cambiar, no tenías futuro a mi lado. Hice lo correcto en dejarte.
— Yo debería decidir eso. —Ambos quedaron el silencio, se podía escuchar el caminar de las ratas por todas partes.
— Tengo miedo, Ban. —Confesó.
— No dejaré que te hagan daño, tranquila. Tienes que ser paciente, ¿de acuerdo? Hace rato usé tu celular y llamé a Inuyasha. Está en camino, cuando llegue él te ayudará.
— ¿Conoces a Inuyasha?
— Claro. Íbamos al mismo colegio. Además era miembro de nuestro grupo.
— Pandilla, querrás decir.
— Como quieras llamarlo. —Un suave caminar se acercaba a ellos, alguien venía.
— Actúa natural. Finge que no me conoces y por ningún motivo la hagas enojar. — Kagome asintió.
— ¿Haciendo amigas, Bankotsu? —Interrogó Kikyo.
El chico se mantuvo en silencio.
— No te conviene mantener relación con una cualquiera.
— Kikyo...
— ¡Cállate! —Gritó furiosa y dirigió la mirada a Kagome. — ¿Cómo te atreviste a alejar a Inuyasha de mí?
— Yo no lo alejé. Si te dejó por algo será, ¿No te parece?
El tono de Kagome le hizo hervir la sangre. La cacheteó con fuerza. —Te lo mereces.
— ¡Perra! ¡¿Con qué derecho me podes un dedo encima?! ¡Estás loca! Tú y este grupo de matones que tienes.
— Mejor cállate. Esto te enseñará a respetarme. Es una lección, elegiste a la chica equivocada para quitarle el novio.
— Yo no te "quité tu novio". Tampoco estoy con él, sólo es un amigo.
— ¡Mientes! Inuyasha me dijo que había otra mujer. Eres tú, lo supe en cuanto te vi. Pensé que al fin habías dejado de revolotearlo, pero veo que volvieron a acercarse. No permitiré que te quedes con él, ¡es Mío!
— ¿Acaso estás sorda o eres demasiado idiota? Escucha esto, "INUYASHA NO ME INTERESA". Es sólo es un amigo.
— Controla ese tono, querida. —Dijo sujetándola del cabello. — ¿Me lo negarás después de ver esto? —Sacó unas fotos de ella e Inuyasha, juntos, felices y sonriendo. Eran fotos de meses atrás, cuando todo se encontraba "bien" entre ellos.
— ¡Esas fotos son viejas! —Se defendió. Esta mujer comenzaba a asustarla, era una psicópata. Llegar a hacer todo esto por un hombre.
— ¿Entonces lo admites?
— Escucha... —Respiró profundo. —Inuyasha nunca me dijo que tenía una novia. ¿Cómo podría saberlo?
— No te creo, desde que se cambió a ese Instituto ya no es el mismo. Tú lo engañaste y lo alejaste de mí. —Sacó un cuchillo y lo acercó al cuello de la azabache.
— ¡Espera... ¿Qué qué haces?! —Dijo con miedo. Bankotsu estaba a punto de sujetar a Kikyo cuando...
— ¡KIKYO! —Gritó Inuyasha mientras se acercaba corriendo.
Kikyo se apartó. — ¿Inu?
La respiración de Kagome estaba agitaba, por su segundo se imaginó muerta. El corazón le latía desmesuradamente.
Inuyasha se acercó con cuidado hacia la joven que empuñaba el filoso cuchillo y la abrazó sacándole el arma de las manos casi sin que se diera cuenta. Luego le hizo una señal a Bankotsu para que liberara a Kagome. — ¿Por qué haces estas cosas, Kikyo?
— Ella te alejó de mí. —Dejo triste, aún en brazos de Inuyasha.
— Sabes que no es cierto, lo nuestro ya no iba hacia ninguna dirección.
— Pero te amo, y te extraño, mi amor.
— Yo no siento lo mismo por ti, te lo dije hace mucho tiempo.
— Kagome, ven sígueme. —Le susurró Bankotsu mientras Inuyasha la distraía. Corrieron sin parar hasta perderse de la vista de la pareja.
— ¿Y mis zapatos? —Le preguntó mientras corría detrás de él, siguiéndole el paso.
— Larga historia.
— Ban, el piso está lleno de vidrio.
— Lo siento. —Se disculpó por no haberlo notado antes. —Sube. —Dijo agachándose para que ella pudiera subir a su espalda.
— Gracias. —Subió y él siguió corriendo tan rápido como antes, casi como si no la llevara encima.
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— Esa mocosa no es ni la mitad de buena que yo. —Se dio vuelta para verla pero no la encontró. — ¿¡Dónde está!?
— Olvídala. —Le sujetó las manos. —Hablo en serio, si te vuelves a acercar a Kagome, te arrepentirás. —Su mirada era tenebrosa y penetrante. —Será mejor que te olvides de los dos. Hazme caso, es por tu bien. Ya no quiero volver a verte. —La soltó.
— Pero... —Quedó muda de la impresión. Sus piernas comenzaron a temblar, no pudo evitar caer de rodillas al suelo.
Inuyasha le dio la espalda y se fue.
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— ¿Estás bien? —Le preguntó preocupado a Kagome.
— Considerando el hecho de que casi me degollan, sí estoy bien, Ban.
— Ya casi llegamos a la salida. ¿Tienes a alguien para que venga por ti?
— ¿Aún tienes mi celular contigo?
— Sí aquí. —Se detuvo, ella bajó de su espalda, y marcó un número en el celular.
Al teléfono...
— ¿Sessh?
— ¿Kagome, dónde estás? ¿Estás bien? No tienes idea lo preocupado que me tienes. ¿Por qué no respondiste mis llamados?
Se lo escuchaba eufórico. —Te explicaré todo, pero necesito que vengas rápido por mí, por favor.
— ¿Dónde estás?
— Te enviaré la dirección por mensaje.
— ¡De acuerdo!
— Sessh... ven rápido por favor. —Sus ojos comenzaban a empañarse. Cortó antes de preocupar más a Sesshomaru. Las lágrimas amargas le recorrían el rostro, ¿por qué lloraba ahora si ya estaba bien? Era la angustia contenida en su pecho.
— No llores, por favor. —Bankotsu secó sus lágrimas.
Ambos se mantuvieron escondidos hasta que el auto de Sesshomaru llegó. Bajó y corrió hasta donde Kagome estaba, atrapándola entre sus brazos. Se la veía cansada, con la ropa sucia, descalza, los ojos rojos, y una buena bofetada marcada a un lado de su rostro.
— ¡¿Qué te hicieron, Kagome?!
— Quiero ir a casa. —Dijo esquivando su pregunta.
— Está bien. Sube al auto. —La ayudó a subir. —Gracias por ayudarla. —Le agradeció a Bankotsu. Luego se alejaron del lugar.
En el auto...
— ¿Kagome me dirás que pasó?
Iba hipnotizada viendo por la ventana. — Fue ella...
— ¿Ella, quién?
— Kikyo. —Dijo inexpresiva.
— ¡¿Kikyo?! Te dije que no te acercaras a ella.
— ¡No lo hice! Me siguió, me durmió con alguna droga y me secuestró.
— No puedo creer de lo que es capaz esa chica. No te preocupes, iremos a la policía. Le impondremos una orden de restricción. No volverá a acercarse a ti.
— Eso no importa ya, Inuyasha se hizo cargo.
— ¿Estaba allí? ¿Fue parte de esto?
— Me ayudó a escapar. Esa loca tenía un cuchillo, casi me deja en julianas.
— ¡Es el colmo! Tengo un amigo en la policía, estará tras las rejas más rápido de los que crees.
— Por favor no, será para peor. No creo que vuelva a molestar.
— ¿Y si intenta lastimarte otra vez? No fui capaz de cuidarte.
— No lo hará, lo sé. No podías saber lo que ocurrió.
— Te dije muchas veces que no te vuelvas caminando a casa sola, y menos de noche. Es peligroso y lo sabes.
— Lo siento, tendré más cuidado. Lo juro.
— Ayyy Kagome...Vas a matarme. —Respiró profundo. —Iremos al hospital para que te revisen.
— No, estoy bien. Solo tengo algunos cortes en los pies. Nada serio.
— ¿Y ese golpe en la mejilla?
— La perra me dio una cachetada que casi me da vuelta la cara. Esa está realmente loca. Mira que hacer todo esto por un chico.
— No quiero decir te lo dije pero... ¡te lo dije!
— Solo conduce.
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Esa noche, en el apartamento de Kagome...
— Me imaginé que vendrías. —Dijo sonriendo Kagome mientras abría la puerta del departamento.
— ¿Cómo te sientes? —Preguntó Inuyasha. Se hicieron paso a la sala.
— Más calmada, supongo. —Sonrió.
Suspiró. Se sentía en parte culpable. —Realmente lo lamento
— Fue culpa de esa loca que tenías de novia.
— Bien dijiste, "tenía", tiempo pasado. Al fin logré sacármela de encima.
— Me alegro por ti... creo.
— Realmente creí que te perdía. —Se sentó junto a ella.
— No lo digas así, que se podría malinterpretar. —Pidió, mientras volteaba a mirar a otro lado para esquivar la mirada del ambarino.
— Kagome yo... —Sujetó sus manos. — La puerta de la entrada se abrió de repente sorprendiendo a ambos.
— ¿Puedes creer que no tenían pasta? —Sesshomaru acababa de volver de hacer unas compras. —La próxima pediremos comida a domicilio. —Dejó caer las bolsas al suelo al ver a su hermano tan cerca de Kagome — ¿Qué haces aquí?
— Lo mismo podría preguntarte a ti.
— Estoy cuidando de Kagome. Kikyo, "tu novia" podría intentar acercarse a ella otra vez.
— No es mi novia.
— Felicidades al fin lograste lo que querías. ¿No crees que te tomó demasiado tiempo?
Kagome podía sentir el ambiente tenso de repente. —Deténganse, no tienen por qué pelear. Todos estamos bien, por suerte. —Cambió de tema. — ¿Cenarás con nosotros, Inuyasha?
— ¿Por qué no? —Otra vez esas miradas llenas de odio entre ambos.
Se sentaron a la mesa, pero ninguno pronunció una palabra.
— ¿Cómo están nuestros padres? —La pregunta de Sesshomaru iba dirigida con una clara segunda intención. Era un tema que a Inuyasha obviamente le disgustaba.
— No me quejo. Ya no me molestan tanto como antes, están conformes con mis calificaciones y me dejan tranquilo.
— Si me escucharas mas seguido te darías cuenta de que la vida es más fácil de lo que la haces ver.
— Pero si hiciera todo lo que me dices sería una vida muy monótona y aburrida como la tuya. No me gustaría caer en la rutina como tú.
— No tiene nada de malo, ser responsable y maduro.
— Tampoco divertirse. Aunque no creo que sepas lo que significa.
Ambos ignoraban a Kagome por completo. — ¿La carne está un poco cocida de más no les parece?
— ¡Yo sé lo que es divertirse! —Replicó Sesshomaru.
— Ya quisiera verlo.
— ¿Les importaría pasarme la sal? —Ninguno respondió.
— Para ti la vida son puros juegos y tonterías, en algún momento tendrás que ser un adulto y dejar de hacer estupideces.
— No tiene por qué ser así. No porque tú hayas dejado de hacer las cosas que amabas significa que yo también.
— La sal, por favor —Insistió Kagome. — ¿Alguien? ¿Alguien me escucha?
— Tan típico de ti. Que más se puede esperar de una persona que ni siquiera puede terminar con su novia como corresponde.
— Kikyo era imposible, lo intenté millones de veces. Se obsesionó conmigo, pero bueno, no la culpo. ¿Pero tú de qué te quejas? ¿Quieres que hablemos de ti? El profesor tiene mucho que decir. ¿No te parece?
— ¡No te atrevas!
Kagome se levantó a buscar la sal por su cuenta ya que fue completamente ignorada.
— Eres un resentido, siempre hacías lo que nuestros padres te decían y sientes envidia porque yo podía hacer lo que quisiera.
— No eres más que un vago sin futuro ni vocación.
— ¡Viejo pedófilo!
— ¡Playboy acosador!
— ¡Kagome! —Gritaron ambos, intentando que ella estuviera de su lado y les diera la razón. — ¿Dónde está? — Se preguntaron al no verla. Se levantaron de la mesa y recorrieron el apartamento hasta encontrarla. La hallaron sentada en el sofá viendo tele. La pelea entre los hermanos era tan extenuante para ella que decidió levantarse e irse. Ninguno se había dado cuenta hasta recién.
— Lo sentimos. —Se disculpó el mayor de los hermanos por ambos.
— Entiendo que tengan sus diferencias, pero no dejen que esas pequeñas cosas arruinen una relación de hermanos. Sería realmente triste que se distanciasen por algo tan estúpido como una pelea. Nunca tuve un hermano, así que no sé qué se sentirá discutir con uno. Estoy segura que debe ser hasta divertido en cierto punto. —Sonrió al imaginarlo.
Ambos se vieron y no pronunciaron palabras. Sabían que todo estaría bien. La mirada cómplice entre ambos encerraba un millón de significados. Palabras mudas que solo un lazo de hermanos podría descifrar en instantes. ¿Era un armisticio? ¿El comienzo de tiempos de paz?
Continuará...
