Al teléfono — ¿Cómo puedes quedarte dormida en el día quizás más importante de tu vida? ...Sé que lo lamentas pero eso no arregla nada. ¿Pusiste la alarma? Ahh la apagaste, muy inteligente. ¡¿Habías puesto 5 alarmas?! ¿Y apagaste todas? Dios, no te preocupes. Sí, sí, voy a buscarte. Ya no me grites Kagome, cálmate. —Cortó la llamada Sesshomaru.
En la entrada de la Universidad...
— ¡Me salvaste! Gracias. —Dijo la joven sonriendo y recuperando el alma que había escapado de su cuerpo.
— Apresúrate y entra de una vez. —Ella se despidió con un tierno beso en su mejilla y bajó del auto con rapidez.
La observó subir las escaleras de la Universidad a pasos torpes, inevitablemente a mitad de camino trastabilló y fue a parar al suelo. Una malintencionada risa escapó de sus labios.
Un muchacho que la vio caer le brindó ayuda, ella le agradeció y continuó con su maratón hacia el salón en donde cursaría.
Horas más tarde...
— ¡Hasta que al fin sales! Hace horas que me tienes comiendo ansias, Ángel. —La abrazó Inuyasha. Ella le correspondió de igual manera. — ¿Y? ¿Cómo te fue?
— No lo sé. —Contestó mientras arrastraba sus manos por sus mejillas. —Estaba muuuuuuy nerviosa. Algunas asignaturas parecían sencillas, demasiado, ahora que lo pienso. ¿Y si lo hice mal? La regla número uno dice que "si los ejercicios te resultan fáciles, es porque seguro lo hiciste mal".
— ¿De dónde sacas eso? Tonterías, te mataste estudiando, no hay manera de que desapruebes ese examen. Relájate, respira, ya terminó.
— Tienes razón. Lo hecho, hecho está. —Trató de convencerse a sí misma.
— ¿Caminamos o tomamos el bus? —Preguntó abrazándola por el hombro.
— Caminemos.
— No aprendes. —Dijo Sonriendo.
— Pero hoy tú estás conmigo aquí. —Sonrió.
— Te invito un trozo de pastel para celebrar el fin de tus exámenes.
— Mmmm, me haces sospechar, ¿por qué estás tan complaciente? Me pedirás algo, estoy segura.
Rió ante el comentario. —Que feo concepto tienes de tu amigo.
— Te conozco lo suficiente a ti y a tus intenciones, por eso mismo lo digo.
— Bien, tienes razón. —Confesó.
— ¡Lo sabía!
— Pero aún no te lo diré.
— ¿Por qué? Me dejarás en suspenso...
— Primero esperaremos a saber el resultado de tu examen, y luego escucharás lo que tengo que pedirte.
— Bien, acepto los términos.
— No podrás echarte hacia atrás luego.
— Por supuesto que no.
— Así quedamos. Considera mi petición futura como un agradecimiento por haberte salvado la vida.
— Já, quiero resaltar que si no hubiese sido por ti y esa loca mujer, jamás hubiese estado metida en todo ese lío en primera lugar.
— Mmmmm.
— Tonto. —Lo codeó. —Mira, allá hay una cafetería, entremos.
— Pide poco, estoy corto de dinero. —Dijo en broma.
— Ahora te jodes por invitarme. —Rió y ambos entraron.
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Unas semanas después, en el departamento de Kagome.
— Hoy es el día. —Dijo Kagome mordiéndose las uñas de la ansiedad.
— Lo sé, no has parado de repetírmelo. —Inuyasha esbozó una sonrisa y sujetó sus manos antes de que terminara por comerse los dedos.
— Quiero saber los resultados. ¡NO! mejor no. —Gritó de la nada.
— Tranquilízate, Kagome. ¿Por qué no vamos a caminar a algún lado mientras esperamos?
— Tengo que estar atenta a cuando llegue el email.
— Tú teléfono sonará, despreocúpate.
— ¿Y si me fue mal?
— Tendrás otra oportunidad el año que entra.
— Cierto. —Caminaba de un lado a otro de su apartamento, tanto que la alfombra de la habitación comenzaba a gastarse.
— Por que mejor no te preguntas... "¿Y si me fue bien?" —No podía evitar pensar en lo feliz y triste que se sentiría si Kagome llegaba a marcharse.
Ella se detuvo súbitamente. —No quiero ilusionarme en vano y comenzar a pensar en planes.
— ¿Realmente estas dispuesta a irte?
— Es complicado de decir así a la ligera. Es mi gran anhelo desde hace mucho tiempo, pero al mismo tiempo me doy cuenta de que tengo tantas cosas importantes aquí que no quiero perder. Me siento dividida.
El platinado la miró en silencio, ¿qué podía decir? No había palabras suficientes que expresaran lo que sentía. — ¿Y qué dice Sesshomaru de todo esto?
— Él... quiere que tome la decisión por mi cuenta. Dijo que aceptaría cualquier cosa que yo decida.
— Ojalá yo pudiera pensar como él.
— ¿A qué te refieres?
— Es egoísta pero... yo no quiero que te vayas. —La miró fijo.
— ¿Por qué me dices esto? Sabes que es difícil para mí.
— Solo digo lo que pienso. Si quieres que sea honesto contigo...esto es lo que siento.
Miró por la ventana para evitar la mirada del ambarino.
El ambiente se había vuelto muy pesado, pero la brisa que entraba por la ventana que ella acababa de abrir era cálida y suave. El cabello le bailaba. ¿Por qué le daba la espalda? ¿Por qué no lo miraba a los ojos? —Kagome... —Quería que ella volteara a verlo.
— ¿Qué? —Preguntó aun dándole la espalda.
"Mírame". —Pensó. — Kagome...—Insistió una vez más.
Se dio vuelta de golpe. — ¿Qué pasa Inuyasha?
La jaló del brazo haciendo que ambos cayeran al suelo.
— ¿¡Qué haces!? ¿Qué sucede contigo? —Las piernas le temblaban, se sentía nerviosa de repente.
— No te vayas. Por favor, no te vayas.
— No puedes... no pueden pedirme eso.
— Te extrañaría demasiado.
— Y yo a ti, lo sabes, pero antes de decidir algo...
— Ya sé, ya sé "antes hay que conocer los resultados" —Dijo cansado de escuchar esa frase una y otra vez de su boca. —Pero seamos realistas, sabemos que te fue bien. ¿Cuánto tiempo pasará hasta confirmarlo?
— No lo sé. —Respondió evitando su mirada.
— Mírame. —Dijo en tono de súplica.
Ella no le hizo caso.
—¿Me dejas besarte? —Kagome volteó a verlo de inmediato con el ceño fruncido.
— ¿¡Qué!? Inuyasha basta. ¿Por qué eres así? —Lo miró con decepción.
— ¿Cómo?
—Te comportas como un niño caprichoso, inmaduro. —Y la reprimenda hubiera continuado de no ser por el sonido del celular de la azabache. Ambos voltearon hacia donde éste se encontraba. —¡Ese es, ese es, Inuyasha! ¡Muévete!
— Maldito teléfono. —Se quejó el platinado mientras le daba paso a Kagome.
Ella gateó por el suelo hasta tener el celular entre sus manos. Efectivamente era el correo que esperaba. Comenzó a leer en voz alta. —"Tenemos el agrado de dirigirnos a usted bla bla bla..." —Salteaba las partes menos importantes del email. — "...por los medios aquí presentes, que la aspirante a la beca, la Señorita Higurashi Kagome ha quedado entre los 30 seleccionados PARA CONTINUAR CON SUS ESTUDIOS EN EL EXTRANJERO" —Gritó emocionada esto último. — ¡Lo conseguí, Inuyasha! Quedé entre los 30 mejores puntajes. —La emoción era tal, que antes de darse cuenta había saltado a los brazos de Inuyasha.
— ¡FELICIDADES! Te lo dije.
— ¡Estoy tan feliz! —No evitó que algunas lágrimas escaparan de sus ojos. —Llamaré a Sessh para decirle. —Dijo separándose de él.
— Espera... ¿recuerdas que te dije que te pediría algo, luego de conocer los resultados del examen?
— Sí, lo recuerdo.
— Bueno, ¿quieres escuchar de que se trata?
— Está...bien. —Dijo con cierta sospecha en aquella petición. —Suéltalo.
—Quiero invitarte a cenar para celebrar tu gran éxito. —Se acercó a ella y tomó su mano para besar el dorso de la misma.
Rió. — ¿Seguro que no intenta persuadirme con velas y un vino caro, Señor Taisho? —Preguntó en broma.
— Quien sabe.. —Sonrió de lado.
A pesar de todo era imposible negar la atracción entre ambos, por mucho que ella se resistiera. ¿Sería demasiado tonto dejarse llevar por un impulso una última vez? — ¿Cuándo? —Preguntó.
— Este Viernes, 9 pm en punto en "Nuit Magique" —Pronunció con un acento francés.
Sonrió, ¿desde cuándo Inuyasha era tan atento a los detalles? —Allí estaré. —Confirmó sonriendo.
— Bien...mejor me voy, porque supongo que querrás hablar a solas con mi hermano. —Se despidió dándole un beso en la mejilla, demasiado cerca de sus labios.
— Nos vemos en clase. —Cerró la puerta del departamento tras verlo partir. Se apoyó de espalda en ésta, dejándose caer lentamente hasta tocar el suelo. Llevó su mano hasta la cercanía de la comisura de sus labios, donde acababa de besarla. — ¿Qué estoy haciendo? —Se dijo mientras su imaginación volaba por unos minutos.
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Al día siguiente en clase...
— ¿Por qué no intentas hablar con Sango? —Insistió una vez más Inuyasha.
— ¿Para qué? Me odia.
— No te odia.
— Claro que sí, ni siquiera me mira cuando paso a su lado.
— Estoy seguro que se siente igual de mal que tú. Además se la ve muy sola últimamente.
— No estoy segura de que sea una buena idea.
— Con intentar no pierdes nada.
— Tienes razón. Hablaré más tarde con ella.
— Ánimo. —Le sonrió. —Todo saldrá bien.
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Al terminar las clases...
— Al final no pude hablar con Sango. —Le comentó triste.
— ¿Y por qué no ahora? Aún no se ha ido. Allí está. —Dijo haciendo una seña con su cabeza.
— No, mejor mañana. —Dijo sorprendida de verla. Había intentado esquivar el tema todo el día.
— ¡Ya descubrí lo que haces!
— ¡No hago nada!
— Claro que sí, estás evitándola. Tienes miedo de enfrentar a tu propia amiga.
— ¡Ya dije que no es eso!
— ¡Entonces ve! —La desafió.
— Ya verás, idiota. —Le dejó su bolso y se encaminó hacia donde estaba la morena. —Sango... —La llamó por detrás.
Sango giró por un segundo pero volvió a darle la espalda. Su mirada estaba compuesta de una exótica combinación entre tristeza y enojo.
Kagome volteó a ver a Inuyasha que se hallaba a varios metros de distancia de ellas. —Te lo dije. —gesticuló desde la distancia.
— Sigue intentando. —Dijo agitando las manos e imitando sus palabras mudas.
— ¡Sango! —Aclaró más la voz. —Está bien, si no quieres mirarme no lo hagas, solo escúchame. —Respiró profundo, buscando el aire suficiente. — ¡Lo siento! Realmente lamento no haber confiado en ti lo suficiente. Es muy difícil para mí fiarme de las personas después de todo lo que he vivido. Quise decírtelo en su momento pero de repente las cosas cambiaron, y ya resultaba en vano hablar del tema. De todas formas... si aún estás dispuesta a escucharme prometo contarte TODO...desde el inicio. Quiero a mi amiga de nuevo conmigo. Han sido unos meses duros y no quiero dejar de todo nuestros momentos juntas se marchiten. ¿Podrás perdonar a una tonta muuuuy arrepentida?
Sango aun no volteaba. ¿Realmente esto estaba sucediendo? Estaba feliz de volver a escuchar las dulces palabras de su amiga pero la tristeza no desaparecía tan rapido. Las lágrimas no se hicieron esperar.
— ¿Sango?
— ¿Prometes no volver a ocultarme nada?
— Lo prometo. —Dijo casi llorando.
Se secó el rostro bruscamente con la manga del uniforme y volteó, chocando con la mirada chocolate de Kagome. —Te extrañé muchísimo. —Le confesó llorando amargamente.
— Yo igual. —Ahora ambas compartían lágrimas, mientras se consolaban con un cálido abrazo.
— ¿Tienes un pañuelo? —Dijo sonriendo.
— No. —Respondió de igual manera.
— Son patéticas. —Dijo Inuyasha ofreciéndoles un pañuelo a cada una.
— ¡Ayy cállate y ven! —Ahora los tres compartían un mismo abrazo.
— Estamos bien entonces ¿no? —Interrogó el platinado.
— Claro que sí. —Respondió Sango sonriendo.
— Genial, no me gustaba eso de quedar en medio de una pelea.
— Eso siento yo cuando tú y Kagome se declaran la guerra de vez en mes.
— La próxima... los que pelearemos seremos tú y yo, Sango. Así dejaremos mal parada a Kagome, que siempre se libra de los disgustos.
— ¡Ni se les ocurra! —Amenazó. Los tres rieron.
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Por la Noche, en casa de Sesshomaru.
— Pedí pizza. —Gritó Kagome desde la cocina mientras colgaba el teléfono.
— ¿Por qué siempre estás comiendo comida chatarra?
— Hace mucho que no comemos pizza, no te quejes. —Dijo llegando donde estaba él.
— ¿Tienes los papeles que te dieron, preciosa? —Preguntó en un tono más dulce.
— Claro, a eso vine. Aquí están. —Le acercó un sobre que traía consigo el sello de la Universidad.
Sessh sacó con cuidado aquellos documentos. —Veamos que dicen... —Se puso sus anteojos y comenzó a leer en voz baja para sí mismo.
Amaba verlo con esos anteojos, ¿era alguna clase de fetiche? Rió por sus adentros. Trató de concentrarse. — ¿Y qué piensas?
— Déjame ver si entiendo bien, por lo que leí entre líneas. La beca cubre casi todos los gastos...
— Sí, todo excepto salidas particulares que yo pueda hacer y que no pertenezcan a un programa de estudios.
— Es lógico. —Continuó hojeando las páginas. —Será válida siempre y cuando tus notas no sean menores a 6.
— Necesitaré mantener el promedio.
— No será problema, eres una niña muy lista.
— Continúa, mira más abajo. Léelo en voz alta. —Le pidió.
— "En caso de que el aspirante aún no cumpla con la mayoría de edad, deberá solicitar y presentar obligatoriamente el permiso de autorización de sus padres o tutor/es legal"
— Eso es lo que más me preocupa. Hace meses que no piso mi casa. Mi madre no sabe nada de mí y viceversa.
— Este año cumplirás 18, eso debe ser suficiente para poder viajar.
— Ojalá, pero...
— ¿Pero?
— Sigue leyendo.
— "Una vez que el estudiante conste con la documentación y autorización apropiada se procederá a definir el lugar de destino, con fecha límite hasta el 20 de Diciembre del año correspondiente. Una semana posterior, se llevará a cabo el traslado, bajo la supervisión de los representantes designados por la Universidad" —Bajó el papel y dejó de leer.
— Sabes lo que significa ¿no?
— Que te irás este mismo año. —Dijo sorprendido. —Creía que viajarías el año entrante al comenzar el ciclo escolar.
— Exacto. La Universidad insiste en que antes conozcamos a fondo el campus en donde viviremos y los respectivos salones de clases, para que no haya problemas luego.
— Es muy apresurado. —Dijo impactado. —Ya estamos a sólo pocos meses de terminar las clases y entonces tú...
—...me iré. —Dijo cayendo en cuenta de esa fría realidad.
— ¿Ya decidiste el destino?
— Me dieron a elegir entre 3 países: Italia, Francia o Australia.
— ¿Y dónde irás?
— Italia. —Sonrió.
Se sentía feliz por ella pero triste a la vez. —Es un lugar bellísimo. Solía ir de chico con mis padres, eso fue antes de que Inuyasha naciera. —Cambió de tema. —Pronto será tu cumpleaños.
— Estoy tan perdida en el tiempo que ya no sé ni en qué día vivo. —Rió.
— ¿Quieres que hagamos algo? —Era mejor preguntarle, la última vez que intentó sorprenderla las cosas no habían salido muy bien.
— No me gusta festejar mi cumpleaños. Me trae malos recuerdos.
— Lo sé, pero las cosas son muy diferentes ahora, Kagome.
— Es lo mismo para mí, insisto. No te molestes en hacer nada. Con suerte se me olvidará y será como un día más de mi vida.
— Debes dejar de aferrarte al pasado y simplemente dejarlo ir.
— "Quien olvida su pasado, repite sus errores". —Dijo triste recordando aquel viejo refrán que algún día había leído quién sabe dónde.
El timbre de la puerta hizo eco en toda la casa. —Debe ser el repartidor. Yo iré. —Sesshomaru se puso de pie y se dirigió a la puerta.
— Gracias. —Sonrió.
Dejar ir el pasado. Pensó, mientras recogía su cabello en una cola alta. Aún no estaba lista para eso. La mínima idea de dejar ir a Sesshomaru de su vida la estremecía. No se sentía lista...no aún.
Continuará...
