Capítulo 1
Sombras y luces
-¿¡Cómo, dices que Ai ha vuelto?!
-Así es, y ahora está plenamente integrada en esa hermandad. No sé qué es peor, si ella estando de vuelta por aquí o que ande por ahí acuchillando a gente…
-Bueno, eso es relativo, ella tomó su decisión en su momento, y fueron ellos quienes la ofrecieron unirse, tampoco es como si se la hubiesen llevado o algo por el estilo.
-Ya, profesor, pero la cuestión es que es una asesina, no sé si entenderás el concepto…
Tuvieron esa conversación antes incluso de que la chica se marchara, y aun así siempre volvían a lo mismo: la hermandad. Todavía maldecía el día en que se cruzaron con ellos tras investigar una serie de asesinatos que, en principio, no parecían tener nada que ver los unos con los otros, pero él se percató de que había un patrón que se repetía en todos ellos. Y es que todas las víctimas habían muerto acuchilladas con el mismo corte, ya fuera en el cuello, el pecho o la parte trasera del abdomen. Un corte limpio y rápido en un punto vital para vivir. Su instinto de detective se puso en alerta y supo entonces que había sido cosa de más de una persona que actuaban de forma muy similar, sin apenas variaciones. Descartó enseguida cualquier tipo de imitación, puesto que variaba cada vez, en caso contrario hubiera sido el mismo corte en el mismo sitio. Además, aparte de cómo murieron, todas las víctimas también tenían en común en que estaban relacionadas de alguna u otra forma con un gran conglomerado industrial a nivel mundial: Abstergo. Y ese fue su primer punto de partida.
En un principio Haibara estuvo ahí, como siempre, asistiéndole en todo lo posible y llegando a contarle una cosa o dos sobre Abstergo. Fundada en 1937 por un grupo de empresarios destacados, entre ellos Henry Ford o Ransom Eli Olds, se convirtió con el tiempo en un conglomerado de empresas de todo tipo que ayudaron en gran medida al avance de la humanidad desde multitud de puntos de vista, tanto científicos como técnicos y hasta artísticos. Nada raro en principio, sin embargo todo apuntaba a que Industrias Abstergo escondía más de lo que parecía a simple vista.
Al principio la investigación iba bien, llegando a involucrar a la policía y también al FBI, que se había interesado por los asesinatos; sin embargo a las pocas semanas tanto la policía como el FBI se desligaron, argumentando que habían agotado todas las vías posibles y daban el caso como sobreseído. Esto extrañó a Conan, el cual no se amilanó y siguió él por su cuenta. Fue entonces cuando Haibara tuvo uno de sus extraños malos presentimientos, sabiendo entonces también que ellos estaban detrás, animándole aún más al respecto, al contrario de lo que ella le instaba a no hacer. Hasta que finalmente hicieron contacto.
En una de sus pesquisas se encontraron entonces con un sujeto de lo más extraño y sospechoso que fue a por ellos sin mayores contemplaciones; Haibara se asustó, por lo que supusieron que se trataba de uno de ellos, y trataron de huir, pero el supuesto hombre de negro los acorraló hasta que no pudieron escapar más, enfrentándole directamente. Aún recordaba lo sucedido aquella tarde, les había obligado a esconderse en un edificio en obras, y de alguna forma se las había apañado para encontrarles, acorralándolos en los pisos superiores sin posibilidad alguna de escape. Haibara temblaba de miedo detrás de él, incapaz de sobreponerse al terror que su sola presencia la infringía, al tiempo que el sospechoso se dirigía a ellos.
-Habéis llegado demasiado lejos, voy a tener que encargarme de vosotros…
-¿¡Por qué nosotros?! ¡Sólo somos unos simples niños!-exclamó Conan, tratando de salir del paso.
-Ja, no me hagas reír, está claro que no sois quienes decís ser, es hora de desenmascarar vuestros engaños…
El chico trató de ponerle KO usando sus balones, pero no le fue muy complicado esquivar sus chutadas, mostrando una flexibilidad y reflejos excepcionales. En cuanto lo tuvo a tiro le cogió por las solapas de su chaqueta y lo alzó en el aire.
-¡No, Ku… Conan!-masculló Haibara, muerta de miedo.
-Basta de trucos baratos. Esto se ha acabado.
-¡No, por favor, no le hagas daño, a quien quieres es a mí, mátame a mí y déjale ir!-exclamó ella, dispuesta a todo con tal de no verle sufrir.
-¿De qué hablas? A quien quiero es a los dos, pero antes me divertiré un poco con el niño…
Ese comentario extrañó sobre todo a Haibara, dándose cuenta de que realmente no era un hombre de negro y, por primera vez, se envalentonó. En cuanto lo tuvo a tiro, se abalanzó sobre sus piernas haciéndolo caer y soltando así a Conan.
-¡Agh, maldita niña, te arrepentirás!
-¡No, Haibara!
Por un momento hubo confusión y caos, el hombre se las apañó para agarrarla y ella trató por todos los medios de zafarse de él pataleando y braceando, pero esa más fuerte que ella en esa forma de niña. Sin embargo, antes de que pudiera hacer nada más, una sombra se movió justo por detrás del hombre y, al segundo siguiente, cayó al suelo muerto con un limpio corte en el abdomen. Al ver esto Conan abrió muchos los ojos, dándose cuenta de quién era.
-El asesino…
-Así es, detective, soy yo… ¿estás bien?-inquirió el susodicho, mirando a Haibara desde la oscuridad de su capucha.
-Ah, sí… me has salvado, gracias…
-No hay de qué, es mi trabajo después de todo.
-¿¡Tu trabajo?! ¡¿Matar gente es un trabajo ahora?!-le espetó Conan, furioso.
-Tranquilo, Holmes, no vengo a haceros daño si eso es en lo que estás pensando, he venido más bien a advertiros-anunció el asesino, manchando un pañuelo blanco con la sangre de su víctima y guardándoselo.
-¿Advertirnos? ¿De qué?
-De que lo dejéis aquí, os estáis metiendo en camisas de once varas que no os incumben, es mejor así.
-¿Por qué? ¿Quién es esta gente, estáis con ellos, qué es todo esto?
Ante tanta pregunta el asesino dejó escapar un lánguido suspiro, murmurando de seguido.
-Joder, estos detectives que todo lo quieren saber…
-¿¡Perdona?! ¡Este es mi caso y me inmiscuyo si quiero!-exclamó Conan, rojo de rabia.
-Tú estás inmiscuido en otra guerra más profunda que la nuestra, pero a diferencia de ti, nosotros sabemos más cosas y estamos más preparados que tú en comparación.
-¿Ah, sí? ¿Como qué?
-Pues cosas como que tú eres Shinichi Kudo, ella una ex empleada del Grupo Karasuma a la que buscan por alta traición y que éstos ayudan de forma indirecta a mis enemigos a triunfar en la sombra, por ejemplo.
Eso dejó perplejo tanto al muchacho como a la chica, la cual le miró atónita como si no hubiera oído bien; por su parte, Kudo se apresuró a inquirir.
-Es… espera, espera ¿cómo has dicho? ¿Grupo Karasuma?
-¿Demasiada información? No importa, bastante os he dicho ya, no os inmiscuyáis más y punto, id vosotros por vuestro lado y nosotros iremos por el nuestro.
-Espera un momento ¿quiénes sois en realidad? Si conoces al Grupo Karasuma entonces debes de estar involucrado de alguna forma con ellos-murmuró en ese momento Haibara, muy seria.
-Nada más lejos de la realidad, pero si los conocemos es porque conocemos bien a nuestros enemigos-murmuró el asesino.
-¿Y quiénes son vuestros enemigos?-inquirió Conan, un poco más calmado.
-Je, no me creeríais si os lo dijera…
-¿Con el Grupo Karasuma de por medio? Yo ya me creo cualquier cosa-anunció Haibara con voz queda.
Ante esa situación en la que tanto el detective como ella parecían estar dispuestos a escucharle, el asesino, tras un largo silencio, se decidió a hablar.
-De acuerdo. ¿Qué me diríais si os dijera que existe una organización secreta que desea el control mundial a través de la técnica y el capital? ¿Que desean la supresión de la libertad y el libre albedrío de la humanidad, sometiéndola a sus designios? Bueno, pues esa organización existe, y no, no es el Grupo Karasuma, aunque al final estén ciertamente relacionados.
-Espera… ¿Abstergo?-inquirió Kudo, sagaz.
-Exacto, pero ¿sabes cuál es su verdadero nombre? La Orden de los Templarios.
Esta vez fue el turno de Kudo y Haibara asombrarse al respecto, siendo el detective el primero en comentar.
-¿Cómo? ¿Los caballeros cristianos militares de las primeras cruzadas? Oh, vamos, eso es ridículo…
-Sí, claro, casi tan ridículo como una droga empequeñeciendo el cuerpo de un adulto plenamente formado ¿no crees? Despierta, Kudo, los templarios son reales y se han aliado con tus queridos hombres de negro para que les hagan el trabajo sucio y, de paso, ayudarles a alcanzar sus objetivos.
-Entonces ¿el Grupo Karasuma es templario?-inquirió Haibara, aún algo anonadada.
-No como tal, son colaboradores externos, por así decirlo, el Grupo Karasuma les lava los trapos sucios y, a cambio, los templarios ayudan a lo que sea que el Grupo Karasuma esté haciendo… que dicho sea de paso, no es algo que me quite el sueño ni mucho menos.
-¿Ah, no? Pues a mí sí-le espetó Kudo, molesto.
-Ya, ya lo sé, no creas lo contrario, pero resulta gracioso ¿no crees? Al fin y al cabo son enemigos indirectos, y los enemigos de mis enemigos…
-… son mis amigos, ya, por eso viniste a por nosotros ¿no?-inquirió el chico, resabiado.
-Bueno, consideradlo un gesto de buena voluntad, los Asesinos raramente solemos ser tan considerados, pero dado que tenemos un enemigo común, la Mentora ha estimado que os tengamos en consideración.
-Qué majos… pero eso no quita que matéis impunemente, y eso no me mola.
-Sí, ya supuse que no te gustaría nuestros métodos, pero espero que nos agradezcas el hecho de que os hemos salvado el culo de los templarios…-murmuró el asesino con parsimonia.
Conan quiso decir, particularmente molesto, pero en ese momento Haibara comentó.
-No me has respondido a mi pregunta. Si realmente vais en contra de los templarios y el Grupo Karasuma ¿quiénes sois vosotros?
Ante esa pregunta el asesino sonrió y murmuró.
-¿Nosotros? Somos los que vagamos entre las sombras para servir a un bien mayor, los que luchamos para que la gente común siga siendo libre, los que evitamos que los templarios no se salgan con la suya. Después de todo nada es cierto, todo está permitido. Somos Asesinos.
Esas palabras sorprendieron gratamente a Haibara, la cual se quedó ciertamente intrigada, y encendieron por completo a Kudo, el cual le espetó.
-¿¡Cómo dices?! ¿¡Qué disparate es ese?!
Sin embargo, antes de que alguien pudiera preguntar nada más, el asesino hizo explotar una bomba de humo y, al segundo siguiente, desapareció.
Tras ese contacto con la hermandad de los Asesinos, las cosas volvieron a la normalidad, o casi. Muy a regañadientes, Conan tuvo que dejar correr el caso y ponerse a otra cosa, pero al parecer Haibara no olvidó el encuentro con el Asesino ni mucho menos. Tras varias semanas mostrándose más fría y evasiva que de costumbre, con muchas idas y venidas de casa y fuera de ella por su parte, una noche habló con él.
-Kudo ¿puedo hablar contigo un momento?
-Que sea rápido, me espera Ran para cenar… aunque pensaba que no querías volver a dirigirme la palabra.
-Perdona si te he hecho pensar eso, pero tenía mis motivos. Ahora no tengo por qué seguir fingiendo, ya no.
-¿Eh? ¿De qué hablas?-inquirió él, extrañado por sus palabras.
-Nunca he sido una persona fuerte ni muy decidida. Mi hermana siempre me animaba y estaba ahí en los peores momentos aún a pesar de nuestra estancia en la organización, y sólo con su presencia a veces me sentía mejor conmigo misma. Pero después de que muriera, no tenía nada más por lo que vivir, por lo que decidí terminar con mi vida con la misma droga que ayudé a crear. Sin embargo eso no me mató, y ahora aquí estamos, hablando de mis sentimientos. Te debe parecer muy raro, pero es lo que es, hasta ahora no había tenido una razón… bueno, quizás sí. Pero ahora tengo muchas más razones para luchar, ésta vez de verdad.
-Haibara, no te sigo… ¿a dónde quieres llegar con todo esto?-inquirió el chico, sintiendo sus palabras como si fueran una despedida.
La chica suspiró, como si le costara decir lo que quería decir, continuando al poco rato.
-Yo… nunca he sido una buena persona, Kudo. Sí es verdad que mi estancia aquí con el profesor y las experiencias contigo y los niños me han enriquecido mucho, pero siempre he sentido que no he encajado en ningún lado. Sin familia ni amigos ¿qué me queda? ¿A dónde iría si logramos terminar con la organización? Antes no tenía respuesta a esas preguntas, pero ahora… ahora sé dónde puedo pertenecer. Dar un propósito a mi vida. Luchar por algo. ¿Entiendes?
Por un momento Conan se quedó callado, pensando en una posibilidad, sacando una explicación antes de lo esperado y mascullando de seguido.
-Haibara, tú… no, no puede ser…
-Lo siento, Kudo, pero ya he tomado una decisión.
-¡No, no puedes estar hablando en serio! ¡Tú no eres ninguna asesina!
-¿Eso crees? Uno hace cosas extrañas con tal de sobrevivir, puede que no lo supieras, pero yo sobrepasé esa línea hace mucho. Si no ¿cómo explicas que pueda disparar tan bien un arma sin ni siquiera inmutarme? Antes me hacía sentirme mal conmigo misma, me torturaba, me hacía pensar que algo estaba mal conmigo. Pero ahora, después de hablar con ellos y transmitirme un poco de sus enseñanzas, lo veo claro. Soy una luchadora, pero no lo veía en mí hasta ahora.
-¡No, no hagas eso, no te entregues así a algo semejante! ¿¡Cómo puedes decir todo eso?!
-¿Cómo puedes dormir tú todas las noches con todo lo que ves y haces? Mira a tu alrededor, Kudo, no hay más que muerte y mentiras, y la gente paga en consecuencia. La organización, Abstergo, son la misma cosa, la misma mierda, siempre lo han sido. Ahora es cuando me doy cuenta que todo lo que necesito, todo lo que alguna vez quise, está en mí. Y quiero hacerlo realidad.
-¡No digas tonterías! ¡Te lo vuelvo a repetir, tú no eres ninguna asesina!-exclamó él, cogiéndola de los hombros.
-¿¡Es que no me escuchas, Kudo?! ¡¿Tan poco te importo?! ¡Soy una asesina, siempre lo he sido! ¡He matado directa e indirectamente durante todo este tiempo! ¡Siempre me he considerado algo menor sólo por eso, pero los Asesinos me han enseñado que eso no tiene por qué ser así! ¡No soy una princesita necesitada de ayuda, te lo dije antes hace mucho y te lo vuelvo a decir ahora! ¡Si hago esto es porque sé que es lo mejor que puedo hacer por ti y por todos!
-¡No, si haces esto es por pura cobardía y lo sabes!
-¡No me busques, Kudo, no me busques o me encontrarás!
-¡Maldita idiota!
El chico quiso imponerse, pero antes de que pudiera moverse la chica lo inmovilizó y lo echó al suelo sin ni siquiera verla venir; se quedó a cuadros con el brazo dolorido, mirándola con gesto incrédulo.
-Ha… Haibara…
-Te lo he dicho, Kudo, no me busques. La hermandad me ha ofrecido protección y entrenamiento, y yo he aceptado. También me ayudarán a buscar un antídoto. No sé cuándo volveré, pero cuando lo haga estaré lista. Y espero que tú también.
-Agh, pero de qué estás…
-Lo sabes. Ahora he de irme, cuídate Kudo.
-No… no, no, espera, no lo hagas Haibara…
Sin embargo, en cuanto lo soltó dejó caer una bomba que inundó de un humo espeso toda la sala, ocultándola de la vista y echando a correr hacia la salida de la casa. Para cuando el humo se despejó, ella ya no estaba.
-Haibara… ¡Haibara!
Esa fue la última vez que la vio, hasta justamente ayer, asesinando a una persona delante de él sin inmutarse, como quien espanta una mosca.
-Entiendo que lo que hace te moleste, pero de nuevo, fue decisión suya, y deberías respetarla…-insistió Agase.
-¿¡Respetar?! ¿¡Por qué debería respetar que vaya por ahí matando y acuchillando gente sólo porque no piensan como ella?! ¿¡Acaso te parece bien que lo haga?! ¡Pensaba que era como tu hija y te importaba! ¡Esto no es un juego!
-¡Y lo hago, sé muy bien lo que hace, pero también sé que no es una niña aunque tenga el aspecto de una y que sabe distinguir el bien del mal! ¡Sé cómo es y sé que no voy a poder cambiarla, pero eso no quita que la respete por quién es y cómo es, porque sé que eso no va a cambiar! ¡Ella es Shiho Miyano y lucha por sus ideas y convicciones!
-¡¿Y qué clase de ideas son las que conciben el asesinato como el único medio para lograr la paz?! ¿¡Por la libertad?! ¡Eso no es libertad, es libertinaje!
Hubo un breve pero intenso silencio en el que ambos se miraron fijamente a los ojos, diciéndoselo todo en nada. Agase, tras dejar escapar un suspiro, decidió cortar por lo sano.
-Mira, Shinichi, entiendo que te enerve todo esto, pero yo siempre voy a apoyar a Shiho pase lo que pase. Es como una hija para mí, y no quiero que ni esto ni nada nos separe en ese sentido. Tampoco quiero discutir contigo, eres un buen amigo que siempre ha estado ahí y ha soportado mis excéntricas y locas ideas.
Las palabras conciliadoras de Agase lograron calmar la ira del pequeño detective, el cual inspiró y expiró varias veces antes de volver a hablar.
-Está bien, profesor, después de todo tienes razón, yo tampoco quiero discutir. Dejémoslo ahí ¿vale?
-Sí, será lo mejor. ¿Les digo algo a los niños?
-No, mejor no, no tiene pinta de que vuelva a ir a clase ni nada por el estilo, supongo que se quedará por ahí haciendo sus… cosas. Si me vuelvo a enterar de algo, ya te avisaré.
-Vale, gracias Shinichi.
Tras esa airada conversación, el pequeño detective se marchó, dejando al profesor en su casa. Agase dejó escapar un suspiro, aunque en ese momento le pareció oír algo y, nada más levantar la mirada, vio a alguien encaramada en lo alto de las vigas del techo y mirándole con una amplia sonrisa y lágrimas en los ojos.
-Me parece que alguien me ha echado de menos…
-Ai-chan…
Sin previo aviso, la niña se lanzó desde donde estaba hacia él con una agilidad pasmosa, envolviéndole con sus brazos y abrazándolo con mucha fuerza; Agase le devolvió el abrazo con más fuerza e incluso más, murmurando de seguido.
-Has acertado… como siempre.
-Gracias… por todo-susurró ella, limpiándose las lágrimas.
-Ah, ya ves tú… ¿un té?
-Pensaba que nunca ibas a ofrecérmelo…
Los dos se rieron confidentemente y se relajaron, mientras comenzaban a hablar y ponerse al día. Había muchas cosas que contar.
¿Por qué? ¿¡Por qué?! ¡Quiero retirarme, vivir mi vida literaria en paz, escribir ideas originales! ¿¡Por qué me haces esto, cerebro, inspiración, lo que sea?! ¡No, en serio, el caso es que estaba jugando un día a Assassin's Creed IV Black Flag, cuando de repente, y sin previo aviso, una nueva idea salvaje apareció. Al principio no la hice mucho caso, tratando de pensar en otra cosa, después de todo aún tengo mucho que escribir y quiero retirarme. Pero no, no se fue, se quedó ahí mirándome fijamente y sin decir nada, como si estuviera provocándome, burlándose de mí. A partir de ahí ya me puse en plan Jon Tron, la miré con dedo acusador y la dije: "No me gusta a dónde va esto." Sin embargo no se amedrentó y comenzó a acercarse a mí. Yo exclamé: "¡Para! ¡Para!" pero claro, no paró y entonces comenzó a tentarme y seducirme con sus encantos, yo ahí intenté ponerme firme y dije: "¡No, no, nonono, no, no!" Pero no, claro, se puso entonces la cosa seria y yo ahí ya me empecé a derrumbar tal que así: "¡Por favor, señorita, no lo entiende, no sabe lo que está haciendo!" A partir de ahí la cosa pasó a mayores, en un intento nulo por escapar grité: "¡Para!" Y entonces, me convenció, canté, y todo se fue a la mierda. … …. XDDDDD valeyaparo
En fin, pues eso, oh, mierda, aquí vamos otra vez. No voy a mentir diciendo que nunca pensé escribir algo de Detective Conan, y de hecho algo llegué a escribir en su día, pero sólo en foros especializados, y esos foros desaparecieron hace tiempo y no guardé una copia, por lo que esa historia está prácticamente perdida. En cuanto a Assassin's Creed se refiere le estoy cogiendo el gustillo a la saga y me está gustando mucho la historia de fondo que tiene, la cual casa en tono a la de Detective Conan, ya que después de todo Abstergo y la organización no son tan diferentes en cuanto a métodos se refiere. En cuanto al papel de asesino a Shinichi no le pegaba ni con cola, debido sobre todo a sus ideales, por lo que lo descarté rápidamente, pero encontré rápidamente en Haibara al candidato perfecto, y ya habréis podido leer en este capítulo por qué. Huelga decir que es mi personaje favorito de Detective Conan y la tengo un cariño muy especial, por lo que haré énfasis en esta nueva experiencia para ella y todo lo que va a suponer en su vida, así como los efectos de la misma en su personalidad, por lo que veremos a una Haibara ligeramente diferente a la que estamos acostumbrados a ver.
Y nada más de momento, bueno, sí, ahora subo un capítulo más, que ya está listo, así os tengo entretenidos... en serio, por qué ¿¡por qué?! Pues eso, nos leemos.
