Capítulo 2

Una nueva esperanza

-Jo, echo de menos a Ai… ¿sabes cuándo va a volver, Conan?

-No, la verdad es que no, no me ha dicho nada desde la última vez que hablamos, lo siento Ayumi.

-Pues qué raro, con lo que hablabais antes cuando estaba… ¿acaso os habéis peleado?

-No, claro que no, Genta, es sólo que… estará ocupada, eso es todo.

-Bueno, eso no es nada raro, Haibara es de las que siempre se traen algo entre manos… aunque luego no supieras el qué, claro.

-Huy, Mitshuhiko, si tú supieras…

Era en esos momentos cuando más se acordaba de Haibara y sus ancestros, en el buen sentido, ya que después de todo sabía, y muy bien, todo lo que había sufrido en su vida. Sin embargo, el hecho de saber que estaba de vuelta y ni siquiera se pasaba a saludar al profesor o a los niños le enervaba más de lo que él mismo estaba dispuesto a admitir. Aunque, por otro lado no entendía por qué le molestaba tanto. Después de todo se había convertido en una asesina cruel y despiadada ¿por qué debía de tener motivo alguno para importarle?

El resto de la jornada pasó pensando en ello al respecto, sin sacar una respuesta satisfactoria, y dándole vueltas a la cabeza al salir de clase. Se despidió de los demás en el siguiente cruce, dirigiéndose a la agencia de detectives Mouri acto seguido, sin embargo en ese momento recibió una súbita llamada que cortó su tren de pensamientos. Vio entonces que le llamaba un número privado y arrugó el entrecejo, con gesto extrañado. Sin fiarse del todo, cogió con algo de reticencia.

-¿Sí?

-Kudo, tenemos que hablar, ven a verme al 3335 de Kannana-Kita-Dori en Adachi.

-¿Haibara? Espera ¿qué?

-Te espero.

Antes de que pudiera decir algo más, la chica colgó, dejándole con la palabra en la boca y una incipiente molestia.

-Pues sí que…

Sin otra alternativa que hacer lo que le dijo puso rumbo hacia allí, no sin antes avisar a Ran para no preocuparla y decirla que llegaría tarde, ya que después de todo había un buen trecho de Beika hasta allí. Se dirigió a la estación de tren de Beika y cogió un tren que le llevaría directo.

Adachi era uno de los tantos barrios que componía la gran metrópoli de Tokio. Se solía decir que era uno de los barrios chungos de la ciudad, y en cierta manera no era mentira, ya que el ratio de criminalidad allí era más elevado en comparación con otros barrios colindantes. Por lo que él sabía era porque una nueva mafia norcoreana había desplazado a la Yakuza local, y eso había atraído calaña de todo tipo, pero siempre y cuando no se metiera por callejones alejados y no se separara de la multitud, no tendría por qué pasar nada.

Nada más llegar a la estación de Daishi-Mae se dirigió directamente a la calle, una bastante larga que atravesaba el distrito de oeste a este, y anduvo unos cuantos metros hasta finalmente llegar a su destino, el cual resultó ser un antiguo edificio de no más de diez plantas, de aspecto destartalado y no muy seguro. Conan arrugó el ceño, pensando en posibilidades, pero en ese momento una voz familiar a su lado le saludó.

-Hola, Kudo.

Se dio la vuelta y fue entonces cuando se percató de su presencia; iba vestida como la última vez que la vio, con una sudadera blanca y con bordes rojos ceñida, con la distintiva capucha puesta, unos vaqueros de aspecto raído ajustados y unas zapatillas de deporte blancas. Ni se había dado cuenta de que estaba ahí, cosa que en parte le extrañó.

-Haibara…

Los dos se miraron por un momento, ella con expresión neutra y él un tanto molesto, sin embargo la niña fue la primera en hablar.

-Vamos dentro.

Sin decir nada más el chico la siguió, subiendo al último piso, y descubriendo allí que todo el edificio era en realidad un sitio casi diáfano; había más asesinos rondando por los rincones, la mayoría de ellos practicando movimientos de parkour y otros luchando de forma no letal entre sí, claramente entrenando sus habilidades. Nada más entrar un par de chicos jóvenes se pusieron en guardia al verle, pero ella les calmó enseguida.

-Con calma, chicos, viene conmigo.

Ante eso no dijeron nada, pero se le quedaron mirando fijamente mientras avanzaban a otro lado; en un momento dado, el chico murmuró.

-Así que paráis por aquí… me llama la atención.

-¿Demasiado evidente para ti, quizás?-inquirió ella con sorna.

-Sí, tan evidente que hasta resulta sencillo pasarlo por alto, he de daros crédito por eso.

Haibara esbozó una sonrisita autocomplaciente, murmurando de seguido.

-Hay otra razón por la que estamos aquí, pero luego te la mostraré, ahora vamos a centrarnos en el asunto que nos ocupa.

-Todavía no me has dicho qué hacemos aquí…

-Tiempo al tiempo, detective, ahora te cuento.

Subieron unas estrechas escaleras de metal hasta llegar a un pequeño cuartito donde había cosas de todo tipo, desde varios ordenadores, un bastidor de diecinueve pulgadas, un pequeño y compacto laboratorio, varios archivadores, una mesa con información de todo tipo, un tablón en el que se podía ver un mapa de Tokio con anotaciones e hilos interconectados, un sofá junto a una pequeña nevera y un póster colgado de la pared en el que se podía observar una A estilizada, junto con el famoso credo que tanto aborrecía: Nada es verdad, todo está permitido. Conan arrugó la nariz, molesto, aunque en ese momento Haibara murmuró.

-Kudo, te presento a Dai, compañero de fatigas y el que lleva este piso franco.

El pequeño detective dio un leve cabezazo, dándose cuenta en ese justo momento de la presencia del susodicho justo al lado del sofá; era joven, con no más de veintipocos años, y vestía de forma más casual pero con la sempiterna capucha esta vez quitada. De pelo moreno y ojos oscuros, le saludó sucintamente.

-¿Qué hay?

-Ah, hola… diablos ¿cómo hacéis para pasar desapercibidos de esa forma?-masculló el niño, contrariado.

-Un intenso entrenamiento, hermano, aunque aquí Miyano se lleva la palma, demostró un sigilo y una capacidad de mimetización con el ambiente excepcionales.

-Eso es porque me enseñaron los mejores maestros bajo la supervisión de la Mentora, nada más-murmuró ella, quitándole hierro al asunto.

-¿Mentora? ¿Dónde estuviste?-quiso saber Conan, intrigado.

-No hagas tantas preguntas, detective, no eres de los nuestros-le cortó Dai rápidamente.

Sin embargo la niña pareció más dispuesta a hablar con él, comentando de seguido.

-Eso ahora no es relevante, si te portas bien y no dices nada a nadie, puede que te cuente alguna cosa o dos de la hermandad.

-Oye, oye, ni que fuera un cotilla… además, no es como si alguien me fuera a creer así sin más ¿no?

-No podemos correr riesgos, detective, a diferencia de los bastardos de Abstergo no tenemos tantos recursos, y han muerto muchos compañeros últimamente-comentó en ese momento Dai.

-Exacto, si demuestras ser de confianza para la hermandad puede que te ganes algo de información, pero por el momento no te puedo decir nada más.

-Está bien… entonces ¿de qué vamos a hablar?-inquirió él con voz queda.

-Te seré franca: no hay antídoto.

Esa abrupta noticia cogió con la guardia totalmente baja a Conan, el cual esbozó un gesto de horror en su rostro; por un momento se quedó callado, intentando asimilarlo, pero acto seguido masculló.

-¿¡Qué?! Pero, pero… no puede ser, me aseguraste en su día que debía de haberlo, además, si te fuiste fue también para seguir investigando, tú misma me lo dijiste…

-Y eso he hecho. Al contrario que antes, que estaba totalmente sola en esto, la hermandad me proporcionó mayores medios y hasta un equipo científico que me estuvo ayudando a replicar la droga. Trabajamos con muestras de sangre mías y tuyas que tenía guardadas, así como con ratas de laboratorio e incluso algún que otro chimpancé. Al principio la cosa iba bien, replicarla fue sencillo, pero llegamos a un punto que nos fue imposible revertir la apoptosis celular por ningún medio natural, aun a pesar de todos los intentos que hicimos. Incluso recibimos ayuda externa de varios laboratorios farmacéuticos haciéndolo pasar por un proyecto de investigación universitario. No fueron capaces de ayudarnos.

-Entonces…

-Entonces, pequeño detective. Me temo que ya no hay nada que hacer, nuestros organismos han asimilado los componentes de la droga, sobre todo el tuyo, al haber tomado tantas veces los antídotos temporales, haciendo que tu sistema inmune se hiciera fuerte ante cualquier agente patógeno que trate de revertir los efectos de la apoptosis. El mío, aunque en menor medida, también se haría fuerte si se le expusiera a los mismos antídotos temporales, y ha pasado tanto tiempo ya desde que tomamos la droga que cualquier intento de reversión caería en saco roto. Estamos condenados, Kudo.

Por un momento Conan sintió como sus fuerzas le abandonaban, sintiendo como un negro abismo se abría bajo sus pies y tragándole hasta desaparecer. No podía ser verdad. Su antigua vida, todo lo que era, no volvería con él. Se quedaría atrapado como Conan Edogawa hasta el final de sus días. Y Ran…

-No… no. ¡No, no, no! ¡No puede ser, Haibara, no es cierto, tiene que haber una manera, la que sea, por favor!-musitó el chico, acercándose a ella con gesto desesperado.

La chica le miró fijamente, con expresión neutra, aunque en el fondo entendía el sufrimiento del muchacho. Miró por un momento a Dai, el cual tan solo asintió, por lo que ella murmuró.

-Si hay un método natural y científico que pueda revertir todo esto, lo desconozco. Sin embargo hay otra forma que puede que nos ayude a recuperar nuestros cuerpos.

-¿¡Cual es?!

Ante esa pregunta Haibara suspiró, murmurando de seguido.

-Vale, esto va a ser algo largo de explicar… supongo que ya sabrás el objetivo de los templarios, el control a través de la técnica y el capital.

-Sí, sí…

-Bien, pues para ello utilizan de todo, desde métodos científicos hasta objetos especiales de gran poder.

-¿Objetos especiales? ¿A qué te refieres?-inquirió el niño, extrañado.

-Vale, aquí empieza la parte liosa. Hace miles de millones de años, antes de que los humanos caminaran sobre la tierra, existió otra raza que vino antes. Eran conocidos como la Primera Civilización o los Isu, unos seres tecnológica y bilógicamente avanzados que se podrían catalogar como dioses, pero que técnicamente no lo eran, simplemente eran más avanzados que nosotros.

-¿¡Cómo?!

-No me interrumpas que es largo y arduo de explicar. Esos seres o pseudo dioses, como quieras llamarlos, crearon a los humanos como mano de obra barata que controlaban con una serie de artefactos creados por ellos llamados Fragmentos del Edén. Esta situación se mantuvo así durante años, pero unos humanos, Adán y Eva, se vieron libres del control de los Isu y comenzaron una guerra abierta contra ellos por la libertad de la humanidad.

En ese punto Conan vio enseguida la relación, comprendiendo entonces muchas cosas.

-Ya veo, entonces esos fragmentos…

-Exacto, veo que no has perdido facultades. A lo largo de los últimos años, Abstergo ha ido recolectando multitud de fragmentos para usarlos en sus planes, pero la hermandad ha hecho todo lo posible por recuperar algunos antes que ellos y quitarles otros. Como ves, este conflicto se remonta al mismo principio de la existencia, y no tiene visos de acabar más pronto que tarde. Por eso luchamos, para acabar con la tiranía de los templarios y proteger a los fragmentos que quedan desperdigados por todo el mundo.

Hubo un breve silencio en el cual los dos se miraron con cara de circunstancia, siendo el niño el primero en hablar.

-Te das cuenta que suena a trama de videojuego ¿no?

-Sí, y lo nuestro a shonen mensual, no te jode…-le replicó ella, molesta.

-Vale, vale, no he dicho nada. Entiendo… entonces, de todos esos fragmentos ¿cuál es el que podría ayudarnos?

Haibara se dirigió a uno de los ordenadores y encendió el monitor, mostrando entonces la imagen de una especie de sudario dorado con inscripciones extrañas en su superficie; en ese momento, la niña habló.

-El Sudario del Edén. Existieron dos: uno muy antiguo que fue pasando de mano en mano desde los tiempos de la Primera Civilización, y otro no tan antiguo que fue recuperado por un Maestro Asesino inglés y permaneció oculto un tiempo hasta que volvió a ser recuperado, pero acabó en manos templarias. Los dos sudarios fueron estudiados por un científico templario, Álvaro Gramática, para crear con ellos un organismo Isu, pero no logró su cometido y ambos sudarios fueron destruidos.

-Pero espera, si fueron destruidos ¿por qué me cuentas esto?-inquirió el pequeño detective, ceñudo.

-Espera, Kudo, eres muy impaciente. Las investigaciones de Gramática perduraron gracias al guardado de datos en la nube de Abstergo, y varias hebras de los mismos fueron conservadas para futuras investigaciones. Otra cosa no sabemos, pero los templarios a precavidos no les gana nadie.

-Ya veo, entonces quieren retomar las investigaciones usando los datos de Gramática y las hebras, querrán replicarlos para crear un nuevo sudario.

Haibara no dijo nada, llegando a esbozar una ligera sonrisita, sin embargo en ese momento Dai comentó.

-Agh, tío, qué insufriblemente sabidillo eres… ¿te cabe el ego en alguna parte?

Conan quiso contestarle, súbitamente enfadado, sin embargo la chica fue más rápida, calmando los ánimos y retomando el hilo enseguida.

-Como bien has deducido, efectivamente, sabemos de muy buena tinta que quieren replicar de nuevo los sudarios puesto que de todos los fragmentos existentes, éstos eran únicos, al ser creados para sanar y regenerar heridas y dolencias de todo tipo, al contrario que el resto de fragmentos, que eran principalmente instrumentos de control mental o armas. El proyecto en sí está abalado por Mitsuko Nakamura, directora de la División de Descubrimiento y Adquisición de Linajes de Abstergo y miembro del Círculo Interno de la Orden Templaria.

-Maldita cerda…-masculló en ese momento Dai.

-Un pez gordo-murmuró Conan, pensativo.

-Así es, y adivina dónde está.

El pequeño detective esbozó una sagaz sonrisita, yendo a contestarla, pero antes de poder hacerlo Haibara se movió y le pidió que la siguiera mediante un leve gesto con su cabeza. Al otro lado del cuartito había una puerta que llevaba a unas escaleras que conducían directamente a la azotea del edificio, desde donde pudieron verlo en la distancia. Y es que un alto edificio de Abstergo, de por lo menos cincuenta plantas, se encontraba no muy lejos de allí, en el barrio de Sumida, un importante enclave económico y financiero de Tokio, y el hogar del Tokyo Skytree.

-La investigación se está llevando a cabo en ese edificio de Abstergo, son las oficinas centrales aquí en Tokio y en todo Japón. Está estrictamente vigilado las veinticuatro horas, por lo que olvídate de entrar en él, al menos de momento. Me gustaría que nos ayudaras a investigar a Nakamura y su entorno para descubrir cómo entrar y enterarnos cómo va la investigación. Si consiguen replicar el sudario, lo cual seguramente conseguirán sabiendo lo insistentes y meticulosos que son, tenemos que entrar ahí y robarlo para poder usarlo nosotros y que nos devuelva nuestros cuerpos-explicó Haibara.

-¿Y es seguro que lo haga?-murmuró él, inquisitivo.

Ante eso la niña esbozó un gesto desdeñoso, al tiempo que comentaba con voz queda.

-Si una antiquísima tecnología de una raza superior no consigue devolvernos nuestros cuerpos, Kudo, entonces nada más lo hará.

-Vale, vale, supongo que tendré que tener fe, como bien me dijiste…

-Exacto. Entonces… ¿nos ayudarás? Ten en cuenta que si aceptas pasarás a ser un colaborador externo de la Hermandad, y si por lo que sea alguien más se entera o los templarios se ponen sobre aviso, las consecuencias serán severas, que no te extrañe que tenga que ser yo quien te mate, y evidentemente no me temblará el pulso al hacerlo-murmuró ella, con mirada seria y decidida.

-Qué elocuente, Haibara. Tranquila, lo haré, y no, no me iré de la lengua ¿por quién me tomas?-le espetó él, molesto.

-Una simple formalidad, eso es todo. Muy bien, pues bienvenido.

-No es la alianza que más me emocione o satisfaga, si te soy sincero, pero después de todo estamos juntos en esto.

-Bien, me alegro que lo veas con perspectiva, me sorprendes, Kudo…

-Bueno, ya sabes, me adapto rápido, pero no pienses que ahora te vea con buenos ojos, sigues siendo una asesina para mí, y me apena, a decir verdad.

-No he pedido tu piedad, Kudo, guárdatela, no tengo nada de lo que arrepentirme salvo de no haberme dado cuenta antes de lo que soy-murmuró ella, secamente.

-Todos podemos elegir, Haibara, no todo se reduce a un solo instante.

Ambos se miraron por un momento, ella tan solo negó con la cabeza sin decir nada más salvo unas pocas palabras.

-Te acompaño a la salida.

El silencio entre los dos fue un tanto denso e incómodo, llegando a la calle y siendo roto por ella cambiando de tema rápidamente.

-Estaremos en contacto. Si hay algo nuevo, te lo haré saber.

-Vale.

Por un momento se dio la vuelta para irse, yendo entonces a decir algo, pero en cuanto se dio la vuelta la chica ya no estaba ahí. Conan suspiró y echó a andar lentamente hacia la estación pensando en todo un poco. Al fondo, el edificio de Abstergo se alzaba en la distancia, vigilando todo Tokio.


Por qué... ¿¡Por qué?! XD vale, no me odiéis, pero es que no puedo evitarlo, me lo preguntaré cada vez, si es que me meto yo sólo en unos pitotes curiosos, pero la musa es la musa, una zorra de cuidado. Pero bueno, hablemos del capítulo.

Por si hay alguien que no sepa mucho de Assassin's Creed, que no tema, porque en este capítulo está sintetizado de forma más o menos somera toda la trama de fondo de la franquicia, y mira que es densa y tiene personajes a cascoporro, pero he utilizado sólo a los más importantes y los que más me interesan para crear la trama de este crossover. Álvaro Gramática es un recurrente en la saga, mientras que Mitsuko Nakamura es un personaje del canon de los cómics, pero dado que tiene un linaje japonés, como se puede asumir de su nombre, he aprovechado para meterla en la historia y darla más chicha. Estoy pensando en leerme las adaptaciones a novelas y comics derivados de todos aquellos juegos principales que no he jugado, para así complementar un poco y que no sea todo juegos, juegos y más juegos, ya veré cómo lo voy hilvanando, pero de momento ya está preparado el escenario de la trama, a partir de aquí arrancará e irán pasando cosas. Meteré también más personajes provenientes de Detective Conan que no hayan salido mucho, así aprovecho bien ambos universos.

Y eso es todo de momento, ahora sí, veré si escribo algo más, pero en cuanto pueda volveré a Sombras de Mordor y esperaré para seguir con este invitado no deseado... en serio ¿¡por qué?! Nos leemos.