Llamó a la azabache a gritos mientras avanzaba entre las personas, pero la música era más fuerte, opacaba cada palabra que él pronunciaba. Maldijo por sus adentros. Recién llegaba y ya quería irse al diablo de allí. Sin duda este era un mundo completamente desconocido para él y ahora estaba atrapado.
— ¡Kagome! —Volvió a gritar, como otras tantas veces. Unas cálidas manos cubrieron sus ojos por detrás. Ese suave tacto sólo podía ser de una persona. — ¿Kagome?
— Te atrapé. —Subió de un salto a su espalda.
— Espera... podrías caerte.
— No seas ridículo, diviértete. —Se apegó más a la espalda del platinado y abrazó sus manos por su cuello. —Bienvenido a la noche del pecado, Taisho. —Susurró junto a su oído.
Ella era una experta criatura de la noche, él avanzaba a pasos torpes, siguiéndola como podía. Un trago, dos, tres... perdieron la cuenta después del séptimo.
Sesshomaru se encontraba junto a la barra de tragos. — Ya es tarde, creo que deberíamos irnos.
— Nooo, aún No. —Se quejó, mientras lo abrazaba desde el cuello y escondía su rostro en su pecho. Sessh la sostenía desde la cintura.
— Pareces cansada.
— Claro que no. —Se puso de pie. —Dos más. —Le pidió al barman.
— No para mí. Alguien tiene que conducir.
— Como quieres. —Bebió los dos vasos ella sola. —Bailemos. —Lo jaló de la mano para que se levantara del asiento.
— Me has tenido de arriba abajo toda la noche. Dame unos minutos.
— No se puede hacer nada divertido contigo. —Se fue al medio de la pista sola. Comenzó a bailar sin salir de la vista del platinado. Se movía sensual en medio de la gente, y reía cada vez que miraba el rostro divertido de Sesshomaru desde la distancia. El alcohol hacía horas que había causado efecto en ambos, en ella más que en él.
Sessh negaba con la cabeza riéndose. ¿Hasta qué punto llegaría Kagome?
— ¡Si no vienes... me buscaré a otro! —Le gritó en broma. Le dio la espalda y siguió bailando sola. Luego de varios minutos sintió como le acariciaban la espalda. —Sabía que vendrías. —Sonrió mientras daba la vuelta. Giró esperando encontrarse con esos orbes dorados que tanto amaba, pero no eran dorados los ojos que la veían, sino azules. — ¿¡Ban!?
— Me alegra volver a verte, Kagome. —Sonrió el muchacho.
Lo abrazó. — ¿Cómo has estado?
— Mejor desde la última vez que te vi. Me hiciste pensar en muchas cosas, sabes... Dejé la pandilla de Kikyo.
— ¿Hablas en serio?
— Claro. También tengo pensado cambiarme de colegio. Empezar de nuevo, como tú.
— ¡Eso es genial! —Sonrió. —Estoy segura de que todo será para mejor.
— Por cierto... me sorprende verte aquí.
— Sí, lo sé. Hace mucho tiempo que no venía.
— Ya que es una ocasion excepcional no voy a desaprovechar el momento. —La acercó a su cuerpo desde la cintura.
— No vine sola... —Explicó con una sonrisa sarcástica. Conocía las manías de su "amigo".
— Ya lo imaginaba, pero yo no veo a nadie aquí ahora. ¡Anda! Baila conmigo.
— Solo un rato.
— Solo una noche. —Le susurró al oído. Solo ellos sabían el verdadero significado de aquellas palabras.
Le fue imposible no sonreír. —Que idiota. ¿Aun te acuerdas?
— Fue lo que me dijiste.
— Pero no me hiciste mucho caso.
— No pude evitarlo. —Rieron a dúo. —Oye Rose...
— No te escucho. La música está demasiado alta. Acércate.
Hablaba a centímetros del oído de la azabache. —Aquel sujeto no deja de mirar hacia aquí.
— ¿Quién?
— Ese. —Señaló con la mirada.
— ¿El de la barra de cabello plateado?
— El mismo.
— Te dije que no estaba sola.
— Con esa mirada parece asesino. No lo culpo, yo también estaría celoso si otro bailara con mi chica.
— No soy "su" chica, soy mi única dueña. Además, él no es de esos hombres, no es un tipo celoso.
— ¿Segura? —Arqueó una ceja. —Veamos si es cierto.
— ¿Qué haces? —Sintió como el morocho la acercaba desde la nuca hacia él. —No, espe... —No pudo terminar de hablar, sus labios ya habían sido sellados por los de él. Intentó alejarlo, empujándolo desde el pecho, pero Bankotsu era más fuerte.
Ansiaba besarla desde el día que volvió a verla, pero ¿desde cuándo necesitaba forzar a una mujer para tener sus labios? Sintió las manos de la azabache golpeando su pecho. A los pocos segundos se alejó de su boca. —Tenías razón. Parece que a tu novio no le interesa mucho.
— ¿Eso crees, idiota? —Sesshomaru que atravesó la multitud a toda velocidad le propició un puñetazo en la mandíbula a Bankotsu tumbándolo al suelo. La música se detuvo y la gente se reunió alrededor de ellos para ver.
— Eso dolió, amigo. —Dijo limpiando el rastro de sangre que salía de sus labios. Subió la mirada. —Eres el sujeto que fue por Kagome a la fábrica.
Sessh también lo reconoció. No se inmutó. —Me voy. —Dijo mirando a la azabache. Ambos salieron del club, el sol aún no asomaba por el horizonte. Sessh caminaba delante de ella, dándole la espalda.
— ¿Estás enojado? —Él no respondió. Apuró el paso. — ¡Sessh! —Gritó más fuerte.
Se detuvo de golpe y volteó a verla. — ¡No! ¡No estoy enojado, de acuerdo! —Vio la expresión de tristeza en Kagome. —Lo siento. No quise gritarte. —Relajó las facciones y volvió a mirar hacia adelante.
— Ban lo hizo adrede para molestarte.
Volvió a girar hacia ella. — ¿Ban? —Cuánta confianza.
— Es solo un viejo amigo.
— Un amigo que te besa. Dime ¿es uno de esos que te acompañaban cada noche?
Kagome estaba borracha, pero no lo suficiente como para no sentir el dolor de sus palabras. —Eres un imbécil.
Sabía que se había propasado, había ido demasiado lejos. —Kagome... —Se acercó.
— ¡Aléjate! Le dije a Bankotsu desde un principio que estaba contigo. Él solo intentaba ponerte celoso apropósito.
Intentó buscar su mirada.
— No, déjame. —Él la abrazó por la espalda. Kagome intentó alejarlo. —Basta, suéltame.
— No.
— Idiota. —Lo codeó. Sessh la abrazó más fuerte. —Me vas a dejar sin aire. —Se dio vuelta viendo sus ojos.
—Cuando lo vi besarte no pude evitar enojarme.
— Pensé que no eras celoso. Tú mismo lo dijiste.
— ¡Pero te besó! ¿Qué esperabas? ¿Qué me quedara viendo desde la barra?
— Intenté apartarlo. Pero además...un beso como ese no significa nada. Tus besos son los únicos que me vuelven loca. —Le regaló una sonrisa.
— ¿Debería creerte?
— ¡Eyy! —Lo empujó.
— Es broma. ¿Ya podemos irnos? He tenido suficiente emoción por una noche.
— Sí, la cabeza se me parte. —Masajeaba su sien.
— No digas que no te lo advertí.
— ¡Cállate!
Ambos subieron al auto. Sessh conducía y ella iba recostada en la parte trasera. Se sentía mareada, el alcohol estaba haciendo su trabajo. Palabras confusas salían de su boca, haciendo reír a su conductor. Miraba el techo del vehículo y hablaba como si se tratasen de cosas importantes que en realidad no tenían sentido.
— Quiero un helado. —Dijo riendo.
— Sí, sí, después. —Respondió sin darle importancia.
— La cabeza me duele, estoy mareada. —Se quejó.
— Bebiste demasiado.
Se recostó de lado. —No quiero irme. —Dijo gimoteando.
— ¿Irte a donde, amor? —Decidió seguirle el juego para reir un poco.
— No me quiero ir.
—Ahora iremos a casa. ¿Quieres ir a casa?
— Sí, sí quiero.
— Intenta dormir, llegaremos en un rato.
Giró hacia el otro lado. —Mi madre me regañará por llegar tarde.
— No lo creo.
— No quiero que me regañe.
— No lo hará.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo.
Estuvo algunos minutos en silencio antes de volver a hablar. — ¿Cuándo volverás a casa papá?
Ni siquiera él sabía sobre el padre de Kagome. Ella nunca lo había mencionada siquiera. No pudo que responder.
— Quiero uno de esos caramelos en forma de estrella que me dabas por las noches. — Sessh solo se limitó a escuchar. Ella suspiró. — ¿¡Le puede decir que no iré!?
— ¿A tu padre?
— No, a él no. ¡Al otro!
— ¿A quién?
— Dile que no me espere. No quiero verlo. —Se sentó. Él aprovechó a verla desde el retrovisor — ¿Le dirás a Inua...Ina...Inuy —Parecía tener problemas para pronunciar aquel nombre.
— ¿Inuyasha?
— ¡Sí ese! Inuyasha. ¿Lo conoces?
— Tal vez.
— Genial, dile...dile que no iré a la cita. ¡Que no voy a ir! —Volvió a recostarse.
— ¿Tienes una cita con Inuyasha?
— No...Sí. No sé, era por ahí. En el coso francés.
— ¿Coso? ¿Quieres decir restaurante?
Se mostró pensativa. — ¿Cómo sabes? ¿Me espías?
— Lo adiviné.
— Ahhh. —Sonrió. —Yo pensé que eras de esos espías multinacionales.
— ¿Internacionales? —La corrigió.
— ¡Eso dije!
— Kagome... ¿Qué más debo decirle a Inuyasha?
— ¿Inuyasha?
— Ajá.
— !Inuyasha! —Repitió enojada. —No me agrada ese sujeto. —Volvió a sentarse.
— ¿Por qué?
— Él siempre me hace enojar. Le dije que no iría, pero siguió insistiendo.
— ¿No irás al restaurante?
— ¿Restaurante? ¿Qué restaurante?
Comenzaba a creer que esto era una pérdida de tiempo. Suspiró. —Descansa.
— ¡Pero llegaré tarde a la cita! Tengo que estar a las 9.
— ¿Cuándo?
— Cuando llegue. Dile a papá que me recoja al salir del trabajo. —Su cara palideció — Mamá... ¿a dónde fue Papá? ¿Cuándo regresará?
Sintió pena por ella. Aquel recuerdo parecía atormentarla. —No lo sé, Kagome.
— ¿Cómo que no sabes? —Sus ojos se llenaron de lágrimas.
— No llores. Él estará aquí pronto, a las 9 ¿recuerdas?
— ¿A las 9? ¿El viernes a las 9?
— ¿Eso te dijo a ti?
— Sí.
— Entonces seguro cumple.
— De acuerdo. —Se recostó nuevamente. Esta vez el sueño la venció.
— Ayy Kagome, ojalá nunca vuelvas a beber así.
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Abrió los ojos. Las ventanas estaban cerradas pero pequeños rayos de sol se filtraban por las rendijas iluminando tenuemente la habitación. Lo suficiente como para saber dónde estaba.
Miró hacia los lados, se encontraba en aquella enorme cama pero sola. No se sorprendió, él era un hombre madrugador, no podía estar acostado por mucho tiempo.
Se sentó, bajó los pies de la cama tocando el piso frío. Encontró su vestido sobre el sofá que había junto al armario. Se vistió y salió de la habitación. Llegó hasta el comedor, allí lo vio, leyendo el diario con sus anteojos y una taza de café en la mano.
Se acercó a él, besó su cuello. El platinado bajó el periódico. Ella le arrebató su taza de café.
— Si quieres te sirvo una taza. No hace falta que robes la mía.
— No, yo quiero esta. —Sonrió.
— Es otro de los caprichos de la niña. —Sonrió.
Ignoró la broma. —Sessh...
— ¿Sí?
— Me duele mucho la cabeza.
— Y con razón. —Fue en busca de una aspirina. —Tómate esto, te hará sentir mejor.
— Gracias. —La tomó sin chistar. Luego se sentó a la mesa y untó una tostada con mermelada.
Sessh se sirvió otra taza de café y continuó leyendo. Cada tanto dejaba de leer sin que ella lo notase y la observaba por encima de sus anteojos unos segundos. —Anoche... —Dijo finalmente. Ella lo miró brindándole toda su atención. —... cuando regresamos a casa dijiste algunas cosas que me dejaron pensando.
— ¿Qué cosas? Sinceramente no recuerdo las tonterias que digo cuando bebo. —Le dio un mordisco a su tostada.
— ¿Tienes planes con mi hermano? —Fue directo al punto. Dobló el diario e hizo a un lado los anteojos.
Dejó de masticar y lo miró fijamente. Él iba en serio. Tragó a duras. — ¿Qué fue lo que dije anoche?
— Algo de una cena, un restaurante francés.
— Ahhh. Sí, Inuyasha me invitó a cenar hace un tiempo para festejar el resultado de mi examen, pero luego de lo que pasó en casa de tus padres le dije que estaba loco si pensaba que iría. Aunque siguió insistiendo.
— Ya veo. Y ¿cuándo es?
— Este viernes a las 9 pm. En un lugar de nombre raro... emmm no lo recuerdo.
— ¿"Nuit Magique"?
— ¡Sí, ese mismo! ¿Lo conoces?
— Solíamos ir allí con mi familia de pequeños.
— Como sea, no iré. No te preocupes. ¿Algo más que el detective quiera saber?
— No. —Lo pensó por unos segundos. —Bueno en realidad sí. Kagome... ¿qué ocurrió con tu padre?
— ¿Mi...padre? —Se quedó helada, atrapada en algún recuerdo añejo.
"Papá léeme una historia" "Me encantan estos caramelos, papi" "No te enojes" "¿A dónde vas?" "No te vayas" "¿A dónde va papá, mami?" "¿Cuándo volverás?" "¿Por qué papá no ha regresado aún?" Kagome...Kagome...
— ¡Kagome!
Reaccionó. Su mirada era inexpresiva. — Lo siento. —Una lágrima recorrió su mejilla derecha. Ella la secó sorprendida.
— ¿Estás bien? —Se puso de cuclillas junto a ella tomando su mano.
— Sí, solo reviví algunos malos recuerdos.
— Lamento haber preguntado.
— No, descuida. No es tu culpa. Iré a arreglarme, hoy debo cubrir el turno de una compañera en el café.
— Sí, adelante. —La vio preocupado mientras se alejaba de su vista. Tenía más preguntas pero sabía que era mejor no indagar en su pasado si ella no estaba lista.
Continuará...
