Historia escrita para el reto "Escribe a partir de una imagen" del foro Pryecto 1-8.

Imagen: Chica en picardías sujetando botella. Genee proyecto1 -8. tumblr post/ 112161493495/7

Personajes: Yolei (Miyako) Inoue. Secundario, Ken Ichijouji

Digimon no me pertenece.


Capítulo VII. Porque soy una mujer

Cuando Ken dejó de ser Digimon Emperador, solamente Davis le extendió su mano para que se uniese a ellos; el resto de los niños elegidos de esa generación o le odiaban o estaban reticentes. Pero Yolei no tardó en darse cuenta de que Ichijouji en realidad era buena persona y solo había estado confundido. Así que aquella vez, después de que los ayudase contra una de las torres negras de Arukerimon, lo dudó en mandarle aquel mensaje dejándole ver que esperaba que cuando estuviese preparado se uniese a ellos. Ken simplemente se había dado la vuelta esa vez, como si no le hubiese afectado en lo más mínimo, pero tiempo más tarde, cuando finalmente había empezado a luchar junto con el resto de los niños, le había confesado que al darse la vuelta había sonreído, feliz porque comenzasen a perdonarlo.

Quizás fue esa vez cuando a Yolei empezó a parecerle más que un amigo. Había quedado totalmente embelesada por lo tierno que le había parecido la confesión, con la cara levemente sonrojada; siempre había sabido que Ken era guapo pero aquella vez se lo pareció más aún. Y con el paso del tiempo, cuando fueron haciéndose más cercanos, terminó por enamorarse de él.

Para Yolei, Ken no era solamente una cara bonita. Era valiente, inteligente, dulce, leal, y mil adjetivos positivos más que podrían hacer que la chica se pasase horas describiéndolo. La chica del pelo morado no podía ver a Ken como un amigo; no podía verle como a Davis, con quién peleaba a diario pero confiaba con los ojos cerrados, ni como TK, aquel chico alegre que la hacía reír junto con Kari, o como a Cody, a quien veía como el hermano pequeño que nunca tuvo. Veía a Ichijouji como su futuro marido, aquel con el que tendría tres hijos a los que cuidarían entre los dos, con el que charlaría al llegar de trabajar del laboratorio con una copa de vino en mano (a Yolei no le gustaba el vino entonces, pero en las películas veía esa escena y no podía evitar querer protagonizar algo así con Ken). Yolei se sentía especial cuando estaba junto a él porque solo con ella se abría tanto como para ver más allá de lo que superficialmente dejaba ver, porque podían pasarse hablando horas y ensimismarse tanto que se olvidaban de la gente de su alrededor, porque nunca se cansaba de su compañía.

Pero había un problema; él no la veía como a una pareja y Yolei no soportaba eso. La chica de pelo morado quería que Ken la viese como algo más. No quería ser su amiga, no quería ser su hermana; quería ser su pareja. Davis siempre le había dicho que él no podía verla como a una mujer porque era su amiga, y no quería eso con Ken. Así que, ni corta ni perezosa, se propuso lograr, al menos, que él la viese como una mujer con todas las letras.

Después de darle muchas vueltas a la cabeza, decidió pedirle consejo a la persona más femenina que conocía, a Mimi Tachikawa. La castaña no se sorprendió cuando Yolei le confesó que estaba enamorada de Ken; la chica ya lo sabía, le comentó, era bastante obvio para una mujer tan perceptiva como ella, sobretodo en temas de amores.

—¿Qué quieres hacer para parecer una mujer, Yolei? —preguntó aún así algo desconcertada—. En realidad ya pareces una mujer. ¡Eres una mujer!

—¡Pero Ken no me ve como una! —por primera vez desde que se dio cuenta de que estaba enamorada de Ichijouji, los ojos de la chica se aguaron—. Davis me lo dijo; un chico que te ve como amiga no te ve como una mujer.

—¡Oh, Yolei! —Mimi abrazó a su amiga con fuerza—. No llores. Es imposible que Ken no sepa que eres una mujer. Seguro que incluso le gustas, solo es así de abierto contigo.

—Pero porque me ve como a una amiga, Mimi —sollozó levemente la del pelo morado—. ¡Estoy en la friendzone! Y por ende, ¡no sabe que soy una mujer!

—Eso no lo sabes —le riñó secándole las lágrimas—, no le has dicho nada. Tienes que dejar de hacer caso de las cosas que te diga Davis.

—Tienes que ayudarme, Mimi —le rogó, aún obcecada en esa idea—. Necesito que Ken sepa que soy una mujer, necesito que me hagas ver más femenina.

—Está bien, Yolei —aceptó finalmente Mimi viendo que sería la única manera de animar a su amiga—, tengo un plan. Vas a ser tan impresionante que Ken Ichijouji no va a poder resistirse. Nunca podrá olvidarse de que eres una mujer.

—¿De verdad? —preguntó Yolei esperanzada.

—Te lo prometo —aseguró Mimi—. Estoy tan segura de ello que si mi plan no funciona, juro volver a ponerme el pelo rosa y con estrellita.

Yolei, por primera vez desde que había llegado, sonrió ampliamente.

Ken llegó al apartamento que compartía con TK y Davis completamente agotado. Quitándose los zapatos con pereza, anunció su llegada pero frunció el ceño al no escuchar respuesta. Miró su reloj de pulsera de forma confusa; a esas horas ambos deberían estar en casa. Suspirando, se dirigió a su dormitorio mientras soltaba un par de botones de su camisa, pulcramente abrochada. Tiró casi sin fuerza a un lado su maletín con libros a un lado y se frotó la cara con cansanci. Pero casi murió del susto al encender la luz; Yolei estaba sentada en la cama, mirándolo en intervalos a él y al suelo.

—¡Yolei! —murmuró llevándose una mano al pecho—. ¡Me has dado un susto de muerte!

—Lo siento —susurró la chica en voz tan baja que Ken apenas puedo escucharla—. No quería asustarte.

—No pasa nada —el chico entró y se quitó la chaqueta dejándola en la silla del escritorio de forma desordenada—. Bueno, ¿y qué haces aquí, Yolei? ¿Habíamos quedado y se me ha olvidado? Lo siento… últimamente ando con mucho trabajo en la universidad y…

—No habíamos quedado —Ken la miró, aún sentada en su cama pero habiendo subido un poco el tono de voz aún cuando seguía mirando a su alrededor con nerviosismo.

—¡Buf! ¡Menos mal! —recogió sus cosas y las colocó encima del escritorio—. Por cierto, ¿dónde estarán TK y Davis? A estas horas deberían haber llegado ya. No me dijeron que fuesen a salir.

—Yo les he dicho que se vayan —Ken se giró para encontrarse a Yolei finalmente de pies; pudo ver el cambio en su expresión, que aún denotando nerviosismo tenía un deje de determinación—. Yo les he pedido que nos dejen solos.

—¿Por qué? —preguntó, confuso, y por primera vez desde que la vio se fijó en que Yolei llevaba puesta una bata negra por encima, una prenda que nunca le había visto y se le hacía extraño.

—Tenemos que hablar.

—¿De qué? ¿Qué pasa? —Ken empezó a ponerse intranquilo al ver la expresión seria de la chica—. Yolei, me estás asustando.

—Ken, tú y yo nos conocemos hace años ya —comenzó a hablar Yolei—. Desde que dejaste de ser Digimon Emperador y te uniste a nosotros.

—Sí, es verdad –aceptó él sin saber a qué venía todo eso—. Ya han pasado muchos años.

—Y tú y yo somos buenos amigos —añadió ella y su tono de voz sonó a una mezcla entre resignación y mala leche.

—Sí, bueno, ya te comenté que contigo es con la que más afinidad tengo de alguna manera —dijo el chico—. Eres mi mejor amiga.

—¡Ése es el problema!

Ken pegó un bote en el sitio cuando la chica gritó la última frase. Yolei comenzó a caminar hacia él pero se detuvo a un metro de distancia. El chico pudo ver cómo sostenía los bordes de la bata fuertemente, uno contra el otro, como si tuviese miedo de que se abriese. La chica tenía la respiración algo agitada y parecía que le estaba costando horrores hablar, pero un brillo decidido refulgía en su mirada y parecía dispuesta a comerse el mundo.

—¿Qué pasa, Yolei? —preguntó Ken son voz suave—. No entiendo.

—Yo no quiero ser tu mejor amiga —soltó ella de golpe y la tez de Ken empalideció más de lo normal—. ¡Ni siquiera quiero ser tu amiga!

—¿Qué? ¿Por qué? —balbuceó, atónito—. ¿Qué he hecho mal?

—No has hecho nada mal, Ken —se dio la vuelta y se puso a pasear por la habitación.

Ken la siguió con la mirada. Yolei parecía muy nerviosa y él nunca la había visto así. Entrando en histerismo, y sin saber si estaba haciendo bien en destapar todo en ese momento, la chica se llevó la mano al pelo y lo desordenó, tratando de encontrar algo que decir. El movimiento la obligó a soltar la solapa de la bata y Ken no pudo evitar que su mirada viajase al escote que la prenda, al moverse, había dejado al descubierto. Sintió el rostro enrojecer levemente; nunca había visto a Yolei con escote. Tuvo que subir rápidamente la mirada a los ojos de la chica cuando volvió al lugar inicial, justo en frente suyo.

—Davis me lo dejó claro; yo no tengo sexo para él porque soy su amiga —Ken frunció el ceño ante las extrañas palabras—. No soy una mujer para él porque simplemente soy su amiga.

—No entiendo por qué me dices esto…—susurró él pero no le dejó terminar.

—¡No quiero que tú me veas como tu amiga! —gritó—. Quiero que me veas como a una mujer.

—¿Qué…? —empezó a preguntar Ken pero las palabras murieron en su garganta.

Porque Yolei había hecho algo que no esperaba; se había quitado la bata que llevaba encima de golpe y la había lanzado a un lado de la habitación. Y debajo de ella llevaba algo que él esperaba menos, algo que nunca habría imaginado en Yolei; solamente llevaba puesto un corto vestido negro, de finos tirantes y pronunciado escote. Unas medias de encaje adornaban sus largas piernas, terminando en la mitad de sus pantorrillas, con unas suaves ligas que se perdían en el bajo del vestido sosteniéndolas. Ken tragó saliva ruidosamente, con la mente funcionándole a mil por hora e imaginando de qué color podría ser la ropa interior de la chica y si sería de encaje a juego con las medias.

—No sé qué va a pasar ahora —la voz titubeante de Yolei hizo que su mente volviese al presente y sus ojos se despegasen de su figura—. Quizás no quieras volver a hablarme o mirarme siquiera, pero no podía soportar esta situación más. Te quiero, Ken, como algo más que a un amigo. Estoy enamorada de ti, y quería que me vieses como una mujer.

Ken no supo que decir. Por segunda vez, su garganta se secó y fue incapaz de emitir ninguna palabra. No esperaba para nada una confesión así de parte de Yolei. ¿Estaba enamorada de él? Un sonrojo inundó su cara al darse cuenta del significado de esas palabras.

—¿Estás enamorada de mi? —repitió la pregunta para asegurarse.

—Estoy enamorada de ti —asintió Yolei—. Y quiero que me veas como una mujer.

Una risotada salió desde lo más profundo de la garganta de Ken y resonó por toda la habitación. El chico se dobló sobre sí mismo, agarrándose la tripa. Yolei abrió los ojos como platos. ¿Se estaba riendo de ella? Una vergüenza repentina la asaltó, aquella que la adrenalina y el valor habían suprimido. Aguantando las ganas de llorar, se dirigió a la puerta sin siquiera acordarse de que tendría que ponerse algo por encima, solo queriendo llegar a su casa y meterse debajo del edredón. Pero no llegó a la puerta porque sintió una mano sujetar su muñeca y girarla, encontrándose con un Ken repentinamente serio.

—No, espera —le dijo el chico—. No te vayas.

—Tengo bastante con que te rías de mi como para querer que me lo digas a la cara —balbuceó ella en un susurro, reprimiendo las lágrimas que pujaban por salir de sus ojos.

—No me rio de ti, me rio de mi y de la situación —aseguró Ken—. Yo también estoy enamorado de ti.

—¿Qué? —preguntó Yolei atónita, sin saber si había escuchado bien.

—Yo también estoy enamorado de ti —murmuró él poniéndose rojo como un tomate y haciendo que la chica suspirase internamente—. En realidad soy demasiado cobarde y pensaba que suficiente era con que me hubieses perdonado por todo lo malo que hice cuando fui Digimon Emperador y me dejases ser tu amigo.

Yolei no podía creerse lo que escuchaba. Vale, Mimi le había dicho que Ken se comportaba diferente con ella, y deseaba con toda su alma que eso fuese real, pero ni en sus mejores sueños hubiese pensado realmente que él al correspondería. Había decidido hacerse ver como una mujer porque su cuero se lo pedía, pero en su interior solo rezaba para que Ken no huyese de ella después y poder seguir siendo amigos cuando ella pudiese olvidarle. Pero todo eso era mucho mejor.

—Pero esto es mil veces mejor —dijo sonriendo como si hubiese leído sus pensamientos—. Y visto que tú has sido la única valiente aquí, creo que me toca dar el siguiente paso.

Sin decir ni una palabra más, tiró de ella hasta que sus cuerpos estuvieron juntos y pasó su brazo libre por su cintura para unirlos más aún. La mano que apresaba su muñeca, reteniéndola como si en ese momento pudiese despegar los pies del suelo, la soltó solo para subirla a su mejilla y acariciarla.

—Voy a besarte, Yolei.

Ella no dijo nada, y él se lo tomó como una invitación por lo que juntó sus labios y la besó tiernamente. En cuanto sus bocas hicieron contacto, la chica se derritió. Como si sus terminaciones nerviosas hubiesen cobrado vida repentinamente, su cuerpo se juntó más al de Ken y subió las manos para enredarlas en el cuello del chico, quien la estrechó más contra él con ambas manos en su cintura.

Pudieron haber sido unos segundos u horas, ninguno de los dos lo supo, pero cuando por fin se separaron se quedaron aún juntos, mirándose a los ojos. Yolei se puso repentinamente roja y Ken rio enternecido, subiendo de nuevo la mano para acariciar su mejilla.

—Estás preciosa cuando te pones roja, y eso es algo que se ve poco —murmuró cerca de su boca y acto seguido frunció el ceño—. No sé cómo has podido pensar que no te veía como mujer.

—Davis me dijo que yo era su amiga y no podía verme como mujer —murmuró avergonzada.

—Yolei —suspiró sonoramente—. Tienes que dejar de hacerle caso a lo que dice Davis. Muy pocas veces acierta. Y más con el tema de mujeres. Yo siempre he sabido que eras una mujer, incluso cuando aún no me daba cuenta de que me gustabas.

Yolei sonrió y se puso de puntillas para darle un beso rápido.

—Entonces he hecho un poco el ridículo con todo el numerito, imagino —dijo la chica avergonzándose de nuevo.

—Bueno, si no llegas a haber montado este "numerito" seguiríamos igual y yo tampoco me hubiese declarado nunca así que imagino que ha estado bien—comentó Ken y luego puso cara pícara—. Además, si te soy sincero, no puedo decir que no me haya gustado. Digo, me gustas como eres, Yolei, no me malinterpretes, pero así vestidas estás… ¡guau!

Yolei se sonrojó de nuevo y escondió la cara en el cuello de él. Ken rio, feliz y divertido de verla en ese estado, algo tan insólito en la del pelo morado como ver a Mimi Tachikawa despeinada.

—Yolei —la llamó haciendo que lo mirase—, estás genial, en serio, pero creo que deberías taparte —ella lo miró sin comprender—. Verás, yo sé que parezco muy recto, serio y formal, pero sigo siendo un hombre de 22 años. Y tú eres una mujer preciosa que está vestida de la más sexy que he visto en mi vida. Y aunque tengo un buen autocontrol, tenerte cerca está haciendo que se tambalee.

Yolei volvió a sonrojarse y corrió a ponerse la bata que anteriormente había tenido colocada. Después fue a una esquina de la habitación donde había una botella de champán y dos vasos que anteriormente Ken no había visto. Ella le tendió uno y llenó los dos vasos.

—Mimi me obligó a llevármelos para brindar para celebrar —le explicó—. Yo no contaba mucho con que terminase del todo bien pero no pude decirle que no. Nadie le dice que no a Mimi.

—Todo esto ha sido un plan suyo —rio Ken y ella asintió—. Brindemos por ella entonces. Y por nosotros, claro.

Hicieron topa y bebieron un sorbo. Sonriendo, Ken se agachó para robarle un beso rápido que hizo que Yolei no supiese si sus labios picaban por ello o por la espumeante bebida. Acto seguido soltó una carcajada.

—Ella también va a brindar en su casa cuando le diga que todo ha salido perfecto —explicó cuando el chico la miró sin comprender.

—¿Por qué? —preguntó—. Imagino que será feliz por ti; eres una de sus mejores amigas.

—Sí, sí, por eso pero también por otra cosa —riendo de nuevo lo miró fijamente a los ojos—. Mimi apostó que si el plan no funcionaba volvería a ponerse ese espantoso pelo rosa con estrellitas.

Ambos soltaron sendas carcajadas al pensar en una Mimi ya adulta con el peinado más extraño de entre los que se había hecho; sería chistoso.

—Debe de estar histérica esperando a que llame —comentó Yolei cuando recuperaron el habla—. Le prometí que cuando supiera algo la llamaría.

Ken sonrió de lado, cogió los vasos de champán y los dejó en el escritorio junto con la botella. Después rodeó la cintura de la chica y la acercó de nuevo a él; Yolei llevó sus manos a su pecho. Agachando la cabeza, la besó.

—Dejemos que se vuelva loca un poco más.

Yolei sonrió contra sus labios.


Séptima viñeta. Ya sé que, como la anterior, es larga cuando deberían ser cortas, pero no me ha salido mejor. Y también sé que últimamente por aquí solo escribo con toques de humor y no muy serio pero después de la viñeta para el Reto de "Las dos caras de la moneda" que escribí, creo que he tenido mucho drama por un tiempín.

Espero que os guste.

¡Nos leemos!

Mid*