Varios días después en la escuela

— Sango, ¿has visto a Kagome? —Interrogó Sesshomaru tras finalizar la clase y quedar el salón vacío.

— No pude decírtelo antes, comenzó a sentirse mal durante el receso y se desmayó. Un compañero me ayudó a llevarla a la enfermería.

— ¿Pero qué le ocurrió?

— No lo sé, no me dejaron quedarme —Molesta. —Deberías ir a verla. Tal vez tú puedas.

— Eso haré.

No había vuelto a ver a Kagome sonreír desde aquella mañana cuando preguntó por su padre. Había tocado un tema demasiado delicado, la notaba desanimada desde entonces.

Las clases finalizaron, la escuela quedó desierta y como prometió fue directo a la enfermería. Entró sin avisar y con el pulso acelerado, estaba impaciente por verla.
La enfermera se había marchado minutos antes, por lo que la privacidad no fue un problema.

El viento empezó a soplar con fuerza, la ventana se abrió y varios pétalos de sakura entraron a la habitación. Se apresuró a cerrar la ventana y acomodar las cosas que cayeron al suelo. Regresó donde ella estaba, se sentó en la pequeña banqueta junto a su cama y acarició su mano.

Acomodó su oscuro cabello, una flor se había enredado en él. La sacó con cuidado para no despertarla. Contempló su delicado rostro dormido, la notaba más pálida de lo usual. Sentía que pasaba algo que ella no le estaba diciendo.

— ¿Qué haces aquí? —Preguntó de repente sacándolo de sus pensamientos.

— Vine a verte. ¿Cómo te sientes?

— Mejor, creo. —Se sentó en la cama.

— La enfermera me dijo que estoy anémica.

— ¿No has comido bien? ¿no tienes apetito?

— No es eso. Mi cabeza ha estado ocupada en otras cosas y se me olvidó.

— No puedes olvidarte de algo como esto. Cuida tu salud, Kagome.

— No hace falta que me lo digas, ya lo sé.

— ¿Ocurre algo más que no me hayas dicho?

— No, Sesshomaru. Solo olvídalo.

— No puedo olvidarlo.

— Inténtalo, porque la verdad ya no quiero hablar del tema.

— Te llevaré a casa.

— Tengo que trabajar hoy. —Salió de la cama de mala gana.

— No creo que sea lo más sensato.

— No es tu decisión.

— ¿Por qué estás tan a la defensiva?

— ¡No lo estoy! —La situación comenzaba a ponerse tensa. —Sólo necesito tiempo, ¿de acuerdo? No quiero hablar de esto.

— Bien, si eso es lo que quieres. —Dijo indiferente. Quería darle el espacio que necesitaba pero no podía evitar sentirse preocupado por ella.

Al día siguiente.

— Kagome ¿cómo estás? —Interrogó la morena a su amiga. —No respondiste mis llamadas.

— Lo siento, me quedé dormida, pero ya estoy mejor, no te preocupes Sango.

— Tus palabras no me convencen para nada. Aún te ves blanca, pareces un papel.

— Ya tendré oportunidad este verano para broncearme. —Bromeó.

— Intenta ponerte seria. ¿No hay nada que quieras decirme? —Preocupada.

— No. —Sonó el timbre.

En clase...

— Si su planteo está bien resuelto deberían de comprobar que es un Sistema Compatible Indeterminado. —Explicó el profesor.

— ¡Sí! —Dijeron todos al unísono.

— Ya puedes sentarte Kagome, gracias. —le agradeció por pasar al frente a resolver la actividad. Ella seguía mirando al frente de la pizarra hipnotizada. — ¿Kagome? —Se acercó a ella. — ¿Estás bien? —Interrogó apoyando su mano en la espalda de la azabache.

— No. —Salió corriendo del salón. Mientras cubría su boca con ambas manos.

— Sigan con los ejercicios. —Se apresuró a decir y salió corriendo detrás de ella.

En el baño de rodillas Kagome vomitaba lo que horas antes había sido su insignificante desayuno. Sintió como sujetaban su cabello. Se puso de pie luego de que su estómago quedara completamente vacío.

— ¿Qué te ocurre Kagome? Volverás a la enfermería ¿Me entendiste? —Ya no era una sugerencia.

— Sólo es un dolor de estómago. Estoy bien. —Protestó con dificultad. Él la ayudó a incorporarse pasando uno de sus brazos sobre su hombro. Ambos se dirigieron a la enfermería del colegio. La enfermera le diagnosticó un vulgarmente conocido ataque de hígado. —Se lo dije, no es nada. —Se sentía mucho mejor luego de tomar el jarabe que la enfermera le dio. —Vuelva a clase por favor, estoy bien. —Dijo para disimular enfrente de la mujer.

— Eres mi responsabilidad, quiero asegurarme de que estarás bien.

— No es nada, regrese con la clase. — Insistió.

—Bien. —Cuando la mujer que atendía la sala médica salió en busca de unos papeles aprovechó para susurrarle. — ¿Qué harás después?

— Volveré a mi casa ¿Feliz?

— No, no me sentiré feliz estando lejos de ti en este momento. Ven a mi casa por esta noche.

— Ya me siento mejor, Sessh. No es necesario.

— No me interesa. Toma. —Le entregó las llaves de su departamento. —Trataré de llegar temprano. —Besó su frente. —Te amo.

— Yo también. —Sonrió levemente.

Las horas pasaron lentas. El timbre de salida sonó y las últimas tres muchachas en el salón conversaban chismosas mientras terminaban de guardar sus cosas para irse.

— ¡Al fin! —Dijo Yuka.

— Mmmm ¿Será que alguien te espera? —Intentó saber Ayumi.

— Cállate, Ayumi. —Sonrió divertida.

— Que predecible eres Yuka. —Suspiró, Eri.

— Oigan... ¿Qué creen que le haya pasado a Kagome?

— Claro, cambia de tema.

— Tengo curiosidad.

— ¿Qué no es obvio? ¿No te enteraste?

— ¿Qué? —Interrogó inocente.

— Ay por favor, Ayumi. ¿De verdad no sabes?

— Qué misteriosas. ¿Me van a decir o no?

— Por lo que he oído Kagome sale con un hombre mucho mayor que ella. Los han visto juntos y dicen que es muy apuesto. —Las tres se imaginaron a su "hombre ideal".

— ¿Y eso que tiene que ver?

— ¿No te das cuenta tonta? —Compartió miradas con Yuka. — ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?

Yuka se acercó al oído de Ayumi. —Kagome está embarazada... —Susurró.

— ¿¡Kagome embarazada?! —Gritó de la impresión.

— ¡Shhhhh! —Ambas saltaron sobre ella tapándole la boca.

Sesshomaru que aún seguía en el salón no pasó por alto la conversación de las muchachas. — ¿Que dijiste? —Sorprendido.

— Sentimos el escándalo, profe. Ya nos íbamos.

— Cállate tonta. Harás que nos castiguen. —Regañó a su amiga.

— ¡Lo siento! —Las tres chicas sujetaron sus mochilas y salieron como alma que lleva el diablo del salón.

En casa de Sesshomaru.

Kagome llamó a Kaede para pedirle el día libre y la anciana como buena acción del día se lo concedió. Sabía que pronto llegaría Sessh. Así que se dio el lujo de preparar algo de comer para ambos. La puerta de la casa se abrió con brusquedad, asustándola.

— ¿A qué se debe esa llegada? Estás sin aliento.

— Tenemos que hablar. —Su mirada la preocupaba.

— ¿Sucede algo?

— Dímelo tú. ¿Sucede algo? —La voz le temblaba.

— ¿A qué te refieres? —No llegaba a comprender.

Sesshomaru volteó y vio la mesa puesta con la comida servida. —Hiciste la cena. —Dijo al ver todo preparado.

— Sí. Pensé que llegarías cansado.

Se sentó a la mesa. Ella hizo lo mismo, aunque seguía perpleja por su actitud. — ¿Kagome...Hay algo que me quieras decir o que yo necesite saber?

— En realidad...ahora que lo mencionas si hay algo que quería contarte.

Sesshomaru contuvo el aliento.

—Hace unos días me encontré con mi madre. Luego de todo este tiempo separadas al fin pudimos hablar en paz. Le conté de mi vida, mi trabajo, mi beca. Se sintió aliviada por mí, pero preocupada a la vez. ¡Mi madre! ¿Lo puedes creer? Ella preocupada por mí. Extrañaba esa sensación.

— Me alegro mucho por ti, Kagome. Pero...

— Espera, eso no es todo. La verdadera razón por la que me encontré con mi madre fue para hablar de mi padre. De cierta forma tú me abriste los ojos, esa parte de mi vida es como una página perdida y deseo recuperarla. Quiero que sepas que el hecho de que haya elegido Italia no es casualidad. Mi padre vive allá, Sessh y estoy decidida a encontrarlo, lo buscaré por cielo y tierra si es necesario.

Se hallaba sumamente impactado por la confesión. — La verdad que no tengo palabras. ¿Qué dijo Naomi al respecto?

— Mi madre no puede detenerme, es mi padre tengo derecho a verlo.

— Siempre he respetado tus decisiones, pero hace años que no sabes nada de ese hombre. Ni siquiera recuerdas por qué se fue o ¿sí?

— No, pero por eso mismo deseo encontrarlo. Necesito hablar con él, saber que pasó. Tengo muy buenos recuerdos junto a mi padre, siento que lo quise mucho.

Suspiró. —Si esa es tu decisión final.

— Lo es.

Se sirvió una copa de vino y se la bebió entera en un segundo. —Realmente no me esperaba que dijeras eso.

— Tú me preguntaste.

— Sí, lo sé, pero no era a lo que intentaba llegar.

— ¿De qué hablas?

Sujetó gentilmente su mano. — Seré directo ¿estás embarazada, Kagome?

— ¿¡Qué!? —Preguntó sorprendida.

— Escucha amor, sé que estos últimos días hemos estado un poco distanciados, pero quiero que sepas que estaré ahí para ti y el bebé. —Tocó el plano vientre de la muchacha con una sonrisa brillante.

—Sessh... ¿qué te hace pensar que estoy embarazada?

— ¿No lo estás?

Negó con la cabeza, sin decir palabra.

— Debo verme como un idiota ahora mismo. —Se sentó en el sofá dejando caer todo su peso sobre él.

— Claro que no. —Sonrió.

— Pero ¿y los desmayos y las náuseas? —Insistió.

— Lo del desmayo fue por la anemia. Y lo de hoy creo que fue porque comí un yogurt que estaba en mal estado. Sabía un poco raro la verdad, pero me dio pena admitirlo frente a la enfermera.

— Cuando lo dices así todo tiene más sentido.

— Sabes que amaría tener un hijo contigo, pero no ahora. Me iré del país en un mes.

— Lo sé perfectamente y tienes razón...no sé en qué estaba pensando.

— Ahora dime... ¿tú solo llegaste a la conclusión de mi "embarazo"? —Sonriendo.

— Yo ni siquiera había contemplado la idea. Lo escuché de tus compañeras de clase.

— ¿¡Qué!? Que malditas, odio que la gente se invente rumores de la nada. —Se cruzó de brazos, enojada. — ¡¿Quién fue?!

— Tranquila, asesina. —La abrazó. —Ellas no saben nada de ti. No le des importancia a sus palabras.

— Pero así como tú les creíste, otros también podrían hacerlo, y yo no tengo ganas de ir dando explicaciones de mi vida a la gente.

— No lo hagas y punto. Ya falta poco para que terminen las clases. Comenzarán las vacaciones y podrás dedicarte de lleno a los preparativos de tu viaje.

— Tienes razón, hasta entonces mantendré la mente despejada. —Respiró profundo.

— Oye... —Besando su cuello. —Esta semana has estado muy distante de mí.

— Necesitaba pensar, el asunto con mi madre no fue fácil.

— Si hubieses hablado de ello conmigo podría haberte ayudado. —Masajeaba los hombros de la azabache.

— No, esto era algo que debía hacer por mí misma. Me haces cosquillas. —Reía, mientras trataba de alejarlo suavemente.

— Ven aquí. —La cargó entre sus brazos.

— ¡Sessh!

La besó ahogando sus palabras. Ella correspondió aquel beso con risas de por medio. La cargó hasta la habitación sin siquiera separar sus labios de los de ella. La dejó caer con suavidad sobre la cama entre caricias.

—Te amo. — Dijo Sesshomaru acercándola por la espalda.

Recorrió cada centímetro del cuerpo de la azabache dibujando un camino de besos sobre ella. Sus manos acompañan con caricias cada paso del camino. Era un tacto tan suave que hacía estremecer a su amante por completo.

Ella lo abrazaba con fuerza, acercando aún más sus cuerpos, parecía que jamás se liberaría de aquel agarre tan desenfrenado que la azabache mantenía.

— No tienes que sujetarme tan fuerte para dejarme sin aliento. Tu simple presencia me quita el aire.

— Tonto. —Dijo avergonzada mientras mordía juguetonamente la oreja del platinado.

— Caníbal. —Rió.

— Algún día me gustaría verte con el cabello corto, mi amor. —Le confesó mientras era cubierta por su larga cabellera. —Es tan sedosa. —Dijo entrelazado sus dedos en ella.

Lo sujetó del rostro acercándolo a sus labios. Mordía y besaba. Besos de esos que dejan sin aliento, pero con ganas de más.
Esa sensación punzante y placentera dentro de ella, era morir y renacer en una fracción de segundos. La humedad, el sudor de ambos. La fuerza con la que la sujetaba y la embestía. Los gemidos y gritos que invadían la habitación por completo en cuestión de nada. Y el cansancio con que los dos caían rendidos luego de una lucha entre cuerpos.
Todas esas sensaciones eran las que esperaba jamás olvidar, aunque se fuera, aunque la distancia se volviera un muro entre ambos.

— ¿Me extrañarás cuando me vaya? —Quiso saber.

— ¡Qué pregunta! —Dijo con ironía. — ¿Lo dudas? Viviré recordándote. Cada segundo de cada día.

— Prométeme que no estarás triste. Porque esto no es un adiós, es un...hasta luego.

— Un "hasta luego" de más de un año.

— Un año pasa volando. Antes de que te des cuenta ya volveré a estar aquí para molestarte. —Lo besó.

— Hablando de tiempo... no he visto a Inuyasha durante toda la semana. —Hubo un gran silencio. — ¿No has hablado con él?

— No.

— Pensé que tenían un compromiso juntos.

— ¿Sigues con eso? ¿Hasta cuándo Sesshomaru? Ya te dije que no iré a la bendita cena.

— ¿Qué piensas que él hará?

— No sé, pero al igual que yo espero que se quede en casa porque si no tendrá que cenar en ese lugar solo y sería muy lamentable la verdad. —Era definitivo, no iría.

— Escucharte hablar así me da hasta pena mi hermano.

— A esta altura ya sabemos bien cómo son las cosas. Prefiero hacer un paso al lado y dejar que las cosas se calmen entre los tres.

— Tienes razón, así estamos bien. Al menos hasta que te vayas.

— Shhhh. No lo menciones solo disfruta esto.

— Es verdad, es verdad. —Repitió casi en un susurro.

Viernes en la escuela.

— ¿Irás a tu cita con Inuyasha esta noche? —Preguntó la morena sonriendo.

— No es una cita y no. No pienso ir. —Cerró de un golpe su locker.

— Tranquila, mujer. Tampoco es para tanto.

— Intenté por las buenas, intenté ser su amiga, pero no funciona. Me equivoqué y lo acepto. Jamás debimos dormir juntos.

— ¿¡Tuviste sexo con Inuyasha?! —Sorprendida.

— ¿No te lo había dicho? Upss se me pasó, lo siento.

— No es algo que olvidas mencionar, mala amiga.

— Tal vez es algo que intento olvidar.

—Tiene fama de ser buen amante. —Dijo pensativa sonriendo.

— No quiero hablar de eso. —Insistió la azabache, aunque en el fondo le gustaba cotillear con su amiga.

— ¡Kagoooome! —Suplicó. Ella rió ante la insistencia de Sango. — Sólo contesta si o no. ¿Es apasionado, verdad?

Suspiró. —Tal vez.

— ¿Tal vez? —Arqueó ambas cejas.

— Está bien. — Confesó resignada. —Es su fuerte.

— Inuyasha parece un tipo salvajes. Una bestia. Argg

— ¡Sango! —Rió, mientras empujaba suavmente a la morena. Ambas rieron.

— ¿Quien saber moverse mejor?

— Eres una atrevida morbosa.

— Por favor... me vas a decir que no los comparaste ni un poquito. ¿Cuál de los dos es mejor en la cama? ¿El sexy y experimentado profesor, o el salvaje y atrevido hermano menor?

— No creo lo que oigo. Realmente no estarás esperando que responda a eso ¿o sí?

— ¡Claro que sí!

— Es imposible, ambos son muy diferentes.

— ¿En qué sentido?

— Sessh es tierno, amable, gentil, cada caricia me estremece la piel.

— ¿Pero?

— Pero Inuyasha... —Sonrió inconscientemente. —Él es un salvaje, en el buen. Fue agresivo y atrevido. No me mal entiendas, no es que lo prefiera, sólo digo que de vez en cuando, me gustaría que Sessh sea un poco más "brusco". ¿Me entiendes?

— Que mujer más ambiciosa. —Sonó la campana. Comenzaron a caminar hacia el aula. —Día y noche, resultaron ser los hermanitos.

Rió ante el comentario. —Prefiero la calidez del día. —Confesó sonriendo, mientras entraba al salón. Compartió una mirada con aquel cómplice de sus amores y se sentó en su lugar de siempre.

Luego de salir de la escuela Kagome se dirigió al café como de costumbre a cubrir su turno. Esa tarde la temática era "Del lejano Oeste" con vestidos de burdel, música pintoresca y mucho maquillaje. La jornada se pasó fugaz, había sido tanta la diversión de Kagome que había terminado agotada. Detuvo un taxi a la salida estaba demasiado cansada como para caminar o esperar el bus. No tardó mucho en llegar a su departamento. Se vistió con un short cómodo, una remera corta y sandalias bajas. Una noche tranquila de viernes con una cerveza en la mano y nada más en sus planes. A pesar de eso le fue imposible no mirar el reloj y pensar en Inuyasha en aquel restaurante solo. Eran 21:30 y una sensación de culpa comenzó a invadirle el pecho. La posibilidad de ir se cruzó por su mente, pero no. Había dicho que no iría y era su última palabra.

-21:45 Salió hasta la puerta de entrada del edificio a tomar aire.
-22:00 Volvió adentro y se sentó en el sofá.
-22:15 Intentó llamar a Sango sin éxito.
-22:30 Buscó una película en la TV.
-22:45 Su teléfono empezó a sonar. No se acercó ni siquiera para ver quien llamaba.
-23:00 Decidió hacerse un sándwich.
-23:30 Se reprendió a sí misma por no dejar de ver el reloj.
-23:45 Intentó buscar formas para disculparse.
-23:50 Se preguntó "¡¿por qué debería disculparse?!"
-23:59 Su celular volvió a sonar. Cogió el teléfono y contestó.

— ¡Sessh! —Dijo feliz de escuchar su voz.

— ¿Cómo estás?

— Mejor, ahora que te escucho.

— ¿Será que te arrepientes de no haber ido?

— Nada de eso.

— Te llamé hace una hora.

— Lo siento no podía contestar me estaba bañando. —Mintió. Había pensado que era Inuyasha quien llamó la primera vez.

— Como digas mi pequeña Pinocho.

— ¿Qué estás haciendo?

— Nada, esperando a que pase el tiempo.

— ¿Por qué?

— ¿Me dices la hora por favor?

La pregunta le pareció extraña. —Son las 12hs en punto de la noche. —Contestó viendo otra vez aquel dichoso reloj de pared.

— Perfecto, entonces dirígete a la puerta.

— ¿Qué? ¡¿Estás aquí?! —Preguntó con una sonrisa mientras corría hacia la puerta de entrada de su apartamento.

— No. —Contestó al mismo tiempo que ella abría la puerta.

— Me enviaste rosas... —Dijo al verlas al pie de su puerta. Se agachó para recoger aquel excepcional ramo de rosas multicolor que veía por primera vez en su vida.

— Son rosas arcoíris, fueron creadas a través de la inserción de un colorante especial en sus tallos. Sin únicas y hermosas...como tú.

— Yo... yo no tengo palabras. Son bellísimas, bellísimas Sessh. —Se apresuró a ponerlas en agua.

— Me alegra que te gusten, amor.

— ¿Puedo saber por qué el regalo? —Con una gran sonrisa.

— Antes tienes que salir al balcón.

Al instante que abrió la puerta que daba al balcón una fría brisa recorrió su cuerpo entero. —Al final si viniste... —Le sonrió desde la altura. Se acercó a la baranda de metal para poder verlo mejor. Aún no creía que él estuviera justo ahí, cuatro pisos más abajo en medio de la calle.

Colgó la llamada. — Kagome... ¡Feliz cumpleaños! — Gritó a todo pulmón.

— ¿Cómo lo haces?

— ¿Qué cosa?

— Hacerme tan feliz. —Una lágrima recorrió su mejilla derecha.

— ¡PORQUE TE AMO! —Gritó desde el medio de la calle.

— ¡Tonto! —Dijo sonriendo. —Despertarás a todos.

Rió mientras ella lo regañaba. — ¡Que se enteren!

Más tarde esa noche.

— Te dije que no me gusta festejar mi cumpleaños. —Le sirvió una taza de café.

— Yo no dije que estuviera de acuerdo con eso.

— Ya, bébelo y a tu casa rapidito.

— ¿De verdad me correrás a la calle como un perro con este frío?

— No exageres. Además usted señor perro... —Tocando su nariz con su dedo índice. —Ya tiene casa.

— Pero me gusta estar aquí. —La sujetó de la cintura haciéndola caer en su regazo. —Yo quiero quedarme contigo. —Le besó el cuello.

— Solo por hoy. — Aunque se hiciera la difícil estaba feliz de tenerlo a su lado. —Por cierto... ¿Por qué estas usando un traje? No me vas a decir que es por mí o ¿sí?

— Lamento decepcionarla señorita, pero el traje se debe a un compromiso anterior.

— Y se puede saber qué compromiso fue ese.

— Nada importante, una tontería.

Suspiró. —Ajá... —Se alejó de él. Lo haría arrepentirse por hacerse el misterioso. —Estoy considerando seriamente ir a ver a tu madre para que me enseñe su colección de juguetes. Ayúdame a hacer memoria, fusta, máscaras, cadenas, ropa comestible, ¿qué más dijo que tenía? —Sabía que a Sessh le incomodaban esas cosas.

— ¡No! ¡Eso no! —Se levantó para atraparla.

Corrió hacia el otro extremo de la habitación. —Te pondré un collar y caminarás en cuatro patas por mi habitación Sesshomaru. Ya me excita el solo pensarlo, corazón. —Dijo para molestarlo.

— Por ningún motivo dejaré que te acerques a la loca de mi madre. —Corrió por el apartamento hasta atraparla. La cargó sobre su hombro.

— ¡Bájame, tonto! —Golpeaba la espalda del platinado. — ¡Me secuestran! —Gritó en broma mientras entraban a la habitación.

Unas horas antes.

Dieron las diez de la noche cuando Inuyasha entendió que Kagome no llegaría al restaurante.

— No vendrá. —Sesshomaru que acababa de llegar se sentó a la mesa junto a su resignado hermano.

— ¿Vienes a restregarme tu victoria?

— Vine para que no pases vergüenza aquí solo. ¿Ya cenaste?

— ¿Qué te importa?

— Señorita, podría traernos dos Ratatouille y un vino rosado, por favor. —Se dirigió amablemente a la camarera.

— No me quedaré. — Anunció Inuyasha.

— No tienes nada mejor que hacer.

— ¿Qué es esto? Lo haces de lástima o te reconforta saber que ella no vino.

— Un poco de ambas.

— Me voy. —Se puso de pie para irse. No dejaría que su hermano lo humillase.

— Solo bromeaba idiota. Qué fácil es herir tu orgullo, Inuyasha.

— Tu compañía no es muy placentera que digamos. —Volvió a sentarse.

— Pero soy al único que tienes en este momento. Sigues resentido, pero admítelo...siempre supiste que Kagome no era para ti.

— Yo la amaba... —confesó.

— No, no lo creo.

— No necesito que me creas.

— Te pedí que te alejaras.

— Por tú culpa Kagome se enojó conmigo.

— Fueron tus errores. Debiste ser sincero con ella desde el comienzo, debiste mencionarle lo de Kikyo.

— Lidiaba con Kikyo a mi manera. No era fácil.

— Solo tienes excusas. Ya eres un hombre, asume las responsabilidades y consecuencias de tus actos.

— Já... claro, tú siempre tan maduro, hombre de bien. No me vengas con eso. Respóndeme una cosa... ¿Qué sentiste al saber que tu adorada protegida buscaba consuelo en mi cama? Te hirvió la sangre, estoy seguro. —Preguntó con una sonrisa arrogante.

— No lo negaré, pero tenía la seguridad de que ella volvería a mi lado. Kagome es una joven inexperta en la vida, tiene derecho a equivocarse. Tu solo hiciste que ella recordara una oscura etapa de su vida, no valía la pena sacrificar todo lo que ha conseguido para regresar al hoyo de donde salió.

— ¿Tan malo piensas que soy como para arruinar su futuro?

— No eres precisamente un ángel.

Rió. —Fue bueno mientras duró. En unos años se arrepentirá de elegir a un viejo como tú y no a mí.

— Este viejo aún tiene trucos bajo la manga, mocoso.

— Quiero ver si cuando vuelve de su viaje sigue interesada en ti.

— Ni yo puedo asegurar eso, pero si es el caso... le pediré que sea mi esposa.

— Si a estas alturas aún sigue contigo... — Lo interrumpió la mesera que llegaba para dejar la comida.

— ¿Decías...?

— Olvídalo.

— Como digas. Un brindis, Inuyasha. —levantó al aire su copa.

— ¿Por qué?

— Por ti, por mí, por ella.

Sonrió al mismo tiempo que acercaba su copa a la de Sesshomaru. — Que así sea. —Sonrió mientras ambas copas cochaban.

22:45hs pm

— La llamaré para decirle que estoy contigo. Estoy seguro que debe estar muriendo de la ansiedad. —Marcó el número de la azabache.

— ¿No te contesta? Tal vez está divirtiéndose con otro.

— Eso quisieras. —Colgó la llamada cuando lo direccionó al buzón.

— Mejor ni le digas... que sienta culpa. Hazme ese regalo.

— Puedo hacer eso por ti.

— Ya comienzas a caerme bien. —Dijo con sorna.

— Tú a mi también. —Volvieron a chocar sus copas y la se conversación se desvió a otro tema.

Continuará...