Capítulo 4

Desde las sombras

Como bien anticipó Conan, Heiji no pudo ignorar el hecho en sí y estuvo investigando por su cuenta a Nakamura, descubriendo unas cuantas cosas que comunicó él mismo al niño pocos días después.

-Bueno, Kudo, tengo novedades para ti acerca de tu mujer…

-Ah, bien, cuéntame…

-Para empezar, es ni más ni menos que la descendiente de un antiguo clan cercano al emperador de los tiempos del Período Sengoku, cuyo origen se remonta aún más atrás en el tiempo, del periodo Nara por lo menos.

-Vaya, interesante… entonces tiene que ser de allí sí o sí.

-Exactamente, nació en Nara, pero curiosamente creció en Osaka durante gran parte de su juventud, haciendo visitas esporádicas a Nara de vez en cuando. Su familia parece estar arraigada allí, pero sólo la visitan muy de cuando en cuando, en periodos extremadamente cortos de tiempo.

-Eso es raro ¿son de allí pero no se pasan por allí? Algo debía de haber entonces que les hicieran alejarse así sin más.

-Pues sí, al parecer sus familiares son destacados arqueólogos que buscan vestigios del Japón antiguo para, según ellos, restaurarlos y conservarlos, pero el caso es que apenas han encontrado gran cosa desde que comenzaron a buscar hace ya más de veinte años, y todo lo que han presentado desde entonces son pequeñas baratijas y poco más. Ellos argumentan que siguen buscando algo grande que nunca antes se había visto, pero el tiempo y la suerte no parece haberlos tratado muy bien.

Ante esa información el ceño del niño se frunció, pensando al respecto, aunque Heiji continuó su exposición.

-El caso es que Nakamura no siguió los pasos de sus padres volcados en la arqueología, interesándose más por la biología y sus derivados. Por lo que he podido averiguar, era una mujer inteligente que lo sacaba todo con notas altas y con menciones especiales por parte de sus profesores.

-Me cuadra, su tesis la aprobó con honores y una mención especial por parte del tribunal.

-Desde el punto de vista intelectual y académico es una mujer sin tacha, aunque desde el punto de vista social era más bien retraída, juntándose con muy pocas personas, y con las que lo hacía era por simple conveniencia. Según su expediente, protagonizó un desagradable encuentro entre varios chicos de su misma clase del cual no se recoge todo lo sucedido, pero se destaca su actitud chula y prepotente, con algunas frases recogidas que bien lo atestiguan.

-¿Por ejemplo?

-Pues mira, hay perlas como: vosotros no me llegáis ni a la suela de los zapatos ni aunque lo intentarais con todas vuestras fuerzas, o también: soy mejor que todos vosotros por derecho divino, el padre del entendimiento me guía, y vosotros estáis perdidos sin nadie que os rija. Qué tía más prepotente…

Sin embargo la mente de Conan saltó en la segunda frase, notando algo extraño que le dijo que era clave para entender toda esa cuestión.

-Espera un momento ¿padre del entendimiento? ¿Realmente dijo eso?

-Según esto, sí, lo dijo alto y claro… ¿a qué se refería exactamente?

-Es un llamado que los templarios realizan en sus comunicados, me lo explicó Shiho. No se sabe a ciencia cierta a quién proclaman cada vez que lo dicen, se especula que tenga vinculación directa con Baphomet, una deidad pagana con la que Clemente V aprovechó para excomulgarles y acabar con ellos como organización, disolviéndose oficialmente.

-Oh, vamos ¿todavía sigues con eso? No he visto nada anormal en todo lo que he averiguado, y a algunas cosas me ha costado lo suyo llegar, he tenido que mover unos cuantos hilos con mi padre y sus contactos en la central…

-¿Y eso no te choca? Si has sido profesional en todo momento, habrás dicho que se trata de una sospechosa potencial de algún caso sin resolver y eso te hubiera puesto las cosas fáciles desde el primer minuto…

-¡Pues claro que lo he hecho! ¿Por quién me tomas? Sí es verdad que ha sido un poco raro, pero al final lo he conseguido…

-Y en siendo raro ¿no te ha chocado como tal? Seguro que te han puesto más de una pega tratándose de quién se trata…

-Pues… sí, pero… vale, Kudo, tiempo muerto ¿quién es esta tía exactamente, por qué tanta inquina para con ella?

-Porque muy seguramente sea la Gran Maestre de Japón y una de las mentes detrás de un proyecto secreto que puede que nos ayude a recuperar nuestros cuerpos. Si no fuera por eso, ni me molestaría, pero dado que es la única posibilidad real de recuperar nuestra forma verdadera, me interesa saber más al respecto.

Ante eso Heiji dejó escapar un seco respingo, murmurando de seguido.

-Joder, Kudo, te das cuenta de que suenas como un loco conspiracionista ¿verdad?

-Lo sé, pero nada más lejos de la realidad, esto es más serio de lo que aparenta. En serio, Hattori, independientemente de que me creas o no necesito que me ayudes con esto, yo sólo no voy a poder y hay muy pocos hilos de los que tirar. Es la única manera de que Shiho y yo volvamos a ser los de siempre, no hay antídoto. Por favor…

Ante las súplicas de su amigo del este, el detective del oeste terminó de ceder, murmurando de seguido.

-Está bien, está bien, veré lo que puedo hacer… pero Abstergo… va a ser difícil.

-Lo sé, es por eso por lo que necesito todo el apoyo posible. Aquí en Tokio va a ser muy complicado averiguar nada, pero tal vez, si tiramos de otros hilos externos, podamos sonsacar algo.

-Está bien, veré a quién puedo acudir… vamos hablando, señor templario.

-Ja, ja, qué gracioso… nos vemos.


Mientras tanto, en un almacén abandonado en la inmensidad del puerto de Tokio, varias personas vestidas de negro preparaban oscuros planes.

-Bien ¿ya sabemos entonces a quién tenemos que despachar?-inquirió una de ellas, una mujer de pelo corto y con maquillaje gótico de lo más marcado.

-Tu objetivo es un trabajador de Abstergo que responde al nombre de Watabe Kobe, he estado trasteando en sus archivos hasta encontrarlo, aquí tienes una foto del susodicho-murmuró Gin, dándole una imagen de archivo del mismo.

-Bien, aunque… ¿por qué Korn no ha venido conmigo hoy?-inquirió ella, con el ceño fruncido.

-No hacen falta dos para este trabajo, contigo es más que suficiente, Chianti, no hay más que hablar-murmuró Gin, cortante.

-Está bien… ¿y qué hace ella aquí si se puede saber?-inquirió la susodicha, mirando a otra mujer de pelo rubio pálido intenso y con rulos y ojos claros intensos y hechizantes.

-Está aquí para coordinar la operación, si no te gusta se lo puedes decir tú misma a Nakamura… mal rayo la parta-escupió Gin, con ojos encendidos.

-¿Qué pasa, Chianti, aún no me perdonas lo que pasó con Calvados? Qué rencorosa eres, hace ya mil de eso…

-¡Pues claro que no te lo perdono! ¡Que te den, Vermouth!

Frente a eso la mujer tan solo esbozó una cínica sonrisa, a lo que Chianti quiso lanzarse sobre ella, pero Gin cortó la inminente pelea sacando su pistola.

-Suficiente, ya basta de tonterías. Hemos venido a hacer esto lo más rápidamente posible para así volver a nuestras vidas, así que deja estar las chorradas, Chianti, primer y último aviso.

La aludida tuvo que comerse su rabia, inquiriendo acto seguido.

-Muy bien ¿cuál es el plan entonces?

-Es bien simple, el objetivo sale a hacer footing todas las mañanas por el parque de Ueno, tiene una marcada rutina y se sienta a descansar tras una hora corriendo en un banco enfrente del lago. Chianti, tú te apostarás en el edificio contiguo más cercano, éste de aquí, deberías verle sentarse en torno a las doce del mediodía-indicó Gin, señalando en un mapa metropolitano de la ciudad.

-Muy bien… ¿y tú?

-Estaré junto con Vodka en el coche supervisando la operación.

-Ya… ¿y ella?-inquirió Chianti, señalando a Vermouth sin mirarla.

-Vigilará las cercanías para asegurar que el objetivo está en el lugar a las horas convenidas, en el caso de que hubiera algún imprevisto avisaría o actuaría para asegurar el plan ¿comprendido?

-Sí… más sencillo imposible.

-Exactamente, haremos esto ya, quiero olvidarme de que se trata de un encargo proveniente de esa chusma.

Nadie dijo nada al respecto, estando de acuerdo con Gin en ese sentido. Todo lo proveniente de esa chusma, como él bien decía, siempre era un inconveniente y derroche de recursos por su parte. Por lo que cuanto antes se lo pudieran quitar de encima, mejor.


Por su parte Ai no descansaba, y Dai tampoco; habían estado intensificando tanto sus guardias como sus vigilancias, tratando de rastrear posibles objetivos templarios o bien gente que les pudiera proporcionar información desde dentro, pero estaba resultando ser una tarea de lo más compleja.

Para empezar, lo poco que sabían de Abstergo en Japón se limitaba a la información que les llegaba del Altaïr II, la sede móvil de la hermandad que navega por todo el mundo; durante su estancia en Japón en 2013 ayudó a reconstruir a la maltrecha hermandad asesina japonesa de Osaka, proporcionándoles toda la información que tenían en ese momento. Fue así como conocieron a Nakamura, centrando todos sus esfuerzos en darla alcance como fuera como represalia por todas las vidas perdidas.

Esa misma mañana, en Taitô, se encontraban en una de las tantas azoteas de los edificios colindantes a un espacioso parque, vigilando posibles objetivos e informadores de los que poder sacar una pista, por pequeña que fuera, sobre cómo iba el proyecto de recreación del sudario del Edén.

-¿Alguna novedad?-inquirió ella, sin despegar los ojos de los prismáticos.

-Por parte de este tal Ueda, nada de nada, tiene el sello puesto y dudo mucho que se lo podamos quitar así como así… ¿y tú? ¿Te dice algo esa mujer?

-Qué va, casi mejor que la descartemos, dudo mucho que consigamos algún tipo de permiso de una simple mujer de la limpieza.

-No subestimes lo simple, a veces es lo más efectivo… que por cierto Miyano ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en clase?-inquirió en ese momento Dai, divertido.

-Na, paso, he preferido hacer pellas y venirme aquí a hacer reconocimiento de posibles objetivos. Y para hacerte compañía, para que no estés tan solito-añadió ella, esbozando una sonrisita sagaz.

-Bueno, yo sólo me sobro y me basto, pero si insistes…

Ante eso la niña no dijo nada, posando su mirada en una ventana aledaña mientras escaneaba el lugar con sus prismáticos, unos muy avanzados capaces de escanear el lugar telemáticamente en busca de códigos de seguridad y otros caracteres alfanuméricos; la capacidad tecnológica de la hermandad iba mejorando poco a poco, teniendo a varios agentes en todo el mundo trabajando para mejorar ese aspecto en el que siempre han estado bastante flojos en comparación con Abstergo.

-Sigo preguntándome cómo lo haces…-comentó Dai en ese momento.

-¿El qué?

-El pasar desapercibida aun a pesar de tu tamaño. Cualquiera que viera una niña sola sin alguien que la vigile sospecharía e incluso se preocuparía, pero tú consigues pasar desapercibida como si ignoraras el detalle. Consigues convertir un potencial inconveniente en una gran ventaja.

Ante eso la niña tan sólo sonrió con cierto deje de orgullo en su mirada, murmurando acto seguido.

-Ya sabes cómo se hace, después de todo recibimos el mismo entrenamiento…

-Ya, pero a diferencia de ti yo soy un adulto y me puedo mimetizar mejor con el ambiente, en cambio tú, y aun a pesar de tu diferencia de tamaño, consigues pasar desapercibida. En serio, no me lo explico…

-Bueno, algún día puede que te explique cómo lo hago, no te comas mucho la cabeza…

-Qué labia… ¿cómo va tu detective a todo esto?-inquirió Dai, cambiando de tema.

-Ahí va, sigue investigando, en cuando tenga algo me avisará y compartirá lo que tiene con nosotros, no te preocupes, es muy suyo pero es de fiar.

-Sí, ya vi que de ego andaba un poco subidito, pero mientras no nos comprometa, no me quejaré…

Ante eso la niña esbozó una sonrisita, yendo a comentar algo al respecto, sin embargo en ese momento pudo notar una sensación ya casi olvidada que la puso en alerta enseguida. En otros tiempos el sólo hecho de sentirla la inundaba de inseguridad y miedo, paralizándola y dejándola débil e impedida, pero después de todo el entrenamiento tanto físico como mental en la hermandad, había aprendido a dominar todos esos sentimientos, superando en ese sentido el miedo. Ahora tan sólo era una señal de aviso más de su mente. Y, como tal, la puso en alerta enseguida.

-Están aquí-anunció con voz seca y gesto extremadamente serio.

-¿Qué?

-Son ellos, están aquí…

-¿A qué te…? Espera, si son quienes creo que son, entonces…

-Sí… deben estar detrás de alguien que nos puede ayudar.

Nada más decirlo los dos se pusieron en movimiento, resguardándose bien, y comenzando a peinar las colindancias en busca de algo o alguien extraño o fuera de lugar. Al cabo de unos largos e interminables minutos, Ai vio a alguien apostado en un edificio que encaraba el parque Ueno. Hizo todo el zoom posible y entonces la vio.

-Chianti…-masculló la niña, entre dientes.

-¿Lo tienes? ¿Dónde?

-Allí, en ese edificio, está en posición de disparo con su rifle, por lo que debe de estar apuntando a un muy posible objetivo.

-Ya veo, el parque…-murmuró Dai, entrecerrando los ojos.

-Ve tú, yo me ocupo de ella, debemos hacer esto ya mismo antes de que se salgan con la suya.

Sin decir nada más dejó los prismáticos tras observar un poco más el edificio en el que se encontraba, se encaramó al borde del suyo, cerró los ojos y saltó. La caída duró mucho menos de lo que ella misma sintió, aunque ya estaba acostumbrada a la sensación de vacío en su estómago. Frenó en seco cuando aterrizó sobre el camión lleno de cajas y corchopán que llevaba aparcado ahí toda la mañana, saliendo de forma sibilina y echando a correr con la capucha echada hacia el edificio en el que Chianti estaba apostada.

Aunque caminando despacio era capaz de mantener su presencia a raya, no era lo mismo en esa situación, llamando la atención de muchas personas, pero a la velocidad que iba y esquivando a la gente sin apenas tocarla, no les daba tiempo a preguntarse quién era esa niña y a dónde iba sola.

Llegó finalmente al edificio donde Chianti estaba apostada y lo rodeó, buscando algún callejón interior que la ocultara de la vista hasta encontrarlo; se metió de lleno en él y vio entonces en una esquina varios contenedores de basura, con varios de ellos abiertos, al lado de un canalón. Corrió un poco más rápido y, aprovechando el impulso, comenzó a hacer parkour y, con dos saltos, comenzó a ascender por la fachada interior sin que nadie la viera. Su entrenamiento la había otorgado una velocidad y una flexibilidad notables, siendo capaz de hacer movimientos que nunca antes hubiera creído posibles, además, al ser tan pequeña podía moverse más holgadamente y pasar desapercibida mientras lo hacía, lo que la confería gran ventaja a la hora de infiltrarse en cualquier sitio sin hacer nada de ruido. Buscaba en todo momento puntos de apoyo que la permitieran seguir ascendiendo sin romper el ritmo, aprovechando sobre todo las repisas de las ventanas, los barrotes de las terrazas o los canalones que a veces recorrían las paredes, además de cables y tomas de corriente aisladas para evitar calambrazos.

Con una rapidez y movilidad envidiables, alcanzó la azotea en poco menos de cinco minutos, subiendo por el acceso superior a la misma y quedándose quieta y medio agachada durante unos ínfimos segundos. Justo delante de ella, y tumbada boca abajo asiendo el rifle y con la foto de un hombre a mano, Chianti estaba lista para disparar, llegando a murmurar a su transmisor.

-Lo veo, se dirige hacia el banco, esperaré a que se siente.

Al oír esto, la niña alzó la cabeza y miró hacia el parque, viendo a Dai moverse entre las ramas de los árboles tratando de localizar al posible objetivo; había demasiada gente y todo se veía muy pequeño desde allí, por lo que debía actuar ya. Fue en ese momento cuando Chianti anunció.

-Lo tengo en la mira, disparo.

Sin pensárselo más, se lanzó sobre ella cual gacela; cayó sobre su espalda, sobresaltándola, la asió la cabeza fuertemente con sus manos y, con un solo movimiento, hundió la hoja oculta en su garganta. La mujer de negro quiso gritar, pero se encontró con que no podía emitir sonido alguno. Ai se reincorporó de un salto, dándola la vuelta y cayéndosele el transmisor en el proceso. La mirada de dolor intenso de Chianti se transformó al ver quién la había hecho eso, acrecentándose un poco más en cuanto la niña se quitó la capucha mirándola con ojos fríos y asesinos, deseándola la peor de las muertes. Los labios de la mujer de negro se movieron en silencio, sin poder emitir sonido alguno, pero ella supo al instante lo que decían: Sherry. Finalmente no pudo más y, ahogándose en su propia sangre, puso los ojos en blanco y expiró. Una vez hecho, sacó un pañuelo de su sudadera y lo manchó con su sangre, doblándolo cuidadosamente y guardándoselo de nuevo.

En ese momento, una voz fría y muy familiar para ella la sobresaltó, proveniente del transmisor que llevaba.

-Chianti, qué pasa ¿estás ahí? ¿Por qué no has disparado? Responde…

Ai cogió el aparato y se lo llevó a la boca, con intención de hablar, pero entonces se lo pensó mejor y guardó silencio, regodeándose con la situación. Por su parte, Gin insistió.

-Chianti ¿eres tú? ¿A qué demonios juegas? ¡Dispara ya!

Miró el transmisor con furia asesina, apretándolo con fuerza hasta finalmente romperlo, cortando la comunicación y tirando los pedazos al suelo. Vio entonces la foto del objetivo y la cogió, esbozando una sonrisa. Estaban de suerte, fuera quien fuera ese hombre seguro que tenía información al respecto.

-Muy bien hecho, Sherry. Una determinación fría y digna de una Asesina. Me sorprendes, a decir verdad.

Esa súbita voz no cogió desprevenida a la aludida, la cual tan solo se guardó la fotografía al tiempo que murmuraba.

-Aprendí de los mejores, que además me enseñaron a diferenciar el acto en sí de la verdadera esencia. Después de todo si matamos lo hacemos por razones muy diferentes. En ese sentido somos muy parecidas.

-Exactamente, very good, no me esperaba menos de una asesina y mujer como yo…

-No te confundas, Vermouth ¿quieres saber cuál es la ligera diferencia?-inquirió Ai, rápidamente.

-¿Oh, y cuál es?

-Nosotros matamos a quien se lo merece por un bien mayor, mientras que vosotros tan sólo obedecéis sin rechistar lo que os mandan aquellos que nos quieren arrebatar nuestra libertad.

Ante eso Vermouth se la quedó mirando, con sonrisa burlona, hasta que finalmente no pudo más y se rió abiertamente; ante eso Ai la miró ceñuda, inquiriendo de seguido.

-¿Te parece gracioso? Vosotros me lo quitasteis todo, incluso mi identidad y mi voluntad. Ahora es diferente. La hermandad me ha ayudado a recuperarlo. Y ella tan sólo es el principio.

-Oh, oh, perdona, querida, no me reía por eso, es sólo que no te pega tan férreos y feroces ideales en un cuerpo tan pequeño. Pero está bien, Sherry, después de todo te veo distinta, y a decir verdad me gusta tu aspecto, pareces otra.

-Me halagan tus palabras, Vermouth, pero como ya te he dicho, esto sólo es el principio, y tú por el momento no entras en los planes de hoy. Espero que sigas conservando tu palabra, eso sí…-la recordó con gesto gélido.

-Oh, no te preocupes por eso, después de todo es entre el cool kid y yo. Por mi parte se refiere, me gustaría saber hasta dónde llegará todo esto, me muero de la curiosidad…

Ante eso la niña tan solo sonrió dejadamente, dirigiéndose a una esquina del edificio siendo seguida con la mirada por Vermouth, la cual no parecía tener intención alguna de detenerla. En ese momento llamaron a la mujer de negro, atendiendo a la llamada rápidamente.

-Ah, hola Gin, eres tú… ¿Que qué ha pasado con Chianti? No lo sé, estoy vigilando a ras de suelo, si quieres puedo acercarme y comprobarlo… está bien, voy para allá, te espero.

Tras eso colgó y se dirigió a Ai comentando.

-Parece que ya viene el lobo feroz…

-Pues el cazador se marcha, al menos por el momento, pero tranquila, ya me encargaré de ese lobo cuando llegue el momento-murmuró la niña con voz queda, subiéndose al murete de la azotea en la esquina contigua a la que estaba Chianti.

Vermouth y Shiho se miraron fijamente, diciéndoselo todo en nada, hasta que finalmente la niña cerró los ojos y saltó; por su parte la mujer de negro la observó desde el borde salir del contenedor donde cayó sin un rasguño y perdiéndose entre la multitud que caminaba por allí rápidamente. Esbozó entonces una somera sonrisita, murmurando para sí misma.

-Ahora ya no sólo hay una bala de plata, sino una hoja oculta brillante acechando desde las sombras… esto se va a poner muy interesante.

Tras eso volvió por donde vino para aparentar normalidad y reunirse con Gin a pocos metros de allí; mientras tanto, en el parque Ueno, el objetivo fallido salía del mismo acompañado de alguien más y perdiéndose entre la multitud e inmensidad de Tokio.


¡Y continuamos con el Credo del detective! Estoy especialmente inspirado, y la historia se va desarrollando poco a poco, con la primera caza de Shiho aprovechando los acontecimientos del anterior capítulo; evidentemente esto sacudirá con fuerza al entramado interno de la organización, la cual tendrá bastante presencia a lo largo y ancho de toda la historia, repercutiendo en futuros acontecimientos. Muy seguramente mantendré dos hilos conductores para la historia, los cuales convergerán en momentos concretos en los que también irán pasando muchas cosas. Voy a tratar añadir toda la información posible tanto por parte de Detective Conan y de Assassin's Creed, así que si hay alguien que no conozca algo de alguna franquicia o de ninguna incluso, pueda estar situado en todo momento.

Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!