— ¡Último día de clases, Kagome! —Gritó eufórica la morena al llegar a la escuela y encontrarse con su amiga.

— Es difícil de creer.

— ¡Hay que celebrar! Organizaré una salida con el resto.

— Avísame si quedan en algo.

— Sin duda. —Sonrió. — ¡Mira! —Hizo una seña con la cabeza para que Kagome mirase.

— Que grupo ese... —Dijo viendo cómo se acercaban Inuyasha, Miroku, Koga y... Bankotsu. — ¿¡Bankotsu?! —Dijo sorprendida al verlo.

Él no dudó en abalanzarse sobre ella abrazándola. —Quería tanto verte, Kagome.

— Bueno... bueno. —Palmeó su espalda un poco incómoda ¿un poco? Bueno muuuy incómoda. Todos los estaban viendo.

— ¡Ya basta, Bankotsu! —Lo alejó Inuyasha tirando de su camisa.

— No hace falta ni preguntar si se conocen, es obvio. —Dijo Sango.

— Somos viejos amigos. —Explicó la azabache. — ¿Pero qué haces por aquí?

— Te lo dije. Me cambié de instituto, esta es mi nueva escuela. Empiezo el año próximo. —Sonrió feliz.

— Já. Idiota. —Susurró el peliplata.

— Si no fuera porque Kagome deja el colegio este año apostaría que te inscribiste aquí por ella. —Comentó Sango, destruyendo las ilusiones de Bankotsu.

— ¡¿Cómo que deja la escuela?!

— Conseguí una beca y me voy a estudiar al extranjero. —Dijo apenada. —A Italia.

— Bueno eso está más difícil. ¿Cuánto me saldrá un pasaje a Italia? —Todos rieron. —Es una pena que te vayas, tantas ilusiones que tenía. Pero cambiando de tema... ¿y tu novio?

Tanto Sango, como Kagome e Inuyasha se miraron preocupados. Miroku y Koga estaban presentes y no sabían nada de la relación que mantenía la azabache con su profesor.

— Él entiende que es mi decisión. —Sonrió falsamente. — ¿Y si mejor te mostramos la escuela?

— Si tú eres quien me guía, con gusto.

— Pero si acabamos de hacer eso. —Refutó indignado Inuyasha.

— Cierto, que pena.

— Chicos estaba pensando en organizar algo esta noche. ¿Se suman?

— No lo preguntes dos veces. —La apoyó Koga. — ¿Qué dices Miroku?

— Yo también voy. —Se sumó Inuyasha.

— No vendría mal. —Respondió Miroku.

— Puedes venir también si quieres Bankotsu. —Lo invitó la morena.

— Gracias... y yo que pensaba colarme. —Luciendo su sonrisa reluciente.

La azabache logró separarse del grupo mientras Sango seguía organizando la fiesta. Inuyasha y el resto continuaban mostrándole el colegio a su nuevo compañero.

En el aula.

— Era de esperarse que sigas aquí. —Le dijo a la única persona allí presente.

— No te esperaba. —Confesó Sesshomaru.

— Ya suelta esas cosas y vamos a casa. Las clases terminaron. —Se acercó a su escritorio.

— Para ti tal vez. Yo debo organizarme para los periodos de recuperación y mesas de exámenes que siguen.

— Debe ser molesto.

— Un poco ¿tú que harás ahora?

— Iremos a una fiesta con los chicos. —Comenzó a masajear los hombros de Sessh. — Pero mira que tenso estás...

Se relajó dejando que las milagrosas manos de Kagome lo aliviaran. — ¿Dónde será la fiesta?

— No lo sé aún. Sango organiza todo.

— Ten cuidado y no bebas demasiado, por favor.

— Claro. —Rió y se puso delante de él para robarle un beso.

— Aquí no.

— Ya no queda nadie en el colegio. —Lo sujetó de la nuca, evitando que se alejara. No se necesitó insistir más para convencerlo, Kagome tenía la capacidad de volverlo loco en un segundo. La envolvió entre sus brazos. —Vamos al armario. —Sugirió entre suspiros y besos.

A unos metros de ellos se encontraba un pequeño closet que en épocas de frío servía para guardar los abrigos de los estudiantes. Ambos avanzaron entre los pupitres hasta llegar al fondo del salón. Kagome pasó sus manos por detrás del cuello del platinado y enredó sus piernas a su cintura. El pequeño salto que dio hizo que Sesshomaru perdiera el equilibrio y ambos cayeran al suelo.

— ¿Estás bien? —Preguntó entre risa la azabache encima de él.

— Si me sigues aplastando... no por mucho. —Le sonrió.

— Idiota. —Lo besó. — ¿Eres consciente de que esta será la última vez que estemos juntos aquí?

Suspiró. — Lo sé. ¿Te arrepientes de abandonarme? Admítelo, me extrañarás demasiado. —Dijo arrogante para molestar a la muchacha.

— Puede que tengas razón... —Volvió a besarlo, pero esta vez parte de su tristeza se transmitió en ese suave tacto compartido. Su tiempo juntos se agotaba.

Horas más tarde.

Sango llevaba un buen rato buscando a su amiga para darle las nuevas noticias de la fiesta, sin embargo no había podido dar con ella hasta minutos antes de desistir de su búsqueda.

— ¿Se puede saber dónde estabas? Llevo un rato buscándote.

— Me entretuve por ahí... —Rió por sus adentros.

— Mejor ni me expliques. —La sujetó de la mano y comenzó a caminar.

— Cálmate, Sango. —Restándole importancia al apuro de la morena.

— Já, ya veo porque estás tan llena de paz y amor. Ojalá todos tuviéramos tu suerte. La próxima dile a tu acompañante que evite dejarte chupones en el cuello.

— ¿Tengo marcas? —Dijo tocando su cuello preocupada.

— Ni intentes esconderlos. —Rió y apresuró más el paso.

Ya por la noche, todos los del salón se encontraban juntos, festejando, incluyendo a Bankotsu.
Sango por otra parte, aun intentaba hacer que su amiga entrase por la puerta, ya que se había negado a presentarse luego de ponerse a la fuerza la ropa que la morena le había dado. Un vestido corto rojo y unos zapatos de tacón de la altura perfecta.

— Voy demasiado arreglada amiga, pensé que era algo más informal.

— Estás preciosa. Me costó peinarte y maquillarte, así que entra de una vez

— ¡Pero Sangooooo!

— Shhh basta. —Se detuvo frente a ella y la sujetó de los hombros. — Kagome esta será la última vez que estemos todos juntos. Voy a entrar y te estaré esperando del otro lado ¿entendiste?

Sango atravesó la puerta, no sin antes mirar a su amiga con cara de asesina serial. Kagome hizo tronar los dedos de ambas manos y se preparó para entrar.
Aunque pocos la habían visto con algo que no fuera su uniforme escolar, estaba segura de que pasaría desapercibida entre todos o eso creía. Apenas atravesó la puerta todos gritaron "¡Sorpresa!" asustándola. No solo era una fiesta de fin de año, sino también, una despedida para ella. No pudo evitar llorar ante la emoción, la primera en consolarla fue su amiga, seguida por Bankotsu que fue alejado por Inuyasha al corto tiempo. Luego de una lluvia de emociones todos se relajaron y se dejaron llevar por la música, la comida y el alcohol. Sumado al show de láseres que Sango había contratado. Ya cansada de tanto bailar, Kagome se dejó caer rendida en un pequeño sillón alejado de todo el bullicio.

— ¿Ya te cansaste? —Preguntó Inuyasha con una sonrisa, al mismo tiempo que se sentaba junto a ella.

— Los zapatos de Sango me están matando. —Se quejó, mientras se los sacaba.

— Valió la pena haberte visto con ellos... y ese vestido. —La miró de pies a cabeza.

— ¡Inuyasha! —Lo golpeó.

— No dije nada malo. Solo que te ves bien. —Se encogió de hombros.

— Sí, pero esa mirada no era necesaria.

— Hay formas y formas de decir las cosas, un gesto dice más que mil palabras. —Rió.

— Imbécil. —Cambió de tema. —Veo que te llevas bien con tus nuevos amigos.

— ¿Miroku y Koga? Fue lo mejor que encontré.

— ¡Que malo! —Rieron. —Y Bankotsu. —Agregó Kagome.

— Pero a él ya lo conocía de mi viejo instituto, siempre fue mi "amigo". Pero y ¿tú?

— ¿Yo, qué?

— ¿De dónde se conocen?

— Larga historia.

— ¿Eso significa que no me dirás nada?

— Ajá. —Se levantó del sofá. —Volveré con Sango.

— Yo voy contigo, tengo algo que preguntarle. —La siguió.

En el camino se cruzaron con Bankotsu que aseguró haber estado buscando a Kagome.

— ¿Qué ocurre? — Interrogó la azabache.

— ¿Y tu novio? Lo he estado buscando para devolverle el favor. —Dijo con una sonrisa diabólica.

— Él no está aquí. —Le aseguró, Kagome.

— Pensé que iban a la misma escuela.

Inuyasha volteó para que no notaran su expresión llena de ironía.

— Algo así, pero no cómo crees. Y será mejor que no menciones más el asunto por aquí, pocos saben que salgo con alguien y preferiría que se mantuviera en secreto.

— Si eso quieres.

— Gracias.

— ¿Podemos seguir? —Insistió el peliplata, impaciente.

— Sí. En otra ocasión seguimos hablando, nos vemos Ban. —Se despidió del moreno.

~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~

— ¿Chicos donde andaban? —Interrogó Sango, que al parecer también buscaba a Kagome.

— Descansando mis pies.

— Oye Inuyasha, será mejor que controles a tu amigo Miroku. He recibido más de mil quejas. Si tú no haces nada con él yo misma me encargaré.

— Suerte entonces...

— No esperaba que dijeras eso. Bien, le pondré un alto a ese pervertido libidinoso.

— Sango... —La detuvo antes de que saliera en su misión. —Yo regresaré a casa ahora.

— ¿Estás loca? La verdadera fiesta ni siquiera empieza, querida.

— Mañana temprano tengo que ir a recoger mi pasaporte.

— Pero Kagome...

— Dales a todos las gracias y mis saludos. —Besó en la mejilla de su amiga con la intención plena de irse.

— ¡Kagome no te vayas! —Insistió una vez más.

— ¡Lo siento y disfruta! Mañana te llamo. —Comenzó a alejarse en dirección a la salida.

— Odio cuando hace eso. —Se quejó la morena.

— Iré con ella. —Intentó correr detrás de Kagome pero Sango lo detuvo.

— Noo, eso no. Tú te quedas aquí.

— Sango... —Dijo Inuyasha viendo como la azabache se alejaba de su vista.

— Si quiere irse, que se vaya. Déjala en paz.

— ¿Con quién me divertiré ahora? Más te vale presentarme a alguien.

— Conozco a la persona perfecta. —Ambos comenzaron a caminar en sentido opuesto a Kagome. Aun así Inuyasha no pudo evitar voltear a mirar hacia atrás, aún sabiendo que ella ya no estaba allí.

Afuera del salón, un rato después.

— Gracias por venir por mí.—Sesshomaru había ido a buscarla.

— Te dejaré en tu casa y mañana te recojo para buscar el pasaporte.

— No tienes que hacerlo puedo tomar el metro o el bus.

— Si me tienes a mí ¿por qué harias eso?

— ¿Seguro que no estás ocupado?

— Quiero pasar el mayor tiempo posible contigo antes de que te vayas.

— Entonces quédate en mi casa hoy. —Acarició su mano. La miró sin responder, era un sí asegurado.

Los días pasaban más rápido de lo que ambos querían. La melancolía que provocaba la maleta que de a poco se llenaba con la ropa y cosas de Kagome era una clara señal de que todo estaba por terminar. La mañana del viaje llegó y la azabache junto a sus nuevos compañeros becados esperaba para abordar. Su madre, Sango, Inuyasha y Sesshomaru estaban junto a ella.
La delegada institucional del viaje dio la señal y uno a uno todos comenzaron a subir al avión.

— Es mi turno —Dijo al escuchar que la llamaban. Comenzó a llorar. Su madre la abrazó.

— Sé fuerte hija, si esto es lo que quieres, sonríe. —Secó sus lágrimas.

Kagome se acercó a Inuyasha y Sango, y los abrazó con fuerza al mismo tiempo. —Los extrañaré. No dejen de escribirme.

— Cuenta con ello, Ángel. —Aseguró Inuyasha.

— Te voy a llamar cada día. —Le dijo Sango mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.

Finalmente se acercó a Sessh. — Te amo. —Dijo antes de abrazarlo.

— Y yo te amo a ti, princesa.

— Te extrañaré un montón. —Enterró su mirada húmeda en el perfumado cuello del ambarino.

— Señorita Higurashi este es su último aviso. — Insistió la coordinadora del viaje.

— Ya tengo que irme. —Dijo amargamente. Se separó para verlo a los a ojos. —Nos veremos en un año ¡Espérame! —Lo besó y salió corriendo hacia la plataforma de abordaje. Volteó por última vez para guardar el recuerdo de sus seres queridos.— ¡Los amo! ¡Nos volveremos a ver!

Y con esas últimas palabras, su pequeña figura se adentró a la inmensa máquina voladora. Una nueva aventura la esperaba.

Continuará...