Capítulo 5

Inaceptable

Esa mañana todo era algarabía y nervios a flor de piel en el cuartel general de la organización; y no era para menos, puesto que un distinguido miembro, además de las mejores tiradoras de su división, había sido asesinada. La noticia corrió como la pólvora y su compañero, Korn, estaba particularmente rabioso por los acontecimientos. Parecía que iba a estallar en cualquier momento.

-¿¡Quién ha sido?! ¿¡Quién coño ha sido?! ¡Exijo una respuesta, maldita sea!

-Cálmate, Korn, todavía no sabemos lo que ha pasado, no hay ni una sola pista al respecto-murmuró Gin, con gesto calmado.

-¿¡Cómo que no?! ¡Fueron esos malditos asesinos de la capucha! ¿¡No?! ¡La garganta rajada! ¡Mirad lo que nos ha hecho juntarnos con esta chusma! ¡Ahora somos el blanco de esa gente!

Muchos otros agentes que estaban allí compartieron su inquietud alzando un gran murmullo por toda la habitación; el único que no se mostró nervioso al respecto fue Gin, el cual miraba hacia delante con gesto pensativo al tiempo que murmuraba.

-Ya lo sé…

-¿¡Lo sabes?! ¿¡Y estás tan tranquilo ahí, sentado sin hacer nada?!

Como respuesta el hombre de negro miró a su compañero con una gélida mirada que achantó al tirador enseguida, el cual comenzó a arrepentirse de haberle gritado de esa forma; en un momento dado, Gin cortó el murmullo dando un manotazo a la mesa, al tiempo que mascullaba.

-Ya basta, Korn. Todos aquí sabemos lo que ha pasado, ha sido una gran pérdida, y por descontado haremos algo al respecto. Pero hasta que el jefe no se pronuncie, aquí nadie hará nada ¿entendido?

Tanto el aludido como el resto de agentes se quedaron callados, sin decir nada al respecto; Vermouth, sentada cerca de Gin, esbozó una somera sonrisita.

-Y exactamente por eso eres de mis mejores hombres, Gin. Porque antepones mis órdenes a cualquier otra cosa. Así me gusta.

Esa cascada voz puso en alerta a todo el mundo, cuadrándose en sus asientos y subiendo la mirada; en una pantalla en la pared que lideraba la alargada mesa, apareció una figura envuelta en sombras y coronada por la silueta ladeada y circular de un gran cuervo, mirando a todo el mundo desde la penumbra.

-Cualquier cosa por cumplir con su voluntad, señor.

-Eso es exactamente lo que quería oír… sin embargo detecto un deje rabioso en tu voz ¿a qué se debe?

El hombre de negro vaciló por un segundo, como si le diera reparo exponerse ante él, sin embargo se apresuró a comentar.

-El último trabajo para esa… gente, expuso a Chianti a su muerte, señor. No me hubiera importado si hubiera sido usted el que lo hubiera ordenado, pero el caso es que no fue así. Y eso no me gusta, señor.

Ante eso el anciano hombre se rió de tal manera que parecía el graznido de un cuervo, comentando acto seguido.

-Entiendo tu molestia, Gin, pero piensa que esa gente al final paga lo convenido. Si no fuera por ellos, nuestra organización no sería lo que es ahora. Deberíamos estar agradecidos ¿no te parece?

Eso pareció sorprender al hombre de negro, el cual murmuró rápidamente.

-Pero señor, al trabajar con ellos hemos atraído la atención de esos asesinos… ¿quién nos dice que alguno de nosotros no será el siguiente?

-No será necesario, Gin, de hecho la señorita Nakamura y yo ya hemos hablado al respecto… ¿verdad?

Acto seguido, y sin que nadie se lo esperara, la susodicha apareció en la pantalla mirando a todo el mundo con gesto sucinto y ligeramente molesto, comentando de seguido.

-Gracias por su introducción, señor Karasuma, tampoco hacía falta que fuera tan correcto con sus formas…

-Me halaga, querida…

Gin apretó los dientes, mirando a Nakamura con gesto asesino; por su parte, la templaria miró a todos los agentes por igual, anunciando de seguido.

-Muy bien, señores, vamos a hablar de este asunto en concreto que muy seguramente los tendrá un poco nerviosos…

-Oh ¿usted cree?-masculló Korn, con infinita rabia.

-Ya lo creo que sí, señor mío. En cuanto a los asesinos no se preocupen por nada, nosotros mismos nos encargaremos de ellos.

-¿De la misma forma que ellos se han encargado de Chianti? No me haga reír…-musitó Gin, asqueado.

-No era ningún chiste, señor Gin, pero gracias por la aclaración. Por ahora el objetivo que se les asignó ha huido y muy probablemente los asesinos lo tengan bajo su custodia, pero la información que posee no es muy relevante ni revela nada vital para el desarrollo de nuestras actividades compartidas. Los asesinos quieren información, quieren saber cómo va nuestro proyecto, pero lo que no saben es que se dirigen a una pista falsa. No hará falta tomar medidas drásticas, tan solo dejar que se distraigan ellos solitos.

-¿¡Me está diciendo que Chianti ha muerto por una pista falsa para esas sucias ratas encapuchadas?! ¡¿Eso es lo que vale una buena mujer para usted?!-gritó en ese momento Korn, encolerizado.

-¿¡Qué vale algo para usted, señor mío?! ¡Éste proyecto es la clave para que ambas organizaciones alcancen sus principales objetivos, al final saldremos ganando todos! ¡El Sudario del Edén es la clave para evitar que más Maestres y gente importante para nuestro conglomerado sigan muriendo! Y al final, cuando esté listo, usted mismo podrá probar sus efectos de primera mano, señor Karasuma.

-Es lo que más deseo-masculló la cascada y senil voz del aludido.

-Lo dicho, no tienen por qué preocuparse de los asesinos, después de siglos y siglos de lucha constante han demostrado que están siempre cortados por el mismo patrón, no es nada que nosotros mismos no podamos manejar.

Las palabras de la templaria fueron recibidas con algo de recelo inicial, pero un breve carraspeo por parte de Karasuma puso los puntos sobre las íes rápidamente; una vez que estuvo todo hablado, Nakamura se despidió, dejando al anciano líder como único integrante de la videollamada.

-Bueno, pues espero que haya quedado todo bien aclarado… Vermouth, me gustaría saber cuál es tu opinión de todo este asunto.

Al oír esto el gesto de Gin se arrugó, como si se esperara de alguna forma unas palabras semejantes, al tiempo que la aludida murmuraba.

-Tiene sentido que sean ellos los que se encarguen de los asesinos, después de todo llevan siglos luchando contra ellos y los conocen mejor que nadie. La muerte de Chianti es una pérdida irreparable que notaremos, sí, pero después de todo nadie es enteramente imprescindible, salvo usted, jefe.

Desde el otro lado de la pantalla no se veía casi nada, pero todo el mundo supo que, tras el velo de oscuridad, Karasuma sonreía complacido; sin embargo, en ese momento Korn exclamó.

-¿¡Y ya está, eso es todo?! ¿¡No haremos nada por vengar la muerte de Chianti?!

Antes de que alguien más o el propio Karasuma dijera algo, un chico joven de mirada aguda se adelantó murmurando.

-Entiendo tu pesadumbre, Korn, pero como ya ha dicho Vermouth, van a ser ellos quienes se encarguen de mantener a esos asesinos a raya, así que… ¿por qué preocuparse?

-¿¡Que por qué preocuparse, Bourbon?! ¡Claro, normal que tú lo dejes estar, después de todo no tenías un compañero!

Antes de que la cosa fuera a más, Karasuma los cortó de golpe y contundentemente.

-¡Ya basta, los dos!

Ése súbito grito provocó en el anciano hombre una abrupta tos que fue acallada por él mismo en cuanto se colocó un inhalador; esto inquietó a varios miembros de los allí presentes, entre ellos Vermouth y Gin, el cual se apresuró a preguntar.

-¿Se encuentra bien, señor?

-Sí, sí, ya está… pero que quede clara una cosa, y esto lo digo por ti, Korn. No quiero que hagáis nada con el asunto de los asesinos. ¿Está claro? Nakamura ya nos ha dicho que es cosa suya, por lo que se lo dejaremos a ellos y punto, no hay nada más que hablar. ¿Se ha entendido bien?

Todo el mundo emitió un seco y cortante sí, incluido Korn, aunque su mirada denotaba un gesto de pura rabia e impotencia. Tras eso Karasuma se despidió y la pantalla se apagó, dando así por finalizada la reunión.


Mientras tanto, en el piso franco de los asesinos, el objetivo de los templarios, ahora a salvo, era custodiado por Ai y Dai, los cuales se encontraban hablando con él para sonsacarle la información necesaria.

-No se preocupe ahora, señor Kobe, está a salvo con nosotros-le tranquilizó el asesino.

-Gracias, muchas gracias, sospechaba que igual irían a por mí, menos mal que aparecieron ustedes…

-Según su ficha trabaja para Abstergo… asumo entonces que, si temía por su vida, algo sabía de sus actividades extracurriculares-murmuró ella, observando sus datos en uno de los ordenadores.

-Sí, aunque… no es por ser desconsiderado, pero ¿qué hace una niña aquí?-inquirió el señor Kobe, dirigiéndose a Dai con gesto confuso.

Ante eso Ai rodó los ojos, comentando de seguido.

-No es un detalle que le convenga, señor Kobe, nos gustaría llevarnos bien con usted si no le importa, necesitamos toda la información posible para poder garantizar su seguridad.

-Ah, está bien… sobre mi estancia en Abstergo, bueno, al principio no era mala, pero tras varias semanas trabajando para ellos comencé a notar cosas extrañas tanto en su forma de trabajar como en su comportamiento-explicó Kobe.

-¿Qué función tenía exactamente en su entramado?-inquirió Dai, de brazos cruzados.

-Era informático, mantenía las terminales de los trabajadores en buen estado y revisaba en todo momento la red interna del complejo.

-Ya veo, manejaba entonces mucha información…

-Así es, pero no sabía qué tipo de información era, trabajaba en todo momento con datos encriptados divididos en bloques varios que se desdoblaban dependiendo de cada departamento.

-Suena a Abstergo, sí…-asintió Ai, con gesto neutro.

-Entonces… ¿llegó a descubrir algo en esos archivos encriptados?-supuso Dai, interesado.

-Sí, hubo un archivo que no se llegó a comprimir adecuadamente y me pidieron que lo corrigiera, pero eso expuso su contenido. Siempre se ha dicho que Absertgo es una empresa que trabaja para el beneficio de la humanidad, pero lo que vi en ese archivo… no era precisamente beneficioso.

-¿En qué sentido?-inquirió Ai, extrañada.

-¡En muchos de ellos! ¡Están obsesionados con la antigüedad, pero hay muchas cosas que desconocen por completo! ¡Como por ejemplo, Nara!

Eso pareció extrañar a ambos asesinos, siendo Dai el primero en comentar.

-¿Nara? ¿Por qué, qué hay en Nara?

-¡Esa es la cuestión, que no lo saben! Por lo que vi en los documentos, estuvieron un largo tiempo haciendo excavaciones y buscando algo en concreto, pero nunca llegaron a encontrar nada de lo que buscaban. Sin embargo, y por lo que llegué a ver, parece ser que lo que haya allí, permanece oculto.

Tanto Ai como Dai intercambiaron sendas miradas extrañadas, mirando fijamente a Kobe como si no se terminaran de creer su historia; en un momento dado, la niña murmuró.

-¿Llegó a realizar alguna copia de lo que vio?

-No me dio tiempo, y temía que me descubrieran, por lo que encripté todo lo que vi y lo mandé a los servidores en la nube de Abstergo,

-¿Hay alguna forma de recuperarlo de forma remota?

-¿Desde fuera de la red de Abstergo? Imposible, está todo herméticamente cerrado y sólo es posible acceder desde una terminal interna.

Otro denso silencio se instaló entre los presentes, mientras pensaban en posibilidades; en un momento dado, Ai comentó.

-Señor Kobe ¿sabe algo acerca de un proyecto relacionado con una especie de sudario?

-¿Qué? No, no sé nada… ¿debería?

Ante eso ambos asesinos bajaron la mirada, compartiendo el mismo gesto, aunque en ese momento Dai murmuró.

-Vale, como ya hemos dicho podemos garantizar su seguridad, pero no va a poder volver a su casa o sitios habituales de paso, así como mantener el contacto con personas a las que conozca o estima. Sin embargo nos podría venir bien un hombre con sus recursos y conocimientos. De nuevo, podemos protegerle, pero le va a costar ciertos sacrificios.

Ante eso Kobe se quedó callado, pensando detenidamente lo que le decían, hasta que finalmente murmuró.

-Está bien, después de todo no tengo gran cosa a lo que atenerme ahora mismo.

-Bien, le asignaremos un puesto en un barco de nuestra propiedad, así que podrá ver mundo. Quédese por aquí mientras tanto.

El hombre asintió y se marchó de allí, dejándolos solos. Una vez a solas, comenzaron a hablar entre sí.

-¿Cómo lo ves? ¿Crees en su historia?

-Tal vez sea cierta, después de todo Shinichi me ha llegado a comentar sus últimos avances y parece ser que la familia de Nakamura estuvo afincada un tiempo en Nara y hasta ahora no han vuelto a pasarse. No descartaría una posible visita.

-¿Investigación sobre el terreno?

-Algo así…

-Como veas, pero ya sabes que yo no me puedo mover de aquí, alguien tiene que encargarse del piso franco.

-Lo sé, en todo caso me pasaría por Osaka para saludar y pedir algo de ayuda.

-Como veas, si al final decides marcharte avísame, para poder organizarme un poco. Ah, y ya que estás llévate al novato contigo también.

-Descuida. Voy a hacer una llamada, ahora vuelvo.

La niña se dirigió a la azotea, desde donde se podía ver la torre de Abstergo en la distancia; sacó entonces su móvil e hizo una rápida llamada, contestando rápidamente.

-Hola Shinichi, soy yo… oye ¿cómo verías un viaje a Osaka por una temporadita?


¡Y un capítulo más de El credo del detective! La cosa marcha por buen camino, de momento los capítulos son cortitos sin mucho contenido para que la historia se vaya asentando, más adelante iré incluyendo más cosas, aunque por el momento dejaré ésta tanda de capítulos por aquí para pasarme a otra cosa. Aún queda historia por delante y tampoco quiero precipitarme, así que cambiaré a Mi vida tras Vocaloid que también necesita que le hagan un poco de casito.

Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!