Historia escrita para el reto "Escribe a partir de una imagen" del foro Pryecto 1-8.
Imagen: Cuadro de explosión y chica tullida. de CieloCriss proyecto1-8 .tumblr post/ 112162183220/ 10
Personajes: Iori Hida (Cody Hida)
Digimon no me pertenece.
Capítulo X. Agridulce
A Iori le gustaba ir a museos desde muy pequeñito. Le encantaba perderse en las pinturas de artistas famosos y otros no tan reconocidos, tratar de entender el significado que ellos el habían dado y después buscar el suyo propio. Amaba sentir el dolor de un cuadro oscuro, el misterio de alguno de colores púrpuras, la alegría de los amarillos y naranjas o la intensidad de los rojos de otros. Pero si tuviese que elegir uno, solamente uno, no tenía duda alguna de ello.
Lo había descubierto un día que se puso a investigar sobre galerías de arte independientes. Al principio ni siquiera había sabido dónde se encontraba ya que a calle era poco famosa y transitada, pero decidió que quería visitarlo por curiosidad; y valió la pena. Allí había arte de personas que querían lanzar su carrera y ser reconocidos pero que aún no lo habían logrado. Iori paseó entre las decenas de pinturas hasta que una le hizo detenerse. Era extraña, nunca había visto una así. Se trataba de una imagen de una niña a la que le faltaba una pierna; estaba de espalda, sosteniéndose con unas muletas, y mirando fijamente un cuadro de una explosión que representaba fielmente la bomba atómica de Hiroshima. Algo se removió en su interior.
Desde entonces, visitaba al menos una vez cada dos semanas el pequeño museo y siempre terminaba durante horas delante de aquel cuadro. Era una pintura demasiado triste como para que nadie más quisiese mirarla mucho tiempo así que sabía que nadie iba a comprarla, pero se aseguró de que el dueño de la galería le avisase de haber un posible comprador, prometiendo una suma más alta de ser el caso. Éste siempre se preguntaba la razón de las fascinación de Iori por aquella pieza, pero él nunca quiso revelarlo. Aunque en realidad era bien sencillo; le recordaba a su fallecido padre.
Hiroki siempre había sido un fanático de la historia de Japón desde siempre, y a Iori le encantaba escucharle hablar sobre ello. Sus historias preferidas siempre habían sido acerca de la guerra y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, y se las relataba para dormir por las noches. Fumiko le regañaba, diciendo que no eran cuentos adecuados para un niño tan pequeño, pero su hijo le pedía una y otra vez que se las repitiese. A esa edad no comprendía bien lo que escuchaba, pero le encantaba ver el brillo en los ojos de su padre al hablarle de todo aquello.
Cuando Hiroki Hida murió, Iori solamente tenía 6 años, y aunque su abuelo fue una buena figura paterna para él, muchas veces echaba de menos las historias por las noches, y cuando fue más mayor empezó a documentarse sobre ello para sentirse cerca de su padre. Muchas veces iba con libros sobre las bombas atómicas a su tumba y se pasaba horas leyéndolos en voz alta, emulando a su progenitor cuando hacía lo mismo con él por las noches.
Por eso aquel cuadro le gustaba tanto. Le traía sentimientos agridulces. Recordar a su padre siempre le dibujaba una sonrisa en la cara, de alguna manera, pero al tiempo, se sentía identificado con la chica del cuadro. Aquella joven tullida que había tenido sueños pero una explosión hizo que no pudiese correr con sus amigos ni jugar a saltar vallas.
Él se veía reflejado en ella. Porque cuando era pequeño había vivido las mejores noches escuchando a su padre hablar animadamente de un tema que le fascinaba. Y a día de hoy, algunas veces, se sentaba en la cama con los ojos muy abiertos, esperando que su padre abriese la puerta, entrase en su habitación, le indicase con un dedo que guardase silencio para que su madre no viniese a regañarlos, y después se sentase a su lado en el colchón y relatase durante horas. Luego le prometería que al día siguiente volvería a seguir contándole su cuento particular cuando Iori se quejase de que no tenía sueño y quería seguir. Pero era un sueño que ya no podría cumplirse.
Porque su padre le había dicho que volvería, pero él sabía que no podría cumplir la promesa nunca más.
Décima imagen. Estoy muy orgullosa de mí misma porque he conseguido escribir sobre un personaje que nunca pensé que podría (y mi meta era escribir al menos una vez sobre cada uno). No será el mejor, pero creo que la seriedad del fic pega exactamente con la imagen recta que tengo de Iori. Y que, por una vez, no me desviase al humor hace que me sienta bien.
Espero que os guste.
¡Nos leemos!
Mid*
