Capítulo 6
Punto de partida
La estación de Osaka estaba llena de gente que iba y venía, haciéndola una de las más transitadas de Japón. Había estado allí más veces, normalmente acompañado de Ran y Kogoro, pero ésta vez iba él solo. No era algo que lo molestara, ni mucho menos, pero su aspecto no le ayudaba a pasar desapercibido.
-¿Te has perdido, pequeño? ¿Necesitas ayuda?
-Ah, no, muchas gracias, estoy buscando a mi primo mayor…
-La sala de espera está por allí pasado el acceso, seguro que lo encuentras allí.
-¡Muchas gracias, señorita!
Una vez solo dejó escapar una mueca hastiada, dirigiéndose para allá mientras pensaba para sus adentros.
-Bof, esto es un coñazo… espero que ese sudario sea la respuesta a nuestras plegarias.
Había depositado todas sus esperanzas en Shiho y su historia, hermandad incluida, por lo que debía hacer todo lo posible para que el plan saliera bien. Después de todo, era la única opción que tenían en esos momentos.
Salió a la sala de espera y allí se encontró con Heiji, el cual le esperaba.
-¡Aquí estás, Kudo! ¿Qué tal el viaje?
-Bien, tranquilo, no me han dado mucho la vara, aunque fue complicado convencer a Ran y a Kogoro de ir yo sólo a Osaka, pero bueno…
-Bueno, al menos lo conseguiste… ¿y qué hay de la ena… quiero decir, Shiho?
-Viene por su cuenta, hemos quedado mañana con ella en el parque Sumiyoshi.
-Bien… aunque tenemos una charla pendiente tú y yo…-murmuró Heiji en ese momento mientras se dirigían al parking.
-¿Eh? ¿De qué hablas?
-No te hagas el tonto conmigo, Kudo… cuéntame ¿qué ha pasado exactamente entre ella y tú?-inquirió el detective del oeste, con una sonrisita sagaz en su rostro.
-Agh, ya te lo he dicho, simplemente arreglamos las cosas entre nosotros, eso es todo…
-¿Y eso se traduce en…?
-¡Se traduce en nada relevante para ti! En serio, qué metiche eres… ¿quieres que te pregunte qué tal va lo tuyo con Kazuha?
Ante eso Heiji se sonrojó ligeramente, al tiempo que decía apresuradamente.
-Ah, esto, bien, pues como siempre, quiero decir… ¡no seas impertinente, niño!
-Ahora soy un niño… ya, claro…
Sin embargo la cosa no fue a mayores y, una vez en el parking, guardaron la bolsa de Conan en el compartimento de la moto del chico y se dirigieron a su casa a no más tardar.
Heiji vivía en la parte antigua de la ciudad, en una casa muy al estilo tradicional, nada más llegar les dio la bienvenida la madre del chico, Shizuka Hattori.
-Bienvenido a casa, Conan, te hemos preparado la habitación de invitados para ti.
-Muchas gracias por su hospitalidad-murmuró Conan educadamente.
-Oh, no es nada realmente, sé perfectamente lo buenos amigos que mi hijo y tú sois, aunque me llama la atención que no hayas venido con Ran y su padre ¿hay alguna razón?-inquirió ella, curiosa.
-Ninguna en particular, simplemente me apetecía venir a pasar unos días con Heiji, eso es todo.
-Qué bien, eres un buen amigo para la edad que tienes… por aquí.
Le guio hasta su habitación y se estuvo asentando un rato, para luego salir a dar una vuelta con Heiji mientras hablaban del asunto a tratar.
-Entonces… ¿mañana qué vamos a hacer exactamente?-inquirió Heiji, expectante.
-Quedaremos con Shiho donde te dije anteriormente, allí ella nos pondrá al corriente, puesto que tendremos que coordinar entre todos las pautas de actuación para no llamar la atención y no comprometer a la hermandad.
-Otra vez con eso… sigo sin comprender a que viene todo esto, si te soy sincero.
-Tiempo al tiempo, cuando veas todo un poco mejor comprenderás muchas cosas. ¿No me digas que no te pica la curiosidad?
Ante eso el detective del oeste esbozó un gesto molesto, como si por un casual el niño hubiera dado en el clavo, a lo que él se apresuró a comentar.
-No te apures, después de todo yo sé casi tanto como tú, ése es el problema…
-Bueno, supongo que tendré que darte el beneficio de la duda…
-Gracias por tu consideración-añadió Conan, divertido.
El resto del día lo pasaron de forma más distendida, hablando de otros asuntos mientras dejaban pasar el tiempo.
Mientras tanto, en otro lugar y momento totalmente distinto, alguien no descansaba, ávido de una dulce y fría venganza. No podía permitir que la memoria de la que fue su compañera cayera en el olvido así sin más. Después de todo lo que había hecho por ellos, así se lo pagaban. Era inaceptable.
-Te veo muy pensativo, Korn… ¿hay algo que te moleste?
El aludido alzó la mirada, encontrándose entonces con cierta persona con la que menos ganas tenía de hablar en esos momentos.
-No es de tu incumbencia, Vermouth, déjame en paz…
-Oh, vamos, sé que Chianti y yo no éramos precisamente las mejores amigas, pero tampoco deseaba su muerte, después de todo siempre fue un activo valioso para la organización…
-Si eso es así ¿por qué no hacemos nada por vengar su muerte? En serio, Vermouth, si tienes algo que decirme hazlo y punto, no me vengas con evasivas-la espetó el hombre, fulminándola con la mirada.
-Sé perfectamente que deseas hacer más por vengar la memoria de tu compañera caída. Aunque el jefe dijo en su momento que no hiciésemos nada al respecto, creo que no está de más que nos aseguremos un poco en cuanto al asunto en cuestión ¿no crees?
El ceño de Korn se frunció al oír esto, murmurando de seguido.
-¿A dónde quieres llegar a parar?
-No estoy diciendo que contradigamos las órdenes directas del jefe, después de todo eso sería un serio agravio, más bien simplemente opino que sería buena idea adelantarnos de cierta forma a los acontecimientos ¿no te parece? Por mucho que esa chusma asegure tener la situación bajo control, nada nos garantiza que eso vengue la memoria de Chianti. Tú quieres hacer algo al respecto, a mí me gusta tener todas mis cartas a mano… ¿qué te parece si nos movemos un poco por nuestra cuenta?
Ante eso el tirador se quedó pensativo durante unos buenos momentos; en otras circunstancias se lo hubiera pensado mejor, o incluso la hubiera ignorado directamente, pero en un momento como ese, todo parecía cambiar. La ausencia de Chianti era mucho más pesada de lo que él mismo se hubiera esperado. Y aun a pesar de ser un hombre frío e implacable, hasta él tenía sentimientos.
-Bueno, mientras no comprometemos las órdenes del jefe, no pasará nada… ¿en qué has pensado?
-Según esa chusma, van a desviar la atención de los asesinos dirigiéndolos hacia una pista falsa en Nara. Muy seguramente ellos morderán el cebo, y se dirigirán allí para investigar. ¿Y si nosotros nos vamos también de excursión a ver qué podemos recabar? Quizás podamos descubrir quién asesinó a Chianti…
El semblante de Korn cambió ligeramente al oír eso, viéndose algo más ansioso que de costumbre. Finalmente, y tras un corto cavilo, anunció con voz queda.
-¿Cuándo nos movemos?
Al día siguiente, y tras un frugal desayuno, Conan y Heiji se dirigieron al lugar convenido en pleno corazón del parque Sumiyoshi, el parque más antiguo de la ciudad y uno bastante céntrico, no muy lejos del puerto. Había mucha gente, tanto propios como turistas abarrotaban sus paseos, y eso era bueno para alguien como Haibara, capaz de mimetizarse con el ambiente aun a pesar de su aspecto de niña.
-Vale ¿dónde hemos quedado exactamente?-inquirió Heiji una vez allí.
-En ningún sitio en concreto, supongo que ella nos saldrá al paso, al tiempo-murmuró Conan, observando sus alrededores.
-¿Qué? Pero ¿cómo quieres entonces que nos reunamos?-quiso saber el detective del oeste, contrariado.
-Tú sólo espera…
Extrañado por el devenir de los acontecimientos, Heiji se apartó junto a un árbol cercano sentándose en el suelo y Conan le siguió al poco rato, relajándose un poco; ambos detectives estuvieron dejando pasar el tiempo ojeando sus móviles, aunque en ese momento una voz conocida les hizo reaccionar de seguido.
-Buenas.
En cuanto alzaron la mirada se encontraron con Haibara, la cual les miraba fijamente enfrente de ellos con su capucha puesta; Conan fue el primero en saludarla, levantándose y dirigiéndose a ella.
-Ah, hola, aquí estás…
-¿¡Qué?! ¿¡De dónde demonios ha salido?! ¡Estaba vigilando por encima del móvil y no la he visto venir!-masculló Heiji, anonadado.
-¿Y tú te crees que esas son formas de vigilar? Desde luego…-murmuró la niña, con gesto plano.
-¡Perdona pero estaba bien atento, aunque no lo parezca somos perfectamente capaces de hacer dos cosas a la vez! ¿De qué vas vestida, por cierto?
Antes de que la niña pudiera responder, Conan se adelantó y le quitó la capucha, dejando su corto y tan bien peinado pelo castaño rojizo a la vista.
-¡Oye!-le reprendió ella, medio divertida medio en serio.
-¿Qué pasa, no puedo verte mejor? todo el rato con la capucha puesta, pareces una hikikomori…
-No tientes a la suerte, Shinichi, la capucha es una seña de identidad, nos identifica como tal y nos oculta de la vista de los demás en un momento de necesidad…
-Ya, ya, pero es que no puedo verte bien entre tanta sombra…
Ante eso la niña rodó los ojos, esbozando una leve sonrisita y dejándosela quitada, aunque en ese momento Heiji comentó.
-Vale, tiempo muerto ¿de acuerdo? Quiero que me aclaréis algo…
-Ya estamos otra vez…-masculló Conan, con gesto hastiado.
Sin embargo, antes de que el chico pudiera decir algo más, Ai se adelantó comentando.
-Es algo que tú no entenderías porque eres hijo único.
Esa declaración dejó del todo anonadado a Heiji, que no supo qué responder al respecto. Conan esbozó una sucinta sonrisa, a lo que ella respondió con un rápido guiño, dejando aún más anonadado al detective del oeste. Sin embargo, la pequeña asesina tomó la palabra rápidamente, poniendo a ambos detectives en situación.
-Muy bien, dado que la situación ha adquirido un cariz completamente distinto, vamos a tener que hacer ciertos cambios en algunos aspectos logísticos. Llevo aquí desde ayer por la noche, he estado hablando con las altas esferas de la Hermandad y dado que sois nuevos colaboradores, se ha determinado que se os ponga en contexto la situación actual. Así que sí, se os contarán más cosas.
-Genial…-murmuró Conan, animado.
- Lo estabas deseando ¿eh?-inquirió ella, divertida.
-Hombre, tú dirás, si queremos saber a qué nos enfrentamos exactamente nos tendrán que poner en contexto, digo yo…
-Sí, sí, tú tranquilo, satisfaremos tu innata curiosidad, siempre y cuando no digáis ni una palabra a nadie… lo mismo va por ti, moreno-añadió ella, mirando de reojo a Heiji.
-¿Perdona, por quien me tomas?-le espetó él, molesto por la asunción.
-Por si acaso. Vamos pues.
Aprovechando que estaba el metro justo al lado, lo cogieron para dirigirse a uno de los barrios de Osaka más apartados y periféricos, concretamente el de Hirano-Ku, en un denso compendio de apartamentos. Una vez allí Haibara les condujo hasta uno en concreto, entrando en él y dirigiéndose al sótano, donde había una puerta cerrada con cerrojo electrónico. Pasó entonces una tarjeta por el lector, dándoles acceso y pasando tras de ella.
El interior lucía extrañamente como una antigua casa feudal, con una exquisita decoración propia del periodo Sengoku; nada más entrar fueron recibidos por una ostentosa armadura ninja en la cual se podía distinguir el logo de la Hermandad en su cinturón, el ceño de Conan se frunció al verlo, pero la niña admiró la pieza con mirada penetrante que denotaba un profundo respeto que ni a Conan ni a Heiji se les pasó.
-Vaya, parece de un antiguo daimio…-comentó Heiji, curioso.
-No vas mal desencaminado… perteneció a Hattori Hanzô-reveló ella, como quien no quiere la cosa.
-¿¡Qué?! ¿¡Me estás diciendo que Hattori Hanzô fue un asesino?!-masculló Conan, anonadado.
-Por supuesto, no solo unificó el Japón feudal, sino que lo defendió de los templarios que trataron de apoderarse de él durante el periodo Sengoku, además de buscar un artefacto del Edén que estaba en posesión de un daimio rival que además era templario. Hizo mucho por la Hermandad-asintió Haibara, sin quitar la vista de encima de la armadura.
-Pero, pero… eso no tiene sentido, Hanzô sólo rendía cuentas ante el clan Tokugawa…-añadió Heiji, incrédulo.
-Sí, eso es lo que enseñan en el colegio, pero nada más lejos de la realidad… vamos, por aquí-indicó ella.
Siguieron a la niña por todo el complejo, encontrándose por allí a otros asesinos que les miraron con cara de malas pulgas, pero ella les mantuvo a raya en todo momento. Llegaron entonces a una puerta corredera junto a un pequeño patio interior con bonsáis iluminado por potentes focos de luz que simulaban la luz del sol, Haibara se acercó a la puerta y llamó tres veces.
-Adelante-indicó una grave voz al otro lado.
Nada más abrirla se encontraron en lo que parecía una amplia y suntuosa sala de juntas, con una mesa en el centro donde se encontraban sentadas una serie de personas; al fondo del todo, en una pared de madera, se podía observar el distintivo logo de los asesinos, a lo que Conan esbozó otra ceñuda mirada, aunque enseguida posó su mirada en la mesa en sí. Ésta se encontraba presidida por una mujer de avanzada edad, de pelo lacio y canoso corto medio rizado. Vestía con un kimono de colores fríos, sujeto con un cinturón de tela rojo en el cual se encontraba el mismo logo bordado en blanco. Ocultaba su mirada tras unas gafas ovaladas que la daban un aspecto aún más mayor del que tenía a simple vista. Al ver a Haibara se dirigió a ella sucintamente.
-Shiho Miyano… aquí estás. Supongo que traerás a tus amigos detectives…
-Así es, Mentora, han venido a escuchar-murmuró ella, dirigiéndose a la mujer con respeto.
Conan quiso decir algo, pero ella le acalló al instante lanzándole una de sus frías miradas; el detective se contuvo como buenamente pudo, aunque la propia Haibara hizo las presentaciones.
-Chicos, os presento a Saeko Mochizuki, la Mentora de la Hermandad aquí en Osaka. Ellos son Shinichi Kudo y Heiji Hattori, dos detectives de instituto.
-Sí, he oído hablar de ellos, aunque a decir verdad nunca llegué a pensar que llegaría a tener tratos con personas como vosotros. No me malinterpretéis, por favor, toda ayuda que nos puedan proporcionar es poca, pero personalmente no es que me gusten mucho los detectives…-explicó la Mentora con total sinceridad.
-Con el debido respeto, señora Mochizuki, puede confiar en mí para lo que necesite-se apresuró Conan a comentar.
Heiji se quedó callado, al tiempo que la señora se reía ante el desparpajo del muchacho, murmurando de seguido.
-Me gusta tu sinceridad, pequeño detective, pero como comprenderás la confianza se gana, y de momento no has hecho mucho por nosotros como para llegar a ese punto. Aun así no te apures, después de todo necesitáis un poco de contexto antes de empezar a trabajar. Dejadme que os presente a mis tres socios de confianza, sentaos por favor.
Los tres obedecieron diligentemente, al tiempo que la Mentora les fue introduciendo a las tres personas que la acompañaban.
-A mi diestra se encuentra Tomo Sakagawa, un hombre diestro en el arte del engaño y la infiltración.
-Es un placer-murmuró el aludido, inclinando su cabeza.
Tomo era un hombre de mediana edad, de pelo corto moreno y alborotado y ojos oscuros, de facciones rectas y duras. Vestía con un pulcro traje negro.
-A mi siniestra tenemos a Hajime Shimada, uno de los mejores entrenadores de Kyushu.
-Encantado-saludó el aludido, inclinando su cabeza.
Hajime no se diferenciaba demasiado de Tomo, con unas facciones muy similares aunque mucho más corpulento, notándose en ese sentido su especialización. Sus ojos eran claros y su cabello estaba mejor peinado.
-Y a su lado se encuentra Kiyoshi Takakura, un reciente y joven fichaje de lo más prometedor…
Antes de que el aludido contestara, Heiji saltó de seguido comentando.
-Un momento, yo te conozco… ¿tú no eres miembro de Onmoraki-Gumi, una facción local de la Yakuza?
-Je, las noticias vuelan ¿eh?-inquirió el aludido, con gesto chulesco.
Antes de que el detective del oeste dijera algo más, Haibara le cortó de seguido comentando.
-Para tu información, moreno, esa rama de la Yakuza ya no existe, fue absorbida por nosotros durante el periodo de reconstrucción de la Hermandad aquí en Osaka.
Heiji se quedó ciertamente sorprendido ante esa revelación, a lo que la señora Mochizuki aprovechó para comentar.
-Así es, tras largos enfrentamientos con los templarios, esa rama de la Yakuza nos atacó engatusada por la propia Abstergo, creemos. En la contienda perdí a mi marido, Kenichi, el anterior Mentor, pero nosotros nos repusimos y contraatacamos, absorbiéndolos en consecuencia. Ahora todos somos hermanos de un mismo credo, siempre he pensado que no nos diferenciamos tanto de la Yakuza, después de todo cuidamos de los nuestros y de los que son débiles…
Ante eso tanto Conan como Heiji quisieron decir un par de cosas al respecto, no muy de acuerdo con esa afirmación, sin embargo Haibara les cortó rápidamente con una seca mirada que puso los puntos sobre las íes; tras una breve pausa, la señora Mochizuki retomó su discurso.
-Pero no debemos distraernos de lo que es verdaderamente importante. Por lo que Miyano nos ha dicho, hay algo en Nara que los templarios han pasado por alto. Y nosotros debemos descubrir lo que es. Sólo así podremos adelantarnos a ellos y hacernos con el sudario en cuanto consigan replicarlo con su tecnología.
-Ya, pero ¿cómo lo haremos exactamente? ¿Cuál es el plan?-inquirió en ese momento Conan, intrigado.
Ésta vez fue el turno de Sakagawa, el cual explicó brevemente.
-Envié una pequeña facción a Nara hará cosa de pocos días, han estado peinando la zona y no han descubierto presencia templaria en ella salvo en unas excavaciones a las afueras de la ciudad.
-Ah… eso debe ser lo poco que descubrieron los Nakamura durante sus investigaciones allí-asumió Heiji en ese momento.
-Lo más probable, sí, pero debemos asegurarnos, vamos a infiltrarnos mañana en busca de pistas, Miyano, nos gustaría que nos ayudaras en esta misión-murmuró Sakagawa en ese momento, dirigiéndose a ella.
-Será un placer.
-¿Y qué hay de nosotros?-inquirió Conan, inquieto.
-Investigad por vuestra cuenta a ver qué más podéis averiguar sobre los Nakamura, tal vez descubráis algo que nos sea de utilidad-les sugirió Sakagawa.
-Queremos tener todos los frentes cubiertos, y vosotros sois una buena opción para la vía diplomática, por ejemplo. Allí donde nosotros nos extralimitamos, por así decirlo, vosotros tenéis más flexibilidad. De esta forma, nos cubrimos las espaldas mutuamente-añadió Haibara.
-Ya veo, queréis jugar en ambos bandos. Está bien, veremos qué podremos hacer-asintió Conan, comenzando a pensar en posibilidades.
-Esperad un momento, a ver si me aclaro… ¿todo esto qué tiene que ver exactamente con Nakamura?-inquirió Heiji en ese momento.
Ante eso todo el mundo rodó los ojos, a lo que Conan se apresuró a comentar.
-Perdonadle, aún no se traga del todo la historia…
-Sí, nos hemos dado cuenta-murmuró Kiyoshi.
Antes de que Heiji pudiera decir algo al respecto, la señora Mochizuki se adelantó.
-Muchas veces es necesario ver para creer, pero no siempre tiene por qué ser así. Que creas o no es indiferente, pero es más necesario comprender que creer. Miyano, dales a nuestros invitados un tour por la sede, que se familiaricen con nuestro modo de vida.
-Así lo haré, Mentora.
-Bien, y ahora podéis volver a vuestras cosas, damos por concluida esta sesión extraordinaria de hoy.
Tanto Ai como los demás se inclinaron levemente hacia ella, levantándose y dispersándose; por su parte, la niña se dirigió a ambos detectives, comentándoles de seguido.
-Antes de empezar me gustaría pasarme un momento por mi habitación, si no os importa.
-Ah, sin problema.
Se dirigieron hacia las habitaciones al otro lado de la sede, de camino se encontraron con más asesinos que les miraron fijamente con gestos difíciles de escrutar, aunque ya no tenían la hostilidad con la que antes les recibieron; tanto Conan como Heiji esperaron en el pasillo, aprovechando ese momento el detective del oeste para comentar.
-¿Que no es necesario ver para creer? Permíteme que discrepe, sigo sin entender de qué va todo esto…
-Precisamente es porque no entiendes… a ver qué nos tienen que decir-murmuró Conan, mirando a través de la puerta entreabierta.
En ese momento salió Ai, la cual miró a Conan ceñuda al tiempo que inquiría.
-¿Qué mirabas tanto?
-Oh, nada, es que como tardabas tanto…
-Había ido a por una cosa, eso es todo. Vamos, empezaremos por aquí.
Esa parte de la sede era donde todos los asesinos miembros de la hermandad descansaban y pasaban sus momentos de ocio y tiempo libre, al lado de las habitaciones había un espacioso salón recreativo con televisión, consolas de videojuegos, una barra de bar, una mesa de billar, karaoke, ordenadores, libros, entre muchas otras cosas. Tanto Conan como Heiji se mostraron impresionados ante el amplio despliegue.
-Caramba, parece sacado de un club social…-murmuró el niño, observándolo todo con suma atención.
-Aunque no lo parezca no giramos única y exclusivamente en torno al credo, también sabemos divertirnos. Disciplina y ocio no tienen por qué estar reñidos-explicó ella someramente.
-Qué bien os lo montáis…
Tras eso pasaron a ver otro aspecto de la sede, más dedicado al entrenamiento y preparación; un amplio gimnasio de entrenamiento estaba siendo usado por más asesinos, los cuales se ejercitaban tanto en sus movimientos de combate como en el parkour y el freeruning, con obstáculos y otros elementos instalados en el techo y las paredes para tal efecto.
-Aquí fue donde me entrenaron. Aun a pesar de mi pequeño tamaño aprendí rápido, demostrando ser además una ventaja a mi favor, puesto que soy capaz de correr más rápido que un adulto promedio, y mi poco peso facilita en gran medida unos movimientos más rápidos y fluidos a la hora de moverme. Lo único malo es que no soy tan fuerte en comparación, por lo que me especialicé más en el sigilo que en el combate cuerpo a cuerpo, logrando mucho en ese aspecto-explicó Ai en un momento dado.
-Así es, y puedo dar fe de ello, Miyano es de las mejores asesinas sigilosas que han pasado por aquí y he tenido el privilegio de entrenar-añadió en ese momento una voz familiar.
Se dieron la vuelta y vieron entonces a Hajime Shimada, el cual observaba a Ai con cierto gesto de orgullo en su mirada.
-Fuiste un buen maestro, me enseñaste bien-murmuró ella, sin darle demasiada importancia.
-Ah, es posible, pero si por algo destacaste también fue por tu gran determinación, eso es lo que más te ayudó a alcanzar la maestría. ¿Por qué no les enseñas lo que sabes hacer?-sugirió en ese momento Shimada.
Ante eso Ai esbozó una pequeña sonrisita, poniéndose entonces la capucha y comenzando a moverse; como si fuera una gacela, trepó por varios travesaños de madera cercanos con gran rapidez, alcanzando el techo en poco menos de cinco minutos. Una vez arriba, la perdieron la pista sin ni siquiera darse cuenta, a lo que Heiji masculló.
-¿¡Cómo demonios ha hecho eso?!
Shimada no dijo nada, esbozando una somera sonrisa, aunque al poco rato murmuró.
-Si por algo destaca Miyano es por su pequeño tamaño, eso la permite pasar desapercibida incluso en los entornos más hostiles. Estad atentos.
El resto de asesinos detuvieron su entrenamiento tratando de localizar a la pequeña asesina, pero sin verla en ningún momento; por su parte, Conan puso todos sus sentidos a trabajar para localizarla lo antes posible, llegando a percibir un ligero ruido justo detrás de él. Algo le rozó el brazo izquierdo, al tiempo que Heiji dejó escapar un abrupto gritito al tiempo que Ai comentaba.
-Pum, estás muerto.
Giró su cabeza y vio entonces a la aludida con la palma de la mano en el abdomen del muchacho, pero sin accionar en ningún momento la hoja oculta; Heiji se dio la vuelta un tanto amedrentado, mascullando de seguido.
-¡No ha tenido gracia!
-No me he reído-murmuró ella seriamente.
-Yo sí, has gritado como una nena-admitió Conan, divertido.
-Si serás…
Ante eso tanto Shimada como el resto de asesinos se rieron ante la situación, regresando enseguida a su entrenamiento; ante lo evidente, Heiji no tuvo más remedio que claudicar.
-Vale, sí, eres buena escondiéndote…
-Es más que eso… pero aún no hemos terminado, continuemos-indicó ella.
De la sala de entrenamiento pasaron entonces a un igual de amplio laboratorio lleno de matraces, probetas y demás instrumentos científicos de los que Conan y Heiji tenían poco o nulo conocimiento; varios científicos con batas blancas rematadas con el ya conocido logo se encontraban allí trabajando, al tiempo que la niña comenzaba a explicarse.
-Aquí fue donde estuvimos investigando un posible antídoto para el APTX. Aun a pesar de que los recursos eran mayores y mejores que los que tenía en casa de Agasa, además de poseer algunas muestras funcionales de la droga, no conseguimos unos resultados satisfactorios. Después de analizar varias muestras tuyas y mías de nuestra sangre, descubrí que nuestros sistemas inmunitarios habían desarrollado anticuerpos para casi cualquier método reversible de la apoptosis. Por lo que lo único que nos queda, como bien sabes, es utilizar el Sudario del Edén que están tratando de replicar en Abstergo.
-Sí... ¿alguna novedad acerca de eso?-inquirió Conan.
-No ha habido suerte, hace poco interceptamos a la organización tratando de matar a un antiguo empleado de Abstergo que tal vez pudiera saber algo, pero no nos pudo decir nada relevante, pero sus descubrimientos nos dirigieron hacia Nara, así que a lo mejor sacamos algo en claro de todo esto.
-¿¡En serio, la organización se ha puesto en movimiento?!-masculló el niño, alterado.
-Sí, pero tranquilo, pudimos pararle los pies, de hecho me encargué yo misma… ¿te acuerdas de Chianti?
-¿La compañera gótica de Korn, la tiradora?-inquirió él, haciendo memoria.
-La misma, está muerta, no me tembló el pulso al hacerlo, a decir verdad.
La noticia cayó como un jarro de agua fría para Conan, el cual miró a la niña con cierto deje preocupado; todavía seguía sin habituarse del todo a esa nueva Shiho Miyano, y más aun teniendo en cuenta lo especial que era para él. Antes de que pudiera decir algo, la niña se apresuró a comentar.
-No tengas pena de mí, Shinichi, ya lo hemos hablado antes.
-Ya, lo sé, pero es que… es tan irónico…
Ante eso la aludida esbozó una somera sonrisita, aunque en ese momento Heiji comentó.
-Vale, tiempo muerto ¿en serio no me pensáis decir nada al respecto de todo esto?
-Mira que eres pesadito-le espetó ella, con gesto cansado.
-¿Verdad que sí?-inquirió el niño, con un suspiro.
Tras visitar el laboratorio se dirigieron a un piso superior, donde se asombraron al descubrir una vistosa y bien amplia biblioteca donde algún que otro asesino se encontraba consultando algún que otro libro.
-Aunque seamos letales y cruentos asesinos, de esos que vosotros os dedicáis a capturar, eso tampoco está reñido con el conocimiento y el saber. De hecho, si por algo destaca nuestro credo es por su naturaleza contradictoria y reflexiva acerca de la naturaleza humana-explicó ella.
Se acercó al otro extremo de la estancia, junto a un atril donde descansaba un enorme y muy usado libro con el logo de la hermandad dibujado en él; lo abrió por las primeras páginas, al tiempo que comenzaba a explicarse.
-La historia de nuestra Hermandad se remonta casi al principio de los mismos tiempos. Según lo que sabemos de la mitología relacionada con los Isu, también llamados Precursores o Los que llegaron antes, los humanos fueron creados por ellos mismos a modo de mano de obra gratuita. Todos los antiguos templos que acabaron desperdigados por la tierra, fueron construidos por los mismos humanos que ellos mismos crearon. Para ello, utilizaban unos instrumentos llamados Fragmentos del Edén, con los que controlaban la voluntad de los hombres y mujeres, obligándolos a trabajar para ellos.
Les mostró entonces una página en la que se podía observar un antiguo grabado, en el cual estaban representados una serie de personas trabajando en una pose de sumisión, siendo supervisados por una figura idéntica a ellos pero mucho más alta, sosteniendo un objeto esférico en sus manos que parecía irradiar algo de su interior.
-La situación se mantuvo así durante años, pero entonces dos humanos nacidos de la procreación entre Isu y humanos, Adán y Eva, se vieron libres de su control, y comenzaron así una rebelión que desembocó en una guerra entre los ambas razas.
-¿¡Adán y Eva!? ¿En serio?-inquirió Heiji, anonadado.
La niña ignoró su comentario y siguió explicando.
-En eso estaban los humanos e Isu cuando, en un momento dado, se sucedió una gran catástrofe que extinguió a los Isu y casi hizo lo mismo con los humanos. La gran catástrofe de Toba se llevó por delante casi todo rastro de la presencia de los Isu en la tierra. Hoy en día se cree que fue consecuencia de una gran erupción volcánica en el lago Toba en Sumatra, pero una gran eyección de masa coronal tuvo mucho que ver, aunque tampoco descartamos que algo de actividad volcánica también hubiera estado involucrada.
-Vale, pero ¿qué tiene que ver todo eso con el comienzo de tu Hermandad?-inquirió Heiji, ceñudo.
-Puede parecer insignificante, sí, pero la guerra entre Isu y humanos plantó el germen del actual conflicto existente entre nosotros y los templarios que se fue prolongando a lo largo de toda la historia. Mientras que los Isu deseaban nuestro control, nosotros queríamos liberarnos de sus cadenas. Estas ideas perduraron en el tiempo, y así nuestra Hermandad nació de facto en el año 47 A.C. en Egipto. Al principio sus miembros y la misma eran conocidos como los Ocultos, pero fueron desarrollándose con el paso del tiempo a la vez que los templarios, cuyo germen fue el de la Orden de los Antiguos, una antiquísima organización que buscaba controlar a la humanidad como único fin de lograr la paz. Según los templarios, la raza humana, en su infinita necedad, necesita que la controlen para que viva en plenitud, pero nosotros nos oponemos diametralmente a esta idea. Los asesinos creemos en la libertad y la individualidad de las personas, sólo así es posible el surgimiento de nuevas ideas para lograr la paz.
-No es una mala ideología, pero de ahí a que nada sea verdad y que todo esté permitido hay un paso demasiado grande-murmuró Conan, un tanto molesto.
-Y no estarías equivocado, eso desde luego. El credo en sí mismo surge de dos conceptos intrínsecos: el escepticismo y el cinismo. Sería plenamente cínico si fuera una doctrina, pero tan solo es una mera observación de la naturaleza de la realidad. Decir que nada es verdad supone darse cuenta de que los cimientos de la sociedad son frágiles, y que debemos ser nosotros los guías de nuestro propio destino. Decir que todo está permitido es comprender que somos los responsables de nuestros propios actos y que debemos convivir con las consecuencias, ya sean buenas o malas.
-Vale, pero aunque sólo sea una mera observación, como dices tú, eso mismo la despoja de todo valor. Eso no es cínico, es simplemente estúpido-opinó Heiji contundentemente.
Los otros asesinos que allí se encontraban le miraron con gestos molestos, incluyendo a la propia Ai; ante eso Conan le pisó un pie, al tiempo que opinaba al respecto.
-Vale, puedo entender que seáis escépticos, al mismo tiempo que os deis cuenta de la debilidad humana, después de todo eso es lo que causa la gran mayoría de conflictos en el mundo, además de los ideales corruptos u otro tipo de mal asociado. Pero ¿por qué emplear el asesinato como medida disuasoria? Estas observaciones son interesantes, pero se caen ante vuestros métodos.
-Exacto, aunque queráis preservar la libertad individual, eso no justifica quitar vidas ajenas-añadió Heiji, con tono más considerado.
Ai quiso responder a eso rápidamente, sin embargo una voz familiar trajo paz rápidamente comentando.
-Y eso es por lo que Altaïr Ibn-La'Ahad supo que el credo se debía sustentar en esa constante e inevitable cuestión que, a día de hoy, da de qué hablar incluso entre nosotros. Si tratáramos de sustentar nuestros ideales única y exclusivamente en la palabra, los templarios o cualquier otra organización tendrían vía libre para masacrarnos a través de la fuerza; si no aplicáramos la fuerza, moriríamos. La palabra, junto a la fuerza, se vuelve aún más poderosa. Y el credo limita su acción sólo a los que se lo merecen.
-Mentora…-murmuró la niña, inclinando su cabeza ante ella.
-Así que ese credo justifica la fuerza… ¿y de qué manera?-inquirió Heiji, ceñudo.
-Mediante sus tres preceptos...-murmuró la Mentora.
-Aleja tu hoja de la carne del inocente-murmuró Ai, con mirada fija en el infinito.
-Sé siempre discreto y fúndete con la multitud-murmuró otro asesino cercano, un chico joven algo más mayor que Heiji.
-No comprometas a la Hermandad-añadió otra asesina, una mujer algo más mayor.
Tras eso, los tres asesinos, junto con la Mentora, recitaron a coro.
-Nada es verdad, todo está permitido. Actuamos en las sombras para servir a la luz. Somos Asesinos.
Tras eso hubo un breve y un tanto denso silencio el cual los asesinos respetaron diligentemente, al tiempo que ambos detectives se miraban no muy convencidos. Al ver sus ceñudas miradas, la señora Mochizuki se apresuró a comentar.
-Es normal que no terminéis de comprender nuestros preceptos, después de todo sois detectives en busca de la verdad, algo que para nosotros es muy voluble; sin embargo, si me lo preguntáis a mí, eso no tiene por qué separarnos, después de todo trabajamos para el mismo propósito, hacer que el mundo sea un lugar más justo. Agradezco que nos hayáis escuchado.
-No ha sido nada. Yo nunca podría comulgar con ese Credo, pero dado que Shiho está realmente comprometida, respetaré su decisión-anunció Conan con voz queda.
Las palabras del niño emocionaron de cierta forma a la aludida, que hizo todo lo posible por no mostrarlo como tal, sin embargo el pequeño detective la miró de reojo, esbozando una sonrisita fugaz. La Mentora esbozó una agradable sonrisa en su anciano rostro, murmurando de seguido.
-Gracias por tus amables palabras, pequeño detective. Podéis quedaros a comer si lo deseáis.
Los detectives agradecieron el gesto, aunque antes terminaron de visitar la sede viendo lo último que les faltaba por ver, la sala de ceremonias, una espaciosa sala construida de forma que se asemejara a un templo sintoísta y con el emblema de los asesinos grabado en la pared junto a un enorme gong.
-Aquí es donde se desarrollan acontecimientos importantes como los ritos de iniciación o de ascensión. Aquí fue donde me uní formalmente a la Hermandad, sellando el pacto como tal-explicó Haibara, mostrando su dedo corazón marcado desde su base.
-¿Te marcan?-inquirió Conan, extrañado.
-Sí, es un remanente del antiguo rito de iniciación en el que te cortaban el dedo para mostrar tu compromiso con la Hermandad, también se hacía para poder usar la hoja oculta, pero tras su rediseño y mejora dejó de ser necesario cortar el dedo, optando por un marcaje algo más sutil-explicó ella.
-Dirás lo que quieras, pero la forma de proceder de algunos aspectos se asemeja a los cultos…-murmuró Heiji, aún con dudas.
-Puede ser, pero al contrario de los cultos, la existencia de la Hermandad viene motivada por un bien mayor. Y sí, matamos, ya sé que no os gusta, pero dentro de mí siempre ha habido un lado oscuro, mi estancia en la organización no hizo más que acrecentarlo, pero la Hermandad le dio un propósito, una forma de usarlo para crear algo mejor, una versión mejorada de mí misma.
-No estoy del todo de acuerdo con esa afirmación, pero bueno, ya lo hablaremos en otra ocasión. ¿Comemos? No sé vosotros, pero yo tengo hambre…-murmuró Conan, cerrando el tema rápidamente.
Haibara rodó los ojos con gesto desdeñoso, pero en el fondo no podía sentirse más feliz en un momento como ese. Las cosas mejorarían a partir de ese momento. Y entre todos trabajarían para que todo saliera como tendría que salir. Después de todo, le debía a Shinichi su cuerpo. Y haría cualquier cosa para saldar su deuda con él.
¡Y retomamos El credo del detective! La verdad es que tenía ganas, he estado empapándome de fuentes, leyendo unos cuantos libros, terminando algunos juegos (Rogue) y empezando otros (Chronicles, Rebellion), así que vengo cargadito de ideas.
Éste capítulo ha servido para seguir desarrollando algunas ideas que puede que hayan quedado algo menos desgranadas, para así seguir desarrollando a Ai y compañía; y sí, Heiji es el más escéptico de todos, alguien tenía que hacer ese papel, y el moreno era el que mejor le quedaba XD en cuanto a la Hermandad asesina japonesa he sacado los datos de la wiki de Assassin's Creed, así que los nombres y personajes que habéis visto en este capítulo son todos canónicos. La sede ha sido más cosa mía, aunque he de admitir que algunos detalles de Rebellion me han ayudado a establecer mucho mejor la sede, aunque adaptándola a los tiempos modernos, claro.
Por otro lado la organización se sigue moviendo, me gustaría mostrar algo de ella en todos los capítulos para que no pierda relevancia en la trama. Y eso es todo de momento, esperad el siguiente capítulo más pronto que tarde. Comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
