Historia escrita para el reto "Escribe a partir de una imagen" del foro Proyecto 1-8.

Imagen: undécima imagen: Sala de concierto. por Nii-chan Ukio proyecto1-8. tumblr post/ 112161637415/11

Personajes: Yamato Ishida y Mimi Tachikawa (Mimato)

Digimon no me pertenece.


Capítulo XI. El concierto de sus vidas

Yamato Ishida había nacido para ser una estrella del rock. Lo sabía él, lo sabían sus padres, lo sabían sus amigos y lo sabía el mundo. Pero aquella vez era diferente.

No es que el rubio nunca hubiese estado nervioso por un concierto, la primera vez que fue a tocar en un festival escolar estaba tan histérico que Taichi tuvo que ir a zarandearlo con fuerza, pero esa vez era distinto porque entre el público había un cazatalentos de una de las discográficas más importantes de todo Japón. Era algo grande, todos los del grupo lo sabían; si lo impresionaban podrían conseguir un buen contrato y lanzarse al estrellato. Y ese era precisamente el problema.

No importaba que llevasen meses ensayando para esa prueba porque habían sido avisados con mucha antelación, no importaba que hubiesen perfeccionado cada una de las notas, no importaba que las canciones fuesen excelentes, no importaba que pudiesen rivalizar con cualquiera de las múltiples bandas de rock de Japón; aquella noche, a veinte minutos del comienzo del concierto que podría cambiar sus vida, Yamato Ishida estaba completamente paralizado.

Todo el mundo había intentado de todo. Taichi lo había vuelto a zarandear, sus compañeros de la banda le habían gritado hasta el punto de haberle tirado un vaso de agua encima, Sora y Takeru habían tratado de tranquilizarlo con palabras suaves sin éxito, Jou le había dado una tila, Koushiro había buscado en internet cómo hacer que un cuerpo paralizado volviese a reaccionar, e incluso Daisuke había tratado de hacerle bromas para que volviese a ser él mismo. Pero nada había funcionado.

—No podemos salir así —comentó Yukata, viendo que el rubio seguía sin reaccionar.

—Tenemos que salir —insistió Akira—. Podemos llevarle al escenario y colocarlo delante del micro; quizás reaccione.

—¿Y si no lo hace? —habló Takashi—. No podemos arriesgarnos. No hoy.

—¡Joder! —Yukata se revolvió el pelo, nervioso—. ¿Justo tenía que ser hoy?

—Justamente por lo de hoy está así —explicó conciliadora Sora, que se había unido junto con Taichi a la conversación—. Es un paso muy importante y Yamato está nervioso.

—Pero antes también se ponía nervioso —se quejó de nuevo el de gafas.

—Pero podía moverse —suspiró Taichi—. Además, con hacer que pensase en otra cosa se tranquilizaba y daba un buen espectáculo.

—¿Y por qué no hacemos eso? —preguntó Yukata, sin comprender por qué seguían con el problema.

—Ya lo hemos hecho —aclaró la pelirroja—. Hemos hecho todo lo que normalmente hacemos para hacer que se tranquilice. Pero no funciona.

—Nunca ha estado nervioso hasta este punto —aseguró Taichi—. Nunca le he visto así. Temblando, dando vueltas como un león enjaulado, hablando sin parar…sí. Pero nunca quieto y apenas enfocando la atención en nada.

Todos suspiraron y miraron hacia donde un ya desesperado Takeru trataba de hacer que su hermano volviese a ser el tipo con seguridad que era siempre. Eso estaba empezando a poner nervioso a todos los integrantes del grupo. Quedaban menos de 15 minutos y Yamato seguía paralizado. Si no conseguían que reaccionase estaban en apuros porque nunca más iban a tener esa oportunidad de oro que tenían aquella noche.

—¡Ya está aquí por quien llorabais! —la puerta de los camerinos se abrió dejando ver la figura de Mimi Tachikawa, quien entraba con los brazos en alto como si de una diva se tratase.

Todos los de la sala apenas la miraron e hicieron un gesto con la cabeza en forma de saludo para después volver la atención de nuevo a Yamato. La recién llegaba frunció el ceño; vale que no era ella la protagonista de la noche pero esperaba un poco más de euforia al verla, al menos por parte de un Taichi que siempre la saludaba con un gran abrazo.

—¡Por favor tanto entusiasmo no! —exclamó alzando las manos y moviéndolas exageradamente.

—Lo siento, Mimi —murmuró Taichi acercándose y dándole un simple beso en la mejilla—. Hola.

—¿Qué pasa? —preguntó uniéndose al grupo—. Esto parece un funeral. ¿Por qué estáis tan serios? ¡Deberíais estar contentos!

—Sí, deberíamos —gruñó Yukata sin poder evitarlo.

—Yamato está nervioso —explicó Sora a su lado—. Más que eso. Está paralizado; apenas enfoca la atención en nadie que le hable.

Ese fue el momento en el que Takeru dejó de tratar y se unió al grupo, quedando Yamato en la silla donde estaba sentado sólo, con la vista perdida. Todos lo interrogaron con la mirada pero el rubio pequeño simplemente negó con la cabeza, dando a entender que no había nada que hacer.

—¡Oh! —exclamó la castaña mirando al rubio por primera vez desde que había llegado—. Ya veo…

—¡Sí, "¡Oh!"! —chilló Yukata de nuevo—. Nada lo hace reaccionar y vamos a perder la oportunidad de nuestras vidas. ¡No podemos tocar sin cantante!

—¿Habéis hablado con él? —preguntó Mimi.

—Sí —asintió Taichi—. Hemos hecho de todo. ¡Incluso le hemos echado agua encima y le he pegado un par de bofetadas! Pero sigue sin moverse.

—¿Queréis que lo intente yo? —ofreció ella.

Fue como si un ángel hubiese pasado. Todas las miradas se centraron repentinamente en ella, una decena de pares de ojos que la miraban como si hubiese dicho la tontería más grande del mundo. La castaña tardó un par de segundos en entender por qué pero después suspiró. Vale, era verdad que Yamato y ella habían hablado más desde su vuelta a Japón, pero seguían sin ser los amigos más unidos del mundo. Ellos hablaban cuando estaban todos juntos, eran corteses entre ellos, pero nadie podría decir que eran cercanos como para que ella pudiese cambiar la situación actual. Mimi bufó; la miraban como si le hubiesen salido cuernos en la cabeza.

—¿Tú? —preguntó de forma burlona Yukata—. Llevamos más de media hora tratando de hacer reaccionar a Yamato, sin lograrlo. ¿Qué te hace pensar que tú ibas a conseguirlo?

—¿Tienes una idea mejor? —atacó de forma defensiva la castaña—. Porque no veo que vayas a poder cambiar la situación quedándote sin hacer nada.

Si las miradas matasen, ambos jóvenes estarían muertos. Todos sabían que Yukata era la persona que menos afinidad tenía con Tachikawa, aunque solamente fuese porque no soportaba lo chillona que podía ser a veces. El solo hecho de pensar que ella sería la que sacase de su ensoñamiento a Yamato le hacía ponerse de mala leche y querer reírse de ella al mismo tiempo.

El resto de sus amigos los miraban como si en cualquier momento algo fuese a suceder y sin intenciones de decir nada por si salpicaba.

—¿Y bien? —cuestionó la chica de nuevo, sin apartar los ojos de los del chico.

—No vas a conseguir nada —él masticó las palabras lentamente, lanzándolas con veneno hacia ella.

—¡Ocho minutos, chicos! —gritó uno de los trabajadoras abriendo la puerta—. ¡Ocho minutos y abrimos el telón! Todo el mundo fuera de esta sala.

La pelea de miradas fue rota por esa voz, haciendo que todos mirasen primero a la puerta y después a Yamato, que seguía sin moverse del sitio. Todos entraron en pánico.

—¡Mierda! —exclamó Yukata—. No hay tiempo.

—Deja que lo intente —propuso Akira a lo que su amigo lo miró como si estuviese loco—. No tenemos nada que perder.

—Quizás la Princesa Tachikawa pueda hacerle reaccionar —rió Taichi—. Dale una oportunidad.

Yukata pareció pensarlo y clavó sus ojos de nuevo en la castaña, quien le devolvió la mirada desafiante. Después suspiró.

—Está bien —gruñó—. Pero más te vale que no le vuelvas más loco de lo que está.

—Si ha conseguido sobrevivir a ti creo que lo hará conmigo —rebatió ella haciendo que el chico simplemente se diese la vuelta con brusquedad y saliese del camerino camino al escenario.

—¡Chicos, siete minutos! —gritó el hombre de nuevo—. ¡No puede quedar nadie aquí!

—Necesitamos que ella se quede, Kentaro —le dijo tranquilamente Takashi—. Yamato no reacciona y ella va a hacer que lo haga.

El hombre pareció pensarlo pero finalmente asintió.

—Está bien pero solo ella —ordenó—. ¡El resto fuera! Quedan menos de siete minutos!

Todos sus amigos salieron del camerino camino a las mesas que estaban reservadas para ellos en frente del escenario mientras que los del grupo hacían lo mismo para preparar todo en él. Yukata aún lanzó una mirada de advertencia a Mimi antes de salir de la sala y ella solo respondió sacándole la lengua. Cuando se encontró sola, caminó donde Yamato seguía sentado, mirando al infinito pero sin centrarse en nada.

—Yamato —lo llamó poniéndose en frente de él—. Yamato.

Pero el rubio no se movió, como si ella realmente no estuviese allí. Mimi suspiró y trató de tranquilizarse a sí misma; no le gustaba que nadie le ignorase, pero eso no trataba sobre ella. Intentando hacerle volver, puso sus manos sobre los hombros de Yamato y lo zarandeó un poco.

—Yamato… Yamato… —el chico seguía sin reaccionar—. ¡Yama!

Finalmente hubo un momento de lucidez en la mirada del rubio y sus ojos se centraron en la chica que estaba frente a él. Mimi sonrió al ver que la reconocía, aunque solamente fuese porque le había llamado Yama y él le hubiese dicho mil veces que no le gustaba su nombre así.

—¿Mi… Mimi? —preguntó tan bajo que a la chica le costó escucharle.

—Yama, tienes que despertar —ordenó ella con voz suave pero firme—. Te están esperando en el escenario para cantar. ¡Es tu oportunidad!

—Yo… no puedo —murmuró él, sin moverse aún—. No puedo.

—¿Cómo que no puedes? ¡Claro que puedes! —exclamó ella apretando sus hombros—. ¡Lo has hecho millones de veces!

—Pero no como hoy —la voz se fue apagando poco a poco y Mimi temió que volviese a encerrarse en sí mismo.

—Tienes que salir ahí —lloriqueó ella—. Yukata me lo recordará toda la vida si no consigo sacarte ahí. Venga, por favor, hazlo por mí.

Yamato la miró hacer pucheritos y un lado de su boca se alzó, riendo muy suavemente ante la imagen de la Princesa Tachikawa sacando sus armas. Pero negó con la cabeza, casi imperceptiblemente.

—Lo siento —susurró —. No puedo.

—Sí puedes, Yama… —la castaña se acercó más a él—. Solo tienes que hacer como siempre. Piensa en otra cosa y sal ahí. Una vez que empieces a tocar se te va a olvidar todo lo de alrededor.

—No… no puedo…

Mimi suspiró. Se lo habían dicho; esa vez nadie había logrado que Yamato dejase de pensar en su temor a hacerlo mal, ni siquiera Taichi con zarandeos, ni Sora, ni Daisuke con sus bromas.

—Tienes que dejar de pensar en el miedo porque eso te paraliza —dijo ella, desesperándose—. Tienes que pensar en otra cosa.

—No puedo —susurró él sin dejar de mirarla—. Ayúdame.

Mimi lo miró con los ojos muy abiertos; Yamato de verdad tenía que estar desesperado si le estaba pidiendo ayuda a ella. La chica se mordió el labio inferior; ¿qué podía hacer ella? Un grito avisando de que quedaban cinco minutos hizo que su mente trabajase a mil por hora, repasando todos los planes posibles hasta encontrar uno que pudiese servir. Decidida, lo miró fijamente; era una locura pero tenía que funcionar.

—¿Confías en mi, Yama? —le preguntó ella, afianzándose más en sus hombros.

Yamato soltó una risa áspera mientras negaba con la cabeza.

—No —respondió sincero.

—Pues vamos bien… —murmuró ella bufando; alguien gritó tres minutos— Bueno, da igual. Que sea lo que Kami quiera.

Yamato la miró sin entender pero abrió los ojos enormemente al ver que la chica se iba acercando a él, pero se quedó estático al sentir que había juntado sus bocas. Y es que Mimi estaba besándole, y nunca nadie, incluido él, hubiese pensado que eso iba a ocurrir.

Algo hizo cortocircuito en ese momento en su mente y dejó de pensar en su repentino pánico escénico, en el miedo que sentía por hacerlo mal aquel día que el cazatalentos iba a verlos y en el temor a quedar en ridículo mientras cantaba. En ese momento en su cabeza solamente estaba el hecho de que los labios de Mimi estaban contra los suyos y que se sentía mucho mejor de lo que hubiese imaginado.

La castaña había pensado que con eso haría reaccionar al chico, aunque fuese para apartarla, pero no creyó que el chico simplemente iba a abrir los ojos y a quedarse como una estatua. Desesperada al escuchar el aviso de los cuatro minutos, decidió dar un paso más allá y empezó a mover los labios contra la boca del rubio, profundizando el beso y rezando para que por fin reaccionase. Y vaya si lo hizo.

Yamato sintió los labios de la chica moverse tímidos contra los de él, lentamente, y de repente su cuerpo cobró vida propia. Sin siquiera saber qué estaba haciendo, alzó los brazos y rodeó la pequeña cintura de la chica y la acercó a él, sentándola en su regazo. La chica soltó un gritito por la impresión, el cual el rubio aprovechó para profundizar más el beso aún.

Mimi sonrió al ver que Yamato empezaba a moverse, dándose cuenta de que por fin había reaccionado. Su plan había salido a la perfección. O al menos a medias, porque nunca hubiese esperado que el rubio reaccionase de esa forma, tan… intenso. Tampoco había imaginado que a ella iba a gustarle tanto ese beso, porque no podía negarlo, le estaba encantando. Tanto que de su mente estaba volando el plan ideado y en ese momento solamente quería quedarse allí y besar al rubio hasta que le doliesen los labios. Así que no lo dudó y subió las manos a su nuca para sostenerse mejor y apretarse contra él.

Todo se volvió borroso, sin que ninguna pudiese pensar en otra cosa que en el otro. Se metieron en su propia burbuja, sintiendo que podría estar así horas y no se cansarían. Tan ensimismados estaban en todo lo que estaban sintiendo que cuando alguien tocó con prisa la puerta se sobresaltaron. Asustados, miraron hacia la superficie de madera.

—¡Tres minutos! —gritó una voz de hombre—. ¡Tenéis que salir ya!

Con la respiración aún alterada, ambos se miraron y Mimi se levantó corriendo del regazo del chico, sonrojándose al empezar a darse cuenta de lo que había pasado. Pero no pudo alejarse mucho antes de que Yamato la sujetase de la muñeca y la retuviese. La castaña vio como el chico se ponía de pies y ni siquiera fue capaz de asimilar que había conseguido que reaccionase; se perdió en sus ojos azules que la miraban con una intensidad que estaba empezando a marearla.

—Espera, Mimi —pidió él con voz totalmente normal.

—Yo… lo siento, Yama —se excusó ella—. Tú no reaccionabas… y yo veo muchas series americanas de esas que dices que son una basura… y se me ocurrió esto para que despertases…

—Ha sido buena idea —la chica saltó al escucharle decir aquello con voz tan normal—; has hecho que me olvide de mis miedos.

—Entonces el plan ha salido bien —aplaudió ella alegremente—. ¡Mi plan ha salido a la perfección! ¡Yukata va a tener que agachar la cabeza!

Yamato rió al verla celebrar su victoria y ella sonrió ampliamente mirándolo tan despierto.

—Y tranquilo —añadió alejándose hacia la puerta—, no volveré a besarte.

—¿Qué? ¡Espera! —pidió él haciendo que la chica frenase y lo mirase por encima de su hombro, curiosa—. No hace falta eso. Lo de besar digo. A mí, bueno… digo, ha estado bien.

Mimi se dio la vuelta y lo miró de arriba abajo. Rió encantada y dio unos pasos hacia él.

—¿Estás insinuando que el gran Yamato Ishida quiere besar a la Princesa del rosa Mimi Tachikawa? —el rubio asintió, seguro, sin dejar de mirarla—. ¿Quieres besarme otra vez?

—Sí —asintió él, sin dudar, volviendo a tener esa confianza en sí mismo que siempre tenía—. En realidad quiero besarte muchas otras veces.

Mimi soltó una risita traviesa y acortó la distancia que los separaba hasta quedar a solamente unos centímetros de él. El rubio tuvo que inclinar la cabeza para mirarla, apreciando por primera vez que medía unos buenos veinte centímetros más que ella. Una voz que anunciaba que quedaban dos minutos sonó detrás de la puerta.

—Entonces —murmuró ella acariciando su pecho—, sal ahí y da el mejor concierto de tu vida. Consigue ese contrato y te prometo que después tú y yo hablaremos laaargo y tendido. ¿Hace?

Yamato tragó saliva sonoramente y asintió. Acto seguido, Mimi se puso de puntillas y le dio un suave y corto beso en los labios. Después se giró y se fue, contoneando las caderas de una manera tan exagerada que el rubio supo que lo hacía a sabiendas de que él estaba mirando. Dejó la puerta abierta, y él se quedó mirando por donde había desaparecido. Fue el manager el que le llamó la atención.

—¡Ishida! —le gritó haciendo que saliese de sus fantasías—. ¡Deja de babear pensando en perversiones con Tachikawa y sal ahora mismo al escenario! ¡Queda menos de un minuto!

Yamato reaccionó y salió corriendo al escenario justo a tiempo de ponerse frente al micrófono segundos antes de que el telón se abriese. Sus compañeros lo miraron entre felices y asombrados de que ese enérgico hombre fuese el mismo acojonado que habían dejado minutos atrás en el camerino.

—¿Qué cojones? —exclamó Yukata—. ¿Tachikawa lo ha conseguido?

El rubio rió y asintió, moviendo hasta poner a su altura el micrófono. Después de colgó la guitarra.

—¿Y qué ha hecho? —preguntó Akira—. Digo, para hacerlo nosotros la próxima vez que te comportes como un bebé asustadizo.

—Eso es cosa nuestra —Yamato sonrió enigmáticamente, haciendo que todos quisiesen saber qué es lo que la chica había hecho para lograr que estuviese tan alegre—. Además, no creo que os sirviese a vosotros.

Los otros tres se miraron entre sí, confundidos, pero se centraron en el público cuando el telón se abrió finalmente. Yamato adelantó un paso para empezar el concierto.

—¡Muy buenas noches, público! —gritó haciendo que la gente chillase en respuesta—. ¡Somos The Wolves y estamos aquí para hacer temblar el suelo!

Los aplausos sonaron por la sala y los primeros acordes de la guitarra comenzaron la canción que cambiaría sus vidas.

—¡Increíble! —exclamó Taichi mirando al escenario, donde Yamato estaba dando el mejor concierto de su vida—. ¡Está ahí! ¡Lo has conseguido, Princesa!

—No sé por qué dudabas, Tai —rió ella, contenta—. Ya sabes que soy muy cabezota y nadie le dice que no a Mimi Tachikawa.

—Pero, ¿qué has hecho? —preguntó, curiosa, Sora—. Nadie había logrado moverle ni un pelo.

—Una tiene sus armas, Sora —fardó la chica mirando hacia el escenario, donde el rubio hacía alarde de su habilidad para la canción mientras le echaba miradas ardientes de vez en cuando—. Una tiene sus armas…

...

Yamato se lució aquella noche, dando un espectáculo tan brillante que al regresar al camerino tenían un jugoso contrato esperando para ser firmado. Todos sus amigos los felicitaron y les inundaron a abrazos. Y él rió, contento por todo. Porque iban a conseguir aquello por lo que tanto tiempo llevaban luchando.

Pero sonrió más al ver a Mimi esperándole, sonriendo coquetamente y mirándole a través de sus largas pestañas. Porque no podía esperar a que ella cumpliese su promesa y volver a probar esos labios tan dulces que le habían hecho reaccionar cuando más lo necesitaba. Y lo habían despertado de su letargo, pero no solo en lo referente al concierto; estaba decidido a no dejar que Mimi Tachikawa se alejase de él en mucho tiempo; nunca, por ejemplo.


Undécima imagen. Un pequeño mimato que pretendía ser cortito pero se me ha alargado. Siempre me pasa lo mismo, no tengo remedio. Sí, sé que tengo más retos abiertos pero necesito tiempo para ellos y las imágenes me traen ideas "cortas" a la mente. Así que nada, aquí lo dejo.

Espero que os guste.

¡Nos leemos!

Mid*