¿Eran sus ojos los que le mostraban una dulce pero nostálgica ilusión? Corrió hasta él y se abalanzó hacia aquellos brazos que la esperaban con anhelo.
— ¿Realmente estás aquí? —Acarició su rostro para comprobar que no se trataba de un sueño.
— Me alegra verte. —Sonrió Sesshomaru. —No demoró para que sus labios se encontraran. Un beso tras otro, y un abrazo lo suficientemente cálido como para descongelar el polo norte.
— ¿Qué haces aquí? Es decir... ¿Cómo? —Su asombro no desaparecía.
— Vine porque... —Desvió la mirada buscando a su hermano. — ¡Maldito! —Se separó bruscamente de Kagome para dirigirse hasta el muchacho a espaldas de ambos. — ¡Eres un maldito! —Repitió con mayor intensidad mientras estrellaba su puño del lado derecho del rostro de Inuyasha.
— ¡Sesshomaru! —Interfirió Kagome. Lo apartó de Inuyasha que se encontraba en el piso tratando de recobrar el sentido. — ¡¿Estás loco?! ¡Es tu hermano! ¡Golpearlo así es inhumano!
— Él comenzó. Cuando pienso en ustedes dos solos aquí y juntos...yo...yo... —Se revolvió el cabello a causa de sus nervios.
— ¿De qué hablas? —Se puso de cuclillas para ayudar a Inuyasha a incorporarse.
— ¿Sesshomaru? —Sango acababa de bajar del taxi. —Fue un golpe duro. —Intentó distender la tensión del ambiente.
— ¿Sango...tú también estás aquí? —Interrogó estúpidamente, pues allí estaba ella de pie.
— ¡Claro! —Gritó Kagome molesta. — ¡Y aunque no lo estuviera, no hay razones suficientes para que golpees a Inuyasha de esa forma!
— ¡¿Lo defiendes?!
— ¡No lo defiendo! pero llegar aquí con esa actitud... ¡esperaba más de ti!
— Inuyasha ni siquiera disimula lo que siente por ti. Es hora de ponerle un límite.
— ¡Entonces deberías confiar más en mi! —Reclamó Kagome.
— ¡Es en él en quien no confío! —Lo señaló.
— Todos deberíamos relajarnos un poco. —Intentó persuadirlos Sango.
— Eres un bastardo Sesshomaru... —Inuyasha se puso de pie mientras escupía la sangre que se había acumulado en su boca. Salió corriendo en dirección a Sesshomaru embistiéndolo con tanta fuerza que ambos cayeron al piso. — ¡Te arrepentirás, viejo! —Logró dejarlo debajo de él y le devolvió el golpe, una y luego otra vez, pero Sesshomaru logró esquivar la mayoría.
— ¡Inuyasha, detente! ¡Se van a lastimar, YA BASTA! —Intentó separarlos Kagome pero Inuyasha la apartó de un empujón tirándola al suelo junto a ellos.
— ¡Ay dios, ay dios!—Sango no sabía cómo detener la pelea sin quedar involucrada en la riña. Se sacó el zapato y comenzó a darle golpes a Inuyasha en la cabeza. —¡Basta idiota! —Repetía dando golpes inútiles.
— ¡¿Qué haces, Sango?! Eres estúpida. —Intentó cubrirse de la morena, pero lo único que logró fue bajar su guardia dándole oportunidad a Sesshomaru. Ahora la ventaja era para el mayor. La pelea hubiese sido eterna de no ser porque la policía llegó a la escena y se los llevó a todos a la comisaría, acusados de agresión y disturbios en la vía pública.
— Espero que estén orgullosos. —Dijo la azabache apretando entre sus manos los fríos barrotes de la celda. Sango estaba sentada en el suelo abrazando sus piernas, Inuyasha apoyaba todo su peso en la pared con los brazos cruzados mientra Sesshomaru se hallaba sentado en un pequeño banco junto a la esquina.
— Kagome... —Intentó disculparse Sesshomaru.
— ¡Cállate! —Se dio la vuelta para verlo. — ¿Sabes lo que pasará ahora? El programa de intercambio se enterará y me enviarán de vuelta a casa. —Las lágrimas comenzaron a fluir desde sus ojos. Todas las miradas se dirigieron a ella, era seguro que nadie había pensado en eso.
— Yo...
— No, cállate. Ya sé lo que dirás... "No fue mi culpa". Y tienes razón. También fue de él. —Señaló a Inuyasha, quien se limitó a observarla, en el fondo sabía que era cierto. Un tren de furia la recorría, tenía que desahogarse.
— Asumiré las responsabilidades de mis acciones. No estaba pensando, realmente lo siento. —Se acercó a ella. —Jamás haría nada intencional que te perjudicara y lo sabes. —Ella le dio la espalda.
Inuyasha observaba molesto. El imbécil había sido Sesshomaru, no él y por su culpa ahora Kagome pagaba las consecuencias. —Tú fuiste quien empezó la pelea. —Le hizo saber a todos.
— ¡No te atrevas a hablarme! Tú eres el que sigue a mi novia a todas partes como un perro faldero.
— ¡Sango y yo vinimos a visitarla! Si tus celos te vuelven un idiota hermanito, no es asunto mío.
— No eres de confianza bastardo.
Rió. — Já, mira quien lo dice. —Sesshomaru volvió a acercarse a él.
Otra pelea hubiese empezado si no fuera por la oportuna aparición del jefe de policía. Pidió que dejaran salir a Kagome para hablar con ella en su oficina, ya que parecía ser la única que hablaba italiano lo suficientemente fluido como para explicar la situación. Tras momentos de angustiosa espera, regresó a la celda. Las únicas palabras que salieron de su boca fueron —Todo estará bien— y se sentó en el pequeño banco cabizbaja. Sus amigos compartieron una mirada preocupada y luego Sango se acercó para intentar consolar a su amiga en vano.
Minutos después su supervisora estudiantil apareció, esa mujer estaba alterada de sobre manera. Miró a la azabache desde el otro lado de la celda y ambas mantuvieron una acalorada conversación. Luego se fue con el jefe de la delegación. Uno de los policías abrió la celda y les comunicó que ya podían irse.
— Debo volver al campus. —Pronunció a sus amigos luego de un helado silencio. —Tengo que empacar mis cosas.
— ¿Esa mujer era...?
— Sí. —Sonrió, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas. —Tengo dos días para empacar e irme. La institución decidió revocar mi beca.
— ¡No pueden! Malditos. —Increpó Inuyasha indignado.
— Kagome... —Intentó acercarse a ella Sesshomaru.
— No quiero hablar contigo ahora. —Sentenció furiosa, lo que hizo que Sessh se detuviera. Ella se acercó a Sango y la abrazó. —Debo volver al campus... ¿tienes como volver a casa?
— No te preocupes por mí amiga.
— Yo me ocuparé de todo. —Dijo Inuyasha.
— Bien. —Pronunció en un hilo de voz Kagome.
— ¿Estarás bien? —Interrogó Sango.
— Sí. Nos veremos pronto. —Volvió a abrazarla, intentó regalarle una sonrisa para dejarla tranquila pero le fue imposible.
Inuyasha se acercó a ella. —Lamento haberte causado problemas...
Kagome lo abrazó mientras lloraba. —Todo estará bien, todo estará bien. —Repitió intentando convencerse a sí misma. Se separó de él y secó bruscamente las lágrimas que nublaban su mirada. —Amanecerá pronto. Tal vez encuentren algún vuelo disponible.
— Eso creo. —Sango detuvo un taxi, se despidió de Sesshomaru y subió con Inuyasha. No tardó mucho para que desaparecieran entre la multitud de autos que circulaban en la avenida.
Era la oportunidad perfecta del platinado para intentar solucionar las cosas. —Sé que estás enojada pero...
— Será mejor que tú también te vayas Sesshomaru. —Lo interrumpió.
— No. ¡No me iré sin arreglar las cosas contigo!
Se acercó a él dándole una buena cachetada, él la abrazó en respuesta. Intentó alejarlo golpeando repetidamente su pecho, pero finalmente sucumbió a su abrazo. Uno que realmente necesitaba. —No tenías derecho a hacerme esto...
— Lo sé y jamás me lo perdonaré. —Depositó un beso en su frente. —Espero que algún día puedas perdonarme.
— No hay nada que disculpar. —Aún lloraba. —Te amo y el hecho de que esté enojada no cambia eso. ¡Viniste desde el otro lado del mundo por mí! Pero ahora necesito tiempo para asimilar las cosas.
Sesshomaru sonrió levemente. —Te acompañaré al campus.
Secó con la manga de su blusa sus ojos. — ¿Luego que harás?
— Iré a un hotel e intentaré dormir un poco. Te ayudaré a empacar por la mañana.
— Quiero ir contigo. —Apretó entre sus manos la camisa de Sessh. —Vámonos juntos. —Susurró cerca de sus labios.
Mientras tanto en el aeropuerto.
— ¿Crees que estará bien, Inuyasha?
— No lo sé.
— Tu ojo se está poniendo morado y tu mejilla está hinchada. ¿No quieres que te acompañe al hospital?
— Nuestro vuelo sale en media hora. Además... —Llevó su mano hasta el lugar en donde había recibido el golpe. —Ya estoy acostumbrado a esto. Mi anterior instituto no era un patio de juegos.
— Que horrible.
— Qué más da. Me hubiese gustado golpear un poco más fuerte al idiota, así no sería el único en este lamentable estado. —Suspiró. —Solo queda esperar. —Se sentó en uno de los muchos asientos que ofrecía el aeropuerto, con los brazos cruzados y las piernas extendidas hacia delante. Cerró los ojos.
Sango fue hasta uno de los locales ubicados dentro del aeropuerto y compró la bebida más fría que encontró. Una pequeña lata de gaseosa. Luego regresó con Inuyasha. —Toma, ponla en tu rostro... no es mucho, pero servirá para bajar la hinchazón. —Arrojó la lata a sus manos.
— No era necesario.
— Solo agradéceme y cállate. —Se sentó junto a él.
— Gra-gracias. —Dijo mientras apoyaba el metal frío en su pómulo derecho.
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Si algo había que agradecer en Italia era el infinito lujo y confort de sus hoteles. Quizás fue la urgencia o la necesidad que habían albergado durante tantos meses lo que los llevó a atravesar la puerta de la habitación sumidos en una guerra de besos. En su mundo no existía nada más que ellos dos. La llama de sus primeros tiempos juntos ardía en sus ojos nuevamente. Era el renacer de una pasión que ambos habían olvidado hace mucho tiempo.
Ciegos por la lujuria chocaron con el filo de la cama, Sessh deslizó sus manos por la espalda de Kagome delineando cada centímetro de ella y bajando hasta sus glúteos. Kagome rió entre besos, besos cada vez más profundos. Sintió el contacto certero de su lengua junto a la de ella, una sensación cálida y húmeda los absorbió. La prominente y endurecida excitación de su compañero rozaba su vientre haciéndola estremecerse. Sesshomaru deslizó una de sus manos por debajo de la blusa, ignorando por completo el sujetador que ella aun llevaba puesto. Finalmente se detuvo en uno de sus perfectamente redondeados senos. Lo masajeó suavemente, apretó entre sus dedos la punta de su pezón, tan duro como una roca. La escuchó gemir cerca de su oído, volvió a besarla. Se alejó medio paso para observarla antes de despojarla de su ropa por completo. El deslizar de la tela le estremeció el cuerpo entero. Se dejó caer sobre la cama con la desnudez a flor de piel. Él se recostó sobre ella, encerrándola con su cuerpo. Dibujó un sendero de besos desde su cuello hasta su vientre, que se contraía por el tacto. Kagome deslizó sus inquietas manos hasta el abdomen de su amante. Jaló de su camisa haciendo que los tres primero botones salieran disparados como balas.
Sesshomaru se detuvo en seco —Oye, esta era mi camisa favorita. No te di permiso para que la destrozaras. —Sonrió de lado.
— Te regalaré otra. —Rió cerca de su boca antes de morder suavemente su labio.
Sessh la sujetó por la espalda haciendo que ambos giraran sobre la cama. Ahora se encontraba encima. Desprendió el resto de los botones de la camisa y la hizo a un lado dejando a la vista su trabajado abdomen. Ella deslizó sus manos acariciándolo suavemente hasta llegar a su cintura. Se mordió el labio inferior mientras desprendía el cinturón de su pantalón. El sonido de la hebilla y el deslizar del cierre aumentaron la tensión. Sessh se inclinó, abrazándola y ambos volvieron a girar sobre la cama. Una vez más la rodeaba bajo su cuerpo. Se inclinó hacia ella y con su boca saboreó uno de sus senos mientras deslizaba su mano hasta la húmeda entrepierna de la azabache. Ella apretó ligeramente las piernas cuando sintió como deslizaba unos de sus dedos dentro de ella. Entrando y saliendo. Recorriendo cada milímetro de su piel.
Los gemidos inundaron la habitación pero Sesshomaru los ahogaba con feroces besos, que más que callarla, la dejaban sin aire. Ya estaba lo suficientemente agitaba y húmeda cuando suplicó que terminara con su agonía. Incluso él estaba volviéndose loco, deseada llevarla a recorrer el cielo y destrozarla a la vez, corromper su alma.
Deslizó hacia abajo la última prenda que cubría su virilidad, dura y erguida, tanto que comenzaba a doler. Separó rápidamente las piernas de Kagome y se abrió paso de una sola estocada. La oyó gritó su nombre y aferrarse a su espalda con desesperación. Podía oler el aroma de su cabello, embriagador, más de lo que recordaba. Sus movimientos no eran lentos, ni mucho menos. Eran feroces y profundos. La cama comenzó a moverse al ritmo de su vaivén.
Kagome se aferró con fuerza a las sábanas con ambos brazos extendidos mientras sus pechos subían y bajaban con al compás que Sesshomaru imponía. Él la sujetó de las caderas, enterrándose más en ella, encajaban a la perfección. Kagome irguió la espalda y echó la cabeza hacia atrás. Él continuó lanzándose una y otra vez sobre ella, tomando todo de ella. Fue una guerra que se prolongó toda la noche, hasta saciarse el uno del otro, hasta acabar con esa necesidad mutua que los atormentaba. Profanaron cada centímetro de la habitación sin remordimiento, tampoco repararon mucho en las quejas de sus vecinos.
Ella se hallaba recostada sobre su pecho acariciando un mechón de cabello plateado que llegaba hasta sus manos. Él tenía una de sus manos debajo de su cabeza y con la otra acariciaba suavemente la espalda de Kagome.
— Te extrañaba. —Confesó el platinado.
— Y yo a ti. —Inclinó un poco la cabeza para poder ver sus ojos. El silencio los envolvió.
— Tenía pensado decirte esto cuando volvieras, pero siento que ya no puedo esperar... — ella se limitó a observar. —Kagome... cásate conmigo.
— ¿Qué? —Se alejó de él y se sentó en la cama. Cubrió con las sábanas su pecho desnudo. — ¿Hablas en serio? —Estaba sumamente sorprendida.
—He pensado en esto desde hace algún tiempo. Sé que aun eres joven y tienes un millón de cosas por vivir pero te aseguro que nunca seré un obstáculo para tu libertad. Pero quiero demostrarte lo mucho que te amo—Sujetó sus manos.
Pese a la emoción que la inundaba no pudo evitar pensar en las palabras de aquella mujer horas antes "una proposición de matrimonio cerca" "vestida de un infinito y reluciente blanco" "el novio no ha llegado y estás a punto de marcharte con el corazón destrozado". Su corazón se contrajo ante la idea de imaginarse plantada en el altar. Intentó restarle importancia, pero fue en vano. — No necesitas casarte conmigo para demostrarme tu amor. —Acarició su mejilla —No tengo intenciones de separarse de tu lado—Le aseguró.
La acercó a ella abrazándola por la espalda. Kagome sonrió. —Resultaste ser más sentimental de lo que decías.
— Tú me vuelves así. —Besó su cuello. Ella sonrió, pero no respondió nada. Nuevamente el silencio volvió a apoderarse de cada rincón.
— Sí.
— ¿Sí?
— ¡Sí! —Confirmó más convencida. —Casémonos, Sessh. —Le regaló una sonrisa radiante.
Sesshomaru se inclinó para besarla. —Te amo.
— Yo más. —Ambos sonrieron y volvieron a recostarse en la cama con la sensación de lo incierto y la felicidad por venir.
"Una proposición de matrimonio cerca" "vestida de un infinito y reluciente blanco" "el novio no ha llegado y estás a punto de marcharte con el corazón destrozado".
Solo eran palabras. Eso se dijo a sí misma. No todo tenía que ser verdad. La mujer también había dicho que su viaje a Italia duraría más tiempo del planeado y resultó ser todo lo contrario. Estaba a un día de irse.
Volvió a recostarse. Solo son palabras, solo palabras. Repitió en su mente infinidad de veces hasta quedarse dormida.
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La azabache despertó por la mañana. Buscó con sus manos el cuerpo del hombre con el que había compartido pasiones la noche anterior pero no lo encontró junto a ella. Se sentó en la cama con brusquedad e inspeccionó con la mirada la habitación. Detuvo su vista en la puerta del baño que se abría dejando a la vista el torso desnudo de Sessh y una toalla atada a su cintura. Su cabello aún húmedo dejaba caer algunas gotas.
— Despertaste. —Se acercó y la besó dulcemente.
— Pensé que te habías ido.
— ¿A dónde iría?
— No lo sé. —Se dejó caer en la cama una vez más.
— Pedí que trajeran el desayuno. Será un día largo.
— Ya lo sé. —Pensar en que tendría que volver al campus solo para empacar y decir adiós, la deprimía inmensamente. Sessh comenzó a vestirse en frente de ella, sin ningún pudor. Eso al menos la distraía de pensar cosas que la entristecían. Su teléfono comenzó a sonar, se levantó de la cama envuelta en la sábana y atendió la llamada. —Hola. Ahhh Sí. No estoy en el Campus. Espera ¿cómo sabes eso? ¿Dónde estoy? Con... con mi novio, él vino de visita. Ya sé que no es el momento, pero... me expulsaron por un estúpido incidente. ¡NO FUE MI CULPA! Entonces tú tampoco me grites. ¿Ahora? Tengo que ir a empacar mis cosas primero. Está bien, me arreglo y te veo allá. De acuerdo le diré. Él vendrá también. —Dijo viendo a Sessh. —Adiós. —Colgó.
— ¿Quién era? —Interrogó al ver la cara de sorpresa de Kagome.
Esquivó la pregunta. —Hay algo que no te he dicho. Me baño y luego hablamos. —Salió corriendo al baño dejándolo en suspenso.
El agua de la ducha se deslizó primero por su rostro, cabello y de ahí a todo el cuerpo. Aunque pasara el tiempo aún sentía las caricias de Sessh sobre su piel. Sonrió por unos segundos y luego la preocupación la envolvió. Había encontrado a su padre. Tenía que buscar la forma de decirle eso a Sesshomaru, no era un asunto cualquiera. Él la conocía más que nadie y seguro tendría una opinión respecto.
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El desayuno ya había llegado a la habitación. Todo había sido minuciosamente acomodado sobre la pequeña mesa redonda que había en la habitación. Ambos se encontraban sentados el uno frente al otro.
— ¿Lista para hablar?
— Te aseguro que no. Es que... no sé cómo decirlo. —Respiró lo más profundo que pudo, como temiendo quedarse sin aire. —Yo...encontré a mi padre.
— ¿¡Qué!? —Su mirada divagaba entre el asombro y la locura. — ¿Cómo? Te seré honesto pensé que jamás darías con él. Era imposible.
— En realidad... él me encontró a mí.
— Oh, eso no puede ser bueno.
— ¡Claro que sí!
— ¿Cómo estás tan segura de que ese hombre es tu padre? ¿Cómo sabes que no es un tipo que intenta aprovecharse de ti?
— El conoce cosas de mi que nadie sabe a excepción de mi padre.
— Tienes que estar bromeando. —La preocupación lo invadió.
— Claro que no.
— ¿Y qué quiere? ¿Dinero? ¿Te extorsiona? ¡¿Intentó acercarse a ti?! Si lo hizo juro que lo mataré.
— ¡¿Qué?! ¡No! Tranquilo. Todo lo contrario. Él es un hombre muy bueno. Lo he visto muy poco pero...
— Debe haber algo oscuro detrás de esto. Uno hombre no abandona a su hija 15 años y luego se aparece frente a ella como si nada.
— Tal vez se enteró de que lo estaba buscando y acudió a mí. Además él ya me aclaró ese asunto. Intento no mirar hacia el pasado.
— Eres muy ingenua, Kagome.
— ¡Claro que no! —Suspiró. —Sé que esto te preocupa, pero todo estará bien. Antes de juzgarlo deberías conocerlo. —Miró su reloj. — Le prometí que no reuniríamos con él. ¿Vienes?
— Claro que iré, no te dejaré sola. —Tenía que ver a ese hombre con sus propios ojos.
Se acercó a él. —Confía en mí, tengo un buen presentimiento.
— Eso intento.
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Les demoró unos minutos encontrar taxi. La ciudad estaba atestada. Tenían como nuevo destino la casa de Muso, era la primera vez para ambos.
— Es aquí. —Dijo mientras el taxista se detenía frente a una casa que parecía un palacio.
— ¿Aquí?
— Esta es la dirección. Yo estoy igual de sorprendida que tú.
Ambos se detuvieron al enfrente a la puerta principal, tocaron timbre y esperaron a que los recibieran. Una empleada los hizo pasar y los guió hasta el estudio, asegurando que los estaban esperando. Kagome abrió la puerta de roble y abrió los ojos de par en par, al ver a su padre y a Souta parado en el extremo opuesto de la habitación. Se acercó a abrazarlo y luego saludó tímidamente a Muso. Ella comenzó a hablar en italiano para que Souta pudiera entenderle y de esa forma saciar su curiosidad. Quería saber que hacía así, pero fue su padre quien tomó la palabra, confesando sin ninguna delicadeza que Souta era su hijo y por consiguiente, medio hermano de Kagome.
Otra vez las palabras de aquella mujer hacían eco en su mente "Veo a tu hermano" Kagome intentó no sorprenderse demasiado ante semejante noticia, pero entonces otras dudas surgieron en su cabeza. Souta le había dicho que su padre era el Director del prestigioso colegio al que ambos asistían, del mismo del que acababan de expulsarla. Esperen ¿había entendido bien? ¿Su padre era el Director de su colegio y su compañero de cuarto su medio hermano? Quedó muda. Menuda sorpresa. Sesshomaru hubiese abrazado a Kagome para evitar que se desplomara de la impresión, pero para su desgracia toda la conversación había sido en italiano y no había llegado a entender en profundidad la ironía de la situación.
Luego de que la azabache saliera del shock inicial su padre continuó hablando. Ella respondía y mostraba distintas expresiones, pero ninguna lo suficientemente clara para que el pobre de su novio entendiera.
— ¡Suficiente! No entiendo qué están diciendo. ¿Quiénes con ellos y qué te dijo este hombre, Kagome?
— Sessh... —Se giró hacia él. —Él es Muso, mi padre —Lo señaló. —Y él es Souta... mi hermano. —Dijo haciéndose a la idea. Se giró hacia los recién aludidos. —Él es mi novio Sesshomaru. —Lo presentó de igual manera. No hubo saludos animados, ni gestos amistosos. —Estoy igual de sorprendida que tú, mi padre me acaba de confesar que es el Director de mi colegio y quiere que yo continúe aquí mis estudios, independientemente de la beca que perdí.
— ¿Qué? —Detuvo la mirada en aquel sujeto que se hacía llamar "padre".
— Eso mismo. —Respondió Muso. Comenzó a hablar en español para incluir a Sesshomaru en la conversación, pero excluyendo a su propio hijo que solo entendía lo básico. —Le ofrezco a mi hija la oportunidad de estudiar aquí. Nunca tendrá que preocuparse por nada, y además estará estudiando en uno de los mejores colegios del país. —Su tono era serio y contundente.
— ¿Tú qué piensas? —Buscó las manos de Sesshomaru suplicando su opinión, un consejo.
— Yo... no lo sé. Si eso es cierto significa que podrías seguir estudiando...
— Sí y sería grandioso. Pero...
— ¿Pero? —Él sabía la respuesta a eso.
— Estaría lejos de ti. —Confesó al borde de las lágrimas, una entristecida Kagome.
— Hubiese sido de igual forma si aún conservaras la beca.
— Es verdad. —Se alejó de él unos centímetros. — ¿Estas de acuerdo con que me quede?
Aun desconfiaba de la situación pero no quería desilucionarla, ya tendría tiempo para hacer indagaciones por su parte. —Es una oportunidad única. Debes quedarte en Italia. —Le aseguró.
Kagome se acercó a su padre, dudó por un instante pero se tomó el atrevimiento de darle un abrazo. — ¡Muchas gracias! Esto significa mucho para mi.
—Estaré siempre a tu lado a partir de ahora. Eres mi hija, y moveré cielo y tierra si es necesario para verte feliz. —A pesar de todo Sesshomaru aún mantenía su desconfianza en aquel hombre.
— ¿Entonces qué hago ahora? —Preguntó desorientada Kagome.
— Olvídate de esa tonta beca, no te merecen. —Le aseguró. Ella sonrió dulcemente. —Quiero que ambos se queden a almorzar con nosotros. Mi esposa desafortunadamente no está, pero con gusto se las presentaré en otra ocasión. Supongo que tú y Souta tienen muchas cosas que hablar.
— ¿Souta, sabías que tú y yo éramos...?
— No, Kagome. Acabo de ponerlo al tanto. —Respondió Muso. — Aunque admito que con lo suspicaz que es ya tenía sus sospechas. Fue gracias a Souta que te encontré.
—Nos quedaremos a almorzar. —Aseguró Kagome sin preguntarle a Sesshomaru, quien intentaba disimular su incomodidad.
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[Nota del Autor: Las letras de lado y negritas son para los diálogos en italiano.]
En el Comedor.
— Espero que les guste la pasta. Ya deben saber lo especial que es este plato aquí en Italia. Una verdadera delicia. —Comentó Muso mientras una de sus empleadas dejaba un plato delante de cada uno.
— Me encanta. —Sonrió Kagome. Era cierto que ella amaba las pastas, pero no era el caso de Sesshomaru. Ni las amaba, ni las odiaba, solo no eran su comida favorita.
— Bien, entonces... él es tu novio ¿No? —Era un hombre lo suficientemente observador como para notar que el "novio" de su hija era algunos años mayor que ella. Aunque lo disimulara, su aire natural de madurez lo delataba. Era un punto a favor y otro en contra.
— En realidad, "prometido", a partir de hoy. —Corrigió ella. Dejó ver una deslumbrante sonrisa. Souta se ahogó al oírla y su padre dejó caer el cubierto sobre el plato.
— ¡¿Qué?!—Su hija, su pequeña hija se había comprometido con un hombre totalmente desconocido para él. ¿Y si intentaba perjudicarla? ¿O aprovecharse de ella? Era su deber como padre juzgar adecuadamente a su futuro yerno.
— ¿Qué les dijiste? —Le susurró Sesshomaru a Kagome al ver la cara de sorpresa de Souta y Muso.
— Les comenté de nuestro compromiso. —Le respondió cerca al oído .
— Felicidades Kagome. —Intentó pronunciar lo mejor que pudo en español Souta.
— Gracias. —Respondieron ambos aludidos al mismo tiempo.
Muso estaba dispuesto a estudiar las reacciones de Sesshomaru y qué mejor forma que acorralarlo en una conversación. — ¿Cuándo será la boda? —Se limitó a hablar en español.
— ¡Papá!— Lo regañó la azabache. La palabra había escapado de sus labios sin su permiso. —No lo sabemos. —Dijo sonrojada. —Acabamos de comprometernos. Primero terminaré mis estudios y luego veremos. — A diferencia de Kagome a Sesshomaru no le importaba casarse en ese preciso instante o cuando fuese. Si esperaban, era por decisión de ella, no suya. Sonrió tiernamente al notar el sonrojo en su compañera.
— Ya veo... —No había apartado la vista de Sesshomaru, pensó que tal vez tendría algo que decir, pero se mantuvo en silencio. Solo miraba a Kagome y parecía bastante concentrado en ella —Me complacería hacerme cargo de los gastos de tu boda. Ese será mi obsequio para ustedes, solo elijan una fecha.
—Claro que no. —Estaba dispuesta a reprocharle. Ella no quería el dinero de su padre y se lo iba a dejar bien en claro, pero Sessh le robó las palabras.
— No es necesario que haga eso. Yo puedo pagar mi propia boda, nuestra boda, señor Muso —Se corrigió Sesshomaru. Bebió un sorbo de vino para calmar la sequedad de su garganta.
Ese muchacho se había atrevido a contradecirlo. No lo negaba demostraba coraje. Empezaba a divertirse con la situación, pero no debía dejar que se dieran cuenta. —No te conozco muchacho, lo dudo. Pero no hago esto por ti, sino por mi hija.
— Pero una boda es de dos personas y aunque no le agrada del todo, yo soy una de ellas. —Su orgullo estaba en juego nunca había sido un mantenido ni siquiera por sus padres no comenzaría ahora.
Muso lo observó con detenimiento unos instantes mientras agitaba su copa en la mano. —Eres interesante, Sesshomaru. —Dejó escapar una sonrisa prófuga. —De igual forma insisto en ayudar, considérenlo mi regalo de bodas para ustedes. —Su voz sonaba más relajada y amable.
— Mejor no nos adelantemos, hablaremos de ese asunto a su momento. Falta mucho tiempo. —Comentó Kagome.
— Es verdad. No deben desaprovechar el presente. —Coincidió con su hija. Continuaron comiendo en silencio por un momento. —Tal vez no te interese Kagome pero... —Continuó la oración en italiano. —...tienen mi bendición. —Ella sonrió, pero no dijo nada. Ni siquiera tradujo sus palabras para que Sesshomaru pudiera entender. Sintió que era algo entre ellos. Souta rió por sus adentros.
El almuerzo continuó, pero la plática tensa e incómoda había cesado considerablemente. En lugar de eso, el vino comenzaba a acentuar sus risas, junto a los comentarios jocosos con la mejor intención. El postre no dio mucho de qué hablar, todos habían acordado con una mirada cómplice que era delicioso. Pasaron a la sala. Para ese entonces ya era evidente y radical el cambio de Muso que al principio se había mostrado escéptico y cortante con Sesshomaru y viceversa, ahora parecían verdaderamente una... ¿familia? ¿Era esa la palabra? Tal vez no, pero algo así.
— Bien, propondré un brindis por mi hija, su futuro esposo y su compromiso. —Todos levantaron sus copas desde su lugar y luego bebieron de ellas. Luego de eso continuaron con su charla hasta que llegó el momento de despedirse.
— Gracias por habernos invitado, papá. —Lo besó en cada una de sus mejillas. —Será mejor que regresemos.
— No te dejaré volver a faltar al colegio como hoy, señorita. —Bromeó.
— Fue un placer. —Extendió la mano Sesshomaru a su suegro.
— Lo mismo digo. —Sonrió. —Puedo estar tranquilo, sé que mi hija está en buena compañía.
— Dile a Souta que lo veré mañana. — Le pidió Kagome a Muso, ya que Souta se había retirado antes debido a un compromiso.
— Le diré. —Kagome y Sesshomaru comenzaron a bajar la escaleras de la casa rumbo a la calle principal. — ¿Sabes conducir, Sesshomaru? —Preguntó antes de que se fueran mientras se apoyaba sobre el marco de la puerta de entrada principal.
Sesshomaru se dio la vuelta al escuchar que le hablaba específicamente a él. —Claro. —Le aseguró.
— Entonces toma. —Le arrojó unas llaves que atrapó con increíble agilidad. —Son de mi auto. Pueden devolvérmelas luego.
— ¡No hace falta, podemos llamar un taxi! —Reprochó. —Regrésalas. —Le insistió Kagome a Sesshomaru.
— Se lo devolveré sano y salvo. —Hizo caso omiso a su prometida y decidió quedarse con el auto. Era una clara señal de confianza hacia él. No iba a negarse.
— ¡Pero Sesshomaru...!
— Él sabe lo que hace y yo también.
— Aprovechado. —Lo empujó y se echó a correr. —El último en llegar hará la cena.
— Perderás. —Salió tras ella. Muso sonrió aliviado desde la distancia.
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En el Hotel.
— Hola... —Contestó su teléfono la azabache. — ¡Sango! —Sonrió al escuchar la voz de su amiga del otro lado de la línea. —Me alegra que hayan llegado bien. Envíale mis saludos a Inu. —Sintió como Sesshomaru la abrazaba por la espalda y comenzaba a besarle el cuello. —Sí, es genial. Tengo muy buenas noticias. Al final podré quedarme en Italia, es largo de explicar, seguro estás fatigada. Luego te llamo y te pongo al tanto de todo ¿de acuerdo? Adiós, te quiero. —Cortó. —Ya basta. — Dijo riendo. Intentó alejar a Sessh.
— No. —La levantó entre sus brazos mientras besaba su boca con impaciencia. Ambos cayeron sobre la cama.
— Espera, espera...
— ¿Qué? —Se detuvo y se dejó caer junto a ella.
— Quiero hablar contigo... ¿aún desconfías de Muso? —Interrogó. No es que el sexo no se viera prometedor, pero necesitaba saber esto antes.
Suspiró. — No. —Le aseguró.
Lo sujetó de las mejillas y depositó un fugaz beso en sus labios. —Creo que le caíste muy bien.
— Já... ¿Viste como me miraba cuando mencionaste lo del compromiso? Casi me asesina con los ojos.
— Pero te mantuviste firme. No hubiese esperado menos de ti, Sessh. —Se giró de lado para verlo. Él hizo lo mismo.
— Creo que te amo, Higurashi Kagome. —Acomodó un mechón rebelde de cabello detrás de su oreja.
Acercó sus manos a él. — ¿Dijiste "creo"? —Preguntó con sorna mientras lo atacaba a cosquillas.
— Basta... hahaha, por favor.
— Jamás. —Sonrió. Se subió sobre él y continuó haciéndole cosquillas pero ahora sumaba a su arsenal un convoy de besos. Besos mortales y devastadores. Otra noche prometedora los esperaba.
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Kagome retomó sus estudios al día siguiente, y Muso la ayudó a arreglar el problema de su beca. La azabache se pasó una semana yendo y viniendo desde el campus al hotel y viceversa. Una semana que llegaba a su fin. Su adorado platinado debía partir, no podía quedarse para siempre, y otra vez estarían separados, hasta quién sabe cuándo. Nuevamente revivieron esa amarga despedida en el aeropuerto, pero ahora era él quien se marchaba con el corazón destruido por el llanto de su amada. Los días se transformaron en semanas, las semanas en meses. Algunos momentos importantes se perdieron para siempre.
El fin de año estaba cerca, y por ende, su graduación. Celebración que pasaría en compañía de su nueva familia, su padre, su hermano y su madrastra; la cual resultó ser una mujer muy dulce y cariñosa que siempre había soñado con tener una hija. Hija que vio reflejada en Kagome.
Le hubiese encantado que sus amigos estuvieran junto a ella, pero ellos tenían su propia graduación a la cual asistir. Que casualmente se celebraba el mismo día. Sessh tampoco pudo acompañarla, tenía asuntos en la Universidad con los que prefirió no abrumar a Kagome. La única persona que la sorprendió con su presencia ese día especial fue su madre. Su madre que le dio entre sus felicitaciones, la noticia de que se había divorciado de Naraku. ¿Podía su día ser mejor? Claro que sí. Si sus amigos estuvieran allí, pero intentó no pensar en eso. Disfrutaría su graduación, como de seguro querían y harían ellos.
Su madre mantuvo una distancia prudencial de Muso, hasta que el encuentro fue inevitable. Aunque ambas partes se comportaron de la forma más adulta posible, considerando las circunstancia de TODO lo ocurrido entre ellos. Una vez terminadas las celebraciones escolares, otro evento especial esperaba a la azabache. Su padre insistió en dar una cena en honor a la recién graduada con honores. Cena en la que confesó una propuesta inesperada para todos.
— Este año ha estado lleno de sorpresas, pero a la vez de felicidad. ¿Quién diría que tendría una hija e hijo tan maravillosos? Kagome y Souta, ambos son mi mayor orgullo. Deseo continuar viendo sus logros. Por eso, Kagome... —Todos dirigieron la atención hacia ella. —...me gustaría pedirte que te quedaras a vivir en Italia con nosotros. ¡Tu familia!
El asombro de Kagome, al igual que el de todos los presentes era más que evidente. Estaba segura que si le hubiese propuesto eso tiempo atrás, su respuesta sería un absoluto y rotundo No. Aunque ahora la idea no le disgustaba, es más, ya llevaba tiempo imaginando su vida allí. ¿Por qué no? Amaba a su nueva familia, tendría grandes oportunidades laborales y... jamás volvería a ver al hombre que amaba. ¿No había pensado en eso? Jamás volvería a ver a Sesshomaru y nunca se atrevería a pedirle que dejara toda su vida allá para venir aquí con ella. Como estaba segura que él tampoco le pediría eso a ella. No tenía claro qué hacer.
"Regresarás al país del que viniste pero tomará más tiempo del que creíste inicialmente."
Esa bendita mujer era su cruz. ¿Por qué diablos había querido saber su futuro? ¿De qué le había servido? La gitana le había advertido. Ésta sería otra predicción que se cumpliría al pie de la letra. ¿Por qué lo afirmaba? Más bien debería preguntárselo. ¿Sería ésta otra predicción que se cumpliría al pie de la letra? ¿Qué hay de las demás? De la boda arruinada y de la otra mujer... esperen, ¿Por qué no se había detenido a pensar en eso? ¿Lo había creído imposible hasta ahora?
"Otra desea ocupar el lugar que es tuyo." Lo había dicho en presente. Era la primera vez que pensaba en ese detalle. "Otra DESEA OCUPAR..."
"Deberás tomar una decisión que le causará dolor al hombre que amas y a ti". ¿Se refería a esto? En un segundo un millón de preguntas la abrumaron, pero de todas ellas solo una se repetía en un incesante bucle. ¿Qué era lo que quería, un futuro junto a su nueva familia o junto a Sesshomaru?
Continuará...
