Historia escrita para el Proyecto "Escribe a partir de una imagen".
Imagen: Banco en parque. de Ficker D.A.T proyecto1 -8. tumblr post/112162338485/14
Personaje: Ken Ichijouji y Hikari Yagami.
Digimon no me pertenece
Capítulo XIV. Cita nocturna
Hikari se subió los cuellos de la chaqueta que llevaba cuando una gélida brisa le desordenó el cabello e hizo que un escalofrío recorriese su cuerpo. Sintiendo el frío helarle los huesos, se sentó en el banco y miró el reloj, cerciorándose de que había llegado a tiempo; faltaban unos pocos minutos para medianoche. Los dientes comenzaron a castañearle, realmente no era el mejor día para hacer una quedada nocturna pero había recibido un mensaje con una simple frase: "Donde siempre a la hora de siempre". Y ella sabía perfectamente cuál era el trato. Esa vez había sido él, el que había pedido la cita, pero era consciente de que otras muchas había sido ella.
Unos pasos hicieron que alzase la mirada, hasta ese momento clavada en las doradas hojas que el otoño había hecho que decorasen la tierra seca, y se fijase en el hombre que se acercaba a ella encorvado, tratando de protegerse de las ráfagas de viento, que hacía que su gabardina ondease a su paso. Cuando llegó a su altura, sacudió la cabeza como saludo y Hikari hizo lo mismo y señaló con un ademán el sitio en el banco. El hombre se sentó a su lado sin sacar las manos de los bolsillos y cruzó una pierna sobre la otra.
La castaña esperó en silencio, mirando hacia delante, a que él se decidiese a comenzar a hablar. Hikari sabía que era el hombre el que tenía que decir la primera palabra, que ella solamente estaba allí para darle su apoyo, así que permaneció muda. Pasados unos minutos antes de que finalmente hablase.
—He vuelto a tener ese sueño de la última vez —murmuró en voz baja, derrumbándose finalmente—. Volvía a sucumbir y la oscuridad de invadía.
Ken descruzó las piernas y las apoyó en el suelo para después dejarse caer hacia delante y colocar las manos en las rodillas mientras sus hombros comenzaban a sacudirse en llanto. Hikari lo miró y masajeó su espalda con dulzura, dejando que se desahogase.
—Wormmon moría en mis brazos de nuevo y a mí no me importaba esta vez —sollozó amargamente—. Miyako trataba de convencerme de volver al lado bueno pero no lo lograba. Creaba a Kimeramon de nuevo, tratando de controlar el mundo digital, y terminaba por arrasar todo. Mataba a todos, a Iori, a Takeru, a Yolei, a Daisuke, a ti….
La mujer lo mirón comprensiva cuando él alzó la mirada y sus orbes se clavaron en los suyos. La culpa y el miedo se reflejaban en sus ojos llenos de lágrimas y ella no pudo más que acariciar su mejilla y sonreírle de forma tranquilizadora.
—Mataba a mis hijos, Hikari —la voz se le quebró al llegar a ese punto—. A mis pequeños…. Kimeramon pasaba por encima de todo y yo miraba atrás, viendo las decenas de cadáveres, de digimons y de humanos que dejaba, y solamente me reía.
En ese momento terminó por romperse y se lanzó a los brazos de la mujer llorando como un niño pequeño. Hikari lo acogió con toda su empatía, abrazándole sin juzgarle y dejando que sacase todos sus miedos fuera. Con palabras suaves, le recordó que solamente era una pesadilla y que él había cambiado.
—Ya no eres Digimon Emperador —le aseguró en un susurró—. Eres una buena persona, que quiere a sus amigos, adora a Wormmon y ama a su familia. Nunca serías capaz de dañar a nadie.
Ken alzó la mirada de nuevo y ella lo miró fijamente a los ojos tratando de transmitirle confianza y la verdad a través de ellos. Él asintió mientras ella seguía relatándole todas sus virtudes, demostrándole los cambios que habían ocurrido en su vida y en su persona y recordándole todo lo que había cambiado.
—Era solamente una pesadilla —repitió, finalizando su discurso con convicción—. Ya no eres Digimon Emperador; solamente eres Ken Ichijouji, policía y padre de familia.
Las lágrimas del hombre se secaron finalmente, y por primera vez desde que llegó pudo esbozar una pequeña sonrisa. Ambos miraron al frente de nuevo, sus orbes analizando el paisaje otoñal frente a ellos, el frío volviendo a hacer presencia una vez que todo volvía a la normalidad. Estuvieron en un cómodo y agradable silencio unos minutos más, disfrutando de la paz de la naturaleza y la soledad de ese alejado parque del que tantas citas había sido testigo.
Fue Ken, una vez que recobró la calma, el que puso punto y final al encuentro mirando al reloj de su muñeca.
—Es la una y media ya —murmuró, poniéndose de pies—. Debo volver a casa antes de que Miyako se despierte y se pregunte por qué no estoy en la cama con ella.
—Sí, es tarde ya —Hikari se levantó también—. Yo también debo volver; Takeru se preocupará si no me encuentra en casa.
—Ha sido bueno —afirmó él, asintiendo—. Muchas gracias, como siempre.
—No hay que darlas —aseguró ella—. Para eso estoy; cuando lo necesites o quieras, solamente mándame un mensaje y vendré aquí.
—Sabes que es mutuo; cuando quieras hablar, yo estaré aquí —Hikari asintió.
Caminaron juntos hasta la salida del parque, hombro contra hombro y con su rutina de silencio. Cuando llegaron al final se miraron unos segundos y sin necesidad de decir ni una palabra sonrieron y se despidieron con un gesto de la cabeza para acto seguido coger caminos contrarios, cada cual yendo a su hogar.
Nunca nadie se enteraría de esa quedada a medianoche, una de tantas que había tenido y que tendrían. Pero realmente no era necesario porque aunque ambos pudiesen hablar de cualquier cosa con su pareja, solamente ellos comprendían el horror de verse arrastrados a la oscuridad. Ellos eran los que exclusivamente entendían la sensación de no terminar de controlar su mente y que algo dentro tirase de ellos hacia el lado más negro de su interior y los instase a hacer cosas malignas.
Únicamente ellos lo entendían, y por eso cada vez que uno sufría, necesitaba hablar de ello o simplemente estar al lado de alguien que lo comprendiese, le mandaba un mensaje al otro y quedaban a medianoche, en ese parque solitario, en aquel banco que se había convertido en testigo silencioso de sus recaídas, sus penas, sus lloros y sus miserias. Y eso era lo que había convertido sus citas en algo secreto, algo que a ellos les servía de terapia sin necesidad de preocupar a sus parejas e hijos. Todo ello había terminado por convertirse en un ritual nocturno que solamente ellos conocían, y que hacía que pudiesen seguir adelante con sus vidas sin volverse locos.
De esa forma, cada vez que quedaban en esas citas, llegaban estresados, asustados o vulnerables, y se iban con energías renovadas, más valientes de lo que nunca habían sido y decididos a comerse la vida. Así que pretendía que eso siguiese de esa forma.
Porque para ellos, seguir adelante era lo más importante, y sus dos corazones juntos eran más fuertes para luchar contra la oscuridad que siempre albergarían.
Creo que no tengo nada que decir acerca de este capítulo. A decir verdad tenía dos ideas diferentes con esta imagen, dos que me vinieron a la cabeza prácticamente al tiempo, y me he decidido por esta por ser una pareja que he trabajado poco y quería hacerlo un poquitllo. Si soy sincera, el Kenyako no es que me vaya tanto ahora, porque el Daiyako le ha quitado el puesto como pareja de Miyako, pero aún no termino de decidir quién me gusta más para Ken y como no em desagrada con ella pues lo he terminado metiendo.
Creo que el siguiente capítulo será el otro capítulo.
Espero que os guste.
¡Nos leemos!
Mid*
