— Veo que tomaste una decisión. —Acertó Muso.
— Papá...sé que tú quieres que me quede, pero no puedo.
— El amor por ese hombre te ciega, Kagome. Necesitas más en esta vida que amor para sobrevivir. Debes tener en cuenta tu futuro profesional y laboral. —Sujetó sus manos suavemente.
— Lo sé perfectamente pero no quiero abandonar a nadie. —Lo abrazó.
— Es inevitable. —Correspondió su abrazo y le dio algunas palmaditas en la espalda.
— Te extrañaré. —Se despidió con un beso en su mejilla.
— No veremos pronto princesa. —Le guiñó un ojo antes de que se marchara.
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Una semana después.
— ¿Estás segura, Kagome? —Interrogó Sango dudando del plan de su amiga. —Creo que deberías hablar con Sesshomaru antes. ¿Al menos sabe que regresaste de Italia?
— No. Solo tú y mi madre. —Dijo recorriendo el bellísimo salón de fiesta en el que se encontraban. Era techo de cristal dejaba ver el despejado cielo de esa tarde. —Me encanta. Es perfecto. —Sonrió mientras devolvía la mirada a su amiga.
La morena suspiró. —Habla con ese pobre hombre de una vez. Se enojará mucho si se entera que estás aquí y no le dijiste.
— "La paciencia es virtud de Sabios". —Citó. —El jardín también es precioso, ¿No te parece?
— ¡Kagome!
— Te pedí que me acompañaras a escoger un salón para la recepción de mi boda, no para que me sermonees.
Volvió a suspirar, uno más y se le iría la vida en ello. —No hay remedio contigo.
— ¿Entonces? ¿Qué dices? Creo que este es el indicado.
Trató de hacer a un lado sus preocupaciones y apoyar a su amiga. — De todos los que visitamos hoy es sin duda mi favorito.
— Espero que haya fecha disponible para el próximo mes. —Dijo ilusionada.
— ¡¿El próximo mes?! Te volviste loca.
— Es muy probable. —Ambas rieron.
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— ¡Increíble! Increíble que tuvieran fecha. —Dijo rebosante de alegría, mientras bajaban la escalera de entrada, para dirigirse a la calle.
— Eso es suerte.
— Ya tengo la fecha de la iglesia y la recepción. Ya contraté el servicio, el catering y la decoración. —Enumeró con sus dedos. —Solo falta entregar las invitaciones, pero eso lo haré después de hablar con mi futuro esposo. —Dijo en chiste.
— Insisto, todo eso debiste hacerlo junto a él, no sola Kagome. Una boda involucra a dos personas.
— Lo conozco muy bien, sé lo que le gusta y lo que no. De esta forma es todo más sencillo. Además no aceptaría una boda hecha con el dinero de mi padre.
— Creo que estás siendo un poco egoísta. Además... ¿por qué el repentino entusiasmo en casarte?
— El próximo año ingresaré a la universidad, no tendré tiempo para planificar una boda. —Kagome rió suavemente ante la evidente preocupación de Sango. —Tranquila, hoy mismo hablaré con él.
— En hora buena. —Entrelazó su brazo con el de Kagome para caminar a la par. —No quiero ser tu cómplice. Por cierto, ¿ya tienes el vestido?
— Irasue es diseñadora, una de las mejores. Tenía pensado hablar con ella más tarde. Me encantaría que confeccionara mi vestido.
— Sería un gran detalle. En ese caso no deberías seguir perdiendo el tiempo. Ve a hablar con Sesshomaru y luego con tu suegra. —Soltó el brazo de Kagome y detuvo un taxi. —Sube y no regreses hasta que hayas hablado con tu futuro esposo. —Se despidió con un beso en su mejilla.
Aunque quisiera buscar a Sesshomaru no sabía a dónde dirigirse exactamente. Aunque las vacaciones hubieran comenzado, aún seguía yendo a la Universidad donde trabajaba, por motivos que ella ignoraba. Evidentemente la opción más sencilla era llamarlo y preguntarle directamente pero prefería sorprenderlo.
Se dio cuenta de que estaba a solo unas calles del Café donde había trabajado un año atrás. Un año, pensó. Como había pasado el tiempo. Le pidió al taxista que se detuviera y se dirigió hacia el local.
El interior era completamente diferente. Se habían expandido y habían remodelado, tenía un estilo mucho más moderno y chic. Al instante de entrar divisó a lo lejos la inconfundible figura de su Adonis de cabellos plateados, pero se veía diferente había cortado. ¿Cómo había sido capaz de profanar esa indomable melena tan característica de su persona? Aunque le quedaba simplemente perfecto.
Ansiaba acercarse y abrazarlo por la espalda mientras besaba su cuello suavemente, pero antes de poder dar un paso hacia él su antigua jefa la interceptó con un efusivo abrazo. Diciéndole cuento la extrañaba y lo mucho que había crecido. Kaede la arrastró hacia su pequeño despecho, Kagome no se atrevió a oponer resistencia, pero tampoco quería perder de vista a Sessh.
Kaede se dio cuenta a quien iba dirigida la atención de la chica. —Se llama Sesshomaru, viene aquí muy a menudo. — Confesó. Como si su nombre no fuera algo obvio para Kagome. Pero claro, en el Café nadie conocía su relación con al ambarino y de seguro ya nadie recordaba que era ella su mesera predilecta cuando trabajaba allí.
No respondió. Se tomó algunos minutos charlando con la vivaz anciana, hasta que solicitaron su presencia en la caja registradora. Kaede lamentó mucho tener que marcharse, pero antes le sugirió a la azabache que pidiera lo que quisiese del menú, iba por cuenta de la casa. Kagome le agradeció con una sonrisa.
Una vez libre se dispuso a llegar hasta la mesa de Sesshomaru, pero verlo nuevamente se detuvo en seco. Ya no estaba solo, había una mujer con él. Ambos conversaban y reían al unísono. Se lo había muy interesado en cualquier cosa que ella decía. Se acercó más y fue capaz de reconocer. Era Rin. ¿Por que estaba allí con él? Si estaba trabajando no se tenía sentido que estuviera sentada en la mesa de un cliente. Si habían quedado para un cita era otra historia.
Inconscientemente siguió acercándose hasta aparecer delante de ellos sin aviso. Esbozó una sonrisa de lo más falsa. Rin fue la primera en alzar la vista y verla. Sesshomaru se puso de pie al instante de la sorpresa, pero fue incapaz de pronunciar alguna palabra.
— ¡Kagome! —Gritó Rin con una sonrisa teñida de asombro y alegría. Se acercó y la abrazó. —Cuando tiempo sin verte.
Kagome correspondió con afecto el abrazo de su antigua compañera, pero no apartó la vista de Sesshomaru. —Me alegra verte Rin. —Era sincera, le alegraba ver a su antigua compañera y consejera aunque se sentía disgustada por la situación.
Rin se separó de ella. —Estás más hermosa que nunca. Oh que descortés de mi parte. Kagome ¿recuerdas a Sessh? —Lo señaló. —Tú solías ser su mesera antes. Desde que te fuiste, me hice cargo de él. —Sonrió.
— "¿Sessh?" —Repitió al oírlo de los labios de Rin.
— Es un hombre complicado de tratar al principio. —Le susurró al oído. La mujer desconocía completamente la relación que Kagome y Sesshomaru compartían, la azabache jamás había mencionado el nombre de su novio.
Sesshomaru se convenció de que era momento de decir algo, la situación era sumamente incómoda. —Yo...—Sentía que le debía alguna explicación. Se vio en la necesidad de hacerlo, la situación podía malinterpretarse. Había conocido a Rin algunas semanas después de la partida de Kagome y con el tiempo terminaron siendo buenos conocidos, casi amigos. Ella le había comentado que era hora de su descanso y él la invito un café. No había nada de malo en eso ¿o sí? —Yo... solo tomábamos un café. —Se acercó a Kagome pero ella retrocedió.
"Otra mujer desea ocupar el lugar que es tuyo" Pensó en las palabras de la aquella maldita mujer, eran un tormento. Solo estaban tomando un café. ¿Por qué se sentía tan celosa? No la estaba engañando ni nada parecido. Tal vez eran amigos, pero era evidente que a ella le interesan Sesshomaru, no lo disimulaba en lo más mínimo. —Debo irme... —Pronunció casi en un susurró gentil luego de verse atormentada de suposiciones y teorías.
— Oh, es una lástima. Espero que vuelvas pronto. — La azabache ignoró las palabras de Rin y salió casi corriendo. Sin darle oportunidad a Sesshomaru de nada. —Qué extraña. —Dijo jugando con un mechón de su cabello.
— Debo irme también. —Dejó dinero sobre la mesa y salió en persecución de su novia. Rin no logró entender la situación, se limitó a seguirlos con la mirada hasta perderlos de vista.
Kagome corrió sin dirección lo más rápido que sus piernas le permitieron. Pudo escuchar que gritaban su nombre desde la distancia. Volteó para comprobarlo y apenas apartó la vista del camino chocó con una fila de bicicletas estacionas sobre el cordón. Todas las bicis cayeron como fichas de dominó, incluyéndola a ella. Algunas personas se acercaron para ayudarla. Entre ellas Sessh, que se apresuró a alzarla en brazos. Su rodilla sangraba.
— ¿Estás bien?
— Suéltame. —Dijo mientras se cruzaba de brazos. Su orgullo estaba por el suelo, más abajo incluso.
— Nos iremos a casa.
— ¿Y quién dijo que yo quería irme contigo?
— ¿Quién dijo que te daría opción? —Sonrió de lado. Kagome giró el rostro para evitar verlo.
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En casa de Sesshomaru.
— ¿Mejor? —Interrogó mientras limpiaba su herida.
— Sí... —Dijo en un susurro.
— ¿Estás enojada? —Se sentó enfrente a ella.
— ¿Debería? —Se apresuró a preguntar. No estaba enojada, estaba celosa. Tonto.
— Lo siento...Debí decirte que de vez en cuando paso tiempo con Rin. Nos llevamos bien pero nada más.
— Debiste mencionarlo, sí. ¿Te diste cuenta como te mira? Já.
— No. Para la única que tengo ojos es para ti. —Sujetó sus manos. Kagome se sonrojó. —Por otro lado tú debiste decirme que regresarías. Hubiese ido a buscarte al aeropuerto. ¿Cuándo llegaste?
Tragó en seco. —Ehhh... ¿Cuándo llegué? A las 10 de la mañana...DeLaSemanaPasada. —Dijo eso último entre dientes muy rápido.
— Jaja ¿de la semana pasada? —Repitió sin entender. — ¿¡DE LA SEMANA PASADA!? —Se puso de pie, la silla cayó hacia atrás. — ¡¿Hace una semana que llegaste?!
— Más o menos. —Se sentía apenada.
— Y no me lo dijiste.
— Tú no me dijiste lo de Rin. —Se excusó.
— Ohh por favor. —Le dio la espalda. —No puedes estar hablando en serio. Una cosa no se compara con la otra. ¿Por qué no me dijiste que vendrías?
— Quería que fuera sorpresa.
— ¿Por qué esperar tanto? También hubiese sido una sorpresa una semana atrás. —Dijo con ironía.
— Tenía algunas cosas que hacer. No quería distraerme.
— Me gustaría saber qué cosas son más importantes. —Entornó los ojos. Si llegaba a escuchar el nombre de Inuyasha, explotaría.
— Si te sirve de consuelo solo mi madre y Sango sabían que estaba aquí. Bueno y mi padre, claro.
Se sintió un poco más aliviado. —Debiste decirme.
— Quizás ambos debimos hablar antes. —Rieron tontamente. —Entonces respecto a Rin... —Volvió a sacar el tema apropósito para ver su expresión.
Se acercó y la sujetó de la muñeca haciéndola saltar de la silla. Pegó su cuerpo al de ella. —No sé de quién hablas. No conozco a nadie con ese nombre. —Explicó antes de besar sus labios y dar por finalizada la conversación.
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— Me dirás qué "cosas" eran tan urgentes, que necesitaban de tu presencia antes que yo. —Interrogó el platinado mientras salía de la cama en busca de su ropa.
— Prométeme que no te enojarás. —Escondió el rostro bajo las sábanas.
Se dejó caer en el edredón junto a ella. —Lo prometo.
— Nuestra boda. —Pronunció tímidamente.
— ¡¿Nuestra boda?!
— ¡Sí! —Dijo emocionada saliendo de debajo de las sábanas. —Hoy mismo acabo de conseguir el salón para la recepción. —Sonrió.
— ¿El salón?
— Sí.
— ¿Y qué más hiciste?
— Bueno digamos que solo hace falta entregar las invitaciones, tu traje y mi vestido. —Le robó un beso fugaz mientras observaba su expresión de sorpresa.
Estaba aturdido. — ¿Por qué hiciste todo sola?
— Era una... ¿sorpresa?
— ¿Te has puesto a pensar que tus sorpresas no son tan gratas como crees?
— No te enojes. —Lo abrazó por la espalda mientras acariciaba su pecho. —Ve el lado bueno... en un mes estaremos casados.
— ¿Un mes? —Se dio vuelta para verla. — ¿Un mes? —Repitió.
— ¿Te parece muy pronto? Pensé que te alegrarías.
— Pues claro, pero ¿cómo se supone que pagaremos todo en un mes?
— Sobre eso... —Apartó la mirada a otro lado. —...mi padre...él...
— ¡No! ¡Sé lo que vas a decir y no!
— Considéralo un préstamo.
— ¡Kagome!
— Solo quiere ayudarnos.
Suspiró disgustado. – Tú dejas mi dignidad por el suelo.
— Pero aun así me amas. Admítelo. —Se arrojó sobre él.
— Te amo. —Dijo mientras acariciaba el cabello de Kagome que caí como una cascada sobre ambos.
— ¿Por qué lo cortaste? —Preguntó ella enterrando sus dedos en el cabello del platinado.
— Tú una vez dijiste que querías verme con el cabello corto y como sabía que pronto volverías... Yo también quería sorprenderte. —Tocó su nariz con su dedo índice.
— Sí, pero no pensé que me harías caso. Era un simple capricho
— Tus deseos son órdenes. —Besó el dorso de su mano.
— Tonto. —Dijo avergonzada mientras apartaba su mano y hundía su rostro en el cuello de Sesshomaru.
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Un mes después.
En casa de los Taisho.
— ¿Cómo me veo? —Interrogó viendo su reflejo en el espejo.
— Preciosa, Kagome. —Algunas lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Sango al verla con aquel deslumbrante vestido blanco.
— No llores amiga o me harás llorar a mí también. —La abrazó.
— Eso sí que no. Tu maquillaje se estropearía, querida. —La regañó Irasue que acababa de ingresar a la habitación en donde Kagome se alistaba. —Déjame decirte que ese vestido te sienta de maravilla. Nadie lo luciría mejor. —Sonrió.
— Gracias, Su. —Dijo cariñosamente sujetando sus manos con gratitud. —Es perfecto.
— Mi hijo se quedará con la boca abierta de la impresión. Te lo aseguro.
— Eso espero. —Sonrió ampliamente ante la idea. Un suave golpe se escuchó del otro lado de la puerta de la habitación.
— ¿Se puede? —Preguntó Inuyasha mientras entreabría la puerta.
— Claro. Pasa Inu. —Le dio permiso la azabache.
— WOW. —Silbó tras entrar a la habitación. — ¿Me permitirían estas dos hermosas damas unas palabras con la novia... a solas? —Se dirigió a Sango y su madre.
— Claro. —Respondió la morena mientras se encaminaba hacia la puerta secando sus lágrimas.
— Cuidado con lo que haces. —Llevó su dedo índice hasta su ojo e hizo un gesto de reproche. —Iré a ver a Sessh, pero te estaré vigilando.
— Ve tranquila mamá, ve a cuidar a tu hijito.
— No estés celoso, Inu. Mamá tambien te ama. —Pellizcó su mejilla su madre antes de salir. Kagome dirigió la mirada a Inuyasha.
— ¿Y qué te parece? —Dio una vuelta en el lugar haciendo que su vestido se elevara del suelo.
— Mmm está bien. —Dijo mientras se acercaba lentamente con ambas manos en los bolsillos del pantalón.
— ¿"Bien"? Tú tampoco luces tan mal. —Dijo en broma. Llevó sus manos hasta la corbata del platinado.
Inuyasha sujetó sus manos y la miró directo a los ojos. —Luces preciosa. —Le aseguró.
— Gra-gracias. —Sus mejillas se enrojecieron.
— ¿Estás segura?
— ¿Segura de qué?
— De casarte. Aún hay tiempo para arrepentirse, con un simple gesto me basta. Te saco de aquí, nos fugamos y vivimos en un tren. Yendo de ciudad en ciudad o si prefieres el aire libre podemos vivir debajo de un puente.
— Suena tentador eso de vivir debajo de un puente húmedo y frío contigo Inuyasha o como nómade en un tren... pero creo que aquí estaré bien. —Rió tiernamente.
— Tú te lo pierdes, Ángel. —Liberó sus manos. Ella continuó ordenando el nudo de su corbata.
— Listo. —Dijo finalmente apartando sus manos. Él las sujetó en el aire nuevamente.
— ¿Y si me robo a la novia? —Lo dijo tan serio que cualquiera hubiese pensado que hablaba en serio. En ese momento la puerta de la habitación se abrió y la figura del mayor de los hermanos atravesó el umbral.
— Eso no sucederá... —Le aseguró a su hermano.
— ¡Noo me veas! —Gritó Kagome desesperada y se apresuró a esconderse detrás de Inuyasha. —Sal, no podemos vernos aún. No antes de la ceremonia.
— Tranquila, me cubriré los ojos. No veré nada. —Suerte que conocía de memoria cada recoveco de su casa, sino hubiese chocado con la mitad de los muebles antes de llegar hasta ellos.
— ¿Por qué las mujeres creen en cosas como esas? —Interrogó Inuyasha.
— Jamás lo entenderé. —Coincidió su hermano.
— Cállense los dos. —Kagome no cerró los ojos. No se perdería la oportunidad de ver a su futuro esposo en toda su elegancia y esplendor si tenía la oportunidad. El traje le quedaba perfecto, lo hacía lucir más imponente de lo normal. Se acercó a él y le cubrió los ojos con las manos para asegurarse de que no estaba viendo.
— Estaba por salir hacia la iglesia, pero quería verte antes. —Bueno pero teniendo en cuenta que tenía los ojos cerrados, decir que "quería verla" no era una frase muy precisa.
— Prométeme que estarás esperándome allí.
— Claro. —Respondió con naturalidad. ¿Dónde más estaría sino? pensó.
— No. Pero promételo. —Insistió seria, era necesario.
— Lo prometo. —Intentó sonar más convincente que antes.
— Así está mejor —Sonrió y luego lo besó dulcemente. —Te amo. —Le susurró cerca del oído, sin dejar de cubrir sus ojos.
— Muy bien Romeo ya es hora de irnos. —Inuyasha sujetó a Sesshomaru y lo arrastró hasta la puerta sin darle tiempo siquiera a responder.
— Nos vemos. —Se despidió Kagome mientras los veía alejarse.
Respiró profundamente. Estaba tan nerviosa, las piernas le temblaban y las manos le sudaban. Hoy comprobaría si las profecías de aquella mujer eran ciertas. "Vestida de un infinito y reluciente blanco" Recordó.
Le suplicó a Irasue que su vestido fuera de cualquier color menos blanco, pero el destino decidió confabular en su contra. Hubo un error con el envío de la tela desde Francia y en lugar del verde agua le enviaron una seda blanca, tan blanca como la nieve. Fue imposible reclamar un cambio con la boda tan cerca, el envío jamás llegaría a tiempo para la confección del vestido.
"El novio no ha llegado y estás a punto de marcharte con el corazón destrozado." Sesshomaru no iba a dejarla plantada, era incapaz. Y ella no se iría sin antes esperarlo toda una eternidad. Porque aunque eso tardase, una eternidad, lo esperaría. Se convenció de que su boda sería perfecta. Ella tenía el control de su destino no una bruja con una bola de cristal.
Acomodó el velo sobre sus ojos. Estaba retocando su peinado cuando Sango volvió a ingresar a la habitación para hacerle saber que era momento de partir hacia la iglesia. Toda su familia, amigos y conocidos más cercanos la estaban esperando.
Le llevó más de 20 minutos poder entrar a la limusina que la llevaría. Los pliegues del vestido apenas cabían por la puerta. Si su futuro marido no estaba en la iglesia seguro era porque se cansó de esperarla y se marchó. Rió al imaginar aquella situación.
Sango iba junto a ella como su dama de honor. Kagome le había insistido en que su vestido tenía que ser rojo, ya que el color iba muy bien con su piel. Era un vestido sexy y atrevido, que tenía bellísimos detalles en negro que destacaban más su belleza natural.
Les llevó otra media hora más llegar a la iglesia, el tráfico ese día era especialmente pesado. Por suerte el conductor conocía un atajo. Todos los invitados había ingresado al recinto. Su padre y su hermano la esperaban en la puerta de la iglesia para acompañarla del brazo. Irasue también estaba con ello
Kagome sonrió desde la ventana de la limusina al llegar. Su chofer abrió la puerta y su padre le ofreció su mano para ayudarla a bajar. Fue una lucha de 10 minutos para salir y acomodar el vestido, de lo cual se encargó su suegra. Gracias a dios Irasue había tenido la idea de hacer que la sobre falda del vestido sea desmontable, lo que le daría mayor movilidad durante la fiesta.
Después de toda esa parafernalia al fin estaba lista. Preparada para avanzar hacia el altar, pero era evidente que algo les preocupaba a las personas a su alrededor.
— ¿Qué ocurre? —Interrogó desvaneciendo la sonrisa de su rostro. —Ya es tarde, deberíamos entrar.
— Kagome querida... —Irasue se acercó a ella y mientras le entregaba el ramo le comentó que Sesshomaru e Inuyasha aún no habían llegado.
— ¡¿Qué?! —Ambas chicas expresaron su asombro. Sango estaba sorprendida, Kagome alterada.
— ¿Y dónde están? —Apretó el ramo entre sus manos.
— Seguramente de camino. —Intentó tranquilizarla Muso.
— Tal vez el tráfico los retrasó. Ya viste la avenida cuando veníamos, estaba atestada de vehículos. —La persuadió Sango.
— Es lo más seguro. Intenté llamar a Sesshomaru pero creo que dejó su teléfono en casa.
Kagome respiró profundo y llevó su mano libre hasta el lado izquierdo de su pecho. Intentó calmar el ritmo de su agitado corazón. —Tienen razón. Eso debe ser. ¿Podrías prestarme el celular? Inuyasha está con él, voy a llamarlo.
— Es nueva idea. —Su padre le cedió su celular.
— En momentos como estos lo mejor es mantener la calma. —Dijo la morena intentando disipar la incomodidad en el ambiente.
— Calma es lo que menos tengo, Sango. —Marcó y llevó el teléfono hasta su oreja.
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En el auto.
— ¡Esto es ridículo! ¡Hemos esperado más de una hora! ¿Cuánto tiempo más estaremos aquí parados? —Efectivamente el tráfico los había retrasado.
— No podemos hacer que el auto vuele, genio. —Inuyasha se encontraba sentado frente a él.
— Le prometí a Kagome que la estaría esperando.
— Ella entenderá. Además si se arrepiente... tendrá mi hombro para llorar. —Rió.
A Sesshomaru no le hizo ninguna gracia el comentario y le arrojó su chaqueta para hacer que cerrara la boca. —Es mi boda, al menos ten un mínimo de consideración por mi hoy.
— Que dramático, solo bromeaba. —Se dejó caer sobre el asiento intentando buscar una posición cómoda. —Parece que tenemos para rato. —La fila de autos que se veía desde la ventanilla era gigantesca.
— Al diablo con esto. —Abrió la puerta y salió corriendo en dirección a la iglesia. Comenzó a zigzaguear entre la fila de autos que avanzaban y se detenían constantemente. Nada le impediría llegar a su boda.
— ¡Espera, idiota! ¿Qué haces? —Sintió vibrar el celular en su bolsillo. — ¿Hola? —Contestó mientras bajaba de la limusina y divisaba a lo lejos a su hermano alejándose. Era Kagome.
— Inuyasha... ¿Dónde están?
— El tráfico nos detuvo casi al final de la autopista. —Comenzó a correr en la misma dirección que Sesshomaru. —Tal parece que intentaremos llegar a pie.
— ¿Cómo?
— Ese descerebrado que tengo de hermano se bajó del auto y salió corriendo para la iglesia.
— Podría ser peligroso. Dile que espere.
— Intenta decírselo tú. Aún no puedo alcanzarlo. —La agitación en su voz era evidente.
— ¡Tengan cuidado!
— Nada ocurrirá, Kagome. Tranquilízate. —Ya había logrado disminuir la distancia entre ambos. —Ya casi lo alcanzo, estoy a unos metros. —Corrió y corrió, la piernas comenzaban a dolerle, y los autos a disiparse. El tráfico se volvía más rápido y peligroso. Se dio cuenta que solo faltaban unas cuantas calles para llegar a la iglesia. El pecho de Kagome se estrujaba con desesperación lo cual le impedía respirar con normalidad. Era otra vez ese mal presentimiento.
— ¿Kagome estás bien? —Interrogó Sango mientras llevaba su mano hasta el hombro de su amiga.
— Ya puedo ver la iglesia, Kagome. —Dijo el platinado viendo la punta de la catedral entre los edificios.
— ¿Estás seguro? —El aire volvía a llegar hasta los pulmones de la novia.
— Ya casi... —Miró a su hermano desde la distancia. — ¡¿Qué cree que hace?! —Dijo para sí mismo al ver a Sesshomaru aventurarse entre los autos en movimiento sin detenerse.
— ¿Qué pasa? ¿Inuyasha qué ocurre? —Interrogó Kagome con el pulso acelerado al escuchar las vagas palabras de platinado desde el otro lado de la línea.
— ¡Sesshomaru! ¡IDIOTA QUÉ HACES! —Gritó el menor de los hermanos con desesperación.
— ¡¿INUYASHA QUÉ OCURRE?!
Una calle. Solo una calle separaba a Sesshomaru de su infortunada novia. Si se detenía perdería el aliento. Solo una calle, solo un minuto más. Podía escuchar a Inuyasha gritar detrás suyo que se detuviera. Atravesó la avenida esquivando los autos. Estaba a menos de cien metros de llegar cuando unas luces lo encandilaron y una bocina lo aturdió por completo.
Los sonidos, las personas, la suave brisa, toda pareció detenerse. Él se había detenido ¿Por qué se había detenido? Debía correr o nunca llegaría. Podía imaginar el rostro de Kagome sonriente entrando a la iglesia del brazo de su padre y su hermano, mientras él la esperaba al final del corredor extendiéndole su mano para recibirla.
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— ¡Sesshomaru! ¡IDIOTA QUÉ HACES!
— ¡¿INUYASHA QUÉ OCURRE?! —La llamada se cortó y lo último que escuchó fue el grito desgarrador de Inuyasha.
No hizo falta un gran poder de deducción, era fácil imaginar el peor de los escenario. Las bocinas como coros y el sonido de los autos colisionando se escucharon desde la iglesia. El teléfono cayó al suelo. Comenzó a correr siguiendo el sonido, su vestido volaba en el viento, el ramo cayó a un lado de su cuerpo desperdigando los pétalos por el suelo.
La gente pasaba a su lado como estelas de luz indistinguible. ¿En qué momento sus ojos se habían vuelto cataratas? Vio a Inuyasha arrodillado sobre la calle, peor aún vio a Sesshomaru inconsciente en el suelo. La gente se reunía a su alrededor para contemplar la morbosa escena. Se oían varios gritos pidiendo ayuda, niños llorando, gente deambulando herida, y las sirenas la de policía y la ambulancia a la distancia. Era el peor accidente de tráfico que había visto jamás.
Inuyasha lloraba. No dejaba de repetir el nombre de su hermano. Él no respondía. La gente se hizo a un lado al ver llegar a Kagome en un vestido blanco. Tenía una sonrisa en sus labios pero sus ojos desbordaban amargas lágrimas. El maquillaje se había corrido, las líneas negras bajaban por sus mejillas. Se acercó a ambos hermanos. Las puntas de su vestido tocaron el suelo tiñéndose de rojo. Sus piernas ya no pudieron sostener su peso y cayó sobre el asfalto de rodillas. Acercó sus manos al rostro inconsciente de Sesshomaru, pero no se atrevió a tocarlo. Ambas manos se detuvieron a mitad de camino, temblaban inquitas. Un desgarrador grito surgió desde su interior. Un golpe de realidad la destruyó por dentro en menos de un segundo. Su futuro esposo agonizaba frente a ella.
— ¡Por favor, Sessh! ¡Abre los ojos, no me dejes! No hagas esto. ¡Despierta! ¡Sesshomaru! ¡Debes despertar! —Sus lágrimas caían sobre el rostro del aludido.
— ¡Dios mío! Lo siento. —El conductor del camión que lo había embestido estaba de pie a un lado. —Él se atravesó. No pude frenar a tiempo ¡Lo siento mucho! ¡Lo lamento! Yo no quise... —El pobre hombre se sujetaba la cabeza con ambas manos mientras se dejaba caer a un lado de su vehículo. Estaba en shock por lo ocurrido.
Kagome desvió la vista al escucharlo. Al escuchar la voz causante de su sufrimiento. Se levantó del suelo al instante. —¡LO MATASTE! ¡ASESINO! ¡Lo mataste! —Se abalanzó contra el hombre, pero Inuyasha la sujetó antes de llegar a él. — ¡Está muerto! ¡Lo mató, lo mató! —Gritaba descontrolada.
Inuyasha la abrazó con fuerza hasta que dejó de dar pelea y se puso a llorar en su hombro. —Kagome... —Él también lloraba. ¿Cómo podría contenerla, si ni siquiera podía consigo mismo?
— ¡Está muuuuerto! ¡Lo mató! ¡Inuuuyashaaa! ¡Lo mató! —Decía entre llanto. Sango y los demás qué habían corrido detrás de Kagome no tardaron en llegar y ver con sus propios ojos la tragedia.
— ¡Ohh por dios! —Dijo Irasue, al ver a su hijo en el suelo. — ¡Sesshi! ¡SESSH! —Muso la sujetó antes de que se cayera al piso desmayada.
— Hagan paso a los paramédicos. —Ordenó Muso serio. La gente se apartó unos centímetros.
Sango fue incapaz de ver, había sangre por todo el piso. Souta la acompañó hasta la banquina para que se sentase.
Los paramédicos llegaron y la policía hizo a un lado a toda la gente incluyendo a la familia del involucrado. Sesshomaru no se movía y hasta parecía que ya no respiraba.
Si tan solo no hubiese corrido entre los autos, si hubiese esperado, si no hubiese bajado de la limusina, si el tráfico no los hubiera detenido, si la boda no se hubiera celebrado, si Kagome no hubiera regresado de Italia, si él no le hubiese propuesto matrimonio, si no se hubiesen conocido, si tan solo algo de eso hubiese sido diferente... él estaría vivo.
Ese día no hubo boda, ni final feliz.
Continuará...
