Capítulo 10
Progresa adecuadamente
Aun a pesar de todo el asunto del Koh-i-Noor en manos templarias, Ai no perdió el foco de su estancia en China y se centró en traducir el diario de Liu Yan, aunque tampoco perdió de vista otras noticias, sobre todo de la reunión de las principales células asesinas con el mentor William Miles. Tras varios años de asueto y sin saber muy bien qué fue de él, habiendo pasado el liderazgo a Gavin Banks, Miles regresó con más fuerza que nunca y volvió a ser el Mentor general de toda la Hermandad, coordinando y ayudando a todas las células del mundo a aunar fuerzas contra los templarios. Por lo que pudo saber a través de Ming Shiao, se había decidido por unanimidad esperar y no responder a las obvias provocaciones de Abstergo, esperando sobre todo a que Kaito Kid moviera ficha. Eso tranquilizó de cierta manera a la niña, la cual sabía que Shinichi haría todo lo posible por llegar hasta él, por lo que no se preocupó lo más mínimo y se enfocó en el asunto a tratar.
Todo el diario de Liu Yan estaba compuesto por cuatro libros manuscritos que se conservaban muy bien y eran legibles, aunque el paso del tiempo había repercutido en el papel y la celulosa se había amarilleado debido a la oxidación. Aun así, eso no impedía el correcto uso de los documentos, por lo que estuvo trabajando sobre ellos durante varios días siendo asistida por Chang Xue, una asesina joven que también sabía japonés y con la que hizo buenas migas en el proceso.
-Aprendes rápido, Miyano, me sorprendes…
-Oh, no sabes bien lo que puede llegar a hacer una buena motivación… aunque aún no hemos llegado al punto en el que obtiene la espada.
-Paciencia, debe estar cerca, estamos a principios de 1580, para entonces la guerra estaba próxima a finalizar.
La vida de Liu Yan no resultó ser particularmente interesante, siendo más genérica que otra cosa; nació y creció en una familia humilde que fue masacrada sin piedad por los estragos de la guerra, lo que hizo que naciera en ella un fuerte sentimiento de venganza. De esta manera, fue captada por la Hermandad en cuanto la explicaron que los templarios provocaron la muerte de sus padres, uniéndose a sus filas para enfrentarse así a ellos y vengarlos como se merecían. Nunca pasó de ser una simple soldado dentro del rango de la hermandad, pero eso nunca la importó, puesto que su venganza lo copaba todo, y una vez que se sintió satisfecha se limitó a servir a la Hermandad como mejor sabía. Era una experta en parkour y se movía con soltura por callejuelas, paredes y tejados, además de ser gran conocedora de las calles del antiguo Pekín, conociendo multitud de secretos y localizaciones escondidas en ella.
Aunque cuando no estaba trabajando, era una mujer sencilla pero inteligente y medianamente culta gracias sobre todo a la Hermandad, donde aprendió a leer y escribir; se aficionó a los acertijos y a la poesía, practicándola incluso ella misma de vez en cuando, viendo varios sonetos entre sus propios pensamientos en los que contaba su vida.
Sin embargo, y en cuanto llegaron al año 1582, concretamente a mediados de junio, se toparon con una entrada que les llamó la atención.
Me han otorgado una misión especial. He de ir a Japón a buscar un antiguo artefacto que los que vinieron antes dejaron atrás y ha estado en posesión de los japoneses desde entonces. No me hace mucha gracia ir allí, pero dado que es un encargo directo de la Mentora, no me queda otra que acatar las órdenes. Como todo buen asesino conozco las historias de los precursores, pero a decir verdad nunca las he dado mucha importancia. Después de todo, nunca he llegado a entrar en contacto con uno de esos artefactos. Veamos qué tienen para mí.
-Aquí está el encargo, mira-comentó Chang.
-Sí. No parecía estar muy interesada, curioso… ¿es por eso por lo que luego no contó con la Hermandad?-supuso la niña, intrigada.
-Quien sabe… sigamos.
El viaje fue tranquilo aún a pesar de las guerras que imperaban tanto en China como en Japón, y una vez allí se vio con Yamauchi Taka, quien la cedió la espada. Vieron desde sus palabras cómo fue la entrega.
Me reuní en Honshû con el hermano Taka. No me esperaba algo muy ceremonioso y así fue, de hecho, por lo que me contó, tuvo que matar al mismísimo Oda Nobunaga, el cual se había adueñado de la espada aun a pesar de que confiaron en él para su protección. Me pareció algo excesivo para una simple espada, sin embargo, en cuanto me la entregó, pude comprender un poco mejor sus acciones. Y es que lo que sentí en cuanto toqué el arma es algo que a día de hoy no logro alcanzar a explicar con palabras, ni siquiera por escrito, aun así lo voy a intentar. Una fuerza primaria se echó sobre mí y me sentí extrañamente poderosa sin ninguna razón en particular. Tomé la espada por el mango y alcé el filo, el cual brillaba con luz propia mostrando extraños glifos y formas en él. Su luz parecía hablarme, como animándome a hacer algo que no lograba comprender, pero la voz del hermano Taka me sacó de mis más inmediatos pensamientos.
-¿Lo notas, verdad?
-Sí… ¿qué es?
-Es la voz de los que vinieron antes. No la escuches o te hechizará, es lo que hizo con Nobunaga. Debes esconder la espada en un lugar donde nadie más la alcance. Es demasiado poderosa como para que un simple mortal la guarde. Corrompe y aturde al que la porte. Debes cuidarte de su influencia, Liu Yan.
-Entiendo…
-Las cosas están muy complicadas por aquí y los templarios la buscarán a toda costa. Llévatela lo antes posible y escóndela. Estaremos en contacto.
Tras hablar con él desapareció y yo regresé por donde vine, con multitud de voces resonando en mi cabeza.
Tras leer eso, Chang comentó al respecto.
-Aquí en China hemos estado en contacto con algunos fragmentos que actualmente están guardados o bien desaparecidos. Teniendo en cuenta experiencias previas recogidas y contrastadas de compañeros, puedo asegurarte de que así es cómo se siente un fragmento del Edén.
-Ya veo… algo he leído acerca de las espadas del Edén, es normal que tanto Liu Yan como cualquier otro con el que se encontrara reaccionara de esa manera…-murmuró la niña, pensativa.
-Puede incluso que nunca sepamos con seguridad qué se siente. Liu Yan vivió hace más de quinientos años y por aquel entonces no sabían todo lo que sabemos ahora, y para ellos nuestro tiempo es el futuro. Imagínate cómo será todo este asunto de aquí a veinte o treinta años.
La niña se quedó callada, sopesando las palabras de su compañera. De aquí a veinte o treinta años probablemente la guerra entre asesinos y templarios seguiría su curso sin un término claro dibujado en la distancia. Había cosas que nunca cambiarían independientemente de la época, pero Ai confiaba en que al menos lograrían eliminar a los templarios de Japón o al menos en gran parte del Asia oriental.
Las anotaciones continuaban, por lo que siguieron leyendo.
El viaje de vuelta fue muy distinto, y no porque los conflictos parecieron intensificarse de repente, sino más bien por la carga que llevaba. Sustituí mi espada por el artefacto para llevarlo más cómodamente, y al hacerlo pude notar como mi seguridad en mí misma aumentaba sin ninguna razón en particular. Desde niña nunca fui muy convencida, supongo que es debido a mis humildes orígenes; el entrenamiento al que me vi sometida mejoró de cierta forma esa carencia, pero ahora, con el artefacto en mi cintura, podía sentir cómo todo eso desaparecía, siendo sustituido por una confidencia en mí misma nunca antes vista. Quizás sí que tenga algo bueno después de todo.
De camino hacia Pekín he descubierto por primera vez los poderes del artefacto; me salió al paso una banda de bandidos que trataron de robarme, y yo me defendí, por supuesto. Nada más alzar la espada, ésta brilló, y en cuanto di una estocada una inmensa fuerza se extendió hacia delante, alejando de mí a los que más cerca tenía. Los otros se quedaron atónitos por lo que vieron, y guiada por las voces que emanaban del artefacto, hundí el filo en la tierra. Al punto, ésta tembló como si de un terremoto se tratase y puso fuera de combate a otros tantos que cayeron al suelo. El resto, presos del más absoluto terror, salieron en desbandada y no los volví a ver. Desclavé la espada de la tierra y ésta resonó con profundidad, al tiempo que esas voces hacían eco en los rincones más profundos de mi cabeza. Definitivamente ese artefacto era poderoso. Razón de más para que no cayera en malas manos.
Nunca me he considerado una líder ni nada parecido. Pero hoy me he sorprendido a mí misma al respecto. Durante mi regreso a Pekín pasé por una aldea que estaba siendo asediada por tropas mongolas. Los Asesinos teníamos órdenes de no intervenir directamente ya que no estaban siendo manipulados por templarios, cosa que ya ocurrió en el pasado durante los tiempos de la Gran Purga de la dinastía Ming. Si no hubiera sido por la Mentora Jun, actualmente seríamos una nota al margen de la historia de los mongoles. Sin embargo, y debido a mi pasado, no podía soportar ver sufrir a la gente más débil y necesitada. Por lo que, desoyendo las órdenes, empuñé la espada y me enfrenté yo sola a las tropas mongolas. Los aldeanos, al ver mi ardiente espíritu de batalla, me siguieron y yo, alentada por su presencia, les guie con una confidencia y un liderazgo que no me hubiera esperado de mí misma ni en todos los días de mi vida. Les hablé con una convicción y un carisma atípicos en mí y ellos se contagiaron de mi espíritu. No podía creerlo, pero allí estaba yo, llevando a esa pobre gente a una victoria merecida. Una vez terminada la batalla, les aconsejé que se marcharan y buscaran otro lugar donde asentarse, y ellos obedecieron diligentemente. Yo continué mi camino sintiéndome un poco más poderosa. Las voces seguían resonando imparables en mi cabeza.
Se detuvieron por un momento en cuanto Chang comentó al respecto.
-No hay duda, los poderes de la espada están muy bien descritos aquí. Amplifica tu carisma, volviéndote un líder destacado, y en combate es un arma atroz que te hace capaz de derrotar a todo un pelotón sin apenas despeinarte. Imagínate todo lo que podríamos hacer con ella…
-Suena como un arma de doble filo si me lo preguntas a mí. En todo caso, yo la pondría a buen recaudo para que nadie, ni siquiera nosotros, cayéramos bajo su influjo-opinó Ai, con gesto pensativo.
-Sí, nunca sabemos hasta qué punto llegaríamos si tuviéramos el poder más absoluto en nuestras manos. El Credo es claro en ese sentido, nos insta a ser sabios, pero a veces no sabemos incluso dónde llegan nuestros propios deseos hasta que los comprobamos de primera mano. No sabría qué decirte, a decir verdad.
Frente a esas palabras ella se quedó callada, pensando al respecto. ¿Hasta dónde llegaría en su búsqueda de justicia? Los templarios eran una constante, pero los hombres de negro no respondían ante nada, incluso se les antojaba más peligrosos incluso. Se apoderaron de su vida desde el mismo principio y la obligaron a fabricar esa maldita droga. Y tanto sus padres como su hermana murieron por ella.
-Yo lo tengo un poco más claro. Aun así me da miedo, no tanto por mí, sino por los demás que me rodean. Sé que cuando juramos fidelidad al Credo nuestras vidas cambiaron para siempre, y probablemente no vuelva a mi antigua vida cuando todo esto acabe. Pero a veces no puedo evitar mirar al pasado.
Ante eso Chang esbozó una sonrisita, comentando al respecto.
-Sí, te entiendo perfectamente. Pero recuerda que sólo miramos hacia delante, que es donde está el futuro. Los templarios quieren arrebatárnoslo y controlarlo, haciéndose incluso con el pasado y manipulándolo a su antojo. No podemos permitírselo.
-Sí, es verdad…
El diario continuaba, por lo que siguieron leyendo mientras Ai lo iba traduciendo.
Por fin he llegado a Pekín. Quise presentarme directamente ante la Mentora, pero las voces del artefacto me detuvieron en seco. Hasta el momento nunca había logrado entender por completo lo que me decían, pero fue en ese mismo instante cuando una voz clara y potente habló en perfecto chino, dirigiéndose a mí directamente.
-Detente, Liu Yan.
-¿Qué? ¿Por qué? Tengo que entregar la espada a la Mentora, fue ella quien me encargó hacerlo…
-Nosotros no obedecemos a nadie salvo a quien nos porta. Fuimos creados para poner fin a las guerras, y ese será nuestro cometido. Lucha y serás recompensada.
-¿Luchar? ¿Por qué? ¿De qué recompensa me hablas?
-Conocimiento, pasado, presente e incluso futuro. Todo en tus manos. No nos entregues, Liu Yan. Tú eres la que decidirás nuestro destino.
Ante eso no supe muy bien qué pensar, al menos al principio, y volver al cuartel con semejante dolor de cabeza no era una opción, por lo que me aparté de momento para meditar.
Yo misma había visto las capacidades del artefacto, e incluso le había escuchado hablarme como tal. Estaba claro que no era algo que cualquiera pudiera manejar así sin más, incluso tuve mis dudas de si la Mentora me pudiera ayudar en ese aspecto. Fue en ese momento cuando las palabras de Taka regresaron a mi memoria: ningún mortal sería capaz de guardarla apropiadamente. Ni siquiera yo misma, cuando las dudas me asaltaban más que nunca. Por lo que decidí rápidamente. Nadie más podía tener la espada. Ni siquiera la Mentora.
Llegadas a ese punto, descubrieron entonces un repentino salto en el diario de la asesina de, por lo menos, un mes y medio, para luego retomarlo repentinamente como si nada hubiera pasado. Esto descolocó tanto a Ai como a Chang, la cual repasó rápidamente ella misma las últimas páginas hasta la nota final, días antes de su muerte a manos de un templario renegado.
-Qué raro… no vuelve a mencionar nada al respecto hasta el final del diario.
-¿No? Qué extraño… ¿y nadie en la Hermandad la dijo nada, ni siquiera la Mentora?-inquirió la niña, extrañada.
-No realmente… esto es muy extraño, y encima hay aquí dos páginas sueltas en las que no hay nada anotado-añadió Chang para mayor desconcierto.
Ai las cogió, observándolas atentamente y pensando en posibilidades; todo apuntaba a que Liu Yan se las ingenió para hacer borrón y cuenta nueva sin que nadie se percatara, incluyendo la Mentora, y hacer desaparecer la espada entre medias. ¿Cómo había sido posible tal cosa? ¿Y qué fue de la espada?
-Según sus últimas entradas no se arrepiente de nada en su vida excepto de una cosa, pero no dice el qué. ¿Y si se refería a esto mismo?-inquirió Chang en ese momento.
-Es posible, aunque estas hojas… espera…
Llevada por una instintiva corazonada, acercó la primera a una vela cercana y, al cabo de unos breves segundos, algo comenzó a dibujarse en su desgastada superficie. Al verlo Chang lo comprendió al instante, murmurando.
-Tinta invisible… pues claro.
-Rudimentario hasta para estándares del pasado, pero efectivo. Limón, seguramente. Veamos…
La primera página resultó ser una serie de glifos extraños apuntados de manera sucesiva y aparentemente sin sentido alguno, aunque las llamó muchísimo la atención uno en concreto que las dejó del todo muertas en cuanto lo vieron.
-Espera ¿estás viendo lo mismo que yo?-masculló Chang, anonadada.
-Sí… Abstergo.
Y es que el símbolo de Industrias Abstergo se repetía siguiendo un determinado patrón entre otros símbolos que desconocían, y una vez visto, no podían no verlo, destacando a cada pasada con mayor claridad.
-¿Qué significa esto? Industrias Abstergo no se fundó hasta 1937, es imposible que su logo fuera conocido cuatrocientos años atrás-argumentó la niña, intrigada.
-A no ser que signifique otra cosa que los templarios descubrieron y de ahí que luego lo usaran como logo-conjeturó Chang, pensativa.
Dado que no sacaban nada teorizando al respecto, pasaron a la segunda página, donde sí encontraron algo escrito que iba, precisamente, dirigido a ellas.
A quien esté leyendo esto.
Si has logrado llegar hasta aquí es que estás buscando el artefacto. Déjame decirte una cosa, piénsatelo bien antes de continuar, puesto que puede que encuentres algo que no sea lo que verdaderamente buscas. Yo misma pude descubrir el verdadero potencial de la espada, y no tuve más remedio que esconderla para que nada ni nadie la encontrara, ni siquiera el todopoderoso emperador o la Mentora, puesto que ni ella lo recordará. La oculté en el rincón más profundo del corazón de Pekín, donde ni el sol ni la más suave brisa llegan y China crece hacia arriba imparable. Siento mucho haber faltado a mi palabra, Mentora Jun, si alguna vez logra recordarlo todo quiero que sepa que no fue mi intención, pero después de interactuar con el artefacto llegué a la conclusión de que nadie más podía hacerse con él, sin importar el coste. Mi conciencia está tranquila sabiendo que no he faltado al Credo que juré proteger. Mucha suerte en tu búsqueda.
Liu Yan
Tras leer las últimas palabras de la asesina, tanto Ai como Chang se quedaron pensativas, tratando de entender el críptico mensaje que se abría ante ellas. En un momento dado, la chica china murmuró.
-A simple vista no parece decirnos nada acerca de la ubicación de la espada, pero…
-Nos lo ha dicho, pero no directamente. En el rincón más profundo del corazón de Pekín, donde ni el sol ni la más suave brisa llegan y China crece hacia arriba imparable. Está claro que esas palabras esconden el lugar exacto donde ocultó la espada-murmuró la niña, pensativa.
-El corazón de Pekín… el mismo centro de la localidad, quizás… ah, espera, la Ciudad Prohibida-masculló Chang en ese momento.
-Sí, y debe estar bajo tierra puesto que ni el sol ni la más suave brisa llegan… aunque ¿dónde crece China imparable hacia arriba?
Chang se quedó callada por un momento, repasando la ciudad en su cabeza, hasta dar con la clave rápidamente.
-El China World Trade Center, en el distrito financiero…
-Ya veo, debe haber algún acceso subterráneo por allí entonces… uno que lleve a la Ciudad Prohibida…-murmuró la niña, esbozando una sagaz sonrisita.
-Sí, sí, tiene sentido, después de todo no están muy lejos… pero ¿cómo supo Liu Yan que…?
-Las voces de la espada la brindaron conocimiento, pasado, presente incluso futuro, puede que la mostraran cosas… es un mensaje del pasado para el futuro. Fascinante-murmuró Ai, anonadada.
De todas las cosas que se esperaba encontrar en China ésa no era precisamente la que más barajó; nunca antes había llegado a estar tan en contacto con el pasado como lo estaba en ese momento. Podía notar cómo las palabras y el rastro dejado por Liu Yan se abrían ante ella con suma claridad. Por primera vez desde que se unió a la Hermandad, veía las cosas de otra manera, como con mayor amplitud. Y lo más importante de todo, podrían recuperar la espada.
-Vamos a informar a la Mentora, tenemos que idear un plan antes de ir a recuperar la espada-la sugirió Chang en ese momento.
-Sí, vamos.
Las dos se pusieron en marcha, dejando la biblioteca atrás. Estaba un poco más cerca de desentrañar el misterio en Nara. Su instinto asesino estaba más vivo que nunca. Y eso la daba fuerzas para seguir adelante.
Trabajar con Vermouth no fue tan horroroso como Conan pensó que sería. Aparte de las pullitas que a veces le echaba, como el ir medio desnuda por el apartamento tras salir de la ducha o el tratarle como a un niño cuando comían, por lo demás su presencia no fue tan intimidante u horrible como en un principio pronosticó, cosa que hasta ella misma se lo comentó directamente sin ningún tipo de desparpajo.
-¿Lo ves como te dije que sería divertido, cool guy?
-Sí, sí, lo que tú digas… aunque sigo sin entender a qué viene todo esto, a decir verdad.
-¿Aún no lo has averiguado? Qué pena, y yo que pensaba que eras un gran detective…
-¡Y lo soy, por supuesto! Es sólo que he estado ocupado pensando en el mensaje de Kid, eso es todo…-murmuró el chico, molesto.
-¿Todavía estás con eso? Yo pensaba que ya lo tenías descifrado, hasta yo sé que lo hará durante la semana en la que la luna estará llena.
Ante eso el pequeño detective frunció ligeramente el ceño, comentando de seguido.
-Sí, eso es algo que siempre se ha repetido en todos los golpes que Kid ha ido realizando en los últimos años. Hasta ahora he logrado descifrar todos sus trucos sin demasiada dificultad, después de todo casi siempre están cortados por el mismo patrón, aunque el detalle de la luna llena es algo que siempre me ha escamado. Eso y el hecho de que devuelva todas las joyas que ha ido robando hasta ahora ¿harán lo mismo con el Koh-i-Noor? Algo me dice que ésta vez es ligeramente distinto…
Vermouth esbozó una ligera sonrisa, pensando en posibilidades, aunque en ese momento murmuró.
-Bueno, eso es algo que descubriremos en breve, después de todo ésta es la última semana de exposición de la joya en la Galería Nacional, y éste mismo miércoles la luna será llena, así que actuará esa misma noche. No sé qué truco realizará, después de todo la seguridad corre a cargo de Abstergo y no han reparado en gastos de ningún tipo, eso te lo puedo asegurar.
-¿Y qué hay de la policía? Con Kid de por medio, el inspector Nakamori debe estar especialmente volcado en el caso…
-Así es, aunque por parte de Abstergo no ha habido mucha relación al respecto, después de todo ya nos lo dijo la propia Nakamura.
-Sí, supongo que les dará la suficiente cancha como para no levantar sospechas de sus verdaderas actividades… aunque todavía no sabemos nada de cómo va la regeneración del sudario ¿has conseguido averiguar algo?
-Todavía nada, Nakamura aún no confía lo suficiente en mí como para decirme algo al respecto, aunque igual puede que consigamos sacar un poco de información. Iremos juntos a la exposición antes del robo, así podrás hacer un poco de investigación sobre el terreno-murmuró Vermouth, divertida.
-Eh… bueno, vale, está bien, aunque ¿no se escamará Nakamura si me llevas tan de seguido a tus misiones? Igual puede que sospeche de mí…-comentó el niño, preocupado.
-No te apures, la he ido hablando de ti así que no se extrañará si te ve husmeando por ahí.
El ceño de Conan se contrajo, inseguro de ese comentario, aunque en ese momento alguien llamó a la puerta del apartamento, poniendo en alerta al niño. Por su parte Vermouth inquirió en voz alta sin alterarse.
-¿Sí?
-Soy yo, abre de una vez.
Esa fría e intimidante voz no daba lugar a la duda, siendo reconocida por Conan casi al instante. Gin estaba allí.
-¡Mierda, no puede ser!-musitó el niño en voz baja, alterado.
-Oh, no te preocupes… ¡ya voy, Gin!-exclamó Vermouth, poniéndose en pie.
-¿¡Que no me preocupe?! ¡Tengo que esconderme!-masculló el chico, apuradísimo.
-Tampoco es para tanto…-opinó la mujer, dirigiéndose a la puerta.
Muerto de miedo, el pequeño detective no se lo pensó ni dos veces y se escondió debajo de la cama, un escondite poco práctico y demasiado evidente, pero era lo que más a mano tenía en esos tensos momentos. Aun y con todo Vermouth abrió la puerta, dejando pasar al intimidante hombre de negro.
-Hola, Gin, dichosos los ojos ¿cómo tú por aquí?
-He venido para preguntarte cómo va todo por Abstergo… ¿con quién hablabas?-inquirió el hombre, registrando el apartamento con la mirada.
-Oh, pues con una personita muy especial, déjame que te la presente…-murmuró Vermouth con parsimonia.
-¿¡Pero qué dice ésta loca?!-musitó Conan en lo más profundo de su ser.
-¿Personita?-repitió Gin, extrañado.
-Oh, sí, es que es muy tímido con desconocidos… ¡sal ya, tontín, no te va a comer!-exclamó ella, con toda la tranquilidad del mundo.
Conan se revolvió sin saber muy bien qué pretendía esa mujer con todo eso, pero en ese momento notó la amenazadora y pesada aura que Gin transmitía justo delante de la cama; por un momento no hubo nada, pero de golpe y porrazo los oscuros y helados ojos de Gin aparecieron de improviso y se clavaron en él, provocándole un súbito escalofrío que lo dejó petrificado.
-Te pillé-masculló con su rasposa y característica voz.
Le cogió de la muñeca y le sacó de debajo de la cama, al tiempo que el terror más absoluto se apoderaba del niño y le impedía moverse o hablar; al verle, Vermouth exclamó.
-¡Ah, ahí estás! Qué pillo es, ya te digo que es muy tímido con desconocidos.
Conan buscó desesperadamente el abrazo de Vermouth, dejándose hacer en todo momento y quedándose entre sus brazos sin apenas atreverse a mirar a Gin a la cara. Éste inquirió extrañado.
-¿Quién es este mocoso?
-Oye, ya te vale ¿así es como te diriges a mi hijo?
Hubo entonces un denso silencio entre los dos, al tiempo que Gin miraba a la mujer con una expresión de auténtica sorpresa en sus ojos, acompañado de un deje incrédulo. Para entonces Conan quería desaparecer de la faz de la tierra, la situación no podría ser peor, y el miedo a ser descubierto era tal que le atenazaba con fuerza. En esos momentos podía entender cómo se sentía Shiho hace unos años atrás, cuando las presencias de Gin o Vermouth la dejaban completamente paralizada debido al miedo.
-¿Tu hijo? ¿Qué clase de broma es ésta?-masculló el hombre de negro, visiblemente agitado.
-Nada de eso, es mi hijo secreto, ha estado bajo el cuidado de unos viejos conocidos míos y por fin he tenido la oportunidad de pasar tiempo con él. Al final sí me vino bien aceptar el vigilar a Abstergo después de todo…
-Esto es ridículo, los dos sabemos que tú no eres una mujer con complejo de madre, además, en ningún momento te he visto en estado los últimos años ¿a qué estás jugando?
-Parece que olvidas con quien estás hablando, Gin…
-Precisamente por eso. Tú, mocoso ¿Cuántos años tienes?-inquirió el hombre, con furia reprimida.
-Ah… sie… siete…-masculló el niño, intimidado.
-Siete… espera, hace siete años…
Fue en ese mismo instante cuando Vermouth ensanchó ampliamente su sonrisa, murmurando de seguido.
-Así es, Gin… te presento a tu hijo.
El silencio se volvió tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Los fríos ojos de Gin se abrieron de par en par, y Conan trató por todos los medios de no verse igual de chocado que él para no levantar sospechas. Aunque en ese momento el hombre de negro reaccionó de la forma más esperable posible.
-No… no, eso es ridículo, no… ¡No puede ser!
-Grita y chilla todo lo que quieras, pero eso no quitará lo que es en realidad. Los dos sabemos lo que pasó hace siete años. Y éste es el resultado.
Aun así Gin siguió negando con la cabeza en evidente estado de shock, mascullando de seguido.
-Es ridículo, la sola idea es simplemente demencial, no puedo ser padre, es imposible, no puede…
-Por supuesto que puede ser, Gin. Éste niño es tu hijo y yo soy su madre.
-No… ¡no! ¡Sabes perfectamente que eso no puede ser, además! ¿¡Por qué ahora?! ¿¡Y él lo sabe?!
-Por supuesto que no, si lo supiera estaría en peligro, nadie lo sabe, tú eres el primero. Tenía intención de decírtelo en algún momento, pero que hayas venido ahora me ha facilitado las cosas.
-Estás loca… es imposible que tú…
Fue en ese momento cuando Vermouth agrió su gesto, comenzando ella a gritar.
-¡Ya basta, Gin! ¿¡Crees que esto es fácil para mí?! ¡Tuve que dejarle al poco de nacer para protegerle y no le he visto durante un largo tiempo hasta ahora, cuando las circunstancias me lo han permitido! ¿¡Tú sabes lo duro que es eso?! Por un momento pensé en la salida fácil, y estuve a punto de hacerlo, pero al final me detuve a tiempo. Según tú nunca me viste en estado, por supuesto que no ¿¡acaso crees que no tengo aptitudes suficientes como para ocultar un embarazo?! ¡Soy quien soy, maldita sea, y tú lo sabes mejor que nadie! ¡Y si no quieres hacerte responsable me lo dices y ya está, no necesito la ayuda de nadie para cuidarlo!
La capacidad interpretativa de Vermouth era impecable, asiendo con fuerza a Conan entre sus brazos al tiempo que él se aferraba a ella, cada vez más y más horrorizado ante lo que se estaba abriendo delante de él sin poder hacer nada por evitarlo. ¿¡En qué demonios pensaba esa mujer?!
Por su parte Gin seguía en negación, incapaz de asumir que ese niño era su hijo de ninguna forma; sin embargo algo cruzó por su cara en cuanto Conan le miró de pasada, cosa que también dejó helado al niño. Y es que una expresión de tristeza atravesaba su rostro cual grito desesperado. Nunca pensó ver en todos los días de su vida a Gin como una persona con algún tipo de sentimientos. Pero allí estaba delante de él, mirándole con gesto casi tierno, al tiempo que hablaba con voz claramente emocional.
-Entonces… él…
-Sí, Gin… es tuyo. Siempre lo ha sido-asintió Vermouth, con tono amoroso.
Se acercó entonces a él y se lo tendió, obligando a Conan a mirarle; recurriendo a todo su autocontrol, miró al hombre de negro con la mejor cara de niño posible, murmurando de seguido.
-Entonces… ¿eres tú mi papi?
Gin se adelantó y lo cogió en brazos; el sólo toque de sus manos mandó profundos escalofríos a su espalda, pero el niño se contuvo lo indecible para no salir corriendo de allí lanzando gritos de puro terror. Abrió entonces la boca, anunciando.
-Sí… yo soy tu papi.
Por hacer algo y verse lo más convincente posible, Conan hizo un esfuerzo y lo abrazó; el simple gesto dejó de piedra al hombre de negro, notando cómo se relajaba y le respondía al gesto con todas sus fuerzas. Para entonces Shinichi deseaba con todas sus fuerzas despertar de esa horrible pesadilla, pero el abrazo era tan fuerte que le hizo convencerse de que era real, para su infinita desgracia.
Pero entonces vino Vermouth y le puso la puntilla acercándose a él y, a todas luces, besándole directamente con él en medio. Para entonces su miedo se transformó en asco, notando cómo la mujer presionaba contra él y mascullando en los rincones más recónditos de su mente.
-Dios, Buda, Alá, quien sea, que acabe ya ésta tortura psicológica…
Los hados le fueron propicios puesto que ambos adultos se separaron, dejándolo a él en el suelo; Gin le revolvió el pelo con gesto cariñoso, al tiempo que decía.
-No puede saberlo nadie, y mucho menos él…
-Descuida, lo tengo todo bien controlado.
-Deberías dejar de estar lo de Abstergo, al menos de momento…
-No, después de todo me permite estar con él, además, nos interesa tener vigilada a Nakamura.
-Si quieres yo puedo cuidarle cuando tú no puedas por lo que sea…
Ante eso Conan negó con la cabeza tan rápidamente que Gin pensó que se trataba de otra cosa, a lo que ella murmuró.
-No te preocupes, puedo apañármelas yo sola, después de todo sería arriesgado si alguien te viera con él.
-Es verdad. Bueno, en ese caso será mejor que me vaya marchando, Vodka me está esperando.
-Muy bien.
Antes de marcharse se agachó ante él, esbozando una genuina sonrisa e inquiriendo de seguido.
-¿Cuál es tu nombre, por cierto?
El niño se quedó con cara de circunstancia, aunque en ese momento Vermouth murmuró.
-Conan… se llama Conan…
Gin se quedó callado, sopesando el nombre, y esbozó entonces una sonrisita, comprendiéndolo al instante.
-Ya veo… el detective incompleto…
Ante eso ella tan solo sonrió de vuelta, a lo que el hombre asintió.
-Por supuesto. Cuida de mamá ¿vale?
El niño asintió con la cabeza y él le hizo un gesto en su cara antes de marcharse; por su parte Conan se quedó allí, mirando al infinito. En cuanto se aseguró que Gin ya no estaba Vermouth se echó a reír, lo que le hizo reaccionar de seguido.
-¿¡Pero de qué vas?! ¿¡A qué ha venido todo eso, has perdido la cabeza!?
-¡Ay, por favor, pero qué divertido es todo esto, si es que me mondo y me parto!-masculló ella, llorando de la risa.
-¡Yo no me río, pedazo de idiota! ¿¡Cómo has podido inventarte todo eso?! ¿¡Y cómo demonios un tipo como Gin puede tener algún tipo de sentimiento?! ¡Es que no puede ser esto, no es real, es una pesadilla, tienes que despertar, Kudo, despierta, despierta!-musitó el niño, esbozando una aterrorizada mirada y pellizcándose a sí mismo.
Eso no hizo más que echar más leña al fuego en cuanto a Vermouth se refería, la cual siguió partiéndose de la risa hasta acabar en el suelo, cosa que no hizo más que enfadar a Conan.
-¡Ya está bien, cállate ya, esto no es ningún juego, mi vida pende de un hilo y tú te estás descojonando delante de mí, esto es el acabose, no puedo más con esto!
Sin embargo la mujer abrazó al niño, exclamando entre medias.
-¡Ay, si es que me encantas, cool guy, eres de lo que no hay!
-¡Agh, ya basta, esto no es serio!
Sin embargo ya estaba hecho. Gin se había creído que él era su hijo. Y eso le ponía en un serio aprieto, aunque por otro lado se abrían nuevas posibilidades que le permitiría incluso llegar hasta lo más alto de la organización. ¿Acaso Vermouth lo había hecho expresamente? se suponía que estaban trabajando juntos para acabar con Abstergo y nada más ¿acaso había algo más detrás? No lo sabía, pero aun así debía estar alerta. Sin embargo, Kid y el Koh-i-Noor eran la prioridad.
En ese momento llamaron al móvil de Shinichi y el chico se apresuró a contestar.
-¿Sí?
-Hola Shinichi, soy yo, tengo noticias desde China.
-Ah, Shiho, cuenta, cuenta…
La asesina le estuvo contando todo lo que había averiguado y Vermouth aprovechó para poner la oreja y enterarse también; una vez que estuvieron al día, la mujer exclamó.
-¡Wonderful, bien hecho Sherry!
-Oh, Vermouth está ahí…
-Sí, mamá está aquí… y papá ha venido de visita también-masculló el niño.
-¿¡Eh?!-inquirió la niña, confusa.
-Ahora Gin es mi padre ¿te lo puedes creer?
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea, a lo que Vermouth respondió riéndose de nuevo. Finalmente la niña masculló.
-Por dios, qué asco…
-Dímelo a mí…
-¡Ha sido divertidísimo, lo que te has perdido, Sherry, hacía mucho que no me reía tanto!
-Tu sentido del humor es uno muy raro, Vermouth… pero bueno ¿qué hay de Kid?
Conan la estuvo explicando un poco los planes para el miércoles, que curiosamente coincidían con los de Ai para ir a recuperar la espada, aunque ella iría por la mañana y el fin de la exposición sería por la noche.
-Vaya, entonces mañana va a ser un día clave, visto lo visto…
-Sí, siempre podemos llamarnos una vez que hayamos terminado con nuestras respectivas tareas-sugirió ella.
-Bien, aunque el Koh-i-Noor va a tener que esperar, a ver qué tiene planeado Kid…
-¿Y no tienes curiosidad?-inquirió la asesina, divertida.
-A decir verdad, sí, aunque tal vez le deje hacer un poco, después de todo no sabemos qué es lo que quiere hacer con el diamante. Mañana saldremos de dudas.
Y así era. Tan solo restaba esperar.
-Joven maestro ¿está del todo seguro de que el Koh-i-Noor es la joya que hemos estado buscando?
-Del todo, Jii, mi instinto me lo dice. Después de todo, y tras observar detenidamente a esos asesinos y templarios, está más que claro la evidente conexión. Es lógico pensar que van a estar de tira y afloja constante, y esa situación es perfecta para que yo me cuele entre medias y me lleve la joya. Y seguramente él esté también allí, como siempre.
-Entiendo, aun así debe ser cauto, joven maestro, después de todo estamos jugándonos mucho aquí, quien sabe lo que podría pasarnos si nos exponemos demasiado al peligro…
-Oh, no te preocupes, una vez que tenga el Koh-i-Noor en mi poder, el resto saldrá solo. Tan solo tengo que jugar las cartas a mi favor. Después de todo, soy el mayor mago ladrón de la historia ¿no es así? Demos pues un poco de espectáculo.
¡Y seguimos con el Credo del detective! Estoy particularmente inspirado y las ideas salen solas, por lo que lo mejor es continuar hasta que la cosa no de más de sí. Hablemos del capítulo.
En un principio tenía intención de añadir el robo del diamante en este mismo capítulo, pero dado que la recuperación de la espada se quedaría colgada y ambos son acontecimientos clave para la consecución de la historia, decidí dejarlo para el siguiente capítulo, en el cual se concretarán las cosas. Tal vez no ponga tanto el foco en la metodología de Kaito a la hora de robar el diamante, ya que se han visto multitud de trucos tanto en el manga con el anime, pero bueno, ya lo iré viendo cuando llegue a él. De momento la historia va por buen camino, que es lo importante. El siguiente está en proceso, así que esperadlo más pronto que tarde.
Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
