Historia escrita para el Proyecto "Escribe a partir de una imagen".

Imagen: Banco en parque. de Ficker D.A.T proyecto1 -8. tumblr post/112162338485/14

Personaje: Yamato Ishida y Sora Takenouchi.

Digimon no me pertenece


Capítulo XIV. Rayos de sol que iluminan entre las nubes

Yamato apoyó los codos en sus rodillas y se inclinó, suspirando. Se había sentado en el primer banco que encontró después de una hora dando vueltas por aquel parque. Estaba estresado, y caminar siempre le ayudaba a despejar su mente, pero el frío del otoño hizo que tuviese que pararse a descansar, con su aliento saliendo a borbotones de su boca.

¡Mierda! ¿Cómo había terminado todo así? No debería haber sido así, todo iba perfecto. No entendía cómo se había salido todo de contexto. Se echó hacia atrás y dejó que la cabeza colgase del cabecero del banco. ¡Joder! Lo que daría por un cigarrillo…

—¿Yamato?

La voz hizo que se pusiese recto y se encontró con una pelirroja frente a él. La mujer iba con una chaqueta azul que no disimulaba para nada la enorme barriga que ocultaba tras ella; una sonrisa adornaba su cara y sus ojos, aunque con leves ojeras y casados, brillaban con su color rubí.

—Sora… —murmuró.

—No esperaba encontrarte aquí —dijo la chica, sonriéndole—. ¿Puedo sentarme?

—Adelante —Yamato se apartó y ella ocupó el sitio a su lado—. ¿Qué tal va?

—¿Qué? —la pelirroja no entendió a qué se refería hasta que el hombre señaló su barriga—. ¡Oh! Muy bien. Ha empezado a dar muchas patadas y me pide comida a todas horas pero está sano.

—Me alegro mucho —dijo él sinceramente—. ¿Y qué haces aquí sola? ¿Dónde están Taichi y los niños?

—Tai ha llevado a un partido de fútbol a los niños —respondió Sora—. Quiere que Taiki le coja el gusto desde pequeño. Keiko se ha quejado pero ha terminado yendo también, y Nozomu está en la época de seguir a sus hermanos y padre a todos lados. A mí eso me deja tiempo para mí misma, que con tanta gente pululando alrededor nunca tengo ni un huequito. Pasear por aquí me relaja.

—Suena divertido —opinó él.

—¿Cómo es que tú estás aquí sólo? —preguntó entonces la pelirroja—. Pensé que aprovecharías el fin de semana a solas con Mimi aprovechando que yo tengo a los niños y que a Harry se quedaba con sus abuelos.

—Sí, bueno —murmuró el rubio—. He discutido con Mimi y me he ido de casa.

Se quedaron callados, con los pájaros piando a su alrededor. Siempre habían sido dos personas que no tenían que hablar todo el rato para estar a gusto, a diferencia de Mimi y Taichi. Ellos dos eran más parecidos; quizá por eso empezaron, quizá por eso terminaron por divorciarse. Pero en ese momento, sabiendo que Yamato no estaba del todo bien, el silencio no era el mejor aliado.

—¿Sabes qué? Es increíble lo que ha cambiado todo en unos años —él la miró, curioso de la repentina reflexión—. Si cuando fuimos al mundo digimon alguien te hubiese dicho que ibas a terminar casado con Mimi Tachikawa, te hubieses reído en su cara.

—Todos en realidad —afirmó Yamato, sonriendo un poco—. Nadie esperaba que me enganchase tanto a ella.

—Desde luego —asintió Sora—. Ni siquiera conmigo fuiste así, y eso que estuvimos casados y tenemos dos hijos preciosos. A ella la miras de una forma especial con la que no has mirado a nadie.

—Yo… —balbuceó el rubio—. Lo siento…

—¡Oh! ¡No, no! —negó ella—. No te lo decía para hacerte sentir mal. Yo te quise mucho, Yamato, y te quiero aún. Siempre serás parte de mi vida; eres mi amigo y el padre de dos de mis hijos. Eres importante.

—Aunque no tanto como Taichi —bromeó él entonces.

—De forma diferente —se encogió de hombros.

—¡Venga ya! Desde pequeños estabas demasiado pendiente de él —dijo Yamato—. Todos lo veíamos, no sé ni por qué no me di cuenta de que ambos sentíais algo.

—Ni siquiera nosotros nos dimos cuenta —susurró la pelirroja—. Y después me encandilaste con tus aires de rockero y te aprovechaste de lo mala que es la adolescencia para enamorarme.

—No vi que te quejases mucho —se burló él en su defensa—. Y yo también terminé un poco enamorado. Pero el destino estaba escrito para ti, Sora. Taichi y tú teníais que terminar juntos; escrito en piedra.

—Puede que tengas razón —la chica levantó las piernas cansadas un poco—. Pero lo vuestro fue algo… mágico también.

—¿Mágico? —preguntó el rubio, confuso.

—¡Sí! —asintió ella, sonriendo ampliamente—. Ella llegó en el momento perfecto. Tú y yo nos habíamos divorciado y aunque era en términos amistosos tú estabas destrozado y ni Taichi ni yo podíamos ayudarte, por razones obvias.

—¿Y qué tiene de mágico todo eso? —frunció el ceño, sin comprender.

—¡Todo! —Sora se puso de pies, casi yéndose hacia un lado por el volumen de su cuerpo, y se giró a mirarlo, alzando los brazos—. Mimi volvió justo de América en ese momento. Michael había muerto en aquel accidente y ella volvió aquí para estar junto con su familia. Todos nos juntamos para animarla y conocer a Harry y ahí surgió la chispa.

—Pero Mimi y yo no éramos siquiera los más cercanos —opinó Yamato—. Aún cuando la relación mejoró cuando volvió aquella época a Japón.

—¡Oh! Pero es que no viste tu cara —se rió ella—. Ella ese día ni siquiera estaba maquillada pero te quedaste embobado mirándola. Takeru a día de hoy insiste en que la llamaste "ángel".

—No es verdad —frunció el ceño, pensando en matar a su hermano por ir diciendo eso—. No llamé a nadie ángel.

—Pero realmente te revivió —aseguró Sora—. Y tú a ella. Estaba deprimida por la muerte de su esposo y simplemente te acercaste a hablarla y la animaste.

Yamato rememoró aquel día y los siguientes, donde todos habían estado centrados en tratar de sacar de casa a una Mimi que solamente fingía felicidad frente a su padre. Él había sido uno de los decisivos ya que había encontrado muchas cosas en común con ella y sentía que podían hablar de cualquier cosa. Había sentido la atracción por ella desde el primer instante, sin comprender cómo había estado tan ciego para no ver antes lo preciosa que era. Cuando finalmente estuvo perdido por ella, le dio miedo declararse, tanto por ella como por él; Mimi había perdido a su marido y él se había separado de Sora, y no estaba seguro de que fuese buena idea volver a meterse en una relación de nuevo. Sonrió; ya recordaba por qué se atrevió a dar el primer paso.

—Ella adoraba a nuestros hijos —Sora asintió, dándole la razón—. Y ellos la adoraban a ella. Y Harry se comportaba con ellos como si fuesen sus hermanos. Fue irremediable que me enamorase de ella viendo cómo se comportaba con ellos; era ideal.

—Y a ti te hacía feliz —habló la pelirroja—. Incluso antes de que fueseis algo más que amigos.

—Cierto; es única.

Yamato miró hacia el cielo algo nublado y sintió que no podía evitar sonreír al pensar en ella. ¡Sí que había cambiado su vida! Seguía siendo el más reservado del grupo, pero era feliz como nunca lo había sido.

—Todo esto te lo digo por una razón —el rubio volvió a mirarla—. La vida ha dado muchas vueltas pero por alguna razón ha hecho que termines con Mimi, y nunca habías estado mejor.

—Cierto —aceptó él.

—No sé qué os ha pasado; no sé por qué os habéis peleado ni te estoy pidiendo que me lo cuentes —Yamato fue a hablar pero Sora alzó la mano, pidiendo silencio—. No lo sé, pero da igual. Porque nunca nada va a ser tan importante como para que no podáis solucionarlo. Porque sois perfectos juntos y os necesitáis. Os amáis, y por mucho que ahora tengáis un problema, sin ella tu vida no estaría completa y la suya tampoco sin ti. Y lo digo porque os he visto y porque a mí me pasa lo mismo con Taichi.

Sora respiró agotada y se dejó caer de nuevo en el banco, sosteniendo su abultada barriga. Yamato la miró, preocupado por un segundo, pero comprendiendo que simplemente estaba cansada. Luego sonrió.

—Tienes razón —dijo poniéndose de pies—. Tienes razón en todo.

—Yo siempre la tengo, Ishida —rió ella y el rubio le siguió la carcajada.

Yamato la miró y recordó el tiempo que estuvo casada con ella, la época de adolescencia antes de ello, las cosas buenas vividas, sus hijos, los buenos momentos… sonrió.

—No lo hemos hecho nada mal al final, ¿verdad? —murmuró con una sonrisa ladeada—. Todo nos ha salido bastante bien.

—Sí, eso es cierto —Sora estuvo completamente de acuerdo—. Al final todo ha salido perfecto.

—Cierto —el rubio se giró, dispuesto a irse—. Y ahora, voy a volver a casa para olvidarme de cualquier problema que haya tenido, besar a mi mujer y demostrarle lo mucho que la quiero y lo importante que es para mí.

—¡Vaya! —silbó la pelirroja—. Conmigo no eras tan pasional.

—Parece que la tontería de Yagami también se pega —dijo alzando la ceja ante la broma de su amiga—. ¿Necesita que te acompañe?

Sora meneó la cabeza de un lado a otro y le aseguró que estaba bien y que prefería quedarse un rato más en paz allí antes de que la familia volviese a casa y todo enloqueciese. Yamato asintió y se alejó de allí con pasos firmes y unas ganas irrefrenables de llegar a su casa con Mimi. Se metió las manos en los bolsillos y aceleró el paso, queriendo acortar el tiempo hasta su apartamento. Sonrió; la charla con su exmujer realmente le había servido de mucho.

Al final, ese paseo le había refrescado la mente y los rayos de sol habían terminado por salir entre las nubes.


Sí, sé que es imagen repetida, pero desde el primer momento tuve las dos ideas al mismo tiempo y he querido escribirlas ambas. En mi cabeza, de existir el sorato, terminarían en divorcio, pero sería amistoso. Así que he querido tratarlo un poco.

Datos a tener en cuenta:

Keiko: hija mayor de Sora y Yamato.

Taiki: hijo menor de Sora y Yamato.

Nozomu: único hijo por el momento de Sora y Taichi. Es más pequeño que los otros dos.

Espero que os guste.

¡Nos leemos!

Mid*