Debes despertar, amor. Te confieso que cada vez que ingresas al quirófano temo que no vuelvas a salir. Los médicos dijeron que con suerte será la última operación. Debes despertar, amor. Ya han pasado algunas semanas. Debes despertar dormilón. No sé qué hacer. Debiste esperar. No te preocupes por mi, no estoy sola. Debes despertar, amor. Han pasado algunos meses. Hay algo importante que debo contarte, son dos. Las noches duelen demasiado sin ti. Acabamos de mudarnos. Debes despertar, amor.Desearía que sintieras sus pataditas. No puedo seguir con esto sola. Las náuseas son horribles. Creo que estoy haciendo lo correcto, espero que no te molestes con nosotros. Me gustaría que las conocieras. Debes despertar, amor. Nunca quise que fuera así. Inuyasha me está ayudando mucho, no te preocupes. Te amo. Te esperaré pero por favor, no demores... Debes despertar, amor. Te odio. Por qué nos hiciste esto. Por qué nos dejaste solas.
Lo siento, de verdad espero que me perdones. Hace algún tiempo que no vengo por aquí. Admito que me siento culpable. Ya ha pasado mucho tiempo. Debes despertar, amor. Feliz cumpleaños, otra vez. Tu cabello está tan largo. Ya casi no tienes cicatrices. No sé si me escuchas pero debes despertar...debes despertar... despertar... despertar... despertar.
— ¿Despertar? ¿De qué hablas, Kagome? —Los ojos le pesaban, las palabras escaparon solas de su boca como un susurro.
La lámpara que colgaba del techo lo segaba parcialmente. Una fría brisa lo estremeció. ¿Era invierno? Eso parecía, el paisaje se teñía de colores fríos. Las copas de los árboles no tenían ni una hoja, las nubes grises cubrían todo el cielo y la nieve caía intensamente. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había visto nevar? El último recuerdo que tenía era de pequeño. Nieve tan fría y blanca como... como el vestido de Kagome. Pensó. Le había mentido, sí la había visto antes de la boda y estaba absolutamente preciosa. Más que nunca, y luego...
Recorrió la habitación con la mirada. Hubiese jurado que estaba en un hotel 5 estrellas si no fuera por las máquinas que había conectadas a su cuerpo. Desconectó todos los aparatos sin cuidado, incluyendo el suero por intravenosa del brazo. Una pequeña alarma comenzó a sonar. Una mujer ingresó a la habitación enseguida. Era una enfermera. Ella lo observó asustada, como si hubiera visto a un fantasma. Pronunció algunas palabras en un claro acento italiano y salió corriendo. Llamó a gritos a alguien, su voz era sumamente irritante.
Intentó ponerse de pie, pero cayó al instante al suelo. Las piernas, los brazos, la cabeza todo le dolía. Se sentía sumamente débil. Un médico y dos enfermeros entraron en la habitación. Entre los tres lo ayudaron a sentarse nuevamente en la cama. Hablaban entre ellos, y con él pero no podía entender mucho, casi nada. ¡Italiano, italiano! Bendito italiano, pensó.
El médico hizo una llamada y luego le ordenó a sus dos enfermeros que se retiraran. Sessh no dijo nada y el Doc tampoco. Cada vez que intentaba levantarse de la cama, ese hombre entrado en años, lo detenía. Al diablo con todos. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía allí? ¿Y Kagome? ¿Y la boda? ¡La boda!
Dios sabe cuánto tiempo había pasado. La puerta volvió a abrirse. Esta vez fue una mujer la que ingresó a la habitación, no era una enfermera. Iba vestida con ropa de noche, era alta y tenía una figura delicada y esbelta. Era increíblemente elegante y hermosa. El cabello le llegaba hasta por debajo de la cintura. Sus tacones hacía un sonido bastante peculiar con cada paso que daba y su perfume era tan exquisito que embriagaba el ambiente.
— ¡Por dios! Es cierto. ¡Despertaste! —Llevó su mano hasta su boca de la impresión. Su rostro se cubrió de lágrimas. No se atrevió a avanzar hasta donde él estaba.
— ¿Kagome? —No podía ser ella. No sabía que exactamente pero se veía muy diferente. Un aire de madurez y seriedad la envolvía.
Secó sus lágrimas como pudo y sonrió eufórica. Comenzó a acercarse lentamente hacia Sesshomaru. —No puedo creer que estés despierto. —Acarició su rostro con ambas manos. —Sabía que algún día volverías a mirarme con esos dulces ojos. —Seguía llorando pero la sonrisa permanecía firme. Cerró los ojos mientras lo abrazaba con fuerza.
— ¿Eres tú? Te ves tan... diferente. —Confesó melancólico Sesshomaru. Deslizó su mano hasta la mejilla de Kagome. No entendía cómo su dulce e infantil mujer había cambiado tanto. Se veía tan... tan...
— Soy yo. Han pasado algunos años, supongo que cambié un poco. Espero no verme demasiado mal. —Bromeó.
— ¿Como que "algunos años"? —Se alejó de ella. — ¿Cuanto tiempo llevo aquí? ¿Qué pasó? —El pánico comenzó a invadirlo.
— Sessh... —Él parecía muy alterado de repente. Secó sus lágrimas con un pequeño pañuelo que buscó de su bolso —Te lo diré, pero debes prometerme que estarás tranquilo ¿de acuerdo? —Él asintió desconfiado. — ¿Qué es lo último que recuerdas? —Comenzó diciendo. Era un buen lugar por donde comenzar.
— A ti.
— ¿Algo más específico?
— La iglesia. Recuerdo que llegaba tarde, te prometí que estaría allí.
— ¿Y luego de eso?
— Estaba corriendo, cuando un... —Su mirada se perdió en la de ella. Había llegado al punto clave.
— Tuviste un accidente. —Confirmó las sospechas del platinado. —Un camión te atropelló mientras cruzabas la avenida. Quedaste inconsciente al instante. Te llevaron al hospital de urgencia. Los médicos nos dijeron que estabas muy grave, lo peor era la contusión cerebral. Casi mueres. Es un milagro que estés vivo.
— Es imposible. Estoy perfecto ¡mírame! ¿Cómo que a punto de morir?
— Sessh... —Respiro profundo. —Han pasado 10 años desde el accidente.
— ¿10 años? ¿¡10 AÑOS!? No puede ser. No, eso no es cierto. —Sujetó su cabeza. Se dio cuenta de que su cabello había vuelto a crecer casi hasta la cintura.
— Luego de muchas operación decidimos trasladarte a una clínica privada aquí en Italia para tu recuperación.
— ¿Y tú? ¿Qué pasó contigo? ¿Con la boda? ¿Con nosotros? —No le interesaba saber nada más.
— No hubo boda. Se canceló, obviamente. Luego del accidente te operaron en repetidas ocasiones. Sentí mucho miedo, pero todo resultó muy bien. El verdadero problema llegó cuando no despertaste de la anestesia. Al principio tenía esperanzas de que despertaras pero con el tiempo...—Hizo una breve pausa. —Me quedé contigo hasta que...
— ¿Hasta qué? —Quiso saber.
— Hasta que decidí seguir adelante. Tuve ayuda, me convenció de continuar. —Sujetó las manos de Sessh. —Mi mundo se detuvo en el instante que te vi en el suelo, casi muerto.
— ¿Continuar? ¿Qué significa eso? —Liberó sus manos.
— Significa que... —No estaba segura de contarle. El pobre hombre acababa de despertar de un largo sueño. No podía pretender que entendiera todo en un día. Las cosas no eran precisamente sencillas de entender ni explicar. — Significa que... —Repitió con la intención de continuar pero se mantuvo en silencio en cuanto escuchó que la llamaban desde el umbral de la puerta.
— ¡Mamma, mamma! —Repetía en italiano la niña de aproximadamente 4 años en forma de rabieta.
— En español cariño. ¿Qué te hemos dicho? —La regañó tiernamente Kagome.
— ¡Mamá! —Se corrigió. —No me gusta este lugar, vámonos a casa. —Exigió la niña haciendo puchero y cogiendo la mano a su madre.
— Enseguida Moroha. Ven, acércate y mira quien despertó. —La cogió en brazos y la acercó a Sesshomaru.
— ¡Es el príncipe! —Dijo con asombro. Tocó la nariz de Sessh con su dedo índice. — ¿Rompieron el embrujo, mami?
— Así es cielo. El príncipe rompió el embrujo y logró despertar. —Sesshomaru estaba simplemente mudo del asombro. No daba crédito a lo que veía. ¿Kagome tenía una hija?
— Mamá, hay que contarle a papá que el príncipe despertó. —Dijo emocionada tirando del vestido de Kagome. La mirada de Sesshomaru palideció. "Contarle a papá" Pensó. Miró la mano de Kagome casi en un reflejo inconsciente. Llevaba un anillo de oro en su dedo anular.
— ¿Tú crees, Cielo?
— Iré a buscarlo. —La pequeña salió corriendo y volvió minutos después de la mano de su padre. — ¡Mira papá! Te lo dije, el príncipe despertó. —Señaló a Sesshomaru mientras arrastraba a Inuyasha hacia el interior de la habitación.
— Tenías razón, hija. Parece que el príncipe al fin abrió los ojos. —La alzó en brazos y se acercó a Sesshomaru. —Te hemos extrañado, hermano. —Ambas miradas estaban repletas de sentimientos.
Sesshomaru miró a Inuyasha luego deslizó la mirada a Kagome y finalmente se detuvo en la pequeña niña. ¿Cómo le había dicho? ¿Moroha? El tiempo volvió a detenerse. Furia, rencor, miedo, desprecio, impotencia, traición... mas de mil sentimientos recorrieron su cuerpo y ninguno de ellos era bueno.
Luego de tantos años su hermano había logrado salirse con la suya. No solo le había robado el corazón de la mujer a la que amaba, sino también su vida con ella. Esa hija, esa felicidad y esa vida debían ser suyas, no de su hermano. Ya no quedaba nada. Ni un pequeño rastro de los sueños que había tenido. Kagome ya no lo amaba, ahora entendía sus palabras "me convenció de continuar..." Ese maldito de Inuyasha. Continuar significaba dejarlo atrás para estar con él. Después de todo ¿Quién quería a un muerto en vida? No sería tan tonta como para esperarlo 10 años.
— ¿Te sientes bien? Estás pálido. —Interrogó Kagome preocupada.
— Vete... —Susurró. —Tú y todos. ¡VÁYANSE! ¡NO QUIERO VERLOS! —Aquel susurro se convirtió en un grito aterrador que asustó a todos.
— Mamá... —Dijo Moroha asustada abrazándose a Inuyasha con fuerza.
Sessh... —Intentó intervenir Kagome. —Hay muchas cosas que tenemos que hablar.
— No me llames "Sessh". Te di todo Kagome, mi vida entera... Y tú lo escogiste a él. —Señaló con la mirada a Inuyasha.
Cada palabra era una daga en su emparchado corazón. —Déjame explicarte...
— No hay nada que decir. Solo vete. No quiero volver a verte...a ti ni a nadie.
—No deberías ser tan terco y deberías escuchar lo que Kagome tiene que decirte. —Interfirió Inuyasha mientras acunaba a Moroha entre sus brazos.
— ¡No tienes derecho a dirigirme la palabra! Los dos son tal para cual, una mierda.
Kagome lo abofeteó. —Perfecto, nos iremos. —Dijo con los ojos brillosos y el llanto a flor de piel. Sesshomaru quedó atónito por el golpe. Llevó su mano hasta el lugar de la bofetada. Su mirada desprendía odio, la de ella decepción. Los tres salieron de la habitación. Moroha lloraba, Kagome la cogió en brazos y la tranquilizó mientras caminaban hacia la salida de la clínica.
— Sabíamos que algo así podía pasar. —Dijo Inuyasha mientras acariciaba la espalda de Kagome con suavidad.
— Él ni siquiera me dejó explicárselo. —Se sentía tan triste y enojada a la vez.
Inuyasha la detuvo. —Entiendo a Sesshomaru. Está lastimado y tú también. Ambos han sufrido. Tu historia con él quedó suspendida en el tiempo y sé que quieres ir corriendo hasta donde está y decirle lo mucho que lo extrañas y ...
— Shh, detente. —Suplicó con la mirada triste. —Las cosas han cambiado. Dejemos que se calmen las aguas por ahora. Acaba de despertar y se siente aturdido, eso puedo entenderlo. —Otra vez lloraba. Inuyasha la abrazó. — ¿Por qué todo es tan difícil?
— Nadie dijo que sería sencillo. Anda, no llores. —Secó sus lágrimas. —Vayamos por las niñas. —Sujetó a Moroha con un brazo y con el otro cogió la mano de Kagome.
— Dejé a las gemelas con mi papá. Creo que al final fue una buena decisión.
— Hiciste bien.
— No quiero que conozcan a su padre así.
Continuará...
