Capítulo 11

Pasando a la acción

Esa misma mañana, y tras un frugal desayuno, Ai y Chang se dirigieron hacia el China World Trade Center en pleno centro financiero de la gran ciudad. Tras hablar con la Mentora y explicarla sus descubrimientos, ésta les dio el visto bueno para ir a recuperar la espada, pidiéndolas prudencia y mucho sigilo a la hora de infiltrarse donde se tuvieran que infiltrar.

Dado que Ai nunca había estado en Pekín, se dejó guiar por Chang hasta llegar a la alta torre, rodeada por muchos más edificios y junto a la estación de metro más cercana, Guomao, donde se bajaron.

-Vale ¿por dónde ahora?-inquirió la niña.

-Tenemos que acceder a la zona de mantenimiento sin que nos vean.

-¿A la zona de mantenimiento? ¿Y eso por qué?

-Ahora lo verás, de momento vamos por aquí sin hacernos notar.

-De eso sé un buen rato.

Ambas asesinas se echaron sus capuchas a la cabeza y se fundieron con la multitud, avanzando varios metros a través de los abarrotados pasillos que se dirigían a la salida; en un momento dado, y cerca de la misma, Chang le hizo un rápido gesto a Ai con su mano derecha y ella miró a su diestra, viendo una puerta de servicio cerrada que, en ese mismo instante, se abrió dejando pasar a un empleado del metro.

-Ahora-susurró Chang.

Sin apenas pensarlo la niña se lanzó como una bala, colándose entre el hueco de la misma antes de que se cerrara. La asesina más mayor, en cuanto llegó a la puerta, tan solo necesitó dar un par de toques a la misma y Ai la abrió desde dentro, entrando rápidamente sin que nadie las viera. Una vez dentro, Chang indicó.

-Puede que nos encontremos con gente aquí dentro ¿tienes tu dardo de cuerda?

-Sí-asintió Ai, sacándolo levemente del bolsillo de su sudadera.

-Bien, vamos entonces.

La zona de mantenimiento se parecía más a una galería de mina, y no era para menos, puesto que allí se guardaban materiales de todo tipo, así como transformadores eléctricos, materiales de construcción o accesos tanto inferiores como superiores para comprobar el buen estado de las instalaciones, por lo que en sí era fácil ocultarse y avanzar sin ser vistas. Por suerte no se encontraron con nadie más, pero se mantuvieron alertas por lo que pudiera pasar.

-¿Por qué estamos aquí exactamente?-inquirió la niña en un momento dado.

-He estado aquí más veces explorando y buscando rutas alternativas para moverme con más agilidad por la ciudad, y en una de esas búsquedas llegué a encontrar un acceso muy antiguo que lleva años cerrado y no sé muy bien a dónde lleva.

-Ya veo, tu instinto te ha llamado ¿no es así?

-Ahí le has dado, Miyano. Y, para asegurarnos de que seguimos la pista correcta, vamos a hacer algo especial.

Giraron varias esquinas aunque Ai siguió en todo momento a Chang, que era la única que sabía guiarse por ese lugar sin perderse; finalmente llegaron a una zona poco iluminada, donde vieron una vieja puerta metálica con un número blanco escrito en ella casi borrado debido sobre todo al paso del tiempo.

-¿Es ésta?-inquirió la niña.

-Sí, ahora… ¿recuerdas nuestro entrenamiento?

-Por supuesto.

-Vale, voy a pedirte que te concentres todo lo posible, a ver si te sale ésta vez.

-De acuerdo…

Aunque estuvieron varios días traduciendo e interpretando el diario de Liu Yan, entre descanso y descanso aprovechaban para entrenar y pulir sus habilidades; en todo el mundo el entrenamiento asesino destacaba por ser amplio, ya que englobaba una gran parte física tanto para el combate cuerpo a cuerpo como para el parkour, pero en el caso de la Hermandad China, incluía además una parte de meditación previa enfocada al entrenamiento mental y desplegar así todo el potencial posible de cara a la parte más sigilosa de la técnica asesina. En la cabeza de Ai resonaron las palabras de Chang concernientes a la razón de por qué hacían esto.

-Existe una capacidad extra sensorial, vamos a llamarla así, que muchos de los asesinos más famosos del pasado eran capaces de realizar de manera natural debido sobre todo a la existencia de una mayor concentración de sangre Isu en sus venas que fue pasando de generación en generación. Como ya te he dicho, grandes asesinos del pasado eran capaces de ejecutarla, entre ellos se encontraban Altaïr Ibn-La'Ahad, Ezio Auditore, Ratonhnhaké:ton, Aveline de Grandpré, Edward Kenway, Arno Dorian, Jacob e Evie Frye, e incluso la propia Shao Jun. Dicha capacidad que todos tenemos en mayor o menor medida, ya que la gran mayoría de la población mundial desciende de gente que en su día procreó con los últimos Isu antes de que éstos se extinguieran, se denomina vista de águila, y nos permite ver cosas que no podemos ver o no están físicamente ahí. Con éste entrenamiento mental mediante la meditación se busca sobre todo desarrollar y entrenar ésta visión para usarla en momentos clave en nuestras misiones.

Con esto en mente, Ai vacío su cabeza y se concentró, comenzando a meditar tranquilamente durante unos cuantos minutos, tal y como Chang la había ido instruyendo. En todas las veces que lo intentó previamente nunca había conseguido ir más allá de una visión difuminada de todo lo que veía, siendo particularmente complicado de lograr, pero ella no era de las que se rendían, sobre todo después de conocer y unirse a la Hermandad. Por lo que puso todos sus sentidos a trabajar para conseguir ésta vez una visión un poco más clara y nítida.

Finalmente, y tras varios minutos meditando y dejándose llevar por sus sentidos, abrió los ojos y entonces lo vio. Los colores a su alrededor se habían saturado a un azul pálido intenso, y algunos detalles resaltaban más que otros, aunque en ese momento la voz de Chang sonó amplificada en su cabeza.

-¿Puedes verlo?

-Sí, creo… creo que lo he conseguido…

-Bien… ¿qué hay de la puerta?

Miró hacia la misma y vio entonces en su dintel una serie de glifos que brillaban intensamente y que la eran tremendamente familiares.

-Espera, esos glifos…

-Sí, son idénticos a los que recogió Liu Yan en la primera página con tinta invisible. Está claro que éste es el camino correcto.

Tras eso Ai parpadeó rápidamente y todo volvió a la normalidad, encima del dintel no había nada y la puerta seguía cerrada a cal y canto. Sin embargo, en ese justo momento, se oyeron unas voces apagadas que se fueron acercando hacia ellas, alertándolas de seguido.

-Viene alguien…

-¡Arriba, como te enseñé!

Al punto Ai hizo mano de su dardo de cuerda, cogiendo el extremo metálico del mismo y balanceándolo con fuerza para luego lanzarlo hacia el techo, que estaba sujeto con travesaños de madera; el dardo se clavó en uno de ellos y comenzó a subir por la cuerda todo lo rápido que pudo hasta llegar arriba, agarrándose a los travesaños y quedándose las dos colgadas y ocultas entre las sombras del techo. Las voces iban sonando más fuertes hasta llegar a donde habían estado ellas hace escasos segundos, pero para entonces se encontraban colgadas del techo gracias a sus dardos de cuerda. Dos empleados del metro pasaron por allí hablando entre sí y se perdieron en la siguiente intersección.

En cuanto se marcharon se descolgaron usando la cuerda y desclavaron el dardo, guardándoselo de nuevo.

-Vaya, estas cosas son súper útiles ¿por qué no se usan más a menudo?-inquirió la niña, asombrada por el resultado.

-Supongo que, porque para los estándares actuales, se ven anticuados y poco sutiles, pero en nuestra Hermandad seguimos usándolos principalmente para honrar la memoria de quien los creó, Shao Jun-explicó Chang.

-Ya veo por qué se la venera tanto… realmente era muy creativa.

Tras eso se centraron en tratar de abrir la puerta, consiguiendo abrir la cerradura con relativa facilidad gracias a la pericia de Chang con un par de ganzúas, pero los años y el óxido en sus bisagras hicieron complicado el abrirla de nuevo con facilidad. Trataron de hacer palanca entre las dos con una barra metálica que encontraron, pero no sirvió de nada.

-Maldita sea, va a ser complicado pasar por aquí. No me gustaría tener que volver al cuartel con las manos vacías…-masculló Chang, contrariada.

-¿Y si probamos a desmontar la puerta desencajando las bisagras?-sugirió la niña en ese momento.

Chang se quedó callada por un momento, contemplando esa posibilidad en su cabeza y murmurando de seguido.

-Oh, ya veo… ¿haciendo palanca hacia abajo?

-Sí, antes intentamos hacer palanca hacia un lado, pero no sirvió para abrirla por las bisagras, que tienen pinta de estar atascadas. Pero si las elevamos, tal vez tengamos una oportunidad.

-Está bien, a ver si encontramos algo lo suficientemente resistente por aquí.

Buscaron algo que les pudiera ayudar a elevar la puerta, hallando un banco de madera no muy lejos de allí y apoyándolo en el suelo para hacer palanca hacia arriba; las costó un poco debido a que las bisagras estaban muy agarrotadas, pero finalmente lograron desencajarlas y la puerta cayó al suelo con gran estrépito, incluso resquebrajándose en el proceso.

-Vaya, sí que estaba atascada…-masculló Chang.

-Sí, al menos ya está abierta…

Se armaron entonces con ambas linternas y enfocaron hacia la oscuridad, viendo una vieja escalera de piedra que bajaba hacia algún lugar.

-Vale, éste acceso no es del metro, eso desde luego-murmuró la niña, observando la piedra, mucho más antigua y desgastada.

-Sí, vamos por buen camino, adelante.

Las dos asesinas se pusieron en marcha y se adentraron en la oscuridad, bajando las escaleras durante unos buenos minutos que parecieron horas hasta llegar a un antiguo pasillo que se desdoblaba en dos direcciones.

-Vale, ahora ¿hacia dónde?

-La vista de águila nos dará la respuesta.

Dicho y hecho, pudieron ver gracias a ella el logo de la Hermandad grabado en la pared y brillando con fuerza, señalando hacia la derecha, por lo que partieron hacia allí a no más tardar. Sin embargo, no pudieron avanzar mucho ya que se encontraron con un derrumbamiento que dejaba inaccesible esa zona.

-Oh, vaya, qué inconveniente…-murmuró Ai, molesta.

-Es normal, estos pasajes tienen muchísimos años, busquemos otro camino-indicó Chang, sin amilanarse.

Regresaron por donde vinieron y fueron por el único camino disponible, llegando a otra intersección con tres caminos distintos. Los pasillos se bifurcaban y entrecruzaban en una maraña de pasadizos que, a todas luces, eran antiquísimos puesto que vieron hasta arcaicos candiles de aceite colgados de las paredes que intentaron encender, pero que debido al paso del tiempo estaban prácticamente inservibles.

-Antiguamente todas las grandes ciudades tenían pasadizos secretos que comunicaban con distintos sitios importantes. En caso de ataque, la Ciudad Prohibida tenía rutas como éstas para poner a salvo al emperador y su corte-explicó Chang mientras avanzaban.

-Sí, tiene sentido, aunque éste lugar debe llevar años cerrado, es difícil respirar aquí-observó la niña, expirando con fuerza.

-En parte es normal, los del metro debieron cerrarlo en su momento cuando lo descubrieron.

-¿Intencionadamente?

-Es posible, pero no creo que hubiese ninguna razón en concreto detrás, simplemente debieron hacerlo por seguridad.

Continuaron siguiendo el camino gracias a la vista de águila, viendo más signos anotados en las paredes que les iban guiando, teniendo que volver atrás de vez en cuando al encontrarse con más derrumbes que taponaban muchos caminos que se quedaban prácticamente inaccesibles. Por suerte, y gracias a la misma, pudieron orientarse sin mucha dificultad siguiendo las señales dejadas hace siglos atrás, cosa que dejó a la niña anonadada.

-Todavía sigo sin creerme que pudieran dejar mensajes así y que éstos perduraran en el tiempo… es fascinante…

-El poder latente en las personas es capaz de muchas cosas. Podría decirse que es el legado que los Isu dejaron a la humanidad hace miles de millones de años, y por lo que sabemos, se grabaron muchos mensajes en el pasado que son capaces de ser leídos gracias a esta técnica.

-¿Y cómo es que no todos los asesinos lo usan? Durante mi entrenamiento en Osaka jamás me habían hablado de esta vista de águila…

-Supongo que será por el tiempo, después de todo la célula de Osaka fue reconstruida recientemente ¿no? Aquí en Pekín llevamos muchos años entrenando tanto la mente como el cuerpo, así que es normal que con el tiempo y, tras la Gran Purga, las cosas hayan cambiado y algunos instructores hayan olvidado entrenar sus sentidos.

-He leído acerca de esa Gran Purga, aunque no sé muy bien qué pasó exactamente…

-Sucedió a principios de siglo, por aquel entonces no había células como ahora y existía grandes campos de entrenamiento cerca de Dubai, donde el Mentor en esos tiempos tenía una de sus oficinas. Por aquel entonces tan solo había una sola institución que regía y coordinaba a toda la Hermandad y que se movía por todo el mundo para evitar ser descubierta, pero eso fue precisamente su perdición. Un templario encubierto, Daniel Cross, se infiltró en la Hermandad pasando antes por los campos de entrenamiento y llegando a ganarse la confianza del Mentor, logrando acercarse a él y aprovechando un momento de debilidad para matarlo. Tras eso pasó toda la información a Abstergo y el equipo Sigma, una división paramilitar dedicada principalmente a cazar asesinos, barrió el lugar matando a muchísimos hermanos. La Hermandad estuvo a punto de desaparecer, pero los pocos supervivientes, entre los que se encontraba William Miles, se reorganizaron y acordaron una organización descoordinada para así garantizar el anonimato, surgiendo las actuales células existentes en todo el mundo.

-Ya veo… la historia de nuestra Hermandad es muy rica y extensa…

-Es casi tan vieja como este mundo, sí…

Continuaron andando por viejos túneles siendo guiados por más símbolos hasta llegar a una gran y espaciosa sala sujetada mediante grandes pilares de piedra tallada y con multitud de arcaicos objetos en el suelo; enfocaron a las paredes y vieron antiguas mesas donde más objetos del pasado yacían medio podridos debido al paso del tiempo.

-¿Será aquí?-inquirió la niña, intrigada.

-No estoy segura… no parece haber otro acceso, a lo mejor sí-murmuró Chang, comprobando el resto de la estancia.

Aunque, en ese mismo momento, oyeron un pitido que las alertó por un instante, pero la asesina china la tranquilizó enseguida.

-Ah, tranquila, es mi móvil… aunque espera ¿hay cobertura aquí?

Lo sacó por un momento y observó la pantalla, viendo que efectivamente había un pelín de cobertura que garantizaba que la llegaran mensajes; aprovechó entonces para averiguar dónde estaban, viendo que se encontraban ni más ni menos debajo de la Ciudad Prohibida.

-Tiene que ser aquí, mira, estamos justo debajo del patio exterior-anunció, enseñándola su ubicación por Google Maps.

-Entonces si no hay otro acceso a esta cámara la espada debería estar justo aquí…

Nada más decirlo, la pareció ver un débil brillo en una mesa cercana y se acercó a ella llevada por la curiosidad; debajo de un montón de viejos papeles totalmente ilegibles y mohosos, entonces la vio. Se trataba nada más y nada menos que una vistosa katana ligeramente curvada con un tsuka hecho de un material parecido a la seda con el que se podía sostener y con el filo envuelto en viejos trapos. Llevada por una innata curiosidad la cogió y, nada más hacerlo, sintió como una fuerza primaria se echaba sobre ella, al tiempo que el filo comenzaba a brillar luchando contra la imperante oscuridad que les rodeaba e iluminando parcialmente el lugar. Chang, al verla, exclamó.

-¡Miyano, espera!

Sin embargo, para entonces Ai se encontraba aferrada a ella, al tiempo que miles de voces comenzaban a resonar en su cabeza, volviéndola loca. Una sensación de apremio se apoderó de ella, tratando de reprimirla con todas sus fuerzas, sintiendo como se mareaba y tambaleándose hacia atrás, pero Chang se movió a tiempo y la sostuvo antes de que se cayera, hablándola directamente.

-Escucha mi voz, Miyano, no dejes que te domine, concéntrate y escucha las voces. ¿Qué te dicen?

La niña esbozó un gesto que parecía ser una mezcla de esfuerzo, concentración y dolor a partes iguales; su cabeza era una maraña de pensamientos, voces y ecos distantes del pasado que resonaban con fuerza, aun así hizo acopio de fuerzas e hizo todo lo posible por despejar su cabeza y meditar para vaciarla. La costó bastante, teniendo incluso que apoyarse en la propia espada, que seguía brillando con fuerza. Y entonces, en ese momento, unas voces en su cabeza la hablaron en japonés.

-Shiho Miyano. Te estábamos esperando.

-¿Qué? ¿A mí? ¿Por qué?-inquirió ella débilmente.

-Sabíamos que vendrías en nuestra búsqueda y por fin ese día ha llegado. Hemos esperado lustros a este preciso instante.

-¿Hemos? ¿Quiénes sois?

-Yo soy Hefesto, el dios creador, hacedor de la espada que ahora portas en tus manos-anunció la primera voz.

-Y yo soy Consus, el dios erudito, su discípulo y hacedor de los Sudarios que ahora yacen pasto de las llamas y la destrucción-se presentó la segunda voz.

Ése último detalle llamó la atención de la niña, sintiendo como iba entendiéndolo todo un poco mejor.

-Los Sudarios… espera, entonces tú…

-Así es, deposité en ellos una parte de mi conciencia para sobrevivir al tiempo y a las calamidades, al igual que Hefesto hizo lo mismo con sus espadas. Más sé muy bien que aún queda una pequeña parte de mí en algún lugar, y están haciendo todo lo posible por replicar un nuevo Sudario.

-Los templarios… ellos son los que…

-Los que tú llamas templarios no son más que simples peleles que intentan jugar a ser dioses. Nuestra era ya pasó, pero nuestro legado es eterno. Dime, Shiho Miyano ¿por qué luchas?-inquirió en ese momento Hefesto.

-¿Luchar? Yo… lucho por que toda esta locura acabe. Los templarios, los hombres de negro… son la misma cosa, la misma mierda, y aun así quieren obligar al mundo a bailar a su son. No puedo permitírselo. Ya me controlaron una vez, pero no más. Les haré pagar por lo que me hicieron a mí y a mi familia-musitó la niña, encendida.

Hubo un breve momento de silencio por parte de ambos Isu, dándola la sensación de que incluso la sonreían aunque no pudiera verlos. En ese momento, Hefesto murmuró.

-Sea pues. Te prestaremos nuestra fuerza y conocimiento en pos de tus objetivos.

-Pero has de ser cauta. Esos templarios juegan con fuego, desconozco en qué estado puede encontrarse ese Sudario que no está hecho por mi mano, sin embargo puedo notar esa pequeña parte de mí aún viva y latente en él. Hemos de encontrarlo cuanto antes-añadió Consus.

-Pero está guardado por los templarios… aunque hay algo en Nara, quizás un templo, y he pensado que tal vez la espada pueda abrirlo-explicó Shiho entrecortadamente.

-Pensaste bien, todos los fragmentos que creamos sirven como llave para abrir los templos. Llévanos allí, pues, y descubramos lo que yace en ese lugar-indicó Hefesto.

-En su día os creamos a vosotros como meros instrumentos de trabajo, pero nunca llegamos a pensar que lograríais llegar tan lejos. La catástrofe de Toba nos llevó a la extinción, y aun así vosotros lograsteis sobrevivir y salir adelante. Tenéis mucho de nosotros, pero vosotros mismos os habréis labrado vuestra propia identidad y libre albedrío. Había otros Isu, como Juno o Aita, que sólo podían veros como lo que erais, meros objetos, y nunca pensaron en el enorme potencial que guardabais en vuestro interior. Fuimos vanidosos y arrogantes, y debido a eso ahora sólo somos unos simples recuerdos imbuidos a unos objetos de gran poder. Podríamos haber aprendido muchas cosas de vosotros, y sin embargo aquí estamos ahora, en los confines del futuro que llegamos a ver hace miles de años atrás. Llegará un momento en que los fragmentos pierdan su poder y nuestras conciencias se desvanezcan en el olvido, pero mientras tanto haremos todo lo posible por ayudaros. Ahora ve, Shiho Miyano. Tu destino te espera.

Y, tras esas palabras de Consus, la niña no pudo más y se desmayó en los brazos de Chang.


Conan estaba preocupado, puesto que aún no había recibido una llamada por parte de Shiho; optó por llamarla a ella directamente unas cuantas veces, pero no cogió el teléfono. Aun y con todo, Vermouth le tranquilizó al respecto.

-No te preocupes por Sherry, si ha recuperado la espada entonces no habrá nada que temer por ella. Deberías prepararte, salimos en treinta minutos.

-Ya, pero aun así… no es propio de ella faltar a su palabra, y ha pasado varias horas desde esta mañana-murmuró el chico, mirando impaciente su móvil.

Ante eso, la mujer de negro le arrebató el móvil y él elevó la cabeza para protestar, pero se detuvo en seco en cuanto la vio. Y es que la mujer iba ensutada en un precioso vestido rojo satén sin hombros y sujeto por la espalda, realzando su fina figura. Al ver su cara, la mujer inquirió.

-¿Te gusta? ¿Está guapa mamá?

-Ah… sí…-murmuró el niño, algo turbado.

-Pues te toca, tengo algo especial para ti hecho a tu medida.

Le dio un paquete y se ausentó un momento para cambiarse, saliendo del baño vestido con un fino esmoquin de su talla. Siempre le había gustado la ropa formal, pero eso era demasiado incluso para sus estándares.

-¿Es necesario que vayamos así? Ni que fuera una cena de gala o un acto de beneficencia…

-¿Acaso necesitas una razón para ir formal? Además, estás muy guapo cool guy

El piropo hizo enrojecer ligeramente al pequeño detective, sin embargo, lo dejó estar enseguida y, sin mayores contemplaciones, se dirigieron para allá a no más tardar.

El Centro Nacional de Arte de Tokio se encontraba en Minato, en el distrito de Roppongi, no muy lejos de donde ellos estaban, por lo que el viaje no fue muy largo gracias a que evitaron las congestiones yendo por la autopista nacional. Eran las nueve de la noche, el sol ya se había puesto una hora atrás, y Tokio brillaba con fuerza en la noche. Shinichi no se separó en ningún momento de su móvil, meneando la pierna derecha constantemente en un estado evidente de nerviosismo. Vermouth vio esto, comentando de seguido.

-¿Sigues preocupado por Sherry?

-Por supuesto ¿pretendías que lo dejara pasar así sin más? No podría por mucho que quisiera. Después de todo, es como mi hermana…

Ante ese comentario la mujer de negro esbozó una sonrisita, murmurando al respecto.

-Ay, cool guy, sólo tú serías capaz de hacer algo así… tú y esa chica tuya, Angel, me hicisteis ver algo que no había visto nunca…

-¿Eh? ¿De qué hablas?-inquirió Conan, extrañado ante esas palabras.

-¿Ya no te acuerdas? Recuerdo ciertas palabras de un detective idealista que dejó vivir a un enemigo por simple bondad…

Las palabras de Vermouth resonaron en su cabeza, buceando en sus recuerdos y rememorando cierto viaje que llegó a hacer junto con Ran varios años atrás; fue en ese instante cuando lo recordó, dándose cuenta de lo que le decía y mascullando de seguido.

-Ah, espera… el viaje a Nueva York… ¿¡el ladrón?!

-Exactamente… te ha costado un poco ¿no? A ver si estás perdiendo facultades…-murmuró ella, divertida.

-¿¡Cómo quieres que lo supiera si ni siquiera me había topado con vosotros aún?! Entonces… es por eso por lo que…

Sin embargo, Vermouth no dijo nada más al respecto, guardando silencio y dejándole solo con sus pensamientos.

Finalmente llegaron al Centro Nacional de Arte, encontrándose con una gran multitud agolpada junto a la entrada del moderno y vanguardista edificio; periodistas, agentes de la policía metropolitana y una gran caterva de fans de Kaito Kid se encontraban a pocos metros de la entrada, la cual estaba guardada por un numeroso cordón policial. A ellos les dejaron pasar rápidamente, parando justo enfrente de la puerta y siendo atendidos por un empleado de Abstergo, que lo fue a aparcar. Entraron en el lugar y les guiaron hasta una sala cercana donde el Koh-i-Noor se encontraba expuesto.

Había gente de bien en el lugar, así como empresarios, políticos y hasta joyeros renombrados que habían ido a ver la joya; la sala no estaba muy abarrotada, por lo que moverse por ella era relativamente sencillo. El diamante se encontraba expuesto en un enorme estante en el centro de la estancia, rodeado por una vitrina con un cristal súper resistente, además de cuatro guardias de Abstergo apostados en cada esquina que se aseguraban que absolutamente nadie se acercaba demasiado a la joya. El ceño de Conan se frunció, pensando en posibilidades, mientras que Vermouth parecía buscar a alguien con la mirada sin encontrarlo.

-Pareces buscar a alguien…-observó el niño.

-Sí, a Nakamura, me dijo que estaría presente, pero no la veo por ninguna parte…

Por su parte Conan siguió evaluando el lugar, viendo que tanto las paredes como parte del techo eran de cristal, por lo que se podía ver el exterior y sus alrededores. Sin embargo, en ese momento oyó una voz familiar gritando órdenes a todo trapo, sabiendo enseguida de quién se trataba.

-¡Quiero que todas las salidas estén vigiladas, así como accesos subterráneos desde el alcantarillado hasta el metro, que no se pase ni un solo espacio!

-Mierda, el inspector Nakamori, que no me vea…-masculló el niño, escondiéndose tras Vermouth.

-Parece muy ocupado, no creo que se percate de que estés aquí…

-Ya, pero me conoce y sabe que siempre me he interpuesto entre él y Kid más veces, prefiero que no se entere en ningún caso.

Vermouth quiso decir algo, pero en ese momento Nakamura apareció de improviso y se dirigió a él directamente con actitud tranquila y serena.

-Relájese, inspector, está todo controlado, después de todo en Abstergo no dejamos pasar ni una.

-¡Toda precaución es poca cuando se trata de Kaito Kid, ha conseguido burlar los sistemas de seguridad más avanzados sin apenas despeinarse, un paso en falso y robará el Koh-i-Noor delante de nuestras narices!-insistió Nakamori.

-En ese caso nosotros responderemos con contundencia. Estamos preparados para cualquier eventualidad que se precie. No por nada somos el conglomerado más poderoso del mundo ¿no?

Ante eso Conan elevó una ceja con gesto extrañado, aunque en ese justo momento las luces se apagaron de improviso, poniendo en alerta a todo el mundo; fue entonces cuando el niño se percató de la jugarreta, así como Vermouth, la cual murmuró.

-Me voy a cubrir la retaguardia.

-Muy bien, en ese caso yo me voy a adelantar.

El caos se adueñó de la sala, y entre el barullo se pudo ver la figura de Kaito Kid encima del cristal que protegía la joya; vestía con su sempiterno traje blanco con camisa azul y corbata roja, rematado con un sombrero de copa blanco sujeto con una cinta azul, una larga capa blanca e impolutos zapatos blancos.

-¡Es Kid, a por él, rápido!-exclamó Nakamori al verlo.

Los guardias de Abstergo y los policías más cercanos se echaron sobre él cubriendo por completo la enorme vitrina con sus cuerpos y sin dejar ver nada a los que más cerca estaban; en ese justo momento volvieron las luces y tanto Nakamori como la policía trató de poner orden.

-¡Despejen la zona, despéjenla ya!

-¡Ustedes no nos pueden mandar nada, tan solo recibimos órdenes de la señora Nakamura!-exclamó uno de los guardias, contundente.

-A todo esto ¿dónde está?-inquirió otro.

En cuanto se dieron cuenta que la aludida no estaba por ninguna parte se alarmaron, apartándose entonces de la vitrina y viendo que el Koh-i-Noor había desparecido, estando en su lugar una de las tarjetas de Kid

-¿¡Pero qué demonios?! ¿¡Cómo lo ha hecho?!

-¡Señor, nos llaman desde la torre de Abstergo, la señora Nakamura aún sigue allí!-anunció uno de los guardias, anonadado.

Nakamori, al oírlo, exclamó.

-¡Pues claro, se disfrazó de ella para poder entrar! ¡Peinad todo el centro, aún tiene que estar por aquí!

Mientras tanto afuera y en lo alto de la azotea, Kaito Kid se paseaba con el Koh-i-Noor en sus manos y alzándolo sobre su cabeza, mirándolo a través de la luz de la luna llena y esbozando entonces una grata sonrisa en cuanto vio un resplandor rojizo emanando del centro de la joya.

-Por fin te encontré…

Lo aferró con fuerza en su puño, comenzando a apretar, sin embargo en ese momento una voz conocida exclamó.

-¡Espera, Kid!

Relajó por un momento el agarre y miró a su diestra, viendo entonces a un tranquilo e impertérrito Conan mirándole atentamente a pocos metros de donde estaba.

-Hola detective. Nos volvemos a encontrar.

-Sí, sí, saltémonos los formalismos. Parece que has encontrado lo que buscabas…-comentó en ese momento, con las manos en los bolsillos.

-Así es… tras tantos años robando joyas finalmente doy con mi objetivo.

-Ya veo, por eso lo hacías entonces… ¿es por eso por lo que has sido tan simple ésta vez?-inquirió el niño, curioso.

-Lo simple siempre funciona, además, fue sencillo adelantarme a Nakamura y conseguir una identificación falsa. El truco del muñeco siempre da el pego, y los guardias de Abstergo me cubrieron sin ni siquiera proponérselo. Sencillo, pero efectivo.

-Supongo que sí, aunque ahora que lo tienes contigo ¿qué vas a hacer con él?

El mago ladrón miró por un momento a la joya, la cual resplandeció con fuerza bajo la luz de la luna, murmurando de seguido.

-En su momento juré que lo destruiría, pero… ahora me asaltan las dudas. Sobre todo teniendo en cuenta que los asesinos de mi padre siguen ahí fuera y lo buscan también. Y a eso añádele el tema de los templarios… no es una situación sencilla quieras que no.

Las preguntas se agolparon en la mente de Conan, sin embargo dio prioridad al tema más inmediato.

-¿Qué sabes de los templarios y los asesinos?

-Pues lo mismo que tú, aparentemente. No eres el único que está enterado de la guerra encubierta que llevan luchando desde hace siglos y siglos de existencia ¿sabes?

-Yo estoy en contacto con los asesinos, y sé que recuperar esa joya les daría una ventaja enorme en esa lucha. Deberías considerarlo-le propuso el chico en ese momento.

-Lo sé, pero… de nuevo, los que asesinaron a mi padre siguen ahí fuera. ¿Qué me garantiza que si les doy la joya, éstos caerán? Siempre ha sido mi intención destruirla una vez que llegara a mis manos, pero ahora… puedo tomar este asunto en mis propias manos-murmuró Kid, mirando a la joya.

El niño se alertó al oír esto, exclamando de seguido.

-¡Escucha, Kid, no sé qué le pasó a tu padre ni en qué circunstancias estás metido, pero ese diamante es un fragmento del Edén muy poderoso que puede meterse con tu cabeza si le das la oportunidad! ¡Si me das más información yo mismo te ayudaré a darles caza junto a Abstergo y el Grupo Karasuma!

-¿El Grupo Karasuma? ¿Qué tiene que ver ese conglomerado nacional con nada?-inquirió Kid, extrañado.

-¡Te lo explicaré todo, pero antes necesito que confíes en mí! ¡Ya sé que llevamos a la gresca desde hace años, pero no es momento de pelear! ¡Entrega el diamante a los asesinos y entonces hablaremos!

Ante eso el mago ladrón se quedó callado, mirando al Koh-i-Noor por un momento y luego al pequeño detective. Por un momento pareció que se lo estaba pensando, pero de golpe y porrazo desplegó entonces su ala delta, dispuesto a largarse sin más.

-¡Espera, Kid, no seas tonto, podemos conseguir mucho más juntos que enfrentados!-exclamó Conan, alterado.

-¡Gracias por tu oferta, detective, pero prefiero ser yo mismo quien juegue sus propias cartas! ¡No es nada personal!

-Maldito idiota…-pensó el niño, molesto por su actitud.

Por un instante se agachó para activar sus zapatillas, pero en ese momento un disparo desgarró la quietud de la noche y el ala delta del mago ladrón acabó destrozada; tanto Kid como Conan miraron hacia atrás y entonces vieron un hombre vestido con una gabardina marrón y un sombrero negro de ala corta encañonando directamente a Kid. Era de pelo castaño corto, ojos claros que irradiaban una furia sin parangón y una perilla de herradura por la altura de la barbilla.

-¡Se acabó, Kaito Kid, me he hartado de tus constantes idas y venidas! ¡Dame a Pandora!-masculló entonces, con furia reprimida.

-¿Pandora? ¿Quién es este tío?-inquirió el niño en su cabeza, quedándose quieto.

-¡Snake, viejo amigo, dichosos los ojos que te ven! Hacía tiempo que no coincidíamos…-murmuró Kid, esbozando una grata sonrisita.

-¡No me hables con esa maldita condescendencia! ¡No dejaré que te lleves a Pandora después de todos estos años buscándola! ¡Esa gema nos pertenece!-masculló el tal Snake, lleno de furia.

-¡Me parece que no, viejo amigo! ¡Ya va siendo hora de que me respondas unas cuantas preguntas!-exclamó Kaito Kid, esbozando una dura mirada por primera vez desde que le conoció y alzándola.

Ante eso el tal Snake esbozó una mueca de furia y, entonces, disparó. La bala rasgó el aire hasta él, pero con un solo movimiento del Koh-i-Noor el disparo se quedó en nada. El hombre se quedó a cuadros, mascullando de seguido.

-Maldito seas… es imposible que tú…

-¡Pues así es! ¡Pandora no es lo que creíais que era, es mucho más! ¡Y vosotros no sois más que unos pobres diablos que perdéis el tiempo con tontas leyendas!

Snake se revolvió, queriendo decir algo al respecto, pero en ese momento algo se movió detrás de él, golpeándole, y acabó cayendo al suelo inconsciente. Fue entonces cuando Vermouth hizo acto de presencia, murmurando de seguido.

-Creo que empezamos a ser demasiados en todo este asunto, no necesitamos tu ayuda para que se líe aún más.

-Vaya, muchas gracias bella señorita-murmuró Kid, más tranquilo.

-¡Vermouth, menos mal que has venido! ¿Quién era ese tío?-inquirió Conan, levantándose.

-Pues mira, da la casualidad que le conozco, es el subalterno de una organización afín a la nuestra que buscaban esa joya para los mismos fines, básicamente-anunció Vermouth, sin mucha inquina.

-¿¡Qué?!-masculló Kid, confuso.

-Lo que oyes, señor ladrón ¿dices que tu padre murió a manos de estos mastuerzos? Pues resulta que mi jefe es el líder indirecto de estos idiotas.

-Pero, pero… yo pensaba que buscaban la joya para otra cosa, yo…

-¿Lo ves, Kid? ¡Podemos ayudarte, sabemos cosas que tú no, entrégasela a los asesinos y así tendremos una oportunidad para derrotarlos a todos juntos!-insistió Conan, acercándose a él.

Sin embargo el mago ladrón no parecía estar por la labor, puesto que su cabeza se había convertido en una jaula de grillos que apenas le dejaba pensar; tenía el Koh-i-Noor, Pandora, y aunque sabía que debía destruirla, muchas más posibilidades se abrían ante él imparables. Por lo que, sin pensárselo mucho más, anunció.

-Es una propuesta interesante, detective, pero me gustaría ahondar un poco más en todo este asunto por mi cuenta.

-¿¡Qué?! ¡No, espera!

-¡Chaíto!

Y, en un visto y no visto, Kaito Kid desapareció junto con el Koh-i-Noor, dejándoles allí solos; Conan dejó escapar un taco y Vermouth esbozó un gesto contrariado en su cara, al tiempo que decía.

-Vaya, esto no ha salido del todo como pensamos…

-¡Oh! ¿¡Tú crees?!-le espetó el niño, molesto.

Nada más decir eso, apareció desde la distancia un helicóptero gris con el logo de Abstergo en sus costados, aterrizando justo al lado de ellos y bajándose de él la auténtica Nakamura, la cual exclamó.

-¡Me han informado de todo! ¿¡Y Kid?! ¿¡Y el Koh-i-Noor?!

-Evadidos, me temo-anunció Vermouth, tajante.

-¿¡Qué?! Agh, maldita sea, esto no ha salido como planeamos…-masculló Nakamura, nerviosa.

-¿¡Y qué planeaban exactamente?!-inquirió Conan, incrédulo.

-¡Atraer a los asesinos a una trampa, pero han sido más prudentes de lo que pensamos que serían! Quisimos meter entre medias a Kid como distracción, pero no ha servido de nada. Ahora hemos perdido el Koh-i-Noor…

-¿Y por qué no lo usaron desde el principio?-insistió Vermouth, extrañada.

-¡Por supuesto que lo usamos, pero no sirvió de nada!

-¿Qué quiere decir?

Nakamura se quedó callada por un momento, como si se estuviera pensando bien lo que decirles a continuación, sin embargo vio a Snake tirado en el suelo e inquirió.

-¿Quién es este hombre?

-Oh, un mandado de una organización afín a la nuestra, no es nadie relevante realmente-explicó Vermouth sucintamente.

Nakamura se le quedó mirando por un momento, pensando en posibilidades, hasta que finalmente, y sin mediar ni una sola palabra, sacó una pistola de su chaqueta y le pegó un tiro en la cabeza, matándolo al instante. Tanto Conan como Vermouth se quedaron de una pieza al ver esto, al tiempo que el instinto justiciero del detective ardía en su interior, aunque la mujer de negro inquirió de seguido.

-¿¡A qué ha venido eso?! ¡Sobraba completamente!

-¿Por qué? Si según usted no era nadie ¿qué la importa? además, no he sido yo, sino Kaito Kid…

Las frías y contundentes palabras de la templaria hicieron que un escalofrío recorriera la espalda del niño, viendo entonces quién era esa mujer en realidad y comprendiendo casi al instante el peligro que representaban los templarios. Las motivaciones de Shiho se hicieron entonces más claras para él, comprendiendo un poco mejor por qué se unió a la Hermandad. Quiso decir algo al respecto para defender a Kid, pero supo que si abría la boca acabaría expuesto, por lo que optó por quedarse callado, muy a su pesar.

-Suban, les mostraré algo-indicó en ese momento Nakamura.

Los tres abordaron el helicóptero y éste voló de vuelta a la torre de Abstergo, donde aterrizaron; Nakamura les llevó a un ascensor que les llevó directamente hasta uno de los sótanos de la misma, a varios metros de distancia por debajo del suelo.

Nada más abrirse las puertas del ascensor, entraron en un moderno laboratorio donde vieron lo que a todas luces parecía que era lo que estaban queriendo descubrir desde hace tiempo. Nada más verlo, Vermouth inquirió.

-Un momento ¿ése no es…?

-Así es, señora mía. Les presento al nuevo Sudario del Edén.

Conan recordaba la imagen que le mostró Shiho hace ya varios meses atrás y era idéntico a lo que él recordaba; suspendido mediante finos hilos dentro de una cápsula rellena de un líquido transparente, el sudario era más largo que ancho, de un color dorado intenso y con extraños patrones grabados en su superficie. A simple vista parecía acabado, aunque en ese momento Nakamura comentó.

-A efectos técnicos está terminado, pero tenemos un problema: no conseguimos hacerlo funcionar.

-¿Ah, no?

-No, hemos hecho varias pruebas con algunos de nuestros hombres, desde pequeños cortes a heridas de armas de fuego no letales, pero no funciona, no consigue regenerar ningún tipo de daño. Todas las investigaciones de Álvaro Gramática se siguieron al pie de letra, además de ampliarlas un poco por el camino, pero por alguna razón no logramos dar con la clave. Dicen nuestros científicos que tal vez no se salvó el suficiente material como para replicar otro sudario en condiciones, pero es todo lo que tenemos, no hay más. Tratamos de usar el Koh-i-Noor semanas atrás para potenciar o estimular el material genético del sudario, pero tampoco logramos nada. Quisimos exponerlo para atraer a los asesinos y capturar alguno para que nos pudiera dar alguna pista, pero ahora también hemos perdido el diamante. Me temo que hemos llegado a un punto de parón total y no sabemos cómo avanzar. Sé que a su jefe no le va a gustar esto, pero dado que ha confiado en nosotros desde el principio pensé que querría ser usted quien le diera la noticia, por eso de que es la más cercana a él…

-Así es. Es ciertamente una gran contrariedad todo esto, no le va a gustar en absoluto-murmuró Vermouth con voz queda.

-Lo sé, pero no hay nada que podamos hacer, al menos de momento. No sé qué pretenderá Kaito Kid hacer con el Koh-i-Noor, pero ahora la prioridad será recuperarlo a toda costa. La mantendré informada si hay alguna novedad-murmuró Nakamura.

-De acuerdo.

Por su parte Conan no dijo nada, mirando al sudario con gesto atribulado. Su única esperanza, la única manera de recuperar su cuerpo yacía delante de él, sin posibilidades de ayudarle. De todas las noticias que podían darle, ésa era sin duda la peor. En ese momento sintió cómo Vermouth le cogía de la mano y se dejó hacer por ella, regresando por donde habían venido.

Una vez fuera les trajeron el coche de la mujer desde el Centro Nacional de Arte y regresaron al apartamento inusitadamente callados. En un momento dado, la mujer de negro comentó.

-Siento que haya sido así, cool guy, no me esperaba nada de esto.

-Ya da igual, no voy a poder recuperar mi cuerpo. Lo que más me duele no es por mí mismo, sino por Ran. Va a esperar a alguien que no va a poder volver jamás.

Ante eso Vermouth esbozó un gesto afligido por el chaval, aunque en ese momento su móvil sonó y él lo atendió, exclamando de seguido.

-¡Es Shiho! ¿¡Shiho?! ¿¡Estás bien?!

-¡Shinichi, oh, lo siento, ya he visto tus llamadas! Sí, estoy bien, aunque he estado KO un largo tiempo…

-¿Y eso por qué?

La niña les estuvo explicando todo lo sucedido hasta encontrar la espada, poniéndoles al día rápidamente; una vez enterados, Conan comprendió entonces que aún había una oportunidad, mascullando de seguido.

-Espera ¿dices que ese Consus creó los sudarios? ¡Entonces tal vez sepa por qué el nuevo no funciona!

-¡Ah! ¿Habéis logrado averiguarlo? ¿Y qué hay de Kid?

Ésta vez fue el turno del muchacho en poner al corriente a la asesina, la cual comentó una vez enterada.

-¡Pues claro, por eso decía Consus que podía sentirlo! Si logramos llegar hasta el sudario con la espada tal vez él pueda hacer que funcione…

-Eso espero, es nuestra única oportunidad de recuperar nuestros cuerpos y nuestras vidas. Oh, gracias Shiho, me has devuelto la esperanza…-suspiró el chico, aliviado.

-Oh, no es nada, pero antes he de descubrir lo que se oculta en Nara, recuerda. Mañana por la mañana volveré a Osaka, en cuanto pueda me reagruparé con vosotros en Tokio, ya te llamaré.

-Vale, nos vemos entonces.

-Chao, cuídate.

Tras eso el niño colgó mucho más animado, sintiendo que aún podrían conseguirlo.

-Sherry es de lo más tozuda ¿verdad?-inquirió Vermouth en ese momento.

-Sí, desde luego… si no lo fuera no sería ella-asintió el niño, esbozando una somera sonrisa.

En un momento como ése no podía agradecer lo suficiente por haberla conocido. Al final su alianza con la Hermandad daría sus frutos. Y no podía esperar a recuperar su cuerpo.


¡Y un capítulo más del Credo del detective! La trama comienza a concretarse, no creo que tarde muchos más capítulos en acabar, pero los siguientes serán mucho más emocionantes, eso por descontado. Ahora hablemos del capítulo.

En la parte más Assassin he aprovechado para seguir ampliando con detalles varios de la franquicia, aprovechando para introducir el detalle de la vista de águila, una mecánica que siempre ha estado muy presente en los juegos y quería aprovechar en esta historia también. La aparición de la espada también abre más incógnitas, pero todo será apropiadamente abordado en cuanto llegue el momento, así que no os preocupéis.

Por otro lado, la parte más de Detective Conan/Magic Kaito está representada por el golpe de Kaito Kid, el cual he optado por algo más sencillo, ya que los golpes más elaborados y molones se pueden ver tanto en el manga como en el anime, por lo que sabía que tenía que superar mucho, así que preferí no apuntar demasiado alto y dejarle espacio a la historia.

Y eso es todo de momento, voy a dejar aquí esta tanda de capítulos para volver a otra cosa, ya regresaré a esta historia en cuanto toque. Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!