Capítulo 12

Maniobra evasiva

-Entonces ¿está es la espada?

-Así es, la espada del Edén que desapareció hace varios siglos atrás. Liu Yan, en vez de entregarla, la escondió en un lugar secreto que sólo ella conocía.

-¿Por qué haría algo así? ¿Acaso no confiaba en la Hermandad?

-Sí que confiaba, pero comprendió que su poder era demasiado grande como para que nadie más lo tuviera. Además, por lo que he podido averiguar dos entidades Isu aún perduran en ella, de ahí a que consiguieran convencerla de que la pusiera a buen recaudo. Al final hizo bien después de todo, puesto que de alguna forma me estaban esperando.

-Entiendo. No sé mucho de artefactos Isu, aun así deberías tener cuidado, Miyano.

-No se preocupe, señor Banks, sé exactamente lo que tengo que hacer.

Esa reunión en el puente de mando del Altaïr II estaba siendo rápida y concisa dadas las circunstancias. Y es que, tras despedirse y agradecer toda la ayuda de la Hermandad china, regresaba por fin a Tokio, para luego dirigirse a Nara a la mayor brevedad posible. El barco marchaba a toda máquina surcando las aguas del mar Amarillo en dirección sureste hacia Japón, habiendo aún un largo trecho desde donde estaban, puesto que acababan de salir recientemente del puerto de Tianjin. La espada descansaba en una alargada mesa junto a las cartas de navegación y otros objetos, enfundada en su correspondiente saya que hacía las veces de funda.

-Aun así es una gran noticia que hayamos podido recuperar una reliquia como ésta para la Hermandad, y todo gracias a ti, Miyano. El Mentor Miles estará muy contento por esto-comentó en ese momento la capitana.

-No ha sido nada, capitana Drayton, pero no tengo intención de usarla más allá de lo inicialmente planeado. Abrir lo que haya en Nara, recuperar lo que haya allí y, posteriormente, usarla para echar a los templarios de Japón y hacer que el nuevo sudario del Edén funcione. Sólo así podré recuperar mi cuerpo-resumió la niña rápidamente.

-El nuevo sudario sin embargo sí que me da más dudas… ¿podemos estar seguros de que en Abstergo hayan hecho su trabajo?-inquirió en ese momento Gavin Banks, ceñudo.

-Sólo hay una forma de averiguarlo-murmuró Ai, con mirada decidida.

Aún no había pensado en cómo entrar en la torre, pero de momento dejó ese asunto de lado mientras que su cabeza se desviaba por otros derroteros; una vez que la reunión finalizó regresó a la zona de camarotes para descansar y, mientras se dirigía para allá, la voz de Consus volvió a resonar en su mente, dirigiéndose a ella directamente.

-Comprendo que ese hombre tenga sus dudas, hasta yo mismo las tengo, vete a saber cómo habrán replicado uno de mis sudarios, si no lo han hecho bien no puedo garantizarte su arreglo.

-Si por algo destacan en Abstergo es que no hacen puntada sin hilo, eso por descontado. Confío en que lo habrán hecho bien, por irónico que suene o parezca-comentó en ese momento ella mentalmente, llevando la espada a su espalda

-Hay algo que no entiendo de todo esto, por lo visto esos templarios se ven y suenan como los antiguos puristas Isu que sólo concebían a la humanidad como esclavos de nuestra raza, sin embargo vosotros, los asesinos, no os parecéis decantar por ningún otro ideal en concreto ¿cómo es esto?-inquirió Hefesto en ese momento.

-Los templarios nacieron de la idea de que los humanos necesitan una guía que les maneje porque, según ellos, somos incapaces de vivir por cuenta propia o ajena debido a nuestra tendencia natural al caos. Para ellos, los asesinos somos como un germen que se opone a esa idea de orden y concierto porque nuestra visión de un mundo libre y sin ataduras les parece una completa locura, un despropósito antinatural. Pero eso tan sólo es una mera excusa para justificar sus megalómanos propósitos. Si por algo destaca la humanidad, es por su libertad a la hora de elegir. Otros ya lo intentaron en su momento y al final se convirtieron en religiones y derivados. Aun así, tanto hombres como mujeres tienen la posibilidad de elegir qué creer o cómo vivir su vida, sin necesidad de estar atados a un dogma o una moral.

-Entiendo, vuestra línea de pensamiento se asemeja mucho a los humanos que lideraron la rebelión contra nosotros antes de la catástrofe de Toba, Adán y Eva…

-Exacto, esas ideas perduraron en el tiempo y acabaron por convertirse en la Hermandad de los Asesinos, pero antes fueron conocidos un largo tiempo como los Ocultos. Distintos nombres para un mismo propósito. La historia de los templarios va a la par de esta premisa, pero en un espectro completamente distinto.

-Ya veo, vuestra forma de pensar me recuerda a la de Alétheia, congeniaríais bastante bien ella y los tuyos.

La niña quiso preguntar al respecto, extrañada por ese comentario, aunque en ese momento apareció por el pasillo hacia los camarotes una figura que la era familiar.

-Ah, hola pequeña, veo que por fin has encontrado lo que buscabas…

-Así es, señor Kobe, al final no me hizo falta contactarlo, no fue complicado per se, simplemente me llevó tiempo.

-Oh, está bien, no te preocupes, me alegro de ser de utilidad aquí de algún u otro modo, después de todo les debo la vida, así que…

Ante eso Ai le miró con el ceño fruncido, sin saber muy bien a qué vino ese comentario; por regla general, y a no ser que fuera otro asesino, no hablaban entre sí acerca de antiguos trabajos u objetivos, y menos aún con alguien que no pertenecía per se a la Hermandad. Que los templarios fueran a por él en su momento era ahora irrelevante puesto que estaba en un barco muy complicado de detectar y rastrear.

-Bien, limítese a hacer lo que le pedimos. Si no le importa, me gustaría descansar un rato…

-Por supuesto, adelante.

El hombre se marchó por dónde ella vino y le siguió con la mirada hasta que desapareció escaleras arriba hacia la cubierta superior; su ceño siguió fruncido, y no se relajó hasta llegar a su camarote y se echó en la cama, durmiéndose casi al instante. Quiso llamar a Shinichi, pero estaba tan cansada que lo dejó estar, al menos por el momento.

No supo cuánto tiempo estuvo durmiendo, pero la despertó un súbito aviso por megafonía, al tiempo que el estruendo de una balacera incesante incidía sobre el casco reforzado del barco. Ai botó en la cama, al tiempo que la voz de la capitana Drayton resonaba por todo el Altaïr II.

-¡Nos atacan, todo el mundo a sus puestos, prioridad uno, esto no es un simulacro, preparad las baterías antiaéreas!

La niña se puso en movimiento casi al instante, cogiendo la espada del Edén y poniéndosela a la espalda mientras salía del camarote y echaba a correr; por los pasillos otros asesinos y operarios la imitaban, cada uno yendo a su puesto asignado, pero dado que ella no era una miembro de la tripulación no la correspondía ningún puesto específico, optando por dirigirse al puente a la mayor brevedad posible.

Una vez allí se dirigió directamente a la capitana, inquiriendo de seguido.

-¿¡Qué ocurre, quién nos ataca?!

-¡Aún no lo sabemos con seguridad, desde el centro de mando están tratando de averiguarlo, pero con esta oscuridad es imposible verlos bien!

Ai echó un vistazo por el cristal, viendo entonces que ya era de noche, y entre las tinieblas de ésta se podían distinguir al menos dos helicópteros de combate rodeándolos en todo momento y disparando contra ellos con particular saña. Por suerte, tanto los cristales del puente como la propia cabina que los cubría estaban reforzados, pero no era algo que duraría eternamente. En cuanto a los helicópteros en sí apenas se distinguían de la oscuridad imperante salvo cuando disparaban, iluminando brevemente sus cañones.

En ese justo momento, Gavin Banks hizo acto de presencia en el puente, exclamando de seguido.

-¡Susan, prepara las contramedidas, rápido!

-¡Pero aún no sabemos contra quien nos enfrentamos!

-¡¿No es obvio?! ¡Son ellos! ¿¡Quiénes van a ser si no?!

Nada más decirlo, el comunicador de la capitana sonó de improviso y ella inquirió.

-¿¡Qué tenemos, centro de mando?!

-¡Capitana, lo acabamos de comprobar, es el equipo Sigma, debemos contraatacar ya!

Esa revelación cogió por sorpresa a todos los presentes. Y no era para menos, puesto que el equipo Sigma eran palabras mayores, al menos si eras asesino. Por lo que sabía Ai, se trataba de una rama paramilitar de la propia Abstergo que se dedica principalmente a cazar y matar asesinos. De hecho fueron sus temibles soldados los que masacraron a la mayor parte de la Hermandad en todo el mundo durante la Gran Purga, aunque desde entonces habían estado dedicándose a otro tipo de actividades aparte de cazar asesinos. Estaban dirigidos por Juhani Otso Berg, un renombrado templario y miembro del Círculo Interno de la misma orden.

-¿¡Qué?! ¿¡Cómo nos han encontrado?! ¡Si nos movemos constantemente es para evadir su vigilancia!-exclamó la capitana, anonadada.

-¡No lo sabemos aún, señora, pero si no respondemos ya nos acabarán hundiendo!

Por un instante la balacera se detuvo y, en ese momento, Ai supo que debía actuar, exclamando.

-¡Los mantendré ocupados, preparad un ataque antiaéreo!

-¡¿Pero qué dices, Miyano?!-masculló Gavin Banks, anonadado.

Sin embargo, para entonces ella ya estaba corriendo hacia la cubierta espada en mano, la cual refulgió su filo con fuerza; nada más salir, el aire helado y salado del mar la golpeó en la cara. Aunque había algo de marejadilla y avanzaban más despacio debido al ataque, sabía que necesitaba luz para poder ver a los helicópteros. Encender los focos exteriores era una opción, pero les dejaría muy expuestos ante sus ataques. La única opción para iluminar la noche en esos momentos era una tormenta. Por lo que, sin esperar más, alzó la espada sobre su cabeza y comenzó a moverla en círculos cada vez más y más rápido.

Al punto el mar comenzó a alterarse, al tiempo que unas súbitas nubes de tormenta comenzaban a congregarse a su alrededor; los helicópteros se vieron súbitamente azotados por las fuertes rachas de viento, teniendo que cancelar su inminente ataque y alejándose temporalmente, para luego volver a acercarse. Por su parte, Ai continuó moviendo la espada cada vez más y más rápido, al tiempo que su filo comenzaba a envolverse en electricidad. Para entonces las olas comenzaron a azotar el barco, al tiempo que las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer con fuerza y los primeros rayos a iluminar el cielo, logrando distinguir en el costado de los helicópteros el símbolo de Abstergo. Definitivamente era el equipo Sigma. Por lo que no les dejaría que acabaran con ellos.

Con la cara y su ropa ya empapada debido a la intensa tormenta imperante, Ai se movió hacia la proa sin dejar de mover la espada, preparándose para atacar; múltiples rayos iluminaban tanto a las encrespadas olas como al propio barco y los helicópteros, haciéndola visible también a ella. Una de las puertas laterales de uno de los pájaros se abrió, asomándose por ella un francotirador del equipo Sigma apuntándola con un rifle de alta precisión. En cuanto la niña se colocó en posición en lo alto de la proa, apuntó a su cabeza y la disparó. El disparo se camufló con la algarabía de la tormenta y una bala perforante rasgó el aire hasta ella.

Sin embargo, en un visto y no visto, Ai bajó la espada y, con un solo movimiento hacia delante, detuvo en seco la bala antes de que la alcanzara. Al hacerlo el filo resonó con tanta fuerza que se asemejó a un trueno, retumbando en todas las direcciones. Acto seguido la niña echó hacia atrás la espada, ya totalmente cargada, y en cuanto otro rayo iluminó el firmamento, la movió hacia delante. Fue entonces cuando una serie de rayos surgieron del filo y cruzaron el aire hasta impactar en el tirador y el helicóptero, el cual dio un bandazo con sus sistemas seriamente dañados. Los rayos se mantuvieron durante unos breves pero intensos segundos, pero entonces otro súbito rayo, ésta vez proveniente de las nubes que encapotaban el cielo, surgió de improviso y se vio atraído por la carga eléctrica que envolvía al helicóptero. El resultado fue una fuerte explosión de todo el aparato, que cayó al mar envuelto en llamas y hundiéndose rápidamente.

Sin embargo aún quedaba un helicóptero más, aunque en ese momento la voz de la capitana Drayton resonó por toda la cubierta indicando.

-¡Contramedidas listas! ¡Fuego!

Nada más decirlo, de uno de los compartimentos de carga de la cubierta principal surgió una torreta antiaérea que disparó sin más dilación; el cohete teledirigido se precipitó directamente sobre el pájaro, que no tuvo tiempo siquiera de reaccionar. La explosión resultante fue de alivio, derribando el aparato y precipitándose al mar, donde se hundió rápidamente.

Al ver esto Ai dejó escapar un suspiro aliviado y, con un solo gesto con la espada, la tormenta amainó y el mar volvió a su estado anterior. Enfundó la espada de nuevo y regresó al puente de mando, donde la esperaban con varias mantas y un café caliente.

-Eso ha sido tremendamente arriesgado… pero al menos ha funcionado-murmuró en ese momento Gavin Banks, medio reprendiéndola y medio alabándola.

-Gracias, Miyano, ha sido increíble… esa cosa es tremendamente poderosa-comentó la capitana, dándola unas mantas.

-Sí, por eso nadie debería tenerla… comprendo perfectamente el proceder de Liu Yan-murmuró la niña, secándose el pelo y dando un sorbo al café.

-¿Sabemos ya la razón por la que el equipo Sigma nos ha interceptado?-inquirió en ese momento Gavin Banks.

-Aún no, preguntaré a control-anunció la capitana Drayton, contactando con ellos rápidamente.

Al cabo de unos pocos minutos, tuvieron algo.

-Hemos terminado de analizar nuestras redes y no se ha producido ningún tipo de ataque directo desde fuera, hemos descartado enseguida el trabajo de un hacker o breaker, puesto que no hemos detectado ningún tipo de rastro en los proxys ni en las puertas traseras. No sabemos qué ha podido ser exactamente. Todas las lecturas son normales, no entendemos cómo han podido localizarnos.

-Qué extraño… ¿No hay otra forma de localizar nuestro rastro?-insistió Banks, ceñudo.

-No desde fuera, estamos blindados en ese sentido, la única manera que se me ocurre es desde dentro, pero eso es del todo improbable ¿quién iba a hacer algo semejante?

Ese comentario hizo reaccionar a la niña, pensando en una posibilidad y, sin decir nada más, echó a andar hacia las cubiertas inferiores del barco. En el centro de control no lo vio aun a pesar de que debía estar ahí, por lo que dejándose llevar por su intuición siguió bajando hasta la sala de máquinas, concretamente a la sala de servidores de abordo. Allí fue donde lo encontró trasteando con algunas de las conexiones de los puertos principales, dirigiéndose a él directamente.

-¿Qué está haciendo aquí señor Kobe?

El aludido dio un vistoso bote, dándose la vuelta rápidamente y mascullando de seguido.

-Ah, pequeña… nada en especial, tan solo aseguraba las conexiones principales tras el ataque, para evitar que nos vuelvan a rastrear…

-Pero se supone que estamos blindados, rastrearnos es imposible… a no ser que haya algo… o alguien más.

Los ojillos inquietos de Kobe miraron de cabo a rabo a la niña con gesto incrédulo, murmurando de seguido.

-Oh, vamos, no pensarás que he sido yo… eso es ridículo, me salvasteis de esa gente, estoy en deuda con vosotros…

-Sí, al menos en principio… a no ser que eso sea precisamente lo que quieres que pensemos ¿no? Ya veo, todo ha sido una gran distracción… salvo por un pequeño detalle.

Nada más decir eso, desenfundó la espada y la apuntó hacia él, al tiempo que decía.

-Abstergo pensaba que nos mandaba a una pista falsa debido a la falta de información… pero al final resultó ser completamente acertada.

Ésta vez el rostro de Kobe se arrugó, haciendo un amago de ir a coger algo de su chaqueta, pero Ai fue más rápida y dio una rápida estocada en el aire hacia delante; al punto, una ráfaga de aire cortante salió despedida con tal fuerza que impactó sobre la muñeca derecha del hombre, cortándole de cuajo la mano. La sangre salió a presión del muñón, al tiempo que Kobe dejaba escapar un agudo chillido de dolor. En un visto y no visto, la niña se acercó a él y con un movimiento de muñeca sacó su hoja oculta y le amenazó con ella, poniendo la punta en su garganta.

-Deme un motivo para no matarle aquí y ahora, maldito templario.

-Es… espera… yo sólo soy un mandado, no tengo nada que ver con esa gente…-musitó Kobe entre estertores de dolor.

-Ya, claro, por eso avisó al equipo Sigma ¿no? Se le acaba el tiempo, Kobe, dígame lo que quiero saber-masculló la niña, comenzando a apretar la hoja contra su garganta.

-¡De verdad, no tengo nada que ver con ellos, pero me usaron desde el principio! ¡Me dijeron que debía infiltrarme o mandarían mi ficha modificada a la policía acusándome de terrorista, no tuve elección!

-Enternecedor… si no fuera porque suena tan típico. Quiero la verdad, ahora. ¿Te envía Nakamura? Si es así dígala que está un poquito más cerca de ver su fin…

-¡No! ¡Es cierto, créeme, me dieron órdenes de permanecer a la espera hasta que vosotros aparecierais! ¡Tras eso me indicaron que esperara al momento idóneo para comunicarles vuestra posición! ¡Tienes que creerme!

El ceño de la niña siguió fruncido, en un gesto mayoritariamente incrédulo; quiso decir algo, pero en ese momento la voz de Gavin Banks detrás de ella murmuró.

-Me temo que eso no es suficiente como para justificar su posición, señor Kobe. Nos ha vendido al equipo Sigma, y no lo podemos tolerar. A no ser que nos diga todo lo que sabe acerca de los templarios.

-¡No sé mucho más, lo juro, soy una víctima más de sus maquiavélicos planes, por favor, tienen que creerme, si supiera algo más se lo diría!

A partir de ahí, el ahora manco hombre se redujo a un cúmulo de gemidos de dolor y lloriqueos varios que, por un instante, detuvo a ambos asesinos. Ai retiró la hoja oculta de su cuello, al tiempo que se dirigía a su superior.

-¿Qué opina, señor Banks?

-Desde luego no parece el típico templario promedio, he conocido y luchado con muchos y ninguno se rebajaría así. Tal vez nos esté diciendo la verdad, aunque no termino de fiarme del todo.

-Bueno, en cierto modo tiene sentido ¿para qué arriesgar la vida de un hombre capaz si puedes usar a un memo cualquiera para que te haga el trabajo sucio? Después de todo es lo mismo que están haciendo con el Grupo Karasuma, al fin y al cabo…-asintió la niña, pensativa.

-Sí, aun así será mejor prevenir que curar… tiene suerte, señor Kobe, no le vamos a matar, por ahora, pero le encerraremos hasta que decidamos qué hacer con usted. Aunque antes le llevaré a la enfermería a que le curen el muñón-anunció el hombre, levantándolo con la otra mano.

-Ah, gracias, muchas gracias… aunque lo de la mano ha sido cruel…-masculló el hombre, apoyándose en Banks.

-Lo siento, pensaba que me iba a disparar-murmuró ella.

Le acompañaron a la enfermería y, tras eso, regresaron de vuelta al puente, donde pusieron al día a la capitana. Una vez que estuvo enterada de lo sucedido en la sala de máquinas, tomó la palabra.

-Ya veo, tendremos que vigilarle por si las moscas… aunque en ese caso será mejor que nos desviemos de la ruta, al menos por el momento, para asegurarnos de que el equipo Sigma no nos siga la pista. Lo siento, Miyano, pero va a ser lo mejor dadas las circunstancias.

-No pasa nada, puedo esperar, después de todo el templo no se va a ir a ninguna parte-murmuró ella, sin reparos.

-Bien, nos dirigiremos al sur y daremos un rodeo por las Filipinas antes de poner rumbo a Tokio, de esta forma cubriremos terreno y daremos esquinazo a Abstergo si por lo que sea acotan terreno alrededor de ésta área-explicó rápidamente la capitana, trazando una nueva ruta en las cartas.

-Suena como un buen plan, ya que estamos podemos pasarnos por Manila para repostar y reabastecernos un poco-añadió Banks.

Una vez que estuvo todo hablado, Ai se retiró de nuevo a su camarote y, una vez allí, llamó a Shinichi para ponerle al día. En parte la molestaba un poco no poder volver inmediatamente, pero no podían correr riesgos. No ahora, que estaban tan cerca de conseguir su objetivo.


-Entiendo, no te preocupes, casi nos viene mejor ya que estamos aprovechando para investigar el entorno de Kaito Kid.

-Oh, suena interesante ¿habéis descubierto algo?

-De momento no mucho, estamos en el barrio de Ekoda haciendo pesquisas, no preguntes por qué, fue idea de Vermouth…

-Confía en mí, cool guy, intuición femenina-murmuró la aludida en ese momento.

-Bueno, pues ya me contarás, cuando vuelva te avisaré.

-Vale, cuídate, Shiho.

Tras eso el niño colgó, quedándose un poco más tranquilo y centrándose en la investigación en curso. Ekoda era un barrio residencial al oeste de Tokio, siendo más un área limítrofe, casi las afueras, que un barrio interno como tal.

-¿Por qué estamos aquí exactamente? Aún no me has explicado nada…-comentó Conan en ese momento.

-Tienes curiosidad ¿eh? Veamos, hagamos memoria ¿qué sabes exactamente de Kaito Kid? Ya sabes que tiene un historial bastante extenso…

-Ah, sí, algo sé… lleva en busca y captura desde principios de los 90, pero se sabe que su primera aparición fue algo anterior, por lo menos hace dieciocho años. Fue en París, durante uno de los casos de Phantom Lady, creo recordar, mi padre me explicó al respecto.

-Eso es, debido a la repercusión que tuvo la Interpol intervino y le abrió una ficha al considerarse cómplice de Phantom Lady, dándole el sobrenombre de Kaito 1412…

-… que luego pasó a llamarse Kaito Kid debido a cómo escribieron el 1412, que se asemejaba a la palabra KID. Sí, sí, lo sé, mi padre estuvo detrás de él por un tiempo antes de marcharse a vivir a Estados Unidos, pero sigo sin entender qué relación tiene todo eso con el barrio de Ekoda-murmuró el niño, extrañado.

-Bueno, eso mismo hemos venido a comprobar ¿no?-inquirió ella, guiñando un ojo.

Ante eso el chico tan solo rodó los ojos con gesto exasperado. Cuando quería, esa mujer era un auténtico enigma andante, sin embargo parecía estar más dispuesta a hablar que otras veces cuando comentó.

-Hay algo que me llama la atención, y es que en un par de ocasiones Shinichi Kudo ha aparecido incluso cuando tú estabas ahí…

-Ah, sí, pero eso es porque tiene la habilidad de hacerse pasar por cualquiera-murmuró él, sin darle mayor importancia.

-Sí, pero ¿no te extraña que no tenga que hacer grandes malabares cuando se trata de tu persona? Creo que es bastante evidente de por sí…

-Ah, bueno, ahora que lo mencionas… espera ¿lo dices porque puede que físicamente se parezca a mí?

-Es una posibilidad ¿no crees? Y una bien fácil de averiguar.

Tras eso siguió conduciendo hasta llegar al ayuntamiento de Ekoda, aparcando allí cerca y ocupando uno de los tantos ordenadores en la sala de consulta.

-Ya veo, quieres cotejar la base de datos con mi cara… pero la ley de protección de datos es clara, no va a ser tan fácil acceder a los archivos-murmuró Conan en ese momento.

-Sí si vas con las herramientas adecuadas-murmuró Vermouth, sacando un pendrive de su bolso.

Lo introdujo en uno de los puertos USB y, sin alertar siquiera al sistema operativo estándar de cabecera, logró sortear el firewall y coló en la intranet del sistema un virus informático que anulaba los permisos y requerimientos pertinentes. El niño la observó hacer con gesto plano sentado sobre sus rodillas, a lo que ella murmuró.

-Cortesía de la organización, ya les darás las gracias cuando llegue el momento.

-Qué pilla ¿qué diría papá al respecto?-inquirió él, irónico.

-Oh, pues estaría orgulloso, por supuesto. Quítate las gafas.

El niño obedeció y dejó que la cámara integrada del monitor le hiciera una rápida foto; tras eso, el sistema comenzó a cotejar la foto con la base de datos, tardando unos pocos minutos en los que aprovecharon para hablar un poco.

-En la organización tienen muchos recursos ¿de dónde sacan tanto capital? Aparte de las obvias actividades ilegales, claro está…

-Oh, pensaba que estabas ya al tanto-murmuró ella, esbozando una sonrisita.

-¿El Grupo Karasuma? He de admitir que nunca se me hubiera ocurrido que un conglomerado como ése estuviera implicado con ellos, pero a estas alturas de la vida ya nada me sorprende… especialmente sabiendo que aún hay templarios en la sombra que pretenden dominar el mundo.

-Ellos son sólo un mero trámite en nuestros objetivos, pero no es oro todo lo que reluce, ya deberías saberlo…

-El Grupo Karasuma fue fundado por el multimillonario Renya Karasuma hará por lo menos medio siglo atrás, pero se supone que ese hombre murió hace años… ¿qué sabes de eso?

-Oh ¿no lo has resuelto aún?-inquirió ella divertida, abrazándole por la espalda.

-¿Cómo quieres que lo resuelva? Aún me falta mucha información, y sin embargo aquí estamos tú y yo…-murmuró el niño, extrañado por el gesto.

Antes de que Vermouth o el propio Conan pudieran decir algo más, la búsqueda finalizó, arrojando un único resultado.

-Registro 5896, Kaito Kuroba, edad diecisiete años, estudiante del instituto Ekoda…-leyó el chico con atención.

Aunque la foto que había sacado era de cuando era pequeño debido a la foto que se había tomado para cotejar, el parecido entre él y el propio Shinichi era innegable, viendo incluso otra foto más actual que, salvo por el pelo despeinado y otras leves facciones, parecían dos gotas de agua, incluso hermanos gemelos. Conan observó las fotos sin poder ocultar su sorpresa, ya que desde el principio dio por sentado que era capaz de imitar a quien fuera, pero nunca pensó que físicamente se parecieran tanto.

Por su parte la mujer se quedó de una pieza al leer la ficha, sobre todo el nombre, llegado a mascullar al poco rato con gesto impactado.

-Kuroba… pues claro…

-¿Eh? ¿Qué pasa?

Antes de que la mujer respondiera se levantó, sacando de golpe el USB; nada más hacerlo el equipo se reinició automáticamente, borrando todo rastro de su consulta, al tiempo que se dirigía a la salida con una expresión de determinación grabada en su rostro. Extrañado por la actitud de la mujer, Conan la siguió al tiempo que inquiría.

-¡Eh, oye! ¿Qué pasa? ¿Has descubierto algo? ¡Deja de guardarte las cosas y cuéntame algo de una maldita vez!

-Todo a su tiempo, detective, pero antes vamos a tomar algo…

-¿¡Qué?! ¡¿Te crees que éste es momento de ponernos a beber?!

Aun así la mujer continuó andando por calles aledañas hasta llegar a un club de billar de nombre Blue Parrot.

-Éste parece un buen lugar…-murmuró la mujer, mientras entraban.

-Sigo sin entender por qué tenemos que tomar algo en plena investigación…

-Oh, vamos, cool guy, tienes que relajarte de vez en cuando…

El interior era espacioso, con varias mesas de billar diseminadas por todo el amplio espacio; a mano derecha, al fondo del todo, había una alargada barra, y justo al lado, enmarcado en un vistoso marco con cristal transparente, había un taco de billar pulcramente labrado y con numerosas pequeñas gemas incrustadas en su mango. Un hombre de aspecto sesentón de pelo grisáceo por la parte de atrás, con bigote y cejas pobladas y unos ojos oscuros ocultos tras unas gafas redondeadas se encontraba de espaldas a la barra, limpiando unos vasos.

-Cuando pueda, por favor-indicó Vermouth, sentándose en uno de los taburetes.

-Ahora mismo, señorita.

En cuanto el barman se dio la vuelta se les quedó mirando con expresión ligeramente sorprendida, por su parte Conan tuvo un pequeño dejá vù, como si lo hubiera visto antes.

-Un momento, éste hombre…

-¿Qué va a ser?-inquirió el barman, sin alterarse.

-Un vermouth, por favor-pidió la susodicha, esbozando una graciosa sonrisita.

-Ah, yo… un batido de chocolate…-murmuró el niño.

-Marchando.

El silencio posterior fue un tanto denso e incómodo mientras esperaban a sus bebidas, estando enseguida y sirviéndolas diligentemente; tras eso, el barman se apartó para hacer otras cosas pero sin quitarles la vista de encima. Por parte del propio Conan seguía dando vueltas a la cabeza acerca de dónde había visto antes a ese hombre, sin embargo en ese momento la puerta se abrió, al tiempo que una voz que le era tremendamente familiar saludaba.

-¡Hola, Jii, ya estoy aquí, te va a gustar lo que he hecho esta vez!

Los ojos del niño se abrieron de par en par, escupiendo el batido y dándose la vuelta, mascullando de seguido.

-¿¡Profesor?!

-¿¡Shinichi?! Quiero decir… ¿¡Conan?!

Y es que el profesor Agase, su vecino y mayor confidente que tanto le había ayudado desde que todo empezó, estaba allí en el umbral de la puerta cargando varias bolsas y cajas con artefactos de su invención. Se encontraba incrédulo por ver al niño ahí, aunque su gesto se desencajó al ver a Vermouth justo a su lado, la cual esbozó una breve sonrisa a modo de saludo. El barman miró al susodicho, murmurando de seguido.

-Ah, Hiroshi… ¿conoces a ésta gente?

-Eh, esto… bueno… ¿me das un momentito, Jii?-inquirió el aludido, muy nervioso.

-Sí, claro…

El profesor se acercó a Conan, arrastrándole hacia el otro lado del bar e inquiriendo en voz baja.

-¿¡Pero qué estás haciendo tú aquí?! ¿¡Y con ella?! ¡¿Qué está pasando, Shinichi?!

-A ver, calma, ella está conmigo por muy extraño que suene o parezca, es una larga historia… aunque eso también podría preguntártelo yo ¿no crees? ¿A qué has venido?-inquirió el niño, ceñudo.

-¡A ver a un viejo amigo, Jii y yo nos conocemos desde hace años!

-¿Jii?

-Sí, es Jii Konosuke, un antiguo compañero de la escuela y uno de los pocos que no se reía de mí y mis inventos…

Mientras Agase y Conan hablaban entre sí, Vermouth esbozó una divertida sonrisita, dándole un sorbo a su copa, y dirigiéndose al barman directamente.

-Estoy buscando a alguien que sé que vive en este barrio, tal vez pueda ayudarme…

-Bueno, usted me dirá, señorita…

-¿Conoce a alguien por aquí que se apellide Kuroba? Soy una antigua conocida de la familia y me gustaría pasarme a saludar…

Al oír el apellido Jii pareció reaccionar de algún modo aunque apenas lo mostró como tal, murmurando de seguido.

-No me suena para nada ese apellido…

-¿Está seguro? Un Kuroba me enseñó una vez todo lo que ahora sé y hace mucho que no sé nada de él, me gustaría agradecerle personalmente todo lo que hizo por mí…

Ésta vez algo cambió en el impertérrito rostro de Jii, mirando a la mujer con cierto gesto incrédulo; por un momento no dijo nada, como si no se fiara del todo, aunque en ese momento ella murmuró.

-Siempre mantén tu cara de póker… eso es lo que me solía decir. Y lo cierto es que me ha venido muy bien esa regla…

Para entonces Jii había entreabierto ligeramente su boca, mirándola de arriba abajo y llegando a musitar por lo bajo.

-Usted… ¿usted estuvo bajo la tutela del maestro Toichi?

-Así es… comprenderá que le debo mucho, seguramente casi tanto como usted a él-murmuró ella, mirándole atentamente.

Ante eso el hombre bajó la cabeza con gesto trémulo, al tiempo que murmuraba.

-Lo entiendo, pero… el maestro… desapareció hace años…

-¿Cómo?-inquirió Vermouth, extrañada.

-Algunos dicen que murió, que lo mató esa extraña gente que persigue joyas… pero yo nunca lo creí… que un gran mago como Toichi Kuroba fuera carne de cañón para unos simples asesinos… simplemente no tenía sentido.

Ante esa nueva información Vermouth se quedó de una pieza, sorprendida por esa súbita revelación. ¿Toichi Kuroba muerto? No podía ser posible. A no ser que…

-Si busca al maestro Toichi yo no puedo ayudarla, pero… si dice que usted ha aprendido a su lado, dudo entonces que sea mala persona. Después de todo, si algo le hacía destacar es que era capaz de ver el corazón de las personas y encantarlas con sus trucos. Sé de lo que hablo, puesto que hizo lo mismo conmigo.

Ante eso Vermouth se quedó callada, no muy segura de todo eso; sin embargo, y sin decirla nada más, el hombre la pasó una tarjeta con una dirección. Ella la cogió, apuró su bebida de un sorbo y, tras pagar, se puso en movimiento.

-Nos vamos, Conan.

El aludido se puso en movimiento, aunque en ese momento Agase inquirió.

-¿Estás seguro de que está todo bien con esa mujer?

-No sabría decirte al cien por cien, pero hasta ahora me ha ayudado… y algo me dice que hay algo más detrás. No te preocupes, estaré bien.

-De acuerdo… aun así ten cuidado.

El niño asintió y siguió a Vermouth, al tiempo que inquiría.

-¿Te has enterado de algo? ¿Quién es realmente ese hombre?

-Estamos tras la pista correcta… creo que ya sé quién es tu hombre, sólo falta confirmarlo-anunció ella, mostrándole la tarjeta.

Se dirigieron a la dirección a no más tardar, llegando enseguida a una casa unifamiliar en una zona eminentemente residencial; Vermouth llamó a la puerta, siendo abierta al poco rato por el mismo Kaito Kuroba que vieron en la base de datos del ayuntamiento. Para Conan fue como mirarse a un espejo, aunque al verles el chico apenas mostró ningún tipo de reacción, inquiriendo de seguido.

-¿Puedo ayudarles en algo?

-Sí, buscamos a la familia Kuroba, ésta es su casa ¿no?-murmuró Vermouth, esbozando una sonrisita.

-No, se han equivocado-murmuró el chico, yendo a cerrar, pero ella interpuso un pie rápidamente y anunció con voz queda.

-Conocí a tu padre.

Eso detuvo en seco al muchacho, el cual les miró con deje ligeramente extrañado. Antes de que pudiera decir algo, la mujer se adelantó.

-Mantén siempre tu cara de póker. Ésa era su máxima. Veo que te ha enseñado bien, Kaito Kuroba… Kaito Kid.

Para entonces la cara de póker del muchacho se había roto, mirándola con gesto incrédulo, al tiempo que miraba a Conan, el cual aprovechó para hablar por primera vez.

-Como ya te dije la última vez podemos ayudarte, Kid. Tan sólo danos una oportunidad para demostrártelo.

Ante esa situación, el muchacho dejó escapar un resignado suspiro, murmurando de seguido.

-Pasad.

Se dirigieron directamente al garaje, donde a todas luces parecía ser la base secreta del ladrón fantasma; un vistoso descapotable plateado que no parecía haberse movido desde hace mucho descansaba junto a la puerta, y al fondo del todo una vieja gramola se encontraba apagada. En una mesa de trabajo cercana se encontraba el Koh-i-Noor rodeado de utensilios de bisutería y una gran lupa con brazo adosado a una pequeña lámpara.

-Si lo habéis venido a buscar, ahí está. He tratado de averiguar su funcionamiento pero escapa a mi completa comprensión-murmuró Kaito, con expresión cansada.

-No es precisamente lo que más nos urge, pero no está de más que lo tengas tú, al menos de momento. Me gustaría hablar acerca de tu padre-comentó Vermouth en ese momento.

-¿De qué conoces a mi padre?

-Toichi Kuroba me enseñó todo lo que había que saber acerca del arte del disfraz, de hecho no fui su única alumna, también instruyó a la talentosa actriz Yukiko Kudo.

Eso cogió con la guardia baja a Conan, el cual masculló en ese momento.

-¿Qué? ¿También enseñó a mi madre?

-Oh, sí, aprendimos juntas de hecho ¿no te dijo nada?

-¡Qué va! Se las guarda todas, menuda es…-murmuró el niño, con retintín.

-Je, sólo alguien como tú sería hijo de una mujer así…-comentó Kaito, divertido.

-¿Qué insinúas?-inquirió el aludido, ceñudo.

-Oh, nada, desde hacía tiempo sabía que tú eres Shinichi Kudo, pero lo que no sé es cómo es posible algo así…

-APTX 4869, un veneno experimental que acabó convirtiéndose en la fuente de la eterna juventud. Ésta pequeña bala de plata acabó metiéndose donde no le llamaban y fue uno de los tantos conejillos de indias de la organización para la que trabajo desde hace años-reveló Vermouth.

-Organización… ¿Como la que mató a mi padre?-inquirió Kaito en ese momento, intrigado.

-No fuimos nosotros, que conste, después de todo no hubiera permitido que hubieran matado a Toichi Kuroba… aunque dime una cosa ¿estás completamente seguro de que tu padre está muerto? Se me hace difícil de creer…

Ante esa pregunta Kaito se quedó callado, sin saber muy bien qué responder al respecto; en un momento dado, el chico habló.

-Mi madre me dijo en su momento, cuando era niño, que nos dejó muy pronto pero que seguía viviendo en nuestros corazones. Según Jii aparentemente murió en un intento de truco fallido, sin embargo no se encontró su cuerpo. Y luego está Snake, el tipo que apareció esa misma noche y que buscaba a Pandora.

-¿Qué es eso de Pandora exactamente?-inquirió Conan en ese momento.

-Pandora es la gema oculta que, según la organización a la que busco, otorga la vida eterna a aquel que beba sus lágrimas, vertidas sólo tras el paso del cometa Volley.

Esa información extrañó a Conan e interesó sobremanera a Vermouth, la cual se acercó a la joya con gesto inquisitivo. La cogió entonces y, de golpe y porrazo, el diamante brilló abruptamente, mostrando entonces imágenes a su alrededor de lo más interesantes. Siluetas de lo que parecían haber sido antiguos propietarios fueron pasando delante de ellos, viendo de todo, desde grandes gerifaltes del imperio otomano, varios maharajás indios, algunos templarios ingleses e incluso asesinos indios. Sin embargo, una voz resonó de entre todas esas proyecciones, dirigiéndose directamente a ellos.

-Escuchad esta voz del pasado. Soy Durga, la que vino antes y creó éste fragmento del Edén. La hora se acerca y todo está dispuesto, me reuniré con mis semejantes una última vez y nos encaminaremos juntos a la eternidad. Pero antes debes encontrar al que huyó. Hijo de tu padre, pronto os reuniréis de nuevo.

Esto hizo reaccionar a Kaito, dándose cuenta de que se refería a él e inquiriendo de seguido.

-¿¡Qué quieres decir?! ¡¿Sabes qué fue de mi padre?! ¿¡Acaso está vivo?! ¡Dime dónde puedo encontrarlo!

-Deja caer mis lágrimas llegado el momento y éstas te señalarán el camino. No temas, puesto que nada ni nadie te detendrá ahora. Regresa cuando hayas cumplido tu cometido y yo cumpliré con el mío. Es la hora.

Y, tras esas palabras, el Koh-i-Noor se apagó y no volvió a reaccionar de nuevo, descansando en la mano de Vermouth. Kaito se le quedó mirando, murmurando de seguido.

-Dejar caer las lágrimas… eso significa que debo dejar que el cometa pase.

-Exactamente, y por lo que he estado mirando no queda mucho para que el cometa Volley pase cerca del hemisferio norte de la tierra, dentro de una semana-anunció Conan, mirando su móvil y mostrándoselo.

-Realmente está todo preparado… los que vinieron antes… los templarios nos hablaron de ellos en su momento y todo lo que dejaron detrás, pero nunca les di mucho crédito, hasta ahora-admitió Vermouth.

-Sí, yo tampoco creía a pies juntillas lo que Shiho me decía, pero después de esto está claro que hay fuerzas más allá de mi comprensión. Lo que por un lado me inquieta, dicho sea de paso-murmuró Conan, pensativo.

-En ese caso debo quedarme con el diamante hasta que pase el cometa… espero que no os importe-comentó Kaito en ese momento, cogiéndolo de las manos de Vermouth.

-No, tranquilo, de hecho nos viene bien que te quedes con él, al menos de momento, así evitamos que Abstergo se haga con él de nuevo-murmuró la susodicha, también con gesto pensativo.

-Ya, pero ¿y qué hay del Grupo Karasuma?-inquirió entonces el niño.

Fue en ese mismo instante cuando el móvil de Vermouth comenzó a sonar sorpresivamente, mirándolo de seguido y anunciando casualmente.

-Anda, mira tú por donde, es el jefe.

-¿¡Qué?!-masculló Conan, alarmado.

-Tranquilo, déjamelo a mí… dígame, señor-murmuró la mujer, contestando a la llamada.

-Vermouth ¿en qué momento tenías pensado decirme que esos malditos inútiles de Abstergo no han podido completar el sudario del Edén?-masculló una cadavérica voz al otro lado.

-Oh, sí, lo siento, señor, se me pasó completamente, he estado ocupada últimamente…

-Que esa es otra, no he vuelto a saber nada de ti desde hace semanas, me temo que te he vuelto a dar demasiada libertad. Vuelve inmediatamente conmigo, Vermouth, me gustaría discutir contigo otros métodos alternativos ahora que Abstergo nos ha fallado-anunció el jefe con contundencia.

-Así lo haré, señor.

-Muy bien, te espero, no tardes.

Tras eso la mujer colgó, al tiempo que comentaba.

-Me temo que te voy a tener que dejar al menos de momento, cool guy

-Ya, bueno, después de todo Ran debe echarme de menos.

La reunión se concretó, Kaito se quedó con el Koh-i-Noor en espera a que el cometa Volley le marcara el camino, mientras que Vermouth volvía a la base de los hombres de negro, no sin antes dejarle en casa de Ran.

-Bueno, cool guy, espero volver a verte más pronto que tarde, en cuanto pueda me pondré en contacto contigo-comentó ella antes de que se bajara del coche.

-Vale, ya me contarás.

Conan se despidió de ella y observó al coche marcharse de allí, al tiempo que Ran aparecía de improviso bajando las escaleras.

-¡Conan, has vuelto!

-¡Hola Ran!

-¡Te vi llegar! ¿Y tu madre, se ha ido ya?-inquirió la chica, extrañada.

-Ah, sí, es que tenía cosas que hacer, pero seguirá por aquí por una temporada así que puede que vuelva en otro momento-explicó él someramente.

-Ah, vale, me gustaría invitarla algún día de estos para agradecerla apropiadamente.

-No te preocupes, yo te avisaré.

-¡Genial! ¿Qué te apetece para cenar? ¿Unos korokkes rellenos de salmón?

-Ah, sí, eso está bien…

Los dos entraron de nuevo en la agencia de detectives Mouri, al tiempo que el cerebro del niño pensaba a toda velocidad. Los planes de momento quedaban en estacionario hasta nuevo aviso. Sólo restaba esperar.


¡Y retomamos por fin El credo del detective! No queda mucho para terminar, tengo ya más o menos montado en la cabeza lo que quiero contar, y puede que con esta tanda termine por fin este crossover que, como bien dije al principio, no tenía intención de alargar mucho. Así que vamos a ello.

En éste capítulo se da un pequeño encontronazo con el equipo Sigma, así como un medio giro de tuerca que no sé si algunos os lo veíais venir, pero espero que haya cumplido con las expectativas. Aparte, también se avanza un poco más con la trama de Magic Kaito para, a partir de aquí, encaminarnos hacia el final. Puede que en uno o dos capítulos más la trama finalmente confluya en una sola, a ver cómo se desarrollan también los acontecimientos, aunque tengo una idea ya hecha con la historia a veces ésta me sorprende con cosas no planeadas que aparecen entre medias.

Y eso es todo de momento, esperad el siguiente en algún momento no muy lejano, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!

PD. Feliz año nuevo.